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sábado, 14 de marzo de 2020

RTVE. Estupidiario feminista. El coronavirus provoca violencia contra la mujer: como hay que estar en casa no puede escapar de su maltratador

ENORMES MINUCIAS

RTVE. Estupidiario feminista. El

 coronavirus provoca violencia 

contra la mujer: como hay que

 estar en casa no puede escapar 

de su maltratador

Y las armas en USA, también es violencia machista… de Donald Trump.

RTVE. Estupidiario feminista. El coronavirus provoca violencia contra la mujer: como hay que estar en casa no puede escapar de su maltratador
RTVE. Estupidiario feminista. El coronavirus provoca violencia contra la mujer: como hay que estar en casa no puede escapar de su maltratador
No es broma. RTVE, nuestra madre nutricia, intelectual y moral, nos ha lanzado dos noticias sobre el coronavirus. Dos noticias distintas y una sola conclusión: el varón es culpable.
La primera: el coronavirus es machista. ¿Por qué? Porque al encerrarnos en casa la mujer no puede huir de su maltratador.
En serio, esa es la tesis.
Segunda: la libertad de posesión de armas de fuego que defiende Donald Trump para Estados Unidos es machista, porque los varones utilizan más armas de fuego que las mujeres, ergo matan más que las mujeres, tanto a varones como a mujeres. ¿Me siguen? Es igual, el asunto es que es machista.
Menos mal que contamos con RTVE.  

domingo, 11 de agosto de 2019

Cruda realidad / Las atletas ‘trans’ tienen una ventaja innata sobre sus rivales ‘biológicas’

Cruda realidad / Las atletas ‘trans’ tienen una ventaja innata sobre sus rivales ‘biológicas’

No hace falta estudio alguno para darse cuenta de que los varones tienen ventajas de fuerza física y destreza sobre las mujeres. Tarde o temprano, hasta la más lerda de las feministas se dará cuenta de que, si el sexo es un constructo cultural, cambiable a voluntad, toda su 'lucha' se viene abajo.

