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domingo, 16 de febrero de 2020

Democracia Cinco lecciones del brexit, y casi ninguna es económica

Cinco lecciones del brexit, y casi ninguna es económica

Las consecuencias económicas que tendrá el brexit son complejas, porque dependen de múltiples variables, pero cabe extraer cinco lecciones del ‘bye bye’ del Reino Unido. Y todas tienen que ver, no con la economía, sino con la libertad.

1.- Siempre han sido islas
La geografía -y no sólo la historia- imprime carácter. Y el Reino Unido ha sido siempre una isla (o isla y media, contando a Irlanda del Norte). Política y económica. Y no pequeñita como titulaba interesadamente The Guardian su portada. Sigue siendo una potencia económica de primera magnitud, y una importante base financiera. Pero siempre isla, orgullosa y un punto recelosa frente a la Unión Europea. Siempre ha tenido un pie fuera -no estaba en el euro ni en el espacio Schengen-; y mirando constantemente a su primo-hermano del otro lado del Atlántico. 
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Es difícil saber si el adiós a la UE será una catástrofe, un beneficio o un poco las dos cosas, lo cierto es que el brexit le va a permitir estrechar relaciones con EEUU, y con Canadá, Australia y otros países de la Commonwealth, una vez rotos (o aflojados) los lazos de un sistema en exceso regulador, que actuaba como freno en las relaciones comerciales. Y, en todo caso, no estamos ante una ruptura total porque Londres y Bruselas tienen demasiados intereses económicos comunes. Gestionarlos es, a partir de ahora, capítulo esencial en el proceso de negociaciones que inician. 
La cuna de Stuart Mill ha apostado por una mezcla de liberalismo y pragmatismo. Como apunta Gregorio Luri, los británicos saben que en el contexto de la globalización, “en el que el Pacífico va para arriba, el Atlántico va para abajo y el Mediterráneo es un lugar de turismo y museos arqueológicos, si no estás actuando donde se cuecen las cosas, quedas marginado”. Y por tanto al Reino Unido no le cuesta mucho dejar atrás a “una Europa que no puede creer en sí misma por la sencilla razón de que no sabe quién es”.
2.- O nos creemos la democracia o no nos la creemos
Dejando de lado, las consecuencias económicas, lo que se ventila es un asunto de soberanía nacional y -unido a este- de democracia. El establishment político y mediático de Occidente se echó las manos a la cabeza ante el resultado del referéndum de David Cameron, y desde entonces ha vaticinado las doce plagas de Egipto para el Reino Unido y el resto de Europa; igual que criticó el resultado del referéndum que en Colombia dijo “No” al plan de paz con los terroristas de las FARC, o la victoria de Trump en las elecciones de EEUU. Hasta el punto de pedir que se repita el referéndum, para que el ciudadano británico vote correctamente. 
Descalificar a tractoristas y jubilados, convirtiéndolos en electores de segunda, frente al ilustrado voto joven y urbanita es cargarse el pilar de la democracia
Lo cual supone insultar a los votantes británicos y enmendar la plana al propio sistema democrático. Máxime cuando se ha argumentado que primero, salió el brexit porque el pueblo fue engañado. Y segundo, que salió gracias al voto rural y de los viejunos. Respecto al engaño, hay que recordar que todas las campañas electorales están plagadas de mentiras como una casa y los líderes prometen la Luna y luego si te he visto no me acuerdo. Y descalificar a tractoristas y jubilados, convirtiéndolos en electores de segunda, frente al ilustrado voto joven y urbanita es cargarse el pilar de la democracia: “cada persona, un voto”, y cada uno tiene el mismo valor. 
Como escribió Candela Sande en este periódico: “Si un pueblo es lo bastante tonto como para dejarse engañar, eso es un argumento general contra la democracia, no contra este referéndum en concreto”. Y “si hay que repetir las consultas democráticas hasta que salga lo que quiera el poder, la democracia es una filfa”. O nos creemos la democracia o no nos la creemos. 
3.- Y el cáncer de la UE es, precisamente, el déficit democrático
Lo que nació como un Mercado Común para relanzar económica y comercialmente al Viejo Continente, con el Tratado de Roma de 1957, ha devenido superestructura despótica que entra en la soberanía de los países miembros como un elefante en una cacharrería. Es el famoso déficit democrático de la Unión. No hay más que ver como ha ido acaparando competencias sin rendir cuentas a nadie. Y diseñando políticas, a espaldas de los ciudadanos de los países miembros.
