miércoles, 24 de julio de 2019

Cruda realidad / La nueva izquierda resucita el clasismo

Cruda realidad / La nueva 

izquierda  resucita el clasismo

El ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es
un placer culpable y casi universal. La clase baja es la primera en sufrir los
 experimentos sociales de sus amos, los caprichos políticos.
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La Sande está de verano, con la cabeza llena de verano y esa maravillosa expresión, ‘tiempo libre’, en
 una sociedad en la que cada vez más la única libertad que se entiende es la menor de ellas, la libertad
 política. Y quizá lo suyo, lo responsable, es que me dedicara ahora a analizar ese Frente Popular que se
 supone que nos prepara Pedro, y la investidura, y otra ración de pactos y de ajedrez a varias bandas. 
Pero no.
Y no es solo el espíritu del verano lo que me aparta de esos áridos asuntos; es también, cada vez más, su 
absoluta futilidad. La decadencia es de todo el espectro, no de un partido, y si se produce una
reacción a tiempo, será también todo el espectro el que se mueva de vuelta a la sensatez, aunque 
esto me resulte dificilísimo de imaginar.
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Así que les voy a hablar de la rehabilitación del clasismo. Lo vi todo claro hace unos días, una de esas 
iluminaciones que, lejos de envanecerte, te da rabia no haber visto antes cuando resulta tan evidente.
Desde la caída del Antiguo Régimen, el clasismo se considera lo peor de lo peor, ese mirar por encima 
del hombro a la clase baja. La llegada del socialismo acentuó aún más esa mala fama, insinuando que la 
clase baja no solo no era peor que la media o la alta, sino mucho mejor. Se inició una verdadera 
romantización del proletariado, adornándolo de toda clase de virtudes.
Sí, sorprendentemente, no han sido los neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe
De repente nadie quería definirse como clase alta, se disimulaban los orígenes de buena familia, al menos
 en política, como si fueran un secreto vergonzoso, se exageraban la humildad de los comienzos, se
 multiplicaban las infancias precarias y la dureza de los primeros años.
Pero el ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es un placer culpable 
y casi universal. Y ahora -a lo que iba- la nueva izquierda ha dado su gran dispensación para poder 
despreciar, humillar, atacar y ridiculizar a la clase obrera. Sí, sorprendentemente, no han sido los
 neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe,
 la que ha hecho no solo lícito, sino incluso virtuoso, despreciar al proletariado, levantar arrogante
 la nariz ante la plebe como la peor caricatura de cortesano de Versalles y gritarles que coman hierba.
Todo el truco está en no decir que es porque son clase baja, aunque resulte evidente: es porque son 
varones patriarcales y machirulos, o porque son homófobos, o porque son nativos y quieren seguir
 siendo dueños de su tierra, o porque no aprecian el arte moderno, o porque no leen lo que deben, o 
porque sienten apegos que el pensamiento único quiere erradicar. O por todo a la vez, no importa, el 
caso es que no solo pueden los de arriba despreciar a los de abajo sino, oh delicia, hacerlo con la mejor 
de las consciencias, llamándoles ‘privilegiados’; una poderosísima ejecutiva bancaria puede, con toda
 paz, hablar del ‘privilegio patriarcal’ de un pobre pocero.
De esto me he ido dando cuenta paulatinamente, pero en cada ocasión se confirmaba la tendencia. Una 
de las ocasiones más evidentes fue el de las niñas de Rotherham. Ya recordarán, esas casi 3.000 niñas 
década, con el conocimiento de la Policía Local y los servicios sociales municipales, que no hicieron
 nada para no quedar como racistas.
Y todos los que se indignaron con el espantoso suceso hicieron hincapié en los horrores inexpresables a
 los que puede llevar la corrección política, y es muy cierto, pero suele dejarse fuera una obviedad: si las
 víctimas hubieran tenido recursos, si hubieran podido defenderse, si perteneciesen a alguna casta intocable,
 si hubiesen tenido dinero o influencias o cultura, si sus padres no hubieran sido de la vulnerable clase baja,
 más indefensa hoy que nunca, la Policía hubiera actuado en el minuto uno, paquistaníes o no paquistaníes. 
Pero eran lumpen, eran de esa clase olvidada y cutre que a nadie le importa en la modernidad, porque no
 son un colectivo organizado; ¿qué más da lo que les pase? ¿Vamos a arriesgarnos a indisponernos con
 el lobby musulmán y entristecer a sus aliados laboristas por unas arrapiezas blanquitas que, con toda 
seguridad, ni siquiera saben quién fue el último Premio Turner?
La segunda gran ocasión fue la campaña presidencial de Estados Unidos, la pasada. El desprecio por 
los votantes de Trump apenas podía disimular el clasismo subyacente, que muy a menudo salía a la 
superficie cuando la oligarquía de Washington los describía: ‘rednecks’, paletos del ‘país interior’
 con dentaduras incompletas y un absurdo y bochornoso patriotismo, clase baja blanca que se aferraba
 -como llegó a decir Obama- a su Biblia y su revolver.
Hillary Clinton, quizá la representante más identificable de esa aristocracia progresista tan hecha a la 
idea de reinar y disponer de las vidas de la plebe que ya ni siquiera ese consciente del efecto de su 
arrogancia, delató todo al juego al calificar a los votantes de Trump de “cesta de deplorables”.
Trump, que tiene los instintos populistas desarrolladísimos, en seguida se puso a ordeñar esa maravillos
a metedura de pata de su rival y bautizó a sus partidarios de ‘deplorables’, impidiendo que cayera en el
 olvido el clasismo de la candidata demócrata.
Y es que la clase baja, la clase genuinamente obrera, puede votar comunista, pero es siempre 
la más conservadora y aun tradicional. Es la primera en sufrir los experimentos sociales de sus amos, l
os caprichos políticos, y tienen la querencia por su tierra y su país de quien no puede permitirse el lujo 
de no tener patria.

