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miércoles, 25 de marzo de 2020

«El charlatán de la Moncloa» (artículo censurado al escritor Alfonso Ussía en La Razón)

«El charlatán de la Moncloa» (artículo censurado al escritor Alfonso Ussía en La Razón)


Alfonso Ussía.- Sánchez no se atreve a enfrentarse a una rueda de prensa abierta, libre y sin censuras en las preguntas. Es un timador. El pasado martes habló – mejor escrito, leyó-, durante una hora para no decir nada, y terminada su lectura, un hombre muy respetuoso, le formuló cuatro cariñosas preguntas cuyas respuestas ya tenía preparadas. El periodismo también es culpable. Se confirma, que aprovechando el barullo y la paralización de la ciudadanía en sus encierros domésticos, Sánchez ha ratificado al comunista bolivariano Iglesias en la Comisión del CNI. Me decepcionó que Casado se olvidara de semejante barbaridad. Esa designación supera con creces el calificativo de traición, pero al español confinado esos detallitos no le preocupan, de momento.

Si ya quedó mal Sánchez leyendo su homilía y respondiendo a las preguntas elegidas de cuatro amiguetes, ya me dirán lo que hubiese ocurrido si los periodistas que asistieron a la prédica verborreica de Sánchez hubieran sido profesionales libres. -¿Por qué admitió usted que uno de sus vicepresidentes en cuarentena, se sentara a su lado en un Consejo de Ministros? ¿Por qué no tuvo usted la firmeza cívica de obligarle a abandonar la mesa? ¿Relaciona usted el contagio del coronavirus de su esposa y la compañera de Iglesias con la manifestación feminista del 8 de marzo? ¿Ha leído las conclusiones de la OMS y de una buena parte de los dirigentes europeos que consideran una barbaridad haber permitido esa concentración? ¿Fue el vicepresidente Iglesias el que le coaccionó para actuar con tan demostrada irresponsabilidad y cobardía? ¿Sabía ya, cuando autorizó semejante gamberrada infecciosa que pocas horas más tarde declararía el Estado de Alerta? ¿Dónde están esos 200.000 millones de euros de los que usted presume? ¿Ha iniciado su reparto, o está a la espera de reunirlos? ¿Por qué ordenó en su momento, a principios de su mandato, el desmantelamiento del hospital de campaña más avanzado del mundo diseñado y construido por el Cuerpo de Sanidad Militar? ¿Relaciona usted el lamentable contagio de su esposa con su asistencia a la manifestación y los besos que intercambió con la ministra de Igualdad, la gran promotora de la farsa? ¿Confía usted en la creciente mansedumbre de los españoles durante su confinamiento hogareño, o teme que finalizada la cuarentena, actúen judicialmente contra ustedes por su insuperable incompetencia, sus mentiras, sus ocultamientos y sus desvergüenzas en la gobernación de España? ¿Recibió en su momento los informes científicos que le advertían de una propagación masiva del virus si no se adoptaban las medidas necesarias para impedirla? Y por último, señor Sánchez.
Como Presidente del Gobierno de una Estado democrático y libre, al menos hasta su llegada al poder, ¿por qué impide la presencia y las preguntas de los periodistas independientes, tal como hicieron sus predecesores, incluido el calamitoso y nefasto Rodríguez-Zapatero? ¿Se trata de una consigna soviética de Podemos? Y perdón, porque la última nunca es la última. ¿Por qué sigue bajándose los pantalones, y posteriormente los calzoncillos, y después de ello mostrándoles el culo a los separatistas catalanes para que le propinen una patada en el trasero de todos los españoles?
Gracias, señor, Sánchez. Le deseamos una feliz estancia en su hogar, y una pronta comparecencia, acompañado de su cómplice antiprofiláctico ante el Tribunal Supremo. Creo que haría usted bien en saber que su vicepresidente en cuarentena que se salta la cuarentena, y cuya compañera padece de la pandemia, llevó a la manifestación a una niña de pocos meses de edad, lo cual es de esperar que se le antoje como una imprudencia establecida en los ámbitos del delito contra los menores.
Una hora de cotorra y cuatro preguntas preparadas. Para mí, que el periodismo libre haría bien en sentirse avergonzado. No está España para saberse gobernada por Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón o los inspectores de policía de los libros de Tintín, Dupont o Dupond. ¡Qué tediosos y afectados botarates! Le preguntaron en una rueda de prensa libre, en la Casa Blanca, al Presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson el motivo de su reafirmación en el cargo de Director del FBI del nada popular J.Edgar Hoover. Y Johnson, que no tenía la respuesta preparada respondió con lozana frescura y sinceridad. «Es mejor tener a ese individuo dentro de mi tienda y meando hacia afuera, que fuera de mi tienda y meando hacia dentro». El problema de los españoles no se soluciona buscando la bondad o maldad de elegir bien el destino de la micción. Los españoles tenemos a dos individuos, socios de Gobierno, que están en la azotea haciendo pis hacia abajo, allá donde nos encontramos todos, y sin boina.
No obstante, uno confía en una reacción ciudadana cuando se abran las puertas de nuestras casas y las voces de la indignación puedan ser oídas. Y las empresas que presumen de periodismo libre, que se lo miren o dejen de enviar a sus profesionales a una representación teatral.

