miércoles, 5 de junio de 2019

Y Sánchez tuvo una idea: condones gratis (Eulogio López)

Y Sánchez tuvo una idea: 

condones gratis

La medida definitiva del PSOE para el futuro de España.

La idea de Pedro Sánchez  condones gratis
La idea de Pedro Sánchez condones gratis
Al final, lo que los españoles estaban esperando para alcanzar el futuro: gomas gratis.
El Ministerio de Sanidad, que dirige María Luisa Carcedo ofrecerá gratis las gomas para fornicar. Quiero decir, preservativos. Lo hacen para evitar el sida, claro, pero, por el mismo precio, evitan al niño.
Porque, gracias a la generosidad de Pedro Sánchez, tendremos condones gratis. Es formidable. Lo que España estaba esperando.

martes, 4 de junio de 2019

El voto conservador (José Manjón)

El voto conservador

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Las últimas elecciones han demostrado que España es un país profundamente conservador, no en el sentido de las ideas políticas, sino en el de la praxis, en el del vulgo que reza ¡Virgencita, que me quede como estoy! Contra lo que pueda parecer, el voto a la socialdemocracia es lo más inmovilista que cabe imaginar: se trata de una ideología en retroceso y desaparición en toda la Europa avanzada, esa tan rubia, tan alta y tan rica que siempre hemos admirado. Sin embargo, la Península Ibérica, el rabo por desollar de Europa, vota a los socialistas  y ha convertido estas tierras de pan llevar en la reserva moral de Occidente, en la Luz de Trento de una ideología que se agota después de un siglo en el que fue hegemónica.
¿Por qué semejante fenómeno? En primer lugar, y sin lugar a dudas, por el clásico atraso español. Aquí siempre está de moda lo que en Uropa se ha llevado veinte años antes. Somos como esos primos pobres que heredan la ropa ajada de los parientes ricos y que con tan tristes galas presumen de modernos de pueblo. Lo nuestro,  en política, es lo palurdo, como una boda civil en los suburbios: el novio que no se sabe hacer el nudo de la corbata rosa fucsia, la parienta de blanco, con el tatuaje de Camarón en el escote, y el concejal de la Pesoe trastabillándose  en las lecturas y soltando chascarrillos. Música de fondo de Paquito el chocolatero mientras tíos curdas gritan ¡Que se besen! Algo no muy distinto es nuestra casposa “élite” de icetas, rufianes y garzones.
En segundo término, no podemos olvidar la condición de hortera del “doctor” Sánchez. El presidente del Gobierno lo es en el sentido actual de la palabra, pero más aún en el significado tradicional del término: factor, dependiente vestido de domingo, mozo que merca fajas a las sesentonas en el mostrador del almacén entre piropos rancios, guiños picarones y algún pellizco en las ancas de las muy ladinas: pero el género lo vende. En este caso, el patrón que le paga los viajes en Falcon y el despliegue de boato chabacano al “doctor” Sánchez es el Ibex 35, encantado con este muchacho sin ideas ni inteligencia ni principios, pero que, precisamente por eso, ha podido ser radical de izquierdas, separatista a ratos, socialdemócrata siempre y de vez en cuando liberal. Lo bueno de un cántaro vacío es que se puede llenar con cualquier cosa. Este cacharro de burda cerámica sirve para contener a la extrema izquierda y para que los separatistas no desborden el búcaro. Es un maestro del tente mientras cobro y del ande yo caliente. Su audacia, su obstinación, su cinismo y su desvergüenza lo convierten en un perfecto instrumento de las oligarquías de Bruselas y Madrid. Es el administrador que mantiene la finca de los señoritos y al que se le consienten algunas sisas a cambio de que mantenga el cortijo en paz.
La mayoría de los españoles ni son ambiciosos ni esperan más de la vida que una subvención, una paguita, aunque sea de 400 euros.
Tampoco podemos olvidar que la mayor parte de los españoles ni son ambiciosos ni esperan más de la vida que una subvención, una paguita, aunque sea de cuatrocientos euros, o un aguinaldo público que se combine con un par de chapuzas pagadas en negro. Y así se va tirando, y no del todo mal, en un país en el que quien tiene talento, iniciativa y ganas de hacer algo acaba por marcharse a las grandes ciudades o al extranjero. ¿Para qué criar mala sangre aquí cuando uno puede llegar a ser alguien en Alemania?  Haces las maletas, coges el primer avión para Hamburgo y santas pascuas. Para ver nuestro retrato de Dorian Gray, escrute el lector qué palmito lucen los líderes que han conseguido las mayorías absolutas en Extremadura y Castilla La Mancha. Su triste figura en los carteles, en especial la de Fernández Vara, muestra cuál es el talante, cuál el proyecto: “Nada os turbe, sigamos todos, y yo el primero, con las eternas rutinas, con la siesta secular, con la sopa boba”. Hace cien años dormitarían en un casino de pueblo bajo los flatulentos efectos del cocido y pasarían las noches jugando al julepe en la rebotica. No hay nada más parecido a un cacique de Arniches que uno de la Pesoe. Son un mal endémico, un atavismo social, una peña de compadres que controla empleos, subvenciones, ayudas y peonadas y mantiene bajo su férula implacable a una población que prefiere el pan para hoy y el hambre para mañana, porque mañana nunca llega y Dios proveerá. O eso creen ellos.
España lo aguanta todo.  Como un burro lleno de mataduras, no nos mueven ni con palos ni con zanahorias. Y es eso, la testarudez de la acémila que masca su puñado de cebada, lo que mantiene el poder de la socialdemocracia. El problema es que los grupos a los que se les extrae el pienso ya no dan más de sí. Montar un negocio en España es llorar, como antes lo era escribir. Basta que alguien muestre un poco de iniciativa para que caigan sobre él, como sobre el faraón de Egipto, las siete plagas en forma de expedientes, apremios, licencias, tasas, impuestos, autorizaciones y demás sacacuartos. Las autonomías y los ayuntamientos idean tales gymkanas fiscales, que uno ya no se atreve ni a tirar un tabique de su casa. Imagínese el lector lo que le espera al audaz y temerario contribuyente que quiera montar un negocio. Una nación no puede sobrevivir si medio país se dedica a explotar a la minoría que produce en la economía real. Hemos sustituido a los nobles y el clero por los políticos y las clases asimiladas de los contratados temporales, los asesores y los beneficiarios de las canonjías de los chiringuitos minoritarios (hoy, ser feminista o secuaz de la memoria “histórica” es como antes tener un estanco). Tarde o temprano se acabarán el arroz y la tartana y llegarán los recortes. Y con ellos se les dará un tajo a las ayudas, subvenciones, subsidios y peonadas, cuyo triste monto  entonces será como la cebada en el rabo del burro muerto. Hacia eso vamos por culpa de nuestros pecados, por ser "asín". Nada nuevo bajo el sol. Muy poco hemos cambiado desde Calomarde.

