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domingo, 1 de octubre de 2017

El reino de León: Lecciones instructivas sobre la Historia y la Geografía. Obra póstuma de don Tomás de Iriarte, dirigida á la enseñanza de los niños (1830)

El reino de León: Lecciones instructivas sobre la Historia y la Geografía. Obra póstuma de don Tomás de Iriarte, dirigida á la enseñanza de los niños (1830) p. 285

El reino de Leon confina al oriente con la provincia de Burgos; al mediodía con la de Avila y con Estremadura; al poniente con Galicia y Portugal, y al norte con las Asturias. Comprende este reino la provincia llamada propiamente de Leon, la de Palencia, la de Zamora, la de Toro, la de Salamanca, y la mayor parte de la de Valladolid. 

Leon, ciudad, capital y corte de los antiguos reyes de Leon, tiene un obispo exento como el de Oviedo, y su catedral pasa por una de las mas bellas de España. Son tambien ciudades episcopales, Palencia, Astorga, Zamora (residencia del capitan general de Castilla la vieja), Cíudad-Rodrigo (plaza de armas), y Salamanca, bien nombrada por su antigua é ilustre universidad. 

Toro y Medina de Rioseco son tambien ciudades comprendidas en el reino de Leon; como igualmente las villas de Villalpando, Sahagun, Saldaña, Mayorga, Peñaranda, Becerril de Campos, Benavente, Torquemada, Tordesillas y otras

jueves, 29 de marzo de 2012

La disolución de dos insignes regiones (Anselmo Carretero y Jiménez, Diario16, abril 1979)

LA DISOLUCION DE DOS INSIGNES REGIONES




Se dice tópicamente que en Castilla surgió Ia rebelión de las comunidades y, a la vez, que de todos los reinos de España, Castilla era la más susceptible de adaptación a las concepciones de la monarquía absoluta e imperial que Carlos V importaba de Alemania.  También es lugar común la afirmación de que a partir de Villalar la defensa del Imperialismo español y las luchas contra la Reforma impusieron a España y "especialmente a Castilla", una sucesión de guerras agotadoras y que "la mentalidad imperial de los castellanos" sería muy útil a Carlos y a su hijo Felipe en estas luchas.



De nuevo el error y la mistificación envuelven el conocimiento y el análisis de los hechos históricos; porque todos los países de los reinos de León y de Castilla, ésta y el País Vasco fueron siempre, por origen y desarrollo, los más reacios a la idea del absolutismo imperial, con la que también eran incompatibles, por su régimen constitucional y su historia, los pueblos de la corona catalano-aragonesa..



Contra la opinión interesada en presentar aquella vasta rebelión como una lucha por mantener la tradición medieval a favor de los privilegios feudales y opuesta a la idea del Estado moderno propugnada por Carlos v - opinión ampliamente divulgada durante la larga etapa dictatorial recién clausurado -, los modernos investigadores han puesto de manifiesto las tendencias progresistas de los comuneros, contrarias al poder absoluto del emperador, La mayoría de los alzados no trataba de regresar al medievo, sino de establecer un Gobierno constitucional.  Eran pues, los "populares” o "comuneros" quienes aspiraban a un Estado moderno, adelantándose a los ingleses en el camino hacia un régimen de gobierno por el pueblo..



Por un Estado Moderno



En aquella revolución se pone ya claramente de manifiesto por parte de los "comuneros" más consecuentes un sentimiento nacional español, que lejos de caracterizarlos de "retrógrados", como han tratado de hacerlo la historiografía franco-falangista, era un paso precursor hacia el moderno Estado nacional.



En cuanto a la sucesión de guerras agotadoras que la defensa del Imperio español y las luchas contra la Reforma impusieron a España, no recayeron más sobre las espaldas, la sangre y las haciendas de los castellanos que sobre los restantes pueblos de las coronas unidas de León y de Castilla (gallegos, andaluces, leoneses, murcianos... ).