sábado, 29 de febrero de 2020

Manifiesto antihumano, el último grito del marxismo cultural: del paraíso sin clases al paraíso sin gente

Manifiesto antihumano, el último grito del marxismo cultural: del paraíso sin clases al paraíso sin gente

Primero los malos eran los zares; luego los heteros blancos; lo próximo es la raza humana. Así, en bloque. Una profesora acaba de lanzar el 'Manifiesto antihumano'. El marxismo llevado hasta sus últimas consecuencias. Eso es el generismo, el especismo, el veganismo y otros 'ismos' enloquecidos.

Imagen referencial. Pixabay
Imagen referencial. Pixabay
¿No les hace a ustedes gracia cuando el establishment acusa a Vox, Trump u Orban de ofrecer recetas simplistas a problemas complejos? Como si la ley de la eutanasia con la que PSOE y Podemos van a llevarse por delante a cientos de miles de españoles, no fuera una solución simplista, tan simplista como la “solución final” aquella. Una forma expeditiva y directa para quitarse de encima el muerto de las pensiones. 
En general, las recetas de la izquierda suelen ser simplistas y sus consecuencias catastróficas. Ahora que la lucha de clases ya ha prescrito, se han sacado de la manga otros frentes, prometiendo nuevos y utópicos paraísos, como un mundo sin género o incluso sin especies, en el que los animales tengan tantos derechos como las personas. 
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Una profesora propone dejar que la raza humana se extinga para salvar así a la Tierra, que ya ha sufrido bastante por culpa del antropoceno (o era del hombre) 
El último grito llega del mundo académico, tomado por cachorros del sesentayochismo que ahora se empeñan en buscar la playa no bajo los adoquines sino bajo las aulas universitarias. Se llama el Manifiesto antihumano o ahumano (The anhuman manifesto) con el que una profesora del Reino Unido, Patricia MacCormack, propone dejar que la raza humana se extinga para salvar así a la Tierra. Argumenta que el llamado Antropoceno (o era del hombre) ha causado un daño tremendo a animales y plantas, y que es preciso repararlo. Aprovecha para meter en el mismo saco al capitalismo, el heteropatriarcado, la maternidad, la raza blanca y la religión, todo junto y revuelto, y pedir una revolución contra todo eso, para alumbrar un nuevo mundo, ahumano o antihumano. 
Todo esto puede parecer una marcianada -de hecho, lo es-. Pero el problema es que muchas cátedras universitarias de Occidente están ocupadas por este tipo de frikis, que las transmiten a los alumnos, les obligan a aprendérselas para aprobar, las presentan en ponencias de congresos, y terminan teniendo traducción en leyes de parlamentos y gobiernos, como ha explicado Jean-François Braustein en La filosofía se ha vuelto loca. Ese es el problema.
La tal MacCormack viene del feminismo radical, seguidora de filósofos sesentayochistas como Deleuze y Guattari, o de Peter Singer, autor de libro Liberación animal. Y se ha especializado en teoría queer, poshumanismo, y derechos de los animales. Se declara vegana, una de las nuevas religiones, y -atención- se define como “extincionista”. Pero como podrán imaginar no del lince ibérico o el abejaruco común, sino extincionista del ser humano.
