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jueves, 19 de febrero de 2015

Los amos del PSOE (Arca de la Alianza Cultural S.A.)



                                              LOS AMOS DEL PSOE

El libro  aquí presentado “Los amos del PSOE” fue retirado de las librerías a los pocos días de su presentación en los tiempos de Felipe González, aunque algunos ejemplares se pudieron poner en circulación, de uno de los cuales e ha podido realizar el  escaneo.
Trata con todo detalle de un asunto tan poco ventilado como son los poderes   mundialistas que no solo son los amos del Psoe de la época felipista sino, con más o menos intensidad, de todos los partidos gubernamentales que en el mundo hay. Las personas aquí relacionadas han sido sustituidas por otras, pero el poder mundialista permanece probablemente corregido y aumentado.
En una época de elecciones abundantes como la actual conviene saber o al menos sospechar con vehemencia – como se decía en el lenguaje inquisitorial - quien está verdaderamente detrás de los partidos que aspiran a gobernar, es decir quienes los verdaderos amos, los que no se eligen en forma alguna.
Naturalmente estos asuntos no salen en los periódicos y los medios.

Primer parte




Segunda parte







domingo, 14 de diciembre de 2014

¿ Quién promulgó la ley de vagos y maleantes?



LECCIONES DE HISTORIA



Uno de los más extendidos mitos es que la Ley de Vagos y Maleantes fue promulgada por el General Franco. Sin embargo, la Ley de Vagos y Maleantes es de la República, sali-da de Manuel Azaña. Fue aprobada esta ley por las Cortes Constituyentes de la Repúbli-ca, y firmada y promulgada el 4 de agosto de 1933.



Curiosamente, el fundamento de esta norma era el famoso comienzo del artículo 1º de la Constitución de la República de 1931, el cual señalaba que «España es una República de trabajadores de toda clase». Es decir, era persona peligrosa la que no tuviera trabajo o no pudiera trabajar. Esa misma ley preveía el sometimiento de medidas de seguridad «progresistas» a las siguientes «clases de ciudadanos»: ¿Vagos habituales; rufianes y proxenetas; los que no jus-tificaran la posesión o procedencia del dinero u otros efectos, los mendigos profesionales o los que vivan de la mendicidad o exploten a los menores, enfermos menta-les o lisiados; los ebrios y toxicómanos; los que para su consumo inmediato suministren vino o bebidas espiri-tuosas a menores de catorce años en lugares y estable-cimientos de instrucción o en instituciones de educación e instrucción y los que de cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual; los que ocultaren su verdadero nombre, disimularen su personalidad o falsearen su domicilio o tuvieren documentos de identi-dad falsos u ocultaren los propios; los extranjeros que quebranten una orden de expulsión del territorio nacio-nal; y los que observen conducta de inclinación al delito, manifestada por el trato asiduo con delincuentes y maleantes, por la frecuentación de los lugares donde estos se reúnen habitualmente; por su concurrencia habitual a casas de juegos prohibidos y por la comisión reiterada y frecuente de contravenciones penales.





A los incursos en alguna de estas circunstancias se les imponían unas medidas de segu-ridad que oscilaban desde el internamiento en centros de «reeducación» por tiempo no superior a cinco años, o la expulsión de los extranjeros, el «asilamiento curativo en casos de templanza por tiempo absolutamente indetermi-nado» o el destierro indefinido. La Ley de Vagos y Malean-tes de Azaña es sin duda un texto que define el pensamien-to de la izquierda de entonces sobre los marginados socia-les y cuál era el trato social y jurídico que merecían. Un texto propio de régimen totalitario que se engendró en el seno de las Cortes Constituyentes de la II República. Era un texto que pisoteaba los supuestos derechos fundamentales de los ciudadanos reconocidos en la Constitución, pues esta ley ordinaria era la que se aplicaba, no la Carta Magna.



El primer campo de concentración de vagos y maleantes de España. El 18 de agosto de 1934, la revista gráfica Estampa, que se editaba en Madrid y se distribuía en toda España por 30 céntimos el ejemplar, publicó un interesante reportaje sobre esta ley «progresis-ta». En la portada varios vagos y maleantes en fila de formación, y debajo el titular «El primer campo de concentración de vagos y maleantes». En Alcalá de Henares (la patria chica del promotor de la Ley, Manuel Azaña) se había inaugurado un campo de concen-tración, llamado más tarde «Casa de Trabajo» sobre las antiguas instalaciones de la cárcel de mujeres. Después de la Guerra Civil estas infraestructuras se convirtieron en los Talle-res Penitenciarios de Alcalá de Henares, en cuya imprenta se editaba la tirada oficial del Código Penal, y la que los presos redimían penas por el trabajo.





En agosto de 1934 estaban en-tre sus rejas trescientos vagos y maleantes proscritos por la Re-pública democrática. En el resto de España había ya condenadas cerca de tres mil personas, in-ternadas en las cárceles comu-nes. En Alcalá de Henares, los vagos y maleantes eran ocupa-dos en las más diversas tareas tales como mover una azada y un pico, abrir surcos en la tierra de cultivo, pintar paredes, cor-tar leña sin percibir nada más que el rancho como contrapres-tación. Para los internos, esta nueva vida «era un calvario».






Ésta es una parte de la Historia de España, olvidada por la subvencionada Memoria Histórica.



Y hay que decir, en honor a la verdad, que Franco siguió con la ley.



A ver si se hace llegar esto a los incultos y a los "desmemoriados".



LEY DE VAGOS Y MALEANTES

(LA GANDULA)


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Políticos de lista (Juan Prada Bécares)






NO HAY POLÍTICOS DE LISTA DECENTES

 

Desde el momento en que un ente no representa particularmente a nadie porque entra en una lista electoral para dedicarse a cumplir las órdenes de los gestores de un grupo político que participa en el esquilme de los ciudadanos honrados, trabajadores y productivos, ha prostituido su dignidad y no puede ser decente.

Por muy insignificante que sea, todo individuo que pone su dedo en apoyo de cuanto le manden, no tiene conciencia.