Lo ha explicado con meridiana claridad el británico Daniel J. Hannan, en el Parlamento Europeo. Mientras el club fue una Comunidad Económica, no problem. viene a decir. Porque era una asociación de estados interesados en el comercio y la economía. Todo cambió con el Tratado de Maastricht (1992), cuando “la jurisdicción de la UE” comenzó  a extenderse “a una serie de campos no económicos: política exterior, cultura, migración, derechos de los ciudadanos, etc.. (…) La aspiración era tener a la UE como un cuasi Estado con una bandera, un parlamento, una moneda, un presidente, una embajada externa”. 
El resultado casi 30 años después de Maastricht es que una elite burocrática -que, ojo, nadie ha elegido- mangonea a soberanías nacionales. De una forma menos polite que mister Hannan, lo expresaba el actor Michael Caine, que no oculta sus orígenes proletarios: “Voté a favor del brexit porque oí hablar a Jean-Claude Juncker [presidente de la Comisión Europea]. Este hombre era el ex gobernante de un país casi tan pequeño como una emisora de radio (Luxemburgo); y le oír decir lo que tenía que hacer David Cameron, el premier de mi país y una persona a la que sí había votado”. Y añade: “¿Quién había elegido a Juncker? ¿Y para qué? Me pareció una broma”.
(sumario)  Como en el Estado soviético, nadie elige a los mandamases de Bruselas, se castiga al disidente, y se difunde la corrección política convirtiéndola en una ideología represora
4.- Y no solo despotismo político, sino también ideológico
Lo inquietante es que ese supergobierno no solo se extralimita en su papel político, sino que va más allá e impone dogmas en el terreno ideológico. Un antiguo disidente de la URSS,  Vladimir Bukovski establece un sorprendente paralelismo con la UE. Como en el Estado soviético, nadie elige a los mandamases de Bruselas, se castiga al disidente, y se difunde la corrección política convirtiéndola en una ideología represora.
Es el caso de las políticas de Género, que la UE promueve, impone y financia. Una clara extralimitación de su papel, al invadir la esfera privada de los ciudadanos para dictar cómo deben pensar o comportarse.  
Un par de ejemplos. El Instituto Europeo para la Igualdad de Género cuenta con más de 52 millones de euros para incorporar la perspectiva ‘Gender’ a las políticas nacionales. Uno de sus objetivos confesos es “educar la conciencia de los ciudadanos de la UE en la igualdad de géneros”. Y Bruselas financia a ONGs proLGTB para imponer la agenda de género a los 500 millones de residentes de los países súbditos. Una de ellas es la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), financiada en un 70% con fondos europeos. El otro 30% está cubierto en su mayor parte por la Open Society, la organización del magnate George Soros.
Quienes mejor lo ven son quienes han sufrido la opresión del Este. El filósofo polaco Ryszard Legutko, ex ministro de Educación y europarlamentario, sostiene en su libro The Demon in Democracy, que las ideologías dominantes de la Europa actual -en la que se incluyen instituciones como la UE- empieza a parecerse al comunismo soviético. 
Como detalla Jorge Soley en un artículo, estamos cada vez más expuestos a una omnipresencia de la ideología dominante que “permea las vidas públicas y privadas, emana desde los medios, los anuncios, las películas, el teatro y las artes visuales, se expresa a través de lo que se nos presenta como el ‘sentir común’ y de unos descarados estereotipos, y mediante los currículos educativos, desde el parvulario a las universidades”. 
5.- Puede servir para que la UE haga autocrítica
Quizá el denostado brexit le preste un servicio a la propia UE, si es capaz de hacer autocrítica. Si los británicos se han ido no es porque sean unos fatuos aislacionistas o unos cafres ignorantes y populistas, sino porque quizá la UE no es tan perfecta como ella misma cree. De alguna manera el brexit pone a la vieja Europa frente a sus contradicciones. No es probable que ocurra, pero la UE, o mejor dicho la eurocracia de Bruselas, debería apearse de su arrogancia y admitir que no es ni un Imperio, ni una supernación. 
Por más que Churchill hablara de unos Estados Unidos de Europa, la UE no es tal cosa, ni los países miembros son Estados federales, como Virginia, Delaware o Massachussetts. Tampoco es el Sacro Imperio de Carlomagno, ni siquiera la Cristiandad, de nuestro Carlos V. 
Es -o ha llegado a ser- más bien una superestuctura funcional y postiza. Unas siglas. Ni más, ni menos. Y nadie da la vida por una siglas. Por España, Britania o Alemania, tal vez, aunque a uno le asaltan las dudas viendo a los millenials o los chavales la generación Z. Pero por unas siglas, menos todavía. A la UE se le podría aplicar aquello de Julio Camba: “Morir por la democracia es como morir por el sistema métrico decimal”.

