sábado, 11 de febrero de 2023

ME DECLARO SER HUMANO Y COMO TAL NO CONSIENTO

 


ME DECLARO SER HUMANO Y COMO TAL NO CONSIENTO:

1- Soy un ser humano, no consiento ser un código QR
2- No consiento comer insectos.
3- No consiento vivir encerrado.
4- No consiento estar atrapado en una cárcel digital.
6-No consiento que  limiten mi libertad de movimiento.
7- No consiento  que  vulneren mis derechos.
5- Me acogo a mi derecho de utilizar todos los recursos naturales que  nos da la madre Tierra. 
6- Quiero conservar la libertad, que la Ley Natural me otorga desde el momento en que  nací. 
7- Quiero mantener mi dignidad como ser humano.
8- No consiento que  modifiquen mi ADN , ni que conecten a una nube mi cerebro.
8- No consiento  ser transhumano.
9- No consiento amos.
10- Quiero ver el día en que estas personas, que  quieren vulnerar la esencia del ser humano, así  como sus Derechos  y Libertades, sean juzgadas por sus crímenes contra la humanidad.

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miércoles, 8 de febrero de 2023

Afectados por las vacunas: la obviedad que nadie quiere ver. Por la Doctora Albarracín

 

Afectados por las vacunas: la obviedad que nadie quiere ver. Por la Doctora Albarracín

La memoria siempre miente por Juan Manuel de Prada

 La memoria siempre miente por Juan Manuel de Prada


Resulta, en verdad, muy instructivo (y revelador de las gangrenas que corrompen esta época terminal) que la 'memoria' se haya convertido en el instrumento político elegido para 'recuperar' el pasado. Pues, como todo el mundo sabe, la memoria adultera y rectifica el pasado a beneficio de quien la ejerce. La memoria filtra el pasado, lo pasa por el tamiz de nuestra subjetividad: nadie recuerda las cosas como efectivamente fueron, sino como personalmente las percibió. Y todo ello sin necesidad ni pretensión de mentir (aunque no debemos olvidar que 'mente' y 'mentira' son palabras que comparten etimología). Que la memoria es, por naturaleza, mistificadora lo demuestran, por ejemplo, las versiones siempre distintas y a menudo contradictorias que las partes en conflicto nos ofrecen de un mismo hecho: dos amigos que han reñido, dos hermanos que se disputan una herencia, dos cónyuges que se divorcian, exponen los hechos que ocasionaron su ruptura de formas tan divergentes que por momentos tenemos la impresión de estar escuchando la narración de hechos diversos.

Y esto, que ocurre cuando el 'memorioso' pretende exponer una versión veraz del pasado, ocurre de un modo todavía más flagrante cuando trata de ofrecer una versión tergiversada; y no por razones torcidas ni alevosas, sino por mera necesidad de supervivencia. Del mismo modo que la persona que ha sufrido torturas o abusos cubre aquellos hechos traumáticos con un velo que los difumina, las personas que han participado en episodios dolorosos u horrendos tienen a elaborar 'falsos recuerdos' que los mitiguen o edulcoren; no digamos si encima su participación en esos episodios dolorosos u horrendos ha sido poco heroica o ejemplar, no digamos si encima las personas que los rememoran contribuyeron a exacerbar el dolor o el horror que tales episodios causaron. La memoria, a la postre, se convierte en un mecanismo de defensa que nos permite sobrevivir a nuestro propio pasado, limando sus aristas más afiladas y salvando sus simas más escabrosas. Y, a la vez, construye un 'relato' alternativo que embellece aquellos episodios dolorosos u horrendos, otorgandonos en ellos un papel que, en su momento, enardecidos por pasiones oscuras o arrastrados por las circunstancias, no tuvimos: pero que, a posteriori, hubiésemos deseado tener.

Este funcionamiento de la memoria lo he podido estudiar minuciosamente en mi obra más reciente, El derecho a soñar, en la que contrasto el memorioso testimonio que una anciana escritora me brindó, antes de morir, con la cruda realidad de los hechos, que he podido reconstruir a través de la documentación hallada en multitud de archivos. El choque que me produjo el contraste entre el testimonio de la autora y los hechos que su memoria había metamorfoseado me resultó, al principio, desalentador: pero a la postre me resultaría más bien aleccionador, pues me alumbró un aspecto de la naturaleza humana que misteriosamente preferimos ignorar (y que luego los demagogos aprovechan politicamente): la necesidad que todos tenemos de configurar un pasado que nos beneficie. para resarcirnos de las penalidades sufridas y redimirnos de nuestras miserias secretas. Ahora me he lanzado a un nuevo proyecto literario que me ha obligado a asomarme al pasado de algunos próceres de las artes y las letras patrias que tuvieron la suerte o la desdicha de vivir en París durante los años de la Ocupación alemana; y lo que he descubierto en los archivos es igualmente aleccionador: pues casi todos ellos -y los descendientes que han custodiado su 'memoria'- falsificaron su pasado, casi todos ellos construyeron ante la posteridad un 'relato' que los presentaba como resistentes pugnaces, como antifranquistas heroicos, como dignísimos representantes de una "tercera España que nunca existió. Para lograr ese embeleco falsificaron sus biografías, purgaron sus epistolarios, silenciaron episodios de su pasado que sin embargo quedaron registrados en la prensa de la época y en los documentos que se custodian en los archivos; y lo más espeluznante de todo es que sus hagiógrafos hicieron posteriormente lo mismo, para poder presentarlos a los ojos de nuestra época con los ropajes que convienen a los paradigmas culturales vigentes.