            Acompaño adjunta la comunicación 308, POLÍTICOS DE LISTA.

Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 de Abril 1952, para Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad Física y Moral de las Personas.

 

 
POLITICOS DE LISTA

Con una parte de población trabajadora y productiva en disminución, que sostiene a otra mayor de parados y quietos improductivos, que va en aumento, los que viven a costa de otros han empezado a pelearse entre ellos y a cruzarse corrupciones mutuas a medida que van teniendo menos otros a que esquilmar, por estarlos dejando a la luna de Valencia, con creciente confiscación de recursos y propiedades, pérdidas en cascada de cientos de miles de licencias para poder trabajar, que tramitan funcionarios obstructivos, que no producen nada y sufrimiento de jueces politizados, administraciones recaudatorias y tantas peplas, multas, tasas y abusos que se inventan para arruinarles, mientras que los partidos que los representan en bloque, con promesas y listas cerradas sin suparticipación, mueven dinero sobrante hasta para mejorar a los dueños de los dedos transmisores de votos en las asambleas decisorias, según digan sus capos, con altibajos de cola, adiciones o quitas, de elección en elección, según se den los resultados.

Variaciones moderadas, hacia arriba o hacia abajo en el número de escaños que se ganan en las elecciones generales o autonómicas, no suponen ninguna dificultad para activar algunos dígitos prestos en las relaciones disponibles o para aparcarlos, coyunturalmente, en otros menesteres. Reducciones importantes de momios, como la sufrida por los psoistas en 2011 y la que se profetiza en las encuestas para los rajoyistas en los comicios que vienen, tienen el doble riesgo de no poderse limitar a una simple compensación participativa en latrocinios subyacentes y de infundir temores en los capos de que se les acabe su bandidaje alternativo y se les vaya de las manos la gallina de los huevos de oro, representada por la población impotente..

De no cambiar pronto a los jefes, que se ponen a disputar las piezas de caza que se estaban repartiendo en paz, tirándose a la cara corrupciones mutuas, muchos políticos de lista comprenden que se les va a terminar para siempre su profesión de prestidigitadores presionantes de timbres.

Los dedos índices que se alquilan, son de gentes que han vendido su alma al diablo. Es un drama anunciado al desencadenarse un sálvese quien pueda y cada cual, desde los mandamases pandilleros a los alistados en la más baja posición tiene que quitarse competidores de enmedio.

Lo advirtió Nasserre en la antigua Asamblea Francesa: “Nos iremos al Infierno si los parásitos que viven a costa de los creativos se hacen con el voto cautivo de las masas mendicantes, subvencionables, improductivas, separatistas, desestabilizadoras y engañadas. Asaltarán al Estado y tomarán el poder en connivencia con los terroristas, trastornando bruscamente la sociedad para aplastar y esquilmar a los ciudadanos honrados trabajadores y productivos. Las clases ignorantes marginarán el saber. Los que tendrían que estar reprimidos serán represores. Votarán impuestos sobre la propiedad, sin contar con los propietarios, para quedarse con ella. La transmisión de herencias y el retorno de cualquier riqueza al común social, pasaran por sus manos. Las normas sobre instrucción pública, educación y moralidad, se aprobarán por individuos sin instrucción, educación ni moral. Los malhechores organizarán la justicia y designarán a los magistrados. Lo inicuo será legal y lo antisocial modelo social. Los alborotadores mandarán la fuerza pública y los ladrones a la policía. De poco servirá que, sin ser frenados, tenga que llegar un día en el que, tras acumular robos sobre robos y catástrofes sobre catástrofes, estos progresistas exaltados y locos perversos, ensoberbecidos y desconfiados, se devoren entre ellos porque, para entonces, el país estará arruinado y descompuesto y, seguramente podrido e irrecuperable.

Comunicación 308 – 2014. 11-30.

Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 de Abril 1952, para Defensa del

Derecho a la Vida y la Integridad Física y Moral de las Personas

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martes, 2 de diciembre de 2014

La representación política y el sistema (José Miguel Gambra)


 

 

La representación política y el sistema

2 diciembre, 2014


En un artículo anterior decía que el éxito de Podemos nace de una jugada política técnicamente perfecta, que mezcla el justo descontento de muchos con una serie de preconcepciones irracionales latentes en la mentalidad de nuestro pueblo. Y añadía que, sin embargo, la solución carece por completo de imaginación y que en modo alguno alcanza a constituir un cambio de sistema. Al contrario, se trata de renovar un ciclo, repetido en los últimos siglos hasta la saciedad, cuyo desastroso resultado, para quien no desee engañarse, es archiconocido. Pero de la sociedad soviética, que es de lo que se trata, no hablaré ahora.

De lo que prometí hablar es de la representación y de la participación política, que es uno de los terrenos donde los indignados parecían sentirse más insatisfechos. Y en eso, los que se quejaban el 15 de marzo no hacían más que poner de manifiesto un sentir común a otros muchos.

Representar en el ámbito de la acción consiste en hacer algo en lugar de otro, cuando éste no puede hacerlo por sí mismo. La acción propiamente humana, o racional, presupone una decisión deliberada que sopesa las ventajas y desventajas de cada acción posible antes de ejecutarla. Atendiendo a esto cabe diferenciar dos modos de representación. El primero consiste en sustituir a otro en todo el proceso, desde la deliberación a la ejecución.  Eso ocurre, de manera radical, por ejemplo, cuando un tutor es nombrado para hacer las veces de una niño o de un demente; pero también cuando el representado nombra él mismo al representante, pero deja completamente en sus manos la dirección de sus asuntos, en razón de su propia incapacidad o por la causa que sea. El otro modo de representación es el que podemos llamar mandato. Consiste en transmitir y, si es caso, defender, la decisión ya deliberada y tomada por el representado. Así, los abogados o los albaceas, además de ser elegidos por la persona a la que representan, están obligados a hacer lo que previamente éstos han decidido.

