martes, 16 de abril de 2013

PREMISAS MORALES PARA UN NUEVO PLANTEAMIENTO DE LA ECONOMÍA






PREMISAS MORALES PARA UN NUEVO PLANTEAMIENTO
DE LA ECONOMIA
*
Alvaro d'Ors  (1915-2004)
*·Texto inédito de una intervención oral en un coloquio sobre: "Claves del Mundo Mo-
derno" (Universidad de Navarra, 1990). 
Debo decir, de entrada, que lo que podría ser el "pathos" de mi intervención
de hoyes anticapitalista. La economía actual es una economía capitalista, y mi
posición es radicalmente anticapitalista. Aunque pueda parecer un poco exagera-
da, mi opinión es que, como régimen económico, el capitalismo resulta hoy
moralmente peor que el comunismo. Cuando hablamos de comunismo, estamos
pensando en toda una ideología que ha inspirado el comunismo de nuestra época
y que es algo del todo reprobable; es una herejía o, si se quiere
,
una forma de
apostasía como tantas otras. Pero el comunismo en sí mismo, es decir, la idea
de supresión de la propiedad privada, aunque no sea algo que yo defienda como
régimen natural
,
sin embargo, me parece mucho menos nociva que el capitalismo.
Hay algo muy claro para unos ojos ingenuos en estos tiempos
y
es que el comu-
nismo simplemente como comunidad de bienes ha sido exaltado por el cristianis-
mo, de manera que nuestros primeros cristianos
,
como bien sabemos por los
"Hechos de los Apóstoles", tenían todos los bienes en común, y, a lo largo de la
historia, se ha repetido, con distintas modalidades, pero con una gran pe
r
sistencia,
que ciertos movimientos que buscan la perfección cristiana han empezado por
prescindir de la propiedad y tener todo en común, prácticamente todo. Es de-
cir que la idea del comunismo, de supresión de la propiedad particular, puede
resultar, diríamos, menos natural para una convivencia ordina
r
ia, pero, en sí
misma, no tiene nada de pecaminoso. Puede hablarse de un "comunismo cristia-
no", pero no de "consumismo cristiano": el consumismo capitalista es esencial-
mente anticristiano
.
El capitalismo, cuya consecuencia es el consumismo, lo que hace es aumentar
los vicios, aumentando las riquezas, aumenta
r
las riquezas para los vicios, para el
placer; es decir, que, de entrada, el consumismo debe considerarse inhumano
.
De manera que si el comunismo resulta detestable, es por la concomitancia con
movimientos ideológicos que lo han acompañado, pero, aunque no sea muy
natural para la convivencia social ordinaria, considerado en sí mismo, como su-
presión de la propiedad privada, no es un cosa que vaya contra la moral. En
cambio, el fomentar el vicio, fomentar el consumismo, es inmoral; este es el
planteamiento, digamos ideológico, de mi posición.
Se podrá decir, y es muy frecuente hacerlo en la actualidad, que el comu-
nismo ha fracasado. Esto no es tan claro. El comunismo, como Economía, ha
fracasado desde el punto de vista de la Economía capitalista, porque con él no
se ha producido tanta riqueza y bienestar general como con la capitalista: sirve
menos para hacer riqueza
,
luego, se dice, ha fracasado. Desde este punto de vista
de la Economía capitalista, evidentemente ha fracasado la Economía comunista, 

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REVIST A CHILENA DE DERECHO
 
pues hay que reconocer que los comunistas visten peor, no tienen tantos bares,
no tienen discotecas, no tienen lujo, no tienen todas estas cosas que se consideran
condiciones del "bienestar" ...
;
puede ser que esto sea cierto, pero, como sistema
político, no se ha acabado, ni se está acabando; no se puede decir que ha fracasa-
do, porque, ¡vaya fracaso después de 70 años ¿Qué régimen político dura 70
años? Decir que ha fracasado el Comunismo es como si dijéramos que había
fracasado el Imperio Romano o que había fracasado la Monarquía absoluta. Los
regímenes que han durado muchísimo, pueden haber terminado porque en esta
vida todo se acaba, pero que hayan fracasado, no. Las cosas fracasan cuando no
llegan a tener una vitalidad continuada...
y si
después de 70 años; y con una subsis-
tencia al menos parcial! ... Esto, de entrada.
Antes de seguir adelante con nuestro tema, quiero decir todavía una cosa, y
es que la Economía ha invadido todo el campo del pensamiento
y de la actuación
humanos: no hay más que Economía. La filosofía de los "valores" es una conse-
cuencia del predominio de la Economía
.
Los valores son económicos; que luego
se hayan considerado como morales
,
como estéticos, etc., esto es por una especie
de analogía
.
"Valor", quiere decir precio. De manera que toda la filosofía de los
valores y todo en e
l
mundo de hoy, todo se está convirtiendo en fenómeno de
Economía; la misma universidad se está convirtiendo en una empresa económica,
no ésta sólo, sino todas. Es más, hasta los autores espirituales hablan de la "Eco-
nomía de la salvación"
.
Ese dominio de la economía es un claro síntoma de la
corrupción del ser e idolatría del tener.
Es mi actual propósito señalar, primero (I), algunos errores radicales de la
teoría capitalista, para proponer, después (II), algunas sugerencias profilácticas
contra las consecuencias del capitalismo, y llegar a alguna con
c
lusión (III). Para
mayor claridad de nuestra exposición numeraremos las proposiciones, y, para
comenzar bien, empecemos por Aristóteles
.
I
1º. Aristóteles en su "Política", principalmente, en el libro primero capítulo
8 y 9, Y luego en su "Económica", capítulo 1, distingue entre la Economía y la
Crematística.
¿Qué es la Economía? La Economía es para Aristóteles la administración
razonable de los bienes que se necesitan para la vida, es decir
,
los bienes natural-
mente necesarios; empieza por ser, como el mismo término
oikos
indica, algo
doméstico, y por eso Arístóteles pone en relación la Economía con el matrimonio
(cfr
. Poi. 3.4, 5); es más, contrapone la Economía a la Política.
¿Qué es, en cambio, la Crematística? El arte de enriquecerse sin límites. La
palabra "Crematística" aparece definida como forma de adquisición (ktiké) que
no conoce "límite" (peras), ni de riquezas ni de medios para obtenerlas
. Esto
quiere decir que la Economía se ha convertido hoy en Crematística,
en la ciencia
del enriquecimiento progresivo sin límites. Esto, en realidad, no es Economía sino
Crematística. La producción de bienes, dice Aristóteles, entra también dentro de
la Economía, como administración, pero para subvenir a las necesidades naturales,
no para producir sin más, bienes y más bienes, y aumentar las riquezas
;
esto,
repito, es Crematística. El Comercio, el cambio de unos bienes por otros -aunque
no era lo propiamente natural de los bienes
-
se introduce para subvenir a las
necesidades de una familia, de un grupo, ciudad, etc., que no tiene de todo y