Luego, han venido demagogos que han encumbrado la memoria como instrumento para 'recuperar" (en realidad, para adulterar y mistificar) el pasado. Pero creo que, en el fondo, es una condena que nos merecemos: pues la historia reciente de España está erigida sobre un ingente cementerio de memoriosas mentiras.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/...re-miente.html

martes, 31 de enero de 2023

Facundo el mastín

 

Facundo

Costillares 31 de enero de 2023

En la imagen, un perro feliz





¿Por qué iba Facundo a dormir en la morada del amo cuando su trabajo consiste en no perder de vista la grey?

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Facundo es la viva imagen de nuestra decadente sociedad. Un perro mastín, con contrato indefinido de trabajo –es guardián en el rebaño de ovejas regentado por Abundio– que ve amenazada su tranquilidad por las ideas woke y ecosostenibles que, hasta hoy –pensaba el muy infeliz-– no iban con él. Pero la cosa ha dado una vuelta de hoja cuando se ha enterado de la nueva ley que pretende dotarle de protección y derechos. ¿Derechos?… Si hace años que no tiene ni voz –debe amoldar su vigoroso ladrido a los horarios del erudito de turno que busca la paz en su aldea– ni voto –de momento…–. Esto último, tal y como se presentan los acontecimientos, espera conseguirlo pronto. Por ahora, otros deciden qué hacer con su vida y cómo vivirla. “Antes muerto que durmiendo en el piso”, fueron sus últimas palabras antes de despedirse con un ladrido y moviendo el rabo (me refiero a la cola de los cuadrúpedos, no al miembro viril de Facundo, quien, por si las moscas, procura no sacarlo a paseo, no fuera el caso que sufriera una indeseada castración). En una palabra, y para no aburrir demasiado a los que tantas memeces legislativas nos imponen, pero poco se preocupan por entender a los protagonistas de las mismas, ahí va lo que pienso acerca del can, al que la nueva legislación obliga a dormir en la morada de su amo.


¿Por qué iba a dormir en la morada del amo cuando su trabajo consiste en no perder de vista la grey? Si eso hiciera, no sería merecedor de vivir con la tripa llena. Dieta, por cierto, de la tierra, pues compagina el pienso industrial con las mejores sobras de chorizo, queso y pan que cada día acaban en sus fauces. ¿Distinguen los perruchos de piso las fragancias que nos regala la naturaleza? ¿Orinan y cagan cuando quieren, abonando la tierra, o se ven obligados a hacerlo en función de los ritmos y horarios de sus poseedores? Es Facundo un magnífico ejemplo de los últimos canes románticos: aquellos que la selección natural ha dotado de un pelaje majestuoso capaz de soportar los más crudos inviernos –tradicionalmente llamadas olas de frío, y, hoy, cambio climático –. Es Facundo un perro cuya felicidad radica en observar el firmamento cada noche mientras cuida y protege una manada que le admira y respeta. ¡Un respeto por Facundo, hagan el favor! Un respeto que se ha ganado a lo largo de su perra vida con trabajo y, sobre todo, lealtad. Nada que ver con los perros ególatras que tienen más trajes que ‘Antonio’ el de la Moncloa, a cuya imagen y semejanza pretenden equiparar a todos los canes.

No contentos con aborregar a la masa coral española, pretenden ahora “humanizar” a los perros de trabajo, animales que sirven a un propósito concreto en el campo, de modo que a partir de ahora se les considera animales de compañía y se amenaza la forma de vida que, en el campo, los canes han tenido durante siglos.

El autoritarismo es lo que tiene: la violación despótica de las libertades. Libertad de la cual nuestro protagonista va a dejar de disfrutar en breve –si no se le pone remedio– gracias a analfabetos funcionales que legislan sin conocimiento de causa. Por eso, Facundo ha invitado amablemente –tiene cara de bonachón— a la ministra Ione Belarra a irse a la mierda para, así, sentir en primera persona la esencia de nuestro campo. “Mierda eres y en mierda te has de convertir”. Aunque, matiza, “prefiero a la ministra en un piso de Madrid que jodiendo la tranquilidad que por estos lares tenemos”. Palabra de perro pastor.

 

 

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