Aunque sólo sea en los distintos ámbitos de la vida familiar, en la comunidad de vecinos o en nuestro trabajo, todos tomamos decisiones conjuntas, habiendo previamente discutido con otros miembros de la misma sociedad los pros y los contras de lo que cabe hacer. En esas sociedades inmediatas, cada uno empieza por representarse a sí mismo; pero, por poco amplia que sea la sociedad de que se trate, muy pronto se hace necesario delegar en alguno la representación ante otros organismos. Así una comunidad de propietarios o inquilinos elige a uno de ellos para que defienda ante el consistorio, o ante los tribunales, las decisiones previamente tomadas por la comunidad. En esos casos cotidianos y triviales, aunque se ponen en juego asuntos de escasísima importancia, si se comparan con los que trata el Gobierno de la nación, nadie tolera que el representante tome por su cuenta decisiones ajenas o contrarias a las que previamente ha tomado la comunidad en sus reuniones. Y si el representante resulta infiel, la comunidad lo depone o le demanda.

De estas consideraciones evidentes se puede colegir que el género de representación naturalmente deseado por cualquiera, es lo que hemos llamado mandato, mientras que, por lo general, se rechaza la representación sustitutoria, hecha excepción de los casos en que se hace imprescindible.

En sus orígenes, la democracia, o gobierno del pueblo, no tenía necesidad de representantes,  dado que ese régimen político nació en las pequeñas ciudades-estado de la antigua Grecia, donde las decisiones eran tomadas por los ciudadanos directamente. La democracia liberal, bajo cuyo régimen vivimos, en razón de la amplitud de las sociedades en que se da, exige que el gobierno, supuestamente ejercido por los ciudadanos, se efectúe a través de representantes electos. Parecería lógico que, si para cualquier cosilla de poca monta exigimos que los representantes se atengan a nuestras decisiones, cuando se trata del  bien común de la patria lo exijamos con mucho más rigor. Y, sin embargo, como es de toda evidencia, la representación de los ciudadanos en los actuales parlamentos democráticos es a la manera de la sustitución y no del mandato. Toda posibilidad de influencia sobre el gobierno se reduce a una elección periódica, que depende exclusivamente de factores irracionales, como las esperanzas que pueda despertar un partido político, atendiendo a un programa que no tiene obligación alguna de cumplir; o a la atracción de un leader capaz de engatusar con su aspecto o su verborrea.

Los partidos políticos que mediatizan la representación del pueblo lo hacen como el tutor de un niño cuyas opiniones no merece la pena consultar. En las elecciones nos ofrecen listas precocinadas, que no cabe alterar, y ponen todas las trabas posibles para a la presentación de candidatos minoritarios; tras ellas el ya presidente del gobierno, y su partido, tienen, de hecho, las manos libres para dirigir todos las aspectos de nuestra existencia, sin más límite que el que ellos mismos quieran imponerse, pues no hay cauce alguno eficaz para influir sobre sus decisiones.inodoro2

Algún ingenuo todavía será capaz de creer que la Constitución de 1978 establece unos límites infranqueables, sin darse cuenta de que sus artículos son voluntariamente ambiguos y elásticos. Sólo un ejemplo: el artículo 31 dice que el sistema tributario «en ningún caso, tendrá carácter confiscatorio». Pero como eso es cuestión de unos porcentajes que no se indican, resulta que si el límite de lo confiscatorio lo fija el Gobierno en un 99% de nuestros bienes y sueldos, se cumple la supuesta norma. Y, si por casualidad la Constitución ofrece alguna dificultad, en manos de los partidos está cambiarla. Nada cabe esperar del Tribunal Constitucional, cuyos miembros están designados por los partidos, ni tampoco de la libertad de expresión y manifestación. ¿Qué efecto han tenido, por ejemplo, las inmensas manifestaciones contra el aborto, fuera de las molestias que producen en el tráfico? A los ciudadanos descontentos sólo les queda esperar unas nuevas elecciones, que sólo serán racionales en cuanto rechacen el gobierno precedente, pero serán tan irracionales como las anteriores en su apuesta por otro candidato. Porque la deliberación, la decisión y la ejecución quedarán de nuevo en manos del partido elegido.

Todo esto es trivial para el que no desee engañarse, pero conviene recordarlo a quienes creen que, con apoyar un nuevo partido, puede darse un vuelco al sistema representativo. Eso no producirá más que una de las convulsiones de anarquía o dictadura que sufre el sistema periódicamente y que, en caso de Lenin2triunfar Podemos, podría conducir a un sistema de tipo soviético, pero sin las pocas virtudes (comparativamente hablando) que éste pudo tener.



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La única transformación verdaderamente antisistema sería devolver su verdadero valor a la democracia directa y a la representación entendida como mandato. Ambas cosas se complementan: la democracia directa debería darse, a su manera, en cuantas sociedades, más o menos pequeñas, desarrolla su vida el común de los mortales. Sobre las cuestiones que atañen a esas comunidades, como el barrio, el municipio o el trabajo, tiene cada uno una opinión mucho más acertada que la que puede ofrecer cualquier instancia superior de gobierno. Si, a su vez, las decisiones comunes de las sociedades inferiores, en lugar de quedar limitadas al uso interno, pudieran transmitir sus peticiones y necesidades las sociedades en que se engloban —comarca, región o reino, sociedades laborales, confederaciones— de modo que, escalón por escalón, tuvieran voz en las Cortes sin mediar partidos, se podría decir que todos tendrían la debida participación en los órganos gubernamentales.

Esta es la forma de representación defendida por una tradición de sensatez multisecular, que tiene sus antecedentes en las fuentes más remotas del pensamiento político occidental. Esta es la doctrina sostenida hoy por el Carlismo, que no se contenta con concebir abstractamente al hombre como elemento del conjunto social del que surge el Estado, sino más bien como ser sociable, enraizado en su patria a través de sus hijos, de su familia, de su pueblo y su trabajo; y que, por eso mismo, pone a la patria por encima de todo ello.

