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jueves, 30 de diciembre de 2021

Habla Radio Moscú

 

Habla Radio Moscú

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Sólo les queda la radio. Los rebeldes ya no tienen más instrumento que esta primitiva máquina de voces para hacerse escuchar. Ni siquiera toda la población les entiende; el árabe ha pasado a ser la segunda lengua de la III República y su aprendizaje es prioritario sobre el del castellano, que es como se llama al español simplificado. El funcionario del departamento de comunicaciones del Ministerio de Igualdad conectó los viejos transmisores y se puso a la escucha. Pronto, desde Moscú, el octogenario Juan Manuel de Prada se sentaría delante de un micrófono para hacer llegar su mensaje subversivo a los escasos oyentes que le quedasen en la Confederación Peninsular de Repúblicas Soberanas, lo que en otro tiempo se conoció con el nombre hoy prohibido de España (el Nuevo Código Penal castiga con multas de seiscientos mil euros a quienes llamen “España” al territorio confederado y a quienes se autodenominen “españoles”).

El funcionario número 593.582 del Ministerio de Igualdad era un hombre afortunado. Había conseguido su empleo en una promoción especial que incluyó, de manera excepcional y con grandes protestas de las funcionarias, a sesenta hombres blancos y heterosexuales, especialmente necesarios para el mantenimiento de las instalaciones y para ciertos asuntos técnicos, como, por ejemplo, la radiofonía. Y es que la radio era el único medio de masas que escapaba a las verificadoras del Ministerio, la única voz que seguía cimarrona y montaraz, ajena a todos los bloqueos de las redes informáticas dispuestas por los organismos del Sistema Global de Información. 593.582 —los nombres cristianos habían sido suplantados por números en el Ministerio, fase inicial de un proyecto que se pensaba extender a toda la minoría nativa, para que no se aferre a viejas señales de identidad— sintonizaba Radio Moscú; al otro lado del mar de ondas hertzianas se encontraba una comunidad de seis mil españoles de los de antes, que habían preferido el exilio cuando en la Confederación se hizo obligatorio comer algas e insectos, vacunarse dos veces por semana, hablar y escribir en castellano simplificado y leer sólo los libros recomendados por el Ministerio de Igualdad. Esta última medida, aparentemente de poca trascendencia, porque nadie leía, ocasionó costosos expurgos de bibliotecas públicas y privadas en las que se almacenaban textos supremacistas de toda índole: desde Goethe a Platón, desde Calderón de la Barca a Gerardo Diego. Se tardó más de un año en destruir millones de volúmenes que transmitían los valores de la vieja cultura patriarcal, operación en la que se incluyó la música clásica, que ya nadie escuchaba por orden ministerial desde hacía más de veinte años. Cuando la ministra de Igualdad quemó las Majas de Goya, las Inmaculadas de Murillo y la Dánae de Ticiano enfrente del Botánico madrileño, se culminó la larga labor de inclusión multicultural iniciada a principios de siglo por Zapatero.

Fue entonces cuando miles de españoles no aguantaron más y se exiliaron al único país europeo que seguía siendo cristiano: Rusia, el enemigo hereditario del progresismo. Desde Moscú se empezaron a enviar mensajes subversivos contra la Confederación, en los que se escuchaba música de Falla y de Albéniz, donde se recitaba a Quevedo y a Bécquer, donde se explicaba qué fue la Reconquista, qué la obra de España en América, qué la guerra del 36. Las verificadoras lograron bloquear todos los canales de difusión de estos mensajes menos los radiofónicos, que siguieron con pertinaz presencia en las ondas. Por eso 593.582 esperaba el momento del mensaje de Prada para lanzar sus interferencias, mientras meditaba sobre

El Plan Estatal de Emasculación, una iniciativa para castrar a la población española cristiana

el Plan Estatal de Emasculación, una iniciativa del Ministerio para castrar a la población española cristiana y acabar así con toda posibilidad de supremacismo eurocéntrico en la Confederación. “No debe de ser algo tan malo cuando las juventudes del Partido Popular se han apuntado en bloque —pensó—. Parece que es un requisito esencial para obtener un cargo y en la Confederación la única fuente de empleo y sueldos es la política: la última empresa privada cerró hace más de diez años”.

