martes, 16 de abril de 2013

PREMISAS MORALES PARA UN NUEVO PLANTEAMIENTO DE LA ECONOMÍA






PREMISAS MORALES PARA UN NUEVO PLANTEAMIENTO
DE LA ECONOMIA
*
Alvaro d'Ors  (1915-2004)
*·Texto inédito de una intervención oral en un coloquio sobre: "Claves del Mundo Mo-
derno" (Universidad de Navarra, 1990). 
Debo decir, de entrada, que lo que podría ser el "pathos" de mi intervención
de hoyes anticapitalista. La economía actual es una economía capitalista, y mi
posición es radicalmente anticapitalista. Aunque pueda parecer un poco exagera-
da, mi opinión es que, como régimen económico, el capitalismo resulta hoy
moralmente peor que el comunismo. Cuando hablamos de comunismo, estamos
pensando en toda una ideología que ha inspirado el comunismo de nuestra época
y que es algo del todo reprobable; es una herejía o, si se quiere
,
una forma de
apostasía como tantas otras. Pero el comunismo en sí mismo, es decir, la idea
de supresión de la propiedad privada, aunque no sea algo que yo defienda como
régimen natural
,
sin embargo, me parece mucho menos nociva que el capitalismo.
Hay algo muy claro para unos ojos ingenuos en estos tiempos
y
es que el comu-
nismo simplemente como comunidad de bienes ha sido exaltado por el cristianis-
mo, de manera que nuestros primeros cristianos
,
como bien sabemos por los
"Hechos de los Apóstoles", tenían todos los bienes en común, y, a lo largo de la
historia, se ha repetido, con distintas modalidades, pero con una gran pe
r
sistencia,
que ciertos movimientos que buscan la perfección cristiana han empezado por
prescindir de la propiedad y tener todo en común, prácticamente todo. Es de-
cir que la idea del comunismo, de supresión de la propiedad particular, puede
resultar, diríamos, menos natural para una convivencia ordina
r
ia, pero, en sí
misma, no tiene nada de pecaminoso. Puede hablarse de un "comunismo cristia-
no", pero no de "consumismo cristiano": el consumismo capitalista es esencial-
mente anticristiano
.
El capitalismo, cuya consecuencia es el consumismo, lo que hace es aumentar
los vicios, aumentando las riquezas, aumenta
r
las riquezas para los vicios, para el
placer; es decir, que, de entrada, el consumismo debe considerarse inhumano
.
De manera que si el comunismo resulta detestable, es por la concomitancia con
movimientos ideológicos que lo han acompañado, pero, aunque no sea muy
natural para la convivencia social ordinaria, considerado en sí mismo, como su-
presión de la propiedad privada, no es un cosa que vaya contra la moral. En
cambio, el fomentar el vicio, fomentar el consumismo, es inmoral; este es el
planteamiento, digamos ideológico, de mi posición.
Se podrá decir, y es muy frecuente hacerlo en la actualidad, que el comu-
nismo ha fracasado. Esto no es tan claro. El comunismo, como Economía, ha
fracasado desde el punto de vista de la Economía capitalista, porque con él no
se ha producido tanta riqueza y bienestar general como con la capitalista: sirve
menos para hacer riqueza
,
luego, se dice, ha fracasado. Desde este punto de vista
de la Economía capitalista, evidentemente ha fracasado la Economía comunista, 

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REVIST A CHILENA DE DERECHO
 
pues hay que reconocer que los comunistas visten peor, no tienen tantos bares,
no tienen discotecas, no tienen lujo, no tienen todas estas cosas que se consideran
condiciones del "bienestar" ...
;
puede ser que esto sea cierto, pero, como sistema
político, no se ha acabado, ni se está acabando; no se puede decir que ha fracasa-
do, porque, ¡vaya fracaso después de 70 años ¿Qué régimen político dura 70
años? Decir que ha fracasado el Comunismo es como si dijéramos que había
fracasado el Imperio Romano o que había fracasado la Monarquía absoluta. Los
regímenes que han durado muchísimo, pueden haber terminado porque en esta
vida todo se acaba, pero que hayan fracasado, no. Las cosas fracasan cuando no
llegan a tener una vitalidad continuada...
y si
después de 70 años; y con una subsis-
tencia al menos parcial! ... Esto, de entrada.
Antes de seguir adelante con nuestro tema, quiero decir todavía una cosa, y
es que la Economía ha invadido todo el campo del pensamiento
y de la actuación
humanos: no hay más que Economía. La filosofía de los "valores" es una conse-
cuencia del predominio de la Economía
.
Los valores son económicos; que luego
se hayan considerado como morales
,
como estéticos, etc., esto es por una especie
de analogía
.
"Valor", quiere decir precio. De manera que toda la filosofía de los
valores y todo en e
l
mundo de hoy, todo se está convirtiendo en fenómeno de
Economía; la misma universidad se está convirtiendo en una empresa económica,
no ésta sólo, sino todas. Es más, hasta los autores espirituales hablan de la "Eco-
nomía de la salvación"
.
Ese dominio de la economía es un claro síntoma de la
corrupción del ser e idolatría del tener.
Es mi actual propósito señalar, primero (I), algunos errores radicales de la
teoría capitalista, para proponer, después (II), algunas sugerencias profilácticas
contra las consecuencias del capitalismo, y llegar a alguna con
c
lusión (III). Para
mayor claridad de nuestra exposición numeraremos las proposiciones, y, para
comenzar bien, empecemos por Aristóteles
.
I
1º. Aristóteles en su "Política", principalmente, en el libro primero capítulo
8 y 9, Y luego en su "Económica", capítulo 1, distingue entre la Economía y la
Crematística.
¿Qué es la Economía? La Economía es para Aristóteles la administración
razonable de los bienes que se necesitan para la vida, es decir
,
los bienes natural-
mente necesarios; empieza por ser, como el mismo término
oikos
indica, algo
doméstico, y por eso Arístóteles pone en relación la Economía con el matrimonio
(cfr
. Poi. 3.4, 5); es más, contrapone la Economía a la Política.
¿Qué es, en cambio, la Crematística? El arte de enriquecerse sin límites. La
palabra "Crematística" aparece definida como forma de adquisición (ktiké) que
no conoce "límite" (peras), ni de riquezas ni de medios para obtenerlas
. Esto
quiere decir que la Economía se ha convertido hoy en Crematística,
en la ciencia
del enriquecimiento progresivo sin límites. Esto, en realidad, no es Economía sino
Crematística. La producción de bienes, dice Aristóteles, entra también dentro de
la Economía, como administración, pero para subvenir a las necesidades naturales,
no para producir sin más, bienes y más bienes, y aumentar las riquezas
;
esto,
repito, es Crematística. El Comercio, el cambio de unos bienes por otros -aunque
no era lo propiamente natural de los bienes
-
se introduce para subvenir a las
necesidades de una familia, de un grupo, ciudad, etc., que no tiene de todo y

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cambia lo que produce por otras cosas que no tiene y necesita. Ha sido esta
ciencia del Comercio
-la ciencia de la Metabletiké, dice Aristóteles-
, el gran
instrumento del cambio, sobre todo a partir de la introducción del dinero, pero
también del cambio para producir una riqueza sin límites, no para subvenir sim
-
plemente las deficiencias naturales; eso pertenece ya a la Crematística.
¿Cuál es mi punto de vista a este respecto? La Economía debe volver a ser
una ciencia de la administración, y no de la producción; hay que volver a la
Economía y dejar la Crematística. ¿De dónde ha venido esta perversión? A mi
modo de ver, esta perversión, esta conversión de la Economía en Crematística, es
de típica influencia protestante y no soy el primero que lo dice; procede sobre
todo de la teoría calvinista
-
que va en contra de la evidencia que podemos sacar
del Evangelio (cfr
. Le. 6,24; " ¡ay de los ricos!", etc.)-
, de que la riqueza personal
es un signo de predestinación: de que se van a salvar aquellos a los que les va
bien en la vida, y por eso hay que procurar ser ricos, y aumentar sin límite la
riqueza, la propia y la total.
Para terminar ya este primer punto, digo que hay que volver a la Economía
como una ciencia causada por la limitación de los bienes. No debe ser la ciencia
de la riqueza, sino
la ciencia de la pobreza
. Exactamente lo que hace un ama de
casa, una madre de familia que dice: "tenemos esto, hay que repartir". Y no
reparte por igual, sino que a quien lo necesita le da más carne, al pequeño le da
más leche, al viejecito le da un flan ... , y distribuye de forma desigual; porque la
familia es esencialmente un organismo de desigualdad. Por eso la igualdad demo
-
crática va en contra de la familia, esa reserva de desigualdad, que distribuye
desigualmente según las necesidades de cada uno razonablemente, y procura
naturalmente aumentar la ración al que más lo necesita, impulsando la producción
de bienes, no por enriquecerse, sino para cubrir las necesidades naturales de la
familia. Esta Economía familiar es, desde luego, más rudimentar
i
a, pero no esen-
cialmente distinta de la gran Economía comunitaria, y tampoco de la de las
empresas.
La Administración económica debe partir de los límites de los bienes exis-
tentes, y luego pensar en cómo subsanar su deficiencia
-esto es Economía-
, y
no en pretender la abundancia futura sin considerar los límites actuales
--esto es
la Crematística o Economía capitalista.
Ciencia, por lo tanto, de la administración, de la buena administración, de la
pobreza, de la escasez de bienes, y no del enriquecimiento por producción sin
límites. Toda producción está en función de las necesidades naturales, pero no
es un fin infinito , en contra, naturalmente, de lo que sostienen los economistas
capitalistas, que creen que la función de la Economía es, sin más, el aumento de la
producción y del consiguiente enriquecimiento: "La riqueza de las naciones" ... , y
de los negociantes.
20 El mismo Aristóteles creía que la esclavitud era de derecho natural. Esto
tuvo muchas consecuencias, incluso en España, en el momento diríamos emocio-
nante del descubrimiento de América, cuando Ginés de Sepúlveda y otros juristas
importantes, siguiendo a Aristóteles, decían que los indios, al ser cautivos de
guerra, eran esclavos. Pero es increíble cómo se impusieron pronto las ideas de
los teólogos, que decían que no eran aquéllos esclavos; que no valía allí la teoría
de Aristóteles de que, como había sido práctica de toda la antigüedad, los pri-
sioneros de guerra son esclavos del vencedor; y que, al no ser esclavos, eran pro-
pietarios de sus tierras. Esto es algo que no nos damos cuenta hoy de lo que
supone como genial atrevimiento del pensamiento español de aquel momento


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de enfrentamiento con una realidad insospechada. Digo esto contra tanta insidia
procedente de la "Leyenda Negra", y contra la insospechable acusación reciente
de racismo.
Pero hay otra cosa que tener en cuenta. Aunque Aristóteles era esclavista,
decía (PoI.
1,2,4 ss.) algo muy importante: que el esclavo siendo un objeto en
propiedad, está destinado a servir, pero no a producir; por lo tanto, en la relación
con la distinción entre
praxis y poiesis,
el hacer de conducta y el hacer productivo,
el esclavo está destinado a la
praxis,
a trabajar en cosas, pero no a fabricar nada; es
un siervo, un servidor, pero no es un instrumento de producción. No es lo suyo
hacer una obra material, sino servir
.
A este propósito, es interesante ver cómo en
el derecho romano se plantea, en cierto momento, la duda de si el hijo de una
esclava era fruto y pertenecía, por lo tanto, al eventual usufructuario: si era fruto,
como podrían ser las crías de los animales, fruto como esos corderitos que nacen,
como la leche, como la lana son fruto de las ovejas, es decir, productos a cuya
producción r
eit
erada está destinada la cosa que los produce. Se planteó, pues, el
problema y se resolvió diciendo que el hijo de la esclava es un producto que per-
tenece al dueño de ésta y no al usufructuario; por lo tanto, que no es un fruto,
porque la esclava no está destinada a producir, a parir hijos, sino a servir al dueño
o al usufructuario. Este miramiento, estrictamente jurídico
,
puede dar luz para
comprender que tampoco el trabajador libre de hoy está destinado a producir,
sino a servir con su trabajo. Esto nos lleva al punto siguiente.
3º. En relación con el anterior punto 2, tratemos de la empresa. La em-
presa, bien entendida, no es nada más que una forma de cooperación de trabajo
.
Pues bien, si los trabajadores que están en una empresa no están destinados a
producir, tampoco la empresa está destinada a producir, sino que
la empresa
es la forma de cooperación laboral, de servicios
, que puede tener naturalmente
un resultado de producción
,
pero éste no debe ser nunca el fin de la empresa;
el fin de la empresa está en hacer digna la vida de los trabajadores y de sus fa-
milias.
La empresa no es un instrumento de producción, sino un instrumento
de relaciones humanas, de convivencia, de organización del trabajo, de unos
servicios. La producción, naturalmente, resultará de su actividad, pero no debe
ser el fin. La empresa debe ser una forma de convivencia laboral. Ahí, como
sabemos los juristas y como saben todos los economistas, hay siempre una serie,
diríamos de equívocos, de corrimientos de conceptos en relación con el tema
de si la empresa es una persona jurídica. Personas jurídicas llamamos (para los
asistentes que no son
j
uristas) a aquellos grupos humanos que constituyen una
sola personalidad distinta de las que la componen; por ejemplo, la Universidad
es una persona jurídica, que tiene sus propiedades, tiene sus créditos, sus deudas
como una persona jurídica; también puede esto ocurrir con un conjunto de
bienes destinados en forma de fundación
,
y ocurre lo mismo con entidades de
carácter público, el Ayuntamiento, el Estado ..
.
Y creo que, a pesar de todas las
matizaciones y discusiones, la empresa es ella misma una persona jurídica; es
decir, que este conjunto, esta universitas personarum
,
según la terminología tra-
dicional, este conjunto de personas y no de cosas, que es la empresa constituyen
una persona juríd
ica.
Una persona jurídica distinta de los trabajadores que se
integran dentro de la empresa
.
Por lo tanto, al ser persona jurídica, es persona,
y, al ser persona, no puede tener dueños; porque las personas no pueden tener
dueños
; si l
os tuvieran, serían esclavas, y volveríamos a una nueva forma de
esclavitud, de personas no físicas
,
pero personas. Una empresa es ella misma
esa persona jurídica, en las relaciones con los trabajadores y con el exterior
;