No es un caso aislado. Cada vez hay más intelectuales que abogan por el activismo de la muerte. Conectan con otra corriente en boga, los antinatalistas, que declaran que no es ético ni responsable traer hijos biológicos al mundo, y que a ellos les han concebido y parido sin su consentimiento. Eso sí, cuando algún periodista malicioso les pregunta si alguna vez se han planteado el suicidio, suelen responder: “ya que estoy en este mundo, intento ser útil”.
Detrás de esta pulsión destructiva está el marxismo cultural. Igual que está detrás del generismo, el especismo y sus variantes gastronómicas (como el veganismo).  Digamos que el viejo marxismo se comporta como un virus mutante, que se hace inmune a las vacunas y renace, más virulento, alojándose en otros cuerpos. Primero fue la lucha de clases y ahora es la lucha de sexos. Antes, el opresor era el patrono que explotaba al obrero, ahora es la madre de familia que amenaza con exceso de población a la Tierra, cometiendo el delito imperdonable de crecer y multiplicarse. Antes eran los burgueses, ahora es la raza humana, así entera, que amenaza con comerse a las oprimidas vacas, llenar de plásticos el Pacífico, y derretir los polos. 
Pero el objetivo es siempre el mismo: imponer la mentira de un paraíso (sin clases o sin sexos), una utopía irrealizable, que promete la liberación de los oprimidos, pero que se da de tortas con la realidad, y que acaba volviéndose contra la naturaleza humana. 
No deja ser irónico que la revolución del Manifiesto antihumano, tenga como coprotagonistas a los animales y sus derechos. Igual que Animal farm, de George Orwell (Rebelión en la granja), el mordaz retrato del estalinismo, a través del personaje de un cerdo, Napoleón (trasunto de Stalin). Este expulsa a los humanos de una granja y termina imponiendo la tiranía.
Algunas de las consignas que corean los animales de la fábula de Orwell recuerdan al Manifiesto de MacCormack: ”Todos los hombres son enemigos»
Algunas de las consignas que corean los animales de la fábula recuerdan al Manifiesto de MacCormack: ”Todos los hombres son enemigos. Todos los animales son camaradas.”
Los que claman contra la tortura del toro en el ruedo, los que pretenden hacer el amor con árboles, y los que denuncian la violación de las gallinas, recuerdan mucho a los revolucionarios porcinos de Orwell, cuando reducen sus siete mandamientos en una sola máxima: ¡Cuatro patas sí, dos pies no!.
Y otro personaje, el cerdo Mayor (que representa a Lenin) canta una canción sobre un mundo a-humano: “Tarde o temprano llegará la hora en la que la tiranía del Hombre sea derrocada y las ubérrimas praderas de Inglaterra tan sólo por animales sean holladas”. 
Tiranía del hombre. La última utopía que tratan de imponernos. Ya advirtió Chesterton, con su infalible intuición, de la superstición del suicidio, la eugenesia y la supeditación del hombre a los animales, que caricaturizó así: “la apoteosis final sería sentarnos en silencio sin probar bocado por temor a incomodar a un microbio”.
Tal cual lo que estamos viviendo ahora. La pregunta es si sobreviviremos a los Derechos del Gran Simio o a extincionistas como los del Manifiesto Antihumano. Si Occidente volverá a la Edad Oscura, a través del animalismo y los sacrificios humanos, el culto a la diosa Gaia, y el canibalismo. Hasta que venga un Cristóbal Colón a descubrirnos, civilizarnos, y vuelta a empezar. 