Esta forma tan natural de participación política, cuyas ventajas, fríamente consideradas, deslumbran por su evidencia, ha sido voluntariamente postergada y desprestigiada desde los tiempos de la Revolución Francesa, cuando triunfaron las ideas de Locke y Rousseau. En su designio de acabar con la sociedad precedente, recurrieron al ya viejo mito del hombre primitivo que, tras vivir solitario, libre e igual a sus semejantes, pactó la constitución de una sociedad en orden a hacerse más fuerte. A ella entregó los derechos que le asistían en su estado original, de modo que una voluntad general vino substituir a la suya individual, hasta el punto de que debiera sentirse personalmente libre cuando el gobernante por él elegido tomara cualquier decisión, por perjudicial que individualmente le resultase. Tras este mito late la idea racionalista de  un organismo de poder —el Estado— que, por aunar la voluntad de todos los individuos, tiene la ilimitada facultad de organizar la sociedad, sin consideración hacia las sociedades formadas naturalmente, cuya existencia sólo podrá ser tolerada, en la medida en que Estado no crea conveniente absorber sus funciones.

Don JavierEn la teoría tradicional, fundada en la experiencia de lo históricamente realizado, las sociedades más amplias se legitimaban desde las inferiores abajo, hasta culminar en un poder supremo, al que juraban acatamiento, a condición de que él jurase también respetar sus fueros y autonomía. A esto opone el derecho revolucionario un gobierno de poder omnímodo directamente adquirido de los individuos. Y, para ello, recurre al mito ancestral del pacto constituyente, sobre la cual se asienta aquel hondo prejuicio, ya denunciado, que identifica al gobierno, o al Estado, con el único sujeto posible de la acción política y social. Ese es el prejuicio que pide ser vencido cuando aflora de manera natural la indignación por el abismo entre las gentes y los gobernantes y se desea, con toda justicia, cambiar el sistema.

Unos objetan a esto que se trata de una solución reaccionaria, que pretende un imposible retorno al pasado, pero ¿cabe mayor retorno que volver a la situación, previa a toda historia comprobada, del hombre primitivo y solitario? Otros dicen que es cosa casi imposible realizar hoy un cambio tan profundo, pero ¿acaso la Revolución no supuso un cambio mucho más radical y antinatural?

José Miguel Gambra

 

 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Yes,we podemos (José Manuel Gambra)





José Miguel Gambra







Hace falta un grado elevado de ingenuidad para creer en la espontaneidad de los indignados del 15 de marzo. También hace falta para creer que los mandatarios de la democracia hayan representado, alguna vez, los intereses del electorado o para pensar que el poder omnímodo que confiere la Constitución a los partidos iba a verse libre de la corrupción. Eso no quita un ápice de razón a las protestas de marzo del 2011: lo que se llama crisis, como si fuera fruto del azar de la que nadie es culpable --cosa harto dudosa-- ha sido aprovechada para sumir a muchos en la miseria y para que bancos y poderosos se enriquezcan todavía más. La denominada corrupción política no ha hecho más que hacer patente el lado del que se colocan los supuestos representantes del pueblo. Se considere bajo el prisma democrático o desde la simple moral natural, ni el latrocinio, ni la usura tienen posible defensa y, por consiguiente, es perfectamente razonable el enfado de los que se manifestaron en marzo.

Aquellas algaradas no llegaron a plasmarse en nada de momento. Los que ya formaban parte del establishment político hicieron algún débil intento de utilizar aquel movimiento, pero, como era de esperar, nada lograron. En cambio una serie de jóvenes profesores, de inclinación comunista, vieron en la fuerza revolucionaria de los indignados la posibilidad de meterse en  el lucrativo negocio de la política democrática, sin necesidad de hacer el largo y humillante período de meritoriaje que exigen los partidos dominantes. Evidentemente la apuesta, que suponía destruir el principio fáctico del bipartidismo, tenía inmensas dificultades. Primero tenían que lograr presentarse como parte del movimiento de protesta, cuando ellos difícilmente podían contarse entre los más desfavorecidos. Habían dedicado un largo número de años a obtener licenciaturas, doctorados y costosos "másteres", signo inequívoco de un cierto poder económico. Por mucho que la crisis nos haya empobrecido a todos, ellos no podían presentarse como gente abocada a la miseria extrema. Por otra parte, el movimiento se calificaba a sí mismo como antisistema y negaba que el método mismo de representación tuviera legitimidad, lo cual exigía que su oferta contuviera unos cambios lo suficientemente profundos como para hacerse acreedores de ese calificativo y para adjudicarse el papel representativo que se negaba a las autoridades elegidas conforme al sistema vigente.

Ambos retos los ha resuelto la cúpula de Podemos, si no con imaginación, sí con una técnica extremadamente eficaz. Para ello ha aprovechado dos de los elementos irracionales enraizados en la mentalidad del español actual. El primero se refleja en el estilo de su propaganda, que entronca con el gusto yanqui que tanto lastra hoy nuestra conciencia y obnubila nuestra capacidad crítica. Incluye un número indeterminado de actitudes, usadas por Iglesias hasta la náusea, como el recurso, no a la retórica, sino a una dialéctica insultante plagada de alusiones personales; así como la faceta, no escasa, del histrionismo político que, por ejemplo, involucra al auditorio con interpelaciones contra sus críticos, para lograr el aplauso de sus propias gracias e ironías, y se suma luego a los aplausos, quizás para aplaudir que aplauden cuando deben hacerlo. Y otras muchas muletillas de political showman que no vale la pena considerar. Porque lo más importante es el propio "podemos", tomado de Barack Obama, que, como todos saben, usó repetidamente el slogan "Yes, we can" en sus campañas. Ese "podemos", convertido en tema central de la campaña, deja en la indeterminación a qué se refiere y a la postre, carece de sentido completo alguno. Pero su forma de primera persona del plural tiene dos importantes funciones. De una parte, asimila al orador con el auditorio y obliga a reconocerle como uno de los suyos, como uno de los indignados que el régimen ha perjudicado injustamente, cuando eso no es verdad. De otra parte, sirve para que los oyentes se sientan protagonistas de unos proyectos elaborados por una colección de tecnócratas en sus despachos. Pero eso también es  falso. Tan falso como el "hemos ganado" de los hinchas futbolísticos, que han asistido a la victoria de su equipo, aunque, en realidad, ellos han perdido unos cuantos euros y los jugadores se los han embolsado.