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cambia lo que produce por otras cosas que no tiene y necesita. Ha sido esta
ciencia del Comercio
-la ciencia de la Metabletiké, dice Aristóteles-
, el gran
instrumento del cambio, sobre todo a partir de la introducción del dinero, pero
también del cambio para producir una riqueza sin límites, no para subvenir sim
-
plemente las deficiencias naturales; eso pertenece ya a la Crematística.
¿Cuál es mi punto de vista a este respecto? La Economía debe volver a ser
una ciencia de la administración, y no de la producción; hay que volver a la
Economía y dejar la Crematística. ¿De dónde ha venido esta perversión? A mi
modo de ver, esta perversión, esta conversión de la Economía en Crematística, es
de típica influencia protestante y no soy el primero que lo dice; procede sobre
todo de la teoría calvinista
-
que va en contra de la evidencia que podemos sacar
del Evangelio (cfr
. Le. 6,24; " ¡ay de los ricos!", etc.)-
, de que la riqueza personal
es un signo de predestinación: de que se van a salvar aquellos a los que les va
bien en la vida, y por eso hay que procurar ser ricos, y aumentar sin límite la
riqueza, la propia y la total.
Para terminar ya este primer punto, digo que hay que volver a la Economía
como una ciencia causada por la limitación de los bienes. No debe ser la ciencia
de la riqueza, sino
la ciencia de la pobreza
. Exactamente lo que hace un ama de
casa, una madre de familia que dice: "tenemos esto, hay que repartir". Y no
reparte por igual, sino que a quien lo necesita le da más carne, al pequeño le da
más leche, al viejecito le da un flan ... , y distribuye de forma desigual; porque la
familia es esencialmente un organismo de desigualdad. Por eso la igualdad demo
-
crática va en contra de la familia, esa reserva de desigualdad, que distribuye
desigualmente según las necesidades de cada uno razonablemente, y procura
naturalmente aumentar la ración al que más lo necesita, impulsando la producción
de bienes, no por enriquecerse, sino para cubrir las necesidades naturales de la
familia. Esta Economía familiar es, desde luego, más rudimentar
i
a, pero no esen-
cialmente distinta de la gran Economía comunitaria, y tampoco de la de las
empresas.
La Administración económica debe partir de los límites de los bienes exis-
tentes, y luego pensar en cómo subsanar su deficiencia
-esto es Economía-
, y
no en pretender la abundancia futura sin considerar los límites actuales
--esto es
la Crematística o Economía capitalista.
Ciencia, por lo tanto, de la administración, de la buena administración, de la
pobreza, de la escasez de bienes, y no del enriquecimiento por producción sin
límites. Toda producción está en función de las necesidades naturales, pero no
es un fin infinito , en contra, naturalmente, de lo que sostienen los economistas
capitalistas, que creen que la función de la Economía es, sin más, el aumento de la
producción y del consiguiente enriquecimiento: "La riqueza de las naciones" ... , y
de los negociantes.
20 El mismo Aristóteles creía que la esclavitud era de derecho natural. Esto
tuvo muchas consecuencias, incluso en España, en el momento diríamos emocio-
nante del descubrimiento de América, cuando Ginés de Sepúlveda y otros juristas
importantes, siguiendo a Aristóteles, decían que los indios, al ser cautivos de
guerra, eran esclavos. Pero es increíble cómo se impusieron pronto las ideas de
los teólogos, que decían que no eran aquéllos esclavos; que no valía allí la teoría
de Aristóteles de que, como había sido práctica de toda la antigüedad, los pri-
sioneros de guerra son esclavos del vencedor; y que, al no ser esclavos, eran pro-
pietarios de sus tierras. Esto es algo que no nos damos cuenta hoy de lo que
supone como genial atrevimiento del pensamiento español de aquel momento


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de enfrentamiento con una realidad insospechada. Digo esto contra tanta insidia
procedente de la "Leyenda Negra", y contra la insospechable acusación reciente
de racismo.
Pero hay otra cosa que tener en cuenta. Aunque Aristóteles era esclavista,
decía (PoI.
1,2,4 ss.) algo muy importante: que el esclavo siendo un objeto en
propiedad, está destinado a servir, pero no a producir; por lo tanto, en la relación
con la distinción entre
praxis y poiesis,
el hacer de conducta y el hacer productivo,
el esclavo está destinado a la
praxis,
a trabajar en cosas, pero no a fabricar nada; es
un siervo, un servidor, pero no es un instrumento de producción. No es lo suyo
hacer una obra material, sino servir
.
A este propósito, es interesante ver cómo en
el derecho romano se plantea, en cierto momento, la duda de si el hijo de una
esclava era fruto y pertenecía, por lo tanto, al eventual usufructuario: si era fruto,
como podrían ser las crías de los animales, fruto como esos corderitos que nacen,
como la leche, como la lana son fruto de las ovejas, es decir, productos a cuya
producción r
eit
erada está destinada la cosa que los produce. Se planteó, pues, el
problema y se resolvió diciendo que el hijo de la esclava es un producto que per-
tenece al dueño de ésta y no al usufructuario; por lo tanto, que no es un fruto,
porque la esclava no está destinada a producir, a parir hijos, sino a servir al dueño
o al usufructuario. Este miramiento, estrictamente jurídico
,
puede dar luz para
comprender que tampoco el trabajador libre de hoy está destinado a producir,
sino a servir con su trabajo. Esto nos lleva al punto siguiente.
3º. En relación con el anterior punto 2, tratemos de la empresa. La em-
presa, bien entendida, no es nada más que una forma de cooperación de trabajo
.
Pues bien, si los trabajadores que están en una empresa no están destinados a
producir, tampoco la empresa está destinada a producir, sino que
la empresa
es la forma de cooperación laboral, de servicios
, que puede tener naturalmente
un resultado de producción
,
pero éste no debe ser nunca el fin de la empresa;
el fin de la empresa está en hacer digna la vida de los trabajadores y de sus fa-
milias.
La empresa no es un instrumento de producción, sino un instrumento
de relaciones humanas, de convivencia, de organización del trabajo, de unos
servicios. La producción, naturalmente, resultará de su actividad, pero no debe
ser el fin. La empresa debe ser una forma de convivencia laboral. Ahí, como
sabemos los juristas y como saben todos los economistas, hay siempre una serie,
diríamos de equívocos, de corrimientos de conceptos en relación con el tema
de si la empresa es una persona jurídica. Personas jurídicas llamamos (para los
asistentes que no son
j
uristas) a aquellos grupos humanos que constituyen una
sola personalidad distinta de las que la componen; por ejemplo, la Universidad
es una persona jurídica, que tiene sus propiedades, tiene sus créditos, sus deudas
como una persona jurídica; también puede esto ocurrir con un conjunto de
bienes destinados en forma de fundación
,
y ocurre lo mismo con entidades de
carácter público, el Ayuntamiento, el Estado ..
.
Y creo que, a pesar de todas las
matizaciones y discusiones, la empresa es ella misma una persona jurídica; es
decir, que este conjunto, esta universitas personarum
,
según la terminología tra-
dicional, este conjunto de personas y no de cosas, que es la empresa constituyen
una persona juríd
ica.
Una persona jurídica distinta de los trabajadores que se
integran dentro de la empresa
.
Por lo tanto, al ser persona jurídica, es persona,
y, al ser persona, no puede tener dueños; porque las personas no pueden tener
dueños
; si l
os tuvieran, serían esclavas, y volveríamos a una nueva forma de
esclavitud, de personas no físicas
,
pero personas. Una empresa es ella misma
esa persona jurídica, en las relaciones con los trabajadores y con el exterior
;


