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miércoles, 22 de febrero de 2023

Escritos para tiempos apocalípticos: EL HOMBRE MODERNO: UN SER ROTO (Ernest Mila)

 

Escritos para tiempos apocalípticos: EL HOMBRE MODERNO: UN SER ROTO

“Esto no es vida…”, se oye decir con frecuencia. Las antesalas de los psicólogos están cada vez más repletas de pacientes. Se calcula que en apenas 20 años el 40% de la población mundial se verá afectada por trastornos psicológicos. La psicología es una de las profesiones de futuro que absorberán más profesionales. No es complicado: se trata de aprender a escuchar (o aprender a simular que se escucha) y recetar alguna pastilla.

En la raíz del problema, reside el fenómeno de que el ser humano moderno no “vive”, sino que “soporta la vida”, la experimenta como un sufrimiento y la privación de algo que es incapaz de definir. Las distintas formas de “positivismo” le han amputado la posibilidad de una “vida superior”. Y le han dicho que morirá. Le cuesta aceptarlo. Y, para colmo, la marcha de las últimas décadas de civilización ha roto los vínculos orgánicos que unían el Yo al mundo que le rodea. Hubo un tiempo en el que “vivir” y tener una vida que pudiera llamarse “plena”, implicaba ser consciente de que esa existencia se desarrollaba en un marco orgánico y “ordenado”. Desde hace unas décadas, nuestro tiempo ha demostrado su capacidad “entrópica”, esto es, la posibilidad de renunciar al Orden y arrojarse en brazos del Caos.


Tal como ocurrió cuando Nietzsche decretó la “muerte de Dios”, el ser humano se ha visto solo, aislado, sin vínculos con nada de lo que le rodea. Es el nihilismo que aparece en el corazón como un agujero negro que nada (ni el consumo, ni el hedonismo, ni el entertaintment) es capaz de llenar. Es dudoso que el resultado de todo esto se le pueda considerar "vida". Por eso decíamos que el hombre moderno no vive, sino que soporta la vida. Un repaso rápido, nos lleva a aislar y reconocer nueve “rupturas” con los lazos orgánicos que, en una sociedad “normal”, “ordenada” y “tradicional”, constituían soportes de lo humano:

1. LA RUPTURA DEL HOMBRE CONSIGO MISMO

El hombre moderno ignora cuál es su verdadera naturaleza: apenas sabe nada importante de sí mismo. Conoce sólo sus instintos (atenuados) y sus necesidades cotidianas y contingentes y al actuar en función de ellas termina convencido de que no es nada más que un tubo digestivo que es preciso alimentar y satisfacer en unas pocas necesidades más de ocio y placer, que la evolución de los aspectos culturales de nuestra civilización nos indica que revisten cada vez formas más vulgares, groseras y primitivas.

Pero el hombre es algo más que un paquete biológico con necesidades animales. Cualquier antropología tradicional implica una concepción más completa y realista: el hombre es cuerpo físico, pero también flujo mental (que puede controlar o mediante el cual puede ser controlado) y finalmente, late en él una chispa sobrenatural que hace de él algo diferente al resto de la naturaleza y que es precisamente lo que le une al Todo.

Una concepción reduccionista -utilitarista, si se quiere- hace del hombre un cuerpo, hecho de materia, que es preciso mantener y una mente atraída por las necesidades de esa misma materia que hay que satisfacer en lo que pida: el eje de la vida se desplaza de un polo trascendente (la concepción del hombre como un ser integrado en la naturaleza, pero al mismo tiempo radicalmente diferente a la misma, es decir, una vida orientada a satisfacerlos aspectos trascendentes) a un polo contingente (la vida como búsqueda del hedonismo más elemental y menos exigente).

2. LA RUPTURA DEL HOMBRE CON LA NATURALEZA

Una concepción materialista y economicista de la vida, debía repercutir, antes o después, en la naturaleza: la optimización de los beneficios, las leyes del mercado, la rentabilidad de cualquier acción, la productividad a todo trance, debían finalmente, agredir a la naturaleza. Los tiempos en los que el hombre tenía conciencia de que, en su parte contingente, formaba parte de esa misma naturaleza, han quedado atrás hace mucho.

La sobreexplotación de la naturaleza, los problemas del medio ambiente, las catástrofes derivadas de formas primitivas de aplicación de la energía nuclear o los accidentes en los transportes de petróleo, los experimentos genéticos descabellados, todo ello, no son sino pruebas fehacientes del enfrentamiento del hombre con la naturaleza. Una lucha titánica en la que el hombre -como el Titán mitológico- siempre tiene las de perder.

Una vida integrada del hombre en relación a la naturaleza implica la utilización racional de los recursos que ésta ofrece; una ruptura, en cambio, implica sobreexplotación, agresión y conflicto. A estas alturas es imposible seguir compartiendo actitudes "progresistas" según las cuales el progreso científico irá compensando y corrigiendo el deterioro del entorno ecológico. Más aún: el encarrilamiento actual del progreso científico supone, día a día, una ruptura mayor del hombre con la naturaleza. Hablar de “progreso sostenible” es inconsecuente: no hay progreso continuado posible, por “sostenible” que sea, en un planeta de recursos limitados.

La carrera entre una ciencia que deteriora el medio y otra ciencia que intenta paliar este deterioro prosigue frenética y sin cesar, con un resultado problemático al final del camino. Por otra parte, no se trata solamente de las cuestiones “ecológicas”. La ecología aparece cuando el ser humano deja de “sentir” la naturaleza como algo animado que habla en un lenguaje que éste ya no puede entender. La ecología actual es, antes bien, el producto del deseo de supervivencia, esto es, del miedo a la muerte. Y, por tanto, puede ser entendida como otra “cobertura al nihilismo”, estimulado y acrecentado por la Agenda 2030.

3. RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS SEMEJANTES

Las sociedades modernas son profundamente insolidarias. El fenómeno no es nuevo. Desde que se definieron las relaciones entre los hombres como "homo homine lupus", estaban sentadas las bases para la aparición de un hiperindividualismo y para la abolición de los lazos de solidaridad, incluso para la desaparición de la esfera de “lo comunitario”.

Fenómenos posteriores como el nacionalismo (que aparece con la revolución francesa, siendo en la práctica el individualismo de los pueblos), el racismo (que se afirma a lo largo del siglo XIX a partir del colonialismo anglosajón), el individualismo (para el cual el hombre es una unidad atómica separada de otras idénticas a él y necesariamente enfrentada), unido a la acumulación de capital y al afán de lucro y de usura, se fueron radicalizando a lo largo del siglo XIX y XX y hoy no dan pie a ningún optimismo.

El repliegue individualista que registran las sociedades modernas, en las que nadie está dispuesto a sacrificarse por nada y ningún valor es defendido fuera de los estrictamente economicistas, hacen de la sociedad algo profundamente fracturado, roto y en crisis irreversible.


4. RUPTURA DEL HOMBRE CON LA MUJER Y LA SEXUALIDAD

Sería injusto afirmar que la concepción tradicional de la pareja ha entrado en crisis; lo que está en crisis es la concepción burguesa de las relaciones hombre-mujer: la sumisión fálica de la mujer al hombre, ha sido sustituida por el igualitarismo a ultranza y en todos los órdenes. Pero la alternativa no está ahí; si la sociedad burguesa rompió la complementariedad hombre-mujer, lo que siguió después, no fue un "ir a más", sino un descender un peldaño: el de la reducción de la feminidad al tipo de varón, integrándose progresivamente en todas las actividades de éste, como si esto fuera una conquista, cuando en realidad lo que implicaba era llegar a las últimas consecuencias de una sociedad machista, la integración de la mujer en el modelo "macho". Pero esto supuso olvidar muchas cosas. Basta mirar a nuestro alrededor para percibir que la feminización del varón, se completa en nuestros días con la virilización de la mujer. Tal es el “plan” de los “ingenieros sociales”, la última elucubración y el producto final de una locura que ni siquiera es consciente de los desequilibrios psicológicos y sociales que está generando que tiene su expresión extrema en los “estudios de género” y en las concepción de “nuevos modelos familiares” (cuando la “familia” puede ser cualquier tipo de relación es que la familia pasa a ser nada).