Callum (Hanna) Mouncey fue deportista profesional masculino hasta 2013. Luego comenzó a competir con mujeres en 2013, tras un proceso de hormonación trans.
Callum (Hanna) Mouncey fue deportista profesional masculino hasta 2013. Luego comenzó a competir con mujeres en 2013, tras un proceso de hormonación trans.
Sé que me pongo muy pesada con el evidente choque de trenes que le espera al progresismo reinante, pero es que resulta fascinante de ver, y me llueven ejemplos recientes. Hace poco pude ver un vídeo de una ciudad británica, en la que una musulmana fundida en negro hasta más allá de lo concebible -el verano debe de ser la peor estación para seguir la fe de Mahoma en su versión femenina más estricta, qué agobio- avergonzaba a gritos a un miembro rezagado de uno de estos innumerables desfiles de gente medio desnuda o vestida con cueros o extraños disfraces con los que los LGTBI quieren convencernos de que son gente totalmente normal que solo pide aceptación.
La mujer corría detrás del pobre tipo, que no sabía qué hacer con su bandera arcoiris, mientras un policía sudaba la gota gorda calibrando a qué colectivo protegido debía mayor pleitesía y, suponemos, rezando por que la cosa no pasara a mayores y se viera en la diana de los unos o de los otros.
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Es de cajón. El islam, tal como se da en la realidad y no en las fantasías de colorines de la progresía, es abierta y totalmente incompatible con las licencias de la postmodernidad. No es nada que los muslimes, Dios les bendiga por ello, quieran disimular ni siquiera un poquito. Cualquiera con dos dedos de frente deduce de ahí que llenar nuestras sociedades de islámicos es una receta segura de conflicto, al menos con las tesis más amadas por el pensamiento contemporáneo.
De todos es sabido que un número no despreciable de atletas varones, segundones en sus categorías, han descubierto de repente que, hey, en realidad son mujeres
Los liberales partidarios de la invasión, creyendo que los seres humanos somo piezas idénticas y que la identidad y las ideas son como vestiduras de las que es fácil desprenderse, confían en que se les pase y acaben siendo como de aquí de toda la vida, guardando su piedad para la intimidad pero, en todo lo demás, honrando a los dioses del César. Eso, aparte de arrogantemente imperialista –¿por qué unos relativistas están tan seguros de que sus ideas son mejores que las de los recién llegados?-, exigiría un amago, al menos, de integración y asimilación que, sencillamente, nadie da ni se atrevería a dar.
Pero la semana también me ha traído noticia de un indicio que apunta a otro de estos choques de trenes de los que hablo, en este caso entre la ideología de género y el feminismo. Este promete ser glorioso.
De todos es sabido que un número no despreciable de atletas varones, segundones en sus categorías, han descubierto de repente que, hey, en realidad son mujeres. Esto, que en los orígenes lejanos del movimiento ‘trans’ podía suponer desagradables amputaciones o, cuando menos, cierta verosimilitud, se ha hecho ridículamente fácil gracias a la mencionada ideología, que permite la transición sin tener que hacer nada especial. Así que solo hay que pasar de Harry a Harriett, y empezar a acumular medallas de oro.
Lo divertido, lo cómico, lo carcajeante del asunto es que las mujeres que han aceptado esta farsa como dogma tienen que ver cómo un tiarrón con la testosterona saliéndole por las orejas se lleva el santo y la limosna de sus preciosos logros deportivos y tienen que aplaudir y hacer como que se lo creen. Porque, además, ya saben: no hay diferencias significativas entre hombres y mujeres, eso es un constructo cultural, y por tanto da igual porque el Juan reconvertido en Juana no tiene mayor ventaja sobre sus colegas en el terreno deportivo.
Se habla mucho y mal del tonto del pueblo, del que hemos hecho protagonista de tantos chistes crueles. Pero ese entrañable idiota tenía y tiene -si sigue existiendo- una enorme ventaja sobre el sofisticado moderno. No sabe nada, no ha leído nada, y por tanto no sería tan fácil de engañar como el profesor universitario de hoy, que puede sostener los mayores disparates que no engañan al lelo tradicional, como el que hemos expuesto.
No hace falta, pues, estudio alguno para darse cuenta de que los varones tienen ventajas de fuerza física y destreza sobre las mujeres. Está a la vista y todo el mundo lo vive en su vida cotidiana; es una de esas cosas de las que hablaba Chesterton en su día, tan estúpida que solo un profesor podría creerlas.
Pero, al menos residualmente, los profesores modernos mantienen un vago respeto por lo que sale en papeles con el nombre de ‘estudios’. Y uno de esos acaba de publicar el norteamericano Journal of Medical Ethics. Sostiene la fútil investigación -preguntándome a mí acababan antes y les salía más barato- que las ‘mujeres’ nacidas como varones que se dedican al deporte tienen una ventaja innata, natural, sobre sus rivales. Y que eso no es muy ético, claro.
No les voy a aburrir con los detalles sobre masa muscular y testosterona en sangre, porque solo tiene interés para los inclinados al mundo científico y no es mi caso. Además, distrae de la verdadera discusión.
Los tontos del pueblo hemos acertado, y los sofisticados profesores, naturalmente, erraban, como por otra parte no hace más que comprobarse en una prueba deportiva tras otra
La teoría era que como estos especímenes se estaban sometiendo a terapias hormonales -una condición en el deporte, no en sociedad, donde no se necesita nada en absoluto para ‘cambiar’ de género a efectos civiles-, los efectos de estas terapias anulaban las ventajas naturales que pudieran tener como varones biológicos. 
Bueno, pues los tontos del pueblo hemos acertado, y los sofisticados profesores, naturalmente, erraban, como por otra parte no hace más que comprobarse en una prueba deportiva tras otra.
Tarde o temprano, hasta la más lerda de las feministas se dará cuenta de que, si el sexo es meramente un constructo cultural, cambiable a voluntad, toda su ‘lucha’ se viene abajo, y la causa de la mujer pierde todo significado, porque la palabra mujer no querrá decir nada. Si las diferencias visibles no deciden lo que es ser mujer, ni las hormonales, ni las cromosomática, ni inclinaciones, aptitudes, preferencias o habilidades, ser mujer no es nada, no existe significado alguno para el significante “mujer”, con lo que el feminismo carece de sentido.

Pero démosles tiempo, que las chicas no parecen muy despiertas.

viernes, 7 de junio de 2019

La otra manada: El club de Infancia Libre

La otra manada: El club de

 Infancia Libre

El feminismo calla ante el caso de el 'Club de Infancia Libre', una estructura
 investigada por denunciar en falso de violencia de género y secuestrar a los 
hijos comunes. Hay que agradecer al Club de Infancia Libre haber desmontado
 el mito de que solo el 0'01% de las denuncias es falso.

