lunes, 24 de diciembre de 2018

¿Morir por las cuentas andorranas de la banda del 3%?

¿Morir por las cuentas andorranas

 de la banda del 3%?

Las izquierdas y algunos liberales de apellido ilustre buscan violentos en Vox, 
mientras ignoran las invocaciones a la guerra civil y la muerte que hace el presidente
 de la Generalitat desde su cómodo despacho. La pregunta es si habrá catalanes 
dispuestos a dar su vida por los ladrones del 3%, que al final era el 4%.


Un grupo de CDR nacionalistas catalanes cortan por la fuerza una autopista en Cataluña /EFE
Un grupo de CDR nacionalistas catalanes cortan por la fuerza una autopista en Cataluña /EFE
Un tipo repugnante a la vista y también al intelecto por su carácter racista y su desprecio a quienes
 entre sus paisanos no comparten sus delirios, llamado Quim Torra, invocó hace unos días la ‘vía eslovena’ 
para conseguir la independencia de Cataluña.
Ésta consistió, entre otras cosas, en una guerra de diez días en el verano de 1991 en la que murieron en 
torno a 80 personas. Fue la primera de las guerras de disolución de Yugoslavia en los años 90 del siglo XX 
en las que murieron 140.000 personas. La guerra en Eslovenia no fue a más debido al tamaño del 
territorio (como la provincia de Cáceres) y su homogeneidad étnica (90% de eslovenos). Los comunistas 
de Belgrado, reconvertidos en nacionalistas para mantenerse en el poder, prefirieron guardar sus fuerzas
 para enfrentarse a las guerras de Croacia y Bosnia-Herzegovina.
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La ‘vía eslovena’ ha sido el modelo copiado por los golpistas catalanistas desde hace tiempo. Al principio, 
borraron del PowerPoint la guerra y se quedaron con lo más bonito y sencillo. Un referéndum, unas leyes
 de desconexión, unas ‘performances’ en las calles con los entrenados de las Diadas, una proclamación 
parlamentaria de la ‘republiqueta’ y  una campaña internacional de relaciones públicas.
La ‘vía eslovena’ ha sido el modelo de los separatistas: una intervención internacional que obligue a Madrid a negociar con ellos
Todos los pasos anteriores conducirían a una intervención internacional que, junto con una quinta columna 
nacional, la formada por una parte apreciable de la izquierda, forzaría al Gobierno de España a abrir 
negociaciones con la Generalidad, que culminarían como poco en un régimen confederal.
Después de más de un año de aparente derrota, el ‘procés’ sigue en marcha y los separatistas mantienen 
su objetivo de que una especie de Congreso de Versalles obligue a España a darles su juguete. Sin embargo,
 el método ya es distinto, ya no se quieren bailes en las calles y chocolatadas en los colegios, sino unos
 cuantos muertos.
El 1 de octubre pasado Torra aconsejó a las bandas de matones que campan impunemente por Cataluña, 
seguir adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir 
libres”. ¿Pues a que esperan él, su esposa y sus hijos para inmolarse los primeros por la ‘Dinamarca del sur’?,
 ¿o es que piensa que los charnegos agradecidos como Gabriel Rufián vayan a las barricadas?
Como el referéndum y la proclamación parlamentaria no han movido a la UE ni a la ONU, los golpistas catalanes buscan ahora que haya muertos
Que no estamos ante un único bocazas exaltado se comprueba cuando esta ocurrencia de los muertos
 como elemento imprescindible para la independencia empieza a ser común entre las ‘mentes pensantes’ 
del separatismo. Por ejemplo, el profesor universitario Agustí Colomines, ideólogo del partido de 
Puigdemont, subrayó en octubre que la ausencia de muertos estaba retrasando la independencia: “en 
todas las independencias del mundo ha habido muertos y, si decides que no quieres muertos, la
 independencia tarda más en llegar”.
¿De dónde va a salir la carne de cañón?, ¿qué catalanes van a imitar a los irlandeses o los polacos o los 
eslovenos o los finlandeses o los croatas que dieron la vida por su patria en el siglo XX?
Gracias a los jueces y fiscales españoles, vamos conociendo el grado de corrupción en la Cataluña 
gobernada por el que para el ABC fue el ‘español del año’ (¡enhorabuena, Luis María Ansón!). Jordi Pujol 
reconoció que tenía una fortuna de hasta 3.000 millones de euros en el extranjero. Su partido, CDC, 
fue condenado por cobrar casi siete millones de euros a Ferrovial para que las Administraciones catalanas
 le concedieran obras. Dos de sus caciques, Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, evadieron más de 20 millones
 a la Hacienda española. Félix Millet y Jordi Montull, gestores del Palau de la Música, desviaron fondos de 
la institución para su beneficio propio. La lista es interminable.
Aunque el ‘procés’ es la culminación del separatismo catalán, sus dirigentes pretenden quedar impunes por sus corrupciones y robos
No se trata solo de delitos, sino también de corrupción ‘legal’. La esposa del huido Puigdemont cobra 6.000
 euros al mes por realizar un programa para la televisión de la Diputación provincial de Barcelona. Por 
cierto, amigo lector, ¿a que no sabía que la Diputación de Barcelona tiene una televisión pública?
Sin embargo, no hay que equivocarse y pensar, como hace la izquierda española, que todo el tinglado del 
‘procés’ es una cortina de humo para ocultar la corrupción; pero es innegable que los cabecillas buscan
 su impunidad y el disfrute de su malhabida fortuna en una ‘republiqueta’ hecha a su medida.
Estoy convencido de que el Gobierno de Sánchez y Borrell conoce los planes demenciales de los separatistas, 
como los conocía el Gobierno de Rajoy y Sáenz de Santamaría; pero también estoy convencido de que los 
socialistas mantendrán la misma política que los centristas del PP: no hacer nada. Lanzar palabras con la
 intención de que el sonido disuelva las amenazas como si fueran pesadillas de niños.
¿Encontrarán los Oriol-Ferrusola, los Torra, los Puigdemont y los Mas algún catalán imbécil que dé su vida por la ‘republiqueta’ del 3%?
Mientras tanto, la tensión sigue creciendo, como el vapor en una olla a presión. La impunidad de los
 terroristas verbales envalentona a sus seguidores y desespera a los ciudadanos que todavía cumplen las 
leyes. En España el Estado está permitiendo que unos desgraciados jueguen a la ruleta rusa con nuestras
 vidas y en algún momento el gatillo golpeará una bala. En las protestas de los ‘chalecos amarillos’,
 cuyas razones son, principalmente, económicas ya han fallecido cuatro personas.
Y entonces los catalanistas aplaudirán entusiastas, porque tendrán su muertecito.
¿Pero de verdad habrá catalanes que mueran por las cuentas andorranas de los Pujol?

