martes, 5 de mayo de 2020

Cruda realidad / EE. UU. le cierra el grifo a la OMS… y al globalismo

Cruda realidad / EE. UU. le cierra el grifo a la OMS… y al globalismo

Lo que señala la decisión de Trump de dejar de financiar la Organización Mundial de la Salud es el principio del fin del sueño globalista. El globalismo es, al fin, el viejo sueño comunista, no en balde su himno se llama La Internacional.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. /EFE
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. /EFE
Trump acaba de anunciar este martes que va a dejar de pagar la millonada que destinaba a la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos mientras estudia qué papel ha jugado el organismo supranacional en la propagación de la pandemia del Covid-19, ya que la Administración norteamericana tiene buenas razones para sospechar que la OMS trató de encubrir el alcance de esta peste que nos tiene a todos en arresto domiciliario.
Uno de los puntos esenciales de esta acusación, sugerido veladamente -si es que Trump puede sugerir algo veladamente-, es que China ejerce, digamos, una influencia indebida sobre la OMS. Pero sean o no ciertas las corruptelas que se insinúan, e incluso haciendo abstracción de la manifiesta incompetencia del organismo -liderada por un exfuncionario del régimen dictatorial comunista de Etiopía que ni siquiera es médico, Tedros Adhanom-, lo que señala la decisión de Trump es el principio del fin del sueño globalista. El soñado gobierno mundial que tendría su precedente organizativo en la ONU y sus organismos dependientes es una entelequia que no duraría un minuto sin el apoyo decidido de los Estados naciones a los que petulantemente da lecciones cada lunes y cada martes.
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Demos gracias a Dios. El globalismo significa que no haya lugar donde refugiarse, que no haya sitio donde huir. Se anuncia como una ofensiva contra los muros, pero en realidad levanta el muro definitivo, indestructible, porque no hay nada ahí fuera.
Pero la globalización nos ha llevado a confundir las cosas y a pensar que el globalismo es pan comido, estación término inevitable y a medio plazo de nuestra historia, cuando en realidad es un dragón de papel, y la actual crisis está mostrando sus vergüenzas.
Estados Unidos ha anunciado que interrumpe su financiación de la Organización Mundial de la Salud, ese brazo sanitario de la ONU ante el cual toda rodilla se dobla en nuestro gobierno y en muchos otros de cara a la pandemia. Estamos hechos a pensar que esos organismos supranacionales son como imparciales deidades olímpicas que, a millas sobre nuestras rencillas nacionales, deciden con autoridad soberana e inapelable. En realidad, son cementerios de elefantes, burocracias hipertrofiadas, a menudo corruptas y sin apenas control, formadas con los desechos de tienta de la política nacional de los países que componen la comunidad internacional. Uno solo tiene que pensar en muchos de los españoles que pululan por allí, llevándose el santo y la limosna, de la talla de ese espejo de gobernantes que es Bibiana Aído.
La OMS nos aseguró hace no tanto que el Covid-19 no se contagiaba de humano a humano. Gran hallazgo. Y ahora dice que es seguro que China reabra sus mercados de animales vivos, ya saben, los de pangolines, perros y murciélagos. Así que la América que gobierna Trump ha dicho que hasta aquí, que ni un duro más.
Estados Unidos da a la OMS unos 500 millones de dólares, frente a los 40 millones que aporta China, pero cualquiera con dos dedos de frente intuye que uno gana más influencia metiendo dinero en los bolsillos de los altos funcionarios que en el presupuesto oficial de su chiringuito.
La idea de una democracia de 7.500 millones de personas es sencillamente estúpida. La posibilidad de influencia del ciudadano es absolutamente ínfima, y la probabilidad de gobierno irresponsable de las oligarquías, infinita
No deja de ser curioso que quienes con mayor entusiasmo respaldan la causa globalista, esos que se definen como ‘ciudadanos del mundo’, suelen ser también ardientes defensores de la democracia, es decir, del gobierno del común. Pero si hay una autoridad sobre la que el común carece del menor control o posibilidad de fiscalización es la ONU, que incluso supera a la Comisión Europea -ese otro sueño húmedo de nuestra progresía- en distancia sideral con los gobernados.
La idea de una democracia de 7.500 millones de personas es sencillamente estúpida. La posibilidad de influencia del ciudadano es absolutamente ínfima, y la probabilidad de gobierno irresponsable de las oligarquías, infinita. La defensa de la soberanía plena de los Estados se pinta hoy con los tonos más sombríos de un nacionalismo a dos dedos del nazismo, pero en realidad no es más que la desesperada defensa de espacios de libertad donde la voz del común aún tenga alguna opción de ser oída.
La gran confusión en muchos, especialmente en los liberales, es la identificación de la globalización, que es un hecho, con el globalismo, que es una teoría. La globalización no es más que la constatación de que los avances en comunicaciones y transportes ha hecho el mundo conceptualmente más pequeño, ha multiplicado los intercambios y propicia cierta homogeneización cultural no necesariamente inevitable o deseable. El globalismo es la idea de que ese fenómeno requiere o exige algún tipo de gobierno mundial y la desaparición de las fronteras. Es, al fin, el viejo sueño comunista, no en balde su himno se llama La Internacional. Pero nos tememos que los profetas del progresismo se han precipitado en sus mensajes, anunciando el alba cuando en realidad asistimos a un ocaso.