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puede tener propiedades, créditos y deudas, pero ella misma no puede tener due-
ños,
como mantiene el capitalismo, que habla constantemente de los "dueños
de la empresa".
Observo incidentalmente el residuo esclavista que hay en el uso de la palabra
"patrono", porque patrono era el dueño que había dado la libertad a su esclavo:
él era el patrono y el esclavo ya no era su esclavo, sino su liberto. Hoy se sigue
utilizando la palabra patrono para designar al dueño de la empresa; es un claro
residuo esclavista, Pa
tr
ono, o patrón, como se dice en algunos lugares (aunque
luego, en plural, no se diga "patrones", sino patronos), es algo que depende
también del régimen esclavista. El empresario es el patrono, es decir, el dueño
que, naturalmente, ya no tiene a nadie como esclavo, pero que sigue teniendo
un cierto dominio sobre su "subordinado". Debajo de esta idea de la subordina
-
ción de los trabajadores al empresario hay un residuo de la potestad domini-
cal, y del patronato
sobre los esclavos ya libres, como son los modernos traba-
jadores.
Por lo tanto, si la empresa no es un instrumento de producción, sino que
es una forma de convivencia laboral, hay que trasladar el tema de la empresa,
del Derecho mercantil, al Derecho laboral. Esto trae una consecuencia radical para
los planes de docencia de las asignaturas: hay que quitar las lecciones de empresa
del programa del Derecho mercantil, que es un derecho eminentemente capita-
lista, para llevarlo al Derecho laboral, que, en una perspectiva que no vaya expli-
car de nuevo aquí, yo creo que ha de ser el centro del derecho civil del futuro.
Efectivamente las relaciones laborales son hoy las más importantes que han en
el ámbito social. El tema de la empresa no puede estar desvinculado del de los
trabajadores, sino que es la forma ordinaria de convivencia de los trabajadores.
Este era el punto 3.
Pero no puedo dejar de insistir en algo que he repetido muchas veces: que
el que aporta dinero a la empresa, a esta persona jurídica que es la empresa, no
es socio de la empresa. Quiero decir: el llamado "socio capitalista", que no hace
más que aportar dinero, no debería tener derecho como socio, sino simplemente
como
prestamista,
a que le devuelvan el capital prestado con unos intereses, que
pueden ser fluctuantes, según las ganancias de la empresa.
Esta exclusión del inversionista como simple prestamista supone un franco
ataque a la forma más perfecta del capitalismo que es la sociedad anónima. ¿Cómo
va a ser socio un accionista, si lo único que le interesa es cobrar el dividendo?
¿Qué le importa la empresa? En cuanto vea que la empresa va mal, venderá sus
acciones. ¿Qué le importa al accionista lo que pasa con los obreros? Un verdadero
socio tiene que ser alguien que participa, tiene que ser alguien que se preocupe
por la empresa, que trabaje en ella. Por tanto
, el socio natural de la empresa es
el que trabaja
; desde el jefe que trabaja (no vamos a pensar solo en los obreros
manuales n
i
mucho menos) y los técnicos, que cada vez tienen más importancia
dentro de una empresa, hasta el último portero de la fábrica: éstos son realmente
los socios.
¿Qué es lo que ocurre en la empresa capitalista de hoy? Que los trabajadores
no son socios. ¿Por qué? Hay que decir la verdad: ellos mismos no quieren se
r
io,
porque prefieren no tener preocupaciones con la empresa,
y
se contentan con
cobrar su jornal. A un obrero que no piensa más que en su jornal, es imposible
convertirlo en socio. En cambio, el que presta dinero, que tampoco se preocupa
de nada, que solamente presta el dinero, a éste se le hace socio. Le llamamos


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copropietario de la empresa, pero esto es una aberración, pues sobre el dinero
no hay propiedad, sino sólo crédito
.
Resulta así que los trabajadores, que deberían serio, no quieran ser socios
y, en cambio, quieren ser socios los que, por no trabajar, no deberían serlo
.
Esto
es incomprensible, es absurdo, pero es así
.
4º. Este cuarto punto se refiere a lo que es el primer fundamento del capi-
talismo: la usura,
esto es, a la consideración de que el dinero puede producir
un fruto consistente en más dinero, como fruto no natural, sino civil. En el
punto 20 he dicho que los esclavos no producían frutos. Ahora digo: tampoco
el dinero.
Los frutos, por definición, proceden de cosas que no se agotan con una
producción reiterada, como la vaca que produce leche, o la tierra que produce
cosechas, o rentas del arrendamiento
.
Es decir, para producir fruto es necesario
que la cosa productora no se consuma por la primera producción. Sería un simple
producto, por ejemplo
,
la carne que deja la vaca, pero no fruto, porque una vaca
no puede dar carne más que una sola vez, al matarla, en tanto sus crías o su leche
sí son sus frutos. Este es el concepto jurídico de fruto
.
La consideración de los intereses del dinero como fruto es un error jurídico,
pero absolutamente aceptado por el capitalismo. El inversionista considera que
tiene algo parecido a una vaca cuando da dinero y va a cobrar unos intereses;
pero, para obtener los intereses, debe empezar por perder el dinero que presta,
aunque le queda el crédito. Nada hay más consumible que el dinero. ¿Para qué
sirve el dinero si no es para gastarlo? Y también se gasta al prestarlo.
¿Qué son propiamente los intereses? Los intereses del dinero que se deja a
otra persona, en realidad, son una especie de pena por el retraso en la devolución
del dinero que se ha recibido. Partamos de un supuesto en el que se ve esto muy
claramente: cuando, en una sentencia, el juez condena a alguien que debe dinero
porque no lo ha pagado, aumenta la condena con el interés moratorio por no
haber pagado el dinero en su día: ahora tiene el deudor que pagar más; es una
pena proporcional al perjuicio que se ha ocasionado al acreedor por el retraso.
El préstamo de dinero, como tal préstamo mutuo, es gratuito y no produce
intereses: yo entrego una cantidad y me tienen que devolver la misma cantidad,
no más. Lo que pasa es que puedo yo, al margen de esto, hacer un convenio por
el cual, quien recibe el dinero, se obliga a pagar unos intereses
. Esto es algo añadí
-
do, algo postizo respecto al préstamo mutuo. El préstamo,
por sí mismo, no
tendría por qué producir interés
,
pero los produce si se establece expresamente
una obligación de pagar intereses (que en Roma se llamaban usurae) por el tiempo
en que el prestamista se ve privado de la cantidad prestada. Este negocio de prés-
tamo más estipulación de usuras es el llamado
fenus por los romanos.
La ley judía prohibió las usuras entre los judíos y, desde los tiempos de
Roma, quien cuidó del bien común estableció límites para las usuras. ¿Por qué
hoy aceptamos sin escándalo el préstamo usuario del que la inversión es una
modalidad?
Los moralistas, a partir del siglo XVI, influidos por la Reforma protestante,
consideraron que el dinero prestado producía frutos civiles: que son las rentas
que un propietario puede cobrar por la cesión temporal del uso de una cosa; por
ejemplo, corno cuando se alquila una casa,
y
el propietario sigue siendo propie-
tario
,
pero el inquilino le paga unos frutos civiles. Se puede esto entender muy
bien en una finca rústica que produce cosechas: el propietario se ha cansado de
trabajar la tierra, no tiene ganas ya de trabajar
, y se va a vivir a la ciudad dejando


