Conocemos bien Cataluña, donde mantenemos corresponsalía desde hace cuarenta y seis años.
Lo que se ha hecho con los productivos y honrados catalanes - mayoritariamente inmigrantes desde que la peste redujera la población de Barcelona a tres mil habitantes (ver adjunto 1) -, por gobernantes centrales, dejando que políticos corruptos y oligarcas avariciosos interfieran en la educación familiar y adoctrinen a sus hijos, los analfabeticen socialmente y les embutan insolidaridades colectivas, ha sido y sigue siendo una descarada traición a España (ver adjunto 2) y a los ciudadanos de todas sus regiones, sin olvidar a los valencianos ni a los baleares, con propios hablares (ver adjunto 3).
Adjuntos: 1 ab CASTILLO 18, 2 ab CASTILLO 12 Y
3 ah ANALFANETISMO SOCIAL.
Cordialmente a 2018.02.13.
Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 Abril de 1952
para Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad.
Las enfermeras y los médicos han estudiado y se han preparado para cuidar a personas enfermas incluso si no se puede hacer nada, pero para estar allí y aliviarles el dolor
El libro que usted publicó sobre Eutanasia en Bélgica junto con otros autores,
hablaba sobre enfermeras y trabajadores sociales que querían dejar las unidades
de cuidados paliativos porque vieron que eran lugares donde enviaban a los enfermos
y ancianos a que los mataran. Y ellos no querían participar en ello. ¿Cómo se puede explicar?
La presión para los médicos y enfermeras en Bélgica es tremenda. En una unidad de cuidados
paliativos normalmente los médicos envían los pacientes para que puedan recibir la eutanasia y las enfermeras no han sido preparadas para practicarlo ni ponerlo en marcha. Los doctores no
están preparados para esto. Ellos han estudiado y se han preparado para cuidar a
personas enfermas incluso si no se puede hacer nada, pero para estar allí y aliviarles
el dolor. La presión es enorme y la eutanasia está entrando en el sistema de cuidados
paliativos. Y eso es muy peligroso.
¿No hay objeción de conciencia?
Si tienes una cama dedicada a la eutanasia, el paciente viene enviado por el doctor y el
paciente es colocado en esa cama y se llama a la enfermera y al equipo para preparar a ese
paciente para la eutanasia, entonces la eutanasia se practica, el enfermo muere, se vacía la
cama, la enfermera limpia la habitación y al día siguiente, como hay una lista de espera,
viene otro paciente. Y esta es la historia. Un paciente en la lista de espera viene al hospital
para recibir la eutanasia y el equipo ni siquiera tiene el tiempo para relacionarse o tener
contacto con el paciente. Fue solo una inyección para matarle. Y ellos no han sido preparados
para eso.
¿Podemos decir que hay un problema económico? ¿Que la gente mayor, la gente enferma
es demasiado cara para el departamento de salud y la eutanasia es una oportunidad para
acabar con ese problema económico?
La presión económica es importante. No me gustaría ser el ministro de Sanidad o el ministro
que se encarga de las pensiones en Bélgica. Cada vez hay más gente mayor, más gente con
cáncer. Y ese es un problema, desde luego. Si les pides a las enfermeras que sólo estén
cinco minutos con los pacientes, sólo para cuidar y vestir a una persona anciana, hay una
presión económica por parte de las instituciones. Pero no es lo más importante.
El enfermo, el anciano, lo que necesita al final de la vida es amor y ternura. Y nosotros debemos cuidar de la gente más débil que está a nuestro alrededor
Lo más importante, y lo que deberíamos darnos cuenta cada uno de nosotros es que nos
corresponde a nosotros, como familia, cuidar a nuestros amigos, al abuelo, a la abuela, a
los niños, a la persona enferma… Es muy fácil poner esa responsabilidad sobre los
hombros del Estado, pero tenemos que encargarnos todo el tiempo, dejar incluso el trabajo
y cuidar de la gente más débil que está a nuestro alrededor. No es una cuestión del Estado
o económica. Es verdad, quizás pierda mi trabajo para cuidar a mi madre, para darle más
y mejor tiempo conmigo. Porque
lo que necesita al final de la vida es amor y ternura. Las enfermeras pueden ofrecer
algún tipo de ternura, pero lo que espera es cariño por mi parte.
