martes, 16 de agosto de 2016

BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS - III


BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS - III



Seguimos ofreciendo la continuación del artículo "El mito de la "España de las tres culturas"", de José Luis Martínez Sanz.

"La invasión musulmana en España provocó varias realizaciones: fuga casi general de la nobleza goda y del alto clero, traición y alzamientos por parte de los judíos, pasividad de las clases serviles, abandono en masa de algunas ciudades y resistencia de pocas, que unas obtuvieron conciertos y otras cayeron bajo la dura ley de la conquista (...) Por de pronto, los españoles sometidos desaparecen de la Historia"



UN ERROR DE PRINCIPIO



 Si examinamos uno por uno los argumentos de los triculturalistas, encontramos rápidamente su primer error grave: se olvidan de los nueve primeros siglos de la existencia de España como unidad sociopolítica. Para ellos no existe la España hispanorromana (218 a.C-456 d.C.), aquella Hispania que llegó a estar dividida en 6 provincias o circunscripciones, pero que supuso la fusión de celtas, iberos y celtíberos con los romanos, todos con una única cultura y una única religión, primero pagana y luego cristiana. Podrían decir que España (Hispania) no era una unidad políticamente independiente, pero tampoco lo eran los griegos de la época clásica y sólo un loco se atrevería a poner en duda que constituían una única cultura.



 Por el contrario, sí era una unidad políticamente independiente la España visigoda (141/456-711): aquellos germanos llegaron a la península enviados por Roma a luchar contra suevos, vándalos y alanos, y se entremezclaron con los hispanorromanos mediante matrimonios. Más tarde, tras el III Concilio de Toledo (en el año 589), la unidad religiosa en la fe católica de los hispanorromanos produjo la fusión total, formando una unidad política social y cultural. Se puede decir, con Ramos-Oliveira, que la España visigoda duró menos de trescientos años, pero fue un período de intensa unificación.



 Olvidar tantos siglos de nuestra memoria histórica es estúpido; pero mentir para que nosotros los olvidemos, es una canallada y un crimen o genocidio cultural. No es admisible científicamente, por ejemplo, que alguien haga una relación "visigodo-germánico-Hitler" que le produzca repelús, pues es algo que está fuera de lugar y es falso en sí mismo. Guste o no, España tiene unas claras aportaciones étnicas y culturales romana y germánica que la asemejan desde entonces a todos los demás pueblos europeos. Y esa parte de la historia y de la cultura española no puede olvidarse, porque dejaría de explicar todo lo que vino después y lo que ahora somos.



 Ese tiempo presuntamente idílico en el que -dicen- convivieron en paz y armonía las tres culturas es un invento o fantasía de gentes bien intencionadas, como el escritor Juan Goytisolo, o de tendenciosos que buscan ladina e interesadamente tergiversar nuestra historia. A los primeros ya les contestó acertadamente el escritor Carlos Semprún Maura; a los segundos, conviene recordarles lo que ya en 1913 escribía el gran maestro Gómez-Moreno: "La invasión musulmana en España provocó varias realizaciones: fuga casi general de la nobleza goda y del alto clero, traición y alzamientos por parte de los judíos, pasividad de las clases serviles, abandono en masa de algunas ciudades y resistencia de pocas, que unas obtuvieron conciertos y otras cayeron bajo la dura ley de la conquista (...) Por de pronto, los españoles sometidos desaparecen de la Historia". Y es que una guerra es siempre una guerra, aunque haya momentos en que el ardor bélico disminuya, o instantes en que se llegue a la confraternización (o al colaboracionismo, como ocurrió en la Francia de 1941), pero toda guerra implica muertes, odios y violencia, no convivencia. Para mayor precisión, y fijándonos en algo reciente que todos nosotros hemos vivido, recuérdese que no es lo mismo convivencia que coexistencia: por eso se llamó "coexistencia pacífica" a lo que se dió entre el mundo occidental y el mundo comunista en el período 1962-1989.



 José Luis Martínez Sanz, "El mito de la 'España de las tres culturas'"



SANTO REINO TRADICIONALISTA



lunes, 15 de agosto de 2016

BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS - II


BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS - II

Continuamos ofreciendo, en pequeñas dosis, un ensayo sobre "El mito de la España de las Tres Culturas", de José Luis Martínez Sanz, publicado en la revista HESPÉRIDES que dirigía en su día el escritor y periodista José Javier Esparza. Consideramos que este ensayo ofrece las claves que nos permiten comprender los objetivos últimos que pretende la manipulación histórica basada en la patraña de las Tres Culturas. Que ustedes lo aprovechen y obren en consecuencia.

LOS MALOS Y LOS BUENOS

 Si España fuese el resultado social, cultural e histórico de esas tres culturas, y España fuese cosa de las tres, habría que pensar que una de las tres comunidades cometió la injusticia histórica de expulsar a las otras dos. Adviértase que en este argumento se da un salto cualitativo sustancial: el término "culturas" se empieza a usar aparejado al término "comunidades", y no referido a las autónomas recogidas en la Constitución de 1978: así, desde hace un tiempo se viene hablando de comunidad gitana, comunidad magrebí, comunidad israelita (éstos se llaman así cuando se refieren a sí mismos), comunidad alemana (en Mallorca), etc.