Dirigentes de Infancia Libre.
Dirigentes de Infancia Libre.
Hace solo unos meses la sociedad española andaba dividida entorno a La Manada, aquel grupo de 
cinco jóvenes sevillanos que había tenido acceso carnal grupal con una joven madrileña, y que una 
parte de la sociedad entendió no fue delictivo por cuanto suponían que la joven había accedido 
voluntariamente; que otra parte entendió, conforme a la sentencia que les condenó, que solo había
 sido abuso sexual; y que las organizaciones feministas entendieron que había sido agresión sexual.
Cuando fue hecha pública la sentencia los grupos feministas, financiados con nuestros impuestos, 
salieron a las calles para sostener que existía una justicia patriarcal que debía ser sustituida
 por una justicia con “perspectiva de género”.
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Sin embargo, estas mismas asociaciones callan ante la otra manada, la formada por el ‘Club de 
Infancia Libre’. Las tres, asesoradas por la misma abogada, y con informe médicos favorables
 elaborados por el mismo facultativo, procedieron a denunciar falsamente a sus esposos y parejas 
por abusos sexuales a los hijos comunes. Y las tres, después de los archivos de las respectivas 
actuaciones, se liaron la manta a la cabeza e impidieron el contacto de los padres con sus hijos.
Entre 2010 y 2012 la mujer mató con mayor frecuencia que el hombre a recién nacidos (18,3% frente a 1,3%) y a menores de edad (12,9% frente al 3,5%)
Sin embargo, estas feministas de género subvencionadas callan y nada dicen de aplicar a este tipo de 
delitos la “perspectiva de género”, pues es verdad que en este tipo de delitos casi siempre los 
verdugos tienen nombre de mujer y las víctimas nombre de varón. Y es que siendo cierto que 
la mujer solo es responsable del 10% de la criminalidad total, es igualmente cierto que en los delitos
 relacionados con los menores su responsabilidad se dispara. Así, en los delitos de filicidio, neonaticidio
 o incluso la agresión a ancianos su responsabilidad supera a la del hombre.
En los casos de filicidio la autoría corresponde en un 70 % a las mujeres; y en el caso de los
  neonaticidios la autoría femenina alcanza al 95 % de las mujeres. Igualmente, en el delito de
 sustracción de menores, es mayor el número de madres autoras (más del 80 %) que el de padres.
Para acudir a datos estadísticos, resulta que en el periodo comprendido entre 2010 y 2012 en la
 relación entre homicida y víctima se encontró que la mujer mató con mayor frecuencia que el
 hombre a recién nacidos (18,3% frente a 1,3%) y a menores de edad (12,9% frente al 3,5%), y 
ello de tal modo que cuanto menor es la víctima más probabilidad es que la autora del delito sea 
la propia madre.
Y es que si aplicáramos a estos casos la “perspectiva de género” resultaría que habría que agravar
 la pena cuando las autoras fueran mujeres, y ello por cuanto son las mujeres las que mayoritariamente
 cometen este tipo de delitos.
Por otra parte, lo que sí que hay que agradecer al Club de Infancia Libre es haber desmontado de un
 plumazo el mito que sostiene la Fiscalía de que solo el 0’01% de este tipo de denuncias es falso. Ya
 nadie cree en este mito infundado, que más bien manifiesta la incapacidad del sistema para detectar 
las denuncias falsas. Los motivos de esta incapacidad son varios:
a.- La Fiscalía no persigue de oficio estos delitos, y lógicamente, gran parte de las víctimas de lo
s mismos, que han sufrido durante años largos y costosos (desde el punto de vista afectivo y desde 
el punto de vista económico) procedimientos motivados por las falsas denuncias, no se encuentran 
con fuerzas y con recurso económicos para perseguir privadamente estos delitos.
b.- Por otra parte, para condenar por violencia de género basta con la declaración de la supuesta 
víctima, de manera tal que son frecuentes las condenas sin pruebas objetivas; sin embargo, cuando
 se denuncia un delito de denuncia falsa el sistema judicial no se conforma con solo la declaración 
de la víctima, sino que exige pruebas objetivas que no exigía para el caso contrario.
c.- Por lo demás, los propios Juzgados se dejan llevar por un sesgo a favor de la mujer, de tal manera 
que incluso ante los mismos delitos, cuando son declarados culpables hombres y mujeres, suele
 ser más leve la condena a las mujeres que a los hombres. Del mismo modo, cuando se trata de
 condenar a mujeres existe la percepción de que se busca un grado mayor de certeza que cuando se
 trata de condenar a un varón.

lunes, 1 de abril de 2019

Vacas violadas y asesinadas. Animalas feministas. Sí, animalas.