domingo, 2 de junio de 2019

¿Puede España salvar su reputación? (Henry Kamen)

 ¿Puede España salvar su reputación?
Henry Kamen
(El Mundo)

La amenaza a la reputación de España no proviene del exterior sino del complejo de inferioridad de la mente española

AJUBEL
Pocas iniciativas son más sorprendentes que la tomada esta semana por el Ministerio de Asuntos Exteriores, en un momento en que el Partido Socialista acaba de vencer en las elecciones generales y tiene buenas razones para sentirse confiado en su capacidad para manejar la situación política. Sin embargo, en este momento de triunfo, según la prensa, "la Secretaría de Estado de la España Global, dependiente de Exteriores, ha designado una red de funcionarios desplegados en las embajadas que velará por cultivar la percepción del país". El propósito, de acuerdo con esta información, es nombrar a un grupo especial de 200 diplomáticos para que dediquen su tiempo a defender la reputación de España, "un funcionario por cada embajada y por cada consulado encargado de identificar posibles puntos débiles y de proponer remedios".
¿De qué manera el ministro José Borrell siente que la reputación de España está en peligro? ¿Quizá el Ministerio se preocupa por la carta firmada por 41 senadores franceses que denunciaba un supuesto incumplimiento de los derechos humanos en España a raíz de la situación en Cataluña? ¿O tal vez por la demanda del presidente de México de que España se disculpe por sus acciones en América hace 500 años? ¿O está preocupado por la propuesta del ex president Puigdemont de recolectar un millón de firmas españolas para protestar contra la brutalidad del Estado español?
El ministro sabe perfectamente que no hay forma de evitar la difamación sistemática de los gobiernos y de las personas, especialmente, en una época en que internet proporciona una capacidad asombrosa para que la difamación aumente y se multiplique. La única defensa práctica parecería ser una declaración firme de la verdad. El Corán reza: "Cuando llega la verdad, la falsedad se desvanece". Sin embargo, es un proceso largo y, por desgracia, la falsedad persistirá. Veamos algunos ejemplos.
Durante varios meses después del conflicto generado por el pseudo-referéndum catalán, el movimiento separatista intentó generar indignación por la presunta brutalidad policial, como lo demuestra el caso de la mujer (una de las varias "víctimas" que aparecieron en TV3 el 2 de octubre 2017, en una "entrevista a alguns dels ferits") que afirmaba haber tenido sus dedos sistemáticamente rotos por la Policía y sus partes privadas invadidas. La mujer admitió luego que era falso. Sin embargo, reclamos similares continúan en secciones de la prensa separatista, y continuarán apareciendo porque se basan en el autoengaño activo. Los autoengaños son una parte integral de una visión fija del universo y no hay forma posible de eliminarlos. ¿Cómo, por ejemplo, se puede evaluar la siguiente afirmación del diputado separatista Rufián? "Cada vez que nuestro conseller de Exteriores, Raül Romeva, vuelve de un viaje nos dice lo mismo: que los políticos, cónsules, embajadores y empresarios nos piden que vayamos en serio con este proceso". Los diplomáticos y políticos de todo el mundo, al parecer, están ansiosos por reconocer la república catalana. Tal vez tenga poco sentido crear un cuerpo especial de diplomáticos para contrarrestar esas fantasías imposibles.
De la misma manera, sería imposible para los diplomáticos corregir la visión desinformada de un presidente mexicano que no ha estudiado la Historia de México y cree que Hernán Cortés es responsable de todas las miserias que los Gobiernos de ese país han infligido a su gente. El mundo es lo que es: una jungla en la que exageraciones, falsedades e ignorancia absoluta están funcionando a toda velocidad en su tarea de deformar la realidad. La respuesta más deseable sería apoyar a la verdad. Sin embargo, no soy optimista al respecto. Tampoco estoy de acuerdo con aquellos que cultivan su propia pequeña Leyenda Negra, y que siguen viendo el mundo exterior como parte de una gran conspiración contra la reputación de España. Me parece que la única respuesta práctica para los diplomáticos de España en las circunstancias actuales no es meramente defender la verdad, sea la que sea, sino hacer un ataque positivo para contrarrestar las fake news. La amenaza a la reputación de España no proviene de lo que los senadores franceses o los presidentes mexicanos mal informados declaren, sino del asombroso complejo de inferioridad que de vez en cuando se apodera de la mente española. En otras palabras, en algunos contextos son los españoles quienes tienen la culpa, porque no son lo suficientemente beligerantes.