 Curiosamente, en este elenco de comunidades jamás se habla de nosotros, los españoles que habitamos en nuestra tierra, como de una comunidad. ¿Es que quienes hablan de "comunidades" no nos creen comunidad a nosotros, o es que no quieren que tomemos conciencia de que sí somos una comunidad y, además, la práctica totalidad de los habitantes?



 El paso siguiente, en la argumentación del triculturalismo, es más audaz: se sobrevalora a los expulsados por encima de nuestros antepasados, los hispanocristianos que se quedaron en su tierra. En 1992, en una serie de reportajes realizados por la Comisión Nacional Sefarad 92 sobre la expulsión de los judíos en marzo de 1492, se decia que Bayaceto II, sultán de Constantinopla, al llegar allí los judíos expulsados había comentado: "¿Cómo puedo considerar inteligente a Fernando, si empobreció su reino para enriquecer el mío?". La idea dominante que se trató de imponer a la sociedad española en 1992 es que la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos en 1492 y la de los moriscos por Felipe III en 1609 habían producido una catástrofe económica en España, que habría quedado económicamente desarbolada. Mientras historiadores prestigiosos (Domínguez Ortiz, por ejemplo) lo mitigaban o rechazaban en esos mismos reportajes, había otros que pretendían imponer con frivolidad la idea de que las dos expulsiones arruinaron a España.

En la argumentación de los defensores de la España de las tres culturas, de aquí se desemboca con toda naturalidad en la Inquisición, que es presentada como un bestial e inhumano medio de practicar la intolerancia: se la expone como el hecho más repudiable de nuestra Historia, un hecho o institución de la que España debería avergonzarse. Con ello se llega al insulto directo a nuestros antepasados de los siglos XV, XVI y XVII. Suele rematarse este argumento diciendo que la Inquisición española persiguió a los judíos y a los musulmanes, lo cual debería constituir una vergüenza para los españoles.



 España -dicen- tiene tal "mestizaje cultural" que, a pesar de haber expulsado a moros y judíos, en la mismísima España del siglo XVI estarían muy presentes las tres culturas. Pero con un notable matiz: mientras que la musulmana tan sólo habría dejado "huellas", la judía estaría presente y operante... tanto que hasta la gran empresa española en América sería también labor de judíos, puesto que ellos también estaban "en América Latina en el período colonial", como dice el historiador Seymour B. Liebman, quien añade que, posteriormente, lucharían contra España: "Los judíos tomaron parte activa en la batalla de los porteños por la independencia de Argentina".



 Toda esta argumentación, basada en esos pasos arriba expuestos, se complementa con una actividad febril para extender esta extraña idea del mestizaje cultural de España, idea que, con el pretexto de abrir horizontes mentales a lo universal o lo foráneo, pretende vaciar de contenidos lo propio y hacernos olvidar o menospreciar nuestra propia cultura.



 Con este espíritu, y basándose en una supuesta teoría globalizadora y sincretista de Américo Castro, se empezó a formular la idea de las "tres culturas de España" en unos problemáticos años en los que España estaba atravesando el difícil y peligroso momento de la famosa transición. Si a pesar del error, que todos reconocían, nadie habló para desmentirlo, fue por una razón de fuerza mayor: en aquellos años lo importante era fundamentar en aquel presente la convivencia de ideologías y actitudes opuestas y contrapuestas, sin que nadie se preocupase entonces de una peregrina teoría sobre el pasado ya olvidado.



 Sin embargo, la falta de oposición dio alas a quienes formularon la idea de la España de las tres culturas y la empezaron a difundir. Para ello escogieron como primer ejemplo emblemático el monumento a Maimónides. Además, como la Constitución de 1978 consagraba la España de las autonomías, Andalucía tomó su hecho diferencial en los restos de la cultura musulmana que aún quedaban en su territorio; apoyándose en esta circunstancia, los amigos de la España de las tres culturas empezaron a mostrarse enemigos de la tradición española, y desde hace tres años [el texto original se fecha en 1997] intentan que la Mezquita de Córdoba deje de ser la Catedral de la ciudad y se torne nuevamente en mezquita. Y en Granada, algunos han llegado a la aberración de pedirle al alcalde Díaz-Berbel que se deje de celebrar la fiesta local del 2 de enero como aniversario de la toma de la ciudad por los Reyes Católicos y del fin de la Reconquista, y que se sustituya por una jornada de "reconciliación de las tres culturas": al negarse el alcalde a tan absurda pretensión hubo periodistas que se le echaron encima con todo tipo de insultos.



VAMOS A CONTAR MENTIRAS, TRALARÁ...



 "Super his quoque vehementi carceris moerore confectus, non minus ex improviso taedium mihi occurrit ex eo die quo me Serenitas vestra praemonuit, ne a glorificatione militum Christi desisterem, ne prima de eis sententiam mea irritam facerem."



