miércoles, 12 de diciembre de 2018

La mentira, esa arma revolucionaria

La mentira, esa arma revolucionaria

El Mundo ha encontrado a la terrorista que mató en la cafetería Rolando a 13
 personas. ETA y la izquierda que la apoyaba se negaron a reivindicar su autoría. 
Ha habido atentados en los que han culpado al Estado o a ‘la extrema derecha’. 
Porque la revolución se hace también con la mentira.


Jordi Évole (d) entrevista al terrorista de ETA Arnaldo Otegi (i). /La Sexta
Un amigo, Emilio, dice que él ya solo compra prensa de papel para poner sus páginas en la bandeja en que 
su gata defeca. Y Emilio aprendió a leer con el ABC en los años 40. Como ya he explicado varias veces,
Ayer El País publicó un editorial defendiendo al payaso (así lo llama) Dani Mateo y concluía: 
“los derechos y las libertades democráticas obligan a estar con los payasos”. Hace doce años, el mismo 
periódico publicó otro editorial, titulado “Cuidado con la sátira”, con motivo de las protestas de 
musulmanes por unas caricaturas de Mahoma en el que se leían ideas opuestas: “La libertad de 
prensa y la libertad de expresión no deben tener más cortapisas que las que fija la ley para todos 
los ciudadanos, y quien se sienta ofendido o injuriado tiene el derecho a acudir a los tribunales”.
 Y añadía la siguiente recomendación: “Toda persona debe ser respetuosa con las creencias de los demás”.
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Es decir, hay que respetar el islam, pero no el cristianismo ni la bandera española. (Y eso que yo 
opino de Mateo lo mismo que Hughes: le vamos a convertir en un Miguel Servet.)
Si los periódicos de papel quieren sobrevivir, deben publicar reportajes como el de El Mundo en que una periodista halla a la etarra que mató a 13 personas
Quizás a los progresistas les guste que sus periódicos de cabecera les traten como a niños que aplauden mientras se tragan la papilla que les dan los mayores, pero a otros muchos españoles no.
Portada de 'El Mundo' el 25 de noviembre de 2018.
Portada de ‘El Mundo’ el 25 de noviembre de 2018.
Sin embargo, se sigue haciendo periodismo de verdad, aunque sea ocasionalmente. El Mundo publicó 
el domingo 25 un reportaje de Ángeles Escrivá en el que esta periodista encontraba en Francia a la 
terrorista etarra que en 1974 puso la bomba en la cafetería Rolando que mató a 13 personas. Por esto 
paga uno con gusto euro y medio, no por una entrevista a Susana Díaz con una foto que ocupa 
más espacio que el texto. La asesina de Rolando, María Lourdes Cristóbal, quedó impune gracias a la 
Ley de Amnistía, la misma que quiere derogar la izquierda (PSOE, Podemos y ERC), porque, según
 ésta, fue una maniobra de ‘los franquistas’ para borrar sus supuestos crímenes.
Con la matanza de la Calle Correo, ETA empezó a mentir sobre sus atentados difíciles de explicar a sus bases y la izquierda que la justificaba
El caso de la bomba de la calle del Correo demuestra no solo el carácter violento de gran parte de la
 izquierda europea (¿cuántos asesinatos terroristas desde los años 60 los cometieron militantes de 
izquierdas?, ¿el 80%?), sino también su empleo de la mentira, otra arma del arsenal revolucionario.
Ante la matanza, agravada por el hecho de que ninguno de los muertos era ‘policía de la dictadura’,
 ETA y la izquierda que la apoyaba recurrieron a negarlo todo. No habían sido ellos; como diría
 Ángel Viñas, “y punto”.
Ha sido un método habitual por parte de ETA recurrir a la mentira para disculpar sus ‘errores’ y 
difamar a sus víctimas. En el mismo boletín de principios de mes en que los etarras reconocían la 
autoría de la matanza, también admitían haber asesinado en junio de 1981 en Tolosa a tres vendedores 
vizcaínos de libros para aprender euskera, porque sus chivatos los confundieron con policías. Otros
 dos brazos del MLNV, el diario Egin y el partido Herri Batasuna, atribuyeron al Estado o a mercenarios esos asesinatos.
Aunque Urkullu pida perdón con la boca pequeña en nombre de “la sociedad”, era su partido, el PNV, el que amparaba a los asesinos
El presidente del Gobierno vasco, Íñigo Urkullu (PNV), reconoció que la sociedad vasca “no estuvo
 a la altura”, pero se olvida de añadir que muchos militantes de su partido se alegraban de los asesinatos
 perpetrados por los etarras, hacían de chivatos y hasta difundían las calumnias, el repugnante “algo
 habría hecho”.
 por la falta de colaboración de los etarras; también por la indiferencia del Estado. ¿Nos enteraremos
 alguna vez de dónde enterraron los etarras a los gallegos, Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga 
Veiga y Jorge García Carneiro, a los que en 1973 secuestraron y torturaron en el País vasco francés
 porque los confundieron con policías? ¿Se lo preguntará Jordi Évole a Arnaldo Otegui?
¿Y quiénes mataron al etarra Eduardo Moreno Bergareche, ‘Pertur’, en 1976? Siempre se ha dicho 
que fueron sus camaradas más bestias, pero, desde hace unos años, algunos tratan de restar esa
 muerte del balance de la ‘izquierda abertzale’ y colgárselo, ya que Franco estaba muerto, a la 
extrema derecha.
Ahora la mayor mentira engendrada por el mundo ‘abertzale’ es la del blanqueamiento de ETA, con patrañas como la elaboración de ‘dos violencias’ que se anulan, la etarra y la del Estado, o la de una ETA con orígenes limpios por su antifranquismo. Para ETA y para quienes la apoyaban, desde algunos curas a vástagos de familias adineradas, el primer objetivo era la independencia de su Euskadi; luego, ya se vería.
El plan perfectamente elaborado de este mundo alucinado por el marxismo y por el racismo de Sabino Arana incluía ataques violentos contra los funcionarios y representantes del Estado, como alcaldes y presidentes de las Diputaciones, para provocar una represión que causase la implicación de los vascos en una ‘guerra popular subversiva’.
Como ha escrito en un artículo capital José María Ruiz Soroa (Diario Vasco, 21 de octubre de 2018), cuando los etarras empezaron a matar, en 1968, el nivel de represión gubernamental era mínimo, mucho menor que en 1975. Ya había hasta ikastolas funcionando y clases de euskera voluntarias en docenas de colegios.
A finales de los años 60, los etarras toman la decisión de cometer atentados cuando la represión policial era la más baja del régimen franquista
Y una vez muerto Franco, celebradas elecciones libres, promulgada la amnistía y aprobada la Constitución, los etarras siguieron matando con la complicidad del MLNV, así como de parte de la sociedad vasca, la de los ‘batzokis’ y las sacristías, y de una manera mucho más numerosa y despiadada.
El enemigo de ETA no era Franco; era España. Tal como lo sigue siendo, aunque los etarras estén desmovilizados.
Como dijo Nicolás Gómez Dávila, “la izquierda no siempre asesina, pero siempre miente”. Y si le parece que Gómez Dávila y yo exageramos, amigo lector, revise lo que dicen las feministas subvencionadas y el Gobierno de Sánchez sobre la violencia contra las mujeres, cuando España es uno de los países más seguros del mundo.