miércoles, 17 de octubre de 2018

Facha (Javier Barraicoa)



TRIBUNA
Javier Barraycoa: 

Facha

Opinión
Javier Barraycoa

sábado, 15 de septiembre de 2018

Derechofobia: la leyenda negra de la que se aprovechan Sánchez e Iglesias

Derechofobia: la leyenda negra 

de la que se aprovechan Sánchez 

e Iglesias

A la imperiofobia ha sucedido la derechofobia, y ahí nos tienen cogidos por
los mismísimos unos listillos, que exigen que les pongamos alfombra roja 
para entrar en la Moncloa como Pedro por su casa a fin de saquear las arcas
 -”nuestras” arcas-, y nos restriegan el cadáver del Caudillo por la cara.

 
Un mar de banderas rojigualdas, en la concentración por la Unidad de España celebrada el 7 de octubre de 2017 en Madrid /Efe
Un mar de banderas rojigualdas, en la concentración por la Unidad de España celebrada el 7 de octubre de 2017 en Madrid /Efe
Ya lo advierte Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y leyenda negra: los españoles no
 levantamos cabeza desde que la propaganda protestante propaló su demoledor relato y nos dejó
 la autoestima por los suelos.
Han pasado cinco siglos de aquello y continuamos avergonzándonos de la Contrarreforma y 
creyéndonos que Isabel la Católica era poco menos que Adolf Eichmann, cazador de hebreos; 
y Pizarro y Cortés, unos genocidas del tamaño de Pol Pot y los kmers rojos de Camboya.
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Lo malo es que en el siglo XXI, el siglo del #Metoo y la corrección política, se han juntado el hambre
 y las ganas de comer, y ha venido la izquierda radical para flagelarnos con el nudoso látigo
 del franquismo y del guerracivilismo.
Si el arma que funcionó con la leyenda negra fue la propaganda; el arma que lleva funcionando en
 España desde que murió Franco es el complejo. A la imperiofobia ha sucedido la derechofobia y 
ahí nos tienen cogidos por los mismísimos unos listillos, que exigen que les pidamos perdón por existir, 
les pongamos alfombra roja para entrar en la Moncloa como Pedro por su casa a fin de saquear 
las arcas -”nuestras” arcas-, y encima nos restriegan el cadáver del Caudillo por la cara.
Con ese truco de prestidigitador de pueblo, nos tienen distraídos y pretenden hacernos olvidar sus fechorías del pasado y del presente
Con ese truco de prestidigitador de pueblo, nos tienen distraídos y pretenden hacernos olvidar sus
 fechorías del pasado y del presente.
Las del pasado: los 1.300 muertos de la Revolución de Asturias o los 500.000 kilos de oro saqueados
 del Banco de España  (Memoria Histórica vendo que para mí no tengo);  y las del presente: se
 han estrenado con lo que mejor se les da… destruir puestos de trabajo, los 202.996 del mes de
 agosto, el peor de la década; y están dejando que los ‘indepes’ nos birlen Cataluña delante de
 nuestras narices.
¿Y qué hacemos nosotros? Doblar el espinazo en ángulo de 45 grados. ¿Cuarenta y cinco grados?
 El miedo a parecer que somos españoles nos hace flexibles hasta lo inverosímil. Nos avergonzamos
 de la bandera, del himno, de la Constitución (esa que se fundamenta en “la indisoluble unidad
de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”… ¿no sé si acuerdan de ella?).
Los españoles del último medio siglo nos hemos tragado el camelo que identificaba derecha con 
dictadura, y el rojo y gualda con el fascismo (¿qué tendrá que ver?); y eso explica el circumloquio 
afeminado (el “centro-reformismo”) y el silencio de los corderos.
El complejo ‘azul’, como la leyenda ‘negra’, se alimenta de mentiras. O de medias verdades, 