En primer lugar, este planteamiento ignora la importancia de la sexualidad en la vida humana. Existe atracción sexual en tanto que existe polaridad entre los dos sexos. Polaridad implica atracción: más fuerte es la polaridad, más fuerte es la atracción, más atenuada está, más débil es el vínculo erótico. Un mundo en el que los dos sexos tienden a igualar sus performances es un mundo sin polaridad, luego un mundo en el que la tensión erótica se ha relajado o desviado.

Cuando se reconoce que una sociedad nunca ha sido tan libre y permisiva desde el punto de vista sexual como hoy y nunca se han dado a hombres y mujeres tantas posibilidades de gozar, hace falta añadir que, precisamente, nunca como hoy han existido tantas psicopatías y disfunciones sexuales (y, desde edades tempranas, lo que índice a las claras el fracaso de la “educación sexual”).

La integración de la mujer en el mercado de trabajo (como trabajadora alienada y consumidora integrada), su incorporación a trabajos ingratos y desfeminizantes, su equiparación al varón, solamente puede ser considerada como una “conquista” por mentes abyectas y deformadas, nunca por cerebros sanos y objetivos.


5. RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS HIJOS

La aceleración de los ritmos de la historia ha hecho prácticamente imposible la comunicación generacional. Las jóvenes generaciones lo ignoran casi todo de sus padres y lo que estos pueden transmitirles ya ha periclitado o carece de valor.

En este contexto el papel educador de los padres (en el supuesto de que estuvieran en condiciones y supieran educar a los hijos) se ha difuminado: los padres, delegando en el Estado y en su "educación obligatoria" la formación de sus hijos, han renunciado a aportarles algo de sí mismos, confiando en los buenos oficios de las escuelas públicas o de los colegios privados.

Pero la educación es algo más que cinco horas de clase al día. La educación global implica convivencia, transmisión continua, y, sobre todo, ejemplo. El papel del padre de familia se ha devaluado: ha dejado de ser, ejemplo, educador y orientador de sus hijos, para pasar a ser la persona que trae dinero a casa, en hogares en los que la mujer hace otro tanto y los niños nacen y crecen con el “chupete electrónico” (Tablet, teléfono móvil, videojuegos, plasma, streamings), desinteresados completamente del mundo de los padres.

No es de extrañar que el impulso vital que hace que una sociedad se prolongue en sus hijos, haya disminuido en Occidente y la pirámide de población se invierta. ¿Para qué tener hijos? Desde el punto de vista económico, son ruinosos; y este es el único punto de vista que hoy cuenta, el economicista.

6. RUPTURA DEL HOMBRE CON LA "RES PUBLICA"

Occidente entero, el Primer Mundo, vive regímenes de democracia formal. En la práctica, estos regímenes no son otra cosa que partitocracias tuteladas por una oligarquía económica. La libertad de expresión ("se puede decir todo, pero no sirve para nada") es una ilusión formal. Las elecciones "democráticas", no solo se celebran ante una indiferencia cada vez mayor, sino que además las opciones en liza han sido uniformizadas en función del "realismo" y del "posibilismo": derechas e izquierdas liman sus aristas y se convierten en confusos conglomerados de “centro”. Los “estadistas” han desaparecido. El político actual, ni siquiera tiene carisma, es un producto de marketing publicitario como una leche pasteurizada o una crema de cacao. En lugar de elegirlo en el super, se elige mediante el ritual electoral.

Hoy, “democracia”, en Occidente, supone elegir cada cuatro años, a unos sujetos con los cuales no existe la más mínima relación, divorciados completamente de sus electores, impuestos por las cúpulas de los partidos (esto es, por los grupos de presión a los que sirven), y cuya tarea se limita a apretar un botón siguiendo las consignas de su jefe de grupo parlamentario. No tienen iniciativa propia, ni autonomía de decisión, ni vínculos con los problemas reales de sus electores. De hecho, les repugna cualquier relación con estos: apenas buscan mejorar su situación personal por el camino de la política. Para conquistar el favor de la población, deberán mentirles, les halagarán, dirán lo que esperan oír de ellos, para, ya elegidos, luego centrarse en la mejora de su situación. No es raro que las cualidades que se requieren para ser político hoy en día pertenezcan, sin excepción, al cuadro clínico propio de los psicópatas. Así ha sido en todas las democracias y tampoco esto cambiará en el siglo XXI.

Para colmo, la pared que separa la vida política de la económica es tan fina como un papel de fumar: los grandes negocios se realizan al abrigo del poder que, frecuentemente es cortejado por mafias corruptas y corruptoras. Esta degeneración de la vida pública aumenta, día a día, la separación entre el país real y el país legal. Por lo demás, puede intuirse la repercusión que tiene en la sociedad el mal ejemplo de unas instituciones corruptas sobre una sociedad presionada por necesidades economicistas: es el "aquí vale todo" que vivimos. La economía dirige a la política, el poder económico al poder político, las necesidades del rendimiento máximo del capital se traducen en decisiones políticas y, a la postre, en la misma política aplicada, en lo esencial, por todos los partidos, se reclamen de derechas, de centro o de izquierdas...

La separación de poderes, base del liberalismo democrático, es mera entelequia; la representatividad de las instituciones es más que cuestionable en tanto que los electores no reciben suficiente información (sino consignas y mensajes publicitarios) a la hora de votar. Por lo demás, todos hemos asumido la normalidad de que los partidos traicionen el voto de los electores y hagan todo lo contrario de lo que han prometido...

En estas condiciones el hombre moderno no participa de la vida pública. Esta ha sido usurpada y acaparada por una clique de políticos tan corruptos como incapaces para los que la gestión del poder por el poder y de éste para obtener un mayor beneficio personal, es la única norma y objetivo.


7. RUPTURA DEL HOMBRE CON LO TRASCENDENTE

Entendemos por trascendencia el impulso del hombre hacia el conocimiento de lo que está por encima de él. La trascendencia forma parte de la naturaleza humana, tanto como su aspecto biológico o su flujo mental. El marco a través del cual el hombre pudo vivir en el pasado la trascendencia, no era únicamente el religioso; buena parte de las técnicas de ascesis no están necesariamente ligados a ninguna forma religiosa concreta. Estas técnicas forman parte del esoterismo, que se sitúa en un plano distinto a la mera religiosidad exotérica. Si ésta tiende a la “salvación”, la otra aspira a la “liberación”.

En Occidente, la Iglesia Católica, renunciando a cualquier forma de esoterismo, poniendo el énfasis solo la fe y en el culto ritual, ha sido uno de los responsables de la ruptura del hombre con la trascendencia. El esoterismo implica la posibilidad de tener directamente la experiencia de lo Absoluto. La Iglesia, hace pasar tal experiencia a través del sacerdote y de la fe, no de una ascesis interior, presente solamente en formas minoritarias y marginales dentro del cristianismo para el que el elemento emotivo y sentimental sigue siendo el vector principal.

