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martes, 26 de noviembre de 2019

Economía Cariño, he encogido a la población: llega la última ‘frikada’ contra el cambio climático

Cariño, he encogido a la población: llega la última ‘frikada’ contra el cambio climático

El Gobierno de Sánchez va a tirar a la basura 60 millones de euros -de su bolsillo, querido lector- que es lo que va a costar la Cumbre del Clima. Para luchar contra una quimera -el calentamiento global-, y proponer ideas peregrinas como el hacernos veganos o, la última frikada, que seamos más bajitos.

No se puede ser tan alto. Eso de que los niñatos del babyboom, criados con colacao, midan 1,80 o 1,90 es un atentado contra la Tierra. Hay que dejar de crecer para dejar de contaminar y volver a las dimensiones canijas que teníamos los occidentales hace cien años. No, no es un chiste de La codorniz, ni un sketch de Miguel Gila. Sino una recomendación de un chino-norteamericano, Mathew Liao, director del Centro de Bioética de la Universidad de Nueva York. 
Alega que las personas altas “necesitan más comida, gastan más combustible para transportarse de un sitio a otro y usan más tejido en la ropa y zapatos”. Y que ser pequeño “es más respetuoso con el medio ambiente”. Y propone que se aplique la edición genética para que, en un futuro no muy lejano, nazca gente más bajita.
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Esta es la última y rocambolesca solución para luchar contra el calentamiento global. Se suma a la ristra de consejos, no menos  disparatados, de los calentólogos, como el que daba El País, antaño un diario serio, con un titular que parecía copiado de El Jueves: «Hazte vegetariano, deja el coche y ten menos hijos«.
Pero el nivel de vergüenza ajena no se había colmado. Después vinieron los que se avergonzaban de volar, porque contamina mucho, un movimiento ecologista que ha comenzado en Suecia y que no ha servido para detener el calentamiento global, pero sí para hacer que el tráfico aéreo caiga un 5% en un trimestre, como se quejaba un directivo de la aerolínea SAS; luego, los que apuestan por comer insectos en lugar de carne de vaca; y finalmente los que nos quieren quitar de la dieta el café, el alcohol o el chocolate. 
Explosivo cóctel: el calentamiento global como excusa para el  transhumanismo
Pero lo último es la gota que colma el vaso y enciende las alarmas de la sospecha. No contentos con pedir que nos pasemos al veganismo o no concibamos más niños, ahora nos aconsejan que los pocos vástagos que tengamos sean unos centímetros más bajos. Nos aconsejan… de momento; veremos cuanto tardan en imponérnoslo por real decreto.
¿En qué se basan esta vez? Mathew Liao argumenta que si ya somos capaces de secuenciar el genoma, y de curar o prevenir enfermedades mediante edición genética ¿por qué no modificar genes para evitar las consecuencias del cambio climático? De hecho, la empresa Genomic Prediction (New Jersey) ofrece un análisis de ADN que se combina con inteligencia artificial para prever qué embriones tienen más probabilidades de convertirse en personas más bajas o altas e inteligentes.