martes, 23 de julio de 2019

Carta a un separatista (Pìo Moa)

Pío Moa: 

Carta a un separatista 

Opinión
Pío Moa

lunes, 22 de julio de 2019

La Luna y La Moncloa (Juan Manuel de Prada, 20/VII/2019)


La Luna y La Moncloa (Juan Manuel de Prada, 20/VII/2019)


Fuente: ABC, 20 de Julio de 2019



La Luna y La Moncloa

Juan Manuel de Prada


El doctor Sánchez pretende ahora convencernos de que el Estado le cabe dentro de la cabeza, como a Manuel Fraga. El hombre que no tuvo cabeza ni siquiera para escribir una tesis de baratillo ahora resulta que la tiene para albergar huésped de tan grueso volumen. Así se desprende de esa batería de invectivas que ha lanzado contra Pablo Iglesias, a quien no quiere hacer ministro porque, según él, existen «discrepancias abismales» entre ellos sobre las «cuestiones esenciales de Estado».

Resulta, en verdad, delirante que un impostor como el doctor Sánchez pretenda presentarse como un estadista de tronío. Pero, si consiguió que un tribunal universitario se tragase una tesis de baratillo con la ayuda sola de un negro, ¿por qué no va a conseguir ahora que las masas cretinizadas se traguen que es un estadista de tronío, con la ayuda de todos los poderes sistémicos? El doctor Sánchez no puede tener el Estado en la cabeza por la sencilla razón de que, cuanto más hueca es una cabeza, menos cosas caben en ella; pero tiene una concupiscencia de Estado que se le sale por los ojos, la nariz y las orejas. El doctor Sánchez quiere zamparse el Estado él solito, con la venia de los poderes sistémicos, pero la aritmética parlamentaria se lo impide. Y, para salvar el escollo de la aritmética, necesita vampirizar los votos de Podemos, que Iglesias -como es natural- no quiere regalarle. Así que, siguiendo los consejitos de su gurú electoral, el doctor Sánchez ha lanzado una campaña de desprestigio de Iglesias, resucitando incluso aquellas burdas consignas, más viejas que Carracuca, con las que los tertulianeses asustaban a las viejecitas, anunciándoles que el mozo de la coleta venía a cepillarse a la opípara señora Democracia y a su hijito rebolludo, don Estado de Derecho.