El resultado ha sido, no solo la disolución progresiva de los lazos del hombre con lo trascendente -lo que se operó en una primera fase- sino la desviación posterior del impulso hacia la trascendencia. Esta desviación se operó en dos direcciones diferentes: de un lado con la aparición de ideologías político-sociales que implicaban la aceptación de dogmas, ritos, culto, sacerdotes, escritos sagrados, etc. (el marxismo en primer lugar), y de otro, la proliferación de sectas seudo-religiosas, cultos exóticos, ocultismo de distintos pelajes, etc. que han constituido lo que podemos llamar "supermercado espiritual". Finalmente, en el marco occidental, esta panorámica se terminó con el papado de Benedicto XVI que, en rigor, debería ser considerado el “último papa”, a la vista de que su sucesor no es más que un triste servidor de la corrección política que gobierna sobre un “imperio mundial” en vías de desaparición en el que, históricamente, ha sido su centro geopolítico: Europa.

8. RUPTURA DEL HOMBRE CON LA ECONOMIA

La economía ha pasado, en el decurso de los siglos, de ser un accesorio para facilitar la vida social, a dirigir la totalidad de las actividades humanas. El hombre ha dejado de utilizar la economía para su beneficio y se ha convertido en una pieza más del complicado engranaje de producción y consumo.

La economía en las sociedades tradicionales estaba situada en el nivel que le correspondía: junto a la función productiva. Ahora bien, al convertirse la burguesía en clase social preeminente, impuso sus valores a la totalidad de la sociedad y los convirtió en hegemónicos: afán de lucro y usura, leyes del mercado, de la oferta y la demanda, etc. La economía es la ciencia que trata de ordenar, interpretar y encarrilar todos estos elementos.

Pero el burgués utilizaba un arma peligrosa para alcanzar sus fines: el capital. Poco a poco, la acumulación de capital se ha ido concentrando en cada vez menos manos y ha terminado cobrado vida propia: la economía se ha vuelto omnipresente, rige los destinos de los hombres y de las naciones, dirige la política e impone sus leyes en todos los campos de actividad humana y millones de hombres sufren las oscilaciones de un sistema económico que ya nadie controla y que solamente es comparable a un toro desbocado que no se sabe hacia dónde orientará sus próximos movimientos, ni que destruirá primero.

Ya hemos dicho que la economía, para servir a la realización de sus leyes objetivas, ha terminado por agredir, de un lado al hombre, de otro a la naturaleza; pero esto no es todo. En los últimos 200 años se han ido produciendo crisis coyunturales en el sistema económico capitalista, que, mejor o peor, se corregían mediante ajustes técnicos; pero hoy, un examen pormenorizado de la actual crisis económica demuestra que no es coyuntural, sino estructural: pero la reforma de las estructuras económicas, pasa por el rompimiento de las leyes del capital y éste hoy, es hegemónico e inamovible y camina hacia sus últimas consecuencias lógicas: máxima acumulación de bienes, optimización de los costos de producción, regímenes de oligopolio, etc. con sus secuelas sociales: alienación del trabajo, legiones de parados, desfase entre la oferta de consumo y las posibilidades reales de consumir, marginación de sectores cada vez mayores de la población, etc. Finalmente, el intento de estructurar una economía globalizada se ha saldado con una inestabilidad creciente de todo el sistema y un tránsito de la economía de producción a la economía financiera y especulativa. La Cuarta Revolución Industrial arrojará al paro a millones de seres humanos, sin otra esperanza que el “salario social”. Las luchas entre el capital acumulado en las dos primeras revoluciones industriales de un lado y las procedentes de las dos últimas, generarán tensiones insuperables en el interior del sistema mundial, roto, finalmente, desde el inicio del conflicto ucraniano.


9. RUPTURA DEL HOMBRE CON EL SABER

A partir del triunfo de las nociones mecanicistas de la ciencia, se operó un cambio sustancial en ésta: el saber dejó de ser algo universal y se fragmentó en especializaciones horizontes progresivamente más estrechos. La educación integral de los científicos se olvidó y la ciencia se convirtió en una búsqueda ciega y sin conciencia, en la que el desprecio más profundo por la dignidad humana, por la seguridad del entorno ecológico y por la calidad de vida, se utilizó en beneficio de los intereses de los consorcios inversores.

El saber -al igual que la economía- ha pasado de ser un instrumento en manos del hombre, a convertirse en una cadena de hierro que marca su esclavitud. Hoy sabemos que la idea del progreso indefinido es engañosa y que los avances técnicos solo mejoran la vida en sus aspectos más superficiales, sino banales. Incluso cabe decir que muestran el signo de los tiempos, el zeitgeist de una época. No puede extrañar, como hemos dicho antes, que las fortunas de Silicon Valley inviertan de manera preferencial es investigar las posibilidades de “prolongar la vida”, incluso de alcanzar la “vida eterna”.

Ahora bien, dado el proceso economicista de las sociedades modernas, el saber -que en otro tiempo abarcaba ramas muy diferentes del pensamiento humano- ha quedado reducido al saber científico y éste, a su vez, al saber utilitarista: solo merece ser investigado aquello de lo que puede derivar un beneficio, sin importar cualquier otra consideración ética o moral, ni siquiera sus repercusiones sociales: los espectaculares avances en biotecnologías o en robótica,  son significativos a este respecto.

Dado que las humanidades no tienen hoy un “valor añadido” evidente, tienden a ser desterradas de la enseñanza y desvalorizadas por las nuevas generaciones. Idiomas como el latín y el griego, cuyo aprendizaje no suponía un alarde de erudición, sino un instrumento para comprender el significado de las palabras y la génesis de las ideas, desaparecen de los programas de bachillerato. La memoria -ese "músculo" a desarrollar- es estigmatizada por una pedagogía "progresista" y su práctica -que todas las civilizaciones tradicionales han colocado en el centro de su sistema pedagógico- borrada literalmente de los nuevos planes de estudio. El resultado son niños que utilizan constantemente la calculadora para sumar cantidades mínimas y que ignoran todo sobre el origen de su cultura y su pasado. El empobrecimiento humanístico de un saber así concebido, es tan evidente como dramático.


SOLDAR LAS RUPTURAS: PARA QUE HAYA VIDA ANTES DE LA MUERTE

De todas estas rupturas emana una psicopatología social que afecta a las sociedades en tanto que tales y a los individuos aislados en tanto que miembros de unas sociedades en crisis.

Evola tenía razón en 1962 al comparar la marcha actual de la civilización con una bola de nieve que cae por una ladera arrastrándolo todo y a velocidad progresiva. Parece como si a lo largo de los últimos doscientos años la historia se hubiera acelerado adquiriendo la forma de una curva asindótica en la que las fechas son el eje de ordenadas y los progresivos niveles de desintegración están representados por el eje de abscisas. Pues bien, la existencia del hombre antes de la muerte, se desenvuelve en ese marco espectral. Hoy, el proceso de decadencia está incomparablemente más avanzado que hace 60 años, cuando Evola escribió aquellas inspiradas páginas. Estamos en la fase final de un ciclo de civilización.

No podemos “arreglar el mundo”. Este mundo y el “sistema” que lo rige es demasiado complejo para poder ser modificado por individuos, movimientos o países aislados. El proceso de desintegración, parece imparable y todo induce a pensar que seguirá hasta sus últimas consecuencias. Como máximo se podría esperar que determinadas opciones consiguieran ralentizar los pasos hacia el abismo, pero la humanidad ya está encarrilada en esa dirección y, de la misma forma que, el pequeño cayac que es arrastrado por una corriente indómita al final de la cual se encuentra una cascada imposible de evitar, apenas logrará retrasar unas décimas de segundo la fatal caída por el vacío, así mismo los esfuerzos públicos y la actividad militante de individuos o de movimientos, sinceros y que perciban la gravedad de la crisis, son dignos de recibir nuestra atención y apoyo, no debemos, sin embargo, hacernos ilusiones.