Es, pues, causa de graves errores atribuir confusamente a las "comunidades de Castilla" acontecimientos históricos que se desarrollaron en todo el ámbito geográfico de los países de los reinos de León y de Castilla.  El toledano Juan de Padilla, el segoviano Juan bravo y el salmantino Francisco Maldonado, ejecutados en Villalar, figuran justamente en los anales de nuestra historia como mártires de una causa que los pueblos todos de España siempre recordarán; pero no es justo olvidar aquellos otros comuneros que, en diversos lugares de la Península, dieron también sus vidas en la misma lucha, ni los muchos que, excluídos rencorosamente del "perdón del emperador", sufrieron cruel prisión, salieron al destierro o quedaron en la miseria por haberse incautado de todos sus bienes el fisco real.  Recordemos, por ejemplo, que poco antes de Villalar cayó en Vitoria la cabeza de Gonzalo de Barahona, y que en 1524 murió en la prisión de Burgos y fue enterrado con los grilletes que llevaba en los pies, Pedro López de Ayala, capitanes ambos de los "comuneros" alaveses.



Solidaridad



El recuerdo de la revolución de las "comunidades de Castilla" ha servido de pretexto para torpes comentarios, que nada favorecen la solidaridad nacional entre los pueblos de España. Así se habla del "egoísmo" de Navarra y de los países de la corona catalano-aragonesa al dejar solos a los "castellanos" en su lucha contra el emperador; olvidando que la conciencia de una gran Nación española estaba aún lejos de ser general (13).  Navarra y los países de la corona de Aragón no consideraban como asuntos propios los pleitos que los otros reinos de España  tuvieran con el monarca; como estos reinos tampoco se solidarizaron con los aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines cuando en los dos siglos siguientes lucharon en defensa de sus libertades.  Los autores de tales comentarios pasan además por alto que los súbditos de las coronas de Navarra y Aragón mal podían sentirse obligados a solidaridad con los alzados de los reinos de León y de Castilla cuando muchas partes de estos se mantenían en el campo del emperador. Olvidan a la vez acontecimientos como las "germanías" de Valencia y Mallorca, contemporáneas de las "comunidades" y no menos dignas de recordación que éstas; e ignoran tal vez los alborotos que se produjeron en Zaragoza cuando el pueblo impidió que los nobles aragoneses enviaran tropas en ayuda de los imperiales, proclamando que Aragón no debía ayudar a quienes querían quitar sus libertades a Castilla.



La genérica atribución del nombre castellano a la "guerra de las comunidades" y el hecho de que muchos de sus episodios ocurrieran en tierras leonesas; León, Zamora, Toro, Salamanca y especialmente la actual provincia de Valladolid (la misma ciudad, Medina, Tordesillas, Torrelobatón y Villalar) (14) Son dos de los apoyos histórico-geográficos de esa visión de Castilla, centrada en la Tierra de Campos, donde la "generación del 98" creyó encontrar las esencias de lo español.



Aceptada por la burguesía agraria de la cuenca media del Duero, potenciada políticamente por el falangismo y divulgada desde 1939 por la enseñanza y la propaganda oficial, esta distorsionada visión amenaza disolver en un híbrido conglomerado castellano-leonés dos de las más antiguas e insignes regiones históricas o nacionalidades de España en el Momento en que las restantes hermanas (15) inician un prometedor renacimiento de la propia personalidad,





(15)  Hay también en proyecto otra híbrida región casteuano-manchega, que aglomerar la la región de Toledo y La Mancha (antiguo reino de Toledo o Castilla, la Nueva) con tierras vecinas de Castilla y de Murcia.



(13)  En realidad se manifiesta por primera vez con todo vigor cuando la invasión napoleónica, en 1808.



(14)  No porque fueran más "comuneras" que el resto de las comarcas alzadas, sino porque precisamente allí estaban los poderes de la corona y los personajes que la representaban; la reina Juana, en Tordesillas, y los delegados del emperador en Valladolid.

Algunos comentaristas consideran grave error de los comuneros el haber llevado la lucha al campo enemigo, en lugar de haberse hecho fuertes en sus baluartes de Toledo.  Segovia y Madrid, política y militarmente más sólidos que la llanura de Campos.,



                                                         Ciudad de México 1979



                                                         Anselmo Carretero Jimenez

                                                         Diario16 abril 1979
















Un híbrido llamado Castilla-León (Anselmo Carretero Jiménez , Diario16, abril 1979)

          UN HIBRIDO LLAMADO CASTILLA-LEON






La falta de libertad y de información objetiva en que España ha vivido durante los cuarenta años del franquismo, determinó que las jóvenes generaciones de entonces, que hoy constituyen la mayoría adulta del pueblo español, sólo pudieran obtener en los centros de enseñanza noticias escasas y gravemente deformadas por la historiografía oficial sobre importantes acontecimientos de nuestro pasado nacional, entre ellos uno de los más tristes, honrosos y dignos de recordación: la derrota en Villalar, por los ejércitos reales, de la insurrección que contra Carlos 1 de España y V de Alemania estalló en muchos lugares de la Península Ibérica y ha pasado a la historia con el impropio y confundidor nombre de "Guerra de las Comunidades de Castilla".