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su finca a un arrendatario, para que éste le pague periódicamente una renta, una
cantidad: ha sustituido una cosecha, que era un fruto natural, por la renta, que
es un fruto civil.
No así con el dinero, pues, como ya he dicho, es consumible, El primero, que
no dudó en admitir como normal el devengo de usuras fue el calvinista De Moulín
(1506-1566), pero, con ese fin, tuvo que negar que el dinero fuera cosa consumí-
ble, ocultando que la consumibilidad no es siempre física, sino también jurídica;
una manzana se come, pero también se vende: en ambos casos se consume.
Esta nueva doctrina, naturalmente, chocaba con la tradición de la palabra
usura, que tenía un sentido peyorativo; aparece entonces la palabra "interés".
¿Qué quiere decir "interés"? "Interés" quiere decir inter
-esse
la diferencia que
hay entre una cosa y otra. ¿Qué diferencia hay entre dejar el capital o retenerlo?
Esta diferencia es el "interés". Por lo tanto, con esta palabra "interés" se coho-
nestan los frutos civiles
;
es un eufemismo, como lo es igualmente el llamar "bene-
fício" al lucro del inversionista
.
En rigor, lo único que podría justificar los intere-
ses del préstamo sería la estimación del servicio prestado por el prestamista, a
modo de un contraservicio
, y no como fruto del dinero prestado.
La nueva legislación de la Iglesia parece haber renunciado a su tradicional
actitud represiva de
l
a usura. Eso puede explicarse por la realidad económica de
hoy, en atención, sobre todo, al fenómeno de la
inflación
, pero la cuestión está
en que, con esta nueva actitud permisiva
,
se renuncia a la crítica más radical del
capitalismo.
5º. Una explicación ahora de la palabra "capital". ¿Qué quiere decir "ca-
pital"? Es la cantidad que se presta con intereses. En latín se decía sors (la "suer-
te") la cantidad que se prestaba; era "suerte" porque, después de todo, podía ser
incierta su recuperación
. Pero, a partir del siglo XVII, se habla de "capital"
(de
capitalismo tan sólo se habla en el siglo XIX) en relación con el dinero prestado,
invertido. Suele decirse que se llama así porque "capital" quiere decir "princi-
pal", lo "principal", que es lo que se ha prestado, siendo accesorios los intereses.
Esta etimología es posible, pero hay algo que me hace pensar en otra cosa.
Toda la economía monetaria está impregnada de ecos de la tradición ancestral
de ganado pequeño
,
que es la pecunia. Pecunia, de pecus (ganado), es también el
conjunto de los bienes de "ganancia", destinados al consumo, pero, más concre-
tamente, el dinero metálico, desde que éste aparece como medio de cambio, en
vez del pequeño ganado. Ahora bien
, capita
son las "cabezas" que componen un
rebaño de ese ganado
.
En la Edad Media aparece el uso del substantivo capitale para indicar ese con-
junto de cabezas, en relación precisamente con un negocio usuario que consistía
en prestar las cabezas de un rebaño a una persona durante un año, para que, al
cabo del año, devolviera el mismo número de cabezas aunque se hubieran casual-
mente muerto, más otras a modo de usuras, frecuentemente la mitad de las que
nacieran. Este rebaño prestado aparece con el nombre francés de "cheptel", de-
rivado de
capitale,
pero, como se tiene que devolver el mismo número de cabezas
que se recibió, el negocio se llamaba "cheptel de fer", "rebaño de hierro"; "de
híerro", porque no perece
.
Esto proviene de un negocio parecido de época hele-
nística (desconocido en derecho romano), en el que se hablaba también de "ga-
nado de hierro", y pasa a la Edad Media como "cheptel de fer". Yo no sé -es
algo que ofrezco a los lingüistas- si lo que ha influido en el concepto de "capital"
no ha sido, más que la idea de que "capital" (por cabeza) es lo más importante,
precisamente el que "cheptel
-capitaJe" es el conjunto de ovejas que se dejan para


446 REVISTA CHILENA DE DERECHO [Vol. 17  


que se devuelvan con determinados corderitos por el interés, el interés del rebaño,
la usura. Aquí, como puede verse, el interés se identifica con el fruto natural de
las ovejas. En efecto, en la Edad Media se distingue el capitale
vivens,
capital vivo
(o pecunia viva), que son las ovejas que van a producir frutos, y el
capitale mor-
tuum,
que es el instrumental de una hacienda de manera que se da como una
extensión, ya en la Edad Media, de la idea de
"capital", que eran las cabezas de
ganado, a los instrumentos que pueden acompañar al capital pecuniario de la
empresa: capitale vivens y capitale mortuum
.
También esta observación língüís-
tica desvela cómo la usura es una de las raíces del capitalismo.
II.
Estos son los cinco puntos sobre las raíces del capitalismo, pero hay unos
corolarios, que son, digamos, profilácticos, y que yo someto a los economistas.
6°. Si el trabajador no está destinado a producir, sino que la empresa debe
atender a la mejor convivencia natural de los trabajadores y mantención de sus
familias, etc., la desocupación de muchos es absolutamente inmoral
. ¿Por qué?
Porque la desocupación se justifica por razones económicas diciendo que la
empresa funciona mejor si no tiene tantos obreros; ya se encargará el Estado, se
dice, de pagar el subsidio del paro
.
Pero no es ésa la solución. Para la vida de
cualquier persona, para su personalidad moral, una de las primeras condiciones
es santificar su trabajo, y no puede ser que se impida, a una persona que puede
trabajar, la posibilidad de santificar su trabajo. Por tanto, que le den vueltas al
problema los economistas, como quieran, pero hay que partir de que no haya
desocupados. ¿Que las empresas van peor? Pues ya se arreglarán de otra manera,
como sea; producirán menos, no importa; lo primario es que no se quede sin
empleo quien quiera trabajar, quien esté dispuesto a trabajar
.
Nada más con-
trario a los criterios económicos capitalistas que la parábola de los víñadores
sin trabajo (Mt. 20, 10)
:
es una pauta para la reflexión de nuestros economistas
de hoy. Teológicamente: no puede haber un hombre sin posibilidad de trabajo.
Hay que partir de ahí, de las exigencias morales y no de las conveniencias de la
Economía. Programar una Economía con la desocupación es algo tan inmoral
como programar una urbanización contando con la limitación de la natalidad.
Esto es algo sobre lo que nunca se insistirá demasiado: las exigencias morales
son prioritarias,
y
la Economía, como administración de la pobreza, es algo
secundario. Lo contrario equivale a poner el caballo detrás del carro ..
.
, y de un
carro motorizado
.
7°. La producción debe ser controlada en consideración del bien público.
El que tiene la responsabilidad del gobierno público, debe contener a sus límites
naturales la producción. La producción debe ser contenida, al contrario de lo que
dice el capitalismo: que debe ser ilimitada; conforme a la Crematística, el lucro
incesante requiere una producción incesante.
¿Qué quiere decir esto de que debe contenerse la producción excesiva? En
primer lugar, el responsable de defender
el bien común
no debe tolerar una
producción cuyas consecuencias no pueda asumir públicamente. Por ejemplo,
no debe tolerar la producción de coches si no tiene una capacidad inmediata de
atender, mediante carreteras, aparcamiento s, etc., esta producción
.
La aberración
de que, por un interés absolutamente privado, el ámbito público se esté llenando


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de coches, que satisfacen naturalmente el ansia consumista de los particulares, pe-
ro que el poder público no puede asumir convenientemente,
esto es un desorden
.
Tampoco se debe consentir la producción de plásticos ni de otros objetos resídua-
les más que en la medida en que exista un servicio suficiente de recogida y
elimi-
nación de basuras. La producción, al impulso del capitalismo, no tiene límites; no
se preocupa el capitalismo de lo que puede ocurrir, de la contaminación, el espa-
cio, los ríos ... ; no le importa nada. De este modo, el poder público corre siempre
jadeante detrás del impulso de la producción y no puede asumir las consecuencias.
También aquí se pone el caballo detrás del carro.
Cierto dirigismo, en la Economía, es imprescindible para la defensa del bien
común. Ya sé que hoy la palabra "dirigismo" tiene muy mala prensa; pero esto
se debe al olvido de la prioridad, en la vida social, del interés común respecto al
interés particular; hasta el punto de contraponer, contra toda verdad, el bien
privado al bien público, que no pueden estar en contradicción.
80. Otro aspecto de la limitación está en la contención, no ya de la pro-
ducción, sino de su consecuencia correlativa: el consumo. En primer lugar, el
que tiene el control del bien público debe controlar los créditos, porqué el crédi-
to es una manera de fabricar dinero,
y
fabricar dinero es, por naturaleza, y ha sido
en la historia, una regalía del poder del Rey, del Estado
, etc. ¿Qué diríamos si
una fábrica particular comenzase a fabricar moneda o papel-moneda? Pero cuando
un banco concede créditos (naturalmente, con alta usura) está "fabricando" di-
nero. No digo que se deba radicalmente suprimir el crédito privado, pero sólo el
crédito que no es necesario para subvenir a necesidades personales. En todo caso,
el crédito tiene que ser siempre controlado por el poder civil. No ha de haber
libertad para el crédito bancario, y el crédito con fines empresariales no debería
dejarse al capitalista desaprensivo que no se preocupa de las consecuencias, ni
tampoco juzga sobre la necesidad, sino simplemente de la garantía y de los inte-
reses. Control oficial, pues, del crédito; lo que no quiere decir nacio
naliz
ación
de la banca, pues puede haber otras soluciones técnicas del control del crédito.
Y, aunque sean aspectos mínimos de esta necesaria limitación, la supresión, en
lo posible, de las tarjetas de crédito
y
de las ventas a plazos; la venta a plazos ha
sido uno de los grandes instrumentos del consumismo.
90. En relación con la contención del consumo está el fomento del ahorro,
tema que parece preocupar a los economistas de hoy, aunque sea en contra-
dicción con su planteamiento capital-consumista. Con ese fin, parece evidente
que deben aumentar los impuestos indirectos sobre los productos que no son de
primera necesidad, a la vez que se deben aliviar los impuestos sobre el patrimonio,
en especial, sobre las sucesiones hereditarias. Asimismo, aunque
la seguridad social