Augurar el colapso de nuestra civilización no es un “mito inmovilizante”, más bien supone un estímulo para la acción, sólo que orientada en una dirección diametralmente opuesta a la que, hasta hace poco, se estimaba posible: más que orientadas a éxitos políticos y a acceder a organismos democráticos, a conquistar un espacio político, quienes son conscientes de la gravedad de la crisis, deben reconocer la imposibilidad de elegir opciones dentro del “sistema”, algo que podía percibirse desde los tiempos de la Guerra Fría: ¿existían posibilidades de elegir entre el ocupante soviético de Europa Oriental y el ocupante americano de Europa Occidental? ¿cuál de las dos opciones era mejor? ¿Y hoy? ¿existe alguna diferencia entre la globalización tal como se percibe desde China o desde los Estados Unidos? ¿políticas conservadoras o políticas progresistas? ¿mercado liberal globalizado o Estado liberal al servicio de la globalización?  

Resulta imposible pronunciarse ante estas disyuntivas. Y lo que es peor: no sirve de nada. Porque el sistema funciona independientemente de la voluntad de los humanos. Es un mecanismo ciego que no tiene nadie al frente del timón, no obedece a planes de control mental, a conspiraciones de iluminados, ni a la voluntad de sectas secretas. Es un mecanismo monstruoso que ya ha adquirido vida propia y que camina inexorablemente hacia sus consecuencias últimas.

En estas circunstancias los éxitos políticos puntuales solamente serían el precedente de nuevos y mayores desequilibrios. Incluso, aunque en una zona geográfica fuera posible restablecer un principio de Orden y de Autoridad, el inevitable desplome interior hacia el que camina el sistema mundial, convertiría ese espacio en una ciudadela sometida al asalto constante de fuerzas mucho mayores en número.


Es preciso, por tanto, establecer un orden de prioridades:

1) Recuperar nuestra vida. En una palabra: ser consciente de que hay una vida antes que la muerte y vivirla en plenitud, satisfechos de nuestro paso por el mundo. Para ello, además de ser conscientes de lo que supone vivir, deberemos seguir alguna práctica de meditación y ascesis que adiestre nuestro espíritu, lo serene, y nos proporcione, en la medida de lo posible, la certidumbre de estar despiertos en un mundo de las sombras de los que duermen.

2) Convertirnos en islas de claridad en un mundo rodeado de tinieblas. Lo que significa, renunciar a las ambigüedades, ser radicales apuntando a las raíces de los problemas, ser ejemplos de vida e integridad: ni bajar la cabeza, ni pedir perdón por ser quienes somos y por denunciar lo que denunciamos.

3) Organizarse hoy para poder estar presentes en la reconstrucción del mañana. No podemos aspirar a victorias inmediatas, ni al “cortoplacismo”, tampoco a triunfos efímeros que no puedan apuntalarse una vez alcanzados. Debemos trabajar ante la perspectiva del derrumbe -a medio plazo- de todo el sistema mundial, preparar las ideas-fuerza, los argumentos y, especialmente, a las élites que estarán en condiciones de reconstruir un modelo de sociedad tras el desplome interior del sistema mundial. Estamos hablando de “élites organizadas” en la clandestinidad, sin tratar de salir a la luz pública, lo que implicaría ser barridas en las actuales circunstancias.

Es imposible ir más allá y establecer objetivos situados más allá de estas exigencias. Sabemos que el desplome se producirá y será una “tormenta perfecta” global (lo que Guillaume Faye llamaba “convergencia de catástrofes” y el Foro de Davos calificaba como “policrisis”), pero no estamos en condiciones de establecer, a partir de ese momento de crisis, cómo se desarrollarán los acontecimientos, ni los plazos en los que se prolongarán los momentos críticos. Por eso es importante tomar como piedra angular a la persona y a los que se identifican en un mismo criterio ante lo que está ocurriendo.

El primer objetivo es, pues, vivir la vida, intensamente, sin tiempos muertos. Pero una vida "rota" no es vida, tal como a la que nos ha contenido el sistema mundial en esta fase de civilización, es un sucedáneo de vida. Frente a las nueve rupturas y desintegraciones que hemos definido, no queda más que una vía: recuperar el sentido -etimológico- de lo religioso. La palabra religión procede del latín, "religare", volver a unir. En sánscrito, la palabra "yoga", deriva igualmente de "yug", (raíz que, por derivación directa a dado origen a la palabra latina "yugo", unión) cuyo sentido es idéntico. Al hablar de "religión" nos estamos refiriendo no a dogmáticas concretas, ni a cultos o fes particulares, sino a la recuperación de una sabiduría capaz de reintegrar los distintos aspectos de la vida del hombre en una totalidad holística, en un conjunto unitario. Eso y solo eso, puede ser considerado como “verdadera vida”.

Solo así la vida recuperará un sentido. Solo así, podremos decir que vale la pena vivir la vida y más aún, que existe una vida antes de la muerte... al menos una vida digna de tal nombre.

viernes, 10 de junio de 2022

LOS OBJETIVOS DE LA AGENDA 2030, UNO A UNO (Ernest Milá)

 LOS OBJETIVOS DE LA AGENDA 2030, UNO A UNO

Las obsesiones que transmite la Agenda 2030 son:

- obsesión por la “agenda global”, que, a partir de ahora, sustituye a las “agendas nacionales” que no pueden ser sino derivados de la primera y subordinadas a ella, sin tener en cuenta las diferencias de renta, de origen cultural, de desarrollo económico, ni los factores antropológicos y étnicos. De hecho, la Agenda 2030 no ha sido aprobada por los ciudadanos de ningún país, pero si se aplica especialmente en los países occidentales.

- obsesión por la “educación de calidad”, que “permita la movilidad socieconómica ascendente” a 1600 millones de niños y jóvenes que carecían de educación durante la pandemia… sin considerar la diferencia entre las necesidades y las realidades de la educación en África o en Finlandia, o incluso en España, en donde cada reforma educativa ha hundido un poco más a la formación y ha ido aumentando el número de ni-nis (ahora mismo superior al millón, pero que, probablemente tenga una cifra real dos veces superior, a la vista de que el paro juvenil alcanza al 30’7%)

- obsesión por el “hambre cero”, tras lo que se oculta un cambio radical en la alimentación. Bruscamente, apareció el “veganismo” (no ya el vegetarianismo de siempre: los veganos no consumen ningún tipo de producto de origen animal -ni carne, ni pescado, ni aves, ni huevos, ni lácteos, ni miel, ni gelatina: se alimenta de granos, frutos secos, verduras, semillas, legumbres…). No se tiene en cuenta que las calorías que precisa cada actividad, simplemente se subraya que la alimentación “carnívora”, degrada el medio ambiente y acelera el cambio climático (algo que un ministro poco inteligente como Garzón, traduce en metidas de pata continuas). De hecho, de lo que se trata, es de que al hombre -especialmente occidental- le falten calorías y, por tanto, energía suficiente para protagonizar protestas activas. En otras palabras, de lo que se trata es de “amansar” al ciudadano.

- obsesión por el “reciclado”, planteado como “consumo responsable” (olvidando que la publicidad, motor del consumo, conduce a un consumo compulsivo). El “consumo no responsable” tiene “efectos nocivos” sobre el planeta… pero, nos redimimos gracias al reciclado. Los plásticos utilizan el círculo flechado para indicar que se trata de un plástico “reciclable” ¡pero solamente el 2% del plástico colocado en los contenedores para ese fin, termina reciclándose verdaderamente! La insistencia en el “Objetivo 12” dedicado a este tema en el cambio de bombillas es ilustrativo: nos explican que solamente con este gesto se “ahorrarían 120.000 millones de dólares cada año… Así pues, hay que pasarse a los leds. Bien: pero no se dice que los leds, al igual que las bombillas convencionales están sometidas a procesos de obsolescencia programada, que acortan deliberadamente sus vidas. El punto, “ingenuamente”, sugiere que el Covid “ofrece la oportunidad de elaborar planes de recuperación que reviertan las tendencias actuales y nuestros patrones de consumo y producción hacia un futuro más sostenible”. Es la misma idea que difundió Schwab sobre el “gran reset”, colocado como norma en los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” de la ONU.