El segundo elemento irracional configura la mentalidad española de manera mucho más profunda. Un siglo de absolutismo ilustrado, otro de tiranía democrática y corrupta, con breves espasmos de anarquía republicana y de regímenes dictatoriales, seguidos, tras la guerra, por la verticalidad del régimen franquista y una nueva época de despotismo constitucional igualmente deshonesto. Todo ello ha apagado por completo cualquier idea acertada de auténtica participación de la sociedad en los mecanismos de gobierno y ha configurado una mentalidad de servilismo político, por completo desconocida en otras épocas. Desde el momento que se ofrece cualquier asunto que ataña al bien común, cualquiera sea la respuesta que un español dé, se verá invariablemente precedida por un impersonal "se debería hacer o prohibir..." o por un "el Gobierno debería...", que vienen a ser lo mismo. La idea de que el actor de la decisión pudiera ser distinto del ejecutivo no se le pasa a nadie por la cabeza.

El carácter antisistema de las protestas de marzo incluía un oscuro atisbo de la auténtica representación, que no consiste sino en ocupar el lugar de los representados, recogiendo sus propuestas y defendiendo sus intereses a la hora de tomar decisiones comunes. Pero, gracias a los buenos oficios de la cúpula de Podemos, esa exigencia perfectamente justa y natural, quedó reducida a otra cosa completamente diferente. Apelando subrepticiamente a la mente políticamente servil unánimemente fomentada, desde ángulos diversos, en los últimos siglos, la representación se ha convertido en el representante, que aclamado como encarnación de la voluntad popular, sustituye con sus propias decisiones las que hubieran podido tomar aquéllos a quienes dicen representar. Pablo Iglesias declara que "aquí se puede discutir de todo", pero quien le recuerde las penalidades que pasan los venezolanos es expulsado por los gorilas que le acompañan; si hay un grupo que disiente de sus propuestas, se las arregla para que no tenga cargo alguno en la cúpula del partido; si un periódico desfavorable quiere asistir a sus actos públicos, entran de nuevo en juego los gorilas.

Una vez identificados sus sostenedores y votantes con la persona misma de Pablo Iglesias, gracias al recurso oratorio del "podemos" y, dada la incapacidad que hoy padecen los españoles para concebir con claridad el sistema de representación real, no les ha sido difícil a los próceres del partido dirigir el cambio de sistema hacia una dirección diametralmente opuesta a la que propugna recoger y apoyar las preocupaciones reales de la gente en las instancias más altas del poder. El cambio antisistema, en vez de acortar las distancias entre el ciudadano y el parlamentario, promete convertirse en otro sistema despótico donde el gobernante, una vez elegido, hará de su capa un sayo. Y ese sayo, por voluntad de Iglesias, será una dictadura, del proletariado, pero dictadura. A fin de cuentas lo ha dicho él mismo. Ha prometido hospitales, enseñanza universal, acabar con el paro, acelerar la economía y otras mil maravillas. De todo ello puede prescindirse, como denominador común a la campaña de cualquier partido. De lo que no cabe prescindir es de cómo piensa hacerlo. Porque pretende  hacer saltar lo que él llama "candado" de la Constitución. Sí, de esa misma Constitución que es "paraguas de la libertad" para los demócratas. Y lo piensa hacer, no desde luego para acrecentar las pocas y engañosas garantías reales que contiene, sino para poder hacer una política "de fuerte intervención estatal". Más claro, agua: las decisiones las tomará el partido único, es decir él mismo.

Es notable que desde los partidos establecidos, las voces de alarma que se están dando contra Podemos pretendan asustar a los españoles diciéndoles que una victoria electoral de Iglesias y Cía. traería deterioro económico, más paro, concesiones al terrorismo, descrédito internacional... Es decir, exactamente lo mismo que ha traído la última victoria (es un decir) electoral del Partido Popular. Parecería que, en el fondo, los reconociesen como de los suyos, y su única objeción es que no quieren repartir el pastel.

Podemos dice haber recogido la antorcha del 15 de marzo y con ello ha hecho desaparecer cuanto podía haber de sentido común y sana racionalidad en todo aquello. Siempre me ha maravillado la pervivencia de esos comerciales que vienen a casa, muy serios, para proponernos, por ejemplo, novísimos sistemas de calefacción. Si perduran será porque su cháchara logra ganar la confianza de algunos, que acaban por poner en sus manos el asunto, sin ejercer la menor crítica ni comparación. Como esos sacamuelas predican la importancia del aislamiento, la importancia del impacto medioambiental, y ponderan la transcendencia de ahorro que se logrará si se les entrega el proyecto, así Iglesias pinta con tintes dramáticos la situación de la patria en peligro y, a fin de cuentas, viene a decir que él merece una confianza de la que no se hacen merecedores otros. ¡Y funciona! Ya se ha olvidado la unción con que --hace nada-- se miró a Felipe González o a Rodríguez Zapatero (no digo a Rajoy, porque eso sería demasiado).

Y, sin embargo, es posible un sistema de representación verdadera que no exige entregarse en cuerpo y alma a quienquiera que sea ni, menos aún, concederle la carta blanca de universal alcance que pide Iglesias. Pero de eso, otro día.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Castilla y León, a la cabeza del rechazo frontal al estado de las Autonomías.


Castilla y León, a la cabeza del rechazo frontal al estado de las Autonomías.

 

A nadie se le escapa en estos tiempos de crisis, que el principal motivo del descalabro de nuestra economía y del tremendo agujero negro en el que se encuentran las arcas del estado, una vez llamado España, ha sido, es y si nadie lo remedia, seguirá siendo, el modelo territorial, que a una cuadrilla de iluminados y otros pocos románticos, se le ocurrió establecer hace más de 3 décadas y que hoy en día, nadie puede poner sobre la mesa ni un sólo motivo que lo justifique.