Un buen ejemplo de ello es la entrevista televisiva que el ministro de Asuntos Exteriores concedió a un periodista inglés el pasado marzo. Vi toda la entrevista y coincido totalmente con la opinión expresada en ese momento por un periodista español en la revista digital The Corner. Borrell es un orador inteligente y experimentado, pero en este caso dio la impresión de haber tenido tanta confianza en su propia eficiencia que no verificó por adelantado las preguntas que le hizo el agresivo periodista. El resultado fue que perdió la paciencia y también perdió la entrevista.
La lección que podemos extraer de esta experiencia es que, en el contexto de la política internacional, en un mundo dominado por las noticias falsas, tenemos que preocuparnos menos por la verdad y más por cómo comunicar ésta. Necesitamos adaptar el conocido aforismo de Marshall McLuhan -"el medio es el mensaje"- porque en el mundo de hoy el asunto crucial no es el mensaje, sino el medio. En un juego de guerra como una entrevista, el ganador no es la persona que afirma la verdad, sino el jugador que sabe que la verdad no puede ser contenida en una declaración de dos minutos y que, por lo tanto, dedica los dos minutos no a dar una respuesta sino a volver la discusión contra el entrevistador impertinente.
La necesidad de dominar el medio tiene varias dimensiones importantes. Durante mucho tiempo, España ha sufrido la reputación de ser una nación europea donde los políticos y diplomáticos no han podido expresarse en un escenario internacional porque no podían hablar inglés o francés o incluso las lenguas de sus vecinos, como el italiano. Incluso en su gran época de imperio, en el siglo XVI, España confió en belgas e italianos para dirigir su diplomacia y mantener conversaciones con rebeldes holandeses y generales alemanes. Los grandes tratados de paz de la Historia de España, como la paz de Westfalia, fueron negociados en nombre de España por extranjeros que podían hablar los idiomas necesarios. ¿Algún Gobierno nombraría hoy a los extranjeros para ser sus portavoces internacionales? Esa situación, con suerte, ahora ha cambiado. A pesar del evento que acabamos de citar, Borrell es un ejemplo de un político que puede defender la reputación de su país en más idiomas que uno solo.
Periodistas y políticos son actores conjuntos en una producción teatral en la que ambos intentan convencer al público. Los políticos, como sucede, tienen la mala suerte de que el público desconfía de ellos, sobre todo, por su notoria corrupción. Los periodistas, sin embargo, también sufren desconfianza debido a su frecuente manipulación de la verdad, como sabemos por la notoria actuación de TV3 durante la crisis separatista. A diferencia de estos dos grupos, los diplomáticos son vistos como profesionales que trabajan sólo para promover los intereses de su país. Es una gran responsabilidad, por tanto, que la comunidad diplomática tenga que defender la reputación de España. Pero los diplomáticos también inevitablemente tienen sus debilidades. No me disculpo por citar la conclusión del artículo en The Corner. "La diplomacia española -sostiene el artículo- tiene mucho trabajo por hacer. Hay tareas pendientes, explicaciones necesarias, más argumentos para demostrar que la democracia española es madura y avanzada. Eso requiere concentración, preparación y dedicación". La situación también requiere una confianza absoluta en la capacidad de España para demostrar que ya no es la criatura aislada de su pasado, un esclavo de la Leyenda Negra que sus intelectuales crearon durante el siglo XIX.
Henry Kamen es historiador británico. Entre sus obras figura España y Cataluña. Historia de una pasión (La Esfera de los Libros, 2014).