El doctor Sánchez asegura campanudo que Iglesias no está dispuesto a «defender la democracia española» ni las «cuestiones esenciales del Estado». Pero este impostor alcanzó el poder en una moción de censura gracias al apoyo de Iglesias, a quien de inmediato proclamó públicamente «socio preferente». Este impostor gobernó durante casi un año gracias al respaldo de Iglesias, firmó con él un acuerdo presupuestario y, en vísperas electorales, declaró que no tendría inconveniente alguno en compartir tareas de gobierno con él. Este impostor ha mantenido durante dos meses embarrancada la investidura para conseguir el apoyo de las menguadas huestes de Iglesias en ayuntamientos y autonomías. ¡Y este impostor pretende ahora presentar a Iglesias como un peligro para la democracia y para la integridad del Estado! Increíblemente, las masas cretinizadas parecen dispuestas a tragarse tan burda añagaza; y ya las terminales sistémicas que ayer le ensalivaban el bálano a Iglesias piden ahora su castración, como si estuviera exigiendo al doctor Sánchez los cuernos de la Luna.

Hace cincuenta años, cuando el hombre llegó a la Luna, Pemán se quejaba en ABC del significado excesivamente hiperbólico con que se empleaba el verbo «llegar». «¿Llegar está correctamente empleado cuando se pone el pie en algún sitio y luego se marcha uno?», se preguntaba. El doctor Sánchez llegó a La Moncloa como el hombre llegó a la Luna, para poner allí el pie y luego marcharse; pero los poderes sistémicos quieren que llegue para quedarse y saben perfectamente lo que tienen que hacer para conseguirlo. Que, en resumidas cuentas, consiste en aniquilar a Iglesias, a quien tanto auparon cuando les convenía agitar el miedo, y en convocar cuantas elecciones haga falta, hasta que la aritmética cuadre. A fin de cuentas, las convocatorias de elecciones las pagan los mismos ilusos que le pagan a Sánchez los consejitos de su gurú electoral.


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viernes, 19 de julio de 2019

¿ La histeria tiene género?