 "Además de esto me deprime la pena grande de esta cárcel; no me abandona el tedio desde el día en que vuestra señoría me aconsejó que no desfalleciese a la hora de escribir a favor y por la gloria de los soldados de Cristo, no fuere que se frustrara mi primera determinación".





 (De una Carta de San Eulogio a Álvaro Cordubense, postrimerías de octubre del año 851.)


Venciendo la pesadumbre de la prisión y el desaliento que lo embargaban, San Eulogio de Córdoba superó aquella tribulación, escribió en alabanza de los soldados de Cristo (a glorificatione militum Christi), aquellos -hombres y mujeres- que había confortado con su palabra y animado a perseverar en la fidelidad a Jesucristo... Y recibió, al término de su camino, la corona gloriosa del martirio. Desde las miríadas de mártires que gozan la vida eterna, San Eulogio sigue intercediendo por nosotros, y en estos tiempos de incertidumbre tan parecidos a los que él vivió, se convierte en una autoridad de la Santa Iglesia en la que poner nuestros ojos.

 En ofrenda a los Mártires de Córdoba, pidiendo su poderosa intercesión, ponemos este artículo bajo su poderoso amparo.





TRES CULTURAS TRALARÁ... LARÁ, LARÁ.



Imagínese el lector que esto que viene a continuación es una tertulia entre "amigos":



 Américo Castro: "Sometidos al Islam quedaron grandes masas de cristianos (los "mozárabes"), que continuaron viviendo al amparo de la tolerancia musulmana durante cuatro siglos, hasta que las invasiones de almorávides (1090) y de almohades (1146) -tribus fanáticas de África- terminaron con ellos." ("España en su Historia. Cristianos, moros y judíos", año 1948.)



Álvaro de Córdoba: "Cada día cubiertos de oprobios y mil cúmulos de afrentas, ¿podemos decir que no tenemos persecución? Pues, para callar otras cosas, cuando los mahometanos ven que los cuerpos de los difuntos cristianos son llevados por los sacerdotes del Señor para darles sepultura... ¿no es cierto que gritan: "¡Dios, no te compadezcas de ellos!"? ¿No es cierto que los mahometanos apedrean a los sacerdotes de Cristo, insultando con palabras ignominiosas a los cristianos? ¿No es cierto que los mahometanos arrojan estiércol inmundo sobre el cortejo fúnebre que acompaña al difunto? ¡Ay de nosotros, nuevamente y mil veces, que soportamos esta irrisión de sus burlas y dudamos del tiempo de la persecución del Anticristo!" ("Indículo luminoso", escrito en Córdoba, el año 854.)



 Maestro Gelimer: ¿Ese es el "amparo" y la "tolerancia" de los invasores, antes de que vinieran las tribus fanáticas de África (almorávides y almohades), Castro? Américo Castro, como historiador, tendría que conocer al P. Flórez que da cuenta del "Indículo luminoso", a Menéndez Pelayo... E incluso a Mario Méndez Bejarano, los cuales tratan esta cuestión historiográfica de la apologética mozárabe con sede en la Córdoba afligida durante la aciaga centuria del 800... ¡A cualquier pelagatos le llaman historiador!



AMÉRICO CASTRO MIENTE.

Barack Obama, presidente de los EE.UU.: "El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba." (El Cairo, año 2009.)



Álvaro de Córdoba: "¿Hay, por casualidad, alguno todavía, poseído por la ceguera del error y manchado por la de la iniquidad que niegue que la persecución existe en nuestro tiempo?" (Indículo luminoso, Córdoba, año 854.)



 Maestro Gelimer: Álvaro, Álvaro... Pasa el tiempo y no deja de haber ciegos, por el error y por la iniquidad, aunque se vistan de corderos, lobos que hambrean por devorar a las ovejas de Cristo. Ese inquilino de la Casa Blanca no puede ser disculpado ni siquiera por su incultura afroamericana, adicta al baloncesto y a la comida basura, como a los libros basura. Lo que dijo en El Cairo, lo dijo por vicio demagógico, creyéndose Kennedy o Martin Luther King... Pero en su irresponsabilidad, Obama justificaba las pretensiones del islamismo sobre nuestra patria.



BARACK OBAMA MIENTE.





La Mezquita supra-basílica de Córdoba, escenario principal de la inmolación de los Santos Mártires Milicia de Cristo.







Roger Garaudy: "Entre los años 851 y 857 [San Eulogio de Córdoba] escribe el Memorial de los santos. Documento del martirio y la Apología de los mártires, incitando a la provocación heroica para impedir la propagación del Islam. Algunos exaltados, siguiendo su llamada, entran en los lugares de rezo de los musulmanes e injurian e insultan a su profeta. Conducidos delante de los jueces son condenados a muerte. Un sínodo católico se reúne con el fin de tratar de borrar esta epidemia de suicidas y, tras condenar la teoría de Eulogio sobre el martirio, causante de la crisis, le entrega a las autoridades. Eulogio fue condenado y ejecutado algunos años más tarde y la Iglesia le venera como mártir desde entonces" ("El islam en occidente. Córdoba, capital del pensamiento unitario", escrito en Córdoba, al amparo del gobierno comunista de la Ciudad del Arcángel San Rafael, año1987.)