19 de marzo de 2019, San José.
¡Feliz día de San José, !
Vacas violadas y asesinadas. Animalas feministas. Sí, animalas.
Soy consciente de que no es manera de empezar este correo, y encima coincidiendo con esta festividad.
¿O sí lo es precisamente por celebrar hoy a San José? Intentaré demostrártelo si me concedes los 5 minutos de lectura de este correo.
Para empezar lee esto, por favor:
“Las vacas y todas las animalas también son mujeres, son esclavizadas y asesinadas.”
Es una de las reivindicaciones que aparecieron en las manifestaciones del día de la mujer, el pasado 8M. Y como tal vez no me creas (no me extraña), te invito a ver el video de esta mujer reivindicando los derechos de “las animalas”? Aquí tienes el enlace:
Bueno, pensarás que esta insensatez no ha sucedido en España sino en algún otro país. Pues mira, te dejo otra reivindicación feminista del 8M, en esta ocasión procedente de Navarra:
“La empatía es la clave de cualquier cambio y este es el mundo que nosotras queremos, un mundo donde no seamos violadas ni asesinadas, pero no solo nosotras si no también nuestras hermanas que desde que nacen son explotadas en la industria cárnica. Por todo ello y mucho más arriba mujer, sal a luchar, llegó la revolución.” (Libertad Animal Navarra)
Esta es la situación: feministas que consideran que en los mataderos se producen violaciones porque se sacrifica a animales hembra (nada dicen de los animales macho).
“Los cuerpos de los animales son utilizados para normalizar la cultura de la violación.” (Cinco razones por las que los derechos animales son una cuestión feminista)
“Queremos un mundo donde no seamos violadas ni asesinadas, pero no solo nosotras si no [sic] también nuestras hermanas que desde que nacen son explotadas en la industria cárnica.”
Por esta vía descubrimos el objetivo de la “teoría feminista”: descolonizar el supremacismo blanco.
“Revisitar los cuerpos de los que hablamos en nuestra teoría feminista, es uno de los primeros pasos para decolonizar [sic] nuestras mentes y cuerpos del patriarcado de la supremacía blanca.” (Libertad animal Navarra)
¡Vivan las vacas negras y las feministas que no saben escribir!
Es difícil dar con una mejor prueba de que las ideas tienen consecuencias. En este caso, las ideas feministas tienen unas consecuencias nefastas:
1. Deterioran la capacidad de raciocinioquién sabe si de manera irreversible.
2. Condenan al ser humano de sexo masculino por ser humano y por ser hombre.
3. Destruyen la convivencia al fomentar el enfrentamiento y la violencia al más genuino estilo comunista. Si antaño eran las clases sociales, ahora son los hombres contra las mujeres.. y contra las animalas.
¿Y qué pasa con las mujeres que discrepan de este feminismo, sea animal, vegetal o mineral? Haberlas, haylas, y seguro que son mayoría, pero quizá están demasiado calladas (quién sabe si un día estallarán como sucedió con los votantes de Vox y entonces no habrá quién las contenga).
De momento, algunas apuntan maneras:
“Las mujeres han pasado de la obediencia a los maridos a la obediencia de la izquierda.” (Isabel Díaz Ayuso)
Las ideas feministas, y tal vez esto sea lo más grave, están destruyendo a los niños. Es aquí donde volvemos a San José, un hombre, un modelo de masculinidad para los hombres católicos. Pero la masculinidad, el ser hombre, ha sido desterrado de nuestros colegios:
“En las últimas décadas se han impuesto una serie de tendencias pedagógicas en las que cualquier manifestación de masculinidad se interpreta como una forma de violencia o agresividad que debe ser corregida de inmediato.”
