viernes, 9 de marzo de 2018

CATALANES AVASALLADOS. (Juan Prada Bécares)

CATALANES AVASALLADOS.
 
Conocemos bien Cataluña, donde mantenemos corresponsalía desde hace cuarenta y seis años.
Lo que se ha hecho con los productivos y honrados catalanes - mayoritariamente inmigrantes desde que la peste redujera la población de Barcelona a tres mil habitantes (ver adjunto 1) -, por gobernantes centrales, dejando que políticos corruptos y oligarcas avariciosos interfieran en la educación familiar y adoctrinen a sus hijos, los analfabeticen socialmente y les embutan insolidaridades colectivas, ha sido y sigue siendo una descarada traición a España (ver adjunto 2) y a los ciudadanos de todas sus regiones, sin  olvidar a los valencianos ni a los baleares, con propios hablares (ver adjunto 3).
 
          Adjuntos: 1 ab CASTILLO 18, 2 ab CASTILLO 12 Y
3 ah ANALFANETISMO SOCIAL.
 
Cordialmente a 2018.02.13.
 
 
Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 Abril de 1952
para Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Cruda realidad/ Cómo acabar con la progresía en menos de un mes


Cruda realidad/ Cómo acabar con 

la progresía en menos de un mes

Que todos los varones proclamen ser mujeres. No es muy difícil ni exige 
transformación alguna, no teman: según el dogma, nadie puede decirte en
 qué consiste ser mujer. Todo el tinglado se vendría abajo en menos de un mes si todos nos hiciésemos de izquierdas.