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puede tener propiedades, créditos y deudas, pero ella misma no puede tener due-
ños,
como mantiene el capitalismo, que habla constantemente de los "dueños
de la empresa".
Observo incidentalmente el residuo esclavista que hay en el uso de la palabra
"patrono", porque patrono era el dueño que había dado la libertad a su esclavo:
él era el patrono y el esclavo ya no era su esclavo, sino su liberto. Hoy se sigue
utilizando la palabra patrono para designar al dueño de la empresa; es un claro
residuo esclavista, Pa
tr
ono, o patrón, como se dice en algunos lugares (aunque
luego, en plural, no se diga "patrones", sino patronos), es algo que depende
también del régimen esclavista. El empresario es el patrono, es decir, el dueño
que, naturalmente, ya no tiene a nadie como esclavo, pero que sigue teniendo
un cierto dominio sobre su "subordinado". Debajo de esta idea de la subordina
-
ción de los trabajadores al empresario hay un residuo de la potestad domini-
cal, y del patronato
sobre los esclavos ya libres, como son los modernos traba-
jadores.
Por lo tanto, si la empresa no es un instrumento de producción, sino que
es una forma de convivencia laboral, hay que trasladar el tema de la empresa,
del Derecho mercantil, al Derecho laboral. Esto trae una consecuencia radical para
los planes de docencia de las asignaturas: hay que quitar las lecciones de empresa
del programa del Derecho mercantil, que es un derecho eminentemente capita-
lista, para llevarlo al Derecho laboral, que, en una perspectiva que no vaya expli-
car de nuevo aquí, yo creo que ha de ser el centro del derecho civil del futuro.
Efectivamente las relaciones laborales son hoy las más importantes que han en
el ámbito social. El tema de la empresa no puede estar desvinculado del de los
trabajadores, sino que es la forma ordinaria de convivencia de los trabajadores.
Este era el punto 3.
Pero no puedo dejar de insistir en algo que he repetido muchas veces: que
el que aporta dinero a la empresa, a esta persona jurídica que es la empresa, no
es socio de la empresa. Quiero decir: el llamado "socio capitalista", que no hace
más que aportar dinero, no debería tener derecho como socio, sino simplemente
como
prestamista,
a que le devuelvan el capital prestado con unos intereses, que
pueden ser fluctuantes, según las ganancias de la empresa.
Esta exclusión del inversionista como simple prestamista supone un franco
ataque a la forma más perfecta del capitalismo que es la sociedad anónima. ¿Cómo
va a ser socio un accionista, si lo único que le interesa es cobrar el dividendo?
¿Qué le importa la empresa? En cuanto vea que la empresa va mal, venderá sus
acciones. ¿Qué le importa al accionista lo que pasa con los obreros? Un verdadero
socio tiene que ser alguien que participa, tiene que ser alguien que se preocupe
por la empresa, que trabaje en ella. Por tanto
, el socio natural de la empresa es
el que trabaja
; desde el jefe que trabaja (no vamos a pensar solo en los obreros
manuales n
i
mucho menos) y los técnicos, que cada vez tienen más importancia
dentro de una empresa, hasta el último portero de la fábrica: éstos son realmente
los socios.
¿Qué es lo que ocurre en la empresa capitalista de hoy? Que los trabajadores
no son socios. ¿Por qué? Hay que decir la verdad: ellos mismos no quieren se
r
io,
porque prefieren no tener preocupaciones con la empresa,
y
se contentan con
cobrar su jornal. A un obrero que no piensa más que en su jornal, es imposible
convertirlo en socio. En cambio, el que presta dinero, que tampoco se preocupa
de nada, que solamente presta el dinero, a éste se le hace socio. Le llamamos


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copropietario de la empresa, pero esto es una aberración, pues sobre el dinero
no hay propiedad, sino sólo crédito
.
Resulta así que los trabajadores, que deberían serio, no quieran ser socios
y, en cambio, quieren ser socios los que, por no trabajar, no deberían serlo
.
Esto
es incomprensible, es absurdo, pero es así
.
4º. Este cuarto punto se refiere a lo que es el primer fundamento del capi-
talismo: la usura,
esto es, a la consideración de que el dinero puede producir
un fruto consistente en más dinero, como fruto no natural, sino civil. En el
punto 20 he dicho que los esclavos no producían frutos. Ahora digo: tampoco
el dinero.
Los frutos, por definición, proceden de cosas que no se agotan con una
producción reiterada, como la vaca que produce leche, o la tierra que produce
cosechas, o rentas del arrendamiento
.
Es decir, para producir fruto es necesario
que la cosa productora no se consuma por la primera producción. Sería un simple
producto, por ejemplo
,
la carne que deja la vaca, pero no fruto, porque una vaca
no puede dar carne más que una sola vez, al matarla, en tanto sus crías o su leche
sí son sus frutos. Este es el concepto jurídico de fruto
.
La consideración de los intereses del dinero como fruto es un error jurídico,
pero absolutamente aceptado por el capitalismo. El inversionista considera que
tiene algo parecido a una vaca cuando da dinero y va a cobrar unos intereses;
pero, para obtener los intereses, debe empezar por perder el dinero que presta,
aunque le queda el crédito. Nada hay más consumible que el dinero. ¿Para qué
sirve el dinero si no es para gastarlo? Y también se gasta al prestarlo.
¿Qué son propiamente los intereses? Los intereses del dinero que se deja a
otra persona, en realidad, son una especie de pena por el retraso en la devolución
del dinero que se ha recibido. Partamos de un supuesto en el que se ve esto muy
claramente: cuando, en una sentencia, el juez condena a alguien que debe dinero
porque no lo ha pagado, aumenta la condena con el interés moratorio por no
haber pagado el dinero en su día: ahora tiene el deudor que pagar más; es una
pena proporcional al perjuicio que se ha ocasionado al acreedor por el retraso.
El préstamo de dinero, como tal préstamo mutuo, es gratuito y no produce
intereses: yo entrego una cantidad y me tienen que devolver la misma cantidad,
no más. Lo que pasa es que puedo yo, al margen de esto, hacer un convenio por
el cual, quien recibe el dinero, se obliga a pagar unos intereses
. Esto es algo añadí
-
do, algo postizo respecto al préstamo mutuo. El préstamo,
por sí mismo, no
tendría por qué producir interés
,
pero los produce si se establece expresamente
una obligación de pagar intereses (que en Roma se llamaban usurae) por el tiempo
en que el prestamista se ve privado de la cantidad prestada. Este negocio de prés-
tamo más estipulación de usuras es el llamado
fenus por los romanos.
La ley judía prohibió las usuras entre los judíos y, desde los tiempos de
Roma, quien cuidó del bien común estableció límites para las usuras. ¿Por qué
hoy aceptamos sin escándalo el préstamo usuario del que la inversión es una
modalidad?
Los moralistas, a partir del siglo XVI, influidos por la Reforma protestante,
consideraron que el dinero prestado producía frutos civiles: que son las rentas
que un propietario puede cobrar por la cesión temporal del uso de una cosa; por
ejemplo, corno cuando se alquila una casa,
y
el propietario sigue siendo propie-
tario
,
pero el inquilino le paga unos frutos civiles. Se puede esto entender muy
bien en una finca rústica que produce cosechas: el propietario se ha cansado de
trabajar la tierra, no tiene ganas ya de trabajar
, y se va a vivir a la ciudad dejando


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su finca a un arrendatario, para que éste le pague periódicamente una renta, una
cantidad: ha sustituido una cosecha, que era un fruto natural, por la renta, que
es un fruto civil.
No así con el dinero, pues, como ya he dicho, es consumible, El primero, que
no dudó en admitir como normal el devengo de usuras fue el calvinista De Moulín
(1506-1566), pero, con ese fin, tuvo que negar que el dinero fuera cosa consumí-
ble, ocultando que la consumibilidad no es siempre física, sino también jurídica;
una manzana se come, pero también se vende: en ambos casos se consume.
Esta nueva doctrina, naturalmente, chocaba con la tradición de la palabra
usura, que tenía un sentido peyorativo; aparece entonces la palabra "interés".
¿Qué quiere decir "interés"? "Interés" quiere decir inter
-esse
la diferencia que
hay entre una cosa y otra. ¿Qué diferencia hay entre dejar el capital o retenerlo?
Esta diferencia es el "interés". Por lo tanto, con esta palabra "interés" se coho-
nestan los frutos civiles
;
es un eufemismo, como lo es igualmente el llamar "bene-
fício" al lucro del inversionista
.
En rigor, lo único que podría justificar los intere-
ses del préstamo sería la estimación del servicio prestado por el prestamista, a
modo de un contraservicio
, y no como fruto del dinero prestado.
La nueva legislación de la Iglesia parece haber renunciado a su tradicional
actitud represiva de
l
a usura. Eso puede explicarse por la realidad económica de
hoy, en atención, sobre todo, al fenómeno de la
inflación
, pero la cuestión está
en que, con esta nueva actitud permisiva
,
se renuncia a la crítica más radical del
capitalismo.
5º. Una explicación ahora de la palabra "capital". ¿Qué quiere decir "ca-
pital"? Es la cantidad que se presta con intereses. En latín se decía sors (la "suer-
te") la cantidad que se prestaba; era "suerte" porque, después de todo, podía ser
incierta su recuperación
. Pero, a partir del siglo XVII, se habla de "capital"
(de
capitalismo tan sólo se habla en el siglo XIX) en relación con el dinero prestado,
invertido. Suele decirse que se llama así porque "capital" quiere decir "princi-
pal", lo "principal", que es lo que se ha prestado, siendo accesorios los intereses.
Esta etimología es posible, pero hay algo que me hace pensar en otra cosa.
Toda la economía monetaria está impregnada de ecos de la tradición ancestral
de ganado pequeño
,
que es la pecunia. Pecunia, de pecus (ganado), es también el
conjunto de los bienes de "ganancia", destinados al consumo, pero, más concre-
tamente, el dinero metálico, desde que éste aparece como medio de cambio, en
vez del pequeño ganado. Ahora bien
, capita
son las "cabezas" que componen un
rebaño de ese ganado
.
En la Edad Media aparece el uso del substantivo capitale para indicar ese con-
junto de cabezas, en relación precisamente con un negocio usuario que consistía
en prestar las cabezas de un rebaño a una persona durante un año, para que, al
cabo del año, devolviera el mismo número de cabezas aunque se hubieran casual-
mente muerto, más otras a modo de usuras, frecuentemente la mitad de las que
nacieran. Este rebaño prestado aparece con el nombre francés de "cheptel", de-
rivado de
capitale,
pero, como se tiene que devolver el mismo número de cabezas
que se recibió, el negocio se llamaba "cheptel de fer", "rebaño de hierro"; "de
híerro", porque no perece
.
Esto proviene de un negocio parecido de época hele-
nística (desconocido en derecho romano), en el que se hablaba también de "ga-
nado de hierro", y pasa a la Edad Media como "cheptel de fer". Yo no sé -es
algo que ofrezco a los lingüistas- si lo que ha influido en el concepto de "capital"
no ha sido, más que la idea de que "capital" (por cabeza) es lo más importante,
precisamente el que "cheptel
-capitaJe" es el conjunto de ovejas que se dejan para


446 REVISTA CHILENA DE DERECHO [Vol. 17  


que se devuelvan con determinados corderitos por el interés, el interés del rebaño,
la usura. Aquí, como puede verse, el interés se identifica con el fruto natural de
las ovejas. En efecto, en la Edad Media se distingue el capitale
vivens,
capital vivo
(o pecunia viva), que son las ovejas que van a producir frutos, y el
capitale mor-
tuum,
que es el instrumental de una hacienda de manera que se da como una
extensión, ya en la Edad Media, de la idea de
"capital", que eran las cabezas de
ganado, a los instrumentos que pueden acompañar al capital pecuniario de la
empresa: capitale vivens y capitale mortuum
.
También esta observación língüís-
tica desvela cómo la usura es una de las raíces del capitalismo.
II.
Estos son los cinco puntos sobre las raíces del capitalismo, pero hay unos
corolarios, que son, digamos, profilácticos, y que yo someto a los economistas.
6°. Si el trabajador no está destinado a producir, sino que la empresa debe
atender a la mejor convivencia natural de los trabajadores y mantención de sus
familias, etc., la desocupación de muchos es absolutamente inmoral
. ¿Por qué?
Porque la desocupación se justifica por razones económicas diciendo que la
empresa funciona mejor si no tiene tantos obreros; ya se encargará el Estado, se
dice, de pagar el subsidio del paro
.
Pero no es ésa la solución. Para la vida de
cualquier persona, para su personalidad moral, una de las primeras condiciones
es santificar su trabajo, y no puede ser que se impida, a una persona que puede
trabajar, la posibilidad de santificar su trabajo. Por tanto, que le den vueltas al
problema los economistas, como quieran, pero hay que partir de que no haya
desocupados. ¿Que las empresas van peor? Pues ya se arreglarán de otra manera,
como sea; producirán menos, no importa; lo primario es que no se quede sin
empleo quien quiera trabajar, quien esté dispuesto a trabajar
.
Nada más con-
trario a los criterios económicos capitalistas que la parábola de los víñadores
sin trabajo (Mt. 20, 10)
:
es una pauta para la reflexión de nuestros economistas
de hoy. Teológicamente: no puede haber un hombre sin posibilidad de trabajo.
Hay que partir de ahí, de las exigencias morales y no de las conveniencias de la
Economía. Programar una Economía con la desocupación es algo tan inmoral
como programar una urbanización contando con la limitación de la natalidad.
Esto es algo sobre lo que nunca se insistirá demasiado: las exigencias morales
son prioritarias,
y
la Economía, como administración de la pobreza, es algo
secundario. Lo contrario equivale a poner el caballo detrás del carro ..
.
, y de un
carro motorizado
.
7°. La producción debe ser controlada en consideración del bien público.
El que tiene la responsabilidad del gobierno público, debe contener a sus límites
naturales la producción. La producción debe ser contenida, al contrario de lo que
dice el capitalismo: que debe ser ilimitada; conforme a la Crematística, el lucro
incesante requiere una producción incesante.
¿Qué quiere decir esto de que debe contenerse la producción excesiva? En
primer lugar, el responsable de defender
el bien común
no debe tolerar una
producción cuyas consecuencias no pueda asumir públicamente. Por ejemplo,
no debe tolerar la producción de coches si no tiene una capacidad inmediata de
atender, mediante carreteras, aparcamiento s, etc., esta producción
.
La aberración
de que, por un interés absolutamente privado, el ámbito público se esté llenando