martes, 11 de diciembre de 2018

Suiza y Solzhenitsyn


 SOLZHIENITSYN. UN ALMA EN EL EXILIO


Solzhenitsyn ya había perdido el apoyo de muchos disidentes en  Rusia por no haberse arrodillado ante el altar de las democracias occidentales de dos partidos que, según él, no era la panacea para los problemas del totalitarismo. Su pesimismo era considerado en  ocasiones de naturaleza autoritaria, un malentendido agravado por unas ideas confusas, o al menos confusamente expresadas, en uno de sus ensayos de Desde debajo de los escombros. Sin embargo, sus puntos de vista estaban muy lejos de ser antidemocráticos, como su entusiasmo por el sistema político de Suiza indicaba. Solzhenitsyn manifestó al doctor Fred Luchsinger, editor en jefe de Nue Zürcher Zeitung, un periódico de Zurich, que admiraba la democracia suiza porque estaba organizada en pequeñas unidades locales, como el pueblo y el cantón. A diferencia de las democracias centralizadas de otros países occidentales, Suiza ponía el énfasis en la autodeterminación local y la participación activa de toda la población. Le recordaba, dijo a Luchsinger, al sistema político de Nogorov en la Edad Media. En otra ocasión le dijo a su editor suizo, Otto Walter, que estaba muy impresionado por el tratamiento que había recibido Aleksandr Herzen cuando solicitó asilo político en Ginebra durante el siglo XIX. Las autoridades de Ginebra habían preguntado al gobierno federal de Berna si había alguna objeción a la solicitud de asilo de Henze, y el gobierno contestó que era Ginebra quien debía decidir si se lo concedía.

«Ésa es una verdadera democracia desde la base», exclamó Sozhenitsyn, «cuando una ciudad puede decidir cuestiones de política nacional por sí misma» .