- obsesión por vacunarse de cualquier cosa… inscrito en el “Objetivo 3” de la Agenda 2030. Obsérvese el enunciado: “Garantizar una vida sana y promover el bienestar en todas las edades es esencial para el desarrollo sostenible”, después de la cual vienen tres párrafos dedicados al Covid. Olvidando el gran fracaso de la filial de la ONU, en materia sanitaria, la OMS, como si no hubiera pasado nada. La vacunación es la solución de esta enfermedad y de cualquier otra para la que exista una vacuna. La Agenda habla de horizontes sanitarios muy distintos: no, desde luego, del que se vive en Europa. Sino que la furia vacunadora se orienta hacia países africanos en donde existen epidemias endémicas. No hay ni una sola palabra sobre “reducir cánceres”, sobre trastornos psicológicos, sobre problemas cardiovasculares generados por ritmos de vida y hábitos insanos, se habla solamente de enfermedades que se resuelvan con vacunas… Ni una sola palabra sobre aditivos, pesticidas, uso y abuso de fertilizantes químicos, vermicidas, fungicidas, que comemos con los alimentos “más sanos” y que reducen la fertilidad masculina, generando tumores y problemas hormonales.

- obsesión por las siglas LGTBIQ+. El “Objetivo 5” es “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas”. Por algún motivo -los dogmas no precisan explicación- se considera que “este es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”… También aquí, la Agenda nos habla de una situación que no tiene nada que ver con nuestro ámbito geográfico. Todas las observaciones sobre la “inferioridad de la mujer”, hace décadas, sino siglos, que no se dan en Europa (dioses y diosas del Olimpo y del Walhalla figuraban en igualdad de condiciones testificando cuál era el concepto europeo sobre la sexualidad), sino que son propias de otros horizontes culturales y antropológicos que, por supuesto, no se citan. ¿Por qué hay que insistir más ahora? La respuesta de la Agenda 2030 es conmovedora en su estulticia: “porque la pandemia Covid podría revertir los escasos logros”. Las medidas para alcanzar este objetivo son exactamente las que ha implementado el gobierno Sánchez en nuestro país. Todo, recomiendan, debe examinarse “desde una perspectiva de género”. En la página explicativa del “objetivo global”, tiene la virtud de ser más concreto: cita los países en los que la mujer tiene algún tipo de problema y discriminación. Se citan desde Marruecos a Tonga, desde Sudáfrica posterior al Apartheid hasta las islas Fiji, desde Bolivia hasta Vanuatu, Estados Árabes y el Caribe, Myanmar y Nepaz, Timor-Leste y Paraguay… pero ninguna referencia a países europeos (salvo Bosnia-Herzegovina, país musulmán). En este punto de apoyan los delirios de las distintas especializaciones sexuales que poco a poco van saliendo (y las que irán saliendo, representadas por el signo “+”… sin embargo, la “H” de heterosexual no parece salvaguardada, protegida, ni siquiera aceptable, sino un sinónimo de “machismo”, “homofobia” y “heteropatriarcado”

- obsesión por el “agua sostenible”. Aparece en el “Punto 6”. El leit-motiv vuelve a ser el covid: “el agua salva vidas”, nos dice: “lavarse las manos es una de las acciones más efectivas contra el covid…”. Da incluso una cifra escatológica: 673 millones de personas defecan al aire libre. Precisamente, uno de los logros de la fundación de Bill y Melinda Gates consiste en un WC que puede ser instalado en cualquier remoto lugar, autónomo y que recicla excrementos. No se alude a las grandes empresas que aspiran a comercializar agua en los países occidentales. Todo el ”Punto 6” tiene que ver solamente con la situación en las zonas más deprimidas del “tercer mundo”. Pero también es cierto que pone el dedo en la llaga ante la contaminación de los ríos -los nuestros también-, a pesar de que se cuida muy mucho de no reconocer la procedencia de esta contaminación: vertidos tóxicos realizados por empresas, habitualmente multinacionales vinculadas al “dinero viejo”. Todo el punto viene acompañado de una advertencia apocalíptica: “el cambio climático podría aumentar la escasez de agua”

- obsesión por la “energía no contaminante”. Recomienda la sustitución de cualquier forma de energía por “energías renovables”, “limpias”, “no contaminantes”. En este punto aparecen todos los dogmas puestos en circulación en los últimos años. Pero la realidad energética de la que nos está hablando tampoco es la de nuestro marco geográfico, sino la que se puede percibir en zonas atrasadas del tercer mundo. Nos dice, por ejemplo, que 3.000 millones de personas “depende de la madera, el carbón o los desechos animales para cocinar y calentar la comida”… pero no se dice que está es, hoy, la principal fuente de deforestación que se da en zonas muy alejadas de Europa. Tampoco se dice que las necesidades energéticas son muy diferentes de un país a otro, pero se insiste en que “la energía es el factor que contribuye principalmente al cambio climático”. Pero, si se trata de eso, habría que reconocer que las centrales nucleares (que solamente emiten vapor de agua) son las “menos contaminantes” y las únicas que están en condiciones de proporcionar los volúmenes de energía necesarios para la supervivencia del comercio y del ritmo de vida de la población de todo el planeta. Pensar que una “molineta” o una placa solar, “salvarán al planeta” y estarán en condiciones de facilitar, incluso en días sin viento y nublados, energía suficiente para mantener a nuestras sociedades, es una quimera estúpida.

- obsesión por el “trabajo decente”. El “trabajo decente” y el “crecimiento económico” aparecen como temas del “Punto 8” que se enuncia así: “Un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos decentes para todos y mejorar los estándares de vida”. Nos cuenta que, “con el Covid”, “la mitad de todos los trabajadores a nivel mundial se encuentra en riesgo de perder sus medios de subsistencia”. En realidad, esto último es cierto ¡pero no por culpa del covid! ¡sino a causa de la robotización! Las cifras que da la propia ONU en esta materia están en contradicción con lo que han expresado solo unas líneas antes: “El 2017, la tasa mundial de desempleo se situaba en el 5,6%, frente al 6,4% del año 2000”. Así pues, uno de los “Objetivos del Milenio” que era precisamente “más trabajo”, supuso un auténtico fracaso, antes de que apareciera en el horizonte el covid. Sorprende que no se aporte absolutamente ni una sola medida que crear “trabajo decente”. Y, no solo eso, sino que el gran problema sea el que “los hombres ganan 12,5% más que las mujeres”, o el dato gratuito y no explicado de que “se necesitarán 68 años para lograr la “igualdad salarial”. El punto genera muchas más dudas y, sobre todo, perplejidad. El lector se lleva la impresión de que “no hay trabajo decente por culpa del machismo”, o, lo que es lo mismo, ante la imposibilidad de crear “trabajo decente”, la culpa no es de la ONU, sino del “hombre blanco explotador único de recursos naturales y discriminador impenitente de género”.