Maestro Gelimer: Expliquemos la frase de Garaudy que nosotros hemos marcado en negrita:



Abderrahmán II, aterrorizado ante el huracán sagrado de los Soldados de Cristo que confesaban la fe, fortalecidos por el Espíritu Santo a través del verbo ígneo de San Eulogio, decide acabar con la situación. Como podemos ver, la resistencia pacífica no la inventó Gandhi. El emir convoca un Concilio (¡¡¡un musulmán convocando un concilio!!!). Los obispos mozárabes colaboracionistas, encabezados por el metropolitano de Hispalis -Recafredo- se reúnen y condenan el "martirio" de los santos mozárabes. El emir se hace representar en dicho conciliábulo por un tal Gómez, mozárabe que tenía el cometido de cobrar los impuestos a sus compatriotas, en el oficio más rastrero y vil que manifiesta la sumisión. El tal Gómez hizo bien los deberes: pidió, en nombre de su amo y señor que las autoridades eclesiásticas de la Bética ocupada desaprobaran la inmolación martirial, pues este Viento Sagrado era considerado como algo mortífero para la vergonzosa paz que ofrecían los invasores, la morisma que había usurpado el poder en la Península y ocupaba España. Los obispos cobardes así lo hicieron, complaciendo al emir y a su lacayo; y así las cosas, los prelados, meneando el rabo cual perritos falderos, entregaron por 30 monedas, cual Judas Iscariote, al fidelísimo y heroico Eulogio. Gómez, esa miserable alimaña depredadora de tributos, renegaría de la fe cristiana con el correr de los años y se convertiría al Islam. Como bien titulara un libro suyo el obispo emérito de Córdoba, D. José Antonio Infantes Florido: "En Córdoba empezó la Reconquista".



Recapitulemos: Un Concilio congregado a la orden de un musulmán (Abderrahmán II), dirigido por un colaboracionista renegado (el inspector de Hacienda del emir, Gómez) y secundado por una gavilla de obispos cobardes (encabezados por el relajado colaboracionista Recafredo... ¿es un Concilio católico o es una farsa conciliar de la peor especie?)



No vamos a molestarnos en responder a esta pregunta retórica que acabamos de formular. Huelga hacerlo, pues hay que ser deficiente mental o un blandengue pelele o, simplemente, una serpiente sofística para afirmar que eso fuese un "concilio católico". ¿Qué es Garaudy? No creemos que sea ni lo primero ni lo segundo.



EN ESA AFIRMACIÓN QUE GARAUDY HACE Y NOSOTROS HEMOS EXPLICADO:



GARAUDY MIENTE.



Roger Garaudy: "Vamos a tratar de rastrear el itinerario espiritual de la España musulmana, de esta España, país de Europa, en el que tuvo lugar, por la simbiosis del pueblo judío, cristiano y musulmán, el nacimiento de la más alta concepción del hombre y su finalidad última. Y este itinerario lo vamos a realizar siguiendo los esplendorosos jalones, los inigualables monumentos, las maravillosas obras que se crearon en España durante los siglos de período musulmán en la Península (del siglo VIII al siglo XV)" (Op. Cit.).



 Maestro Gelimer: Eso es, Garaudy... Como dice la canción: "Vamos a contar mentiras, tralará lará lará..." Y que las crean los desinformados que se pasean por la Torre de la Calahorra, esa que te cedieron y que tú has decorado a tu gusto... Y, ya puestos, que te lo agradezcan, con sus palmaditas en las espaldas y sus alabanzas los traidores y los renegados. Pero con nosotros, con los Soldados de Cristo, no cuentes.



NOTA: Animamos a todos los lectores contemporáneos a tomar como lectura espiritual la obra de San Eulogio de Córdoba. No es fácil adquirirla, pero iremos ofreciendo los textos para el bien espiritual de nuestros lectores. Esos textos cobran una actualidad inquietante. Hagámonos fuertes en ellos para los acontecimientos futuros que se avecinan. Y si el Viento Sagrado vuelve... No vayamos al martirio sin defendernos.



 San Eulogio, ora pro nobis.



 Publicado por Maestro Gelimer en 23:57 0 comentarios



BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS I


BASES PSEUDOINTELECTUALES DEL MITO DE LAS TRES CULTURAS I







Iremos presentando por entregas un texto que consideramos fundamental. Su autor es D. José Luis Martínez Sanz y fue publicado en la revista HESPÉRIDES allá por el año 1997. Merece la pena para hacer una primera aproximación a las bases que sostienen el falaz MITO DE LAS TRES CULTURAS. Siguiendo la consigna de Barataria Tradicionalista, queremos contribuir a la tarea propuesta de combatir sin tregua la mentira histórica forjada contra España desde parámetros triculturalistas.