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de coches, que satisfacen naturalmente el ansia consumista de los particulares, pe-
ro que el poder público no puede asumir convenientemente,
esto es un desorden
.
Tampoco se debe consentir la producción de plásticos ni de otros objetos resídua-
les más que en la medida en que exista un servicio suficiente de recogida y
elimi-
nación de basuras. La producción, al impulso del capitalismo, no tiene límites; no
se preocupa el capitalismo de lo que puede ocurrir, de la contaminación, el espa-
cio, los ríos ... ; no le importa nada. De este modo, el poder público corre siempre
jadeante detrás del impulso de la producción y no puede asumir las consecuencias.
También aquí se pone el caballo detrás del carro.
Cierto dirigismo, en la Economía, es imprescindible para la defensa del bien
común. Ya sé que hoy la palabra "dirigismo" tiene muy mala prensa; pero esto
se debe al olvido de la prioridad, en la vida social, del interés común respecto al
interés particular; hasta el punto de contraponer, contra toda verdad, el bien
privado al bien público, que no pueden estar en contradicción.
80. Otro aspecto de la limitación está en la contención, no ya de la pro-
ducción, sino de su consecuencia correlativa: el consumo. En primer lugar, el
que tiene el control del bien público debe controlar los créditos, porqué el crédi-
to es una manera de fabricar dinero,
y
fabricar dinero es, por naturaleza, y ha sido
en la historia, una regalía del poder del Rey, del Estado
, etc. ¿Qué diríamos si
una fábrica particular comenzase a fabricar moneda o papel-moneda? Pero cuando
un banco concede créditos (naturalmente, con alta usura) está "fabricando" di-
nero. No digo que se deba radicalmente suprimir el crédito privado, pero sólo el
crédito que no es necesario para subvenir a necesidades personales. En todo caso,
el crédito tiene que ser siempre controlado por el poder civil. No ha de haber
libertad para el crédito bancario, y el crédito con fines empresariales no debería
dejarse al capitalista desaprensivo que no se preocupa de las consecuencias, ni
tampoco juzga sobre la necesidad, sino simplemente de la garantía y de los inte-
reses. Control oficial, pues, del crédito; lo que no quiere decir nacio
naliz
ación
de la banca, pues puede haber otras soluciones técnicas del control del crédito.
Y, aunque sean aspectos mínimos de esta necesaria limitación, la supresión, en
lo posible, de las tarjetas de crédito
y
de las ventas a plazos; la venta a plazos ha
sido uno de los grandes instrumentos del consumismo.
90. En relación con la contención del consumo está el fomento del ahorro,
tema que parece preocupar a los economistas de hoy, aunque sea en contra-
dicción con su planteamiento capital-consumista. Con ese fin, parece evidente
que deben aumentar los impuestos indirectos sobre los productos que no son de
primera necesidad, a la vez que se deben aliviar los impuestos sobre el patrimonio,
en especial, sobre las sucesiones hereditarias. Asimismo, aunque
la seguridad social

deba completar la previsión del ahorro, debe proyectarse como parte de la retri-
bución del trabajo,
y
no como carga normal del Estado; por lo tanto, debería
organizarse en las empresas
y sólo subsidiariamente como carga estatal unifi-
cada.
10°· Por último, la limitación del consumo provocado por la publicidad
comercial. Esto puede parecer utópico, pero, para mí, es la solución más conse-
cuente contra el consumismo capitalista. La libertad de mercado es algo natural,
lícito y conveniente, pero implica la competitividad. Con ésta, las cosas empiezan
a agravarse, porque la competitividad puede llegar a ser una de las cosas más
inhumanas que hay; una "lucha por la vida", por la que el poderoso elimina al
pobre, Al pobre hombre que vivía con su tiendecita le ponen al lado unos grandes
almacenes, y tiene que cerrar
. Esto es inmoral.

448 REVISTA CHILENA DE DERECHO [Vol. 17 

 

La competitividad, para alcanzar su fin, tiene que aumentar el consumo, y,
para aumentar el consumo requiere la publicidad comercial. Tenemos así esta
secuencia inexorable: el mercado libre exige competitividad; la competitividad
requiere publicidad,
y
la publicidad es la que produce el consumismo. El mercado
libre es un bien, pero el consumismo es un mal
. ¿Por
dónde hay que cortar esta
secuencia?

Ya hemos dicho que conviene evitar la producción excesiva, pero el eslabón
crucial de esta secuencia que conduce al
'
consumismo es el de la publicidad comer-
cial. Si no hubiese publicidad comercial, al servicio del interés absolutamente
privado de las empresas capitalistas, como se da actualmente, la competitividad
sería más humana; no sería aplastante como es hoy
.
Habría siempre una cierta
competición o competencia, pero, podemos decir, más humana e inocente, y el
consumo sería más natural, menos vicioso.

No hay peligro, pues, en dejar libertad al mercado y que haya una cierta
competencia, pero
, para que ésta no produzca el consumi
smo, lo que hay que
cortar es la publicidad comercial
.
¿Cómo se hace? Los economistas lo dirán, pero
la publicidad es la responsable directa del consumismo: no el mercado libre, sino
directamente la publicidad comercial.

Es claro que de la publicidad comercial dependen los medios de comunicación
pública, pero la repercusión que la supresión de aquélla puede tener en estos me-
dios quizá no sea en grave perjuicio del bien común. En todo caso, esto está en
relación con otra cuestión distinta, que es la de la conveniencia o no de que los
medios de comunicación
pública se organicen como empresas privadas
, al servicio
de intereses crematísticos e ideológicos particulares: si son de comunicación
"pública", es natural que estén controlados por el "poder público".
Lo que es
"público" no puede quedar a discreción de los "privados".

III.

Concluyendo: un buen orden moral es primario respecto a un eficaz orden
económico: las premisas morales son antes que la eficacia de la Economía; es de-
cir, la eficacia técnica de la producción debe subordinarse a premisas morales de
las que yo he tratado de explicarles algunas. Y, en relación con esto, digo que
los
servicios públicos
, aunque puedan ser encomendados a empresas privadas y sólo
subsidiariamente los asuma el Estado,
son prioritarios respecto a la ganancia de
los particulares.

Es absolutamente increíble que, en un mundo en que se está magnificando
al pueblo, la ciudad, lo social, etc., los servicios públicos no sean lo primario, y se
dé prioridad a los intereses particulares de los capitalistas. Esto es absolutamente
incomprensible. Pero entra en el gran tema de lo público y lo privado, uno de cu-
yos aspectos es, como desde hace tiempo he señalado, la "indefensión de lo

público
".

 


domingo, 14 de abril de 2013

ASE Asociación de Abulenses sin empleo, banco de tiempo, red de trueque y moneda y alternativa


Norte de Castilla


 


14 abril 2013


 


La Asociación de Abulenses Sin Empleo pondrá en marcha un Banco del Tiempo y una Lonja de Habilidades


Los parados cuentan con el apoyo de este colectivo para su formación y reincorporación al mercado laboral


18.03.13 - 18:05 - 

PABLO GARCINUÑO | ÁVILA

Los parados en Ávila cuentan con un nuevo colectivo dirigido a su formación y reincorporación al micado laboral. Se trata de la Asociación de Abulenses Sin Empleo (ASE), constituida oficialmente este lunes tras aprobarse sus estatutos y su junta directiva. A la reunión han asistido algo más de 50 personas, pero el número de interesados ronda el centenar.

El colectivo surgió «de una serie de uniones de inquietudes», tanto del Área de Empleo de Cáritas como de un grupo de parados de larga duración. «Hablamos de una unidad buscando un mismo interés, independientemente de las ideas y de dónde venga cada uno, y hemos encontrado un apoyo muy grande en Cáritas, sobre todo logístico», explica el presidente de este colectivo, José Luis Carrera.

Una de las primeras medidas que quieren poner en marcha es un Banco del Tiempo que dará lugar a un mercado de trueque con las habilidades que ofrezca cada asociado. «Todo eso va a ser movido con una moneda social que denominamos 'sonrisa», afirma Carrera.

También se quiere crear una Lonja de Habilidades, dirigida a la formación y reciclaje de desempleados. Se trata, señala el presidente, de «formar en nuevas profesiones para que los asociados consigan desarrollar aquellas funciones que puedan tener cabida en el mercado laboral o en nuestro Banco del Tiempo». Otra de las acciones planteadas es un departamento de motivación personal, entre otra serie de proyectos que llevarán a cabo las distintas comisiones.

Los interesados pueden pasarse por la segunda planta de la sede de Cáritas en Ávila (calle San Juan de la Cruz, 8) de 9.30 a 13.30 horas, o mandar una correo electrónico a abulensesinempleo@gmail.com para obtener más información.

La primera reunión de este colectivo tuvo lugar el pasado 4 de marzo y en la mañana del lunes ha quedado constituida oficialmente. Se han aprobado tanto los estatutos como la junta directiva, que ha pedido la colaboración de todos los asociados para poner en marcha los proyectos que puedan ir surgiendo. También se ha establecido un pago único de inscripción de tres euros. Después habrá que abonar 20 euros al año, pero quedan exentos de esta cuota las personas desempleadas y aquellos que trabajen menos de 25 horas semanales.

 

ASE asociación de Abulenses sin empleo


Ávila Red

Lunes, 4 de marzo de 2013

BAJO EL AMPARO DE CÁRITAS

Nace la Asociación de Abulenses sin Empleo

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Redacción

Más de medio centenar de personas dispuestas a intercambiar sus conocimientos y a impulsar iniciativas que les permitan salir de la crisis han constituido la Asociación de Abulenses sin Empleo, que inicia su camino bajo el auspicio de Cáritas.aratoria de la Asociación de Parados, en la sede de Cáritas de Ávila.

Samuel Hernández, coordinador del Programa de Empleo de Cáritas Diocesana en Ávila, ha explicado que el objetivo principal de la asociación es “unir a los desempleados, que no parados”.

La intención es “crear una conciencia de grupo” en el convencimiento de que “quien intenta solucionar los problemas de forma individual lo tiene mucho más complicado”, ha dicho, para añadir después que “defender los derechos de las personas que no tienen trabajo es el eje de la asociación, que busca proteger a sus miembros ante las administraciones”.

En la reunión celebrada este lunes, Hernández ha manifestado que la evolución del desempleo en Ávila ha sido “terrible”, no solo en el número de personas que están sin trabajo sino también, y sobre todo, “por la situación en la que se encuentran”.

“Ahora la esperanza es vivir, no sobrevivir” y el objetivo es “cómo llegar a fin de mes”, ha añadido, resaltando que, por este motivo, no existe ya un perfil concreto del desempleado que acude a Cáritas, porque se han visto afectadas “personas de entre dieciséis y 65 años, hombres, mujeres, españoles y extranjeros, pero con el denominador común de que no tienen ilusión ni esperanza”.

 

sábado, 13 de abril de 2013

Reorganización de las Diputaciones Provinciales (Elías Romera, Administración Local, 1896)


XII

Reorganización de las Diputaciones sobre nuevas bases y aumento de servicios.

Destruam et aedificabo
Jesucristo

Hicimos notar en lunar oportuno, la influencia tan inmediata de los gobernadores en estos organismos, acaso más sensible y más manifiesta que en los Ayuntamientos, por la contangencia y coexistencia de ambas entidades en las capitales de provincia. Allí también marcamos las deficiencias y vicios de las Diputaciones provinciales, tanto en su origen y constitución, como en sus funciones, habiendo señalado la enfermedad, fácil nos será hallar el remedio, porque, como dijo Hipócrates, un buen diagnóstico, prepara el oportuno tratamiento.

El procedimiento electoral para las Diputaciones provinciales será el mismo que hemos indicado para los ayuntamientos, con la diferencia, de que así como allí son electores todos los vecinos, cuyo requisito hemos indicado, aquí, á fin de dar fuerza social á !as corporaciones provinciales, proponemos sean sus electores, todos los ex-concejales, los vocales de las Juntas de los gremios y de los Sindicatos de obreros y todos los vecinos que posean un titulo de facultad o de enseñanza superior o profesional,, según la Ley- de Instrucción pública, siempre que no cobren sueldo del Estado, de la Región, Provincia o Municipio; se procurará que en un mismo año no haya elecciones de Ayuntamientos y Diputaciones, sino que vengan alternadas; proponemos este cuerpo electoral para las Di­putaciones:

1º' Para evitar la conmoción y perturbación que siem­pre llevan consigo las elecciones en los comicios numerosos.