domingo, 23 de diciembre de 2018

Feminazis: No dejes que la presunción de inocencia te estropee una buena denuncia

Feminazis: No dejes que la 

presunción de inocencia te estropee

 una buena denuncia

Una de las razones que explican el éxito de Vox (y también la rabieta que ha cogido
el establishment) es su enmienda a la totalidad a la Ley de Violencia de Género. 
El partido de Abascal quiere acabar con una ley injusta e ineficaz y desmantelar 
el chiringuito de las denuncias falsas.
 


En sus Cien propuestas, Vox incluye la derogación de la ley urdida por Zapatero y Fernández de la Vega; 
y la promulgación, en su lugar, de una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos,
 hombres, mujeres y niños.
También quiere suprimir organismos feministas radicales subvencionados, “los pesebres” que se ha atrevido 
a señalar Rocío Monasterio; y poner coto a la picaresca de denuncias falsas que han brotado como setas 
al calor de esa ley.
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Se trata del primer partido político que dice que el emperador está desnudo; y el primero que planta cara 
a la red de asociaciones feministas que se lucran con la desgracia ajena. Como afirma Monasterio, éstas 
asociaciones “cobran además un plus por cada caso tramitado. Su incentivo es que haya más casos”.
Algunos medios, como Disitentia.com o Actuall lo ha documentado, explicando como funciona el perverso
 mecanismo de las denuncias falsas.
Vox no lo tiene fácil. Porque rema contra una corriente cultural que ha declarado la guerra al varón. 
El feminismo radical -ese que considera que “toda cópula es una violación”, en palabras de Andrea
 Dworkin- ha logrado imponer sus postulados, y los gobiernos de Occidente se los han comprado.
La responsable de asuntos sociales de VOX, Rocío Monasterio / Twitter
El hombre ya no es el compañero, sino el enemigo, como explica Jordan Peterson. Un ser primario y 
torpe, que lleva la violencia en los genes y al que es preciso reducir y reeducar. Un estorbo que, por no
 servir, casi no sirve ni para semental -con la reproducción asistida se puede prescindir del varón-.
Desde la corriente #metoo (que mezcla churras con merinas) hasta la prohibición del piropo, hay todo un 
movimiento que ha puesto al varón bajo sospecha, con un lema implícito: “no dejes que la presunción
 de inocencia te estropee una buena denuncia”.
Y si luego se demuestra que el varón era inocente… peor para el varón. Véase los casos de famas
 machacadas como las de Brett Cavanaugh, juez del Supremo de EEUU, al que acusaron falsamente
de violación; o del actor Morgan Freeman, víctima de un montaje para mancillar su imagen.
En España hay numerosos varones que lo han perdido todo por culpa la Ley de Violencia de Género, diseñada expresamente para discriminar a un sexo
No son los únicos: en España hay numerosos varones, gente anónima, que lo han perdido todo por culpa 
de la Ley de Violencia de Género, diseñada expresamente para discriminar a un sexo… y eso sí que es 
inconstitucional señoras Díaz (Susana), Celáa (Isabel) y Calvo (Carmen).
Aunque antes que inconstitucional, esa Ley se basa en una falacia conceptual: que la violencia tiene género. 
Cualquiera ve que no es así. Pero casi nadie se atreve a decirlo. Un socialista, Joaquín Leguina, lo advirtió
 en El País, allá por 2004, cuando el Gobierno Zapatero estaba gestando la ley: “la violencia de género es 
unidireccional, de hombres contra mujeres y nunca al revés”.
La ministra de Igualdad, Carmen Calvo, durante la comparecencia de este miércoles 20 de junio en el Congreso.
La ministra de Igualdad, Carmen Calvo, durante la comparecencia de este miércoles 20 de junio en el Congreso.
Y un juez del Supremo, Antonio Salas, fue una de las contadas excepciones en elevar la voz, al decir que
 esa Ley “rompe los principios del Derecho penal”.