- obsesión por las “ciudades sostenibles”. Es el “Objetivo 11”: “Lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles”. Es un punto antológico: la sostenibilidad de las ciudades vendrá generada por el uso de medios de transporte no contaminante (bicicletas, patinetes eléctricos, coches eléctricos). No hay otras medidas. Esto se une a las visiones apocalípticas habituales de la Agenda 2030: “El impacto de la covid será más devastador en las zonas urbanas pobres y densamente pobladas” (lo cual no ha quedado confirmado ni remotamente por los datos). Se insiste en que las ciudades figuran entre los responsables del cambio climático y generan enfermedades respiratorias (sin olvidar que la tasa de esas mismas enfermedades por campesinos que respiran los vermicidas, fungidas, plaguicidas y abonos químicos, que vierten sobre los cultivos, no es menor). Y, lo más sorprendente son las medidas que recomienda: “participar en la gobernanza de tu ciudad”, “tomar nota de lo que funciona y de lo que no”, “abogar por el tipo de ciudad que, a tu juicio, necesitas”… eso es todo: aceptando que las grandes conurbaciones generan problemas de todo tipo, no son los mismos los generador por Barcelona que los que pueden darse en Lagos, capital de Nigeria, o en Wuhan, donde apareció el Covid. Ni son las mismas, ni su crecimiento ha sido el mismo, ni siquiera, su población tiene los mismos rasgos antropológicos y culturales. Por tanto, resulta imposible dar soluciones, más allá de recomendar el patinete eléctrico y la bicicleta (lo que, dados los niveles de contaminación, resulta todavía más peligroso para quienes optar por estas alternativas de transporte).

- obsesión por el “calentamiento global”. Es el tema estrella que irrumpe en el “Punto 13”: “acción por el clima”. Empiezan propagando una mentira: “El 2019 fue el segundo año más caluroso de todos los tiempos”. La segunda mentira, es considerar que el “cambio climático” se inicia con la era industrial y es, por tanto, exclusivamente antropogénico. Ni se inicia entonces, ni el ser humano es el único responsable y, en cualquier caso, su responsabilidad es imposible de determinar. Los datos que se ofrece son contradictorios y ni siquiera son unánimemente aceptados por la comunidad científica: no tienen en cuenta, por ejemplo, que la evaporación de los océanos es una de las causas de la liberación de los mayores porcentajes de CO2. Lo que pide la agenda, finalmente, es “grandes cambios institucionales y tecnológicos”, precisamente lo mismo que propone Schwab en su libro sobre La Cuarta Revolución Industrial.

- obsesión por la “protección del medio ambiente”. El “Objetivo 15” es una reiteración de ideas que se vienen propagando desde los años 80, solo que con una novedad: el Covid, nos dice, es una muestra de que “todas las enfermedades infecciosas nuevas en humanos (…) están estrechamente relacionadas con la salud de los ecosistemas”. Así pues, se liga “medio ambiente” a “covid”, retroalimentando el miedo a ambos térmicos. Cuando se lee el punto se percibe inmediatamente una contradicción: se alude a que los bosques es el hábitat de los “indígenas” (que se evalúan en 1.600 millones), cuando, en realidad, estos indígenas los que utilizan leña como “combustible” contribuyendo, tanto a lanzar residuos a la atmósfera, como a deforestar. El origen histórico de las migraciones es, precisamente, éste: comunidades que agotan los recursos en una zona y se trasladas a la contigua. La ONU ofrece además cifras fantasiosas sobre abandono de tierras cultivables (olvidando que la eficacia de las técnicas de cultivo es cada vez mayor y, por tanto, hace falta menos superficie para generar más alimento), da cifras escalofriantes de “deforestación” (sin indicar las cifras de “reforestación” y el hecho de que en el “primer mundo”, hoy existe más superficie forestal que hace 100 años; une estas cifras a la “desertificación” (que se produce por mecanismos que no tienen nada que ver con la actividad humana) y, finalmente, genera pánico e indignación entre los “conservacionistas”, añadiendo que el 22% de las “razas animales conocidas” están en “peligro de extinción” (eludiendo decir que se trata, en gran medida, de invertebrados y ocultando que cada año se descubren especies nuevas, o que, la historia del globo es una historia continua de sustitución de unas especies por otras desde que apareció la primera ameba).

- obsesión por “las instituciones sólidas”. El “Objetivo 16” propone “promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas”… Detrás de esta palabrería se encuentran algunos datos mucho más realistas: se habla de “corrupción policial y judicial”, en absoluto de corrupción política. Se alude a “presos detenidos sin sentencia”, pero en absoluto del “aumento de la criminalidad”. Y, lo más sorprendente, que se evidencia el interés de la ONU en que toda la población mundial esté fichada e identificada: se da como cifra censurable el hecho de que el 46% de los niños nacidos en África “no se ha registrado su nacimiento”. Se manejan cifras de ACNUR sobre número de refugiados (70 millones en 2018, “la más alta registrada por ACNUR en 70 años”) y sobre la “desaparición o asesinato de defensores de los derechos humanos” (357 en 2018). No se dice nada de “refugiados” que no lo son, sino que huyen de países en donde no reciben ayudas sociales y llegan a occidente atraídos por subsidios, subvenciones y demás ventajas. No se dice ni una sola palabra sobre lo que se entiende por “instituciones sólidas”, pero puede deducirse que son aquellas que “fichan” a todos los ciudadanos. Y, finalmente, como no podía ser de otra forma, se une la “justicia y la paz”, al “desarrollo sostenible”, sin argumentación que lo avale.

- obsesión por la “ayuda al desarrollo”. El último objetivo es, en realidad, un resumen y un paradigma de todo lo anterior. Es el “Objetivo 17”: “Revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible” al que solamente puede llegarse, nos dicen, “con instituciones sólidas y cooperación”. Y para ello, son necesarias “asociaciones inclusivas a nivel mundial”. Lo que nos están proponiendo es: 1) considerar el “desarrollo” sólo a nivel mundial, 2) lo que implica que los “países ricos”, deben ayudar a los “países pobres” (olvidando a los “pobres” de los “países ricos”… y el hecho de que los primeros son Estados independientes, con soberanía y gobiernos propios que, de ninguna manera la Agenda 2030 censura por sus actuaciones, su falta de representatividad o su rapacidad), 3) si esta ayuda desciende, no habrá “desarrollo sostenible” (olvidando que las cantidades giradas por Europa al Tercer Mundo, han grandísima medida, han sido dinero tirado al basurero, encubrimiento de corrupción política y desvío de fondos). Dan una cifra apabullante: “El número de usuarios de Internet en África se duplicó en los últimos cuatro años”, para añadir, a continuación, otro que sugiere que debemos ayudar más: “cuatro mil millones de personas no usan Internet, y el 90% de ellos son del mundo en desarrollo”. Luego hay que seguir enviando fondos a África para que hasta el último aborigen esté entretenido con Internet. ¡Como si Internet fuera el remedio universal a todas las carencias del mundo! Es significativo que se hable de Internet y no de alimentos. Lo más ofensivo de este discurso es considerar a los habitantes del Tercer mundo como minusválidos incapaces de valerse por sí mismos y que precisan para mejorar su situación ayudas procedentes de Europa.

 Ernest Milá

lunes, 15 de abril de 2019

Inmigración: EN SEGENAL SE GRITA “BARSA WALA BARSAKH” (¡BARCELONA O MUERTE!) (Ernest Milá)

martes, 9 de abril de 2019


365 QUEJIOS (305) – EN SEGENAL SE GRITA “BARSA WALA BARSAKH” (¡BARCELONA O MUERTE!)



En informática existe la “Ley de Moore” según la cual cada dos años -y esto desde los años 60- se duplica la capacidad de procesamiento de los chips y su velocidad de trabajo. Algo parecido ocurre en África: cada 20 años se duplica la población. De aquí a 50 años, el peligro ya no será amarillo sino negro. Bueno, ¿y a nosotros qué nos importa? A fin de cuentas, toda África es independiente y cuenta con gobiernos sentados en las Naciones Unidas. Es más, los gobiernos están ahí para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones, gestionarlas en su día a día. ¿O no? Para eso pidieron la independencia y para eso mismo Europa se la dio. ¿Qué la inmensa mayoría de países africanos, desde Marruecos hasta Sudáfrica y desde Ghana hasta Eritrea no funcionan? A lo peor es que la fórmula que mejor se adapta no es el “Estado-Nación”, sino la tribu. Porque, desde el principio de las independencias africanas, algo para en aquel continente que nada termina de funcionar.