2º Porque siendo las Diputaciones provinciales corporaciones que se sostienen, casi exclusivamente, del contingente á repartir entre los contribuyentes, justo es que estos sean los que las elijan y además así tendrán las Diputaciones una especial representación que les dará la experiencia y la capacidad de sus electores, además de la corporativa de los gremios; condicionados, así bien, como se pro­pone á los elegibles, las Diputaciones serán las genuinas represen­tantes de las fuerzas contributivas de la provincia.

Por otra parte, lo mismo en Francia que en Bélgica y que en Italia, el cuerpo electoral provincial es distinto que el municipal, por exigir otras condiciones de aptitud y capacidad, como aquí pro­ponemos y con cuerpo electoral tan selecto, se logrará que las Diputaciones salgan de las fuerzas vivas y de las capacidades del país, no por virtud de la coacción y del soborno y por imposiciones nauseabundas de la política, sino que busquen su raíz y, su funda­mento en las fuerzas sociales, anteriores á toda ley, inspirándose y afianzándose esta y aquellas, proveyendo a que los organismos sean fiel reflejo del orden social, para que así reciban sus mutuas influencias.

Para ser Diputado provincial se requiere:

1º Haber sida Concejal todo el plazo legal por un Ayuntamiento del distrito, con cer­tificado favorable de residencia de la asamblea municipal.

2º Tam­bién pueden ser Diputados provinciales los que tengan un título universitario ó sus similares, llevando diez años de ejercicio en el propio distrito.

3.º Los Presidentes de los Gremios y de los Sin­dicatos de obreros.

4.º No haber sufrido condena por comisión de delito y no tener las excepciones prescritas para los Concejales.

El cargo para Diputado provincial, es insolicitable, irrenunciable, obli­gatorio, juramentado, irrelegible y sujeto á responsabilidad y pe­riódicamente renovable como el de Concejal, por las razones allí expuestas. De este modo se evitará monopolicen el oficio de Dipu­tados provinciales los vecinos de !as capitales que se creen con más derecho y personalidad que los rurales y sobre todo irán á las Diputaciones personas de aptitud reconocida en la administración, de capacidad contrastada y así se considerará el cargo de Diputado provincial como un ascenso merecido en la vida pública y no será tan fácil haga mella en estas corporaciones el sórdido, grosero y
tan funesto egoísmo de la política, que en su exagerado proselitis­mo peca de poco escrupulosa en el reclutamiento de sus adeptos, así que las Diputaciones están pidiendo a voces un expurgo y una selección que las limpie y las emancipe de las imposiciones estu­pendas y de las improvisaciones fenomenales que de ordinario ex­hibe en esos Museos políticos en ejemplares, tan raros como precio­sos, la avasalladora omnipotencia de nuestros partidos, y de esa manera se logrará que personas autorizadas, notables y competen­tes, administren las provincias, constituyendo una verdadera je­rarquía en la carrera administrativa local, conforme al pensamiento del gran Cicerón. “Quiero, decía, en el Estado un Poder Supremo, que otra parte se reserve a los mejores ciudadanos y que los asun­tos locales se entreguen al juicio y voluntad del pueblo.» Restrin­giendo las condiciones legales de los candidatos á las Diputaciones, haremos que se les conozca más por sus hechos laudables, que por sus palabras hueras y capciosas y que algunos no traten de des­lumbrar y sugestionar por el traje correcto y elegante, que es la cáscara para encubrir la podredumbre, sino que habremos de lo­grar que la coerción moral de las autoridades sociales, de los hom­bres de bien y de buena voluntad y de aptitud reconocida, es decir, que la virtud y el talento de toda notoriedad, sean la legítima y saludable influencia en el cuerpo electoral, para que tenga o pueda tener acierto en la elección y garantía en los elegidos, anulándose las impaciencias y las ambiciones de los advenedizos.

Las Comisiones provinciales permanentes son hoy muy nume­rosas y por tanto excesivo el coste de sus indemnizaciones que suelen ser el cebo de bastardas ambiciones, por todo lo que pro­cede reducirlas á un tribunal trino y por tanto a dieciocho el nú­mero de diputados en cada provincia, que elegirán otros tantos distritos en que se dividirán las provincias, atendiendo al número de habitantes, demarcación que harán las Diputaciones con apro­bación de la Diputación Regional y confirmación, con resolución definitiva, del Consejo de Estado. Las capitales de provincia no podrán, cualquiera que sea el número de habitantes, tener más de un Diputado provincial, en el caso que ellas solas formen distrito y en el distrito que sean cabeza, se les procurará agregar suficiente número de Ayuntamientos que no solo equiponderen, sino que su­peren en número de habitantes á los que tenga la capital, para evitar así la preponderancia y hegemonía oligárquica de las capita­les sobre los pueblos.

La Diputación provincial se reunirá todos los años el primer día hábil de Febrero y de Octubre para ocuparse respectivamente de cuentas y presupuestos y de todos los demás asuntos que crea oportunos, verificándose la reunión en las cabezas de los distritos, alternando cada vez, para lo cual se fijarán á suerte los turnos. La Diputación se reunirá en sesión extraordinaria, cuando lo crea oportuno y necesario la Comisión permanente ó cinco de los vo­cales que lo solicitaran de ésta, qué hará la convocatoria- si la cree conveniente. Los acuerdos de la Diputación y de la Comisión san ejecutivos y se efectuarán antes de la sesión inmediata, por sus Presidentes y se harán públicos en el término de una semana en el Boletín Oficial y son apelables ante la Diputación Regional, la que al revocarlos, si notase negligencia ó ignorancia inexcusable ó mala fe notoria, procederá en todo, conforme á lo expuesto en los acuerdos municipales que habrían de servir de regla aplicable a las Diputaciones y á sus Comisiones permanentes, así como cuanto hemos dicho sobré responsabilidad civil y criminal en el desempe­ño de su cargo.

La misma autonomía relativa y sobre todo el alejamiento del Poder ejecutivo que hemos reconocido á las Ayuntamientos, la misma habremos de otorgar á las Diputaciones provinciales, libres de la ingerencia y de la intromisión de los Gobernadores, quia ubi est eadem ratio, esse debet eadem dispositio. Las Diputaciones pro­vinciales serán los superiores jerárquicos de los Ayuntamientos, inspeccionando todos los años los servicios, aprobando sus presu­puestos y cuentas, revisando sus acuerdes cuando no se hayan con­firmado por la asamblea municipal, y por último, nombrando Concejales interinos cuando proceda, a propuesta de la misma asamblea. Las corporaciones provinciales deben ser autarcas en la gestión de sus intereses y sus acuerdos ejecutivos en las materias de su competencia, que es todo lo que puede afectar material y moralmente a la Provincia, salvo el recurso ante la Diputación Regional. El Presidente podrá suspender el acuerdo cuando con­ceptúa perjudica los intereses de la provincia ó pueda afectar al orden público, dando cuenta inmediata, en el acto, a la Diputación Regional, cuya Comisión se reunirá ad hoc lo antes posible para resolver sobre el particular. También lo comunicará á la Diputa­ción para que pueda sostener y representar los fundamentos de su acuerdo. Los tribunales también podrán suspender los acuerdos de las Diputaciones, en los mismos casos que hemos marcado á los acuerdos de los Ayuntamientos. Las Comisiones provinciales hacen las veces y voces de las Diputaciones, cuando no están reunidas, pero no pueden hacer aumento de gastos y todos los acuerdos son provisionales, ínterin recae la aprobación de la Diputación. A cada reunión de ésta, la Comisión redactará una Memoria respecto a todos sus acuerdos y estado de la administración provincial por servicios, la cual se publicará en el Boletín Oficial. La Comisión provincial hará la distribución mensual de fondos y su Presidenta será el Ordenador de pagos, y hará la cuenta mensual de presu­puesto que se publicará en el Boletín Oficial; la de movimiento de fondos hecha por el Depositario, con el atestado del Contador, también se publicará mensualmente en el Boletin. Las Depositarías provinciales podrían suprimirse, teniendo cuenta corriente en la Sucursal del Banco de España, que podía ser el cajero de las Dipu­taciones, como lo es del Estado, con gran beneficio para las pro­vincias.

Los gobernadores de Provincia que deberían más propiamen­te apellidarse Delegados Provinciales del Gobierno, por conve­niencia á la unidad de mando y por economía, deberán asumir, como los antiguos Intendentes, lo gubernativo y lo administrativo. así al propio tiempo se dignificara y enaltecerá el cargo, porque la política trae hace muchos años averiado el personal y desarregla­das las Provincias, desde que cualquier Diputado á Cortes ó Se­nador se cree capacitado para arreglar y dirigir o mandar provin­cias y desde que el sueldo del gobernador es termómetro para regular jubilaciones de amigos y paniaguados de los Dioses mayores de nuestros partidos políticos, que han abierto por ahí gran por­tillo á las clases pasivas, a costa del Erario público, sentando una jurisprudencia abusiva que ha de costar muchos miles de pesetas á los esquilmadas contribuyentes. A los nuevos Delegados provin­ciales del Gobierno les queda que hacer bastante todavía con la administración económica, con el orden público, establecimientos penales, sanidad, comunicaciones y con la política, pero es preciso que en adelante esos cargos sean menos políticos y más administrativos, á fin de que aislando la administración pública, como preponemos en la local, de la política, ésta se encauce por otros derroteros y reduzca su acción á su propia esfera y no perturbe y convierta en botín de sus prosélitos, la administración local y del Estado.

Las Diputaciones se renovarán por terceras partes de dos en dos años en la forma actual, verificándose las elecciones el primer domingo de Diciembre para entrar los electos á ejercer el cargo el 1º de Enero. El cargo de Diputado provincial es insolicitable, irreelegible, incompatible con todo empleo público renumerado, irrenunciable y sujeto á responsabilidad como el cargo de Concejal.

El proyecto de presupuesto lo hará la Comisión provincial en unión del Contador. El año económico será el natural, sin perio­do de ampliación y sin presupuesto adicional, por ser ambos in­necesarios. El presupuesto se aprobará en la primera quincena de Octubre por la Diputación que lo pasará á la Diputación Re­gional para su aprobación definitiva, al fin de que los Ayuntamien­tos puedan en Noviembre conocer el contingente provincial, para su inclusión en los presupuestos municipales. Los gastos obligato­rios de las Diputaciones provinciales, serán:

1º Personal y material de sus oficinas, que no podrá exceder del 8 por 100 de sus presupuestos, fijándose en la Ley, el personal que deben tener, categorías y, sueldos en analogía á lo dispuesto por el Decreto de Mayo de 1892.

2º Indemnizaciones para los Sres. Diputados y Vocales de la Comisión permanente.

3º Sostenimiento de un Hospital de crónicos y operandos, una casa de maternidad, un asilo de expósitos y ancianos desvalidos, cucos establecimientos se situarán, á ser posible, en distintas po­blaciones de la provincia.

4º Costear un Liceo ó Instituto de 2ª enseñanza, con su agre­gada Escuela Normal de Maestros elementales y otra de Maestras de la misma clase, varias escuelas de artes y oficios situadas en distintas poblaciones de la provincia y escuelas de náutica en las provincias marítimas.

5º Construcción, conservación . administración de las carrete­ras y obras provinciales.

6.° Calamidades públicas provinciales.

7º Contingente regional.

8º Obligaciones eclesiásticas de la Diócesis.

9º Contingente de Guardia Civil y de Orden Público.

10º Servicio agronómico y forestal.
11º Construcción de pantanos.

12º Material de oficinas municipales y de escuelas.

13º Imprevistos que no excederán del 1 por loo del presu­puesto.

14.° Suscripción de la Gaceta Oficial y Colección Legislativa.

15º Publicación del Boletín Oficial de la provincia.

Las Diputaciones Regionales aprobarán en definitiva en la se­gunda quincena de Octubre, los presupuestos provinciales. Queda terminantemente prohibido todo pago ó subvención pecuniaria de fondos provinciales que no redunde directamente en provecho de la provincial toda y de todos y cada uno de sus ayuntamiento y veci­nos, ya moral,ya materialmente.

Las Diputaciones provinciales y Regionales, así como los Mu­nicipios, no podrán invertir sus recursos sino en gastos de re­conocida utilidad para los intereses morales y materiales de la colectividad toda, sin que jamás puedan redundar directa ó in­directamente, exclusivamente, en favor de una persona, de una familia, pueblo ó comarca. Las corporaciones, debiendo mirar por la prosperidad de sus administrados, especialmente las pro­vincias y regiones, procurarán fomentar la agricultura, la in­dustria y la instrucción, presupuestando premios á los producto­res que más se distingan en su tráfico, á los autores de obras científicas ó de artes industriales, nunca de literatura, porque es­tamos padeciendo una peste de retórica que se ha hecho endémica en España hace dos tercios de siglo.

Las Diputaciones provinciales no usarán otro papel para toda su documentación que el papel sellado de oficio del año correspon­diente, en la misma forma que hemos expuesto al tratar de los Ayuntamientos, lo mismo que respecto á los libros de actas y de contabilidad que les facilitará la Diputación Regional, abriéndose y cerrándose con las formalidades allí indicadas. Las multas que la Diputación ó Comisión permanente impongan, serán en papel pro­vincial de multas, análogo al papel municipal.