deba completar la previsión del ahorro, debe proyectarse como parte de la retri-
bución del trabajo,
y
no como carga normal del Estado; por lo tanto, debería
organizarse en las empresas
y sólo subsidiariamente como carga estatal unifi-
cada.
10°· Por último, la limitación del consumo provocado por la publicidad
comercial. Esto puede parecer utópico, pero, para mí, es la solución más conse-
cuente contra el consumismo capitalista. La libertad de mercado es algo natural,
lícito y conveniente, pero implica la competitividad. Con ésta, las cosas empiezan
a agravarse, porque la competitividad puede llegar a ser una de las cosas más
inhumanas que hay; una "lucha por la vida", por la que el poderoso elimina al
pobre, Al pobre hombre que vivía con su tiendecita le ponen al lado unos grandes
almacenes, y tiene que cerrar
. Esto es inmoral.

448 REVISTA CHILENA DE DERECHO [Vol. 17 

 

La competitividad, para alcanzar su fin, tiene que aumentar el consumo, y,
para aumentar el consumo requiere la publicidad comercial. Tenemos así esta
secuencia inexorable: el mercado libre exige competitividad; la competitividad
requiere publicidad,
y
la publicidad es la que produce el consumismo. El mercado
libre es un bien, pero el consumismo es un mal
. ¿Por
dónde hay que cortar esta
secuencia?

Ya hemos dicho que conviene evitar la producción excesiva, pero el eslabón
crucial de esta secuencia que conduce al
'
consumismo es el de la publicidad comer-
cial. Si no hubiese publicidad comercial, al servicio del interés absolutamente
privado de las empresas capitalistas, como se da actualmente, la competitividad
sería más humana; no sería aplastante como es hoy
.
Habría siempre una cierta
competición o competencia, pero, podemos decir, más humana e inocente, y el
consumo sería más natural, menos vicioso.

No hay peligro, pues, en dejar libertad al mercado y que haya una cierta
competencia, pero
, para que ésta no produzca el consumi
smo, lo que hay que
cortar es la publicidad comercial
.
¿Cómo se hace? Los economistas lo dirán, pero
la publicidad es la responsable directa del consumismo: no el mercado libre, sino
directamente la publicidad comercial.

Es claro que de la publicidad comercial dependen los medios de comunicación
pública, pero la repercusión que la supresión de aquélla puede tener en estos me-
dios quizá no sea en grave perjuicio del bien común. En todo caso, esto está en
relación con otra cuestión distinta, que es la de la conveniencia o no de que los
medios de comunicación
pública se organicen como empresas privadas
, al servicio
de intereses crematísticos e ideológicos particulares: si son de comunicación
"pública", es natural que estén controlados por el "poder público".
Lo que es
"público" no puede quedar a discreción de los "privados".

III.

Concluyendo: un buen orden moral es primario respecto a un eficaz orden
económico: las premisas morales son antes que la eficacia de la Economía; es de-
cir, la eficacia técnica de la producción debe subordinarse a premisas morales de
las que yo he tratado de explicarles algunas. Y, en relación con esto, digo que
los
servicios públicos
, aunque puedan ser encomendados a empresas privadas y sólo
subsidiariamente los asuma el Estado,
son prioritarios respecto a la ganancia de
los particulares.

Es absolutamente increíble que, en un mundo en que se está magnificando
al pueblo, la ciudad, lo social, etc., los servicios públicos no sean lo primario, y se
dé prioridad a los intereses particulares de los capitalistas. Esto es absolutamente
incomprensible. Pero entra en el gran tema de lo público y lo privado, uno de cu-
yos aspectos es, como desde hace tiempo he señalado, la "indefensión de lo

público
".

 


domingo, 14 de abril de 2013

ASE Asociación de Abulenses sin empleo, banco de tiempo, red de trueque y moneda y alternativa


Norte de Castilla


 


14 abril 2013


 


La Asociación de Abulenses Sin Empleo pondrá en marcha un Banco del Tiempo y una Lonja de Habilidades


Los parados cuentan con el apoyo de este colectivo para su formación y reincorporación al mercado laboral


18.03.13 - 18:05 - 

PABLO GARCINUÑO | ÁVILA

Los parados en Ávila cuentan con un nuevo colectivo dirigido a su formación y reincorporación al micado laboral. Se trata de la Asociación de Abulenses Sin Empleo (ASE), constituida oficialmente este lunes tras aprobarse sus estatutos y su junta directiva. A la reunión han asistido algo más de 50 personas, pero el número de interesados ronda el centenar.

El colectivo surgió «de una serie de uniones de inquietudes», tanto del Área de Empleo de Cáritas como de un grupo de parados de larga duración. «Hablamos de una unidad buscando un mismo interés, independientemente de las ideas y de dónde venga cada uno, y hemos encontrado un apoyo muy grande en Cáritas, sobre todo logístico», explica el presidente de este colectivo, José Luis Carrera.

Una de las primeras medidas que quieren poner en marcha es un Banco del Tiempo que dará lugar a un mercado de trueque con las habilidades que ofrezca cada asociado. «Todo eso va a ser movido con una moneda social que denominamos 'sonrisa», afirma Carrera.

También se quiere crear una Lonja de Habilidades, dirigida a la formación y reciclaje de desempleados. Se trata, señala el presidente, de «formar en nuevas profesiones para que los asociados consigan desarrollar aquellas funciones que puedan tener cabida en el mercado laboral o en nuestro Banco del Tiempo». Otra de las acciones planteadas es un departamento de motivación personal, entre otra serie de proyectos que llevarán a cabo las distintas comisiones.

Los interesados pueden pasarse por la segunda planta de la sede de Cáritas en Ávila (calle San Juan de la Cruz, 8) de 9.30 a 13.30 horas, o mandar una correo electrónico a abulensesinempleo@gmail.com para obtener más información.

La primera reunión de este colectivo tuvo lugar el pasado 4 de marzo y en la mañana del lunes ha quedado constituida oficialmente. Se han aprobado tanto los estatutos como la junta directiva, que ha pedido la colaboración de todos los asociados para poner en marcha los proyectos que puedan ir surgiendo. También se ha establecido un pago único de inscripción de tres euros. Después habrá que abonar 20 euros al año, pero quedan exentos de esta cuota las personas desempleadas y aquellos que trabajen menos de 25 horas semanales.

 

ASE asociación de Abulenses sin empleo


Ávila Red

Lunes, 4 de marzo de 2013

BAJO EL AMPARO DE CÁRITAS

Nace la Asociación de Abulenses sin Empleo

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Redacción

Más de medio centenar de personas dispuestas a intercambiar sus conocimientos y a impulsar iniciativas que les permitan salir de la crisis han constituido la Asociación de Abulenses sin Empleo, que inicia su camino bajo el auspicio de Cáritas.aratoria de la Asociación de Parados, en la sede de Cáritas de Ávila.

Samuel Hernández, coordinador del Programa de Empleo de Cáritas Diocesana en Ávila, ha explicado que el objetivo principal de la asociación es “unir a los desempleados, que no parados”.

La intención es “crear una conciencia de grupo” en el convencimiento de que “quien intenta solucionar los problemas de forma individual lo tiene mucho más complicado”, ha dicho, para añadir después que “defender los derechos de las personas que no tienen trabajo es el eje de la asociación, que busca proteger a sus miembros ante las administraciones”.