Escribe aquí, en Actuall, Miguel Vidal Santos un fascinante artículo sobre la ‘hegemonía de la izquierda’ 
-más bien parece monopolio- en el panorama intelectual y social moderno, y ese es un charco 
ante el que se me hace muy difícil pasar de largo sin chapotear alegremente un rato.
 Ustedes sabrán disculparme.
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No voy a enmendar una coma de su columna, que suscribo, pero me gustaría aportar una 
cuantas contradicciones innovadoras que han permitido a la izquierda -prefiero hablar de
‘progresía’, porque buena parte de la autodenominada ‘derecha’ compra íntegro el 
planteamiento esencial- gobernar las mentes y las estructuras sin oposición digna de tener 
en cuenta.
Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol, y si esto es cierto en un sentido profundo, no lo 
es menos que los mismos materiales admiten muchas combinaciones, y el Pensamiento Único
 ha logrado innovar imponiendo una serie de contradicciones en los términos como base de lo q
ue constituye hoy el dogma del sistema: la revolución institucionalizada, la rebeldía dócil, 
a modernidad atemporal, la diversidad homogénea, el victimismo privilegiado y otras por el estilo.
La izquierda tiene un lenguaje de revuelta, de cambiar el mundo de base, de oponerse a los poderosos. Problema: están en el poder
Del victimismo privilegiado no hablaré mucho, que ya lo he tratado a menudo: es la idea de que 
estar oprimido es un mérito que concede prestigio social y, por tanto, poder y dinero, lo que lleva
 a una disparatada carrera por ver quién está más oprimido.
La opresión no tiene por qué tener nada que ver con la biografía real de la persona que la
esgrime, sino que la confiere la mera pertenencia a un grupo de víctimas certificado: mujeres, 
personas con orientaciones sexuales ‘alternativas’, razas distintas a la blanca, inmigrantes, 
transexuales, especies no humanas…
En esta curiosa y nueva estratificación, debemos creer que un peón albañil es más privilegiado 
que Ana Patricia Botín, o que el último empleado de una hamburguesería de Londres, por ser 
nativo, oprime a su alcalde, Saddiq Khan.
La revolución institucionalizada es uno de los más logrados e ingeniosos. La izquierda tiene un 
lenguaje de revuelta, de cambiar el mundo de base, de oponerse a los poderosos. Problema: están 
en el poder. Toda verdadera ‘revolución’ sería contra ellos, y hasta ahí no llega su estupidez. 
Así que mantienen el lenguaje revolucionario, hablando como si en lugar de ocupar los despachos
 luchasen en las barricadas. Para ello tienen que fingir que el verdadero poder pertenece a una
 nebulosa y nunca definida casta. ¿Absurdo? Bastante, pero parece que ‘cuela’.
El corolario a lo anterior es la rebeldía dócil, es decir, crear mediante el adoctrinamiento 
más intenso y eficaz que han conocido los siglos una generación que se cree rebelde r
epitiendo las consignas que se les dictan desde arriba. Así, se creen ‘diferentes’ repitiendo
 todos lo mismo y piensan ‘luchar contra el sistema’ cuando en realidad lo apuntalan y 
perpetuan. Esto es un espectáculo digno de ver, una verdadera obra de arte.
De aquí lo de la diversidad homogénea. Se ensalza una diversidad de pega, banal, de folclore 
y color, al tiempo que se impone la más férrea homogeneización. Debemos creer, por ejemplo,
 que los globalistas aman la ‘diversidad’ porque quieren hacer que una ciudad de Sudeste 
Asiático sea indistinguible de otra del África Austral, todas, por cierto, según nuestro modelo
 occidental ilustrado. Todos tienen que pensar igual, hasta el detalle, y actuar del mismo modo, p
ero procediendo de sitios distintos y cubriendo una paleta de orientaciones e identidades 
sexuales que no pocas veces hay que inventar de la nada.
La modernidad atemporal también tiene su gracia. ‘Moderno’ es uno de los calificativos 
más codiciados hoy, y tratan de definir con él la diferencia entre la verdad y el error, el bien
 y el mal, como si una cosa fuese buena el lunes y mala el jueves.
Pero, naturalmente, el tiempo pasa para todos, y muchas de las ideas sobre las que se basa el
 Pensamiento Único, si no todas, peinan canas cuando tienen algo que peinar. Las consignas 
de Mayo del 68, que siguen gobernándonos, son de la segunda mitad del pasado siglo. Así q
ue se decreta que hay ideas que son atemporalmente modernas, algo así como los Rolling Stones, 
que siguen yendo de rompedores aunque les falta poco para actuar en los conciertos con
 andador y un equipo geriátrico entre bastidores.
Mi remedio es: hagámonos todos de izquierdas. Rabiosamente de izquierdas, ganándoles en radicalidad
Son modernos por definición, porque ven su época, no como una más en la línea de la historia, 
sino como su culminación y corona. Mucho antes de que Francis Fukuyama hablara del ‘fin de
 la historia’, la progresía reinante ya estaba seguro de haber llegado a él, al menos en lo que a o
pinión se refiere.
¿Cómo puede acabarse con este reino del absurdo y la mentira? Se me ocurre un remedio, tan 
desesperado y radical como suelen serlo cuando se quiere atajar un mal en fase terminal, pero q
ue tendría, estoy segura, una eficacia absoluta e inmediata.
Podríamos llamarlo ‘huelga a la japonesa’ de la derecha real, y se basa en un secreto evidente del 
pensamiento único: es totalmente inviable, y solo se mantiene porque se le resiste, aunque 
sea tácitamente.
Mi remedio es: hagámonos todos de izquierdas. Rabiosamente de izquierdas, ganándoles en
 radicalidad. Que todos los varones proclamen ser mujeres. No es muy difícil ni exige 
transformación alguna, no teman: según el dogma, nadie puede decirte en qué consiste
 ser mujer, y puedes seguir con tu vida de siempre.
Okupemos al okupa, pidamos que se dupliquen, que se tripliquen las subvenciones a
 tal o cual causa. Pidamos en vez de dar, distribuyamos en lugar de producir.
Todo el tinglado se vendría abajo en menos de un mes si todos nos hiciésemos de izquierdas. 
Lástima que probablemente también se derrumbaría nuestra civilización y habría
 que empezar desde el principio. Esa es la parte mala, pero yo creo que compensa.

lunes, 5 de marzo de 2018

Brochier: “La eutanasia está entrando en el sistema de cuidados paliativos. Y eso es muy peligroso”

Brochier: “La eutanasia está entrando en el sistema de cuidados paliativos.

 Y eso es muy peligroso”

Bélgica ha sido otro de los países europeos pionero en la aplicación de la eutanasia, que
 ha pasado de 200 muertos en 2013, a 2.022 en 2015. Sólo el 40% de los que fallecieron
 por esta práctica recibieron asesoramiento sobre los cuidados paliativos.