El contingente provincial no podrá exceder del 25 por 100 y recaerá no solo sobre contribuciones directas y consumos que hoy prescribe el art. 117 de la Ley provincial, sino sobre el 20 por 100 de propios, 10 por 100 de repoblación de montes, inscripciones de bienes desamortizados, cédulas personales y descuento sobre sueldos y en general sobre toda clase de contribución directa ó indirecta que se pague por los Ayuntamientos al Tesoro público. Para el pago del contingente provincial, se considerarán las poblacioness distribuidas en las siguientes categorías: 1º La capital de provincia, población con Sede Episcopal ó capital de departa­mento de marina o puerto o aduana de primera clase o plaza fuerte de igual categoría. 2º Cabezas de partido. 3º' Matrices de Ayuntamiento. 4º Pueblos agregados. Es decir, las mismas cir­cunstancias que análogamente hemos expuesto como bases para el reparto de la contribución al Estado, advirtiendo que la po­blación que tenga establecimiento de beneficencia ó instrucción sostenido por la provincia, ó industrial ó penitenciario ó de otra clase del Estado, pasará a la categoría inmediata. Para verificar la derrama proporcional se hará el reparto del presupuesto provin­cial entre el total de las contribuciones al Tesoro de cada Ayun­tamiento, rebajando una décima de su cupo ó cuota a la segunda categoría, dos á la tercera y tres á la cuarta y recargándola en cambio á la capital en la misma proporción que se rebaja al las gradaciones inferiores. El contingente provincial lo pagarán los Ayuntamientos durante los meses de Enero, Abril, Julio y Octu­bre en las cabezas de distrito electoral, en donde la Diputación ten­drá un recaudador con la fianza correspondiente y éste lo ingresará en la Caja de la Diputación. Los Concejales responden solidaria­mente con sus bienes al pago del contingente provincial, en caso de no ingresarlo en el tiempo y plazos marcados y. contra ellos y sus bienes se dirigirá el procedimiento de apremio por el men­cionado recaudador.

Los grandes atrasos que hoy tienen los Ayuntamientos por con­tingente provincial, se satisfarán en cuatro plazos, que figurarán en los presupuestas municipales en cuatro años sucesivos á fin de que escalonados les sea más llevadero su pago y las Diputaciones tendrán presentes esos débitos para menos repartir á los que vayan corrientes en su pago; estos plazos de los atrasos serán comunes y ­empezarán a regir en un mismo año para todos los Ayuntamien­tos morosos.

Los turnos de la Comisión provincial no se harán á votación sino á suerte y por distritos á fin de que los Diputados de todos los distritos turnen en la Comisión. No disfrutará de gastos de repre­sentación la Presidencia de la Diputación, que la desempeñará, lo propio que en la Comisión permanente, el Diputado más antiguo en el cargo o que más veces lo haya desempeñado y en identi­dad de circunstancias, el de más edad; así se evitarán las componen­das más repugnantes para el disfrute y usufructo de las dietas y gastos de representación, no por desempeñar esos cargos más o menos honoríficos, sino por las indemnizaciones y gastos de re­presentación, que han convertido á esas puestos en unos beneficios curados, que se disputan, con todos los medios imaginables, hasta los más indecorosos, los padres de la provincia. Los diputados disfru­tarán de 10 pesetas de indemnización cuando asistan á las sesiones, menos los Vocales de la Comisión y los que sean vecinos ó re­sidentes en el punto de la reunión, a fin de no lesionar sus intere­ses y porque lo que poco cuesta poco vale. La Comisión permanen­te de la Diputación tendrá su residencia en la capital de la provincia y será precisa y obligatoria la presencia de sus tres Vocales para constituirse en sesión: en caso de enfermedad ó ausencia, les sustituirán por turno los Diputados residentes en la capital. Los Dipu­tados Vocales de la Comisión permanente, disfrutarán de indemni­zación dos mil pesetas en las provincias 1ª clase, dos mil quinientas en las de 2ª y tres mil en las de 3ª, y de esta manera se aquietará la gula por las dietas, demasiado insaciable, casi hasta la glotonería de algunos del oficio y de ese modo revestirán el ca­rácter de indemnizaciones. Los Presidentes de las Comisiones pro­vinciales disfrutarán 1000, 750, y 500 pesetas más que los Vocales, en las provincias de 1.*, , 2ª y 3ª categoría. Los Diputados que sean vecinos ó residan con casa abierta en la capital, no percibirán indemnizaciones, porque en ellos serían verdaderas gratificaciones. El Diputado que traslade su vecindad ó domicilio fuera del distrito que represente en la corporación, se entiende que renuncia el cargo. El cargo de Vocal de la Comisión provincial es incompatible con el ejercicio de la abogacía.

I.as Secretarías v Contadurías de las Diputaciones provinciales se proveerán por antigüedad, sin defecto, unas veces y otras por méritos, alternando en este concurso entre los Secretarios y Con­tadores municipales de las capitales de provincia de la misma Re­gión, mediante terna propuesta por la Comisión Regional para que elija la Diputación. Los empleados de las Diputaciones no podrán disfrutar de sobresueldo, ni gratificaciones mas que el sueldo asig­nado á su cargo. Las Diputaciones nombrarán á todos sus emplea­dos, pero no podrán separarlos, sino mediante expediente que justifique la medida, con audiencia del interesado. Las plazas de escri­bientes y oficiales de Secretaría y Contaduría provinciales, estarán asimiladas por sus sueldos á las Secretarías municipales y se pro­veerán en la misma forma que éstas.

De la propia manera las Diputaciones deben de ser las Gerentes de la asociación cooperativa de sus Ayuntamientos para adquirir material de oficinas y. de escuelas, servicios en los cuales se derro­chan algunos millones y. adquiriéndolo por subasta las Diputaciones legrarán economía para los Ayuntamientos, pues los intermediarios en toda clase de comercio, son la carcoma, en la actual sociedad, de consumidores y. productores y en esa dirección cooperativa las Di­putaciones y especialmente los Ayuntamientos, pueden hacer mu­cho en obsequio de sus administrados y en bien de las clases me­nesterosas, proporcionándoles alimentos sanos y baratos y habita­ciones higiénicas para ya en ese camino ir después más allá, pues las obras cooperativas, dice Ch. Perín, producen el hábito le la acción concertada, de la fijeza de relaciones y de la mutua confianza, preparando de esta suerte los vínculos más internos y sólidos de la verdadera asociación.

Si á las corporaciones municipales les fiemos reconocido la ini­ciativa legislativa, con mayor razón todavía, por la capacidad más extensa que hay que suponerles, se la habremos de otorgar tam­bién a las Diputaciones provinciales.

Las Diputaciones tendrán los Arquitectos necesarios, no solo para atender á sus edilicios, sino para todos los de los Ayuntamien­to de la provincia.

Ya hemos indicado anteriormente, que es preciso aligerar a los presupuestos provinciales de la pesada carga del sobre-sueldo á los maestros, que no tienen razón de ser, ya que lo hemos compensa­do con el aumento de sueldo personal y jubilaciones.

De otro servicio que no es pequeño conviene librar a los pre­supuestos de las provincias; ya nos hemos lamentado cómo la maledicencia pública ha hecho presa en el servicio de quintas que prestan las Comisiones provinciales al Estado y sin que nosotros salgamos á su defensa, porque tal vez pareciese interesada y sin que nosotros creamos que todo el monte es orégano, rechazamos todos esos ataques calumniosos, mientras no se prueban, con toda nuestra enérgica entereza, comprendiendo que el mejor medio de que los abusos, si lo hay, desaparezcan, es descargar de ese ser­vicio á las Comisiones provinciales, porque, no es de su incum­bencia y, que lo presten comisiones militares de reclutamiento como se hace en todas partes y así se economizarán algunos míles de pesetas los presupuestos provinciales y las Comisiones de las Dipu­taciones el trabajo y el sambenito consiguientes.

Elías Romera
LA ADMINISTRACIÓN LOCAL, Almazán 1896 pp.263-275

Prudente y relativa autonomía municipal (Elías Romera, Administración Local 1896)


IV
Prudente y relativa autonomía municipal.Reorgani­zación de los ayuntamientos y asambleas municipa­les, tanto en sus vocales como en el modo de funcio­nar.-Iniciativa legislativa.

Facta per plures, lardius espediuntur.Axioma filosófico.
(Difícil es gobernar entre muchos.)

Una de las cosas que mas ambición despierta y que es causa de trastornos y escisiones en los ayuntamientos, es la elección de car­gos, por haberlos sometido la ley a la voluntad de los concejales, quienes son hombres y no pueden prescindir de las flaquezas huma­nas que tuercen las intenciones más sanas y los mejores propósitos, porque las pasiones se sobreponen frecuentemente á los intereses generales pospuestos á los particulares por egoísmo. No basta el mérito reconocido, la suficiencia probada ó la rectitud notoria para esos cargos, todo eso no vale nada ante la intriga, la ambición y las conveniencias del pandillaje de nuestros partidos que eleva á esos puestos personas adocenadas, cuya inepcia es de toda solemnidad, pero que el afán de notoriedad ó la confianza que inspiran al caci­que de la comarca, los lleva á esos cargos para acreditarse de media­nías á quienes demasiado ancho viene el sitial. A fin de cortar este vicio que no conduce mas que á entronizar el personalismo y el caudillaje en las corporaciones populares, perturbando su marcha regular y ordenada; es conveniente que los cargos de Alcalde, Presiden­te 1º, 2º y 3°, los desempeñen los concejales que hayan sido reelegidos mas veces, lo cual les acreditará de mas estimación popular y de más experiencia y en caso de empate, por este concepto, el que tenga más edad; sino hubiese reelegidos, los mas antiguos y entre estos los de mas edad por orden correlativo a los cargos. Lo propio sucederá para la designación de síndicos. De esta manera la ley hace el nombramiento de los cargos dentro del Ayuntamiento, pues co­mo dijo Cromwell: no se debe dejar al acaso a la pasión de los hombres, lo que puede hacer el consejo o la previsión, y se hace pre­ciso restaurar la autoridad social de la edad, ya que la igualdad todo lo ha arrasado.

Sería acaso convenientísimo reducir el número de concejales en los ayuntamientos de las poblaciones, porque se han contagiado de enfermedad tan grave como la oratorismanía y el parlamenta­rismo esta consumiendo la mayor parte de sus energías, porque como ha dicho acertadamente el gran Franklin «no se reúnen los hombres sin reunir sus pasiones, sus debilidades y sus miserias; con­greso demasiado numeroso es muchedumbre que se divide aceptando Jefes de pelea para producir eternas discordias”, teniendo presente esto y que el charlarmentarismo donde mas ha hecho presa es en las capitales, precisamente ahí es donde mas debe de reducirse el núme­ro de concejales, para así matar mas ambiciones, si bien la reducción la proponemos proporcionalmente en todas las categorías de pobla­ción, porque el excesivo número de vocales concejales ha convertido á nuestros ayuntamientos en unas cámaras deliberantes, mas que en cuerpos administrativos, confundiendo la deliberación con el bizantinismo y con los torneos oratorios, descendiendo con frecuen­cia á la charla y garrulería de los juglares y de esa manera lograre­mos, que la media proporcional así moral como intelectual de nues­tras corporaciones populares se eleve un poco, ya que tan inferior resulta por la turba multa de las vulgares medianías de que las tiene repletas la política menuda de campanario.
Y teniendo esto presente conceptuamos que el número de conce­jales debería ser el siguiente:

En los ayuntamientos compuestos de varios pueblos agregados cualquiera que se el número de habitantes tendrá un concejal de cada agregado, que ya hemos manifestado ha de ser el alcalde pe­dáneo presidente del concejo.

En ayuntamientos de 1000 a 2.000 almas, 5 concejales.
de 2.000 a 5.000 “ 7 “
de 5.000 a 10.000 » 9 “
de 10.000 a 25.000 “ 11 “
de 25.000 a 50.000 “ 13 “
de 50.000 a 100.000 “ 15 “

De 100.000 en adelante tendrán dos concejales mas por cada 100.000 almas, pues solo afectará esta escala á .Málaga, Sevilla, Va­lencia y Madrid. El primer grupo constituirá las dos terceras partes del total de ayuntamientos haciendo la reducción que se propone, como hoy mismo tienen esa misma relación los menores de 1.000 almas.

Será condición precisa que los concejales estén empadronados en el distrito ó colegio electoral que representen.

Los ayuntamientos nombrarán los alcaldes de barrio para que así no se conviertan en agentes políticos y el personalismo sectario impere en su nombramiento, como ahora sucede, por ser atribución de los alcaldes. Los ayuntamientos podrán mancomunarse para los asuntos propios de su competencia y atribuciones en cuyo caso serán sus representantes en la asociación sus propios alcaldes pre­sididos por el Diputado provincial del distrito y si fuesen pueblas de distinto distrito por el Diputado cuyo vecindario entre en mayor proporción en la asociación. Los concejales serán residenciados al cesar en sus cargos por la asamblea municipal, la que revisará todos sus acuerdos y antecedentes y en su vista resolverá lo que proceda en justicia, bien extendiéndoles un finiquito de aprobación de su ges­tión administrativa O bien haciendo las observaciones, y apreciacio­nes correspondientes é imponerles las correcciones que procedan ó bien entregarles á los tribunales, si los hechos fuesen punibles. La residencia de los concejales es medida tradicional en nuestros antiguos concejos y pedida por la Santa Junta de las Comunidades en 1520 a Carlos I para que se pusiese en todo vigor. No podrán for­mar parte de los ayuntamientos ni de las asambleas municipales, los vocales que entre sí sean padres, hijos ó hermanos ó que tengan este parentesco de 1° y 2º grado con el secretario de ayuntamien­to; esto tiende á evitar las oligarquías de ciertas familias en los pue­blos en los que el poder suele estar vinculado en algunas dinastías.