En la reunión celebrada este lunes, Hernández ha manifestado que la evolución del desempleo en Ávila ha sido “terrible”, no solo en el número de personas que están sin trabajo sino también, y sobre todo, “por la situación en la que se encuentran”.

“Ahora la esperanza es vivir, no sobrevivir” y el objetivo es “cómo llegar a fin de mes”, ha añadido, resaltando que, por este motivo, no existe ya un perfil concreto del desempleado que acude a Cáritas, porque se han visto afectadas “personas de entre dieciséis y 65 años, hombres, mujeres, españoles y extranjeros, pero con el denominador común de que no tienen ilusión ni esperanza”.

 

sábado, 13 de abril de 2013

Reorganización de las Diputaciones Provinciales (Elías Romera, Administración Local, 1896)


XII

Reorganización de las Diputaciones sobre nuevas bases y aumento de servicios.

Destruam et aedificabo
Jesucristo

Hicimos notar en lunar oportuno, la influencia tan inmediata de los gobernadores en estos organismos, acaso más sensible y más manifiesta que en los Ayuntamientos, por la contangencia y coexistencia de ambas entidades en las capitales de provincia. Allí también marcamos las deficiencias y vicios de las Diputaciones provinciales, tanto en su origen y constitución, como en sus funciones, habiendo señalado la enfermedad, fácil nos será hallar el remedio, porque, como dijo Hipócrates, un buen diagnóstico, prepara el oportuno tratamiento.

El procedimiento electoral para las Diputaciones provinciales será el mismo que hemos indicado para los ayuntamientos, con la diferencia, de que así como allí son electores todos los vecinos, cuyo requisito hemos indicado, aquí, á fin de dar fuerza social á !as corporaciones provinciales, proponemos sean sus electores, todos los ex-concejales, los vocales de las Juntas de los gremios y de los Sindicatos de obreros y todos los vecinos que posean un titulo de facultad o de enseñanza superior o profesional,, según la Ley- de Instrucción pública, siempre que no cobren sueldo del Estado, de la Región, Provincia o Municipio; se procurará que en un mismo año no haya elecciones de Ayuntamientos y Diputaciones, sino que vengan alternadas; proponemos este cuerpo electoral para las Di­putaciones:

1º' Para evitar la conmoción y perturbación que siem­pre llevan consigo las elecciones en los comicios numerosos.

2º Porque siendo las Diputaciones provinciales corporaciones que se sostienen, casi exclusivamente, del contingente á repartir entre los contribuyentes, justo es que estos sean los que las elijan y además así tendrán las Diputaciones una especial representación que les dará la experiencia y la capacidad de sus electores, además de la corporativa de los gremios; condicionados, así bien, como se pro­pone á los elegibles, las Diputaciones serán las genuinas represen­tantes de las fuerzas contributivas de la provincia.

Por otra parte, lo mismo en Francia que en Bélgica y que en Italia, el cuerpo electoral provincial es distinto que el municipal, por exigir otras condiciones de aptitud y capacidad, como aquí pro­ponemos y con cuerpo electoral tan selecto, se logrará que las Diputaciones salgan de las fuerzas vivas y de las capacidades del país, no por virtud de la coacción y del soborno y por imposiciones nauseabundas de la política, sino que busquen su raíz y, su funda­mento en las fuerzas sociales, anteriores á toda ley, inspirándose y afianzándose esta y aquellas, proveyendo a que los organismos sean fiel reflejo del orden social, para que así reciban sus mutuas influencias.

Para ser Diputado provincial se requiere:

1º Haber sida Concejal todo el plazo legal por un Ayuntamiento del distrito, con cer­tificado favorable de residencia de la asamblea municipal.

2º Tam­bién pueden ser Diputados provinciales los que tengan un título universitario ó sus similares, llevando diez años de ejercicio en el propio distrito.

3.º Los Presidentes de los Gremios y de los Sin­dicatos de obreros.

4.º No haber sufrido condena por comisión de delito y no tener las excepciones prescritas para los Concejales.

El cargo para Diputado provincial, es insolicitable, irrenunciable, obli­gatorio, juramentado, irrelegible y sujeto á responsabilidad y pe­riódicamente renovable como el de Concejal, por las razones allí expuestas. De este modo se evitará monopolicen el oficio de Dipu­tados provinciales los vecinos de !as capitales que se creen con más derecho y personalidad que los rurales y sobre todo irán á las Diputaciones personas de aptitud reconocida en la administración, de capacidad contrastada y así se considerará el cargo de Diputado provincial como un ascenso merecido en la vida pública y no será tan fácil haga mella en estas corporaciones el sórdido, grosero y
tan funesto egoísmo de la política, que en su exagerado proselitis­mo peca de poco escrupulosa en el reclutamiento de sus adeptos, así que las Diputaciones están pidiendo a voces un expurgo y una selección que las limpie y las emancipe de las imposiciones estu­pendas y de las improvisaciones fenomenales que de ordinario ex­hibe en esos Museos políticos en ejemplares, tan raros como precio­sos, la avasalladora omnipotencia de nuestros partidos, y de esa manera se logrará que personas autorizadas, notables y competen­tes, administren las provincias, constituyendo una verdadera je­rarquía en la carrera administrativa local, conforme al pensamiento del gran Cicerón. “Quiero, decía, en el Estado un Poder Supremo, que otra parte se reserve a los mejores ciudadanos y que los asun­tos locales se entreguen al juicio y voluntad del pueblo.» Restrin­giendo las condiciones legales de los candidatos á las Diputaciones, haremos que se les conozca más por sus hechos laudables, que por sus palabras hueras y capciosas y que algunos no traten de des­lumbrar y sugestionar por el traje correcto y elegante, que es la cáscara para encubrir la podredumbre, sino que habremos de lo­grar que la coerción moral de las autoridades sociales, de los hom­bres de bien y de buena voluntad y de aptitud reconocida, es decir, que la virtud y el talento de toda notoriedad, sean la legítima y saludable influencia en el cuerpo electoral, para que tenga o pueda tener acierto en la elección y garantía en los elegidos, anulándose las impaciencias y las ambiciones de los advenedizos.

Las Comisiones provinciales permanentes son hoy muy nume­rosas y por tanto excesivo el coste de sus indemnizaciones que suelen ser el cebo de bastardas ambiciones, por todo lo que pro­cede reducirlas á un tribunal trino y por tanto a dieciocho el nú­mero de diputados en cada provincia, que elegirán otros tantos distritos en que se dividirán las provincias, atendiendo al número de habitantes, demarcación que harán las Diputaciones con apro­bación de la Diputación Regional y confirmación, con resolución definitiva, del Consejo de Estado. Las capitales de provincia no podrán, cualquiera que sea el número de habitantes, tener más de un Diputado provincial, en el caso que ellas solas formen distrito y en el distrito que sean cabeza, se les procurará agregar suficiente número de Ayuntamientos que no solo equiponderen, sino que su­peren en número de habitantes á los que tenga la capital, para evitar así la preponderancia y hegemonía oligárquica de las capita­les sobre los pueblos.

La Diputación provincial se reunirá todos los años el primer día hábil de Febrero y de Octubre para ocuparse respectivamente de cuentas y presupuestos y de todos los demás asuntos que crea oportunos, verificándose la reunión en las cabezas de los distritos, alternando cada vez, para lo cual se fijarán á suerte los turnos. La Diputación se reunirá en sesión extraordinaria, cuando lo crea oportuno y necesario la Comisión permanente ó cinco de los vo­cales que lo solicitaran de ésta, qué hará la convocatoria- si la cree conveniente. Los acuerdos de la Diputación y de la Comisión san ejecutivos y se efectuarán antes de la sesión inmediata, por sus Presidentes y se harán públicos en el término de una semana en el Boletín Oficial y son apelables ante la Diputación Regional, la que al revocarlos, si notase negligencia ó ignorancia inexcusable ó mala fe notoria, procederá en todo, conforme á lo expuesto en los acuerdos municipales que habrían de servir de regla aplicable a las Diputaciones y á sus Comisiones permanentes, así como cuanto hemos dicho sobré responsabilidad civil y criminal en el desempe­ño de su cargo.