que es la forma más sibilina de mentir.
Es indiscutible que el general Franco se sublevó contra el orden establecido (la II República) y
 que la España de 1939 a 1975 no fue una democracia. Pero veamos la otra cara de la moneda: 
el orden establecido se había convertido en un Estado títere de Stalin, gracias, entre otros, 
al PSOE del jefe de Gobierno Juan Negrín. Y eso sí que es indiscutible.
Y en la segunda parte del Régimen franquista (desde el Plan de Estabilización económica de 1959
 hasta 1975) España experimentó una espectacular modernización, que junto con la aparición de
 una clase media sentó las bases de la llegada de la democracia y del periodo de prosperidad más
 largo de los últimos dos siglos.
También era media verdad la muerte de indígenas en el Nuevo Mundo. Sólo una parte es atribuible 
a los conquistadores: muchos perecieron por guerras intestinas y muchos más por demoledoras 
epidemias, como explica Elvira Roca. Los reyes de España no consideraban colonias las tierras 
del Nuevo Mundo, ni esclavos a los indios sino ciudadanos,  gracias a un decreto de 1.500 firmado
 por la denostada y ‘facha’ Isabel la Católica. Y las Leyes de Indias, un invento español basado
 en el respeto a la dignidad inviolable de la persona, es el gran antecedente de los Derechos Humanos.
Mal que les pese a Evo Morales y al bolivariano Iglesias, la América Hispana del siglo XVIII nada
 tenía que envidiar a las trece colonias de los nacientes Estados Unidos: era superior en urbanismo, 
transportes, comercio o universidades -las dos primeras de todo el Continente fueron la de San 
Marcos de Lima y la de Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo, en el siglo XVI, casi cien años
 antes que Harvard-.
Y un luterano, el geógrafo alemán Von Humboldt cuenta, tras recorrerlas a principios del siglo
 XIX, que “ninguna ciudad del Nuevo Mundo, sin exceptuar las de los Estados Unidos, posee 
establecimientos científicos tan grandes y sólidos como los de la capital mexicana”.
Se diría que la monarquía, aquejada de derechofobia y rehén del Frente Popular y los indepes, no se atreve a reivindicar en voz alta el Nacimiento de una Nación
Y sin embargo… seguimos arrastrando el fardo de la culpabilidad y la baja autoestima, como se 
ha visto en el deslucido y tímido debut de la princesa Leonor en Covadonga, cuando se cumplen
1.300 años del reino de Asturias, el nacimiento de una nación, y los 100 de la coronación de la Santina.
Se diría que la monarquía, aquejada de derechofobia y rehén del Frente Popular y los indepes, no
 se atreve a reivindicar en voz demasiado alta el Nacimiento de una Nación.
Cuando la gesta de D. Pelayo es nuestra denominación de orígen -como ha escrito el obispo 
Jesús Sanz en un artículo que no tiene desperdicio-, junto con la doble herencia (romana y cristiana)
 y la tozuda determinación mantenida a lo largo de ocho siglos sacudirse el yugo musulmán.  
Si nosotros no recuperamos ese ADN y no nos sacudimos el yugo de los complejos terminaremos
 como los atemorizados británicos del siglo XXI, turbados antes los turbantes, que ya casi 
no enseñan a Rudyard Kipling en los colegios para no herir sensibilidades.

sábado, 14 de julio de 2018

Líderes lemmings para destruir resistencias

Líderes lemmings para destruir 

resistencias

Los líderes lemmings son esas personas que analizan adecuadamente esa 
situación que desespera a muchos ciudadanos, la critican, encabezan la 
disidencia y disponen de un cierto poder mediático y un respaldo económico que les facilita llegar a muchos descontentos.