Solzhenitsyn repitió su alabanza del sistema político suizo en una entrevista que concedió a una televisión estadounidense en juniode 1974:

La democracia suiza tiene algunas cualidades asombrosas. En primer ­lugar, es completamente silenciosa y trabaja de forma inaudible. En segundo lugar está su estabilidad... En tercer lugar, es una pirámide invertida, es decir, hay más poder a nivel local que en los cantones y más poder en los cantones que en el gobierno. Además, la democracia es responsabilidad de todo el mundo. Cada individuo prefiere moderar sus exigencias que perjudicar a la estructura global. Los suizos tienen tal sentido de la responsabilidad que hay  pocos intentos de grupos por hacerse con algo para sí mismos y apartar a codazos a los demás. Lógicamente, una democracia como esa sólo puede admirarse.

A ojos del escritor, el sistema suizo representaba su apasionada ­creencia en la auto-limitación encarnada a nivel nacional. Era la prueba de que los principios por los que él regía su vida podían ser  utilizados a nivel práctico por la sociedad además de por el individuo. Una vez más se dan similitudes entre los puntos  de vista de  Solzhenitsyn y los de E. F. Schumacher, que había subtitulado su ­libro Lo pequeño es bello como «un estudio de la economía como si la gente importara». Solzhenitsyn creía que en el sistema político suizo la política se ejercía como si la gente importara.

SOLZHIENITSYN. UN ALMA EN EL EXILIO. Joshef Pearce pp.285-286


Sin embargo, y como el título sugiere, Reconstruyendo Rusia, algo más que el producto de una voz quejumbrosa clamando en el desierto, o una advertencia profética de lo que esperaba a una generación inconsciente. Por encima de todo era una visión positiva de una nueva Rusia, reestructurada según principios firmes y razo­nables y fundada sobre valores sostenibles v tradicionales. Baba la bienvenida al resurgimiento de los nacionalismos en las varias partes que constituían la Unión Soviética y esperaba ver pronto la disolución definitiva del imperio soviético y el resurgimiento de naciones independientes en su lugar. «Cada persona, incluso la más insignificante, representa una faceta única de los designios de Dios». Para reforzar el punto, Solzhenitsyn citaba al filósofo religioso Vladimir Solovyev que, parafraseando el mandamiento cristiano, escribió «Debes amar a todas las personas como amas a los tuyo»

Solzhenitsyn también creía que el espíritu de descentralización ­debía ir más allá de los derechos de las pequeñas naciones a verse libres del yugo del internacionalismo y el imperialismo. Debía extenderse a los derechos de las pequeñas comunidades, e incluso de las familias, a verse libres del yugo de la planificación estatal central.  «La clave para la viabilidad del país y para la vitalidad de su cultura reside en la liberación de las provincias de la presión de las capitales», escribió. Las provincias debían «alcanzar una libertad completa en términos económicos y culturales, junto a un firme autogo­bierno local». La necesidad de ampliar paciente e insistentemente ­los derechos de las comunidades locales sería una parte fundamental ­de la reestructuración gradual de todo el organismo estatal. La democracia auténtica sólo podía existir a través de un gobierno fuerte y revitalizado:

Todos los defectos previamente mencionados apenas se manifestarían en democracias desarrolladas en zonas reducidas, como ciudades me­dianas, pequeños asentamientos, grupos de pueblos, o lugares que lle­garan a alcanzar el tamaño de un condado. Sólo en lugares de ese ta­maño podrían confiar los votantes en su elección de candidatos, ya que estarían al tanto de su efectividad en asuntos prácticos y de sus cuali­dades morales. A ese nivel, las falsas reputaciones no se mantendrían en pie y la retórica vacía no le serviría de nada a un candidato, al igual que el patrocinio del partido.

Éstas son precisamente las dimensiones dentro de las que la nueva democracia rusa puede empezar a crecer, obtener fuerza y adquirir conciencia de sí misma. También representa un nivel que sin duda echará raíces porque supondrá la implicación vital de cada localidad...

Sin un autogobierno adecuadamente constituido no puede haber estabilidad ni prosperidad, y el mismo concepto de libertad civil pierde todo significado.

La influencia que ejercieron sobre Solzhenitsyn los años que vi­vió en Zurich y su admiración por el sistema político suizo es evi­dente, aunque, por supuesto, también conocía sistemas similares existentes en la Rusia medieval con los que estaba entusiasmado. Fuera cual fuese la motivación que había tras su defensa de la descentralización y la subsidiariedad en la vida política, Solzhenitsyn había puesto al descubierto la mentira sobre sus creencias antide­mocráticas, aunque eso no impediría que las acusaciones siguieran cayendo sobre él, especialmente por parte de aquellos que no po­dían ver más allá de las inútiles oscilaciones entre las democracias de partidos de Occidente.