La asamblea municipal será ó debe ser el consejo de gobierno á la vez .que de inspección del ayuntamiento; ya hemos hecho notar que según su constitución actual, no puede ser ni lo uno ni lo otro, por formar parte de ella el ayuntamiento que la tiene como un testaferro para poner el visto bueno a sus decisiones, no para contener sus demasías o sus errores. De ahí que haya que constituir la asam­blea con completa independencia de los ayuntamientos, con personal de aptitud é independencia abonadas y de experiencia y arraigo reconocidos; al efecto y respondiendo a estas indicaciones la asam­blea municipal debe de componerse de doble número de vocales que el ayuntamiento. La asamblea municipal se compondrá de los Pre­sidentes de los Gremios y Sindicatos de obreros, en número igual al de individuos del ayuntamiento y de otros tantos ex-concejales elegidos todos a la suerte y así lograremos independencia, capacidad y responsabilidad en !a asamblea municipal. La asamblea se renovara de dos en dos años par terceras partes, tanto entre los vocales ex-concejales como entre los presidentes de !os Gremios v Sindicatos. Será Presidente el ex-alcalde que haya desempeñado el cargo mas años ó en otro caso de concejal y en caso de empate el de mas edad, siendo Vicepresidente el vocal contribuyente de meas edad.

Será de la competencia de la asamblea municipal:

1º Censurar !os presupuestos y cuentas municipales y elevarlos con su informe a la Diputación provincial para su definitiva aprobación.

2º Aprobar todos los arbitrios y repartos municipales.

3.° Resolver las alzadas contra los acuerdos de los ayuntamientos.

4º Informar en los proyectos de hipoteca de bienes comuna­les ó levantamiento de empréstitos, pira que resuelva definitivamen­te después la Diputación provincial.

5º Proponer á la Diputación el nombramiento de concejales interinos cuando las vacantes lleguen á la tercera parte del número correspondiente falte mas de un semestre para la renovación le­gal. En el caso de suspensión del ayuntamiento o parte de él por providencia judicial o destitución por sentencia, se habrá de comu­nicar por el tribunal que la decrete a la asamblea municipal para que esta proponga á la Diputación las personas ex-concejales que hayan de constituir interinamente la corporación municipal.

6º Imponer los correctivos correspondientes, tales como re­prensión pública y multa hasta 100 pesetas á los concejales que hayan sido multados tres veces por el alcalde por su no asistencia á las sesiones, proponiendo á la Diputación se le procese por abandono de cargo público, en caso de reincidencia y de resultar ineficaces aquellas correcciones disciplinarias.

7º Proponer á la Diputación las visitas extraordinarias en los servicios municipales, cuando lo crea oportuno, exponiendo los mo­tivos cuando sus indicaciones al ayuntamiento fuesen infructuosas.

8º Informar al ayuntamiento para sostener y contestar á las demandas y. transigir en los pleitos.

Con la constitución y atribuciones expuestas, la asamblea mu­nicipal servirá de freno y contrapeso á los ayuntamientos, utilizán­dose en ella la experiencia, el sentido práctico que proporciona la gestión de los negocios públicos y la circunspección propia de la edad, á la vez que se tienen muy en cuenta las fuerzas contributi­vas de la localidad y a fin de evitar todo rozamiento y que las inqui­nas locales no se ceben ni en el ayuntamiento ni en la asamblea, ni que su elección esté amañada como ahora sucede con la junta mu­nicipal en la mayor parte de los ayuntamientos, la renovación de la asamblea se verificará en el mismo día señalado por la Ley para a elección de ayuntamientos y los trabajos preparatorios para ello y el sorteo se verificará por la misma asamblea, no entrando en suerte cada año el gremio de contribuyentes que tenga representa­ción en el corriente, de modo que así todos los gremios irán alter­nando en la asamblea municipal.

La asamblea municipal debe de ser el senado local, reanudándose en ella nuestro roto espíritu corporativo de los gremios para que así nuestra regeneración municipal refleje dinámicamente nuestro carácter nacional histórico, á la vez que el estado social dentro de los moldes del progreso. En nuestra asamblea municipal tendremos un orden de prohombres, una aristocracia debida á la experiencia en la cosa pública y a la iniciativa privada en el ejercicio de las profesio­nes liberales y en el mundo de la industria, del comercio y. de la propiedad. La asamblea municipal, pequeño remedo del antiguo concejo abierto, templará y moderará las resoluciones extremas del ayuntamiento á cuyo poder comunal le servirá de contrapeso.

Los ayuntamientos como mas impregnados en los deseos del país y sobre todo como mas conocedores de sus necesidades, deben oírse en la representación nacional sus mociones ó peticiones, ya para modificar o reformar las leyes, ya para estatuir otras nuevas, y al efecto nada más justo que concederles toda iniciativa en las leyes, reconociéndoles la potestad de proponerlas al Parlamento, previo informe de la Asamblea municipal y de la Diputación provincial. La moción de los ayuntamientos con los informes referidos , se habrá de remitir por la respectiva municipalidad á su representante en el Congreso para su presentación y tramitación como las proposiciones de ley pata ser después votadas por las Cortes y sancionadas por la Corona. Reforma saludable que había de producir óptimos frutos, como lo está produciendo en Suiza y sin recurrir a ejem­plos extranjeros aquí en España tenemos el glorioso antecedente de que las peticiones de los Procuradores de las villas con voto en Cor­tes pasaban a ser leyes del Reino con el placet del soberano a los cuadernos de las antiguas y venerandas Cortes de Castilla. De esta manera, con la sed de bienestar que tienen las pueblos, se suplirá la inercia de los gobiernos y la negligencia, de los representantes, po­rque nadie quiere ni busca más la salud que el propia enfermo. Porque quien hambre tiene con pan sueña, habiendo de renacer con esta potestad legislativa , de sus propias cenizas, como el ave Fénix, los poderes locales a los que hay, que reconocer, es deudora España de de su pasada y nunca bien llorada, pero torpemente perdida grandeza.

Ya hemos indicada anteriormente que en el aislamiento político de las corporaciones populares, hallamos su salud y bienestar porque por la política les viene su desbarate y corrupción, pero si la alta Cámara en las instituciones de los Estados modernos representa al espíritu corporativo, nada mas lógico que las asambleas municipales, con los especiales elementos de experiencia é independencia con que la hemos constituido, debieran tener representación en nuestro Se­nado, quizá el mejor organizado de Europa y si llevamos á él la representación genuina del espíritu colectivo de los pueblos, tan foto­grafiado en las asambleas municipales, entonces podríamos vana­gloriarnos de tener el mejor Senado del mundo. Las asambleas mu­nicipales elegirían en los pueblos, cabeza de ayuntamiento los sena­dores que les corresponda a la Provincia, verificándose precisamente la elección de los pueblos, para que la acción, mejor dicho la coacción oficial, no se pueda sentir como ahora sucede con los compro­misarios reunidos en las capitales y así tendrían representación más directa las corporaciones y fuerzas vivas del país y los elementos mas sanos y mas valiosos de los pueblos y así podrían influir con mas energía en los destinos de España.

Elías Romea
ADMINISTRACIÓN LOCAL, Almazán 1986, pp. 149-160

Apartamiento absoluto de las corporaciones locales de la política (Elías Romera, Administración Local,1896)


II

Apartamiento absoluto de las corporaciones locales de la Política, privando a sus vocales y empleados del sufragio en las elecciones de representantes en Cortes y recíprocamente á los empleados del Estado en las Corporaciones populares.Otro procedimien­to para elegirlas.


Aestimes, non númeres.

Seneca.

El sufragio universal quiere como comple­mento el bienestar universal, pues es contradictorio que el pueblo sea á la vez miserable y soberano.

TOQQUEVILLE.

Todas las tiranías deben de reprimirse, comenzando por la de las pasiones que es la más incurable y la más peligrosa para la libertad.

LAURENTIE

No habremos de repetir aquí. ya que con tanta insistencia, acaso hasta la molestia rayana á la prolijidad, hemos señalado anterior­mente la honda huella y la perturbación funesta que la hedionda po­lítica ha producido en las corporaciones locales, así que al señalar la etiología de su actual estado patológico la reconozcamos como gene­ratriz de casi todos los males que padecen y por tanto la higiene y la terapéutica nos habrán de prescribir como primera medida salvadora el aislamiento absoluto del foco de la corrupción, de donde parte el contagio, practicándolo desde luego al proponer la privación absoluta del sufragio en las elecciones de representantes en Cortes y en las cor­poraciones locales á los individuos de ayuntamientos, así como á sus empleados, á los Diputados provinciales y empleados en las corpora­ciones provinciales, a los Diputadas de las Regiones con todos sus empleados. La medida la conceptuamos indispensable, como necesaria es la extirpación de la última célula cancerosa, á fin de que el epi­telioma no se reproduzca y concluya con la vida municipal. La medi­da del procedimiento curativo acaso les parezca á algunos espíritus exaltados y á no pocos vividores egoístas algo radical y acaso retró­gada, mas los que tal digan ignoran que la poca templanza del enfermo hace al médico ser cruel. Crudelem medicum iutempe­rans ceger facit, según Séneca, pero hay ciertas enfermedades con las que no se pueden ni deben usarse paliativos, pues solo las cura el bisturí o el hierro candente y aquí en la extirpación abso­luta con el cáustico actual estriba la salud del enfermo. Si oculos tuus, dice Jesucristo, scandalizat te, erue euro. Si tu ojo te es­candaliza sácatelo. Fuera, pues, sufragio que nos corrompe el alma y el cuerpo, individual y colectivamente, porque no es más que el soborno en los elegibles y la venalidad en los electores, la gangrena en todos y una farsa tan indigna como inmoral. El sufra­gio por censo, ha dicho un insigne publicista, nos lleva á un Estado por acciones, basado en la cultura, á un Estado todo cerebro, el universal al predominio brutal del número, el voto secreto al rebajamiento de la dignidad y de la conciencia». El voto restringido, el procedimiento acumulativo, el cualitativo, el de cociente, el dinámico teorías formosae superne, pero todos no pueden evitar que el sufra­gio sea, como no puede menos de ser, la expresión no genuina de las energías tal como se dan en la vida social, sino la de todas las fla­quezas humanas representadas en tos afectos del corazón, estimula­dos ordinariamente por la bastarda ambición que tanto impacienta é inquieta a los hombres cuyos ojos suelen tener por objetivo el medro personal encubierto con falso patriotismo. Mientras el voto sea un favor y un título para merecer, la política será una perturbación en el gobierno de las Naciones y redimiendo á las corporaciones popu­lares de la tiránica y odiosa política, esta habrá de marchar por otros cauces mas puros y mas obligados y nuestros partidos polí­ticos tendrán que buscar su fuerza en la opinión pública, de forma que todos saldrán gananciosos en esta regeneración y depuración político-administrativa y que llegará á ser hasta nacional. El cuerpo electoral se paga de promesas de pretendiente, prefiriendo, como dijo el famoso agente electoral romano C. Cotta, una mentira á una negativa, pues esta previene antes de la elección y el desengaño siempre es posterior á ella. La corrupción electoral de hoy es un plagio de la de Roma en sus diversos agentes nomenclatores, reques­tres, intérpretes ,y divisores, y sus centros electorales sodalitates que con tanta precisión y. cinismo nos describe el mencionado Cotta.

Nosotros conceptuando no un derecho sino un deber del país de gobernarse á si propio, estimamos por ende obligatoria la emisión del voto y a fin de realizar la dignidad y el valor moral individual sostendríamos que fuese público como es en Suiza y lo fue hace poco más de 20 año en Inglaterra, pero si el sufragio universal es un bello principio, es muy difícil hallar un procedimiento de emisión que garantice la libertad, la independencia y la sinceridad, así como también la capacidad del elector; es preciso ,pues, precaver en la ley de procedimientos hasta la sospecha de la presión, cuanto mas la coacción, así como la suficiencia del elector, pues de no realizarse en plena libertad el voto no hay para que estimarlo ni darle valor alguno, ya que procedan estas deficiencias de falta de sinceridad unas veces, de la presión otras y no pocas de la incapacidad del elector, como sucede en el voto secreto por papeletas á los que no saben leer; y como el asegurar y garantir el voto de libertad y capa­cidad es imposible á la humana naturaleza, de ahí que debe de recha­zarse el sufragio directo. A posteriori también habremos de excluirlo y hasta de proscribirlo si nos fijamos en los resultados prácticos que le han valido el descrédito mas notorio v solemne, hasta el extremo que no hay nadie qua de buena fe lo defienda sino en el terreno es­peculativo. ¿Quién ha de tener el valor de defender el sufragio direc­to universal ó restringido al ver en todas las Naciones y especial­mente en España las coacciones y violencias en los gobiernos, las intrigas, las trampas, las añagazas, los abusos, los ardides, las trapa­cerías, los amaños, tropelías y chanchullos y el soborno en los elegi­bles y sus muñidores y sectarios; los excesos, el miedo y la venalidad en los electores? ¿Qué consecuencias son de esperar de tales premi­sas, sino las candidaturas oficiales dominando al cuerpo electoral, esa carne de cañón de todas las concupiscencias y Juan soldado de todas nuestras luchas políticas, corrompido á merced del que manda ó del que mas da, el cunerismo imperante, la política relajando to­dos los resortes de gobierno y perturbando a la sociedad en todos sus fundamentos; muchos candidatos arruinados por las luchas elec­torales y buscando arreglos y compensaciones para nivelarse aun á costa de pasarse la mano por la cara, luchando por la existencia y, la plutocracia, por tanto, en auge; los distritos explotando antes y des­pués de las elecciones el botín de guerra, lo mismo del vencido que del vencedor y de los secuaces de ambos; el periodo electoral siendo una saturnal qué tiene abiertas las válvulas á todos los abusos, dándose patentes en corsa por todos los contendientes; la estatua de la Ley parece la cubre un tupido velo que la envuelve entre sombras; los electores, unos, los que viven y gozan en la orgía, en las baca­nales, insaciables como voraces tiburones, ansiando una elección por semana, otros, los amigos del orden y de la tranquilidad y que no les agrada les perturben en sus faenas, huyendo de la urna como de la peste, algunos, no pocos por cierto, yendo á votar poco menos que arrastras, todos sin libertad y sin fe en lo que hacen, descorazonados y asombrados de este luctuoso presente, sin esperanza en el porve­nir, siempre conociendo á los mismos perros con distintos collares; con la energía y hasta con la virilidad malgastada , extenuada en luchas estériles: los pueblos y hasta las familias ardiendo en escisiones y en odios á muerte; las venganzas por doquier y los rencores atizando las pasiones, conturbando los ánimos de las conciencias mas sólidas y las cabezas mejor equilibradas, y de ahí hombres hon­rados que unos van al sepulcro y otros á pervertirse en las sentinas de nuestros presidios; ruinas de familias y de pueblos; unos cele­brando la victoria y disfrutando como Aníbal en Capua, otros do­liéndose en la derrota, pero ansiando con vehemencia la revancha; una acta de concejal ó de Diputado para acaso no acordarse mas de sus representados, por ocuparse demasiado de sí mismo, convir­tiendo el cargo augusto de representante del pueblo y de legislador en vil granjería, ya que no en un salvo conducto, en un amuleto para lavar manchas y limpiar culpas. ¡Cuánto cierto es que cuando se siembra cizaña imposible es que se recoja trigo! Allí están los obre­ros, los materiales y la labor de las elecciones por, sufragio mas ó me­nos restringido, en mas de medio siglo de experimentos tan prác­ticos como dolorosísimos, ¿Se atrevería nadie, sino un dementado, á someter ningún asunto á un tribunal cuyos magistrados, unos sean incapaces, otros estén cohibidos, estos amedrentados, aquellos apasionados, estos otros concusionarios y todos sin libertad para dar el fallo conforme á su conciencia y como procede en justicia? Pues eso y no otra cosa, dígase lo que quiera, eso es el sufragio directo con o sin el censo. ¡El sufragio no es mas, pues, que el ins­trumento de la tiranía, de la corrupción! ¡No se cogen higos de los espinos, ni de las zarzas racimos de uvas! como dice el adagio. Ese spoliarum político social es digno de mirarse con atención y deten­ción por los hombres pensadores y sobre todo por los Jefes cíe nues­tros partidos políticos para que pongan pronto, eficaz y saludable remedio y nos libren de esta peste comicial que padecemos hace muchos años, y que nos va á conducir donde nadie puede predecir, porque se está jugando con fuego con una temeridad pasmosa. ¡Las listas electorales no bajan hoy de costar a las Diputaciones la friolera de un millón de pesetas, doble ó triple á los ayuntamientos, doscien­tas cincuenta mil los gastos y excesos de las elecciones provinciales y un millón lo menos las municipales! Apúntense esas cifras los entusiastas del sufragio universal.