 

Dibujo de unos lemmings metiéndose en un río.
Dibujo de unos lemmings metiéndose en un río.
Los lemmings son unos roedores que, cada cierto tiempo y cuando hay una sobrepoblación, 
comienzan a correr hacia los acantilados, se arrojan al mar y nadan hacia ninguna parte
hasta que su esfuerzo inútil les hace terminar muriendo por agotamiento ahogados en el océano.
La impresión que da es que los animalitos creen que el líder los lleva a un lugar donde se puede
 sobrevivir y que buscan más alimento o más territorio. No parecen desear el suicidio, sino
 la supervivencia en una zona donde se garanticen sus necesidades. Saben nadar y si se les
 condujera a otra costa, podrían sobrevivir. Pero lo cierto es que esa expedición está condenada
 al fracaso irremisiblemente porque el líder se dirige hacia altamar y los lemmings van cayendo 
por cansancio hasta desaparecer bajo las olas.
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Me acuerdo de esos animalillos dirigidos a la muerte para mantener el ‘status quo’ cuando detecto
 en nuestro panorama político lo que yo llamo líderes lemmings. Cierto es que las intenciones que
 se evidencian en estos líderes lemmings de cerebro humano de los que voy a hablar no son achacables
 a los primeros roedores que se tiran al mar arrastrando, tras su decisión, a millones de congéneres.
 Pero el resultado es el mismo.
Los que han seguido a los líderes lemmings poco a poco van perdiendo fuerza y ahogándose por el camino
Los líderes lemmings son esas personas, muchas veces con cierta capacidad oratoria, que analizan
 adecuadamente esa situación que desespera a muchos ciudadanos, la critican, se oponen verbalmente 
al establishment que ha generado, mantiene y amplía esa situación injustificable, encabezan la 
disidencia y disponen, o al menos así hacen pensar los resultados que obtienen, de un cierto poder 
mediático y un respaldo económico que les facilita llegar a muchos descontentos.
El liderazgo lemming (puede ser un grupo) organiza un frente contra esa situación y ese 
establishment y, poco a poco, lo va desactivando, ya sea con frenos a la acción práctica, 
con mensajes contradictorios y con lentos giros al consenso y la comprensión de los que 
han propiciado la situación de injusticia que se quiere combatir.
Los que han seguido a los líderes lemmings poco a poco van perdiendo fuerza y ahogándose
 por el camino. Unos se desaniman y abandonan la lucha desilusionados y otros compran 
la mercancía averiada del diálogo con los que están abusando y han generado la situación 
de descontento, como si se pudiera negociar con los que vulneran derechos fundamentales y 
llegar a un acuerdo de cesión de parte de ellos en vez de vulnerarnos todos.
El liderazgo lemming también detecta las voces que han descubierto su verdadero objetivo
La división está servida. Los que se sienten defraudados difícilmente van a volver a la lucha p
or temor a seguir a otro líder lemming con la consiguiente nueva desilusión. Los que se han 
vuelto tibios y dialogantes dejan de ser un problema para el establishment. Otros, son reconfortados
 con migajas de ayudas públicas. Algunos descontentos toman la dirección correcta, pero ya no
 hay fuerzas para llegar a la costa. Todo está desactivado. El movimiento de disidencia se deshac
e como un azucarillo en el agua. Ni un solo lemming sobrevive.
El liderazgo lemming que, pese a ser disidente con el establishment tiene, insisto, poder y 
dinero surgido de ese mismo establishment, también detecta las voces que han descubierto 
su verdadero objetivo, que suelen ser precisamente disidencia de verdad con toda la debilidad 
y ausencia de ayuda mediática y económica correspondiente, y se dedica a difamarlos (ultras, 
fachas, intolerantes, yunque…), acallarlos, dividirlos mediante infiltrados…hasta desactivar ese
 foco de forma que nunca llegue a contactar con la masa lemming para avisarle del viaje a ninguna 
parte al que los han lanzado. Las difamaciones y las etiquetas han funcionado desde los albores de