SOLZHIENITSYN. UN ALMA EN EL EXILIO. Joshef Pearce pp.344-345




lunes, 10 de diciembre de 2018

Cruda realidad/ Macron y la guerra que no acabó con todas las guerras

Cruda realidad/ Macron y la guerra

 que no acabó con todas las guerras

La Gran Guerra, en fin, no la provocó el nacionalismo. El nacionalismo fue la
 'brillante' idea con la que Wilson pretendió organizar el mapa europeo de posguerra. 
Conviene recordar que la IGM dio nacimiento al comunismo, que a punto estuvo de abocarnos a la definitiva guerra mundial.


El presidente de Francia pronuncia un discurso en la conmemoración del centenario del fin de la I Guerra Mundial. /EFE
El presidente de Francia pronuncia un discurso en la conmemoración del centenario del fin de la I Guerra Mundial. /EFE
“El patriotismo es el exacto contrario al nacionalismo”, ha dicho el presidente francés, Emmanuel Macron, 
en los actos de conmemoración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial en París. 
“El nacionalismo es su traición”.
Todos sabemos cuál es el mensaje de Macron, ya hable con motivo del Día del Armisticio o de la
 inauguración de una fábrica de alpargatas: más ‘Europa’, menos Estados. Bueno, de hecho le ‘inventaron’, 
sacándole casi de la nada política, exactamente para repetir hasta la saciedad ese mensaje.
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Sin embargo, cualquier historiador mínimamente informado se dará cuenta de lo poco afortunado 
del caso. La que entonces se llamó -a falta todavía de sucesora- la Gran Guerra puede ponerse de ejemplo 
de muchas cosas terribles, pero no de los efectos perversos del nacionalismo. Lejos de ser el nacionalismo 
su causa, podemos asegurar desde la perspectiva de nuestros días que fue su consecuencia.
Al público americano -y Estados Unidos habría de inaugurar su ‘siglo’ precisamente con su limitada
 participación en la contienda- se la vendió el presidente Wilson como “la guerra para acabar con todas 
las guerras”, lo que no deja de resultar irónico para un conflicto cuya torpísima paz garantizó una 
renaudación a no mucho tardar de las hostilidades. No, no acabó con las guerras, y lo curioso es que 
variaciones de esa excusa sigan empleándose -y funcionando- para vender un sinfín de guerritas imperiales 
hasta nuestros días.
En la vieja Europa las etnias, los pueblos, las religiones y las lenguas están tan mezcladas que resulta imposible trazar fronteras sin caer en injusticias
No acabó con las guerras, pero sí con varios imperios: el ruso, que además se sumió en una horrible
 revolución que habría de mantener enfrentado al mundo en dos bloques durante medio siglo y esparcir 
un virus ideológico aún muy vivo en Occidente, el alemán, el austrohúngaro, el turco. Todos ellos, y
 especialmente los dos últimos, eran exactamente lo contrario de regímenes nacionalistas y tan 
multiculturales y plurinacionales como la alabadísima Unión Europea.
La Gran Guerra, en fin, no la provocó el nacionalismo. El nacionalismo fue la ‘brillante’ idea con la 
que Wilson pretendió organizar el mapa europeo de posguerra, entrando en el Viejo Continente como 
un toro en una cacharrería, bajo la peregrina idea de que cada comunidad étnica tenía que tener su propio 
Estado. Pero hace falta ser un utopista americano para pensar que algo así es posible y, de hecho, una vez
 iniciada la remodelación se dio cuenta de que en la vieja Europa las etnias, los pueblos, las religiones y 
las lenguas están tan mezcladas que resulta imposible trazar fronteras sin caer en injusticias. Así que acabó 
favoreciendo a unos y poniéndolo imposible para otros, que esta vez, sentado el principio nacionalista, 
tenían ya razones para alimentar irredentismos.
El cadáver del Imperio Otomano lo dividieron de forma aún más absurda en el tratado de Sykes-Picot,
 más atentos a los intereses de las potencias occidentales que a crear fronteras mínimamente coherentes. 
A los kurdos les dejaron sin país, pese a las promesas, y con el resto prepararon el polvorín en que 
se ha convertido Oriente Medio.
El británico Mark Sykes y el francés François Georges-Picot diseñaron la partición del Imperio Otomano tras la I guerra Mundial.
El británico Mark Sykes y el francés François Georges-Picot diseñaron la partición del Imperio Otomano tras la I guerra Mundial.
Por lo demás, si imperios como el austrohúngaro -en el que convivían alemanes, italianos, eslavos, 
magiares, judíos…- guardan cierta similitud, en su carácter supranacional, con esos organismos como
 la Unión Europea que tanto gustan a nuestros globalistas, se diferencian de ellos en un aspecto 
absolutamente esencial: no pretendían abolir las raíces y la identidad de los pueblos, sino
 preservarlas. Austria-Hungría era un Estado básicamente europeo, lejano heredero del Sacro Imperio,
 y su identidad no se basaba en unos vagos ‘valores europeos’ que nadie se atreve a concretar hoy sino 
en términos negativos y palabras abiertas.
Los grandes Estados que provocaron la contienda no basaban -salvo en el caso francés- su identidad en 
una raíz étnica o nacional común, pero tenían perfectamente claro que Europa era un concepto
 rebosante de significado histórico, que hundía sus raíces en la vieja Cristiandad medieval y que 
no admitía una sustitución demográfica sin perder su esencia y su destino.
La Primera Guerra Mundial fue una absolutamente catástrofe, especialmente lamentable porque n
 respondía, como la segunda o la Guerra Fría, a concepciones del mundo incompatibles e irreconciliables. 
Y, pese al discurso antinacionalista de Macron, conviene recordar que dio nacimiento a una forma de 
internacionalismo, el comunista, que a punto estuvo de abocarnos a la definitiva guerra mundial y que, 
de hecho, se tradujo en decenas de guerras menores.