El self government, ha dicho el austero Azcárate, no solo con­siste en votar, pues, el pueblo que vota no es dueño de sus destinos, eso es confundir la representación con la delegación y autorizar las dictaduras parlamentarias. Un hombre experimentado en política y en administración afirma que, del pueblo que posee á la vez la liber­tad y la centralización administrativa y sobre todo sin disfrutar el sufragio universal, no puede ni dirigirse desde el poder ni gober­narse á si mismo». Bluntschli renombrado profesor a la Universidad de Heidelberg dice, que el sufragio universal ha convertido el cuer­po electoral en un montón de arena que deshace el viento y después de flotar en menudo polvo por la atmósfera, viene á caer sobre la tierra en revueltos torbellinos. Lorimer afirma que el sufragio ha convertido al cuerpo electoral en un rebaño que se valúa por el nú­mero de cabezas solamente. Los que consideran el sufragio, (dice Toquevilla, cuya autoridad no puede rechazar ninguno que de demócrata se precie) como una garantía de bondad de las elecciones se hacen una ilusión completa. Con el sufragio universal, ha di­cho el diserto D. Francisco Silvela, se podrá gobernar una Nación, pero es imposible administrar bien, ni los municipios ni las Diputa­ciones, y una experiencia tan larga como dolorosa y concluyente viene á comprobar esa afirmación tan acertada de ese conspicuo español, mas hombre de administración que sectario político.

El sufragio es una función y no un derecho y por tanto exige condiciones en el que ha de ejecutarla para que esas condiciones capaciten y garanticen el buen desempeño de esa función tan augusta. La libertad política, mejor dicho, el voto no puede tener ninguna estima para los que carecen de bienestar y por eso venden el sufragio al quien se lo paga ó por agradecimiento á quien les da de comer ó dis­pensa favores, por eso raras veces cada voto es la expresión de la vo­luntad del elector cae ahí que la libertad política sin el bienestar sea una miserable é hipócrita servidumbre. Además el cuerpo electoral falto de criterio, anémico de energía y apático por inercia no busca como debiera a los elegibles mas aptos para los cargos populares, sino por el contrario, se deja arrastrar y hasta imponer por los inquietos é in­trigantes mangoneadores políticos que casi todos llevan segundas miras al presentarse al público sacrificándose como redentores del pueblo el que deja olvidados en sus casas á los que realmente pudieran administrarlo y regenerarlo, postergándolos por gente mañosa é intrigante que más busca en esos cargos los provechos que la honra que confieren cuando bien se desempeñan.

Una de las consecuencias mas funestas del falseamiento del su­fragio por codicia del poder es la esclavitud voluntaria á que se somete el país envenenado par el peor de los tóxicos, por el indiferen­tismo y por el pesimismo que lo tienen anestesiado, sin esperanza de alivio, solo confiado en la Divina Providencia, porque los hombres no solo lo tienen abandonada sino aniquilado y envilecido. Las cor­poraciones populares esclavas también del poder tienen perturbada su administración por la deletérea política, así que es preciso para bien de los partidos políticos y sobre todo para bien del país que cese esa corrupción tan nauseabunda, deprimente y letal del oro, del miedo y de la ignorancia, por lo menos para las elecciones de la administración local, separando el electorado político del de las corporaciones administrativas locales y que el poder ejecutivo en vez de ser el árbitro de los destinos de la Nación, sea no mas un so­berano que reina sobre un pueblo que se gobierna á sí mismo y así concluirá el divorcio creado entre la sociedad y la política, y con­cluirá también la corrupción de electores y elegibles, no menos fu­nesta á los pueblos que la de los reyes y cortesanos, y se atenuará la acción letal del caciquismo, ese parásito del sistema parlamentario. El partido obrero, que se va al fondo de la cuestión, llama al sufragio universal arma de papel con la cual no puede hacerse daño alguno al adversario y este hiere de muerte al proletariado. Los socialistas concluyen por rechazar el sufragio universal coma una insulsez política con que se quiere entretener y engañar al pueblo que si legal­mente ha sido proclamado soberano, en realidad sigue siendo esclavo Observa Laveley, que existe una gran atracción natural entre la soberanía y el sufragio universal, que habrá de imponer en tiempos no lejanos, un nuevo orden social, y de ahí el antagonismo que, se­gún Secretán, existe entre el orden económico actual y el sufragio universal del cual no saben como desprenderse los países en que funciona y presagia grandes trastornos el día que ese antagonismo estalle; porque, como dice acertadamente el mismo Laveleye, la li­bertad política de que el obrero solo hace uso de tarde en tarde, no puede en modo alguno compensar su servidumbre en el orden económico.


Rechazando, como rechazamos en absoluto la ingerencia de la mefítica política en las corporaciones populares á quienes es preciso redimirlas de la esclavitud en que las tienen el bastardo egoísmo de nuestros partidos políticos, esa plaga social que hay que extinguir por inanición, dicho se está que no admitimos para la elección de las corporaciones locales ni el sufragio universal, ni el restringido, ni el procedimiento acumulativo, ni el de cociente, ni el de coeficiente, procedimientos muy bonitos y muy alambicados como hechos para el juego á turno de los partidos en el poder con minorías que di­viertan al país y con mayorías que se lo coman, pero que ninguno de esos procedimientos electorales está libre del soborno en los ele­gibles, ni de la venalidad de los electores, ni de la corrupción de unos y otros, y sobre todo de la influencia oficial. Las corporaciones lo­cales se deben de dedicar á administrar y fomentar sus intereses morales y materiales exclusivamente y por tanto debe evitarse a todo trance, con toda previsión y con toda cautela, que continúen en manos de sectarios y del proselitismo, rescatándolas de la servi­dumbre en que viven y regenerándolas con savia nueva y con san­gre pura y oxigenada que las vivifique y las haga robustecerse y desarrollarse dentro de su propia órbita, para bien de sus adminis­trados y de la prosperidad nacional que está encarnada exclusiva­mente en la vida local. El cuerpo electoral debe de fijarse en lo que el gran Le Play llamaba autoridades sociales, es decir, en los hom­bres de bien, proba vira, esas nobles figuras independientes y honra­das que extrañas á las agitaciones de la vida pública y absorbidas por la práctica de un arte ó de una profesión, son los mejores maestros de la vida y del gobierno local que de hecho dirigen en todos los pueblos prósperos, inspirando respeto, afecto y consideración, ejer­ciendo su influencia por el régimen de coerción moral, porque ansían la paz social, de ahí el patronato que deben de ejercitar sobre las corporaciones populares. Pero desde que se han desarrollado las costumbres llamadas democráticas, estas autoridades están menos dispuestas que nunca á afrontar los crecientes rigores del sufragio popular y la dura competencia de los que lo soliciten, y por otra parte como carecen de las pasiones que tanto gustan los partidos políticos y de la flexibilidad de carácter que permite el acceso cerca de los go­biernos, apenas atraen hacia ellas la atención pública, quizás porque brillan en la vida privada, en el hogar de la familia, verdadera escuela del ciudadano así para mandar como para obedecer, es decir, pa­ra aprender las prácticas de libertad y de autoridad bajo la égida del amor paternal, y estos grupos sociales son el plantel de los dignatarios del gobierno local, como este es y debe ser el semillero de donde salen las notabilidades que han de tomar parte en la admi­nistración de las Provincias y del Estado.

El procedimiento que proponemos para la elección de las cor­poraciones locales, esta libre de la despótica coacción oficial, de corrupción tiránica de los elegibles y de la cínica venalidad de los electores, y, con él se ahorran los gastos y excesos de las elecciones, esas fiestas de Baco, gastos que no son partida moral y materialmente despreciable, pues no bajan de 2.50.000 pesetas cada elección provin­cial y 1 .000.000 las de concejales, y esos gastos son la causa de que impere la plutocracia en las corporaciones locales y cuyo monopo­lio concluirá con este procedimiento electoral; es decir tiene todas las condiciones apetecibles para que de los comicios salgan admi­nistradores de los bienes comunales, no explotadores del cargo; pero tiene un leve defecto, que es procedimiento indígena, es decir, genuinamente español y acaso por eso, a pesar de su virtualidad y de los prodigiosos resultados en siglos que ha viene usándose, haciendo la felicidad de los que la aplican, quizás por eso, repetimos, poco conocido, si es que no deliberadamente olvidado por prevenciones, tan incomprensibles como injustificadas ante la sana razón y ante la conveniencia pública, de todos nuestros gobernantes, pero ya aplicado con acierto para el jurado. A fin de evitar tanto mal y co­rrupción tanta, hay que ir a la insaculación, no de los elegibles, sino de los electores, al juramento de los compromisarios electos á suer­te y á su incomunicación inmediata y absoluta y no suspendiéndose el acto hasta lograr elección, y por último condicionando suficien­temente las cualidades de los elegibles; así todos y ninguno tendrán derecho electoral. A este fin la ley prescribirá el día que ha de hacerse la elección que habrá de ser festivo, reuniéndose todos los electores de cada sección ó colegio, siendo el presidente el de mas edad y actuando de secretarios los dos mas jóvenes; á esta junta con­currirán personas debidamente apoderadas de viudas y menores quienes tendrán el concepto de electores, pues anómalo es no ten­gan intervención en el común cuando las leyes civiles les reconocen personalidad jurídica. Los electores que no concurran á la convo­catoria, pagarán diez pesetas de multa al erario municipal, perde­rán la capacidad de elegibles en la elección convocada y el de electores y elegibles en las dos siguientes. El que reincidiese será corre­gido con doble multa y á la tercera vez entregado á los tribunales. Se pondrán en papeletas todos los nombres de los electores, que será precisa condición sean mayores de edad, sepan leer v escribir, llevar dos años de vecindad, ser de estado seglar, no estar incluidos en las listas de beneficencia y no cobrar de fondos del presupuesto del Estado ni de las corporaciones locales, ni ser miembro de ellas.

Una vez colocadas en la urna todas las papeletas con el nombre de los electores que irán leyéndose al depositarse en ella, se las mezclará bien y por un niño menor de ocho amos se sacarán nueve pa­peletas y los electores cuyos nombres contengan serán los compromisarios; sino estuviesen todos presentes se completarán sacando las papeletas necesarias, procurando siempre remover la urna cada vez que se saque una papeleta. Inmediatamente los compromisarios prestarán juramento ante el Presidente de cumplir fiel y lealmente su deber por el bien público y serán incomunicados en habitación aislada é inmediata á la que se verifique la reunión de electores, sus­pendiéndose la sesión. Reunidos los compromisarios, se constitui­rán en junta bajo la presidencia del de mas edad, actuando de secre­tario el mas joven y enseguida después de deliberar sobre las personas que crean mas aptas para el cargo, procederán á la elección de la que consideren mas meritoria, por votación nominal a pluralidad de votos, extendiéndose por el secretario el acta que firmarán todos los compromisarios y que se entregará por el compromisario pre­sidente al que lo sea de la junta electoral, el que dará cuenta á los electores del acta de elección y después de extenderse acta de todo, así como de las protestas si las hubiere, pasará inmediatamente todo lo actuado al ayuntamiento, levantándose la sesión. Si no hu­biese habido elección, por no ponerse de acuerdo los compromisa­rios y resultar no tener mayoría ningún candidato, se hará constar así en el acta de reunión, dándose cuenta inmediatamente al colegio para proceder enseguida á sacar á suerte de la urna otros nueve electores que sean compromisarios, procediéndose según queda va indicado, hasta lograr se verifique la elección, y si fuese nece­sario recurrir hasta terceros compromisarios, estos quedarán en sesión permanente é incomunicados también, hasta lograr se verifi­que la elección. Los compromisarios no podrán aceptar, ni ellos, ni sus padres, hijos ó hermanos, cargo alguno retribuido en los pre­supuestos del Estado o de las corporaciones locales, excepto los pro­vistos por oposición, mientras estén en ejercicio los concejales electos. Los ayuntamientos procurarán hacer la división de colegios de forma que á cada uno le toque elegir un concejal, dividiéndose en secciones de 100 á 200 electores cada una cuando más; cada pueblo agregado para constituir ayuntamiento formará colegio separado; al día siguiente de la elección se hará el escrutinio por los secretarios de las secciones, que llevarán copia del acta respectiva y credencial, que acredite su nombramiento; el escrutinio se hará á presencia del ayuntamiento reunido al efecto, quien resolverá en el acto sobre e las protestas ó incapacidades de los electos.Para ser elegible se requieren las condiciones siguientes:

1ª Ser elector.