 

Ni un sólo argumento que pueda convencer a los cada vez más españoles contrarios a este sistema de separación de territorios, que con la división en regiones o comunidades autónomas o paises, o como coño lo quieran llamar, depende donde se encuentre quien lo haga, haya mejorado en algo la calidad de vida, los servicios, la atención a los ciudadanos o el bien estar social, de los habitantes de todas y cada uno de estos trozos de lo que fue España.

 

Es curioso, que a pesar de haber duplicado, incluso triplicado administraciones, la gran mayoría de los ciudadanos hemos perdido cercanía y atención en los asuntos más transcendentales.

 

Por supuesto, que quienes organizaron y manipularon la geografía la historia y en muchos caso, como el nuestro, nos cambiaron nuestras señas de identidad y sus allegados y amigos que duda cabe, está más que satisfechos con el actual sistema.

 

NOS HA JODIDO; COMO PARA NO ESTARLO!!!!!

 

Por cercanía, me remito a la comunidad a la cual dicen que pertenezco al contrario de lo que digo yo, que no es otra que el enjendro que parieron a orillas del pisuerga, después de engañar, manipular y modificar los mapas.

 

Ese engendro mal llamado Castilla y León, como se ha ido demostrando a lo largo de estos más de 30 años, hoy en día es habitado por unos dos millones de Castellanos y de Leoneses y otro medio millón de "CASTELLANOLEONESES".

 

https://es-mg42.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=b9fkfupfnrghb

No deja de ser una paradoja, que siendo la comunidad con más voces pidiendo la vuelta a un estado centralizado, la única de todo el territorio nacional en la que, a excepción de los Vallisoletanos (y no todos) no hay sentimiento alguno de región, casualidad digo a pesar de todo es que nos siguen gobernado desde casi tiempos ancestrales, los que sistemáticamente han desmantelado 8 de las nueve provincias que la componen para centrar el futuro y el desarrollo en su "gran capital".

 

Lo que no es producto de la casualidad es que, si lleva esta camarilla haciendo y deshaciendo a su antojo y comprando voluntades para distorsionar muy mucho la cruda realidad de esta comunidad tantos años es porque, tanto en Valladolid como en Burgos, por ejemplo, las urnas así lo han querido.

 

Por lo tanto y aunque algunos no nos lo merecemos, no queda otra que repetir de nuevo esta frase que suena a resignación y a confesión de culpabilidad

 

: "TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS"

 

Pues bien, como decía antes, voy a plantear una pregunta, esta vez a los que en Castilla y en León vivimos, nacimos o pacemos:

 

Ahí va mi pregunta:

 

Alguien, a excepción de los antes mencionados, beneficiarios directos de parte de este pastel, puede señalar UN SOLO BENEFICIO que nos haya reportado la descentralización del estado??

 

Solamente necesito UNA, ni tres ni siete, UNA. Yo llevo unos cuantos años buscándolo y no hay manera de hacerlo aparecer. No existe, por mucho que se empeñen en hacérnoslo creer desde Valladolid o desde los panfletos del gobierno regional, llamados diarios de noticias, periódicos o emisoras de radio y televisión.

 

Todo se ha duplicado. Todos los trámites se han alargado y se siguen haciendo fuera de las provincia,  igual que antes.

 

 

Los colegios, centros de formación, institutos etc, no los inventó la Junta, ya existían.

Hospitales, centros de atención primaria, carreteras, patrimonios culturales, transportes, máquinas quitanieves y médicos rurales eran gestionados por el gobierno central o en su caso por el Gobernador Civil de cada provincia y se acabó, sin más parafernalias.

Hoy el recorrido para cualquier tipo de trámite en vez de a Madrid nos lleva a Valladolid, Es decir, igual que antes, pero peor.

 

Hoy hay un gobierno en Madrid y otro en Valladolid, de los que dependen un delegado del gobierno de Madrid, que está en Valladolid, un subdelegado del delegado del gobierno de Madrid, que está en la capital de cada provincia. A su vez, del gobierno de la comunidad aparecen consejerías, viceconsejerías, secretarías, direcciones territoriales, direcciones generales, todas ellas, también en Valladolid, y directamente de Arroyo de la Encomienda nos han colocado en cada provincia un delegado territorial, que depende del gobierno autonómico, que nadie sabe realmente cuál es su misión, ya que todos los trámites cuya competencia es de la junta, se acaban resolviendo allí, en Valladolid.

 

Cabe señalar, que el área de empleo tiene funcionarios dependientes de la junta de CyL y otros del gobierno de España, al igual que alguna oficina de sanidad, que aún teniendo asumidas las competencias el gobierno pucelano, dependen, ni ellos saben el porqué, del ministerio de sanidad.

 

Acabo con un ejemplo, claro y conciso, que resume la absoluta sinrazón del estado autonómico.

 

Algo tan simple como legislar para unificar, por ejemplo, el horario de cierre del bar que tengo bajo mi casa, antes se gestionaba y se decidía aquí y el Ayto y el Gobierno Civil esran quienes, según criterios del momento o las circunstancias, señalaban dichos horarios. Hoy, Sre y Sras, esto se escribe en Valladolid, como no podía ser de otra manera.

 

Puedo seguir horas y horas, porque es ilimitado el número de atropellos, sinrazones y manipulaciones que en nuestro caso se llevan a cabo desde la capital administrativa de la comunidad, pero lo voy a dejar, de momento aquí.

 

 

Para rematar la faena y a raíz de la encuesta que estos días se ha realizado en España y cuya pregunta era decantarse por el modelo territorial actual o volver al modelo centralizado de gobierno, solo quiero hacer un par de matizaciones. La primera no es sino la confirmación de lo razonable y es que Castilla y León está a la cabeza de las comunidades que rechazan el actual modelo y piden una recentralización del estado y la segunda es que, a pesar de estar los primeros, un 38% me parece un porcentaje un tanto pobre, ya que según mis cálculos los realmente apegados a CyL y quienes pueden sacar algo de provecho de este sistema, no son más de un 35%.