jueves, 11 de julio de 2019

Viktor Orban, el húngaro que seduce a las masas ( Hermann Terstsch)


Viktor Orban, el húngaro que seduce a las masas


Artículo de Hermann Terstsch, que Twitter censuró ayer en su cuenta, pero fue publicado en ABC:



El húngaro que seduce a las masas

Xenófobo, corrupto, ultraderechista y dictador. Y se pidieron sanciones contra su país. Esa bestia negra, ese hombre tan vituperado en Estrasburgo es Viktor Orban, en su juventud activista anticomunista en la clandestinidad, hoy el jefe de Gobierno con mayor apoyo popular de la UE en tres elecciones parlamentarias impecables. Había que verlo estos días en Estrasburgo. Allí estaba el líder de un partido que gobierna por la masiva voluntad de los ciudadanos y con dos tercios del parlamento húngaro, siendo acusado de dictador por comunistas, verdes y socialistas con partidos minoritarios de sus países. Se escenificaba con toda crudeza aquello que Orban denuncia como la gran hipocresía de esa hegemonía cultural de la izquierda que ha secuestrado la UE por la sumisión a la misma de los partidos democristianos y centristas.

El problema de Orban con la UE no son las regulaciones legales como algunos pretenden. Ni la persecución de nadie. Siempre que hubo diferencias y denuncias contra Hungría se adaptaron las leyes húngaras para adecuarlas a las directrices europeas. Lo que no acepta Orban que representa a los húngaros como nadie representa a su país hoy en el Consejo Europeo, es que les impongan desde Bruselas, Berlín y París o desde las ONG financiadas por George Soros la política socialdemócrata con leyes feministas y de LGTB que rechaza masivamente. Como tampoco aceptan que otros dirigentes políticos les impongan unos refugiados e inmigrantes que destruyan su sociedad como han hecho con otras. Como cada vez más europeos, considera que protegidos por su soberanía nacional pueden garantizar mejor su libertad, seguridad e identidad.