¿Y mucha gente que pide la eutanasia puede hacerlo por esa falta de cariño? Como
en el caso de la deportista paralímpica Marieke Verwoort
El caso del que hablas es bastante doloroso. El caso de Marieke Verwoort es el de una
atleta discapacitada y ella no es capaz de ver el sentido a vivir con tanto dolor. No sé lo
que ha experimentado a lo largo de su vida. Y no quiero condenarla ni juzgarla porque es
un caso muy doloroso.
Lo que voy a decir es para otras personas: “Dime la manera en que vives y te puedo decir
la manera en que podrías morir”. Si colocas toda tu energía en tu vida activa -tu trabajo,
ser alguien- y dejas a un lado la actividad social, la ternura, a la familia… te sentirás solo al
final de la vida. Los valores que tengas te ayudarán a morir. No quiere decir que tengan
que sufrir. No. Deberíamos amar y cuidarnos unos de otros. Y querría invitar a la gente joven
a que cuide de los ancianos, de los discapacitados, de las personas con demencia. Porque ellos
no se dan cuenta de lo que pasa, pero cuando voy a visitar a mi tía, que tiene demencia, ella no
se da cuenta de que la estoy visitando, pero les puedo decir que al dejarla soy una persona
diferente. Soy más humana porque la he podido ver, he podido ver su fragilidad, que se
refleja en mi propia fragilidad. La fragilidad es un valor en sí mismo y deberíamos apoyarnos
en ella unos a otros como sociedad y respetar la fragilidad porque la fragilidad es un valor
vulnerando. No digamos ya las leyes de género, o las de violencia doméstica.
Y en tercer lugar, destruyendo garantías jurídicas esenciales en nuestro ordenamiento desde
hace milenios. La igualdad ante la ley o el principio de presunción de inocencia, por ejemplo,
han quedado hechos unos zorros con las últimas leyes citadas.
El Estado del Bienestar se basa en un timo por el que la Administración te quita con sigilo lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente
2. Aumenta el intervencionismo (y el poder) del Estado sobre
la sociedad
El Estado del Bienestar se basa en un moderno timo por el que la Administración te quita sigilosamente
lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente.
Con la muerte -en la práctica histórica- de Dios, el Estado ha pasado a ocupar en la mente de
muchos el papel de Padre todopoderoso y providente, que nos cuida y nos protege de la cuna a la tumba.
Obviemos por un momento la evidencia de que la Administración va a ser siempre menos precisa,
delicada, justa y capaz para prestar determinados servicios que el mercado o la sociedad. Porque,
aunque no fuera así, cada nuevo aspecto de nuestras vidas que cedemos al Estado es un poder
nuevo que adquiere, y no creo que haga falta recordar lo que trae el exceso de poder.
Cada ley necesita recursos, burocracia y un recorte de libertades para el ciudadano. Puede, naturalmente, compensar, pero encontrar el equilibrio es difícil, y hace décadas que estamos muy lejos de él.
Las leyes de ingeniería social no sólo dan mayor poder a un Estado ya agobiantemente intervencionista,
sino que lo hacen en aspectos de nuestra vida cada vez más íntimos y esenciales: cómo nos relacionamos
en pareja, cómo distribuimos las cargas domésticas, cómo educamos a nuestros hijos…
El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia
3. Nos hace débiles
El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una
madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia, de todo roce con las realidades
amargas de la vida, de todo peligro, hasta el punto de hacer de sus hijos niños perpetuos incapaces
de valerse por sí solos o superar la más leve frustración.
Cada día leemos en redes sociales a feministas haciendo un mundo del detalle más trivial -del
manspreading al mansplaining, pasando por una legión de minuciosos micromachismos- y
pidiendo el concurso de la ley para las cuestiones cotidianas más banales.
Así nos encontramos en las universidades americanas de la Ivy League colectivos de estudiantes
que exigen zonas seguras en las que no pueda comentarse nada que hiera sus hipersensibles
epidermis mentales, que alegan la condición de estrés postraumático tras la victoria electoral de
Donald Trump o llaman “apropiación cultural” a que un anglo cante rancheras o se ponga rastas.
Esta burbujita acolchada tiene el enorme inconveniente, además de todo, de ser muy pequeña y
muy artificial, porque, en el resto del universo, la vida sigue y puede llegar a ser muy perra.
Fuera hay todo un mundo que se ríe de nuestras idioteces PC y nos va a comer con patatas, quizá