Mientras 593.582 meditaba sobre si le convenía castrarse o no para conseguir un ascenso y dejar de ser un paria de género, la voz inconfundible, chestertoniana, de Prada empezó a sonar entre las ondas...

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

domingo, 21 de febrero de 2021

El infierno de la soledad en el "paraíso" sueco. La teoría sueca del amor

 El infierno de la soledad en el "paraíso" sueco. La teoría sueca del amor


La perfección es enemiga de lo bueno y de la felicidad. Este vídeo nos cuenta donde está el secreto de la plenitud y del sentido de la vida. Si buscas la felicidad, no dejes de verlo.


miércoles, 24 de julio de 2019

Cruda realidad / La nueva izquierda resucita el clasismo

Cruda realidad / La nueva 

izquierda  resucita el clasismo

El ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es
un placer culpable y casi universal. La clase baja es la primera en sufrir los
 experimentos sociales de sus amos, los caprichos políticos.
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La Sande está de verano, con la cabeza llena de verano y esa maravillosa expresión, ‘tiempo libre’, en
 una sociedad en la que cada vez más la única libertad que se entiende es la menor de ellas, la libertad
 política. Y quizá lo suyo, lo responsable, es que me dedicara ahora a analizar ese Frente Popular que se
 supone que nos prepara Pedro, y la investidura, y otra ración de pactos y de ajedrez a varias bandas. 
Pero no.
Y no es solo el espíritu del verano lo que me aparta de esos áridos asuntos; es también, cada vez más, su 
absoluta futilidad. La decadencia es de todo el espectro, no de un partido, y si se produce una
reacción a tiempo, será también todo el espectro el que se mueva de vuelta a la sensatez, aunque 
esto me resulte dificilísimo de imaginar.
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Así que les voy a hablar de la rehabilitación del clasismo. Lo vi todo claro hace unos días, una de esas 
iluminaciones que, lejos de envanecerte, te da rabia no haber visto antes cuando resulta tan evidente.
Desde la caída del Antiguo Régimen, el clasismo se considera lo peor de lo peor, ese mirar por encima 
del hombro a la clase baja. La llegada del socialismo acentuó aún más esa mala fama, insinuando que la 
clase baja no solo no era peor que la media o la alta, sino mucho mejor. Se inició una verdadera 
romantización del proletariado, adornándolo de toda clase de virtudes.
Sí, sorprendentemente, no han sido los neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe
De repente nadie quería definirse como clase alta, se disimulaban los orígenes de buena familia, al menos
 en política, como si fueran un secreto vergonzoso, se exageraban la humildad de los comienzos, se
 multiplicaban las infancias precarias y la dureza de los primeros años.
Pero el ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es un placer culpable 
y casi universal. Y ahora -a lo que iba- la nueva izquierda ha dado su gran dispensación para poder 
despreciar, humillar, atacar y ridiculizar a la clase obrera. Sí, sorprendentemente, no han sido los
 neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe,
 la que ha hecho no solo lícito, sino incluso virtuoso, despreciar al proletariado, levantar arrogante
 la nariz ante la plebe como la peor caricatura de cortesano de Versalles y gritarles que coman hierba.