Bien está que Macron y sus adláteres nos adviertan de los peligros del nacionalismo, que sin duda
 los tiene, e incluso que pretandan vendernos su mercancía averiada de un megaestado europeo sin
 indentidad ni raíces propiciado por un reemplazo demográfico. Pero que utilice otro ejemplo, porque 
el de la Primera Guerra Mundial nos enseña un lección muy diferente.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

¿Qué se celebra el 6 de diciembre? (Sigfrid Soeria)

TRIBUNA
Sigfrid Soria: 

¿Qué se celebra el 6 de diciembre?

Opinión
Sigfrid Soria

martes, 4 de diciembre de 2018

Sánchez aboga por una reforma constitucional que incluya la eutanasia, o sea, contra el derecho a la vida

Sánchez aboga por una reforma

 constitucional que incluya la 

eutanasia, o sea, contra el derecho

 a la vida

Y abre la caja de Pandora al quitarle la inviolabilidad al Rey.

lunes, 3 de diciembre de 2018

7 claves de cómo se pasó del derecho a la vida al derecho al aborto en España

7 claves de cómo se pasó del derecho

 a la vida al derecho al aborto en

 España

La exdiputada Lourdes Méndez Monasterio desgrana las siete claves de la 
desprotección jurídica y social de la vida humana en España. La investigadora 
es partidaria de penalizar el aborto como la "única fórmula eficaz, imprescindible,
 pero no suficiente" para recuperar la protección legal de la vida.


Un muñeco reproduce cómo es un bebé humano de 12 semanas de vida intrauterina.
Un muñeco reproduce cómo es un bebé humano de 12 semanas de vida intrauterina.
Hace tres años se conoció cuál iba a ser la venganza del entonces presidente del Partido Popular, 
Mariano Rajoy, contra los diputados y senadores que se negaron a seguir la senda de la traición a
 sus votantes en lo que respecta al derecho a la vida humana.
Los diputados Lourdes Méndez, José Eugenio Azpiroz, Eva Durán, Antonio Molina y Javier 
Puente, y los senadores Gari Durán, Ángel Pintado, Ana Torme, José Ignacio Palacios y José Luis
Sastre fueron purgados de las listas porque no quisieron apoyar la ‘reformita’ de la Ley Aído, que
 quedaba muy lejos de la promesa electoral de “reforzar el derecho a la vida” en la legislación española.
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Más aún si se tiene en cuenta que el partido interpuso un recurso de inconstitucionalidad contra 
la Ley Aído; la holgadísima mayoría absoluta con la que contaba el PP; y la defenestración del
ministro Ruiz Gallardón después de que se aparcara su propuesta legislativa que, si bien no garantizaba
 por completo la defensa de la vida humana, suponía un frenazo a la norma de barra libre de aborto 
aprobada por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.
Cabe preguntarse cómo el partido teóricamente conservador, de raíz cristiana, se convirtió en el mejor 
apoyo de la ley de aborto más permisiva de la historia de España. Y, más ampliamente, cómo se ha 
pasado de considerar de manera evidente que la vida del ser humano es un bien a proteger y el 
aborto provocado un mal, un delito tipificado, a una ley que establece el aborto libre y lo 
considera como un derecho que además ha de ser a cargo de los impuestos que sufragamos todos
 los españoles.
Y a esa tarea se ha aplicado Lourdes Méndez, una de esas diputadas expulsadas del sistema por el 
Partido Popular debido a que se mantuvo fiel a sus convicciones y que conoció de primera mano 
todo el proceso final descrito:
“Firmé el recurso de inconstitucionalidad (…) que se presentó por un gran número de diputados del
 PP. También expresé por medio del voto y declaraciones mi desacuerdo cuando se retira el proyecto 
de Ley del ministro Gallardón, con la pequeña reforma  que se instó desde el Grupo Parlamentario
 Popular para la ínfima reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción voluntaria del 
Embarazo (…) por considerar que esa votación ratificaba la ley antes mencionada. De esta manera
 se incumplió el compromiso adquirido de reformar la ley para la protección del no nacido siendo 
posible su reforma, puesto que se contaba con mayoría absoluta”, se puede leer en la introducción 
Constitución Española (1812 – 2017) basado en la tesis doctoral defendida en la Universidad Católica 
de Murcia que mereció  la calificación de Sobresaliente y que ha sido recientemente editado por la
 Fundación Universitaria Española.
A lo largo de cerca de 400 páginas, Méndez expone el recorrido que ha surcado a lo largo de su
 investigación y que concluye, de forma muy esquemática y sencilla en la descripción de siete 
conclusiones o claves esenciales para entender el proceso que ha llevado del derecho a la vida al 
derecho al aborto en España.