 En nuestros drías están apareciendo por doquier publicaciones, artículos, lugares públicos, conferencias, citas, etcétera, en los que se va imponiendo un neologismo o expresión aparecida recientemente en nuestro país: la "España de las tres culturas". Quienes crearon y mantienen este mito, parten de la idea de que España, como tal e incluso su mismo nombre, surge en la Edad Media y viene a ser el producto o consecuencia de la fecunda unión de tres culturas: la musulmana, la judía y la cristiana. Eso habría creado al pueblo español, que entre sus antepasados tendría necesariamente a judíos y árabes, lo que haría que España fuese el ejemplo internacional de un mestizaje cultural supuestamente modélico.



¿DONDE NACE EL MITO DE LAS "TRES CULTURAS"?



 Para basar en la Historia este hipotético esquema sociocultural, se cita como hecho objetivo y real la presunta existencia de un tiempo idílico en que se habría dado esa convivencia y cuyo mejor exponente era la supuesta Escuela de Traductores de Toledo: sabios y eruditos de las tres culturas se habrían juntado en ella y aportado sus conocimientos y, como fruto de eso y de las traducciones de libros en los que se contenían sus tres culturas, se formó en lengua romance (la del pueblo español) un saber y una cultura que es la base de la cultura actual de España.



 El mejor ejemplo de esta fecunda convivencia sería Maimónides, el judío andalusí cuyo saber -se dice- iluminó a las culturas musulmana y cristiana de España... e incluso de toda Europa. En su ciudad, la Córdoba de los sirios califa Omeya (refugiados o exiliados heterodoxos que subsistían en el extremo occidental de un mundo musulmán dirigido por el califato iraquí de los Abasíes), existía un centro de estudio similar a una universidad actual, que difundía los saberes de Asia y de Grecia por todo Al-Andalus, por los reinos cristianos de España y por el resto de Europa. Por eso, en reconocimiento de esta supuesta labor de mestizaje cultural, los agradecidos ciudadanos cordobeses habrían erigido un monumento a Maimónides.



 De los anteriores argumentos se deduce que España y su cultura serían el producto de esa convivencia entre miembros de las tres culturas, que deberían ser consideradas en paridad e igualdad: las tres habrían formado España, y ésta sería patrimonio de las tres. Tan curiosa idea se basa en los escritos de Américo Castro, en cuyos libros parece fundarse esa formulación sincretista de España como resultado del mestizaje cultural de judíos, moros y cristianos; más en concreto, hay que precisar que tal idea se basa en su obra España en su historia. Cristianos, moros y judíos, escrita por Castro en 1946, durante su estancia en la universidad norteamericana de Princeton. Esta obra, rehecha tras su desafortunada polémica con el gran maestro Claudio Sánchez-Albornoz, se editó en 1954 con el título La realidad histórica de España, que algunos toman como el catecismo del sincretismo cultural de España... Con el mismo fervor con que utilizaban el de Marta Harnecker como catecismo del marxismo.


viernes, 12 de agosto de 2016

Así fue posible el expolio de España

 Así fue posible el expolio de España

Políticos, historiadores y funcionarios ayudaron al despojo de monumentos y colecciones, según la investigación dirigida por Inmaculada Socias. 
 jesús garcía calerocaleroje / Madrid  
 abc 