lunes, 4 de mayo de 2020

CONFIDENCIAL

A Argüello no le gusta la renta 

mínima… y al Papa, tampoco.

 ¿Te enteras Iglesias?

El perceptor de una renta mínima debería estar obligado a ofrecer algo a 

cambio a la sociedad: cuidar ancianos, limpiar las calles, plantar árboles, 

lo que sea pero algo.

A Argüello no le gusta la renta mínima… y al Papa, tampoco. ¿Te enteras Iglesias?
A Argüello no le gusta la renta mínima… y al Papa, tampoco. ¿Te enteras Iglesias?
En un artículo publicado en Ecclesia, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, ha reflexionado sobre el papel que jugará "la llamada renta básica", en cuyos aspectos técnicos y de financiación no entra porque "pertenecen al ámbito de la genuina libertad en la acción política".
Pero sí advierte de que "si las llamadas rentas básicas... no promocionan el trabajo, el riesgo de que el capital que las genera, estatal o privado, explote a muchos y arranque el protagonismo histórico a la mayoría es muy grande. Generar dependencias es un instrumento habitual de dominadores".
Vamos, que promocionar un salario alimenta vagos que según el vicepresidente, Pablo Iglesias, llega para quedarse, es un gran peligro para la sociedad. Porque, si todavía se tratara de una medida estrictamente temporal, temporalmente ceñida al tiempo que dure el primer impacto del coronavirus, podría pasar.
Pero, la renta vital de Sánchez e Iglesias es mucho peor que el PER, y mire la sociedad que ha creado el PER. Al menos, en esta dádiva rural, el perceptor tiene que ofrecer a la sociedad una serie de peonadas, al menos en teoría.
Por las mismas, el perceptor de una renta mínima debería estar obligado a ofrecer algo a cambio a la sociedad: cuidar ancianos, limpiar las calles, plantar árboles, lo que sea pero algo.
Por tanto, lo lógico sería que un Gobierno de izquierdas, en lugar de proponer el ingreso mínimo vital (“que ha venido para quedarse”) pusiera en marcha empresas públicas para salir de la crisis a la que nos ha llevado, más que el coronavirus su estúpido confinamiento duro, que ha parado la actividad económica y condenado al paro a unos 5 millones de españoles.
Por cierto, señor Iglesias, al papa Francisco tampoco le gusta la renta vital básica y, menos de por vida, porque lo que ha pedido el pontífice es que todas las personas tengan recursos para vivir. Pero eso no quiere decir que el Estado se lo de todo hecho y se dedique a alimentar a quienes no hacen nada a cambio. ¿Se entera, señor vicepresidente?

domingo, 3 de mayo de 2020

La necesidad de un Nuremberg (Miguel Giménez)