 

Es decir, que casi un 30% de los habitantes de CyL o no saben o no contestan o leen en la prensa la sección CASTILLA Y LEÓN, sin darse cuenta de la manipulación y la sarta de demagogias y sinsustancias que vomitan dichas secciones, por cierto, no fruto de la casualidad sino del meticuloso análisis del impacto propagandístico que cada artículo o noticia hará sobre las personas a las que van dirigidos.

 

 

En otra ocasión y al respecto de este tema, iré enumerando uno por uno, no ya los beneficios, sino las grandes pérdidas que nuestra provincia ha sufrido, tanto económicas como patrimoniales como a nivel de infraestructuras, por ejemplo, desde que se consumó esta gran mentira llamada Castilla y León.

 

Por cierto. Si a alguien se le ha iluminado alguna bombilla y ha sido capaz de descubrir esa única razón por la que sentirse castellanoleonés, que no lo dude y nos lo haga saber. De rectificar y pedir perdón siempre hay tiempo y si así hay que hacerlo, seré el primero.

 

Control social (Juan manuel de Prada)

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  • Juan Manuel de Prada
    Juan Manuel de Prada

    Control social

    Mucho peores que los sicarios del Nuevo Orden Mundial son esos felones que, desde posiciones «equidistantes», tratan de descalificar a quienes se juegan el tipo, aduciendo que la «crítica sistemática» no es de recibo, que hay que ser «constructivos», que no se puede ser «profeta de calamidades», etcétera. Contra estos tibios y fariseos que, so capa de moderantismo y «positividad», impiden u obstruyen la confrontación de ideas, escribió Chesterton La esfera y la cruz. Sin duda, el «pensamiento positivo» (que no es sino el disfraz de decencia que se pone la más abyecta corrección política) es uno de los instrumentos más aciagos de control social que el sistema ha introducido en nuestras vidas; y sus apóstoles, bajo su apariencia modosita, los más peligrosos jenízaros de la ideología mundialista.
    En un libro muy notable que acabo de leer, Oligarquía y sumisión (Ediciones Encuentro), José Miguel Ortí Bordás se refiere muy acertadamente a esta nueva forma de control social o dominación de las conciencias que ya no actúa, como en los totalitarismos clásicos, allanándolas y forzándolas, sino moldeándolas a su gusto, adaptándolas complacientemente a los paradigmas culturales y políticos vigentes, y reduciendo a los pueblos a la categoría de rebaños gustosamente esclavizados, corifeos de la corrección política y del pensamiento positivo, fundado sobre una antropología optimista (¡el hombre es buenecito y, a poco que lo dejen, irá perfeccionándose todavía más!). Por supuesto, este control social se logra sin que nadie tenga la impresión de estar obedeciendo, sino abrazando libremente (¡con entusiasmo de lacayos fervorosos!) sus directrices. Y, una vez logrado el control completo, el discrepante será automáticamente visto como un desviado o un demente peligrosísimo.
    Mucho más importante -nos recuerda Ortí Bordá- que alcanzar el poder político es conseguir el control social, pues de hecho el poder político no es más que el ejercicio efectivo de un control social previo, en el que las diversas oligarquías, con sus negociados de derecha e izquierda, pueden turnarse tranquilamente, admitiendo de vez en cuando nuevos socios en el reparto del pastel. Por control social debemos entender los mecanismos sibilinos de psicología de masas que logran el sometimiento de las conciencias a los paradigmas culturales de cada época (llámense 'capitalismo financiero', 'derechos de bragueta', 'consumismo', 'ideología de género', etcétera), ante los que se allanan sin darse cuenta, con la misma naturalidad con que respiramos. La finalidad de este control social no es otra sino reforzar la tendencia a la conformidad y lograr que los comportamientos «desviados» sean automáticamente reprimidos por el propio cuerpo social, que hace sentir a quien osa comportarse o pensar de forma «desviada» como una suerte de apestado. Para lograr el control social sobre los pueblos, previamente se destruyen las tradiciones culturales y religiosas que los vinculaban y hacían fuertes, hasta convertirlos en una mera agregación de átomos extraviados e individualistas (¡y con conexión a interné, oiga!); una vez rotos todos los vínculos, a esa agregación de átomos condenados a la intemperie espiritual se les da un catecismo gregario que endiose sus apetitos, al que gozosamente se adhieren mientras todos sus bienes materiales y espirituales son saqueados, de tal modo que «toda contradicción parezca irracional y toda oposición imposible», tal como establecía Herbert Marcuse en El hombre unidimensional. 
    Naturalmente, en este tipo de sociedades desintegradas es fácil criar individuos (como las hormigas crían a los pulgones) que consideren que el sistema político y social es difícilmente mejorable. La única discrepancia aceptable, que inmediatamente será asimilada por los negociados de derecha e izquierda existentes, será la que acepte las coordenadas prefijadas por los paradigmas establecidos; y en el caso de que tal discrepancia adopte apariencias airadas, se arbitrará un nuevo negociado ('marcas blancas' del sistema) que, con el reclamo de rebelarse contra alguno de los paradigmas vigentes, fomente la aceptación del resto. Así, por ejemplo, se permitirá al rebaño rebelarse contra los abusos del sistema financiero, siempre que no dejen de reclamar aborto y demás derechos de bragueta; pues el Nuevo Orden Mundial sabe bien que el mejor modo de saquear a la gente y así abastecer mejor los mercados financieros consiste en exaltar la lujuria y prohibir la fecundidad, para que la gente no tenga hijos y el expolio que sufre no lo perciba contra un atentado contra su prole.
    Así, mediante este sutilísimo control social, nos llevan al matadero.

    viernes, 24 de octubre de 2014

    La historia ¿se repitte?