Explosivo cóctel: el cambio climático como pretexto para la ingeniería genética. El calentamiento global como excusa para el transhumanismo. Sólo que en este caso no es para ser llegar a ser altos y fornidos como supermán, sino bajitos y ligeros como los siete enanitos. Y con un aroma a eugenesia que pone los pelos de punta.
Mathew Liao repite una y otra vez que todo esto es opcional, que deja a salvo la libertad humana, pero resulta sorprendente la precisión con la que calcula la estatura idónea que debería tener los norteamericanos para arrostrar el cambio climático: quince centímetros menos que ahora, de suerte que las puertas, las camas etc. serían más pequeñas, y eso contribuiría a reducir, proporcionalmente,  la huella de carbono. 
También resulta sorprendente que, ante el escollo que representa la libertad humana para este programa de encogimiento de la población, Liao haya previsto los incentivos fiscales. Quienes tuvieran hijos más bajos -propone- pagarían menos impuestos. 
O sea intervencionismo. Vayan sumando: calentamiento global más transhumanismo más coacción con dinero público -es  decir de todos-.
Y todo por nuestro bien. Esto es lo más mosqueante. Pero ¿y si no queremos empequeñecernos?; ¿y si nos nos creemos que la mano del hombre sea tan determinante para el calentamiento global?; ¿y si las personas rellenitas quieren seguir siendo orondas y disfrutando del chocolate -otro de los pecados nefandos en el Indice del cambio climático-?, ¿y si a algunos nos apetece más el bistec que la fritada de cucarachas?… 
Resulta inevitable pensar en Aldous Huxley cuando los gobernantes se preocupan por nuestra salud y nos catequizan sobre lo que debemos comer o no comer;  vienen en socorro de nuestra ignorancia para explicarlos qué es y qué no es fake newsnos echan la bronca padre cuando no votamos como es debido -caso de Trump, el Brexit, o Vox-; o nos imparten sermones laicos para que dejemos el tabaco o el alcohol. Y siempre por nuestro bien. 
Ser bondadosos y felices a la fuerza … ¿a qué famosa novela distópica les suena a ustedes? 
Incluso nos dan la solución antes de que abramos el pico. Así, se ha planteado el diseño de un parche que induzca la intolerancia a la carne roja “para disminuir los gases de efecto invernadero”; o proponen distribuir medicamentos, como la oxitocina,  que potencien la inteligencia y la empatía “para que la gente sea más colaborativa y bondadosa”, como llega a decir Mathew Liao. Ser bondadosos y felices a la fuerza … ¿a qué famosa novela distópica les suena a ustedes? 
Todo esto puede sonar -insisto- a una gansada surrealista de Miguel Gila, entre otras cosas porque el tal profesor de Nueva York mide… 1’70. Pero quizá no sea para tomárselo a broma. Porque hay intereses creados de por medio, dinero de por medio e investigación de por medio. Y ese horizonte quizá no sea tan utópico y surrealista. La ingeniería genética es un arma de doble filo que ya tiene en la agenda la manipulación del ADN para predecir el tamaño o el coeficiente intelectual de los niños, como se explica en la publicación del famoso MIT de Boston. No les basta con decirnos con lo debemos pensar, también quieren decirnos lo que debemos medir. Si les dejamos, van a por nosotros. 