Viktor Orban, en su juventud activista anticomunista en la clandestinidad, hoy el jefe de Gobierno con mayor apoyo popular de la Unión Europea

Orban tiene muchas más credenciales democráticas que la inmensa mayoría de los mantenidos parlamentarios de Estrasburgo. Y su única debilidad real podría estar en ese mal que afecta a todos los que tienen mucho tiempo mucho poder, la corrupción propia o del entorno. Pero en democracia nadie puede darle lecciones. Menos aun quienes violan la voluntad popular como un Gobierno español alimentado por los enemigos del Estado. Él luchó contra el comunismo. Él fue jefe de Gobierno en 1998 y cuando perdió las elecciones en 2002 se fe a su casa. Tardó ocho años en volver y ganar limpia y abrumadoramente con más del 52% y repetir desde entonces. Lo hizo con un partido de derechas que no pide perdón a nadie por serlo. Orban dio y ganó la batalla cultural y desde entonces la izquierda ha desaparecido como alternativa. En Hungría como en Polonia, la política del igualitarismo con vocación totalitaria y excluyente, basado en el resentimiento social, en el poder supremo y supuestamente benéfico del Estado y el blanqueamiento de los crímenes en nombre de la ideología marxista en el siglo XX no es ya opción de gobierno.

En Varsovia, la alternativa a la derecha son los liberales. Y en Budapest lo es la extrema derecha de Jobbik. ¿Cómo no va a estar en pánico la izquierda? Orban es la derecha democrática que demuestra que se puede acabar con esa superioridad cultural de la izquierda y con el permanente recorte de libertades y erosión de identidad nacional y de respeto a la familia y a la persona que la izquierda impone en toda Europa. Sin nada que aportar en la economía, si se le despoja de su instrumento de dominación cultural, la izquierda marxista simplemente desaparece. Eso sí, el mismo miedo tienen a Orban esos lideres de partidos que viven de votos de derecha para después consensuar su política con la izquierda. Los votantes se les van en masa, como Merkel puede constatar. Un fantasma recorre Europa. Es el de una gran revuelta contra la hasta hoy todopoderosa socialdemocracia y su sistema, otrora incuestionable, de la supremacía cultural neomarxista. Un fantasma que de momento tiene nombre húngaro.


Viktor Orban, primer ministro de Hungría


Última edición por ALACRAN; Hace 2 días a las 22:16

domingo, 26 de mayo de 2019

Enseña europea (Serafín Fanjul)

La cita  


“¿Se habrán percatado de que, hoy por hoy, la enseña azul de las estrellas [la bandera de la UE] a muchísimos europeos –sospecho que inmensa mayoría– nos suscita menos emoción que los gallardetes de El Corte Inglés y si nos recuerda algo es la mangancia de la burocracia de Bruselas?”

miércoles, 27 de marzo de 2019

Que se esconde tras la creación de la UE


Que se esconde tras la creación de la UE


ReynoDeGranada
                                           ***
https://nationalvanguard.org/2018/11...piracy-theory/

Escritor del New York Times : la conexión judía con la inundación de refugiados "no es una teoría de la conspiración"

BARI WEISS, un escritor de opinión del New York Times y miembro de la comunidad judía de Squirrel Hill, admitió durante una entrevista en la NPR que el supuesto argumento del tirador Robert Bowers de que los judíos estaban detrás de la invasión masiva de migrantes del Tercer Mundo es cierto y no una "teoría de la conspiración".

sábado, 2 de marzo de 2019

Otra Europa

Otra Europa 
(Actuall)
Sobre lo que expresas de que España permanece lastrada en el siglo XIX y no avanza hacia una integración plena con Europa,  no es tan así, es mas por querer integrarse a esa Europa que por siglos nos desprecio con el consabido “África empieza en los Pirineos", es que hoy tenemos el problema catalán y el de las izquierdas que desean destruirla a como sea, metiendo inmigrantes por millones y de culturas opuestas a España, asesinando en los legrados a los futuros hijos de la Patria y depravando a la juventud, todo por hacernos graciosos a esa Europa Socialdemócrata y Feminista, por todo ello se hizo una Constitución tan imbécil como la del 78, y se les dio vida a los vencidos del 36, cuando era de esperar que vendrían con ansias de venganza. 
Todo lo que hay en España hoy día ha sido por el desespero de entrar a esa Europa, a esa Comunidad que se está suicidando y que por décadas se ha dedicado a discriminar al hombre blanco europeo, heterosexual y Cristiano. 
Hoy día, mientras más nos adentremos en ella, será peor; a ella solo se debe ir con el espíritu de modificarla y sea la Europa de las naciones. Para eso, primero hay que arreglar los asuntos internos de España. 
Nuestra ansiedad por pertenecer a esa Comunidad Europea nos ha traído estos problemas, seguir perteneciendo a ella es agravarlos.  
España es primero.
Suyo.