Son palabras de María Calvo, una especialista en educación vinculada a las universidades Carlos III y Harvard, considerada como una de las máximas autoridades internacionales en educación diferenciada.
Te recomiendo calurosamente su libro, La masculinidad robada, donde explica con asombrosa claridad, sencillez, amenidad y profusión de datos estadísticos, médicos, clínicos y científicos, el proceso de destrucción de la masculinidad mediante el procedimiento de destruir su capacidad de ser hombres.
¿Cómo actúan el pensamiento dominante y el sistema educativo actual en el proceso de destrucción de la identidad masculina de los niños?
“El sistema educativo actual devalúa la masculinidad. Los planes de igualdad en las escuelas niegan unas características propias a los varones. Existe una hiperrepresentación de los valores femeninos en la sociedad y en la escuela que cuestiona la forma de ser y actuar de los muchachos y pretende obligarles a actuar según pautas de comportamiento típicamente femeninas.”
Las estadísticas son tan significativas como preocupantes y a la vista de sus resultados cabe preguntarse si no estaremos aplicando mal el derecho a la igualdad entre mujeres y hombres:
  • Los chicos se suicidan 3,5 veces más que las chicas.
  • Antes de los 15 años, los niños duplican a las niñas en centros psiquiátricos.
  • Los chicos tienen cuatro veces más posibilidades de que se les diagnostiquen problemas emocionales.
  • Los chicos sufren mucho mayor riesgo de padecer esquizofrenia, terrores nocturnos, consumo de drogas y comportamiento asocial.
  • Nueve de cada diez actos delictivos relacionados con alcohol o drogas son protagonizados por chicos.
  • Los chicos tienen seis veces más posibilidades de tener problemas de aprendizaje.
¿Acaso ahora los chicos son más pendencieros y mediocres que sus padres? ¿O será que los valores sociales y del actual sistema educativo les hacen entrar en crisis? Esta última es la hipótesis de trabajo del libro que te recomiendo.
En España el 90,6 por ciento del personal docente son mujeres en educación infantil:
“La cultura y el estilo femenino de actuación se ha impuesto en las escuelas y ha producido una depreciación de los jóvenes. Sus intereses no son valorados, y su comportamiento no es tolerado.
Hoy cuentan cualidades sociales como el espíritu de equipo, la empatía o el talento para la comunicación, que son más bien atributos femeninos. Los niños no saben qué es lo que se espera de ellos, se avergüenzan de su masculinidad y sufren complejo de inferioridad frente a unas niñas altamente valoradas.
Las profesoras siguen pautas típicamente femeninas de actuación. Prefieren la colaboración a la competitividad, la tranquilidad a la tensión y la confrontación en el aula; la relación amistosa con los alumnos frente a la jerárquica; la quietud frente al movimiento… Lo que sirve perfectamente para las niñas pero ocasiona graves perjuicios a los muchachos, que precisan otros estilos de aprendizaje.”
Rafael, no sé si estarás de acuerdo conmigo en esta consideración, a ver qué opinas:
En nuestros días el feminismo es una ponzoña agarrada cual garrapata a nuestra vida colectiva con ánimo de destruirla. Y esa destrucción ya ha alcanzado un grado de desarrollo notable.
Ruega por nosotros, San José, modelo para los hombres que aspiran a ser hombres sin abandonar uno solo de los atributos de ser hombre, la responsabilidad, la acción, la competitividad, la asunción de riesgos, el valor... Sin violencia, sin enfrentamientos. Con tesón.
Ruega por nosotros y por las muchas personas perdidas entre tanta barbarie disfrazada de idea.
Y por tantos niños y jóvenes a los que se pretende quebrar su identidad masculina.