1.- Se ha violado el derecho fundamental a la vida recogido en la Constitución

El artículo 15 de la Constitución Española de 1978 estipula que “todos tienen derecho a la vida y a
 la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o
 tratos inhumanos o degradantes”.
Los derechos fundamentales, según el Tribunal Constitucional, “son la expresión jurídica de un 
sistema de valores que, por decisión del constituyente ha de informar al conjunto de la organización
 jurídica y política“. Por tanto, tal y como estipula la sentencia 53/85 del TC, la vida del nasciturus 
“constituye un bien jurídico” a proteger.
Cuando se produjo la votación de dicho artículo, una mayoría parlamentaria (158 votos a favor, 
147 en contra y 3 abstenciones) decidió que ese derecho fundamental quedara referido a “todos”, 
con la intención de incluir al no nacido en dicho término.Así, “la legislación vigente es contraria a
la Constitución y es contraria a la voluntad del legislador constituyente”, tal y como concluye Méndez.

2.- Subvertir los valores democráticos

El análisis de los debates parlamentarios que se han sucedido a lo largo de 40 años sobre la cuestión 
del aborto, hacen evidente para la autora que “las razones que han llevado al legislador a aprobar una
 ley de plazos para liberalizar la práctica del aborto y convertirlo en derecho, son razones ideológicas
 que tienen como finalidad subvertir los valores del sistema democrático”.
Ya en la II República, se adujeron motivos de oportunidad política para la respaldar el aborto y aunque 
han pasado 90 años, “el ideario político es el mismo”, explica Méndez. Así, desde 1977, todas las 
legislaturas los grupos más radicales de izquierda han presentado iniciativas de este tenor. Aún tras 
la aprobación de la ley despenalizadora de 1985, que en la práctica se reveló como una ley de aborto 
libre camuflado tras un enorme fraude de ley.
Pero ha sido el PSOE el que, desde 1985 ha protagonizado los episodios más significativos en este 
campo. Así, aprobó la ley de supuestos; eliminó los llamados “comités de evaluación” en 1986, que 
debían velar por la correcta aplicación de los supuestos despenalizadores; trató de introducir un cuarto
supuesto en 1995 que llevaba a una ley de plazos y que no vio la luz al concluir la legislatura; y 
finalmente, aprobó la ley de barra libre de aborto, conocida también como la Ley Aído en 2010 que
 consagró el aborto como un derecho.
Resulta relevante que en todas estas iniciativas se obvia la referencia al ser humano que es eliminado 
y se centra el ‘argumento’ en el “derecho de la mujer a decidir libremente sobre su maternidad”; se 
pide el aborto libre a las 14, 16 y 22 semanas, de forma indistinta, sin razón aparente que justifique 
estas diferencias; se miente sobre el número de mujeres encarceladas y sobre los supuestos abortos
 clandestinos y sus riesgos para la mujer; no se reconocen las consecuencias físicas y psíquicas del 
aborto para la mujer; y se desprecia cualquier tipo de políticas de apoyo y ayuda a las mujeres en 
riesgo de aborto.
Al tiempo, se desentienden de razones de justicia, naturaleza y razón como la falta de demanda social
 de las reformas planteadas; los hechos científicos sobradamente demostrados sobre el momento del
 inicio de la vida humana; o las consecuencias demográficas y sociales, entre otras.
Por estas y otras razones, Méndez considera probado que la razón fundamental de este cambio 
legal “es la subversión de los valores en los que se sustenta nuestro sistema democrático de derecho”.
El derecho a la vida y el derecho al aborto “son incompatibles” puesto que la libertad de la mujer “no está considerado como un derecho fundamental” y por tanto, “en ningún caso puede prevalecer” frente al derecho a la vida de “todos”