 

Madrid acogió durante el mes de enero el Seminario Internacional: cuidados paliativos y 
sociales vs. eutanasia en el Congreso de los Diputados organizado por la Federación Europea 
One of Us, y que reunió a políticos, legisladores y sociedad civil de diversos países para debatir
 sobre este importante y preocupante tema.
Una de los participantes fue la belga Carine Brochier, coordinadora de Proyectos del Instituto 
Europeo de Bioética de Bélgica, que ha concedido una entrevista a Actuall.com. Bélgica ha
 sido uno de los primeros países en legislar la eutanasia y recientemente un libro publicado
 por ella junto a otros médicos hacía un análisis de la situación, en la que destacaba la 
marcha de enfermeras que se está produciendo en las unidades de cuidados paliativos. En
 los últimos años, estas unidades se están convirtiendo en lugares donde los médicos
 envían a los enfermos para practicarles la eutanasia, y muchos de los trabajadores no 
quieren convertirse en meros asesinos legales.
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Las enfermeras y los médicos han estudiado y se han preparado para cuidar a personas enfermas incluso si no se puede hacer nada, pero para estar allí y aliviarles el dolor
El libro que usted publicó sobre Eutanasia en Bélgica junto con otros autores,
 hablaba sobre enfermeras y trabajadores sociales que querían dejar las unidades 
de cuidados paliativos porque vieron que eran lugares donde enviaban a los enfermos
 y ancianos a que los mataran. Y ellos no querían participar en ello. ¿Cómo se puede explicar?
La presión para los médicos y enfermeras en Bélgica es tremenda. En una unidad de cuidados
 paliativos normalmente los médicos envían los pacientes para que puedan recibir la eutanasia y las enfermeras no han sido preparadas para practicarlo ni ponerlo en marcha. Los doctores no
 están preparados para esto. Ellos han estudiado y se han preparado para cuidar a 
personas enfermas incluso si no se puede hacer nada, pero para estar allí y aliviarles 
el dolor. La presión es enorme y la eutanasia está entrando en el sistema de cuidados 
paliativos. Y eso es muy peligroso.
¿No hay objeción de conciencia?
Si tienes una cama dedicada a la eutanasia, el paciente viene enviado por el doctor y el 
paciente es colocado en esa cama y se llama a la enfermera y al equipo para preparar a ese 
paciente para la eutanasia, entonces la eutanasia se practica, el enfermo muere, se vacía la 
cama, la enfermera limpia la habitación y al día siguiente, como hay una lista de espera
viene otro paciente. Y esta es la historia. Un paciente en la lista de espera viene al hospital 
para recibir la eutanasia y el equipo ni siquiera tiene el tiempo para relacionarse o tener 
contacto con el paciente. Fue solo una inyección para matarle. Y ellos no han sido preparados
 para eso.
¿Podemos decir que hay un problema económico? ¿Que la gente mayor, la gente enferma 
es demasiado cara para el departamento de salud y la eutanasia es una oportunidad para
 acabar con ese problema económico?
La presión económica es importante. No me gustaría ser el ministro de Sanidad o el ministro 
que se encarga de las pensiones en Bélgica. Cada vez hay más gente mayor, más gente con
 cáncer. Y ese es un problema, desde luego. Si les pides a las enfermeras que sólo estén 
cinco minutos con los pacientes, sólo para cuidar y vestir a una persona anciana, hay una 
presión económica por parte de las instituciones. Pero no es lo más importante.
El enfermo, el anciano, lo que necesita al final de la vida es amor y ternura. Y nosotros debemos cuidar de la gente más débil que está a nuestro alrededor
Lo más importante, y lo que deberíamos darnos cuenta cada uno de nosotros es que nos 
corresponde a nosotros, como familia, cuidar a nuestros amigos, al abuelo, a la abuela, a
 los niños, a la persona enferma… Es muy fácil poner esa responsabilidad sobre los 
hombros del Estado, pero tenemos que encargarnos todo el tiempo, dejar incluso el trabajo
 y cuidar de la gente más débil que está a nuestro alrededor. No es una cuestión del Estado 
o económica. Es verdad, quizás pierda mi trabajo para cuidar a mi madre, para darle más 
y mejor tiempo conmigo. Porque 
lo que necesita al final de la vida es amor y ternura. Las enfermeras pueden ofrecer
 algún tipo de ternura, pero lo que espera es cariño por mi parte.
¿Y mucha gente que pide la eutanasia puede hacerlo por esa falta de cariño? Como 
en el caso de la deportista paralímpica Marieke Verwoort
El caso del que hablas es bastante doloroso. El caso de Marieke Verwoort es el de una
 atleta discapacitada y ella no es capaz de ver el sentido a vivir con tanto dolor. No sé lo
 que ha experimentado a lo largo de su vida. Y no quiero condenarla ni juzgarla porque es
 un caso muy doloroso.
Lo que voy a decir es para otras personas: “Dime la manera en que vives y te puedo decir
 la manera en que podrías morir”. Si colocas toda tu energía en tu vida activa -tu trabajo, 
ser alguien- y dejas a un lado la actividad social, la ternura, a la familia… te sentirás solo al
 final de la vida. Los valores que tengas te ayudarán a morir. No quiere decir que tengan 
que sufrir. No. Deberíamos amar y cuidarnos unos de otros. Y querría invitar a la gente joven 
a que cuide de los ancianos, de los discapacitados, de las personas con demencia. Porque ellos
 no se dan cuenta de lo que pasa, pero cuando voy a visitar a mi tía, que tiene demencia, ella no 
se da cuenta de que la estoy visitando, pero les puedo decir que al dejarla soy una persona
 diferente. Soy más humana porque la he podido ver, he podido ver su fragilidad, que se 
refleja en mi propia fragilidad. La fragilidad es un valor en sí mismo y deberíamos apoyarnos
 en ella unos a otros como sociedad y respetar la fragilidad porque la fragilidad es un valor 
en sí mismo.