Fulvio

lunes, 17 de diciembre de 2018

Por qué Europa se suicida (y más deprisa de lo que parece)

Por qué Europa se suicida

 (y más deprisa de lo que parece)

"La mayor amenaza para la civilización occidental no viene de otras civilizaciones,
 sino de nuestra propia pusilanimidad, y de la ignorancia histórica que la alimenta".
 La frase de Churchill parece pensada para la Europa actual, corroída por el 
multiculturalismo.  


Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Se acaban de cumplir cien años del fin de la Primera Guerra Mundial. Y un siglo después, el eje de
la Tierra ha cambiado: de Europa a China y Estados Unidos.
Europa se ha convertido en un enano prematuramente envejecido, sin fuelle demográfico, sin relevancia
 política, con un futuro problemático, corroído por el ácido del multiculturalismo.
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Nadie lo hubiera podido imaginar a principios del siglo XX, cuando el mundo era eurocéntrico. 
En 1897, aniversario de la coronación de la reina Victoria, se celebró en Londres un fastuoso desfile de 
las tropas coloniales. Y un niño contemplaba embelesado los cañones, que habían hecho la guerra del
Nilo contra El Mahdi, narrada por Winston Churchill. El chaval pensaba -como Francis Fukuyama 
tras la Caída del Muro- que aquel era el fin de la Historia, y que la luz de la civilización, implantada
 por el Imperio Británico, nunca se apagaría.
Aquel niño, llamado Arnold J. Toynbee, creció, vivió las dos guerras mundiales, el proceso de 
descolonización y el auge de EEUU, y tuvo que reconocer que aquel entusiasmo era sólo un espejismo. 
Lo dejó por escrito, convertido ya en un influyente ensayista, en su famosa obra Estudio de la Historia.
Durante más de 500 años, Occidente -o lo que es lo mismo Europa-  ha configurado al mundo. 
“Ninguna civilización anterior había alcanzado nunca un predominio como el que alcanzó Occidente 
sobre el resto del mundo” afirma Niall Ferguson en Civilización. Occidente y el resto.
El Viejo Continente ha difundido el cristianismo -la religión más grande del mundo-; ha descubierto y
 evangelizado América; ha aportado la Ilustración y la Revolución Industrial; el submarino y la imprenta;
 el Derecho romano y las leyes de Indias; la mística de San Juan de la Cruz y la novela de Cervantes; 
el teatro de Shakespeare y La montaña mágica de Thomas Mann; la Aeropagítica de John Milton y la
 división de poderes de Montesquieu; la revolución científica de Copérnico y Newton, y las alegres 
sinfonías de Mozart.
El “siglo estadounidense” ha seguido siendo europeo: Von Braun, Einstein, Berners Lee, etc.
Incluso en el siglo XX, el “siglo estadounidense”, el legado cultural y científico ha seguido siendo 
predominantemente europeo. Detrás de la llegada del hombre a la Luna hay un alemán: Von Braun; 
el más influyente líder religioso es polaco: Juan Pablo II; el mayor científico del siglo ha sido otro europeo:
 Einstein; y hasta el creador de la red informática mundial, la World Wide Web, gracias a la cual
 está usted leyendo este artículo, es un inglés: Tim Berners-Lee, auxiliado por un belga, Robert Cailliau.  
Hasta el cine es europeo (los hermanos Lumiére) y algunos de los genios de la pantalla nacieron en
 Europa (Hitchcock, Chaplin, Renoir, Ridley Scott). Y ni siquiera la televisión es norteamericana
-sus inventores son un escocés, John Logie Baird y un alemán, Manfred von Ardenne-, y las primeras