 Por primera vez, un grupo de historiadores ha tenido acceso a la correspondencia que los marchantes de arte enviaban a los grandes potentados norteamericanos que compraron ingentes cantidades de obras de arte y antigüedades del patrimonio español al principio del siglo XX. Hablamos de William Randolph Hearst, el celebre magnate que inspiró «Ciudadano Kane», o de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of América.
Inmaculada Socias, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, ha coordinado y escrito en los primeros volúmenes este triste relato de expolio, que fue consentido, cuando no animado, por destacados historiadores y responsables políticos españoles.
Doble vida 
 Todos los personajes de esta historia tienen doble vida. En la cúspide encontramos exitosos historiadores, como José Pijoan; políticos y filántropos, fundadores de museos, como el marqués de la Vega-Inclán; artistas como Ricardo Madrazo, emparentado con una saga que incluye algún director del Museo del Prado, responsables de monumentos como José Gestoso o asiduos conocedores de la élite social y diplomática, como el celebérrimo Arthur Byne, que logró llevar a EE.UU. claustros y monasterios desmontados por piezas. Todos ellos le avisaban y, en ocasiones también, ejercían de marchantes a comisión.
 Tras la Desamortización y el 98 con una crisis económica galopante, los potentados americanos tenían decenas de ojos y oídos en España y dinero para inundar el mercado. Las autoridades no acertaron a evitar la diáspora de lo mejor del arte español, que hoy se encuentra en museos y colecciones de todo el mundo.
Era el momento de contar esta historia 
 En palabras de Jonathan Brown, «incomprensiblemente, los historiadores del arte españoles han evitado hasta ahora contar la historia del “expolio de Hispania”, un cuento triste que combinó fatalmente la avaricia y la ignorancia. Pero el tiempo de reconstruir estos lúgubres eventos sin desmentido posible ha llegado. Permiten comprender la mentalidad de las clases altas y de los guardianes del patrimonio artístico». «La profesora Socías -añade- ha jugado un papel de gran relieve, su libro sobre Huntington es definitivo, fundado en una investigación exhaustiva del nutrido archivo de la Hispanic Society, que ha sido embajador permanente de la alta cultura española en EE.UU».
 Siempre se ha dicho que Huntington no compraba obras de arte en España «porque estoy en contra de importunar a dichas aves del paraíso posadas en sus alcándaras», confiesa en carta a su madre. Pero lo cierto es que buena parte de su colección fue cosechada por sus agentes, decenas de ellos. Según desvela el trabajo de Inmaculada Socias, su red se extendía por otros países, e incluía marchantes profesionales, pero en España actuó de manera continua.
Los principios de Arthur Byne 
 La frontera entre el marchante y el historiador, entre el agente y el anticuario es difícil de definir en aquella España. Por ello, la meritoria labor de mecenazgo de Huntington debe quedar también indisolublemente asociada a su actividad comercial. A menudo costeaba a sus agentes viajes para realizar publicaciones culturales que servían además como trabajo de campo para detectar piezas valiosas.
 Viajar con una carta de presentación de la Hispanic Society abría muchas puertas, y de hecho Arthur Byne comenzó así sus andanzas en España. Autor directo del expolio de los monasterios de Sacramenia y Óvila, estos dos casos para Byne fueron minucias (según el profesor José Manuel Merino de Cáceres, que acaba de publicar junto a Mª José Martínez Ruiz una extensa monografía sobre el personaje «W.R.Hearst: el gran acaparador» en Cátedra), comparados con el cúmulo incontable de arte expoliado sin el menor escrúpulo, empezando por 80 artesonados, innumerables pinturas y miles de piezas.
Enamorado de España 
 Lo cierto es que Byne acabaría siendo el factótum de Hearst en España, operando sin dejar rastro desde su palacete madrileño de don Ramón de la Cruz, 5. Se codeó con lo mejor de nuestra sociedad y no hay más que leer la necrológica que publicó Blanco y Negro (18-08-1935, pág. 135; hemeroteca.abc.es) para entender la consideración que, como hispanista condecorado, se le tenía.
 Desgraciadamente, la ley en España fue siempre por detrás de esta realidad y nunca paró la sangría. Hasta 1911 se permitía el comercio internacional con las obras de arte españolas y, cuando se regula la legislación protectora del patrimonio, al llegar la República, el claustro de Sacramenia, desmontado y empaquetado, ya está rumbo a EE.UU.
Un Greco de Aranjuez 
 Precisamente, la destructiva actividad de Byne en España es uno de los principales motivos por los que Huntington rompió con él, y hay que decirlo en su honor. Pero hay otro caso revelador, que tiene por protagonista a Francis Lathrop, otro de sus artistas/ agentes. En una carta a Huntington acuerdan un código para hablar de un Greco de Aranjuez que perteneció a la Infanta Cristina, pero que sus herederos se disponían a vender en 1901. Acuerdan por carta que la palabra «Hold» significará compra. «Rye Express», el Greco. Mayo son 25.000 dólares, junio 30.000, julio 35.000 y agosto 40.000. Al concretar la compra, emitirían un telegrama «Hold Rye Express for July», que significaba «comprar el Greco de los Borbón por 35.000 dólares».
Josep Pijoan, el autor de «Summa artis», fue estrecho colaborador de Huntington, y agente suyo sobre todo en París y Londres, adonde llegaban también innumerables piezas del patrimonio español. Le recomendó comprar piezas que sabía que completarían la colección de su mecenas. Pocos meses antes de la guerra civil, desde España, Pijoan escribe a Huntington tras un encuentro con un anticuario que le ofrece textiles y bronces.
Ricardo y Raimundo Madrazo 
Raimundo y Ricardo de Madrazo ofrecieron a Huntington dibujos de Goya, algún manuscrito de Lope de Vega y lienzos de Mazo, siempre tratando de hacerlo entre bambalinas, fuera del mercado «oficial». En Castilla y Andalucía, el coleccionista recibía piezas desde fíbulas de oro a azulejos moriscos, incluso una oferta por el patio del Castillo de Vélez Blanco, por prestigiosos funcionarios y académicos correspondientes. Incluso de nobles en situación precaria.
 Hubo un anticuario, Raimundo Ruiz, que acabó organizando almonedas en Nueva York adonde hacía llegar obras del patrimonio, saltándose toda ley. Las autoridades ordenaron detener en 1926 un barco en Burdeos, el «Chicago». Ruiz había solicitado permiso para exportar 613 de objetos artísticos, pero se las había ingeniado para cruzar la frontera y realizar el envío, con ayuda de anticuarios franceses y americanos. Más de 4.500 objetos incluyendo un Greco, 12 pinturas, una sillería de coro, varias esculturas…
 Socias opina que la falta de conciencia de la clase dirigente y la presión compradora de grandes coleccionistas se unió a la mala situación económica. Su investigación aporta «aspectos absolutamente desconocidos por la sociedad y que han permanecido en la penumbra y entre densas nieblas». Y opina que el mercado del arte tiene aún la misma iluminación.
Quién fue quién