sábado, 1 de junio de 2019

El fracaso del modelo educativo en España

El fracaso del modelo educativo en España


Mucho se ha escrito en España en los últimos veinte años sobre su modelo educativo y previsiblemente la tinta seguirá corriendo.
Prácticamente nada de esa profusión de opiniones procede del colectivo que, indiscutiblemente, detenta mayor autoridad profesional y moral para opinar, es decir, los profesores. Alguien se podría preguntar él porqué de ese menosprecio. Afirmar que los profesores constituyen las principales víctimas de nuestro sistema educativo, implantado a principios de los años noventa por el gobierno socialista de Felipe González, no supone incurrir en una gratuita exageración.
Esta aseveración es fácilmente verificable comprobando los datos que avalan por doquier como los profesores de instituto son quienes más sufren la mayor incidencia de bajas laborales por stress, depresión y ansiedad, y como en la última década han descendido espectacularmente los índices de valoración social de esta profesión.
Igualmente ilustrativo para el curioso deseoso de indagar, sería echar un vistazo a las estadísticas de violencia escolar y de agresiones a profesores de secundaria, así como de incidentes disciplinarios en horario escolar. Y si posteriormente procedemos a examinar las encuestas que periódicamente reflejan la motivación y estado de ánimo de este colectivo docente, una somera inspección nos llevará a una única conclusión: ejercer como profesor de instituto hoy día requiere de una no desdeñable dosis de heroicidad.
Tal estado de cosas descrito obedece a una razón que es ignota para la mayoría profana, pero muy sencilla de elucidar: la enseñanza primaria discurre al día de hoy sin ningún tipo de exámenes o reválidas para el alumno, con lo cual, el tramo de la educación elemental escapa a cualquier tipo de control de eficiencia, y aunque el maestro pueda -no lo niego- sufrir a título personal los resultados de este inexplicable laxismo (de hecho me consta que lo sufre), su competencia profesional no viene puesta en cuestión a nivel social. Por introducir una nota de humor en medio de este sombrío panorama, podríamos decir que el informe PISA no afecta ni a la estima (ni a la autoestima) del maestro.
Si analizamos seguidamente el otro extremo del arco educativo, es decir, el ciclo universitario, el profesor constata con estupor la escasa o nula preparación intelectual y académica de los alumnos de nuevo ingreso, y procede a impartir sus clases tomando nota lamentándolo y despotricando contra el “sistema”, pero sin sufrir menoscabo, una vez más, en su percepción o proyección social.
Lo expuesto anteriormente no es óbice para no dejar de señalar, so pena de sonar simplistas, que las etapas educativas tanto de primaria como universitarias presentan una problemática específica -sobre todo en este último caso- minuciosamente analizada por cualificados expertos. Recomiendo al respecto la lectura del magnífico libro de José Penalva, “Corrupción en la Universidad”, donde su autor (‘exiliado’ ahora en Cambridge) detalla lucidamente los problemas de nepotismo, enchufismo y sobre todo gran mediocridad intelectual, que afectan a la universidad española.
Comoquiera que, según mi humilde opinión, el diagnóstico sobre los efectos desastrosos de la LOGSE y la realidad cotidiana de los institutos han sido ya eficazmente realizados, no quisiera repetir lo que compañeros con mucha más experiencia que yo en la profesión han explicado de manera harto elocuente, y una vez más, remito al lector interesado a la lectura del “Panfleto Antipedagógico”, del profesor Ricardo Moreno Castillo, opúsculo puesto a disposición por el propio autor para su descarga gratuita en la red.
El lector me perdonará el prolijo preámbulo, a mi juicio necesario para introducirle en el argumento y guiarlo en la lectura de los libros imprescindibles ya publicados sobre el tema. Me gustaría examinar en esta ocasión una vertiente hasta ahora poco comentada de la cuestión que nos ocupa, pero que puede, sin embargo, ayudar sobremanera a formar una opinión sobre la necesaria reforma educativa.
Se trata de la historia así como de los fundamentos ideológicos y sociológicos del sistema educativo español actual, es decir, el que fue instaurado con la LOGSE y su gemela LOE por el gobierno del señor Zapatero. En este análisis, me centraré más concretamente en la perspectiva histórica.