"Comunidades” de "Castilla".  Así, entrecomillando ambos nombres, empezamos este estudio en torno a los complejos sucesos que señalan el comienzo del reinado de Carlos de Habsburgo y la entronización en España de la dinastía austriaca.



Ningún nombre, salvo el mismo de España, es tan usado como el de Castilla en los estudios relacionados con la historia de la nación española; y la mayoría de las veces de manera impropia e incoherente con los vocablos que suelen complementarlo.  Así ocurre en este caso, y tal es la razón de las comillas con que aquí lo destacamos.  Porque aquel famoso alzamiento no tuvo por escenario único el solar castellano ni por singulares actores sus auténticas comunidades, pues se desarrolló ampliamente por tierras no castellanas y por lugares ajenos a las instituciones comuneras propias de la verdadera Castilla y de buena parte de Aragón.



Las cuatro coronas




Cuando Carlos 1 desembarcó en España para hacerse cargo de los reinos de su madre dolía Juana, hija de los Reyes Católicos, la Península Ibérica, con las islas de ella dependientes, era asiento de cuatro coronas: la de los reinos de León y de Castilla, la catalano-aragonesa, la navarra y la de Portugal.  El joven monarca venía a ocupar el trono de las tres primeras, pues el reino portugués, independizado del trono de León en el siglo XII, quedaba fuera de sus derechos,



La principal de ellas, por su mayor extensión territorial, su población y su riqueza, era la de los reinos de León v Castilla, doblemente plural: porque tanto el trono leonés como el castellano abarcaban a su vez varios estados y países muy diversos en sus respectivas historias, geografías y estructuras sociopolíticas.  La corona de León, la más antigua de España (como continuadora directa del reino godo de Asturias), la que más ha influido en la historia conjunta de los pueblos hispanos y la que, por ello, citamos en primer lugar, comprendía entonces Asturias, Galicia, León y Extremadura.  La de Castilla incluía, además del reino de Castilla propiamente dicho y los estados vascongados de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava -englobados frecuentemente con el solo nombre de Vizcaya-, el reino de Toledo -tierras de Toledo y la Mancha- que, para distinguirlo del verdaderamente castellano, recibió el nombre de Castilla la Nueva.  Andalucía -Castilla Novísima- y Murcia, así como después las islas Canarias, fueron conquistadas por las coronas unidas de León y de Castilla e incorporadas a su conjunto.  La corona de Aragón agrupaba, con un soberano común, los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y el condado de Barcelona, que a pesar de su mayor importancia, tal era el título tradicional del viejo estado catalán llamado después Principado de Cataluña.  La corona de Navarra se había incorporado hacía poco al amplio conjunto castellano-leonés, conservando su propia personalidad política.



Razón casual



En el siglo XIII las coronas de León y de Castilla se habín unido definitivamente en la cabeza de un monarca leonés -Fernando IIIde Castilla y de León- que, por un azar de familia, había heredado el trono de Castilla antes que el de León, al que por nacimiento y educación estaba destinado.  Por esta causa fortuita, el nombre de Castilla encabezaba siempre, protocolariamente, la larga lista de nombres de los países y estados de la corona castellano-leonesa, no obstante ser el reino de León anterior al de Castilla, y sus leyes, concepciones y estructuras sociopolíticas las predominantes en el conjunto de todos estos reinos.  Tal es la razón casual de que "Castilla" fuera la denominación abreviada del gran conjunto de países de la corona castellano-leonesa: Asturias, Galicia, León, Extremadura, Castilla propiamente dicha, el País Vasco -Guipúzcoa, Vizcaya y Alava-, la región toledanomanchega -reino de Toledo o Castilla la Nueva-, Andalucía -dividida administrativamente en los reinos de Córdoba, Jaén y Granada-, Murcia y las islas Canarias; que, con los de la catalano-aragonesa (Aragón, Cataluña, Valencia y las islas Baleares) y Navarra, heredó por aquellos días el primer monarca de la Casa de Austria reinante en España.