 Marqués de la Vega-Inclán
 (1858-1942).Fundador del Museo Romántico, creador de las Casas del Greco y Cervantes, político con responsabilidades en la dictadura de Primo de Rivera, patrono del Prado, su biografía en favor de las artes deberá incluir gracias a esta investigación sus actividades en la compraventa de obras de arte de los grandes pintores de la escuela española.
 Ricardode Madrazo
 (1851-1917). Trabajó para los Havemeyer y Huntington. Destacado miembro de la saga de pintores, él y su hermano Raimundo ofrecieron a la Hispanic obras de la colección de la viuda de Fortuny, incluyendo Goyas, Mazo, y piezas de los duques de Lerma y los marqueses de Narros, como algún Velázquez. Sus ventas eran «ajenas» al mercado.
 José Pijoan
 (1881-1963) Prestigioso historiador del arte, fundador del Institut d’Estudis Catalans y militante del noucentisme, autor de «Summa Artis» y profesor en Canadá y EE.UU. Fue asesor de Huntington y también le recomendó la compra de numerosas obras de arte español. Recolectó piezas para el Museo de Cataluña y catalogó fondos de la Hispanic Society.
 Arthur Byne
 (1884-1935).El mayor expoliador que vio nuestro país, trabajó para Hearst, y colaboró con Huntington. Monasterios, portadas de iglesias, castillos, artesonados (80), miles de pinturas, esculturas y piezas arqueológicas... nada se le resistió. Pingües beneficios para alguien a quien España condecoró como hispanista.

As fue posible el expolio de Espaa - abcdesevilla.es


MI QUERIDA DE ESPAÑA (Juan Pablo Mañueco)

MI QUERIDA DE ESPAÑA (Cecilia)

Mi querida España. 
Esta España viva, 
esta España muerta. 

De tu santa siesta 
ahora te despiertan 
versos de poeta. 
¿Dónde están tus ojos? 
¿Dónde están tus manos? 
¿Dónde tu cabeza? 

Cecilia “Mi querida España”.
A los 40 años de la muerte de la cantante
en accidente de tráfico. 2-Agosto-76

Mi querida España.
Esta España herida,
Esta España en vida.

En tu eterna siesta
poca gente honesta
a ti te gobierna.
¿Dónde está tu guita?
¿Dónde las pensiones
de la gente vieja?

Mi querida España.
Esta España herida
casi ya sin vida. ¡Ay, ay!

Mi querida España,
Esta España viva.
Esta España muerta.

Mi querida España,
tu clase política 
es siempre tan vieja.

Nunca se renueva,
sigue siendo vieja,
aun con caras nuevas…
¿Quién chupa tu sangre,
quién bebe tu sangre
y te deja seca?

Mi querida España.
Esta España herida
casi ya sin vida. ¡Ay, ay!

Mi querida España.
Esta España viva.
Esta España muerta.

Mi querida España.
Esta España en duda.
-¿Qué fuerza es la honesta?
Quiero que tú, tierra,
te alces de tu siesta
y halles la respuesta.

Mi querida España.
Esta España herida
casi ya sin vida. ¡Ay, ay!

Mi querida España.
Esta España viva.
Esta España muerta.

Juan Pablo Mañueco.
http://blogs.periodistadigital.com/juan-pablo-manueco/2016/03/13/bibliografia-y-biografia-de-juan-pablo-manueco/ .



jueves, 11 de agosto de 2016

EL QUE CORTA EL BACALAO (Juan Pablo Mañueco)


EL QUE CORTA EL BACALAO de la conversación vuelve a ser Manolo Torija Martínez que torna a enhebrar el hilo de la conversación a la aguja del diálogo conducido por él, la cual va a seguir cosiendo el tema de debate llamado Triespaña.

-Pues sí señores, Triespaña, o la conjunción plutocrática de los capitales de Barcelona, Bilbao y Madrid es lo que manda en España desde principios del XIX hasta aquí.

-¿Y todo lo que ha habido en medio?

-Realizaciones políticas de ese poder verdadero, oculto y secreto que ha regido la nación española desde entonces.

-Entonces, ¿los partidos políticos del XIX, del XX o del XXI?

-Marcas blancas. Tú te pones en este, tú te pones en aquel, y entre todos vamos sacando el capital y nuestros intereses triespañoles adelante.

-¿Triespañoles?

-Sí, triespañoles, ya he dicho a qué tres territorios sirve Triespaña con desprecio absoluto de los restantes: el resto de España a Triespaña no le importa nada.

-Y entonces ¿qué es España para Triespaña?

-Sólo tenemos utilidad como colonia y como territorio que explotar para extraer materias primas, energía, población emigrante y recursos de ahorro, que, evidentemente, succionan también hacia sus propios bancos y, a través de ellos, hacia sus propios territorios.