Estos días se cumple el treinta aniversario de la masacre de Ruanda (800.000 muertos entre abril y junio de 1994). Los medios progresistas han aprovechado para recordar la “responsabilidad francesa” en la masacre… a pesar de que la mayoría de muertos lo fueron con palos y cuchillos. Es cierto que la inestabilidad africana se debe a que su subsuelo es particularmente rico en minerales estratégicos… precisamente por eso, ante la imposibilidad de construir Estados coherentes y sólidos, la alternativa era simple: o las antiguas colonias quedaban bajo protección internacional (¿de la ONU?) o de las metrópolis coloniales. Lo que estaba claro era que las independencias africanas de los 60 dieron lugar a Estados débiles e inestables, gobernados por verdaderos sátrapas corruptos y en donde la democracia es un eslogan, pero lo que existe es caciquismo, clientelismo, tribalismo y primitivismo.

La antropología deberá explicar porqué África quedó muy rezagada respecto a otros continentes y porqué allí siguen produciéndose hambrunas periódicas, masacres y epidemias… existiendo Estados cuya misión es proteger a las poblaciones y educarlas en determinados hábitos profilácticos y sanitarios.

El caso es que los Estados africanos no cumplen su función, mientras que las organizaciones internacionales estilo FAO, UNICEF, OMS, vacunan de todo lo vacunable a los africanos habiendo conseguido reducir al máximo las muertes de recién nacidos. Hay que congratularse de ello, desde luego, pero no olvidar que éste ha sido el motivo por el cual la publicación africana se duplica cada veinte años. El problema es que los Estados africanos no están en condiciones de ordenar, educar y dar trabajo a esas masas. ¿Solución? ¡Que los mantengan los europeos! Entonces ¿para qué existen esos Estados africanos?

Hoy, en toda África, se sabe que alguien con VIH puede ser tratado gratuitamente en Europa, que a los albinos no se les mata y se les come de Gibraltar para arriba, que con sólo llegar a las costas europeas ya te dan ropa de marca y que puede vivirse como en los barrios de clase media de Lagos o de Tombuctú, recibiendo subsidios y subvenciones por una docena de conceptos. Y si se quiere trabajar, mejor todavía porque se paga bien. No es raro que todas las familias africanas quieren tener a un inmigrante entre sus miembros: con que les remita 200 euros al mes, eso ya les permite vivir mejor que cualquier otra familia de un medio rural africano. Este es el problema: que las zonas que más inmigración han aportado a Europa, nadie trabaja, los campos están abandonados, porque basta con el dinero que se recibe del “nuevo europeo” para vivir aceptablemente bien…

Claro está que para todo esto hace falta llegar a Europa. Estas migraciones son de un carácter muy diferente a las que hemos conocido hasta ahora: no son para “civilizar” un continente remoto, como ocurrió con la migración europea a América. El africano llega a un continente civilizado y no trae en sus maletas un modelo de civilización superior que pueda aplicar. De hecho, algunas prácticas que viajan con él son consideradas en Europa como signos de salvajismo: la ablación del clítoris, por ejemplo. 

Tampoco es una emigración para reconstruir una zona destrozada por la guerra, como fue la migración española a Alemania en la postguerra, ni siquiera porque se necesite mano de obra (como fue la migración española a esa misma Alemania entre 1939 y 1943), por mucho que los medios nos quieran convencer de que falta mano de obra en Europa: en realidad, sobra y seguirá sobrando mientras los índices no indiquen pleno empleo. 

¿Es una inmigración por motivos económicos? No está claro: la mayoría de los emigrantes de esos países, no pertenecen a los estratos más necesitados de la población, sino a lo que allí sería el equivalente a nuestra clase media baja. Saben leer y escribir, utilizan terminales de ordenador y de móvil sin problemas y -lo más importante- tienen ahorros suficientes para emprender el viaje y pagar sus distintas etapas (viajar de las costas africanas del trópico a Europa cuesta unos 6.000 euros… y no es lo mismo ahorrar 6.000 euros en España que en África).


El efecto más deletéreo de la inmigración africana no solamente se produce en Europa, sino sobre todo en los países de origen: los que se van, se niegan a participar en la construcción de un país. Y se trata de las gentes con más iniciativa, con más fuerza, con más vigor que, en lugar de encauzarlo para “levantar” su país, utilizan estas cualidades para llegar a Europa. El resultado es una selección a la inversa: los más apáticos se quedan en su país… que seguirá eternamente en la situación de postración, con carencias productivas, sin apenas infraestructuras, con todos los problemas propios de los Estados “frustrados”. En mayor o menor medida, toda África es un gigantesco “Estado frustrado”.

Para los gobiernos africanos, la inmigración es una espita de seguridad: se van lo más lanzados, los que podrían generar problemas y, además, desde Europa pueden ir enviando pequeños ahorros que contribuirán a que el país disponga de divisas y comisiones para alimentar a su clase política parasitaria y caciquil.

Dado que las naciones africanas son artificiales, allí no hay “patriotismo” que valga, ni Patria que amar o a la que levantar. Como máximo existe “orgullo de raza”, o más bien “orgullo de tribu”. Lo que más llama la atención cuando se viaja a África es el desprecio que unos grupos étnicos negros, pero de piel más clara, albergan contra los de piel más negra.

Europa, esa pobre y tonta Europa que, con el cerebro carcomido por el progresismo, opina que hemos contraído una deuda con África al haberlos colonizado. Y es cierto: pero África fue un mal negocio para los Estados europeos que dieron mucho más de lo que recibieron (y, de hecho, si alguien recibió y salió beneficiado, fueron los grandes consorcios económicos, en absoluto la población europea). Pero el contador quedó a cero cuando se produjeron las independencias africanas: yo te dejo infraestructuras como pago por las materias primas que me he llevado…

El problema de las independencias africanas es que, los responsables de las poblaciones africanas ya no somos los europeos, sino lo gobiernos locales. Claro está que es mucho más fácil huir del caos africano y recibir la sopa boba europea, que quedarse en aquellos países y levantar lo que, en principio, debería ser su patria.

Nigeria: 45 millones en 1960, 200 millones en 2019, 510 en 2050… El 50% de los jóvenes están desempleados. Algunas zonas en situación de guerra: musulmanes asesinando a católicos (no a la inversa). Cada año exporta 300.000 inmigrantes a Europa. El 47% de la población quiere irse del país… una vez más, la mayoría, procedentes de la clase media… ¨Lo dice hoy El Confidencial que añade la consigna de los jóvenes senegaleses: “Barsa wala Barsakh” ¡BARCELONA O MUERTE! En lengua wólof…

¿Qué ocurrirá en el futuro? es fácil de prever. Sin una clase media con empuje, nunca se producirá un despegue económico-cultural. La clase media africana ha elegido el camino fácil: Europa. El difícil es construir una patria, una nación, un futuro. Mejor sumarse a naciones que, desde hace generaciones y generaciones se han preocupado por construir ese futuro y que, en su absoluta inconsciencia, consideran hoy al recién llegado como un paisano de toda la vida…

La creencia africana es que en Europa atan a los perros con longaniza y pueden permitirse el lujo de una inmigración de muy baja cualificación profesional y solamente capaz de ejercer trabajos en sectores de bajísimo valor añadido y que esto lo pagarán ad infinitum los europeos que tienen la suerte de cobrar una nómina. Vale la pena que no lo olvidemos: cada euro que se va en subsidiar a la inmigración es un euro de mas en la deuda pública y un euro menos en beneficios sociales para los descendientes de los que han construido este país…

Porque el gran mito de la modernidad es que la inmigración africana es necesaria en Europa. Si el africano es necesario en algún lugar es en su país, para construirlo y levantarlo. Su presencia en Europa no puede más que ir generando un malestar creciente y, a la larga, siendo un fenómeno insostenible económica y socialmente.