     Miquel Giménezvozpopuli autores
Miquel Giménez

La necesidad de 

un 

Nuremberg

No podría entenderse que, cuando 
salgamos 
de este túnel, 
no pidamos cuentas a quienes nos 
han
 llevado 
hasta aquí. A todos
Imagen de mandatarios nazis sentados en el banquillo en Nuremberg.
Imagen de mandatarios nazis sentados en el banquillo en Nuremberg. Getty

Que nadie se rasgue las vestiduras. El juicio o, mejor dicho, los juicios de Nuremberg han quedado en el imaginario popular como la idea exacta de que no hay nada ni nadie que se libre de rendir cuentas ante la justicia. Es una idea sublimada claro, porque aquello no fue impedimento para que miles y miles de culpables se escurrieran entre los agujeros excesivamente grandes de la red judicial. Empezando por los mismos Estados Unidos y su conocida Operación Paper Clip para “utilizar” a los nazis que más les convenían –de Von Braun en su programa de cohetes a Reinhard Gehlen en el contraespionaje– no se cumplió que todos quienes tuvieran responsabilidades lo pagaran.


Pero sirvió como metáfora. Y por eso creemos que habrá que celebrar un Nuremberg aquí, sentando delante de la justicia a los responsables de esta masacre social que va a cobrarse miles de muertos y millones de damnificados económicos. Habrá que acusarlos formalmente de alta traición a todo un pueblo, de haberle mentido, de negarle auxilio en trance de muerte, de cobardía, de malversación de fondos. Habrá que señalarles con el dedo acusador en nombre de nuestros ancianos, a los que se está dejando morir en las residencias; habrá que acusarlos de permitir la muerte a sangre fría de nuestro personal sanitario, a quien se le deniegan los medios de protección necesarios; por tener información acerca de la gravedad de la pandemia y ocultárnosla, con tal de mantener sus fines políticos; por ser causantes de millones y millones en pérdidas económicas, de millones de puestos de trabajo, de millones de empresas cerradas, de autónomos hundidos, de tejido productivo que difícilmente será recuperable en todos los sectores; los acusaremos de incompetencia, y ya veremos si de algo más, en lo que respecta a la compra de material sanitario que llega tarde y mal cuando. Si no se hubiesen enrocado en sus mentiras, podría haber llegado pronto y bien.
No quisiera ser exhaustivo. Todos sabemos el abismo que separa la versión oficial que dan a diario los medios comprados por el Gobierno y lo que está pasando realmente en la calle. Por eso será imprescindible sentar en ese banquillo a los periodistas a sueldo, a los tuiteros pagados, a los difamadores, a los propagadores de odio, a los inquisidores de la libertad, a los pésimos titiriteros. A esos ofendiditos profesionales me anticipo diciéndoles que exigir un Nuremberg para esta tropa de politicastros no es banalizar al nazismo. Esa ideología, en el fondo, ¿qué era? La creencia de un grupo en su superioridad ante la inferioridad del resto. La indiferencia ante la muerte del prójimo. La propaganda intoxicadora masiva. La consagración del privilegio para los líderes en detrimento de los demás. El delirio ante la realidad, el totalitarismo frente a la democracia, el egoísmo ante la generosidad.
Quiero que se sienten en un banquillo, repito, porque en este país hay responsables políticos que no permiten abrir un hospital montado por la Guardia Civil porque son españoles, o dan instrucciones a sus servicios sanitarios para que a los mayores de ochenta años se les dé un tratamiento especial. Quiero que se sienten en un banquillo quienes preferirían tener el parlamento cerrado, las ruedas de prensa pactadas con sus lameculos, la oposición silenciada y las cifras de muertos guardadas en un cajón. Quiero ver sentados en un banquillo a los que apoyaron siempre a los asesinos y ahora organizan caceroladas contra el ejército o el rey. Lo queremos muchos, lo exige nuestra democracia, lo demanda el mínimo sentido ético.
No podría entenderse que, cuando salgamos de este túnel, no pidamos cuentas a quienes nos han llevado hasta aquí. A todos. Hay que exigirles responsabilidades penales, porque si dejásemos pasar todo esto en blando abriríamos una peligrosísima puerta de cara a futuras situaciones que no deseo ni imaginar. Confinamientos obligatorios, internamientos en centros por orden gubernativa, fallecimientos de personas mayores, control social de los medios de producción. Repito a los ofendiditos, un Nuremberg, por lo que de ejemplaridad tiene ese símbolo, no es banalizar nada. Es profilaxis democrática.
Y hacer justicia a nuestros muertos.