El Partido Socialista, tras ganar las elecciones de 1989, decidió reformar totalmente la enseñanza secundaria. En su afán por instaurar una falsa y utópica “igualdad” entre los ciudadanos (que no igualdad de oportunidades, cosa muy diferente y en sí objetivo muy loable), introdujo lo que se suponía era la mayor novedad de la LOGSE, la llamada comprensividad, que obligaba a todos los ciudadanos a seguir el mismo sistema educativo hasta los 16 años, independientemente de las capacidades intelectuales y de las aspiraciones académicas del alumno. Y no obstante ir en detrimento obvio de la libertad individual, valor al que el gobierno socialista atribuyó escasa importancia, emprendió la reforma.
La formación profesional podría iniciarse con esta ley solamente una vez superada la etapa de enseñanza obligatoria, lo que sucede a los 16 o incluso muy a menudo, a los 18 ó 20 años. Creo que no hace falta decir más para que el lector colija los efectos devastadores que sobre la educación puede ejercer semejante despropósito, pues es difícilmente defendible cómo se puede motivar al alumno que quiere ser, por poner un ejemplo, electricista, a seguir el mismo programa de estudios que aquel otro que aspira a estudiar filología clásica.
Pero para no extraviarnos del asunto volvamos a la historia comparada. El origen ideológico de la LOGSE hay que buscarlo en el sistema educativo del Reino Unido, donde acabada la Segunda Guerra Mundial, empezó a difundirse de manera experimental un modelo educativo que allí recibió el nombre de Comprehensive School, aunque en realidad no fue hasta 1965 cuando el gobierno laborista inició la implementación a gran escala y de forma sistemática de la comprensividad. Este modelo suprimía las llamadas Grammar Schools, que seleccionaban a los alumnos a los 11 años después de un riguroso examen y en base a criterios estrictamente académicos, que no económicos.
La corriente pedagógica y progresista (sobre los supuestos fundamentos “científicos” de esta corriente hablaré quizás en otra ocasión) debía de soplar ya muy fuerte por aquellos lares, pues el gobierno conservador de 1970, con nada menos que Margaret Thatcher en la cartera de educación, no solamente no suprimió, sino que realizó la mayor expansión en cifras de escuelas comprensivas llevada a cabo hasta el momento.
Y es precisamente sobre la suerte de la escuela comprensiva en el Reino Unido, sobre el que me gustaría centrar la atención del lector, pues este modelo ha venido experimentando una erosión sistemática desde al menos 1988, y fue sin embargo adoptado en nuestro país cuando ya estaba demostrando su ineficacia, hasta tal punto de que se está procediendo a su desmantelamiento sistemático en Inglaterra, sin que en España se haga mención alguna ni haya debate público sobre dicho proceso, por no mencionar el caso de EEUU, que daría lugar a otro apartado en sí. Pero la existencia de fuertes motivaciones ideológicas son la causa de que se hurte al ciudadano la información de que en el país más poderoso del globo se esté desmontando desde hace tiempo el modelo de la escuela comprensiva.
Así mismo es preciso señalar como se soslaya el estudio comparado de los sistemas educativos. Se insiste una y otra vez de forma manida e interesada en “el milagro finlandés”, pero no se subraya como esta comprensividad española y británica no están ni mucho menos generalizadas en el resto de Europa.
Al respecto, creo que sería importante aclarar que excepto en los países nórdicos, la enseñanza común a todos los estudiantes se da por ultimada a una edad más temprana. En Francia tras cuatro años de secundaria (desde los 11 a los 15 años), y tras un examen de carácter nacional llamado Brevet. En Alemania esta segregación se realiza ya al final de la enseñanza primaria, a los 10 años. En Italia a los 14 años se concluye la llamada Scuola Media, y un examen decide la incorporación del alumno a los Liceos o bien a la formación profesional. No responde por tanto a la verdad el argumento que esgrimen los defensores de la escuela única hasta los 16 años, cuando dicen que la ampliación de la escolaridad obligatoria es hoy un denominador común a todos los sistemas educativos europeos.
Pero examinemos la historia de la comprensividad en el Reino Unido, cosa harto útil dado que fue este el modelo tomado por Álvaro Marchesi y Cía. para reformar la EGB y el BUP en 1989.