jueves, 15 de agosto de 2019

Esquela para un glaciar

Esquela para un glaciar

Antes no había verano sin OVNIS o sin serpiente del Lago Ness en la televisión. Ahora los veranos nos traen glaciares fundidos. El caso es entretener a la audiencia mientras la Seguridad Social aumenta su déficit por las pensiones y llegan más pateras.

El histerismo climático ya ha entrado en fase de hiperventilación, seguramente porque sus inventores, explotadores y rentistas (como Al Gore) se dan cuenta de que hay más resistencias de las que calculaban por parte de los pueblos a aceptar sus Power Points y las facturas que les acompañan.
Acabo de leer que según Global Footprint Network la humanidad ha consumido ya, en los 210 primeros días del año, los recursos y servicios ambientales que tenía a su disposición sin comprometer la capacidad de regeneración de éstos. Este año, el 29 de julio, fecha que en el santoral católico recuerda a varias docenas de mártires de la guerra civil española, como los beatos José de Calasanz Marqués y Lucio Martínez Mancebo, ha sido el día en que nos ponemos en números rojos con la Madre Naturaleza.
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Cuando Aníbal cruzó los Alpes en el año 218 antes de Cristo, no había glaciares en su ruta, sino bosques
La verdad, me cuesta aceptar que el consumismo de españoles o franceses sea responsable del supuesto agotamiento de los recursos naturales, cuando cada vez tenemos sueldos más bajos, hasta el punto de que empieza a ser habitual que haya cuarentones viviendo en pisos compartidos.
Pero el episodio que se lleva la palma es la placa mortuoria que en agosto le van a colocar a un glaciar en un volcán islandés. Esta placa dice así:
“Ok es el primer glaciar en perder su status como glaciar. Se espera que en los próximos 200 años todos nuestros glaciares sigan el mismo camino. Este monumento es para reconocer  que sabemos lo que está pasando, y lo que es necesario hacer. Sólo tú sabes si lo hicimos.
Agosto 2019
415 ppm CO2”
Dentro de poco habrá paquetes turísticos para que los calentólogos se hagan ‘selfies’ junto a esa placa que denuncia la maldad humana y nos riñe.
Ahora nos dicen que los glaciares son formas culturales, cuando son enemigos de la humanidad y, por lo que vemos, un negocio
Un tal Rice Cymene Howe, antropólogo a cargo de la misión, explicó que su acto tiene una gran trascendencia: “Este será el primer monumento a un glaciar perdido por el cambio climático en cualquier parte del mundo. Al marcar el paso de Ok, esperamos llamar la atención sobre lo que se está perdiendo a medida que los glaciares de la Tierra expiran. Estos cuerpos de hielo son las reservas de agua dulce más grandes del planeta y congelados dentro de ellos son historias de la atmósfera. También son a menudo importantes formas culturales que están llenas de importancia”.
Un glaciar, ¿una forma cultural? A ver si dentro de poco hacen una película de dibujos animados protagonizada por glaciares… Más que forma cultural es un negocio.
Mantengamos la calma y pensemos. La existencia de los glaciares es intermitente. La última glaciación acabó hace más de 10.000 años, por lo que es lógico que las inmensas capas de hielo que cubrían gran parte de la Tierra hayan desaparecido y hasta sigan retrocediendo, salvo cuando se producen períodos ocasionales de enfriamiento, como la Pequeña Edad de Hielo, que causó un crecimiento desmesurado de los glaciares en Europa, los mismos que ahora se están fundiendo.
Cuando Aníbal dirigió un ejército contra Roma a través de los Alpes, en estas montañas no había nieve ni glaciares, sino bosques, como se demostró hace unos años. ¿Es que ya entonces había plásticos y motores de explotación contaminantes?
Yo ya no me creo nada que de la Prensa de Kalidá sobre la ‘emergencia climática’. La última fake news que me ha conducido al escepticismo absoluto fue la escandalera montada en junio por los políticos y los telediarios a cuenta de una foto en Groenlandia que nos presentaron como la prueba irrefutable de la ‘emergencia climática’ cuando mostraba un fenómeno normal: coincidencia de un hielo grueso en la superficie con agua del deshielo que no puede filtrarse y se estanca.
Para darnos una lección, Greta Thunberg cruzará el Atlántico no en Ryanair, sino en un barco de ricos movido por energía solar
No hubo explicaciones ni rectificaciones; sólo catastrofismo y apocalipsis. Junto con una bronca al ser humano por llevar el planeta al borde de la extinción debido a su maldad y avaricia.
Menos mal que la regañona Greta Thunberg se dispone a darnos ejemplo de concienciación contra el cambio climático cruzando el Atlántico en un velero de carreras movido por energía solar puesto a su disposición por un hijo de la princesa Carolina de Mónaco. Es un avance, porque Al Gore usa un avión privado. ¿Por qué los salvamundos nunca van en Ryanair? Para despedirme le desvelo que en julio de 2018 se registró en la Antártida Oriental -98º, menos incluso de lo que calculaban los científicos y la temperatura más baja desde 1983, que entonces bajó a -89º. Recuérdelo cuando le digan que éste es el verano más caluroso desde no sé cuantos mil años. 