 emisiones públicas las hizo la BBC, en 1936.
Y sin embargo, el Viejo Continente parece replegarse sobre sí mismo, como si semejante legado 
no sirviera para nada. Y los líderes de una Unión Europea errática “se sienten cada vez más irrelevantes (…)
 aparentemente sin confianza en su presente o en su pasado ilustre, y tan a menudo ignorados
 por las grandes potencias”, como apunta Victor Davis Hanson.
Niall Ferguson hace una comparación significativa: mientras que en la UE hay once Estados con
 una población inferior a seis millones de habitantes; en China hay 11 ciudades con más de ocho 
millones de habitantes. Y algunos de los países más poblados del Viejo Continente (como Francia)
 pueden dejar de ser culturalmente europeos en tres o cuatro decenios, conforme vaya creciendo la 
población musulmana. De los casi 310 millones de habitantes de Europa, unos 100 millones serán 
musulmanes en cuestión de décadas.
El viento de la Historia parece haber barrido al Viejo Continente. Y si ocasionalmente vuelve a formar
 parte de la agenda internacional lo hace por “los problemas económicos, como un adolescente 
conflictivo que amenaza con suicidarse”, según apunta Ferguson.
Las razones del repliegue europeo no son otras que el olvido de sus raíces antropológicas y la
 pérdida de fe en sí misma. Esa esterilidad de valores se traduce en infertilidad física, como 
demuestra la dramática involución demográfica.
Y -como advierte Michel Houellebecq– el demográfico no es “un suicidio lento. Una vez que has
 llegado a una tasa de natalidad del 1,3 o el 1,4, después las cosas van muy rápido”.
¿Pacto para la migración o amenaza para Europa?
Pero se juntan el hambre con las ganas de comer si a eso añadimos la invasión cultural que supone 
la islamización de varios países europeos. Un proceso que lejos de remitir tras el repunte migratorio 
de los último años, puede aumentar con el Pacto Global de Naciones Unidas para la migración.
Basado en la Declaración de Nueva York (2016), el Pacto pretende establecer las bases para regular
 “una inmigración segura, regular y ordenada”, ante uno de los mayores movimientos migratorios de
 la Historia. El problema es que ese Pacto puede convertirse en un arma de dos filos, un coladero, 
como ha denunciado Hungría. Por un lado, Europa necesita de savia joven y no debe cerrarse a la
 inmigración; pero por otro lado, corre el peligro de abrir aún más la espita del multiculturalismo y
 aceptar a quienes no quieren integrarse.
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro ha dicho que el Pacto puede entrañar un “grave peligro” 
para Europa, porque está “destinado a tipificar la inmigración ilegal como un derecho humano fundamental” .
Hungría no es el único país que se opone al Pacto. Polonia, Austria, Croacia y República Checa 
tampoco lo firmarán.
Y es que algunos de los países del antiguo bloque del Este son los que paradójicamente parece tener
 una conciencia más clara una mayor de sus raíces europeas. O no tan paradójicamente, porque
 quienes han sufrido en sus carnes la tiranía aprecian más que nadie la libertad. 

martes, 30 de octubre de 2018

Lecciones de buenismo, ni una

TRIBUNA
Sigfrid Soria: 


Lecciones de buenismo, ni una

Opinión
Sigfrid Soria

viernes, 21 de septiembre de 2018

La hora del nacionalismo (Rafel Bardají)


DESDE LA TORRE DE BABEL
Rafael Bardají: 

La hora del nacionalismo

Opinión
Rafael Bardají