3.- Incompatibilidad jurídica del derecho a la vida y al aborto

Más allá de las razones científicas, sociales, demográficas y psicológicas que sostienen la protección 
integral de la vida humana desde el momento de su concepción hasta la muerte natural, Méndez aborda
 la cuestión sobre la compatibilidad jurídica entre dos derechos (uno a la vida, considerado fundamental
 y recogido en la Constitución, y otro al aborto, aprobado a través de una ley orgánica en 2010).
Desde esa perspectiva, existe una gran diferencia entre ambos y por tanto, concluye Méndez “son
 incompatibles” puesto que la libertad de la mujer “no está considerado como un derecho fundamental
” y por tanto, “en ningún caso puede prevalecer” frente al derecho a la vida de “todos”.
La Marcha por la Vida de 2015 organizada por Derecho a Vivir reclamó una sentencia del Tribunal Constitucional. /DAV
La Marcha por la Vida de 2015 organizada por Derecho a Vivir reclamó una sentencia del Tribunal Constitucional. /DAV
Con la ley de 2010, “se establece un régimen basado en el sistema de plazos e indicaciones en el que 
a lo largo de 14 semanas se deja al feto desprotegido absolutamente” y, aún más, “se regula la imposición
 por parte del Estado de una educación en el ámbito educativo y sanitario, bajo la perspectiva
 de género” que puede atentar “contra las convicciones más profundas” de alumnos, profesores y 
personal sanitario.
El hecho de que en dicha norma se considere posible el aborto “a petición de la mujer”, además,
 es contrario a la doctrina del TC ya citada, “sin que la regulación de unas garantías administrativas 
sean suficientes para entender protegida la vida humana en formación”. Así, la ley española “es una
 de las leyes más radicales en el ámbito internacional”. 
La inclusión del delito de aborto se justifica “con mayor razón cuando la conciencia social se ha relajado y modificado de tal manera, que ha considerado normal la eliminación de un ser humano en el seno de su propia madre”

4.- La ley promueve una transformación cultural

A juicio de la autora “la transformación cultural se origina con la legitimación de las conductas, 
utilizando la función pedagógica de la ley”. En 2010, de forma aún más “radical” que en 1985.
Así, toda la primera parte de la ley Aído se centra en imposiciones sobre todo lo referente a la salud
 sexual y reproductiva en los centros de enseñanza con una perspectiva ideológica específica, con 
“una ética estatal anticientífica (…) quebrantando así la esencial libertad de lógica y de conciencia,
 así como la de enseñanza”. También en el mundo sanitario.
Estas imposiciones vulnera también la Constitución Española en lo concerniente al derecho de los
 padres a elegir el tipo de enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones y la libertad de cátedra.

5.- Es necesario contemplar el aborto provocado como delito

¿Cómo se debe proteger el derecho a la vida? Lourdes Méndez considera que la existencia de un
reproche penal “es la única fórmula eficaz, imprescindible, pero no suficiente” para acometer la tarea. 
Por que no basta que se constate la condición “antijurídica” del acto de provocar la muerte de un
ser humano durante su etapa de desarrollo vital antes del nacimiento.
Méndez sostiene que la penalización del aborto debe ir acompañada de “con la educación y pedagogía
 social sobre el valor de la vida, añadiendo una política nacional de protección de la vida y la familia”. 
O dicho de otra forma, “una verdadera planificación estatal de ayuda a la familia y a la maternidad”.
La inclusión del delito de aborto se justifica desde el punto de vista jurídico, porque parece lógico que, 
si en la cúspide del sistema legal se contempla que “todos tienen derecho a la vida”, el estado “debe
 utilizar todos los medios para conseguir este objetivo”.
“Con mayor razón cuando la conciencia social se ha relajado y modificado de tal manera, que ha
 considerado normal la eliminación de un ser humano en el seno de su propia madre”, añade.
Una vez incluido en el Código Penal el aborto, y aún en el caso de la despenalización por supuestos, 
es necesario que los poderes públicos vigilen su correcto cumplimiento, como sucede en Polonia, 
donde una ley similar a la española de 1985 aplicada a rajatabla tiene unas tasas de aborto por
 debajo delos 1.000 anuales.
“¿Qué poderosas razones son las que impiden que el TC ejerza su función primordial que es mantener la supremacía de la Constitución?”, se pregunta Méndez

6.- ¿Hay vuelta atrás tras la traición del PP?