miércoles, 31 de julio de 2019

Grandes científicos italianos sueltan una bomba sobre el cambio climático

Grandes científicos italianos sueltan una bomba sobre el cambio climático

Sí, hay cambio climático, si hay calentamiento atmosférico, dicen 83 grandes científicos italianos. Pero no es causado por el hombre, sino por la naturaleza.
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Los abajo firmantes, ciudadanos y científicos, instamos encarecidamente a los responsables políticos a que adopten políticas de protección medioambiental compatibles con los conocimientos científicos. En particular, existe una urgente necesidad de combatir la contaminación donde ocurra, como lo indicas las prueba científicas. En este sentido, es de lamentar que los conocimientos disponibles en el mundo de la investigación se estén utilizando demasiado tarde para reducir las emisiones antropogénicas de contaminantes que están generalizadas en los sistemas medioambientales tanto continentales como marinos.
Sin embargo, uno debe ser consciente de que el dióxido de carbono, en sí, no es un contaminante. Por el contrario, es indispensable para la vida en nuestro planeta.
En las últimas décadas, se han formulado hipótesis de que el calentamiento global de la superficie de la Tierra de aproximadamente 0,9 ° C, observado desde 1850, es anormal y se debe a actividades humanas, en particular a las emisiones de CO2 procedentes del uso de combustibles fósiles. 
Esta es la tesis del calentamiento global antropogénico promovida por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (PICC), cuyas consecuencias serían cambios ambientales tan graves que harían temer que se produzca un daño enorme en un futuro próximo, a menos que se adopten de inmediato medidas drásticas y muy costosas. Muchas naciones de todo el mundo se han unido a programas para reducir las emisiones de dióxido de carbono, y una propaganda cada vez más virulenta invita a adoptar programas cada vez más exigentes cuya implementación, muy costosa para las economías de estos Estados, sería necesaria, según se pretende, para controlar el clima y “salvar” el planeta.
Sin embargo, el origen antropogénico del calentamiento global es una conjetura no probada, deducida únicamente de ciertos modelos climáticos, es decir, de programas informáticos complejos, llamados modelos de circulación general.
Por el contrario, la literatura científica ha destacado la existencia de una variabilidad climática natural que los modelos no pueden reproducir, variabilidad natural cada vez mejor verificada. 
Esta variabilidad natural representa una parte significativa del calentamiento global observado desde 1850. 
La responsabilidad antropogénica del cambio climático observado en el último siglo es, por lo tanto, excesivamente exagerada y los pronósticos catastróficos no son realistas.
El clima es el sistema más complejo de nuestro planeta, por lo que debemos abordarlo con métodos apropiados que se adapten a su nivel de complejidad. Los modelos de simulación del clima no reproducen la variabilidad natural del clima y, en particular, no reconstituyen los períodos cálidos de los últimos 10,000 años.  Estos se han repetido cada mil años: existe el período cálido medieval, bien conocido, el período cálido romano y, en general, los grandes períodos cálidos durante el Holoceno Óptimo [hace 8.000 años].
Estos períodos del pasado ​​fueron más cálidos que el actual, aunque la concentración de CO2  fue más baja que la actual; están vinculados a los ciclos milenarios de la actividad solar. Estos efectos no son reproducidos por los modelos.
Recuérdese que el calentamiento observado desde 1900 hasta la actualidad comenzó, de hecho, en 1700, es decir, en el punto menor de la Pequeña Edad de Hielo, que es el período más frío de los últimos 10,000 años, y corresponde a un mínimo milenario de actividad solar que los astrofísicos llaman mínimo solar de Maunder . Desde entonces, la actividad solar, siguiendo su ciclo milenario, ha aumentado y calentado la superficie de la Tierra.