Para comenzar debemos aclarar qué es lo que se entiende exactamente por este término. El principio de comprensividad posee tres notas fundamentales, como explica el profesor García Molina, catedrático de Educación Comparada en la UNED: en primer lugar, “la no segregación de alumnos en instituciones separadas”, pues el ideal de la “escuela única” se presenta como una respuesta al objetivo de no segregar a los estudiantes”.
En segundo lugar, “la no separación de los alumnos de una misma edad en la institución respectiva e incluso en el aula”. Tal es el postulado de las “clases heterogéneas”, exigido por el principio de igualdad. “En virtud de ese postulado, es social y pedagógicamente oportuno reunir en una misma aula a alumnos de gran capacidad intelectual con alumnos de escasa capacidad, a alumnos de gran interés junto a alumnos desinteresados, a alumnos socialmente adaptados junto a alumnos socialmente problemáticos. En última instancia, el postulado lleva a integrar en las aulas normales a alumnos con deficiencias físicas o psíquicas importantes”.
La tercera nota fundamental del principio de comprensividad es impartir a todos los alumnos “un mismo programa, unificado, de aprendizaje”. La convicción es que todos los alumnos pueden alcanzar determinados “objetivos mínimos” de aprendizaje. “No es ya sólo la aspiración a una igualdad de oportunidades en educación, sino la aspiración a conseguir la igualdad de resultados”.
Pues bien, La Ley de Reforma Educativa de 1988 ya supuso el inicio del resquebrajamiento del monolítico muro que había supuesto la escuela comprensiva en el Reino Unido hasta entonces. Esta ley posibilitaba en primer lugar esquivar el principio de “vecindad”, que obligaba a los padres a matricular a sus hijos en la escuela localizada en su radio geográfico más próximo. Se permitía asimismo la publicación de “listas de clasificación” donde cualquiera podría verificar los resultados académicos anuales de una determinada escuela y optar por escolarizar a su hijo en un centro más distante situado fuera del “distrito escolar”, pero con mejor rendimiento. Muy significativa fue también la creación de los City Technology Colleges, centros de secundaria financiados con capital privado, especializados en determinadas materias y con capacidad de selección de su alumnado. Por último, el gobierno Tory instauró un currículo nacional igual para todos, asegurando el aprendizaje de unos contenidos básicos y homogéneos para toda la población.
Las reformas educativas de los sucesivos gobiernos laboristas de Tony Blair constituyeron una continuación de las políticas seguidas por los ministros de educación de Margaret Thatcher y John Major. Los gobiernos conservadores desde 1979 habían intentado paliar las funestas consecuencias de la escuela única, con la introducción de la libre competencia entre los centros y libertad de elección de escuela para los padres6. El mismo objetivo de elevar los pobres resultados obtenidos por el Reino Unido en las pruebas de la OCDE llevó al partido laborista a no solo no derogar, sino a continuar activamente con la reforma de la escuela comprensiva, profundizando en la libertad de selección y diversificación por parte de los centros.
Es más, el partido laborista reconoció que la escuela comprensiva única, igual para todos, no era congruente con las necesidades formativas de todos los alumnos. De hecho, todas las medidas legislativas adoptadas condujeron hacia una sola dirección: crear escuelas con libertad de selección de su alumnado, ya fuese sobre la base de sus creencias religiosas (faith schools) o su aptitud para un conjunto particular de materias (specialist schools). El gobierno laborista de Tony Blair estableció un nuevo tipo de centros de secundaria, las “academias” (academies) a través de la Ley de Aprendizaje y Competencias del año 2000 (Learning and Skills Act 2000). (Muy importante así mismo fue el permiso otorgado a las escuelas para diversificar a su alumnado, de acuerdo a sus diversas capacidades académicas en diferentes clases).
Las academias eran centros gratuitos de educación secundaria supervisados por el Ministerio de Educación, especializadas en alguna/as materias y no controladas por las autoridades locales (como si ocurre con las escuelas comprensivas). Se constituyeron como organizaciones sin ánimo de lucro, pudiendo recibir apoyo adicional de patrocinadores privados o corporativos, ya fuese en dinero o en especie, y poseían libertad de selección del alumnado en base a criterios académicos.
Un paso ulterior en la misma dirección llegó con la ley de 2010 -The Academies Act 2010-, uno de los primeros proyectos de ley presentados por el ulterior gobierno de coalición conservador-liberal demócrata. Dicha ley, concebida por el entonces ministro de Educación, Michael Gove, aspiraba a aumentar el número de academias, permitiendo a todos las escuelas comprensivas convertirse en una de aquellas si lo solicitaban de forma voluntaria.
En el año 2007 sólo quedaban 340 escuelas comprensivas “a la antigua” en Inglaterra. En septiembre de 2012, la mayoría de las escuelas secundarias inglesas se habían convertido en academias o en modernas gramar schools.9 Los resultados de esta revolución educativa por etapas, ya se ha hecho notar y hablan por sí solos: los alumnos de las nuevas academias han mejorado de forma ostensible su rendimiento en las reválidas oficiales que tienen lugar a los 16 años (los llamados GCSEs), respecto a las escuelas comprensivas, todavía bajo el control de las autoridades locales. Es más, los resultados de los exámenes de GCSEs están mejorando el doble de rápido en las academias que en las escuelas comprensivas.
A la luz de esta “revolución de terciopelo” que se ha aplicado sin grandes sobresaltos ni conmoción social en la Pérfida Albión, y teniendo en cuenta que fue el modelo anglosajón el “autor intelectual” o inspiración mas inmediata de la inefable LOGSE, ¿cuándo se despertará en nuestro país la conciencia de la necesidad imperiosa de enterrar -y no reformar- de una vez por todas este modelo educativo obsoleto, inútil, improductivo y sobre todo inicuo para la libertad, la movilidad social y la igualdad de oportunidades de todos los españoles?