Tras la traición del Partido Popular a sus votantes, que pudo revertir la Ley Aído con mayoría absoluta 
y no lo hizo, cabe preguntarse si será posible en España una legislación más acorde con el derecho
 fundamental de “todos” a la vida, dado que el juego de mayorías parlamentarias está mucho más
 fragmentado en el Poder Legislativo español.
Durante la X Legislatura, el ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón elaboró un proyecto de ley 
de indicaciones que respondía a la promesa electoral y el Partido Popular tenía la mayoría absoluta
 para aprobarlo. El presidente Mariano Rajoy decidió retirarla. 
Se argumentó que había que esperar a que el Tribunal Constitucional se pronunciara sobre la Ley
aído de 2010, recurrida por el propio PP y que hasta entonces no era “prudente” legislar. Méndez 
sostiene que el Gobierno no podía delegar su responsabilidad porque “el poder de representación no es 
delegable”. Aún incluso si el TC hubiera avalado la Ley Aído (han pasado ocho años del recurso 
y aún no se ha pronunciado).
El PP también adujo “falta de consenso” para la reforma. Méndez sostiene que “la apelación al 
consenso, cuando se trata de la defensa de la vida (…) cuando se gobierna con mayoría absoluta, 
no cabe como argumento serio ni riguroso. El consenso debe considerarse como un medio y 
no considerarse como un fin en sí mismo”.
Mariano Rajoy anunció el incumplimiento de la promesa electoral de la ley del aborto en el pasillo de un congreso sobre comunicación el 14 de septiembre de 2014. /EFE
Mariano Rajoy anunció el incumplimiento de la promesa electoral de la ley del aborto en el pasillo de un congreso sobre comunicación el 14 de septiembre de 2014. /EFE
Ni siquiera razones de corte electoralista justifican la decisión del PP. De hecho, recuerda Méndez, 
se perdieron votos. En concreto, tras consultar a diversos expertos en estadística, de los dos millones 
y medio de votos que perdió el PP, Méndez estima que alrededor de un millón estaría relacionado con el 
incumplimiento de este compromiso, aunque obviamente influyeron otros factores.
Visto lo anterior, Méndez concluye que “las razones ideológicas son las que más fuerza toman” a la 
hora de explicar esta conducta del PP y especula que “pudieron existir presiones de carácter ideológico
 a las que el gobierno se dejó someter, en contra del ideario de su partido”.
Tras esta decisión, y más allá del incumplimiento del Partido Popular, el panorama tras la retirada de
 aquél proyecto de ley se resume en:
  • Una ley de plazos vigente que considera el aborto como un derecho.
  • No existe partido con representación en las Cortes generales que defienda la vida desde la concepción
  •  ni que esté dispuesto a revertir la ley vigente.
  • El Tribunal Constitucional guarda silencio desde hace ocho años, lo que supone un “incumplimiento 
  • de su responsabilidad” mientras en España se aborta a cerca de 100.000 personas cada año.
  • Se ha introducido legalmente y normalizado una conducta que manifiesta un desprecio absoluto por 
  • a vida y que modifica nuestras raíces culturales.
¿Qué posibilidad queda? Una sentencia del Tribunal Constitucional que “inexplicablemente no se ha 
dictado” tras ocho años. “¿Qué poderosas razones son las que impiden que el TC ejerza su función 
primordial que es mantener la supremacía de la Constitución?”, se pregunta Méndez, que defiende
 a la luz de la propia doctrina constitucional que la ley de plazos de 2010 es contraria a la norma
 fundamental.

7.- ¿Se puede legislar un ‘derecho’ a matar al nonato?

La última de las claves de análisis que aborda Lourdes Méndez es la relativa a si el poder legislativo 
tiene legitimidad para desproteger legalmente al ser humano antes de su nacimiento. ¿O tal vez supone 
un abuso de poder?
Para Méndez, el Poder Legislativo “ha transgredido” los límites constitucionales derivados de su 
representatividad de la soberanía nacional al regular como derecho  el poder disponer de una vida sin 
causa alguna. “Se ha excedido de la legitimación que como creador del derecho posee”, subraya. 
Con Julián Marías, Méndez sostiene que “el legislador no debe abandonar nunca cuál es su función
 última” porque “si el derecho deserta de su función básica de defender al hombre, su personalidad,
el asiento material de ésta, estaremos muy cerca de la humanidad sin derecho, de un hombre 
deshumanizado”.