Todo el truco está en no decir que es porque son clase baja, aunque resulte evidente: es porque son 
varones patriarcales y machirulos, o porque son homófobos, o porque son nativos y quieren seguir
 siendo dueños de su tierra, o porque no aprecian el arte moderno, o porque no leen lo que deben, o 
porque sienten apegos que el pensamiento único quiere erradicar. O por todo a la vez, no importa, el 
caso es que no solo pueden los de arriba despreciar a los de abajo sino, oh delicia, hacerlo con la mejor 
de las consciencias, llamándoles ‘privilegiados’; una poderosísima ejecutiva bancaria puede, con toda
 paz, hablar del ‘privilegio patriarcal’ de un pobre pocero.
De esto me he ido dando cuenta paulatinamente, pero en cada ocasión se confirmaba la tendencia. Una 
de las ocasiones más evidentes fue el de las niñas de Rotherham. Ya recordarán, esas casi 3.000 niñas 
década, con el conocimiento de la Policía Local y los servicios sociales municipales, que no hicieron
 nada para no quedar como racistas.
Y todos los que se indignaron con el espantoso suceso hicieron hincapié en los horrores inexpresables a
 los que puede llevar la corrección política, y es muy cierto, pero suele dejarse fuera una obviedad: si las
 víctimas hubieran tenido recursos, si hubieran podido defenderse, si perteneciesen a alguna casta intocable,
 si hubiesen tenido dinero o influencias o cultura, si sus padres no hubieran sido de la vulnerable clase baja,
 más indefensa hoy que nunca, la Policía hubiera actuado en el minuto uno, paquistaníes o no paquistaníes. 
Pero eran lumpen, eran de esa clase olvidada y cutre que a nadie le importa en la modernidad, porque no
 son un colectivo organizado; ¿qué más da lo que les pase? ¿Vamos a arriesgarnos a indisponernos con
 el lobby musulmán y entristecer a sus aliados laboristas por unas arrapiezas blanquitas que, con toda 
seguridad, ni siquiera saben quién fue el último Premio Turner?
La segunda gran ocasión fue la campaña presidencial de Estados Unidos, la pasada. El desprecio por 
los votantes de Trump apenas podía disimular el clasismo subyacente, que muy a menudo salía a la 
superficie cuando la oligarquía de Washington los describía: ‘rednecks’, paletos del ‘país interior’
 con dentaduras incompletas y un absurdo y bochornoso patriotismo, clase baja blanca que se aferraba
 -como llegó a decir Obama- a su Biblia y su revolver.
Hillary Clinton, quizá la representante más identificable de esa aristocracia progresista tan hecha a la 
idea de reinar y disponer de las vidas de la plebe que ya ni siquiera ese consciente del efecto de su 
arrogancia, delató todo al juego al calificar a los votantes de Trump de “cesta de deplorables”.
Trump, que tiene los instintos populistas desarrolladísimos, en seguida se puso a ordeñar esa maravillos
a metedura de pata de su rival y bautizó a sus partidarios de ‘deplorables’, impidiendo que cayera en el
 olvido el clasismo de la candidata demócrata.
Y es que la clase baja, la clase genuinamente obrera, puede votar comunista, pero es siempre 
la más conservadora y aun tradicional. Es la primera en sufrir los experimentos sociales de sus amos, l
os caprichos políticos, y tienen la querencia por su tierra y su país de quien no puede permitirse el lujo 
de no tener patria.