La prueba es que no sólo hay mujeres muertas a manos de hombres -y, desde luego, nada hay más
lamentable y execrable-, sino también varones muertos a manos de ellas.
Pero esta última cifra se escamotea año tras año, e incluso se oculta en las estadísticas oficiales, porque 
dejaría en evidencia la falsedad del tinglado.
Vox es a David, lo que el establishment partidista a Goliat
Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Entre otras razones, porque hay mucho dinero de por
 medio. Lo había desde el principio, cuando España iba a recibir 24.000 millones de euros, hasta el año 
2012, de los fondos europeos para políticas de Género; y para ello era preciso demostrar que la fémina era la 
víctima y el hombre el verdugo.
Y lo sigue habiendo ahora, con el Pacto de Estado para la Violencia de Género, que puso de acuerdo a
 todos los partidos políticos -excepto Podemos- en torno a una bolsa de 1.000 millones de euros.
Negro panorama, porque Vox es a David, lo que el establishment partidista a Goliat. Pero en esta lucha
 desigual, se ventila nada menos que el Estado de derecho, que se basa en la presunción de inocencia, 
y en la igualdad de todos -hombres y mujeres- ante la Ley. 

viernes, 21 de diciembre de 2018

El peligro de la ultra corrección política

El peligro de la ultra corrección

 política

La gente está hasta el moño de la corrección política y de ideologías absurdas
 que solo triunfan gracias al poder del estado. Hasta el moño de que haya temas
 tabú y de no poder opinar sobre lo que quiera, hasta el moño de que le digan
 que es radical por pensar.


La corrección política censura y uniformiza a los ciudadanos /Pixabay
La corrección política censura y uniformiza a los ciudadanos /Pixabay
A raíz de las elecciones andaluzas, los medios y la casta política se han llevado las manos a la cabeza.
 Y algunos dicen: ¡La ultraderecha ha entrado en las instituciones!
Incluso algunos han alentado a los suyos a tomar las calles para frenar el avance del fascismo en España. 
Y los autodenominados antisistema, obedientes a sus poderes, han salido a la calle con palos y banderas.
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España está dividida. La mitad pasa de estas tonterías, y la otra mitad se ha convertido en experta en movimientos sociales y se dedica a etiquetar al rival de extrema derecha, ultraderecha y otros tecnicismos.
No se salva nadie. Se han escrito ríos de tinta sobre la ultraderecha, sobre sus rasgos principales, sobre 
el porqué de su crecimiento y cien milongas más.
En lugar de decir: hemos fracasado, cada vez hay más gente harta de nosotros, y como caballeros aceptar la derrota, se erigen en dioses, patalean, lloran
Definirlo es mucho más sencillo de lo que parece, no hace falta vestirlo de palabras pomposas y teorías
 elaboradas.
La gente está hasta el moño de la corrección política y de ideologías absurdas que solo triunfan gracias
 al poder del estado, hasta el moño de que haya temas tabú y de no poder opinar sobre lo que quiera,
 hasta el moño de que le digan que es radical por pensar, hasta el moño de que con ligeras variantes, 
todos tengan el mismo fondo. A la postre, harta de que sea tan peligroso defender en la esfera 
pública, lo que es de sentido común.
Y el sistema es tan cobarde que, ante los resultados de unas elecciones, y en lugar de decir: hemos
 fracasado, cada vez hay más gente harta de nosotros, y como caballeros aceptar la derrota, se erigen 
en dioses, patalean, lloran, dan los últimos coletazos, visten a su oponente político de señor de las tinieblas, 
humillan a sus votantes, envían a sus lacayos a las calles a protestar e intentan, con juego
 sucio,  tapar la boca de cientos de miles que poco a poco empiezan a decir BASTA.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Ultraizquierda y fascismo

