domingo, 8 de enero de 2023

Carta al presidente ruso Vladimir Putin. Por Armando Robles

 

Armando Robles



Querido presidente Putin: en primer lugar debo aclararle que la postura de Pedro Sánchez contra Rusia no me representa, y estoy seguro que tampoco a la mayoría de mis compatriotas. El peripatetismo del presidente Sánchez alcanza plena visibilidad cuando se lanza a dar lecciones a Rusia de la mano de una coalición de países tradicionalmente enemigos nuestros.

Presidente Putin, no podemos aceptar la participación de nuestras Fuerzas Armadas en un conflicto tan ajeno. El gobierno español, incapaz de defender su propia soberanía nacional, ha desplegado a parte de nuestro ejército en la divisoria rusa. Lo que menos les importa es la integridad territorial de Ucrania, cuna de la Madre Rusia. Aquí lo de menos es el futuro de Ucrania. Esto es una batalla entre el bien y el mal. La coalición luciferina de la que España forma parte sabe que usted, Vladimir Putin, no aceptaría jamás un apercibimiento público por defender la familia natural o las raíces cristianas de su cultura. Su gobierno ha prohibido el llamado desfile del orgullo gay y lo que resulta más irritante para los grandes medios de la prensa “occidental” es que recientemente el parlamento ruso aprobase una ley que prohíbe que se den niños rusos en adopción a parejas del mismo sexo. Usted ha sido el artífice de la reconstrucción rusa postsoviética y del rearme moral de los rusos. Gracias a ello cuenta con el apoyo abrumadoramente mayoritario de la población rusa.

No le perdonan que usted haya permanecido fiel a los ideales que dan sustento y razón de ser a nuestra identidad colectiva, la que desciende de aquella que le dio a Rusia la sabiduría, la ciencia, la auténtica moral guerrera, heroica, noble y fiel del cristianismo y no la de Europa que es débil, hipócrita y cobarde. Usted defiende los valores de Occidente frente a los ateos globalitarios. Esto es algo que prevalece en nosotros más allá de nuestra pertenencia a países cuyos gobiernos corrompen los más elementales fundamentos de la moralidad y la dignidad humanas.

Usted nos está dando a los identitarios europeos un regalo de dignidad. Por eso su liderazgo nos es más imprescindible que nunca. Porque si usted sucumbe, nuestro mundo se desmoronará bajo la presión de la desesperanza. El mundo construido por nuestros ancestros no nos puede ser arrebatado ni sometido a un proceso de silencioso genocidio. Ese genocidio ya ha comenzado en Europa. En España ya apenas nacen niños autóctonos y se pretende poner nuestro crecimiento vegetativo en manos de personas provenientes de sociedades desestructuradas y fracasadas.

Los millones de niños, mujeres, ancianos y hombres europeos que han sido lobotomizados por sus pútridas naciones europeas para venderles su alma a entidades supranacionales, serán libres el día que encuentren al hombre providencial que, como usted, recupere la moral de occidente y obligue a los tiranos mundiales a devolverles la humanidad a sus ciudadanos.

De usted subrayamos el mérito de tener tan rabiosamente en contra a tantos y tan grandes canallas. Por eso su entereza debe permanecer en lo más alto. Usted tiene la inmensa responsabilidad de evitar una Rusia globalizada. Eso significa tener que seguir tomando medidas que sirvan de muro de contención contra el progresismo destructor de los pueblos de raza blanca y también contra la corrupción política y científica.

La envergadura de lo que hay en juego es de tal calado que ya ha obligado a los poderes más siniestros de la tierra y a sus tontos útiles a desprenderse de sus caretas y mostrarnos sus verdaderos rostros. Es llamativa la sumisión de la derecha española a los dictámenes del Nuevo Orden Mundial. Al mostrar su apoyo a la coalición militar contra Rusia, lo que hacen estos farsantes es secundar a los promotores de la Agenda 2030 con la mascarada del falso patriotismo. Si estos canallas fuesen patriotas de verdad, apoyarían ese estado latente de conciencia, que usted representa, capaz de salvar a la civilización Occidental y las etnias europeas de una muerte segura a manos de las mismas élites globalistas que promueven y financian los ataques contra Rusia. Cuando las sociedades se transforman en rebaños destinados al matadero, suena entonces la hora del desorden y de la confusión.

Presidente Putin, desoiga usted las lecciones morales en nombre de unas naciones que autorizan por ley el cambio de sexo a los 4 años sin el consentimiento de los padres; que toleran que millones de niños abortados estén siendo diseccionados vivos, almacenados y vendidos en piezas para alimentar a la industria farmacéutica; que dejan morir, solos y abandonados por sus familias, a miles de ancianos; que promueven el polisexismo y criminaliza al docente que sostiene la existencia de solo dos sexos, que destruyen el núcleo de la unidad familiar y que rinden culto a la eugenesia; o lo que es lo mismo, a la pseudociencia hecha ley.

Lo que tienen contra usted es que no esté dispuesto a aceptar que la Madre Rusia acabe como la depravada Europa. No lo permita. Que al menos este momento histórico sirva para que meditemos acerca de la “cultura de la nada”, de la libertad sin límite y sin contenido, del escepticismo ensalzado como conquista intelectual. Esta cultura de la nada no está en condiciones de resistir el asalto de un ejército como el ruso, con cientos de miles de soldados henchidos de fe y temerosos de Dios. Solo el redescubrimiento del acontecimiento cristiano, como única salvación para Occidente y, por consiguiente solo una decisiva resurrección del alma antigua de Europa, podrá ofrecer una solución diversa a esta confrontación inevitable entre la humanidad y los que quieren reducirla a escombros.

Presidente Putin, Rusia no es ni ha sido nunca nuestro enemigo. Nuestros enemigos ancestrales están en esa organización militar de la que formamos parte. El enemigo lo tenemos dentro. Dígale usted a sus colegas occidentales que no busquen enemigos exteriores en el este de Europa, que ha sido un proceso interno de degradación-degeneración-depravación en el que Occidente ha decidido y aceptado su autodestrucción.

El proceso natural será que algún día podamos hallar asilo y acomodo en la Madre Rusia, porque Europa se halla exhausta, dividida y completamente degradada desde el punto de vista moral y social. Europa es ya una cueva de políticos corruptos, de gánsteres masónicos y de pervertidos morales.

Pedro Sánchez ha cometido el error de dirigirse a usted con la determinación que nunca tendría ante Mohamed VI. Es lo que pasa cuando se tiene como referencia ideológica al hombre del orgullo gay y no al líder que no se arrodilla frente a las grandes potencias del mundo. Esperemos que los dirigentes españoles no tengan nunca la desvergüenza de ponernos en el brete de tener que elegir entre la Madre Rusia y esa coalición satánica de la que España forma parte. ¿Es preciso aclararos de qué lado estaríamos?

FUENTE: https://www.alertadigital.com/2023/01/08/carta-al-presidente-ruso-vladimir-putin-no-permita-que-la-madre-rusia-acabe-como-la-depravada-europa/