‎5‎ de ‎jul. a las ‎7‎:‎27
5 de julio de 2019, Santa Marta, San Antonio María Zaccaría, San Atanasio el Atonita.
Me pregunto,  a propósito de los usos que algunos quieren 
imponer, si la histeria, que tradicionalmente se ha relacionado
 con el sexo femenino, tiene todavía género. 
Yo no conozco mujeres histéricas. Al contrario, todos los 
histéricos que conozco son hombres. Y la mayor parte de 
ellos, homo y transexuales. 
Casi todos mis amigos homo y transexuales encajan en la
 definición de histeria bastante más allá del 100 por cien. Lo
cual no quiere decir que todos los homo y transexuales sean
 histéricos, por supuesto. En lo que a mi concierne y de 
entre los que conozco, solo el 75 por ciento.
Ciudadanos al borde del precipicio
Tampoco los dirigentes de Ciudadanos son todos histéricos. 
Pero todas las noticias con las que, de un tiempo a esta parte, 
nos regala Ciudadanos, todas tienen un tinte histérico de tomo y lomo.
Desde la histriónica exhibición de histeria protagonizada por
 el partido Rivera en Navarra, negándose a firmar una declaración
 contra Bildu si en la misma página aparecía también la firma de 
alguien del PP, hasta lo sucedido en Murcia y en Madrid 
con Vox, Ciudadanos deja un rastro de chapapote histérico. 
Y además hipócrita:
“Los naranjas viven sumidos en una ficción: la de que no pactan
 con una organización de extrema derecha, aunque los conservadores 
lo hagan por ellos. Tanto en Andalucía como en el Ayuntamiento de
 Madrid, los de Rivera han logrado el trampantojo de suscribir 
acuerdos con los populares pero no con los 'voxistas', aunque el
 resultado haya sido el apetecido: tocar poder gracias a los
 votos ultras. La estratagema no puede ser ni más hipócrita ni menos creíble.
La política tiene una grave e inevitable exigencia: la de elegir. No 
se puede estar al plato y a las tajadas y eso es, justamente, lo 
que ha pretendido Ciudadanos. Vox, aunque con tardanza, le enfrenta 
a la realidad y le sitúa al borde del precipicio.” (La razón de Vox y
El ridículo de Pequeño Napoleón Rivera empieza a ser 
crónico, en especial cuando se tiene que enfrentar a un papel 
para firmar o tiene que reunirse para hablar con alguien. Seguro
 que eso tiene un nombre clínico, una definición patológica
 y una prescripción. ¿Sociópatas de la política? 
Yo lo llamaría simplemente gilhisteria compulsiva.
La novia en el entierro y el muerto en la boda
Ya, ya, pero es así, no al revés, porque así entiende la política
Ignacio Aguado, el señor de Rivera en la Asamblea de Madrid:
 quiere ser la novia en la boda y el muerto en el entierro, pero 
anda tan necesitado de entendederas políticas que termina
haciéndolo al revés. Le convendría mirar un poco al Sur.
En Andalucía Ciudadanos va aprendiendo poco a poco madurez
 política y ya firma acuerdos con PP y con Vox:
“[El acuerdo en Andalucía supone que] el PSOE se queda con 
la Cámara de Cuentas; el PP, con Canal Sur; Ciudadanos, 
con el Consejo Audiovisual, y Adelante Andalucía, que es la suma 
de Podemos e Izquierda Unida, con el Defensor del Pueblo andaluz.
Vox, que es el quinto actor de ese acuerdo global, lo que consigue es 
representación en cada uno de esos órganos, a pesar de ser la fuerza
 minoritaria del Parlamento andaluz.
¿Quién le iba a decir a la expresidenta Susana Díaz que aceptaría 
entrar en un acuerdo legislativo en el que también estaría Vox? ¿Dónde 
se quedan aquí las incompatibilidades ideológicas irreconciliables que
 todos ellos proclaman desde las tribunas de sus mítines?
Por ese motivo, este pacto a cinco bandas debería considerarse el 
verdadero pacto andaluz, porque demuestra que es posible llegar 
a acuerdos entre todos los grupos parlamentarios, incluyendo los extremos hacia la derecha y hacia la izquierda, que favorecen la gobernabilidad de las 
instituciones. 
Esta debería ser la auténtica ‘vía andaluza’ que se exportase al resto 
de España, no el ‘pacto del trifachito’, como llaman en la izquierda, 
de forma despectiva, al primer acuerdo de gobierno entre Partido
 Popular, Ciudadanos y Vox.” (El nuevo y oculto 'pacto andaluz')
Llegan los pesaos
Mientras tanto dispongámonos a padecer la lata gay. Según casi 
todos los grupos de presión genital (ya sabes, los lobbies de 
color rosa), agrupados en torno a la “federación estatal” (¡no iban 
a llamarlo “nacional”!), decía que según la “federación estatal de 
lesbianas, gais” y su correspondiente etcétera de variantes 
sexuales, este es el mapa donde ya han ganado y donde piensan 
ganar en cuantico que Pedro, hijo, a ver si terminas con la murga
 esa del Congreso y la investidura y nos haces unos cuantos 
regalitos más.
Y esta que viene a continuación es la máxima expresión del 
pensamiento (un decir) progre-genital procedente de las filas 
del heroico Partido Socialista Obrero Español. Aquí tienes a la
 diputada antaño Carlos Delgado Gómez, luego Carla Delgado 
Gómez y finalmente Carla Antoneli:
¡Te juro por Afrodito, señoría, que esto sí es progreso! Me congratulo muy sinceramente. Cuanto menos tengamos de lo uno y más de lo otro, igual hasta conseguimos comunicarnos.
No sé por quién jurará José Luis Martínez-Almeida, alcalde de 
Madrid, pero sigue mareando la perdiz de la banderita rosa. 
¿La pone, no la pone? Más de 20 mil personas ya le han pedido 
que se olvide de la bandera del supuesto “orgullo”, que solo
 representa a la histeria autoritaria de los grupos de presión gay. 
Esta es la petición, por si te quieres sumar:
Recordando a la ausente Manuela Carmena, tan partidaria ella de
 Afrodito y de sus banderitas de colores (y por fin 
desaparecida del Ayuntamiento madrileño), escribe David Gistau:
“La fachada del ayuntamiento se ha convertido en el dazibao donde el
 nuevo alcalde de Madrid expone sus miedos y su incapacidad de 
combatir la fotogenia hueca de la Ausente.” (La Ausente)
Qué manera de sufrir
Hay que entenderlo, los homosexuales en España suponen el
 grupo social que padece más las injusticias en nuestro país. 
Ni los padres de familia (¡y madres!) mileuristas que hacen
 milagros para criar a sus hijos (¡e hijas!). Ni los jóvenes 
sobradamente formados con empleos y nóminas próximos al 
esclavismo, y eso con mucha suerte. Ni los ancianos que con 
de m... tratan de vivir dignamente ayudando además a sus hijos. 
¡No! ¡NOOO! Los que son tratados injustamente en España
 son los homosexuales y los transexuales. 
Todo el día, a todas horas. Es poner el pie en la calle un 
homosexual y empezar una marginación super atroz. Mega grande.
 De ahí que no haya ningún homosexual en sectores clave y releva