Además, los modelos no logran reproducir las oscilaciones climáticas bien conocidas de periodo de unos 60 años. Estas fueron responsables de un período de calentamiento (1850-1880) seguido de uno de enfriamiento (1880-1910), y  posteriormente de un período de calentamiento (1910-1940), su un período de enfriamiento (1940-70) y de un nuevo período de calentamiento (1970-2000) similar al observado hace 60 años. 
Los años siguientes (2000-2019) no vieron el aumento predicho por los modelos, de aproximadamente 0.2° C por década, sino una clara estabilidad climática interrumpida esporádicamente por las rápidas oscilaciones naturales del Océano Pacífico ecuatorial, denominadas El Niño Southern Oscillation (ENOS), como la que provocó el calentamiento temporal en 2015 y 2016.
Los medios de comunicación también dicen que los eventos extremos, como los huracanes y los ciclones, han aumentado de manera alarmante. ¡No! Estos eventos, como muchos sistemas climáticos, están modulados por el ciclo de 60 años que se acaba de mencionar. Veamos, por ejemplo, los datos oficiales desde 1880 sobre los ciclones tropicales del Atlántico que afectaron a América del Norte: muestran una fuerte oscilación de 60 años, correlacionada con la oscilación térmica del Océano Atlántico llamada tlantic Multi-decadal Oscillation (AMO). Los picos observados durante diez años son comparables para los años 1880-90, 1940-50 y 1995-2005. De 2005 a 2015, el número de ciclones disminuyó, siguiendo el ciclo anteriormente mencionado. 
Por lo tanto, durante el período 1880-2015, no hay correlación entre el número de ciclones, que oscila, y el CO2  que aumenta monótonamente.
El sistema climático aún no es suficientemente comprendido. Si bien es cierto que el CO es un gas de efecto invernadero, la sensibilidad del clima a su aumento en la atmósfera es, según el propio IPCC, todavía extremadamente incierta. Se dice que una duplicación de la concentración atmosférica de CO02 de aproximadamente 300 ppm antes de la era industrial a 600 ppm, podría elevar la temperatura media del planeta entre un mínimo de 1° C y un máximo de 5° C.
Esta incertidumbre es enorme. Sin embargo, muchos estudios recientes basados ​​en datos experimentales estiman que la sensibilidad del clima al CO es significativamente más baja que la estimada por los modelos del IPCC.
Así pues, es científicamente irrealista atribuirle al hombre la responsabilidad del calentamiento observado desde 1900 hasta la actualidad.  Las predicciones alarmistas por lo tanto no son creíbles, ya que se basan en modelos cuyos resultados están en contradicción con los datos observados. 
Hay motivos para creer que estos modelos sobrestiman la contribución antropogénica y subestiman la variabilidad climática natural, especialmente la inducida por el sol, la luna y las oscilaciones oceánicas.
Finalmente, los medios de comunicación difundieron el mensaje de que habría un consenso casi unánime entre los científicos sobre la causa antropogénica del cambio climático actual y que, por lo tanto, el debate científico estaría cerrado. Sin embargo, debemos ser conscientes, en primer lugar, de que el método científico requiere que sean los hechos, y no el número de creyentes los que hagan de una conjetura una teoría científica consolidada.
Sea como sea, incluso este supuesto consenso no existe. Las opiniones de especialistas (climatólogos, meteorólogos, geólogos, geofísicos, astrofísicos) son muy variables y muchos de ellos reconocen la importancia de la contribución natural al calentamiento global observado desde el período preindustrial, e incluso al calentamiento del período que va de la posguerra hasta hoy. 
También ha habido peticiones firmadas por miles de científicos en las que se ha expresado su desacuerdo con la hipótesis del calentamiento global antropogénico. Cabe destacar la lanzada en 2007 por el físico F. Seitz, expresidente de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y la lanzada por el Panel Internacional No Gubernamental sobre el Cambio Climático (NIPCC), cuyo informe de 2009 concluye que la  naturaleza, y no la actividad humana, gobierna el clima”.
En conclusión, dada la importancia crucial de los combustibles fósiles para el suministro energético de la humanidad, sugerimos que nos neguemos a adherirnos a las políticas para reducir las emisiones atmosféricas de dióxido de carbono bajo el ilusorio pretextode gobernar el mundo. climático.