viernes, 31 de mayo de 2019

La España de hoy. El juego de la muerte: una niña de 12 años ‘ahorcada’ por sus compañeros, en Pinto (Eugenio López)

CONFIDENCIAL

La España de hoy. El juego de la 

muerte: una niña de 12 años 

‘ahorcada’ por sus compañeros, 

en Pinto

Y otra: adolescentes de Granada subieron a la red un vídeo donde se ahogaba

 a un compañero hasta dejarle inconsciente.

¿Qué hemos enseñado a nuestros adolescentes? ¿el juego de la muerte?
¿Qué hemos enseñado a nuestros adolescentes? ¿el juego de la muerte?
En Pinto, en las afueras de Madrid, una niña de 13 años era hospitalizada después de que alguien, se supone que sus compañeros, le ahogaran hasta la pérdida del conocimiento.
En Granada, no sólo practicaron este juego de la muerte sino que, además, lo grabaron en vídeo-móvil y lo subieron a la red, como un gran logro. Lo cual parece más grave: consiste en jugar con la vida: la de lo demás y la propia… y presumir, orgullosos, de la hazaña.
Nuestros jóvenes viven entre la impotencia y la desesperación: ¿Qué les hemos enseñado?
 
Esto también es la España de 2018, la España de hoy, una España descristianizada. ¿Qué tiene que ver la expulsión de Cristo de la vida española con el estúpido juego de la muerte? Todo, porque la fe otorga, además, una razón para vivir… que es lo que busca, a veces desesperadamente, todo adolescente. Y es lógico: para la primera juventud solo hay dos posibilidades de existencia. Vivir en la esperanza o vivir en la desesperación. El punto medio, que puede ser mero aborregamiento, sólo llega con la vida adulta.
Vivimos la descristianización de España. Sí, porque la fe otorga una razón para vivir, justo lo que le falta a nuestra juventud
 
La pregunta es: ¿qué infancia han vivido estos chavales para llegar a la adolescencia y sentirse impelidos a entrar en el vértigo de la muerte, para jugar a 'ahorcar' al amigo o a dejarse ahorcar por el compañero? Para llegar a ese punto sólo hay un camino: la única creencia consiste en el sinsentido de la vida. Buena parte del España de hoy vive en ese sinsentido.
Nuestros jóvenes viven entre la impotencia y la desesperación: ¿Qué les hemos enseñado?
Son las tragedias propias de una sociedad ahíta, a la que no le falta de nada y no sabe qué hacer con lo que tiene
 
¿Qué hemos enseñado a nuestros adolescentes? ¿El juego de la muerte?
Lo que debería preocuparnos no es la formación de Gobierno, que, sea cual sea, no va a solucionar los dramas de Granada o de Pinto. Y estos dramas, sí resultan relevantes. Son las tragedias propias de una sociedad ahíta, a la que no le falta de nada y no sabe qué hacer con lo que tiene. Sólo queda una solución: volver a Cristo. Y con urgencia.

jueves, 30 de mayo de 2019

El trampantojo del 68

El trampantojo del 68

Si miramos Mayo del 68 con la distancia que proporciona el paso del tiempo,
 la imagen que nos queda es como si se hubiera dado un pacto no escrito. Como
 si el Poder, metafóricamente hablando, le hubiera dicho a los universitarios
 rebeldes: “Queréis cambiar la política, pero eso no lo vamos a permitir.

Un grupo de estudiantes se manifiestan en el mes de mayo de 1968 en París.
Si miramos Mayo del 68 con la distancia que proporciona el paso del tiempo, la imagen que nos
 queda es como si se hubiera dado un pacto no escrito. Como si el Poder, metafóricamente hablando, 
le hubiera dicho a los universitarios rebeldes: “Queréis cambiar la política, pero eso no lo vamos a
 permitir. Las cosas permanecerán como siempre y seguiremos dominando el mundo los de 
siempre, pero a cambio os vamos a dar un maravilloso regalo que os llevará muy lejos: la libertad 
sexual, completa y absoluta”. Y con ese seductor caramelo la revolución política se transformó 
en revolución sexual.
El poder no cambió de manos, pero en la sociedad de instalaron las semillas del amor libre, de
 las distintas ideologías de género, del aborto, y de las relaciones líquidas en general. El progresivo 
desarrollo de la revolución sexual cuajó al cabo de dos o tres décadas en un fenómeno arrollador:
 una hipersexualización de la sociedad, un auténtico tsunami sexual.
Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.
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Conviene no desmitificar el idealismo del 68 para que siga vigente el pacto silencioso
En la actualidad el sexo ha ocupado todos los espacios posibles e invade los rincones de la vida 
personal y social de los individuos. Promiscuidad normalizada, iniciación cada vez más temprana en
 las relaciones sexuales, consumo disparado del porno gratuito, cibersexo diversificado, prácticas 
crecientes de sexo grupal, bisexualidad… Pero este paraíso bonovo hace tiempo que empezó a mostrar 
su lado oscuro. Creció un machismo primario que ha desembocado en una violencia de género
 brutal, se dispararon los embarazos no deseados y por tanto los abortos, los abusos sexuales, 
acosos y violaciones asaltan a diario los periódicos, en el seno de las familias y en ambientes 
educativos han proliferado los casos de pederastia, la institución matrimonial se ha venido abajo y
 muchos jóvenes ya no tienen ni idea de cómo madurar en una relación sentimental. Por poner 
sólo algunos ejemplos.
Es evidente que estas cosas son de muy diversa naturaleza y requieren aproximaciones distintas, 
pero también es evidente que todas son ramas del mismo tronco, y eso sin embargo no es políticamente
 correcto afirmarlo. Es el gran tabú. Conviene no desmitificar el idealismo del 68 para que siga vigente
 el pacto silencioso. De hecho esta hipersexualización ha estado siempre favorecida y apuntalada por
 el Poder, bajo el eufemismo de “políticas progesistas”.
El problema es que las lacerantes lacras descritas y sus no descritas consecuencias -familias 
desestructuradas, niños sin vínculos, mujeres solas, heridas o aterradas, varones inseguros, adultos 
trastornados por infancias abusadas, y un largo etcétera…- son lacras que pasan facturas muy elevadas
 y el precio que estamos pagando es el fin de nuestra civilización. No digo que la hipersexualización
 sea la causa de la desaparición de nuestra cultura multisecular grecorromana y judeocristiana, pero
 sin duda es una expresión elocuente y multiforme de dicha debacle. En Mayo del 68 se resembraron 
otras semillas de la Ilustración como la del rechazo de la tradición o del principio de autoridad 
que añadidas al guiso de la revolución sexual, nos han dejado este venenoso manjar.
Pero la naturaleza humana es imbatible, y tras probar la hiel experimenta la nostalgia de la miel, y
nos toca ahora emprender un largo y oscuro camino en busca de nuestro verdadero rostro humano.
 Cuanto más oscura es la noche, más brilla la luz. Y se ven luces en la noche. Pequeñas. Oscilantes. 
Pero luces. Tendremos que despertar a la razón y seguir las estelas luminosas. Habrá que ir a beber 
a los oasis de humanidad. Que los hay.

miércoles, 29 de mayo de 2019

¡España es un peligro mortal para la victoria del mundialismo!