ntes del país, esos sectores que influyen y crean opinión 

Te comentaba hace un rato (¡¡¡gracias por haber leído hasta aquí, Rafael!!!) que no todos mis amigos homo y transexuales son
 histéricos. Y quienes no lo son, a diferencia de los histéricos 
con balcones a la calle, casi ni se atreven a salir de casa estos
 días de pura vergüenza.Vergüenza de que los chillones
 histéricos que recorren las calles de nuestras ciudades 
estos días se presenten como sus representantes.
Vergüenza de ver cómo sus reivindicaciones todavía 
pendientes se disuelven en unas horas de mal gusto 
exhibicionista que ni reivindica, ni representa a la 
mayoría de los homosexuales, ni tiene nada que ver con sus derechos civiles.
Tomar nota y dejar en paz al resto
Estaría bien que los grupos de presión gay dejaran en paz a
 los que se empeñan en seguir siendo heterosexuales, que al fin
 y al cabo y por increíble que les parezca, son mayoría. Pero no.
 Ahora la emprenden contra la firma Nivea porque uno de sus 
directivos, en una conversación telefónica privada, dijo esto:
“En Nivea no hacemos cosas para gays”. (Así rechaza una campaña 
En una conversación telefónica privada. Horrible delito 
según las digamos “leyes” gay, esas que aparecen en el mapa 
de arriba y cuya finalidad primordial es mantener los privilegios
 de los grupos de presión rosa que las promueven y 
recortar las libertades de todos.
Ley de reacción demográfica
Coincidiendo con los días de exaltación del orgullo 
genital, cuyos promotores contribuyen con entusiasmo al
suicidio demográfico a base de destruir la familia, el PP de 
Galicia ha decidido hacer algo positivo. El Gobierno regional ha
 presentado un anteproyecto de ley de impulso demográfico. 
Galicia es la región de España más castigada por el declive
demográfico y el presidente regional, Núñez Feijóo, ha puesto
 en marcha un “proyecto normativo de dinamización demográfica”,
 asunto por cierto del que llevaba años hablando:
“El texto ata el compromiso de elevar año a año la inversión del Gobierno 
gallego en políticas familiares (actualmente en el entorno de 100 millones
 al año) y reúne acciones en ocho áreas de trabajo que, según las
 estimaciones de la Xunta, implicarán un impacto anual no menor a 
700 millones de euros.
Entre las actuaciones, también se incluye la priorización de empresas con
 planes de conciliación en las contrataciones públicas, autobús gratuito
hasta los 19 años (ya en marcha), la inclusión de la demografía en
 el currículo educativo y como objeto de campañas de sensibilización
 general (el propio Diario Oficial de Galicia publicará periódicamente la 
evolución del saldo de nacimientos y defunciones), el refuerzo de las 
ayudas para compensar excedencias o reducciones de jornada para 
el cuidado, la exigencia a establecimientos de nueva apertura de incluir 
cambiadores en aseos femeninos y masculinos, el impulso a la 
racionalización de horarios (adelanta el prime time del canal 
autonómico) o la vinculación de parte del reparto de fondos a 
los municipios al desarrollo de apoyos a la demografía.” (Galicia blinda
Se trata de medidas absolutamente insuficientes, pero 
al menos el Gobierno regional gallego pone sobre la mesa 
el asunto, despierta un debate urgente en España y echa a andar. 
La izquierda y los nacionalistas gallegos, PSdeG y del BNG, 
tachan el plan demográfico del PP de "poco ambicioso”, 
"propagandístico" e “ineficaz”. Y esa es toda su contribución
 al suicidio demográfico gallego desde que ambas formaciones
 llegaron al mundo. 
¿A tal patología la podríamos calificar de “vacua histeria opositora”?
La cita
“Soplando no caen los dictadores”.
Y la imagen
Pasa un gran día,  a pesar del ruido que llega de la calle, ese 
sonido que no contribuye precisamente a hacer España mejor.
 Pero en cuanto terminen de pasar los vociferantes, ponemos 
manos a la obra de nuevo.
¡Si Dios quiere!