jueves, 30 de mayo de 2019

El trampantojo del 68

El trampantojo del 68

Si miramos Mayo del 68 con la distancia que proporciona el paso del tiempo,
 la imagen que nos queda es como si se hubiera dado un pacto no escrito. Como
 si el Poder, metafóricamente hablando, le hubiera dicho a los universitarios
 rebeldes: “Queréis cambiar la política, pero eso no lo vamos a permitir.

Un grupo de estudiantes se manifiestan en el mes de mayo de 1968 en París.
Si miramos Mayo del 68 con la distancia que proporciona el paso del tiempo, la imagen que nos
 queda es como si se hubiera dado un pacto no escrito. Como si el Poder, metafóricamente hablando, 
le hubiera dicho a los universitarios rebeldes: “Queréis cambiar la política, pero eso no lo vamos a
 permitir. Las cosas permanecerán como siempre y seguiremos dominando el mundo los de 
siempre, pero a cambio os vamos a dar un maravilloso regalo que os llevará muy lejos: la libertad 
sexual, completa y absoluta”. Y con ese seductor caramelo la revolución política se transformó 
en revolución sexual.
El poder no cambió de manos, pero en la sociedad de instalaron las semillas del amor libre, de
 las distintas ideologías de género, del aborto, y de las relaciones líquidas en general. El progresivo 
desarrollo de la revolución sexual cuajó al cabo de dos o tres décadas en un fenómeno arrollador:
 una hipersexualización de la sociedad, un auténtico tsunami sexual.
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Conviene no desmitificar el idealismo del 68 para que siga vigente el pacto silencioso
En la actualidad el sexo ha ocupado todos los espacios posibles e invade los rincones de la vida 
personal y social de los individuos. Promiscuidad normalizada, iniciación cada vez más temprana en
 las relaciones sexuales, consumo disparado del porno gratuito, cibersexo diversificado, prácticas 
crecientes de sexo grupal, bisexualidad… Pero este paraíso bonovo hace tiempo que empezó a mostrar 
su lado oscuro. Creció un machismo primario que ha desembocado en una violencia de género
 brutal, se dispararon los embarazos no deseados y por tanto los abortos, los abusos sexuales, 
acosos y violaciones asaltan a diario los periódicos, en el seno de las familias y en ambientes 
educativos han proliferado los casos de pederastia, la institución matrimonial se ha venido abajo y
 muchos jóvenes ya no tienen ni idea de cómo madurar en una relación sentimental. Por poner 
sólo algunos ejemplos.
Es evidente que estas cosas son de muy diversa naturaleza y requieren aproximaciones distintas, 
pero también es evidente que todas son ramas del mismo tronco, y eso sin embargo no es políticamente
 correcto afirmarlo. Es el gran tabú. Conviene no desmitificar el idealismo del 68 para que siga vigente
 el pacto silencioso. De hecho esta hipersexualización ha estado siempre favorecida y apuntalada por
 el Poder, bajo el eufemismo de “políticas progesistas”.
El problema es que las lacerantes lacras descritas y sus no descritas consecuencias -familias 
desestructuradas, niños sin vínculos, mujeres solas, heridas o aterradas, varones inseguros, adultos 
trastornados por infancias abusadas, y un largo etcétera…- son lacras que pasan facturas muy elevadas
 y el precio que estamos pagando es el fin de nuestra civilización. No digo que la hipersexualización
 sea la causa de la desaparición de nuestra cultura multisecular grecorromana y judeocristiana, pero
 sin duda es una expresión elocuente y multiforme de dicha debacle. En Mayo del 68 se resembraron 
otras semillas de la Ilustración como la del rechazo de la tradición o del principio de autoridad 
que añadidas al guiso de la revolución sexual, nos han dejado este venenoso manjar.
Pero la naturaleza humana es imbatible, y tras probar la hiel experimenta la nostalgia de la miel, y
nos toca ahora emprender un largo y oscuro camino en busca de nuestro verdadero rostro humano.
 Cuanto más oscura es la noche, más brilla la luz. Y se ven luces en la noche. Pequeñas. Oscilantes. 
Pero luces. Tendremos que despertar a la razón y seguir las estelas luminosas. Habrá que ir a beber 
a los oasis de humanidad. Que los hay.

martes, 21 de agosto de 2018

LA CIGARRA Y LA HORMIGA* (dos versiones de una misma fábula...)

LA CIGARRA Y LA HORMIGA*
(dos versiones de una misma fábula...)

      *VERSIÓN CLÁSICA* (Resto del Mundo)
                    - La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
                    - Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
                    - La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.
                    - Cuando llega el invierno, la hormiga se
refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la
primavera.
                    - La cigarra, tiritando, sin comida y sin
cobijo, muere de frío

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    *VERSIÓN NUEVA*                (España)

                    La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.

                    Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

                    La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.

                    Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

                    La cigarra, tiritando, sin comida y sin
cobijo...organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.

  Wyoming organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades, y en programas de tv en  abierto pasan extractos de vídeo de la hormiga bien calentita en su casa y con la mesa llena de comida.

                    Todo el mundo se sorprende de que en un país próspero como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras hay
otros que viven en la abundancia..

                    Se organiza a través de facebook una marcha en apoyo a la cigarra.

                  Podemos, las asociaciones contra la pobreza, ONGs,los Sin Tierra, los Sin Techo, los Sin Departamento y la Comisión de Derechos Humanos hacen un scrache y se manifiestan delante de la casa de la hormiga y la pintarrajean.

                    Se organiza un programa especial de "Al rojo vivo" en el que se cuestiona cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra... e insta al público a opinar en sus encuestas telefónicas y
on line, a través de una mañosa pregunta donde tienen qué escoger si
son partidarios de la igualdad o de la discriminación. (como la
"egoísta e insensible hormiga").

                    En respuesta a los sondeos de opinión, el gobierno prepara una ley sobre la paridad económica y otra - con
efecto retroactivo desde el verano - contra la discriminación.

                    Los impuestos a la hormiga son elevados notoriamente y por si fuera poco, se le asigna una altísima multa
porque no se hizo cargo de la cigarra en el invierno.

                    La casa de la hormiga es embargada por el impago de los altos impuestos y la multa...

                    La hormiga, decepcionada, hace el equipaje y termina por irse a otro país, donde su esfuerzo sea reconocido y pueda disfrutar
libremente de los frutos de su trabajo... donde no se le juzgue ni se le castigue, cuando tenga éxito.