COMITÉ DE LANZAMIENTO
  1. Uberto Crescenti, profesor emérito de geología aplicada, Università G. D'Annunzio, Chieti-Pescara, ex Rectore magnifique et Président de la Société italienne de géologie.
  2. Giuliano Panza, profesor de sismología de la Universidad de Trieste, académico de Lincei y de la Academia Nacional de Ciencias, conocido como el XL, Premio Internacional 2018 de la Unión Americana de Geofísica.
  3. Alberto Prestininzi,profesor de geología aplicada, Universidad de La Sapienza, Roma, ex editor científico jefe de la Revista Internacional IJEGE y director del Centro de Investigación sobre Predicción y Control de Riesgos Geológicos.
  4. Franco Prodi, profesor de física atmosférica, Universidad de Ferrara.
  5. Franco Battaglia, profesor de química física, Universidad de Módena; Movimento Galileo 2001.
  6. Mario Giaccio,profesor de tecnología y economía de las fuentes de energía, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara, ex decano de la Facultad de Economía.
  7. Enrico Miccadei, profesor de Geografía, Física y Geomorfología, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  8. Nicola Scafetta, profesora de física atmosférica y oceanografía, Universidad Frederico II de Nápoles
FIRMAS 
  1. Antonino Zichichi, profesor emérito de Física, Universidad de Bolonia, fundador y presidente del Centro Ettore Majorana para la Cultura Científica en Erice.
  2. Renato Angelo Ricci, profesor emérito de física de la Universidad de Padua, ex presidente de la Sociedad Italiana de Física y de la Sociedad Europea de Física; Movimiento Galileo 2001.
  3. Aurelio Misiti, profesor de Salud-Ingeniería Ambiental, Universidad La Sapienza, Roma.
  4. Antonio Brambati, profesor de sedimentología, Universidad de Trieste, director del proyecto Paleoclima-mare de PNRA, ex presidente de la Comisión Nacional de Oceanografía.
  5. Cesare Barbieri, Profesor Emérito de Astronomía, Universidad de Padua.
  6. Sergio BartalucciFísico, Presidente de la Asociación Científica y Tecnológica de Ricerca Italiana.
  7. Antonio Bianchini, profesor de astronomía, Universidad de Padua.
  8. Paolo Bonifazi, ex director del Instituto Interplanetario de Física Espacial, Instituto Nacional de Astrofísica.
  9. Francesca Bozzano, profesora de Geología Aplicada, Universidad Sapienza de Roma, Directora del Centro de Investigación CERI.
  10. Marcello Buccolini, profesor de geomorfología, Universidad de G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  11. Paolo Budetta, profesor de geología aplicada, Universidad de Nápoles.
  12. Monia Calista, Investigadora en Geología Aplicada, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  13. Giovanni Carboni, profesor de física, Universidad Tor Vergata, Roma; Movimiento Galileo 2001.
  14. Franco Casali, profesor de física, Universidad de Bolonia y Academia de Ciencias de Bolonia.
  15. Giuliano Ceradelli, ingeniero y climatólogo, ALDAI.
  16. Domenico Corradini, profesor de geología histórica, Universidad de Módena.
  17. Fulvio Crisciani, profesor de dinámica de fluidos geofísicos, Universidad de Trieste e Instituto de Ciencias Marinas, CNR, Trieste.
  18. Carlo Esposito, Profesor de Teledetección, Universidad La Sapienza, Roma.
  19. Mario Floris, profesor de Teledetección, Universidad de Padua.
  20. Gianni Fochi, químico, Scuola Normale Superiore de Pisa; periodista científico.
  21. Mario Gaeta, profesor de volcanología, Universidad de La Sapienza, Roma.
  22. Giuseppe Gambolati, miembro de la  American Geophysica Union, profesor de métodos numéricos, Universidad de Padua.
  23. Rinaldo Genevois, profesor de geología aplicada, Universidad de Padua.
  24. Carlo Lombardi, profesor de Plantas Nucleares, Politécnica de Milán.
  25. Luigi Marino, Geólogo, Centro de Investigación de Control y Predicción de Riesgos Geológicos, Universidad La Sapienza, Roma.
  26. Salvatore Martino, profesor de Microzonación Sísmica, Universidad La Sapienza, Roma.
  27. Paolo Mazzanti, profesor de interferometría satelital, Universidad de La Sapienza, Roma.
  28. Adriano Mazzarella, profesor de meteorología y climatología, Universidad de Nápoles.
  29. Carlo Merli, profesor de Tecnologías Ambientales, Universidad La Sapienza, Roma.
  30. Alberto Mirandola, profesor de Energética Aplicada y presidente del Doctorado en Energética de la Universidad de Padua.