¡España es un peligro mortal para la victoria del mundialismo!


Por Carlos Arturo Calderón Muñoz (R).- 

Las masas son emocionales, actúan en base a estímulos que aunque son invencibles mientras están presentes, duran muy poco tiempo. Los globalistas trabajan a larguísimo plazo, milenios enteros. En múltiples ocasiones a lo largo de su ascenso han tenido retrocesos que han sabido neutralizar para luego recuperar lo perdido de forma progresiva. El Brexit, el plebiscito en Colombia y Trump fueron triunfos de colectivos que logran hacer retroceder a los amos del mundo, pero esas victorias pueden convertirse rápidamente en válvulas de escape con las que se alivie la presión acumulada y se retome el trayecto definido.
Ahora bien, España no tiene una fuerza identitaria con la potencia suficiente como para ser tomada en serio. Nadie ha logrado unificar al mundo español, nada que decir del hispano. Primo de Rivera abogaba por un destino común y esa afirmación, independientemente de los motivos que tuviera el líder falangista, tiene demasiado poder. En España la gente no es consciente de la fuerza tan tremenda que tienen.
Si yo lo digo suena a fantasía de jovenzuelo idealista, pero es claro que los pragmáticos líderes de la finanza internacional que manejan la sede de Londres, están convencidos de lo mismo que yo: ¡España es un peligro mortal para la victoria del mundialismo! Los hispanos están tan distraídos con Telecinco y La Sexta en ese lado del atlántico y con payasadas semejantes en el mío, que no notan que de forma consecutiva por varios siglos se ha atacado la unidad de España. Los intentos por separar Cataluña y sublevar a los vascos no son más que la continuación del desmembramiento del imperio. Hay decenas de millones de individuos con reservas sanguíneas hispanas apostados en toda América, incluida la anglosajona.
Trump ha sido un éxito porque despertó el instinto de supervivencia de los blancos anglosajones. Todavía nadie despierta ese fuego en la amalgama de pueblos blancos que componen a Hispania, Gothia, Iberia o como le quieran llamar. Eso se debe a que se habla de España como un pequeño país europeo cuando en realidad sigue siendo, al menos en potencia, un imperio intercontinental. El sionismo lo sabe y por eso divide con tanta sevicia a la hispanidad, sabe que si aparece el líder correcto no contaría con unos treinta y tantos millones de españoles, sino con al menos unos 100 millones de blancos que tienen como lengua común la que hablara el Quijote y que se extienden desde las Montañas Rocosas hasta el último pico de los Andes.
Si estos fueran movidos por un furor quijotesco puro podrían con facilidad hacer lo que siempre ha hecho España, establecer bienestar social sin que eso implique caer en la mentira de la igualdad. Ese progreso material atraería rápidamente a otros 300 millones de habitantes de la América hispana entre mestizos, indios y demás, que como en el pasado jugarían su vida por la causa del Rey. Todo sin la necesidad de decir que la diversidad es nuestra fuerza o demás basura progresista que sólo busca camuflar el genocidio de los blancos y posteriormente de las razas que queden. España pudo establecer un sistema de castas en las Américas que respetaba las particularidades de cada pueblo a la vez que les daba progreso material a todos.
El mundialismo no promueve las particularidades de los catalanes, vascos o gallegos, simplemente les inculca odio hacia su hispanidad a la vez que los diluyen en un mar multicultural. El objetivo es diluirnos en tantos Estados como sea posible. Sólo miren a los grupos de izquierda de las Américas, desde los bolivarianos hasta los comunistas más descarados existe la idea de una “Latinoamérica” unificada. La sangre se abre paso a través de cualquier mentira y muchos de esos hispanos que trabajan para la causa mundialista, por convicción o por engaño, anhelan lo mismo que los que aman su hispanidad, la reconstrucción de su hogar. Es un deseo que pertenece a nuestro inconsciente colectivo y que sin importar en qué lado del espectro nos encontremos queremos lograr. El sionismo lo sabe y por eso frustra la victoria absoluta de cualquier ideología en el continente, porque ya fuera una Hispanoamérica comunista o capitalista, esta se uniría bajo la verdad incontestable de su sangre común y eso es algo que ellos no se pueden permitir.

No debemos tomar los triunfos de otras latitudes como propios, es obvio que debemos apoyar y celebrar las avanzadas de los estadounidenses con Trump, como la de los húngaros con su presidente, pero nuestro mayor espaldarazo a esos procesos sería el de catalizar una revolución semejante en nuestro suelo. Le guste o no admitirlo a los demás, Europa existe porque España contuvo al Islam, porque lo derrotó en Lepanto, porque llevó a escalas colosales la exploración de América, porque derrotó antes que nadie al comunismo de Stalin, porque llevó a una transmutación a los romanos, para que pasaran de conquistadores de Hispania a ser regidos por emperadores Hispanos. España ha sido fundamental en muchos de los periodos históricos de la supervivencia Europea. Es un deber que volvamos a levantarnos para proteger no sólo al español, sino al francés, al alemán, al sueco, al noruego, al inglés, al austriaco, al italiano, al griego a… nuestro destino común.