                    La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras que irresponsablemente se reproducen, y que esperan a que alguien llegue a "donarles" los alimentos, la coca-cola, la cerveza, y los recursos para sobrevivir dignamente ellas y sus descendientes.

                    La Sexta realiza un programa especial sobre la cigarra, ahora bien gorda y lustrosa... Está a punto de terminar las últimas provisiones de la hormiga aunque la primavera queda lejana
todavía.

                    La antigua casa de la hormiga, ahora convertida en vivienda social para cigarras, se deteriora por la falta de cuidados de ésta.

                    Se critica duramente al gobierno por la escasez de medios asignados a la cigarra... Los partidos proponen una comisión
de investigación pluripartidista, que costará millones de euros.

                    Entretanto la cigarra muere de una sobredosis y es enterrada con más público que una tonadillera...

                    Los medios de comunicación comentan que es debido a la falta de medios del gobierno a la hora de luchar contra
las desigualdades sociales y la injusticia económica....

                    La casa termina siendo ocupada por una banda de arañas inmigrantes...El gobierno se felicita por la diversidad multicultural del Estado Español.

                    Las arañas organizan una red de tráfico de drogas y tienen aterrorizado a todo el barrio...

                    FIN???...

                    Triste pero es nuestra realidad...

SI NO PASAS ESTE CORREO, LA REFLEXIÓN SOBRE ESTA SITUACIÓN NO SE DARÁ Y EN VEZ DE TENER MAS HORMIGAS EN EL PAÍS, CRECERÁ LA PLAGA DE CIGARRAS QUE YA TENEMOS.... 😡😡😡

miércoles, 7 de marzo de 2018

Cruda realidad/ Cómo acabar con la progresía en menos de un mes


Cruda realidad/ Cómo acabar con 

la progresía en menos de un mes

Que todos los varones proclamen ser mujeres. No es muy difícil ni exige 
transformación alguna, no teman: según el dogma, nadie puede decirte en
 qué consiste ser mujer. Todo el tinglado se vendría abajo en menos de un mes si todos nos hiciésemos de izquierdas.