sábado, 3 de marzo de 2018

Un soneto me manda hacer Adaja, (Juan Pablo Mañueco)

‎1‎ de ‎mar. a las ‎20‎:‎31
Un soneto me manda hacer Adaja,

Un soneto me manda hacer Adaja,
que es río que desde los altos muros
de la Sierra de Amblés piensa en futuros
murallones pétreos, cuando baja.

Digo Adaja… y mi corcel de agua ataja
para ir a ver los torreones puros
con que Ávila aballesta sus conjuros,
contra el tiempo que todo cuerpo taja.

¡Mas no al río que, resoplando, viaja
desde la altura serrana extramuros,
a la ciudad en donde Ávila se encaja!

¡Entre las piedras de muralla, uros
o verracos vetones de agua!: Adaja
muge y pasa y acaricia antemuros.

Y sólo ya en Arévalo, la villa mudéjar castellana,
capital de la Moraña,
pálida de odres de abundosas lágrimas, el río se relaja.

Después de que reciba al Eresma, de estirpe segoviana,
el llano Adaja va a quedarse sin orilla,
que viene el Duero a beberse esta agua sureña de Castilla.

Juan Pablo Mañueco

Vídeo autor:

viernes, 2 de marzo de 2018

Cruda realidad / Tres modos en los que la corrección política destruye nuestra sociedad


Cruda realidad / Tres modos en los

 que la corrección política destruye

 nuestra sociedad

El día a día de lo políticamente correcto va abarcando cada vez más aspectos de
 la vida y uno siempre puede patinar en una incorrección. Lo peor es que de darle
 tanta importancia a esas nimiedades, se olvida el verdadero daño que está
 causando esa vida entre alfileres.




Lo políticamente correcto nos impide decir con sinceridad, lo que vemos con claridad.
Lo políticamente correcto nos impide decir con sinceridad, lo que vemos con claridad.
Las incesantes iniciativas de ingeniería social que llueven sobre nuestras pobres cabezas son tan 
demenciales y contrarias a la justicia, el sentido común, la naturaleza, la lógica y la civilización
 que solo en criticar esos aspectos se nos va el día, dejando pasar otros no menos graves, que son
 de los que me quiero ocupar hoy.
Porque aunque la miríada de normas que protegen lo políticamente correcto (PC) no fueran
 ninguna de esas cosas que dejo escritas, aun así serían nocivas para nuestras sociedades, por tres razones.