La misma autonomía relativa y sobre todo el alejamiento del Poder ejecutivo que hemos reconocido á las Ayuntamientos, la misma habremos de otorgar á las Diputaciones provinciales, libres de la ingerencia y de la intromisión de los Gobernadores, quia ubi est eadem ratio, esse debet eadem dispositio. Las Diputaciones pro­vinciales serán los superiores jerárquicos de los Ayuntamientos, inspeccionando todos los años los servicios, aprobando sus presu­puestos y cuentas, revisando sus acuerdes cuando no se hayan con­firmado por la asamblea municipal, y por último, nombrando Concejales interinos cuando proceda, a propuesta de la misma asamblea. Las corporaciones provinciales deben ser autarcas en la gestión de sus intereses y sus acuerdos ejecutivos en las materias de su competencia, que es todo lo que puede afectar material y moralmente a la Provincia, salvo el recurso ante la Diputación Regional. El Presidente podrá suspender el acuerdo cuando con­ceptúa perjudica los intereses de la provincia ó pueda afectar al orden público, dando cuenta inmediata, en el acto, a la Diputación Regional, cuya Comisión se reunirá ad hoc lo antes posible para resolver sobre el particular. También lo comunicará á la Diputa­ción para que pueda sostener y representar los fundamentos de su acuerdo. Los tribunales también podrán suspender los acuerdos de las Diputaciones, en los mismos casos que hemos marcado á los acuerdos de los Ayuntamientos. Las Comisiones provinciales hacen las veces y voces de las Diputaciones, cuando no están reunidas, pero no pueden hacer aumento de gastos y todos los acuerdos son provisionales, ínterin recae la aprobación de la Diputación. A cada reunión de ésta, la Comisión redactará una Memoria respecto a todos sus acuerdos y estado de la administración provincial por servicios, la cual se publicará en el Boletín Oficial. La Comisión provincial hará la distribución mensual de fondos y su Presidenta será el Ordenador de pagos, y hará la cuenta mensual de presu­puesto que se publicará en el Boletín Oficial; la de movimiento de fondos hecha por el Depositario, con el atestado del Contador, también se publicará mensualmente en el Boletin. Las Depositarías provinciales podrían suprimirse, teniendo cuenta corriente en la Sucursal del Banco de España, que podía ser el cajero de las Dipu­taciones, como lo es del Estado, con gran beneficio para las pro­vincias.

Los gobernadores de Provincia que deberían más propiamen­te apellidarse Delegados Provinciales del Gobierno, por conve­niencia á la unidad de mando y por economía, deberán asumir, como los antiguos Intendentes, lo gubernativo y lo administrativo. así al propio tiempo se dignificara y enaltecerá el cargo, porque la política trae hace muchos años averiado el personal y desarregla­das las Provincias, desde que cualquier Diputado á Cortes ó Se­nador se cree capacitado para arreglar y dirigir o mandar provin­cias y desde que el sueldo del gobernador es termómetro para regular jubilaciones de amigos y paniaguados de los Dioses mayores de nuestros partidos políticos, que han abierto por ahí gran por­tillo á las clases pasivas, a costa del Erario público, sentando una jurisprudencia abusiva que ha de costar muchos miles de pesetas á los esquilmadas contribuyentes. A los nuevos Delegados provin­ciales del Gobierno les queda que hacer bastante todavía con la administración económica, con el orden público, establecimientos penales, sanidad, comunicaciones y con la política, pero es preciso que en adelante esos cargos sean menos políticos y más administrativos, á fin de que aislando la administración pública, como preponemos en la local, de la política, ésta se encauce por otros derroteros y reduzca su acción á su propia esfera y no perturbe y convierta en botín de sus prosélitos, la administración local y del Estado.

Las Diputaciones se renovarán por terceras partes de dos en dos años en la forma actual, verificándose las elecciones el primer domingo de Diciembre para entrar los electos á ejercer el cargo el 1º de Enero. El cargo de Diputado provincial es insolicitable, irreelegible, incompatible con todo empleo público renumerado, irrenunciable y sujeto á responsabilidad como el cargo de Concejal.

El proyecto de presupuesto lo hará la Comisión provincial en unión del Contador. El año económico será el natural, sin perio­do de ampliación y sin presupuesto adicional, por ser ambos in­necesarios. El presupuesto se aprobará en la primera quincena de Octubre por la Diputación que lo pasará á la Diputación Re­gional para su aprobación definitiva, al fin de que los Ayuntamien­tos puedan en Noviembre conocer el contingente provincial, para su inclusión en los presupuestos municipales. Los gastos obligato­rios de las Diputaciones provinciales, serán:

1º Personal y material de sus oficinas, que no podrá exceder del 8 por 100 de sus presupuestos, fijándose en la Ley, el personal que deben tener, categorías y, sueldos en analogía á lo dispuesto por el Decreto de Mayo de 1892.

2º Indemnizaciones para los Sres. Diputados y Vocales de la Comisión permanente.

3º Sostenimiento de un Hospital de crónicos y operandos, una casa de maternidad, un asilo de expósitos y ancianos desvalidos, cucos establecimientos se situarán, á ser posible, en distintas po­blaciones de la provincia.

4º Costear un Liceo ó Instituto de 2ª enseñanza, con su agre­gada Escuela Normal de Maestros elementales y otra de Maestras de la misma clase, varias escuelas de artes y oficios situadas en distintas poblaciones de la provincia y escuelas de náutica en las provincias marítimas.

5º Construcción, conservación . administración de las carrete­ras y obras provinciales.

6.° Calamidades públicas provinciales.

7º Contingente regional.

8º Obligaciones eclesiásticas de la Diócesis.

9º Contingente de Guardia Civil y de Orden Público.

10º Servicio agronómico y forestal.
11º Construcción de pantanos.

12º Material de oficinas municipales y de escuelas.

13º Imprevistos que no excederán del 1 por loo del presu­puesto.

14.° Suscripción de la Gaceta Oficial y Colección Legislativa.

15º Publicación del Boletín Oficial de la provincia.

Las Diputaciones Regionales aprobarán en definitiva en la se­gunda quincena de Octubre, los presupuestos provinciales. Queda terminantemente prohibido todo pago ó subvención pecuniaria de fondos provinciales que no redunde directamente en provecho de la provincial toda y de todos y cada uno de sus ayuntamiento y veci­nos, ya moral,ya materialmente.

Las Diputaciones provinciales y Regionales, así como los Mu­nicipios, no podrán invertir sus recursos sino en gastos de re­conocida utilidad para los intereses morales y materiales de la colectividad toda, sin que jamás puedan redundar directa ó in­directamente, exclusivamente, en favor de una persona, de una familia, pueblo ó comarca. Las corporaciones, debiendo mirar por la prosperidad de sus administrados, especialmente las pro­vincias y regiones, procurarán fomentar la agricultura, la in­dustria y la instrucción, presupuestando premios á los producto­res que más se distingan en su tráfico, á los autores de obras científicas ó de artes industriales, nunca de literatura, porque es­tamos padeciendo una peste de retórica que se ha hecho endémica en España hace dos tercios de siglo.

Las Diputaciones provinciales no usarán otro papel para toda su documentación que el papel sellado de oficio del año correspon­diente, en la misma forma que hemos expuesto al tratar de los Ayuntamientos, lo mismo que respecto á los libros de actas y de contabilidad que les facilitará la Diputación Regional, abriéndose y cerrándose con las formalidades allí indicadas. Las multas que la Diputación ó Comisión permanente impongan, serán en papel pro­vincial de multas, análogo al papel municipal.