El género de los fallecidos

El género de los fallecidos

Así que vamos a aprovechar el virus para vender demagogia populista progre
Y sin olvidar lo importante que es manipular las palabras, en este caso lo que llaman “lenguaje inclusivo”: 
De repente el uso repetitivo de los géneros masculino y femenino en lugar de emplear el masculino como genérico se ha reducido drásticamente. Nos hemos pasado dos años torturados con el «todos y todas», «españoles y españolas», «médicos y médicas», «Consejo de ministros y ministras» y de repente han echado el freno. 
El doble género ha desaparecido por obra y gracia del coronavirus. 
En las cifras diarias sólo hay «muertos», no «muertos y muertas». Nada más hay «contagiados», no «contagiados y contagiadas». El coronavirus tampoco genera fallecidas, sólo produce fallecidos

Porque claro, hasta ahí podíamos llegar, la acción de este Gobierno, que ayer nos explicó el presidente en las Cortes que ha sido la mejor de ningún país de Occidente –y por eso debe de ser que tenemos el número de víctimas que tenemos– jamás puede producir muertas, ni fallecidas ni contagiadas. Para esos detalles menores, sólo puede haber género masculino. Con un par. (Ramón Pérez-Maura: En España no hay nadie confinado)

sábado, 2 de mayo de 2020

¿Para qué sirve un estado de alarma?

¿Para qué sirve un estado de alarma?

Si has leído el Brief estas últimas semanas ya conocerás lo que por aquí opinamos al respecto. Se está utilizando el estado de alarma para:
  1. Deteriorar la democracia y las instituciones. Por ejemplo la monarquía, o como acabamos de ver, la Guardia Civil.
  2. empobrecer a los ciudadanos hundiendo la economía productiva y sustituyéndola por una economía clientelar de prebendas y subvenciones.
La finalidad de todo ello es desestabilizar la nación para poder perpetuarse en el Gobierno, siguiendo el esquema clásico leninista de conquista del poder. 
Y de camino a la democracia socialista, el estado de alarma se utiliza también para promover o ampliar la políticas partidistas para las que no hay consenso en nuestra sociedad. 

Por ejemplo…

El aborto domiciliario

¿Confinar el aborto? Ni hablar, que aquí no se puede parar de abortar. (Los que no liquidamos de una manera los liquidamos de otra.) 
¿Creías que los abortorios dejarían de matar durante la epidemia y ofrecerían sus instalaciones para descongestionar los hospitales? ¡Criaturita!
Igual que el Gobierno y sus partidos aprovechan la epidemia para colar una ley de eutanasia, los abortistas están aprovechando el coronavirus para ampliar el negocio.
Ahora lo promocionan así: “Aborto en casa”. Porque abortar está considerado una actividad esencial...
Estos centros son uno de los considerados servicios sanitarios esenciales por lo que deben permanecer abiertos.
La Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI) ha pedido al Ministerio de Sanidad que, durante el estado de alarma de coronavirus, permita que las mujeres que quieran interrumpir voluntariamente su embarazo puedan ser informadas del procedimiento a través de medios telemáticos. (ACAI pide a Sanidad que permita que las mujeres que quieran abortar se informen desde sus casas)
Traducida, esta cháchara quiere decir que los abortistas envían lo que denominan “un kit” para matar al embrión humano por procedimientos químicos.
La patronal del negocio del aborto quiere que cualquier mujer pueda pedir por teléfono un “kit del aborto” en forma de pastillas y ellos, diligentes como pizzeros, se lo mandan a casa previo pago.
Esta es la propuesta de las organizaciones abortistas, que han lanzado una campaña mundial para promover el aborto a domicilio durante el confinamiento.
La idea es que, aprovechando el coronavirus, se produzcan más abortos que nunca; que no estén controlados por nadie, ni médicos, ni administración pública; y que el negocio de exterminar seres humanos se multiplique.