1. Reducen la seguridad jurídica

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La seguridad jurídica consiste, básicamente, en saber qué terreno pisamos. No tiene nada que ver con
 que las leyes sean buenas o malas, justas o injustas, convenientes o no: tiene que ver con que sean 
claras, definidas con precisión y no tantas que sea imposible conocerlas, y con que se apliquen sin excepción.
Es mejor o, al menos, más viable un Estado con leyes absurdas, pero cumplibles y estrictamente 
delimitadas, con garantías específicas para el ciudadano, que otro cuya legislación, rebosante de 
las mejores intenciones, sea tan vaga y permita a las autoridades tal grado de discrecionalidad que
 sea imposible saber con certeza cuándo se está incumpliendo la ley. Como decía Chesterton, el
 más crudo de los mapas es más útil que la vaga indicación de torcer siempre a la derecha.
Un país con baja seguridad jurídica aleja a los inversores y permite al Estado utilizar el poder de la ley contra sus enemigos políticos
También exige que las normas se cumplan todas y siempre. De lo que se trata es de reducir al mínimo 
la arbitrariedad del poder y de que el ciudadano sepa en cada momento dónde está en relación a la 
legalidad.
Un país con baja seguridad jurídica aleja a los inversores y permite al Estado utilizar el poder de la ley 
contra sus enemigos políticos valiéndose de la propia vaguedad de la norma.
El tsunami PC atenta contra esta seguridad jurídica de tres maneras. En primer lugar, multiplicando
 las normas más allá de lo que es razonable pretender que un ciudadano pueda conocer. Cuando hay 
demasiadas leyes, no hay medios materiales para conocerlas ni para hacerlas cumplir, con lo que se
 permite su vulneración rutinaria (lo que fomenta el desprecio hacia ella del ciudadano) hasta que el 
Poder decide usarla contra un ciudadano molesto.
En segundo lugar, permitiendo un altísimo grado de discrecionalidad por parte de las autoridades.
  ¿Han leído la Ley de la Memoria Histórica, última versión? Es difícil calibrar cuándo se está 
vulnerando. No digamos ya las leyes de género, o las de violencia doméstica.
Y en tercer lugar, destruyendo garantías jurídicas esenciales en nuestro ordenamiento desde
 hace milenios. La igualdad ante la ley o el principio de presunción de inocencia, por ejemplo, 
han quedado hechos unos zorros con las últimas leyes citadas.
El Estado del Bienestar se basa en un timo por el que la Administración te quita con sigilo lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente

2. Aumenta el intervencionismo (y el poder) del Estado sobre 

la sociedad

El Estado del Bienestar se basa en un moderno timo por el que la Administración te quita sigilosamente 
lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente.
Con la muerte -en la práctica histórica- de Dios, el Estado ha pasado a ocupar en la mente de 
muchos el papel de Padre todopoderoso y providente, que nos cuida y nos protege de la cuna a la tumba.
Obviemos por un momento la evidencia de que la Administración va a ser siempre menos precisa, 
delicada, justa y capaz para prestar determinados servicios que el mercado o la sociedad. Porque, 
aunque no fuera así, cada nuevo aspecto de nuestras vidas que cedemos al Estado es un poder
 nuevo que adquiere, y no creo que haga falta recordar lo que trae el exceso de poder.
Cada ley necesita recursos, burocracia y un recorte de libertades para el ciudadano. Puede, naturalmente, compensar, pero encontrar el equilibrio es difícil, y hace décadas que estamos muy lejos de él.
Las leyes de ingeniería social no sólo dan mayor poder a un Estado ya agobiantemente intervencionista,
sino que lo hacen en aspectos de nuestra vida cada vez más íntimos y esenciales: cómo nos relacionamos
 en pareja, cómo distribuimos las cargas domésticas, cómo educamos a nuestros hijos…
El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia

3. Nos hace débiles

El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una 
madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia, de todo roce con las realidades 
amargas de la vida, de todo peligro, hasta el punto de hacer de sus hijos niños perpetuos incapaces 
de valerse por sí solos o superar la más leve frustración.
Cada día leemos en redes sociales a feministas haciendo un mundo del detalle más trivial -del 
manspreading al mansplaining, pasando por una legión de minuciosos micromachismos- y 
pidiendo el concurso de la ley para las cuestiones cotidianas más banales.
Así nos encontramos en las universidades americanas de la Ivy League colectivos de estudiantes 
que exigen zonas seguras en las que no pueda comentarse nada que hiera sus hipersensibles 
epidermis mentales, que alegan la condición de estrés postraumático tras la victoria electoral de 
Donald Trump o llaman “apropiación cultural” a que un anglo cante rancheras o se ponga rastas.
Esta burbujita acolchada tiene el enorme inconveniente, además de todo, de ser muy pequeña y 
muy artificial, porque, en el resto del universo, la vida sigue y puede llegar a ser muy perra.
Fuera hay todo un mundo que se ríe de nuestras idioteces PC y nos va a comer con patatas, quizá 
antes de lo que nos figuramos.