-¡Vaya panorama que está pintando usted! –dijo Pedro Bernardo-.

-El que hay. 

Juan Pablo Mañueco.
De la novela "Viaje a la Alcarria y las cincuenta primeras castellanas" (2016)


Expolios (Juan Manuel de Prada)


Expolios 

Juan Manuel de Prada 



En 1793, Moratín visitaba la Real Academia de las Artes de Londres y afirmaba que solo había 856 cuadros, de los que 331 eran retratos. «Los otros añadía son vistas, ruinas y paisajes. Hay una gran escasez de cuadros de gran composición y estudio, exceptuando media docena de obras ejecutadas por buenos pintores. Lo demás es fundamentalmente mezquino y pueril, propio para adornos de gabinete o cajas de tabaco». Si Moratín hubiese visitado unas décadas más tarde los museos londinenses se habría tropezado con multitud de obras maestras españolas (que, ciertamente, dejan el insignificante arte británico a la altura del betún), que todavía siguen luciendo en sus paredes. Y lo mismo ocurre en museos franceses o americanos, así como en multitud de colecciones privadas logradas mediante la rapiña y el comercio ilícito.

 En su obra Pintura española fuera de España, Juan Antonio Gaya Nuño llega a computar hasta tres mil ciento cincuenta tablas y lienzos de todas las épocas que nos han sido arrebatados; pero tal catastro es tan solo la punta del iceberg de un desastre sin paliativos que incluye también obras escultóricas y hasta arquitectónicas, arrambladas por saqueadores que se pasearon por los pueblos de España perpetrando los latrocinios más sangrantes, a veces con beneplácito gubernativo. Tampoco se detiene Gaya Nuño a considerar la multitud de obras que no se hallan en España, pero tampoco fuera de España: obras de arte destruidas por iconoclastas de diverso pelaje, abandonadas a la incuria, despedazadas por la vesania de los hombres. Podría elaborarse sin dificultad una historia de España, durante los siglos XIX y XX, que fuese un relato de los latrocinios artísticos padecidos por nuestra nación. Tal historia podría iniciarse con la ocupación napoleónica de 1808, que permitió a los gabachos repetir en nuestro suelo los episodios de violencia en las personas y en las cosas que caracterizaron la Revolución Francesa. Tal vez la gente tenga una vaga noción de los destrozos y rapiñas perpetrados por la soldadesca, pero ignore que los gerifaltes napoleónicos estaban poseídos por la misma enfermedad: desde el cuñadísimo Murat, que saqueó el palacio de Aranjuez, al hermanísimo Pepe Botella, que huyó de España con centenares de carruajes cargados con obras de arte procedentes del Palacio Real de Madrid (interceptadas luego, por cierto, por Wellington). Y después de los estragos causados por la francesada, vendrían las infaustas desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, que auspiciarían (¡bajo manto legal, como buenos liberales que eran!) un proceso de devastación, disgregación, venta y extravío de nuestro arte religioso sin precedentes... para enriquecimiento de terratenientes, oligarcas y caciques.

Durante el siglo XX prosiguió el expolio, que alcanzaría cúspides de aberración y furor iconoclasta durante la Guerra Civil. Pero, aunque ningún episodio expoliador revistiese la gravedad de los acaecidos durante aquellos años de sangre, las destrucciones de nuestro patrimonio no se detuvieron ahí. Antes y después de la guerra, coleccionistas y anticuarios, a veces extranjeros como el desaprensivo Arthur Byrne, que llegó a desmontar, piedra a piedra, el claustro del monasterio de Santa María de Sacramenia, para solaz del megalómano magnate William Randolph Hearst y a veces autóctonos, como el catalán Federico Marés (¡cuyos incontables saqueos se reúnen tan ricamente en un museo que lleva su nombre en Barcelona!), siguieron expoliando sin remilgos. Y aún el patrimonio español habría de enfrentarse a otra plaga, asociada a la reforma litúrgica, que propició que cientos de iglesias fuesen despojadas de sus altares, sillerías, sagrarios, retablos, púlpitos e imágenes, en un desquiciado deseo de 'adecuar' el arte sacro a las tendencias pachangueras y casposas que se imponían en los primaverales años sesenta.

 Los siglos XIX y XX en España constituyen, en efecto, un inacabable rosario de rapiñas y expolios artísticos. Pero, si no nos conformáramos con elaborar un catastro de saqueos y aspirásemos a hacer filosofía de la Historia, descubriríamos que todos estos episodios de latrocinio e iconoclasia obedecen (pese a disfrazarse a veces de codicia, a veces de coartadas ideológicas, a veces incluso de excusas filantrópicas o de aggiornamento estético) a un impulso común. Y ese impulso común no es otro sino el odio religioso, un sentimiento que enardece por igual a los pueblos convertidos en chusma y a sus élites más refinadamente sibilinas, y que encuentra una de sus expresiones más características en la aversión rampante y frenética a la Belleza.