viernes, 1 de mayo de 2020

Roberto Centeno anuncia que «España suspenderá pagos en 2021 y tendrá que ser rescatada, lo que significa una caída de las pensiones en un 40% y del 35% de los salarios»


Roberto Centeno anuncia que «España suspenderá pagos en 2021 y tendrá que ser rescatada, lo que significa una caída de las pensiones en un 40% y del 35% de los salarios»


Por Roberto Centeno.- Es absolutamente obvio que el caos económico que se avecina, gobernados como estamos por analfabetos funcionales, psicópatas y malvados, será el mayor que sufre nuestra economía desde la Guerra Civil, y cuatro veces superior a la crisis financiera de 2008, pero si entramos en los detalles de la misma manera que somos el país del mundo que peor ha gestionado la crisis sanitaria, con récord absoluto de muertos por millón de habitantes, récord de infectados y récord de personal sanitario muerto e infectado, en la crisis económica que acaba de empezar seremos también líderes mundiales. Todas las decisiones que ha tomado este gobierno han dejado un reguero de muerte, y peor va a ser aún en la economía donde dejarán un reguero de ruina y la destrucción de la economía de mercado.
Nadie que yo sepa se ha molestado sin embargo en comparar el hundimiento mas probable en nuestra economía con el producido por la guerra civil. Si cogemos las cifras del Consejo de Economía Nacional de evolución del PIB en el periodo 1935-1954, recogidas por Ramón Tamames en su Estructura Económica de España, este pasó de 199.000 millones de pesetas en 1935 a 166.000 en 1940, medido en pesetas constantes de 1953, lo que representa una caída en cuatro años del 16,6%, que es menos como veremos de la caída que nosotros vamos a experimentar solo este año, y si lo medimos en “renta per cápita” esta pasó de 8.069 pesetas, también constantes de 1953, a 6.445 , un 20,1% menos, inferior también a la pérdida que aquí nos espera.
Puede decirse, y con razón, que entonces hubo decenas de miles de muertos, pero lo mas de 30.000 muertos reales ( no las falsas cifras oficiales), suponen una cifra superior a la de las dos batallas mas sangrientas de toda la guerra, la batalla del Ebro y la batalla de Brunete. Y que parafraseando a Churchill si “nunca tantos están muriendo en España por la negligencia criminal de tan pocos, nunca tantos irán al paro y la miseria por la incompetencia oceánica y la idiocia de tan pocos”.
El sector servicios que representa mas de los dos tercios del PIB y del empleo en nuestro país, concretamente el 67,7 %, va a ser el sector mas afectado por la pandemia, tanto que hasta fin de año se prevé que estén cerrados muchos establecimientos. Por esta razón el desplome histórico del sector servicios de España augura una recesión sin precedentes, según PMI la actividad del sector servicios registró el pasado mes de marzo un hundimiento sin precedentes como consecuencia de las medidas de confinamiento, que cayó hasta los 23 puntos desde los 52,1 de febrero, con la destrucción de empleo más intensa desde que existen series estadísticas, lo que sugiere una alta probabilidad de una contracción en el segundo trimestre que supere todo lo conocido, y por debajo de la Eurozona (26,4), EEUU (39,8) o China (43,0).
El desplome del sector servicios en marzo se suma a la fuerte caída registrada en la actividad del sector manufacturero, cuyo índice PMI se situó en el tercer mes del año en 45,7 puntos desde los 50,4 de febrero, registrando su peor lectura desde 2012, lo que ha llevado el dato del índice PMI compuesto hasta los 26,7. Solo los sectores agrario, energético, alimentación, sanitario, financiero y público, apenas resultarán afectados. La señora Lagarde, presidenta del BCE ha estimado una caída del PIB para la media de la eurozona, entre un mínimo del 9% y un máximo del 15%. Veamos nuestro caso concreto.