    Pablo Iglesias, como Hitler

    Adolf Hitler se erigió en canciller de Alemania en 1933 al alcanzar el poder por sus siniestras maniobras políticas, por su habilidad para aprovecharse del descontento ciudadano y de la inestabilidad económica provocada por la Gran Depresión, con la promesa de que combatiría la corrupción política, controlaría la fortuna de los ricos y, sobre todo, con una potente propaganda y concentraciones masivas para lograr el apoyo popular gracias a su talento oratorio, su verborrea, para manipular a los alemanes al hacerles creer que él, y solo él, lograría un país mejor tras la humillación sufrida por el Pacto de Versalles. Su objetivo: un Nuevo Orden.
    La Asamblea de Podemos este fin de semana en el Palacio de Vistalegre se parece demasiado al Putsch de Múnich, donde Hitler, representando todavía al Partido Obrero Alemán, vociferó en contra de la “casta” política alemana y prometió a las masas enfervorizadas que si llegaba al poder eliminaría a todos los corruptos y se ocuparía de mejorar la vida de los alemanes. Conviene recordar también, que la irrupción del Partido Nazi en la política alemana se produjo por la debilidad e inconsistencia de los partidos tradicionales, desgastados por la falta de liderazgo y, en efecto, por la corrupción. Todo demasiado parecido: el caldo de cultivo perfecto para que emerja un movimiento mesiánico que hipnotiza a los descontentos, a los indignados por las tarjetas opacas o los eres, a los parados, a los desesperados y a los ingenuos. Sin olvidar también las concentraciones de masas y la propaganda, a través de las televisiones y el hábil manejo de Internet.
    Pablo Iglesias todavía no ha escrito un libro como “Mi lucha” (“Mein Kampf”), pero está en ello. Este sábado, ante un público entusiasmado y rendido comenzó a redactarlo. Copiando una frase de Karl Marx ha dejado ya entrever las primeras líneas de su manifiesto: “El cielo no se toma-dijo- por consenso; se toma por asalto”. Muy marxista o nazi, tanto monta.
    Hitler nada más llegar al poder ejecutó o recluyó en campos de concentración a los diputados comunistas y socialdemócratas, para luego ilegalizar a todos los partidos; eliminó la libertad de expresión y, por ende, cerró todos los periódicos que no le apoyaban; aniquiló el respeto a la propiedad privada y prohibió la libertad de reunión o asociación, entre las muchas medidas monstruosas que tomó. Destruyó de un plumazo la democracia y la libertad.
    Pablo Iglesias al irrumpir entre ovaciones en el escenario del Palacio de Vistalegre ha reconocido que quiere llegar al poder como sea (“No nos conformamos con llegar hasta aquí, hemos salido a ganar”), que Podemos supone el principio del fin de la política española actual (“A por ellos”, gritó), que su partido significa “un cambio de fase”. No explicó, sin embargo, cómo se llega al poder por asalto, ni qué significa un cambio de fase. Aunque hay que temerse lo peor. Pues Pablo Iglesias, como tantos políticos, solo insulta a los adversarios, les ridiculiza y ataca su comportamiento y su gestión. Vaguedades. Pero no explica sus propuestas para resolver los problemas que, en efecto, lastran la situación social y económica de España. Solo dice lo que va a destruir, no lo que va a construir. Eso se sabrá si algún día toca el poder. Se sabrá lo que va a destruir, sobre todo.
    Pablo Iglesias no tiene un compacto bigote como el de Hitler, apenas una pelusilla; eso sí, luce una famosa coleta. Pero son como hermanos gemelos en cuanto a la verborrea populista y manipuladora, el acusado desprecio a los adversarios políticos, el interés en controlar los medios de comunicación, el escaso respeto a la Constitución, a la propiedad privada; para resumir, el odio a la democracia, a la libertad, a las leyes, a la estabilidad. La toma del poder por la insurrección es su única bandera. Y, sobre todo, dice lo que quieren escuchar los millones de españoles hartos de la torpeza y errores de los partidos tradicionales, de la corrupción galopante, del desbarajuste político.
    Hitler surgió, como Iglesias, desde las filas de un partido populista y obrerista y terminó donde siempre estuvo: en el fascismo más criminal y nefasto que jamás haya existido. Podemos, si algún día toca el poder, se iría al otro extremo: al comunista totalitario y también criminal de Stalin, como sus mentores los Castro o Chávez. Los extremos se tocan. Pues el fascismo y el comunismo han resultado los movimientos más destructivos y letales de la Historia de la Humanidad. Sus mayores enemigos siempre han sido la libertad y la democracia.
    A Hitler al principio nadie le tomaba en serio, le tildaban de payaso. Y destruyó Alemania y medio mundo al provocar la más monstruosa guerra de la Historia. Iglesias también parece un payaso. Pero no hay que tomárselo en broma. Pues, además de payaso, supone el mayor peligro que acecha ahora a España. También tiene como objetivo un Nuevo Orden. No es broma.

    martes, 21 de octubre de 2014

    Fábula con humor


    Fábula

     

      Había una vez un rey que quería ir de pesca.

      Llamó a su pronosticador del tiempo y le preguntó el estado del mismo para

      las próximas horas.

      Éste lo tranquilizó diciéndole que podía ir tranquilo pues no llovería.

     

      Como la novia del monarca vivía cerca de donde éste iría, se vistió con sus mejores galas.

      Ya en camino se encontró con un campesino montado en su burro quien al ver al rey le dijo:

      Señor es mejor que vuelva pues va a llover muchísimo.

     

      Por supuesto el rey siguió su camino pensando:

      Que sabrá este tipo si tengo un especialista muy bien pagado que me dijo lo contrario.?

      Mejor sigo adelante.

     

      Y así lo hizo y, por supuesto llovió torrencialmente.

      El rey se empapó y la novia se rió de él al verlo en ese estado.

      Furioso volvió a palacio y despidió a su empleado.

      Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto pero éste le dijo:

      Señor, yo no entiendo nada de eso, pero si las orejas de mi borrico están caídas quiere decir que lloverá!

     

      Entonces el rey contrató al burro.

     

      Así comenzó la costumbre de contratar burros como asesores,  que desde entonces tienen los puestos más remunerados en el gobierno.