2.ª Llevar cuatro años de vecindad.

3.ª Estar rehabilitado en caso de haber hecho quiebra.

4ª Haber sido declarado inculpable en caso de haber sido con­cursado.

5ª No estar procesado ni haber sido condenado por comisión de delito.

6ª No ser deudor á los fondos de las corporaciones, ni del estado, ni aun como segundo contribuyente.

7ª No cobrar de sociedades subvencionadas por el Estado ó por corporaciones locales.

8ª No estar impedido intelectualmente, ni tener impedimento físico que le imposibilite para el cargo.

9ª No haber ejecutado actos ni omisiones, que aunque no penables, los hagan desmerecer en el concepto público.

10º No tener contienda con el Ayuntamiento o Diputación provincial.

Los jueces municipales no serán electores ni por tanto elegibles. A los que han de recibir y desempeñar los cargos populares es preciso inculcarles que deben de recibirlos como una carga y como un deber, con su inmediata responsabilidad, mirando al cumpli­miento de este deber como una obligación de justicia y realizándolo con acendrado y puro amor y con ferviente celo sin desmayos por el temor, sin olvidos por el egoísmo y sin debilidad por mezquinos apasionamientos; no recibiendo la investidura de magistrados del pueblo por satisfacciones de pueril vanidad, ni por la ambición tirá­nica de mando, ni por el vil deseo de bajas venganzas, ni por mez­quinas miras egoístas, ni por el desvanecedor deseo de un encum­bramiento ¡no! que todo eso envilece á los hombres y tiene deshon­rados esos cargos á los que deben de ir los que se sientan capaces y sobre todo enardecidos por el amor á sus ciudadanos y al pueblo donde viven, en una palabra, que tengan conciencia clara de sus deberes y muy presente la sana doctrina que encierran los siguien­tes versos del letrero colocado sobre la puerta del consistorio de Mondoñedo.
Aquí dentro no ha lugar
Pasión, temor ó interés,
Solo el bien público es,
lo que aquí se ha de mirar
.

Todos los cargos de las corporaciones populares serán insolicitables, obligatorios, irrenunciables, juramentados, periódicamente renovables, irreelegibles, gratuitos y sujetos fetos a responsabilidad, habiendo de ser residenciados los que los desempeñen al cesar en ellos. lnsolicitables, para cortar las intrigas y corrupciones, no pu­diendo ser electo ninguno que lo haya gestionado de los compromi­sarios de palabra, por escrito ó por tercera persona. De esta manera los electores buscarán á los que merezcan ser elegidos y no se dará el escándalo de que la ambición y el egoísmo se echen por esos mundos de Dios, con la vergüenza á la espalda y la audacia al rostro á excitar y mover acaso demasiado persuasivamente al cuerpo elec­toral, que de ordinario se vuelve todo oídos y se deja querer asazmente. Obligatorios, por ser un deber de todo ciudadano la gestión del procomún. Irrenunciables, por la misma razón que sin obliga­torios. Juramentados, porque al recibir una investidura por minis­terio de la Ley no pueda rechazarse á sí propio, no debiendo negar la Ley que lo eleva, sin inconsecuencia y sin deslealtad manifiesta. A los demócratas que rechacen el juramento, debemos recordarles estas palabras de una autoridad para ellos irrecusable. Tocquevílle. «Me inclino a creer, que si el hombre carece de fe, no puede ser libre y que si ha de mantener la libertad, es preciso que crea en Dios”. Periódicamente renovables por terceras partes, para evitar la avaricia del poder y los abusos que son consiguientes y por terceras partes para que la experiencia, el hábito y la tradición no se pierdan en la administración local y ésta quede al propio tiempo impregnada de la variable opinión pública. lrreelegibles, para evitar las ambiciones personales, las coacciones autoritarias, el santonismo y las dictaduras del caudillaje. Gratuitos, para que jamás exciten la codicia del que los desempeña, ni el ansia de poseerlos. Sujetos a responsabilidad , si la responsabilidad es consiguiente á todo acto humano, con más razón debe exigirse a los mandatarios del pueblo, para quien esa responsabilidad es una garantía y así se evitarán las arbitrarie­dades. Incompatibles con todo otro cargo electivo ó retribuido, para evitar toda querencia al mando y que el acumulamiento de obliga­ciones impida el buen desempeño del cargo. Residenciados, para dar el veredicto y la sanción popular á su gestión administrativa y hacer efectivas las responsabilidades si las hubiere ó el certificado ó atestado de la estimación y del agradecimiento del pueblo á sus ma­gistrados que !layan cumplido como buenos en el desempeño, de su cometido.

La irreelegibilidad evitará que jueguen á repetir los políticos de ofi­cio que le han tomado el gusto al cargo, desahogando sus apetitos en el mangoneo, y con ella también desaparecerán los enfatuados que en su reelección fundan el pedestal de hombres necesarios sin los que la administración local habría de dejar de funcionar y tener qué pararse, porque sin sus luces y sin su impulso todo queda a oscuras; la irreelegibilidad también condenará á perpetua oscuridad á muchos faroles que van a las corporaciones locales, como van á las cofradías, á las juntas de casinos y de sociedades cómico-lírico-dramáticas y a todas las juntas y juntillas habidas y por haber, tan solo por exhibir su entidad y por dar a conocer sus universales aptitudes y que por cucharear en todo, resultan estos zascandiles meticones, como dicen en Castilla, unos destripacharcos, por supuesto siendo en todas partes unas hormiguitas que no van ni vienen en balde y unas abejitas que de todo elaboran cera y miel. A los que creen que la reelección es el premio al buen desempeño del cargo, habremos de manifestarles que hemos llegado por desgracia á unos tiempos tan menguados y conturbados en que el cumplimiento del deber necesita de esos alicientes y de esos vanos estímulos, pero también suele ser ordinariamente el pretexto para encumbramiento del egoísmo solapado y de bastardas ambiciones que hay que acallar y extinguir con mano férrea y sin contemplación. Una circunstancia tan solo pudiera abonar la relación: la práctica y conocimiento que de la cosa pública se adquiere con la larga permanencia en los car­gos de la administración local, pero esta no es tan difícil, inescru­table é incomprensible para los hombres de buena voluntad y celo­sos del bien público que no olvidan que los cargos populares son una carga a onerosa y gratuita que hay que conllevar por adra, y no explotarla como un monopolio de políticos cucólogos, que han constituido una oligarquía en los tiempos democráticos que corremos. Por otra parte los grandes y extraordinarios servicios, esos que dejan huella y remembranza en las generaciones, esos se recom­pensan con premios y galardones que hagan tan imperecedera la abnegación y fama renombrada de los que lo merecieron, como el perdurable agradecimiento de los que los otorgaran, sirviendo así de modelo ejemplar y de edificación perpetua á la posteridad.

La renovación de las corporaciones populares se hará por terce­ras partes á fin de que la administración local no sufra cambios tan frecuentes en su personal, cambios que tanto malean y tantas con­cupiscencias despiertan, resultando así que el elemento permanente preponderara sobre el variable, y de esa manera se evitarán revan­chas de los bandos, que tanto enardecen los ánimos; el prolongar­se la duración de los cargos por seis años, resultará en beneficio de la práctica y experiencia administrativa, que es lo que debe procurar el legislador. La movilidad tan característica de las democracias, de­be realizarse en la írrelegibilidad extensiva hasta el padre, hijo ó her­mano del que cese, á fin de prever y evitar el cesarismo y caudillaje que de servidores del pueblo se conviertan en amos. El hueco menor o sea el plazo de tiempo que puede existir para la reelección ha de ser igual al tiempo que dure el carpo, es decir que entre la cesación y la reelección han de mediar una elección ordinaria. La responsa­bilidad á los concejales se la exigirá residenciándolos lea asamblea municipal.

Este procedimiento electoral tan sencillo como libre de toda coacción, es ni más ni menos que el que preceptúa la legislación vas­congada. «Esa organización político administrativa que (ha dicho un sesudo escritor) es un conjunto que se admira por su sencillez, por su armonía y por la solidez que se advierte en la parte y en el todo del mecanismo que lleva siglos y siglos funcionando sin el me­nor quebranto. Las ruedas de los concejos, de los ayuntamientos, de las hermandades v de las cuadrillas de la Provincia, marchan con toda regularidad y orden en sus respectivos centros, sin rozarse mas que lo que es indispensable para producir el movimiento y el enlace general que constituye el mas perfecto sistema digno del estudio concienzudo de los filósofos y publicistas que se admiran de este pueblo, que lo mismo hoy que en los siglos que pasaron y los que están por venir, ni ha deseado, ni desea, ni deseará otra cosa, que conservar este sagrado depósito de buena administración y felicidad pública. Los grandes fenómenos político-sociales, son insignificantes si se comparan con este. La historia, la vida de todos los pueblos se emplea en variaciones estériles, en continuas y sangrientas luchas de administración y de gobierno. El pueblo vascongado es el único en el mundo que permanece siempre incólume entre el cúmulo de ruinas que cubren el universo. ¡Bendito sea Dios una y mil veces ben­dito! por haber elegido pueblo tan reducido y pobre para ejemplo tan grandioso, para confusión y enseñanza de la soberbia humana. (Or­tiz de Zárate). En el Congreso de_ Viena en 1.814, dijo un diplomá­tico, par cierto no el Español, hablando de la organización vascon­gada: Conservemos ese grano de almizcle que perfuma toda Europa.¡ Y pensar que nuestros gobiernos en su insensatez y en su demencia han intentado y han atentado contra ese precioso organismo, cuan­do lo más patriótico hubiese sido hacerlo extensivo á toda la Na­ción, igualándonos y unificando nuestra legislación municipal y pro­vincial, no por depresión como se ha hecho, sino por elevación!

No desconocernos !os inconvenientes que presentará en la prácti­ca y las prevenciones que ha de despertar el procedimiento electoral que proponemos al aplicarlo en las graneles poblaciones, en cuyos colegios el número de electores será considerable y por tanto mu­chas las secciones y también por ser acaso exiguo el número de com­promisarios que proponemos, porque de ser mas extenso dificultaría la elección, pero no vemos inconveniente que sea proporcional al número de electores en un 10 por 100 en cada sección ó colegio. De no aceptarse el procedimiento electoral vasco que tan admirables resultados da en aquel admirado país tan diestramente gober­nado y que conceptuamos que ese modus elegendi sería la panacea para el resto de España, podría en otro caso adoptarse el sistema dinámico de Lorimer, algo atenuado en su acumulación de votos, en combinación con el de cociente ideado por Andrae que sería aplicable para la administración local, pero no libre de la coacción de los elegibles, de la influencia oficial de los gobiernos y, de la ve­nalidad de los electores, y por tanto...........................

Los elementos tan valiosos que están alejados y hasta asustados de las miserias de nuestra estrecha política, serían atraídos á los car­gos populares, haciéndoles á estos mas independientes del poder, va­riando el procedimiento electoral, instrumento de los mas intrigantes, de los mas audaces y de los más embaucadores ó de los que mas re­cursos cuentan para manejar la voluble y asaz asequible mayoría de los electores; las personas de probidad, los hombres de bien irían á prestigiar y rehabilitar esos cargos deshonrados sino fuesen tan políti­cos como poco administrativos, tan públicos si fuesen menos privados, y después las nulidades que llegan a ellos, todos sabemos como se engríen y se enfatuan en ellos y, se engolondrinan con ellos, creyendo en su inepcia y en su nesciencia, solo comparables con su tan osada ambición y mareo cerebral, que son acreedores á tanta distinción y sobre todo que están honrando el cargo, y, que son tan indis­pensables que no tienen sustituto. ¡Pobrecillos! compadezcamos estas pequeñeces y estas debilidades de nuestros políticos. Por otra par­te, es verdad también que el agradecimiento, ya que no la recom­pensa se escatiman demasiado por nuestra voluble opinión pública á las personas que le demuestran ser sus verdaderos padres, pospuestos á sus embaucadores padrastros, así que muchos tienen pre­sente el adagio que el que hace bien al común no hace á nengún y el que olvida este adagio sabe menos de política que el alguacil del úl­timo ayuntamiento de España, de política parda por supuesto. De ­todos modos se hace necesario sacar de la inercia y del indiferen­tismo y acaso también del egoísmo a la gente de juicio y de poder encerrada en el fatal ¿ a mi que ? haciéndole ver los perjuicios en ge­neral que de su vituperable conducta se originan y se irroga á sí propia, y que comprenda también que no solo nos debemos á nosotros mismos, sino que la patria

Elías Romea
ADMINISTRACIÓN LOCAL, Almazán 1896, pp. 129-143