  31. Renzo Mosetti, profesor de oceanografía, Universidad de Trieste, ex director del Departamento de Oceanografía, Istituto OGS, Trieste.
  32. Daniela Novembre, investigadora en Geo-recursos mineros y aplicaciones mineralógicas y petrográficas, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  33. Sergio Ortolani, profesor de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Padua.
  34. Antonio Pasculli, Investigador de Geología Aplicada, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  35. Ernesto Pedrocchi, Profesor Emérito de Energía, Politécnico de Milán.
  36. Tommaso Piacentini, profesor de Geografía Física y Geomorfología, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  37. Guido Possa, ingeniero nuclear, ex viceministro Miur.
  38. Mario Luigi Rainone, profesor de geología aplicada, Universidad de Chieti-Pescara.
  39. Francesca Quercia, geóloga, directora de investigación, Ispra.
  40. Giancarlo Ruocco,  profesor de Estructura de la Materia, Universidad La Sapienza, Roma.
  41. Sergio Rusi, profesor de hidrogeología, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  42. Massimo Salleolini, profesor de hidrogeología aplicada e hidrología ambiental, Universidad de Siena.
  43. Emanuele Scalcione, Jefe del Servicio Regional de Agrometeorología de Alsia, Basilicata.
  44. Nicola Sciarra, profesora de geología aplicada, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  45. Leonello Serva, geólogo, director de servicios geológicos de Italia; Movimiento Galileo 2001.
  46. Luigi Stedile, geólogo, Centro de Investigación de Control y Control de Riesgos Geológicos, Universidad de La Sapienza, Roma.
  47. Giorgio Trenta, físico y médico, presidente emérito de la Asociación Italiana de Protección de Radiación Médica; Movimiento Galileo 2001.
  48. Gianluca Valenzise, Directora de Investigación, Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología, Roma.
  49. Corrado Venturini, profesor de geología estructural, Universidad de Bolonia.
  50. Franco Zavatti, investigador de astronomía, Universidad de Bolonia.
  51. Achille Balduzzi, geólogo, Agip-Eni.
  52. Claudio Borri, profesor de ciencias de la construcción, Universidad de Florencia, coordinador del Doctorado Internacional en Ingeniería Civil.
  53. Pino Cippitelli, geólogo Agip-Eni.
  54. Franco Di Cesare, Ejecutivo, Agip-Eni.
  55. Serena Doria, Investigadora de Probabilidad y Estadística Matemática, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  56. Enzo Siviero,  profesor de Ponti, Universidad de Venecia, Rector de la Universidad e-Campus.
  57. Pietro Agostini, Ingeniero, Asociación de Científicos y Tecnolgi para la Investigación Italiana.
  58. Donato Barone, ingeniero.
  59. Roberto Bonucchi, maestro.
  60. Gianfranco Brignoli, geólogo.
  61. Alessandro Chiaudani, Doctor en Agricultura, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  62. Antonio Clemente, Investigador en Planificación Urbana, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  63. Luigi Fressoia, arquitecto urbano, Perugia.
  64. Sabino Gallo, ingeniero nuclear.
  65. Daniela Giannessi, primera investigadora, Ipcf-Cnr, Pisa.
  66. Roberto Grassi, ingeniero, director de G&G, Roma.
  67. Alberto Lagi, Ingeniero, Presidente de Restauración de Plantas Complejas Dañadas.
  68. Luciano Lepori, investigador del Ipcf-Cnr, Pisa.
  69. Roberto Madrigali, Metereologo.
  70. Ludovica Manusardi, física nuclear y periodista científica, Ugis.
  71. Maria Massullo, Tecnologia, Enea-Casaccia, Roma.
  72. Enrico Matteoli, Primer Investigador, Ipcf-Cnr, Pisa.
  73. Gabriella Mincione, profesora de ciencias y técnicas de medicina de laboratorio, Universidad G. D'Annunzio, Chieti-Pescara.
  74. Massimo Pallotta, primer tecnólogo, Instituto Nacional de Física Nuclear.
  75. Enzo Pennetta, profesor de ciencias naturales y divulgador científico.
  76. Nunzia Radatti, química, Sogin.
  77. Vincenzo Romanello, Ingeniero Nuclear, Centro de Investigación, Rez, República Checa.
  78. Alberto Rota, ingeniero, investigador en Cise y Enel.
  79. Massimo Sepielli, Director de Investigación, Enea, Roma.
  80. Ugo Spezia, Ingeniero, Gerente de Seguridad Industrial, Sogin; Movimiento Galileo 2001.
  81. Emilio Stefani, profesor de fitopatología, Universidad de Módena.
  82. Umberto Tirelli, científico superior visitante, Istituto Tumori d'Aviano; Movimiento Galileo 2001.
  83. Roberto Vacca, ingeniero y escritor científico.