Y échanos una mano para hacer una España mejor, donde hombres y mujeres tengan iguales derechos y se sientan llamados a compartir un proyecto común.

martes, 26 de marzo de 2019

¿Por qué nadie habla del niño, la verdadera víctima del feminismo radical?

¿Por qué nadie habla del niño, 

la verdadera víctima del feminismo

 radical?

Los que de verdad tenían motivo para hacer huelga un 8-M o cualquier otro día 
no eran las mujeres, sino los niños, las grandes víctimas del feminismo y de la
 demonización del varón. Y no sólo los que corren peligro de muerte en el útero,
 sino los que se crían en hogares monoparentales, sin la figura del padre.

Imagen referencial /Pixabay
Imagen referencial /Pixabay
Ya hay más familias ‘monomarentales’ en España que familias numerosas. Un dato del que nadie habla
 pero que puede tener consecuencias dramáticas, porque eso significa que ha desaparecido del mapa
 la figura del padre. Cada vez hay más hogares de madres solas con hijos en todo Occidente.
Sin entrar a juzgar las variadas y complejas causas de tal fenómeno, hay que subrayar algo obvio: po
r muy bien que intenten hacerlo esas madres (y seguro que se desviven), esos “huérfanos” funcionales
 de padre crecerán sin un nutriente imprescindible para su maduración.
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Lo inquietante es que, además, de esos hogares “monomarentales”, cada vez hay más hogares que sí
 tienen padre,  pero que se ha convertido en un jarrón. Decora, eso es todo. Y a veces estorba. Es lo 
que se ha dado en llamar hogares “matrifocales”.
Fruto de la presión del feminismo radical y también la crisis de masculinidad en Occidente, el varón 
ha quedado reducido a espectador distante y benévolo, comparsa secundario, semental… No son 
familias monomarentales, hay padre, sí, pero un padre venido a menos. Derribado del pedestal de
 autoridad indiscutida del pasado, perdido el cetro educativo, el cabeza de familia ha sido, en la
 práctica, defenestrado.
El hijo no madurará sin el estímulo exigente y disruptivo del varón, que es “el gran frustrador”
Lo cual es una bomba de relojería a medio plazo. Lo explica muy bien la jurista María Calvo, autora 
Señala que el amor de la madre hacia el hijo puede convertirse en un arma de doble filo, si falta el 
contrapeso del padre. Ya que la mayor virtud de la madre (su entrega, su capacidad de acogida) puede
 ser su mayor defecto. “El seno materno es acogedor pero limita” afirma Calvo. Y la tendencia de 
la madre es a seguir sobreprotegiendo al hijo, como si quisiera prolongar ese Nirvana analgésico que
 es la vida intrauterina, donde al bebé se lo dan todo resuelto.
Pero el hijo no madurará sin el estímulo exigente y disruptivo del varón, que es “el gran frustrador”.
 Educar es frustrar, el niño tiene derecho a la frustración: a que alguien le diga “No” y le enfrente
 a la vida real, en la que hay aristas, dolor, trabajo, sacrificio, y que nada tiene que ver con el Paraíso
 intrauterino.
Por eso, el padre no puede ser una mamá-bis, un actor secundario, un colega o simplemente un 
amiguete del niño, sino un varón varonil, un hombre-hombre que, con cariño pero con firmeza, 
ponga en su sitio a ese reyezuelo que todo bebé lleva dentro. El niño tiene tendencia a la tiranía, a 
que se haga su santa voluntad, y alguien debe hacerle ver que es no es el centro del universo. Y 
ese alguien es el padre.
En ese sentido, explica María Calvo, el hijo es parido dos veces: físicamente por la madre, y
 psíquicamente por el padre. Y resulta contraproducente una crianza del niño exclusivamente en
 manos de la madre. Entre otras razones, porque ésta puede terminar desarrollando una dependencia
 de pareja con el hijo, al que convierte en su confidente y su paño de lágrimas.
Por supuesto, que el amor de la madre es imprescindible, pero debe estar equilibrado por la figura 
del padre y ésta resulta, en comparación, antipática. La madre, por sí sola, no va a lanzarle a la 
aventura, ni va a someterle a los ritos iniciáticos que determinarán el paso a la madurez. Y sin el 
estímulo de la lucha, el niño nunca obtendrá la autoestima necesaria para enfrentarse a la vida.
En una época en que el varón es demonizado e incluso puesto bajo sospecha -ahí está la Ley de
 Violencia de Género-, es más necesario que nunca recordar que el hijo requiere la alteridad sexual 
para un correcto desarrollo psíquico y afectivo.
La verdadera brecha es la que va a dividir a la sociedad en dos grandes grupos: los niños con padre y los niños sin padre, según advertía David Blakenhorn
La crisis de masculinidad, que tan certeramente diagnostica Jordan B. Peterson, tiene mucho que ver
 con la crisis de paternidad. Un fenómeno que se remonta a Freud o Sartre, que llegó a escribir:
 “No existe el buen padre”. Y la crisis de paternidad, a su vez, “mina la imagen que los hombres
 tienen de Dios”, según el psiquiatra Tony Anatrella.
Ese y no los derechos de las mujeres, es el verdadero gran problema del siglo XXI. La verdadera
 brecha -no salarial, sino antropológica- es la que va a dividir a la sociedad en dos grandes grupos:
 los niños con padre y los niños sin padre, según advertía David Blakenhorn en su libro 
Fatherless America. Es decir, los niños y adolescentes que dispondrán del equilibrio afectivo y
 psicológico que proporciona el padre, y los que se ven privados de esos beneficios, imprescindibles
 para crecer como personas.
Lo que debería quitarnos el sueño no son los cuotas de género o si en el próximo gobierno 
hay siete ministras y medio en vez cinco y tres cuartos, sino el hecho de que muchos millones 
de niños tengan más posibilidades de ver un padre en la televisión que en su propio hogar.