El sector turismo representa en España el 15% del PIB, en marzo se contrajo un 68% y todo indica que los próximos meses la contracción será igual o mayor. Exceltur que agrupa hoteles, Iberia y Renfe estima ahora un descenso de negocio de 124.000 millones de euros para 2020 una caída del 82% respecto a lo ingresado en 2019, lo que supondría una pérdida del 12,3% del PIB. Respecto al empleo, en una macroencuesta realizada por Hostelería de España se concluye que el 58,9% de los hoteles tendrán que reajustar plantillas.
La automoción representa el 10% del PIB y el 9% del empleo, y ANFAC la patronal del sector estima una caída de la producción de 30% o el 3% del PIB. El comercio supone el 10% del PIB, y la Confederación Española de Comercio calcula que habrá que cerrar el 20% lo que supone 80.000 comercios que dan trabajo a 240.000 personas, este cierre supone 2 puntos de PIB. La construcción es un sector cíclico muy ligado a la evolución económica, donde están aumentando los impagos y las insolvencias, se estima una caída de ventas entre el 20 y el 40%, particularmente naves industriales, centros comerciales y oficinas. Se estima una bajada del PIB de dos puntos en la construcción.
Quedan otras actividades parte incluidas en el turismo y parte no como restaurantes, bares, discotecas etc, pero no estimamos la caída por falta de datos aunque un 5% de los bares ( unos 15.000) ha cerrado definitivamente y se estima que cerraran el 15%. En total, por tanto, puede cuantificarse una caída del PIB del 19,3% y solo en este año, superior a la caída de la renta durante toda la guerra civil, lo que da una idea de la enorme magnitud del desastre que se avecina.
El Banco de España, favorable invariablemente a las tesis del gobierno desde 2007, da una caída del PIB del 13,6 %, pero no explica en absoluto como la ha calculado, así que el que se lo quiera creer se lo cree y el que no, peor para él. Esto es en 2020, pero en 2021 y siguientes la caída, ya no tan pronunciada va a seguir. Por supuesto no habrá salida de la crisis en forma de V y tampoco de U, será en forma de L, con una destrucción nunca vista de la renta disponible de las familias, porque además esta chusma de ignorantes y malvados que nos desgobierna no piensa ni bajar ni aplazar impuestos como en otros países, sino que piensa en subirlos, y del empleo donde se perderán en forma permanente entre 3 y 4 millones de puestos de trabajo.
Pero hay algo todavía peor a lo mencionado. España suspenderá pagos en 2021 y tendrá que ser rescatada lo que significa, entre otras cosas, una caída de las pensiones en un 40% y del 35% de los salarios. Esto es debido a que entre la subida de gasto descontrolada del gobierno ya antes de la pandemia ( 35.195 millones en 2019 de necesidad de endeudamiento), y el brutal endeudamiento adicional para salir de ella, nos vamos a una relación deuda/PIB absolutamente insostenible. El Banco de España estimaba un déficit público este año del 110% del PIB, que unido a la caída de 13,6% del PIB, nos da una relación deuda PDE/PIB del 124%. Pero la deuda PDE ( según protocolo de déficit excesivo, un artificio contable de Bruselas) no es toda la deuda y hay que sumarle los pasivos no incluidos en la deuda PDE ( 303.000 millones en 2019 o 24 puntos de PIB), lo que daría una relación deuda total/PIB del 148%, siempre según las cifras del Banco de España.
Repitiendo el mismo calculo con nuestras cifras, déficit 2020 140% del PIB y caída del PIB del 19,3%, partiendo del PIB 2019 de 1.245.000 millones de euros, el PIB 2020 caeria a 1.002.000 millones, y la deuda total subiría a 1.632.000, lo que significa una relación duda total/PIB del 163 %, una cifra que aparte de que será la ruina de las próximas generaciones de españoles durante 50 años, supone la suspensión de pagos y el rescate, en el caso de que este fuera posible ya que la economía española es seis veces mayor que la griega. Si no lo fuera tendríamos que salir del euro algo que sería el Apòcalipsis, tendríamos que volver a la peseta, y esta perdería la mitad de su valor respecto al euro en 2 años. Nuestro PIB y nuestros ingresos serían la mitad de los actuales.