"Castilla y Aragón"  simplemente y por razones de brevedad, era el nombre con que se designaban los grupos de países y estados de las coronas de León y Castilla y de Cataluña y Aragón.  Abreviación que si en los estudios históricos de la corona catalano-aragonesa no ha ocasionado daño alguno, en los de la castellano-leonesa ha sido causa de un sinfín de errores, equívocos y mistificaciones que, lejos de aclararse, hoy son mayores que nunca.



Lo que generalmente suele llamarse "corona de Castílla", o con abusiva y confundidora abreviatura "Castilla", era en aquella época el conjunto de todos los estados y países de los reinos de León y de Castilla, corona dual y múltiple en cada una de sus dos partes.



Rey y reina de Castilla, de León, de Aragón, de Toledo, de Galicia, de Valencia, De Mallorca, de Córdoba, de Sevilla, de Jaén, de Granada, de Murcia y de las islas de Canaria; condes de Barcelona y señores de Vizcaya. . . eran los principales títulos españoles que usaron los Reyes Católicos y de ellos heredó la reina madre doña Juana.  Dejando aparte el archipiélago canario, donde el alzamiento "comunero" no tuvo eco, Castilla, aunque primera en la larga enumeración, sólo era una entre las,nueve regiones de la Península que abarcaban los reinos de León y de Castilla; cuatro de las cuales (Galicia, Asturias, León y Extremadura), procedían del tronco neogodo astur-leonés de la Reconquista, dos (Castilla y el País Vasco) del vasco-castellano, y tres (Toledo, Andalucía y Murcia) de conquistas o repoblaciones llevadas a cabo en tierras que se organizaron y gobernaron a la manera leonesa (con el Fuero Juzgo como legislación fundamental) y en las que no rigieron las leyes ni los usos castellanos. sólo los estados vascongados, generalmente unidos o aliados a Castilla desde sus orígenes, tenían estrecho parentesco histórico y profundas semejanzas con ésta.



Tales eran el complejo panorama y la geografía política de España cuando Carlos 1 de Habsburgo, con su corte de flamencos, desembarcó en la costa asturiana en septiembre de 1517.



La "llanura" que jamás existió



Es hecho conocido de quienes con objetividad y cuidado han estudiado nuestra historia medieval que los nombre de León y Castilla vienen confundiéndose desde hace largo tiempo, de tal manera que para muchas personas estos dos vocablos, de tan diferentes delimitaciones geográficas y significaciones históricas, representan una sola y misma cosa., Mucho ha contribuido a ello la obra de la "generación del 98" -tan brillante como errónea en su visión literaria de Castilla-, cuyos más insignes representantes, con algunas notables excepciones (1 ), desplazaron el nombre castellano desde su auténtico solar en las montañas de la costa cántabra y las altas cuencas del Ebro, el Duero, el Tajo y el Júcar a la vasta planicie leonesa del Duero medio, inventando así una "llanura de Castilla la Vieja" que jamás existió, ni pudo haber existido: porque la independencia de la vieja Castilla -con la ayuda de sus vecinos y aliados los vascos-, en lucha simultánea contra los moros y los reyes de León, fue posible gracias a la condición de fuerte reducto montañoso de su cuna santanderina, aquel "pequeño rincón" del Poema de Fernán González.



Muy diferente, pues, en la realidad histórica y geográfica de España son la auténtica Castilla y los reino,- de León y de Castilla de ese híbrido engendro "castellano-leonés" o "Castilla-León" que, exaltado por la Falange vallisoletana como "Gran Castilla, corazón de la España imperial" e imbuido durante cuarenta años en la mente de los españoles con la enseñanza de un dogma histórico oficial -la España Una forjada por la monarquía neogoda-, es hoy idea generalmente aceptada, incluso por los sectores de izquierda que no han tenido mejor información.









(1) Entre las que señalamos las de Baroja y Machado..





                                                 Anselmo Carretero y Jimenez



                                                 Diario16 Abril 1979