El contingente provincial no podrá exceder del 25 por 100 y recaerá no solo sobre contribuciones directas y consumos que hoy prescribe el art. 117 de la Ley provincial, sino sobre el 20 por 100 de propios, 10 por 100 de repoblación de montes, inscripciones de bienes desamortizados, cédulas personales y descuento sobre sueldos y en general sobre toda clase de contribución directa ó indirecta que se pague por los Ayuntamientos al Tesoro público. Para el pago del contingente provincial, se considerarán las poblacioness distribuidas en las siguientes categorías: 1º La capital de provincia, población con Sede Episcopal ó capital de departa­mento de marina o puerto o aduana de primera clase o plaza fuerte de igual categoría. 2º Cabezas de partido. 3º' Matrices de Ayuntamiento. 4º Pueblos agregados. Es decir, las mismas cir­cunstancias que análogamente hemos expuesto como bases para el reparto de la contribución al Estado, advirtiendo que la po­blación que tenga establecimiento de beneficencia ó instrucción sostenido por la provincia, ó industrial ó penitenciario ó de otra clase del Estado, pasará a la categoría inmediata. Para verificar la derrama proporcional se hará el reparto del presupuesto provin­cial entre el total de las contribuciones al Tesoro de cada Ayun­tamiento, rebajando una décima de su cupo ó cuota a la segunda categoría, dos á la tercera y tres á la cuarta y recargándola en cambio á la capital en la misma proporción que se rebaja al las gradaciones inferiores. El contingente provincial lo pagarán los Ayuntamientos durante los meses de Enero, Abril, Julio y Octu­bre en las cabezas de distrito electoral, en donde la Diputación ten­drá un recaudador con la fianza correspondiente y éste lo ingresará en la Caja de la Diputación. Los Concejales responden solidaria­mente con sus bienes al pago del contingente provincial, en caso de no ingresarlo en el tiempo y plazos marcados y. contra ellos y sus bienes se dirigirá el procedimiento de apremio por el men­cionado recaudador.

Los grandes atrasos que hoy tienen los Ayuntamientos por con­tingente provincial, se satisfarán en cuatro plazos, que figurarán en los presupuestas municipales en cuatro años sucesivos á fin de que escalonados les sea más llevadero su pago y las Diputaciones tendrán presentes esos débitos para menos repartir á los que vayan corrientes en su pago; estos plazos de los atrasos serán comunes y ­empezarán a regir en un mismo año para todos los Ayuntamien­tos morosos.

Los turnos de la Comisión provincial no se harán á votación sino á suerte y por distritos á fin de que los Diputados de todos los distritos turnen en la Comisión. No disfrutará de gastos de repre­sentación la Presidencia de la Diputación, que la desempeñará, lo propio que en la Comisión permanente, el Diputado más antiguo en el cargo o que más veces lo haya desempeñado y en identi­dad de circunstancias, el de más edad; así se evitarán las componen­das más repugnantes para el disfrute y usufructo de las dietas y gastos de representación, no por desempeñar esos cargos más o menos honoríficos, sino por las indemnizaciones y gastos de re­presentación, que han convertido á esas puestos en unos beneficios curados, que se disputan, con todos los medios imaginables, hasta los más indecorosos, los padres de la provincia. Los diputados disfru­tarán de 10 pesetas de indemnización cuando asistan á las sesiones, menos los Vocales de la Comisión y los que sean vecinos ó re­sidentes en el punto de la reunión, a fin de no lesionar sus intere­ses y porque lo que poco cuesta poco vale. La Comisión permanen­te de la Diputación tendrá su residencia en la capital de la provincia y será precisa y obligatoria la presencia de sus tres Vocales para constituirse en sesión: en caso de enfermedad ó ausencia, les sustituirán por turno los Diputados residentes en la capital. Los Dipu­tados Vocales de la Comisión permanente, disfrutarán de indemni­zación dos mil pesetas en las provincias 1ª clase, dos mil quinientas en las de 2ª y tres mil en las de 3ª, y de esta manera se aquietará la gula por las dietas, demasiado insaciable, casi hasta la glotonería de algunos del oficio y de ese modo revestirán el ca­rácter de indemnizaciones. Los Presidentes de las Comisiones pro­vinciales disfrutarán 1000, 750, y 500 pesetas más que los Vocales, en las provincias de 1.*, , 2ª y 3ª categoría. Los Diputados que sean vecinos ó residan con casa abierta en la capital, no percibirán indemnizaciones, porque en ellos serían verdaderas gratificaciones. El Diputado que traslade su vecindad ó domicilio fuera del distrito que represente en la corporación, se entiende que renuncia el cargo. El cargo de Vocal de la Comisión provincial es incompatible con el ejercicio de la abogacía.

I.as Secretarías v Contadurías de las Diputaciones provinciales se proveerán por antigüedad, sin defecto, unas veces y otras por méritos, alternando en este concurso entre los Secretarios y Con­tadores municipales de las capitales de provincia de la misma Re­gión, mediante terna propuesta por la Comisión Regional para que elija la Diputación. Los empleados de las Diputaciones no podrán disfrutar de sobresueldo, ni gratificaciones mas que el sueldo asig­nado á su cargo. Las Diputaciones nombrarán á todos sus emplea­dos, pero no podrán separarlos, sino mediante expediente que justifique la medida, con audiencia del interesado. Las plazas de escri­bientes y oficiales de Secretaría y Contaduría provinciales, estarán asimiladas por sus sueldos á las Secretarías municipales y se pro­veerán en la misma forma que éstas.

De la propia manera las Diputaciones deben de ser las Gerentes de la asociación cooperativa de sus Ayuntamientos para adquirir material de oficinas y. de escuelas, servicios en los cuales se derro­chan algunos millones y. adquiriéndolo por subasta las Diputaciones legrarán economía para los Ayuntamientos, pues los intermediarios en toda clase de comercio, son la carcoma, en la actual sociedad, de consumidores y. productores y en esa dirección cooperativa las Di­putaciones y especialmente los Ayuntamientos, pueden hacer mu­cho en obsequio de sus administrados y en bien de las clases me­nesterosas, proporcionándoles alimentos sanos y baratos y habita­ciones higiénicas para ya en ese camino ir después más allá, pues las obras cooperativas, dice Ch. Perín, producen el hábito le la acción concertada, de la fijeza de relaciones y de la mutua confianza, preparando de esta suerte los vínculos más internos y sólidos de la verdadera asociación.

Si á las corporaciones municipales les fiemos reconocido la ini­ciativa legislativa, con mayor razón todavía, por la capacidad más extensa que hay que suponerles, se la habremos de otorgar tam­bién a las Diputaciones provinciales.

Las Diputaciones tendrán los Arquitectos necesarios, no solo para atender á sus edilicios, sino para todos los de los Ayuntamien­to de la provincia.

Ya hemos indicado anteriormente, que es preciso aligerar a los presupuestos provinciales de la pesada carga del sobre-sueldo á los maestros, que no tienen razón de ser, ya que lo hemos compensa­do con el aumento de sueldo personal y jubilaciones.

De otro servicio que no es pequeño conviene librar a los pre­supuestos de las provincias; ya nos hemos lamentado cómo la maledicencia pública ha hecho presa en el servicio de quintas que prestan las Comisiones provinciales al Estado y sin que nosotros salgamos á su defensa, porque tal vez pareciese interesada y sin que nosotros creamos que todo el monte es orégano, rechazamos todos esos ataques calumniosos, mientras no se prueban, con toda nuestra enérgica entereza, comprendiendo que el mejor medio de que los abusos, si lo hay, desaparezcan, es descargar de ese ser­vicio á las Comisiones provinciales, porque, no es de su incum­bencia y, que lo presten comisiones militares de reclutamiento como se hace en todas partes y así se economizarán algunos míles de pesetas los presupuestos provinciales y las Comisiones de las Dipu­taciones el trabajo y el sambenito consiguientes.

Elías Romera
LA ADMINISTRACIÓN LOCAL, Almazán 1896 pp.263-275