 la humanidad.
Esta estrategia, que he bautizado como liderazgo lemming, es más vieja que la tos y sin embargo
 tan efectiva como el primer día, ya que las masas engañadas se van renovando y se tiene mucho
 cuidado en no informarles de las antiguas y efectivas técnicas de manipulación de masas. Incluso,
 aunque  la hemos visto ya aplicada en varios casos, nos la vuelven a colar de rondón. Recordemos.
La desactivación de los frentes contra la ideología de género ha venido de la mano de personajes que han difamado a los grupos más activos
La desactivación de las víctimas del terrorismo se realizó según el programa de asociaciones
 lemmings hasta generar la división del bloque, el desconcierto de los que exigían memoria, 
dignidad y justicia; la difamación y el descrédito de los que seguían la dirección adecuada y, 
finalmente, la desaparición de toda resistencia a un plan establecido hace bastante tiempo.
La desactivación de los frentes contra la ideología de género ha venido de la mano de personajes
  que han difamado a los grupos más activos, han ralentizado toda acción y han metido palos 
en las ruedas de todo movimiento efectivo poniendo en entredicho cualquier actividad contra
 la ideología de género en tanto no hacían nada, salvo prometer futuros planes muy bien pensados.
Tan bien pensados y meditados que aún no se ha hecho nada mientras, por el camino, se
 han perdido mil batallas y varios derechos fundamentales. Lo últimos está siendo virar
 la opinión de la masa lemming hacia los planteamientos de la ideología de género y sus lobbies, 
a los que hay que comprender y aceptar, pobrecitos.
El último caso de liderazgo lemming para la desactivación de disidencia al plan establecido que
 tenemos en marcha proviene del tema independentismo catalán y tiene la misma factura clásica 
de los anteriores. Sociedad Civil Catalana es un movimiento de presumible disidencia de la escisión 
de Cataluña que desde todos, digo todos, los partidos y ámbitos del establishment se está amparando
 y empujando. Regado con millones de euros de subvención, su poder viene precisamente
 de su financiación. Ya ha hecho varias acciones de freno y redirección de los movimientos
 que grupos de ciudadanos, indignados con razón y en la buena ruta, estaban poniendo en 
marcha contra la banda organizada de los golpistas catalanes.
Sociedad Civil Catalana es un movimiento de presumible disidencia de la escisión de Cataluña que desde todos los partidos y ámbitos del establishment se está amparando y empujando
Capitalizando la disidencia más incauta, los va desactivando despacio y si ha hecho acciones
 de oposición al referéndum o la aplicación del célebre 155, ha sido porque no ha tenido más
 remedio y, de paso, lo ha utilizado para callar a las turbas que exigían justicia 
(‘Puigdemont a prisión’). Lo últimos ha sido señalar y arrinconar a los disidentes que 
no se dejan manipular, concretamente la plataforma Hablamos Español,  pese a que se
 supone que luchan por la misma causa y contra los mismos abusos
Como digo, estamos ante una nuevo caso de liderazgo lemming así que vale la pena
 informarse de todos los pasos que vaya dando SCC en la dirección de desactivar, ablandar
 el mensaje, buscar consensos y pedir diálogo con las bandas mafiosas de los separatistas,
todo ello unido a la difamación y persecución de los que no se plieguen a sus componendas.
De hecho, recomiendo dos cosas. La primera, informar a todos los incautos que sea 
posible a ver si se puede reducir el daño o evitar la desactivación de la disidencia por 
el simple medio de conocer las intenciones del lemming que nos lleva al acantilado.
La segunda, seguir todo este proceso de liderazgo lemming con extremo interés,
anotando cada noticia, actuación o declaración de SCC, porque, si acaban triunfando, 
servirá para conocer desde el principio la estrategia líder lemming y, si conseguimos
 que fracasen, nos servirá para mejorar la defensa en el próximo suicidio colectivo al 
que nos quieran empujar.