Escribe aquí, en Actuall, Miguel Vidal Santos un fascinante artículo sobre la ‘hegemonía de la izquierda’ 
-más bien parece monopolio- en el panorama intelectual y social moderno, y ese es un charco 
ante el que se me hace muy difícil pasar de largo sin chapotear alegremente un rato.
 Ustedes sabrán disculparme.
Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.
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No voy a enmendar una coma de su columna, que suscribo, pero me gustaría aportar una 
cuantas contradicciones innovadoras que han permitido a la izquierda -prefiero hablar de
‘progresía’, porque buena parte de la autodenominada ‘derecha’ compra íntegro el 
planteamiento esencial- gobernar las mentes y las estructuras sin oposición digna de tener 
en cuenta.
Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol, y si esto es cierto en un sentido profundo, no lo 
es menos que los mismos materiales admiten muchas combinaciones, y el Pensamiento Único
 ha logrado innovar imponiendo una serie de contradicciones en los términos como base de lo q
ue constituye hoy el dogma del sistema: la revolución institucionalizada, la rebeldía dócil, 
a modernidad atemporal, la diversidad homogénea, el victimismo privilegiado y otras por el estilo.
La izquierda tiene un lenguaje de revuelta, de cambiar el mundo de base, de oponerse a los poderosos. Problema: están en el poder
Del victimismo privilegiado no hablaré mucho, que ya lo he tratado a menudo: es la idea de que 
estar oprimido es un mérito que concede prestigio social y, por tanto, poder y dinero, lo que lleva
 a una disparatada carrera por ver quién está más oprimido.
La opresión no tiene por qué tener nada que ver con la biografía real de la persona que la
esgrime, sino que la confiere la mera pertenencia a un grupo de víctimas certificado: mujeres, 
personas con orientaciones sexuales ‘alternativas’, razas distintas a la blanca, inmigrantes, 
transexuales, especies no humanas…
En esta curiosa y nueva estratificación, debemos creer que un peón albañil es más privilegiado 
que Ana Patricia Botín, o que el último empleado de una hamburguesería de Londres, por ser 
nativo, oprime a su alcalde, Saddiq Khan.
La revolución institucionalizada es uno de los más logrados e ingeniosos. La izquierda tiene un 
lenguaje de revuelta, de cambiar el mundo de base, de oponerse a los poderosos. Problema: están 
en el poder. Toda verdadera ‘revolución’ sería contra ellos, y hasta ahí no llega su estupidez. 
Así que mantienen el lenguaje revolucionario, hablando como si en lugar de ocupar los despachos
 luchasen en las barricadas. Para ello tienen que fingir que el verdadero poder pertenece a una
 nebulosa y nunca definida casta. ¿Absurdo? Bastante, pero parece que ‘cuela’.
El corolario a lo anterior es la rebeldía dócil, es decir, crear mediante el adoctrinamiento 
más intenso y eficaz que han conocido los siglos una generación que se cree rebelde r
epitiendo las consignas que se les dictan desde arriba. Así, se creen ‘diferentes’ repitiendo
 todos lo mismo y piensan ‘luchar contra el sistema’ cuando en realidad lo apuntalan y 
perpetuan. Esto es un espectáculo digno de ver, una verdadera obra de arte.
De aquí lo de la diversidad homogénea. Se ensalza una diversidad de pega, banal, de folclore 
y color, al tiempo que se impone la más férrea homogeneización. Debemos creer, por ejemplo,
 que los globalistas aman la ‘diversidad’ porque quieren hacer que una ciudad de Sudeste 
Asiático sea indistinguible de otra del África Austral, todas, por cierto, según nuestro modelo
 occidental ilustrado. Todos tienen que pensar igual, hasta el detalle, y actuar del mismo modo, p
ero procediendo de sitios distintos y cubriendo una paleta de orientaciones e identidades 
sexuales que no pocas veces hay que inventar de la nada.
La modernidad atemporal también tiene su gracia. ‘Moderno’ es uno de los calificativos 
más codiciados hoy, y tratan de definir con él la diferencia entre la verdad y el error, el bien
 y el mal, como si una cosa fuese buena el lunes y mala el jueves.
Pero, naturalmente, el tiempo pasa para todos, y muchas de las ideas sobre las que se basa el
 Pensamiento Único, si no todas, peinan canas cuando tienen algo que peinar. Las consignas 
de Mayo del 68, que siguen gobernándonos, son de la segunda mitad del pasado siglo. Así q
ue se decreta que hay ideas que son atemporalmente modernas, algo así como los Rolling Stones, 
que siguen yendo de rompedores aunque les falta poco para actuar en los conciertos con
 andador y un equipo geriátrico entre bastidores.
Mi remedio es: hagámonos todos de izquierdas. Rabiosamente de izquierdas, ganándoles en radicalidad
Son modernos por definición, porque ven su época, no como una más en la línea de la historia, 
sino como su culminación y corona. Mucho antes de que Francis Fukuyama hablara del ‘fin de
 la historia’, la progresía reinante ya estaba seguro de haber llegado a él, al menos en lo que a o
pinión se refiere.
¿Cómo puede acabarse con este reino del absurdo y la mentira? Se me ocurre un remedio, tan 
desesperado y radical como suelen serlo cuando se quiere atajar un mal en fase terminal, pero q
ue tendría, estoy segura, una eficacia absoluta e inmediata.
Podríamos llamarlo ‘huelga a la japonesa’ de la derecha real, y se basa en un secreto evidente del 
pensamiento único: es totalmente inviable, y solo se mantiene porque se le resiste, aunque 
sea tácitamente.
Mi remedio es: hagámonos todos de izquierdas. Rabiosamente de izquierdas, ganándoles en
 radicalidad. Que todos los varones proclamen ser mujeres. No es muy difícil ni exige 
transformación alguna, no teman: según el dogma, nadie puede decirte en qué consiste
 ser mujer, y puedes seguir con tu vida de siempre.
Okupemos al okupa, pidamos que se dupliquen, que se tripliquen las subvenciones a
 tal o cual causa. Pidamos en vez de dar, distribuyamos en lugar de producir.
Todo el tinglado se vendría abajo en menos de un mes si todos nos hiciésemos de izquierdas. 
Lástima que probablemente también se derrumbaría nuestra civilización y habría
 que empezar desde el principio. Esa es la parte mala, pero yo creo que compensa.