Así que, díganme, qué partido es el que tiene claro este tema y, en consecuencia, pide que se reduzca a cero la inmigración en Europa y empiecen a repatriarse contingentes que desde su llegada viven de la caridad pública, que les votaré.

sábado, 1 de diciembre de 2018

YO ROBOT, TU JANE (Ernest Milá)

YO ROBOT, TU JANE


La gran excusa para traer inmigración masiva consiste en advertirnos sobre la falta de natalidad 
de las sociedades europeas: ¿Quién pagará las pensiones de los abuelos? ¿Quién va a ser?
 ¡Los inmigrantes, por supuesto! Yo nunca me lo he creído, ni siquiera he duda, de que la llegada 
masiva de inmigrantes se debe solamente porque Europa no es competitiva en el mundo globalizado 
y hace falta bajar el valor de la mano de obra. Mientras la ley de la oferta y la demanda siga en
 vigor, la única forma de mantener la competitividad en Europa es inyectando inmigración
 que, estadísticamente, hará que se disimulen las cada vez más alarmantes desigualdades sociales y
 creamos que la media salarial está por los 1.400 euros… cuando, en realidad, está en algo menos 
de 1.000. Es lo que tienen las estadísticas que alivian la situación de los más desfavorecidos… sobre 
el papel. De igual manera, cuanta más masa laboral hay en un país, mas bajo parece que sean los
 salarios. Si estadíticamente, un total de 100.000 euros pagados en salarios al mes sobre una 
población de 100 personas, da una media salarial de 1.000 euros/mes (aunque alguno cobre 60.000 
y otros 400…), si en lugar de 100, son 120 personas, la media bajará a 900 euros/mes (aunque el 
de antes siga cobrando 60.000 pero los otros apenas lleguen a 350…). De todas formas, no me voy 
a quejar de las mentiras estadísticas, sino de la robótica. Porque, en breve, la mayoría de 
puestos de trabajo manuales serán cubiertos por robots. Así que los que tenían que venir 
a pagar las pensiones de los abuelos, seguirán siendo un grupo subvencionado por el Estado 
pero sin ninguna posibilidad de reciclarse en el mercado laboral… como, por otra parte, buena 
parte de los “nacionales”, incluso los que hayan pasado por aulas universitarias.

 

En los años 80 empezó a hablarse de la economía de la “tercera ola”. Era la que se basaba en 
procedimientos informáticos, la economía post Guerra Fría, superadora de la producción
 industrial capitalista y comunista. De aquella idea popularizada por un ex trotkysta, Alvin Toffler, 
ya no queda ni el recuerdo. Que estamos en la sociedad post-industrial nadie lo duda, que esta 
sociedad está regida mundialmente por el neocapitalismo tampoco puede cuestionarse… pero 
es que las cosas no se detiene aquí. Estamos en una época en la que la gran paradoja consiste
 en que nunca como ahora se alude a la “dignidad humana” y a la de cualquier minoría, y, sin 
embargo, estamos en un momento histórico que en la práctica supone una desvalorización de 
lo humano como nunca antes se había dado en la historia.

Ya no somos “ciudadanos”, somos seres cosificados, reducidos a la unidimensionalidad democrática: 
“un hombre – un voto”. Ahí, en el voto se concentra todo el interés que puede tener el ser humano:
 la posibilidad de ser engañado por unos o por otras, para auparlos a sus espaldas y bajo el peso 
de los impuestos, al poder. Eso es todo. Usted y yo sabemos que el voto sirve para poco más 
que para entronizar a una cuadrilla de espabilados y permitir que vivan unos años a la sombra 
de los presupuestos generales del Estado.

Nos estamos aproximando a un momento en el que la combinación entre inteligencia 
artificial y robótica, va a generar un vuelco en el mercado laboral: ya hoy, los procesos agrícolas
 podrían realizarse sin que prácticamente los agricultores tocaran ni la semilla, recolectaran su 
fruto: las máquinas lo hacen mucho más barato y mucho más rápido. En el sector del metal, uno 
de los que, tradicionalmente, han sido más conflictivos en los años 50-70, la robotización es creciente. 
Buena parte de las funciones de la cadena de montaje son asumidas por robots mecánicos. Y 
es sólo el principio. Se dice que, en apenas 10 años, el 50% del mercado laboral se habrá contraído
 porque habrá máquinas que lo harán casi todo: ¿logística? Los drones cruzarán el espacio llevan
 esto y aquello a la ventana de los domicilios. ¿Transportes? Taxis y camiones guiados por GPS 
trasladarán mercancías y viajeros. ¿Pilotos aéreos? Habrá que fiarse los ya existentes pilotos 
automáticos porque los aviones, ya en la actualidad, pueden despegar y aterrizar sin 
necesidad de lo humano. ¿Justicia? Ordenadores centrales en los que estén introducidos los 
códigos civiles y penales y todo el arsenal legislativo con la jurisprudencia desde las guerras
 carlistas hasta nuestros días, fallarán las sentencias con más rapidez y facilidad que los 
actuales jurados. Bastará solamente encontrar formularios que se puedan rellenar con todos
 los elementos que estén presentes en los casos. La inteligencia artificial tiene ya capacidad
 para deducir la credibilidad de una prueba física. ¿Arquitectura? ¿para qué delineantes y 
aparejadores? Bastará con complicados programas informáticos para diseñar un chaletito 
de 40 metros cuadrados o un superrascacielos de cientos de pisos… Informática y 
programación: paradójicamente, los ingenieros están buscando la forma de no ser necesarios 
y se obtener conseguir programas que se adapten y se reproduzcan a sí mismos. ¿Construcción? 
Vamos hacia la construcción en módulos: nada de un albañil poniendo ladrillo sobre ladrillo 
acompañado de nivel y guiñola… ¿Y el trabajo humano? ¿para qué si la máquina logra igualar la
 perfección de lo construido por las manos del artesano… y no hay que pagarle seguridad social?

Se sabe cómo será el futuro imperfecto: máquinas trabajando y millones de ciudadanos
 vegetando con subsidios igualados y pensiones de jubilación en el límite de la miseria. 
Y, eso sí, una élite económica que aumentará sus beneficios y pondrá sus acumulaciones 
de capital a salvo de la rapacidad del fisco. Como ahora, pero más.

Esta es la descripción del mundo futuro: trabajes en lo que trabajes, no lo dudes, te vas a ver 
fectado por la revolución de la robótica y de la inteligencia artificial en los próximos años. 
Así que, desengáñate, esto no va a ser ninguna ganga. Si no perteneces a la élite económica, si
 estás adscrito a la clase media o al mundo del trabajo, ves con cuidado: corres el riesgo de
 penetrar por derecho propio a través del umbral de la pobreza. A ti y a mí nos va a tocar 
figurar en las posiciones más difíciles. El riesgo no es que venga un inmigrante y te quiete
 el puesto de trabajo, en realidad, no te lo han quitado, porque tampoco había mucho trabajo,
 sino que el Estado ha hecho que con la presión fiscal tú los hayas mantenido y los estés
 manteniendo… Pero, ahora, el riesgo es que la robotización haga imposible el trabajo.

Y si esto es así, y todos los estudios de prospectiva demuestran que la destrucción de puestos de 
trabajo ya a alcanzar su punto crítico a la vuelta de 10 años y en otros 20, el trabajo físico 
será residual… ¿me quieren decir por qué diablos siguen llegando inmigrantes a Europa? ¿Es una
 conspiración o simplemente el producto de la ignorancia de políticos que son capaces de 
insultarse y escupirse en un parlamento transformado en asamblea de indigentes intelectuales? 
Habrá quien crea en lo primero, pero yo apostaría por lo segundo. Sí, de eso también me quejo.