CARTA DEL DÍA (ACTUALL)


 Ultraizquierda y fascismo

Buenos días.
Dice usted que la violencia y la intimidación son la quintaesencia del fascismo, y que por ello la ultraizquierda usa de los métodos del fascismo para tratar de imponer sus ideas.
En mi opinión, la ultraizquierda no usa los métodos del fascismo, sino los suyos propios, que han sido, son y serán siempre la violencia y la intimidación.
Hoy se trata de denigrar a la ultraizquierda llamándola fascista, como si solo el fascismo fuera un movimiento malvado y perverso. Pero solo es necesario echar un vistazo a la historia para comprobar la cantidad de crímenes que lleva a sus espaldas la ultraizquierda en España y en el mundo.
Y siendo la ideología de la ultraizquierda muy anterior a la del fascismo, sería más propio decir que el fascismo utiliza los métodos de la ultraizquierda para imponer sus ideas y deseos (violencia e intimidación, quintaesencia de la ultraizquierda).
Por eso creo que deberíamos llamar a las cosas por su nombre, y dejar de confundir a la gente.
Saludos.
Jorge R. B.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Monstruos enjaulados

TRIBUNA
Mateo Requeséns: 

Monstruos enjaulados

Opinión
Mateo Requeséns

lunes, 17 de diciembre de 2018

Por qué Europa se suicida (y más deprisa de lo que parece)

Por qué Europa se suicida

 (y más deprisa de lo que parece)

"La mayor amenaza para la civilización occidental no viene de otras civilizaciones,
 sino de nuestra propia pusilanimidad, y de la ignorancia histórica que la alimenta".
 La frase de Churchill parece pensada para la Europa actual, corroída por el 
multiculturalismo.  


Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Se acaban de cumplir cien años del fin de la Primera Guerra Mundial. Y un siglo después, el eje de
la Tierra ha cambiado: de Europa a China y Estados Unidos.
Europa se ha convertido en un enano prematuramente envejecido, sin fuelle demográfico, sin relevancia
 política, con un futuro problemático, corroído por el ácido del multiculturalismo.
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Nadie lo hubiera podido imaginar a principios del siglo XX, cuando el mundo era eurocéntrico. 
En 1897, aniversario de la coronación de la reina Victoria, se celebró en Londres un fastuoso desfile de 
las tropas coloniales. Y un niño contemplaba embelesado los cañones, que habían hecho la guerra del
Nilo contra El Mahdi, narrada por Winston Churchill. El chaval pensaba -como Francis Fukuyama 
tras la Caída del Muro- que aquel era el fin de la Historia, y que la luz de la civilización, implantada
 por el Imperio Británico, nunca se apagaría.
Aquel niño, llamado Arnold J. Toynbee, creció, vivió las dos guerras mundiales, el proceso de 
descolonización y el auge de EEUU, y tuvo que reconocer que aquel entusiasmo era sólo un espejismo. 
Lo dejó por escrito, convertido ya en un influyente ensayista, en su famosa obra Estudio de la Historia.
Durante más de 500 años, Occidente -o lo que es lo mismo Europa-  ha configurado al mundo. 
“Ninguna civilización anterior había alcanzado nunca un predominio como el que alcanzó Occidente 
sobre el resto del mundo” afirma Niall Ferguson en Civilización. Occidente y el resto.
El Viejo Continente ha difundido el cristianismo -la religión más grande del mundo-; ha descubierto y
 evangelizado América; ha aportado la Ilustración y la Revolución Industrial; el submarino y la imprenta;
 el Derecho romano y las leyes de Indias; la mística de San Juan de la Cruz y la novela de Cervantes; 
el teatro de Shakespeare y La montaña mágica de Thomas Mann; la Aeropagítica de John Milton y la
 división de poderes de Montesquieu; la revolución científica de Copérnico y Newton, y las alegres 
sinfonías de Mozart.
El “siglo estadounidense” ha seguido siendo europeo: Von Braun, Einstein, Berners Lee, etc.
Incluso en el siglo XX, el “siglo estadounidense”, el legado cultural y científico ha seguido siendo 
predominantemente europeo. Detrás de la llegada del hombre a la Luna hay un alemán: Von Braun; 
el más influyente líder religioso es polaco: Juan Pablo II; el mayor científico del siglo ha sido otro europeo:
 Einstein; y hasta el creador de la red informática mundial, la World Wide Web, gracias a la cual
 está usted leyendo este artículo, es un inglés: Tim Berners-Lee, auxiliado por un belga, Robert Cailliau.  
Hasta el cine es europeo (los hermanos Lumiére) y algunos de los genios de la pantalla nacieron en
 Europa (Hitchcock, Chaplin, Renoir, Ridley Scott). Y ni siquiera la televisión es norteamericana
-sus inventores son un escocés, John Logie Baird y un alemán, Manfred von Ardenne-, y las primeras
 emisiones públicas las hizo la BBC, en 1936.
Y sin embargo, el Viejo Continente parece replegarse sobre sí mismo, como si semejante legado 
no sirviera para nada. Y los líderes de una Unión Europea errática “se sienten cada vez más irrelevantes (…)
 aparentemente sin confianza en su presente o en su pasado ilustre, y tan a menudo ignorados
 por las grandes potencias”, como apunta Victor Davis Hanson.
Niall Ferguson hace una comparación significativa: mientras que en la UE hay once Estados con
 una población inferior a seis millones de habitantes; en China hay 11 ciudades con más de ocho 
millones de habitantes. Y algunos de los países más poblados del Viejo Continente (como Francia)
 pueden dejar de ser culturalmente europeos en tres o cuatro decenios, conforme vaya creciendo la 
población musulmana. De los casi 310 millones de habitantes de Europa, unos 100 millones serán 
musulmanes en cuestión de décadas.
El viento de la Historia parece haber barrido al Viejo Continente. Y si ocasionalmente vuelve a formar
 parte de la agenda internacional lo hace por “los problemas económicos, como un adolescente 
conflictivo que amenaza con suicidarse”, según apunta Ferguson.
Las razones del repliegue europeo no son otras que el olvido de sus raíces antropológicas y la
 pérdida de fe en sí misma. Esa esterilidad de valores se traduce en infertilidad física, como 
demuestra la dramática involución demográfica.
Y -como advierte Michel Houellebecq– el demográfico no es “un suicidio lento. Una vez que has
 llegado a una tasa de natalidad del 1,3 o el 1,4, después las cosas van muy rápido”.
¿Pacto para la migración o amenaza para Europa?
Pero se juntan el hambre con las ganas de comer si a eso añadimos la invasión cultural que supone 
la islamización de varios países europeos. Un proceso que lejos de remitir tras el repunte migratorio 
de los último años, puede aumentar con el Pacto Global de Naciones Unidas para la migración.
Basado en la Declaración de Nueva York (2016), el Pacto pretende establecer las bases para regular
 “una inmigración segura, regular y ordenada”, ante uno de los mayores movimientos migratorios de
 la Historia. El problema es que ese Pacto puede convertirse en un arma de dos filos, un coladero, 
como ha denunciado Hungría. Por un lado, Europa necesita de savia joven y no debe cerrarse a la
 inmigración; pero por otro lado, corre el peligro de abrir aún más la espita del multiculturalismo y
 aceptar a quienes no quieren integrarse.
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro ha dicho que el Pacto puede entrañar un “grave peligro” 
para Europa, porque está “destinado a tipificar la inmigración ilegal como un derecho humano fundamental” .
Hungría no es el único país que se opone al Pacto. Polonia, Austria, Croacia y República Checa 
tampoco lo firmarán.
Y es que algunos de los países del antiguo bloque del Este son los que paradójicamente parece tener
 una conciencia más clara una mayor de sus raíces europeas. O no tan paradójicamente, porque
 quienes han sufrido en sus carnes la tiranía aprecian más que nadie la libertad.