viernes, 12 de febrero de 2016

La promoción del bien común

Marcando el Norte: La promoción del bien común

Este bloque de programas de "Marcando el Norte", en el que intervienen el profesor Javier Paredes y don Alberto Pascual, ingeniero de telecomunicaciones y secretario adjunto del partido político "Alternativa española", está dedicado al tema de la doctrina social de la Iglesia en la política.

En este sexto programa del bloque, don Alberto Pascual responde al interrogante sobre el bien común. La defensa del bien común guarda relación con una sociedad bien construida y cuyos objetivos no tienen nada que ver ni con el imperio del egoísmo individualista, ni con el predominio del bien partidista, ni con la corrupción consentida por los gobiernos...

Este programa resulta especialmente útil para poder discernir cuál es la frontera que separa el territorio del bien de los espacios en los que se asienta el mal.


PODEMOS. LAS IDEAS DE GRAMSCI. Muy interesante.



PODEMOS. LAS IDEAS DE GRAMSCI. Muy interesante.






Recibido de un amigo que conoce muy bien, al menos teóricamente, las teorías políticas. Es su profesión


 
"Culturilla" para saber el futuro que nos pueden deparar estos "progres" de podemos. .
 Espero que los del PSOE, donde hay gente muy preparada, conozcan todo ésto.
 
 
                                           
LO QUE ESTÁ HACIENDO PODEMOS
 
 
La ideología subyacente de la estrategia de Podemos
 
 
En la actualidad, vivimos una era post-marxista en la que gran parte de la nueva teoría política que alienta en los rescoldos del marxismo, tiene sus raíces en las ideas de Gramsci. Gramsci era un líder comunista italiano que, tras la detención por Mussolini de la cúpula del Partido Comunista Italiano en 1923, pasó a convertirse en el máximo dirigente del partido, refugiándose en Viena. Tres años más tarde, fue detenido por los alemanes y entregado a Italia, donde, prácticamente, murió en la cárcel, ya que murió en el hospital al que fue trasladado desde la cárcel en estado terminal. Fue en prisión donde escribió sus Cuadernos de la cárcel.
 
Son las ideas marxistas de Gramsci una de las fuentes que alimentan la estrategia de los movimientos bolivarianos y la de los movimientos populistas europeos, como los de Syriza en Grecia y Podemos en España. El planteamiento de Gramsci es que la batalla política hay que darla en lo que Marx llamaba las superestructuras. Es una batalla ideológica en la que el objetivo último es la conquista del poder para, desde él, hacer la revolución y cambiar las estructuras. Para Gramsci, esa conquista ha de lograrse consiguiendo la hegemonía, lo que consiste en lograr el respaldo de la mayoría, haciéndoles creer a los ciudadanos que los objetivos del partido son los intereses del pueblo, para lo cual, conviene ocultar los verdaderos objetivos y envolverse en un velo de antisistema que capitalice el descontento y arrastre a las masas bajo la bandera del anti estado actual de las cosas, sin hablar del qué hacer ni de cómo conseguirlo.
 
Para alcanzar el poder está el camino de la revolución proletaria, pero no hay que descartar la vía de la participación en el juego de la democracia burguesa, como alternativa para lograr la implantación del socialismo científico; arrastrando a las masas mediante todo tipo de promesas y propaganda y capitalizando su descontento con la coyuntura en la que viven. El objetivo final es implantar la dictadura del proletariado. La estrategia a seguir para lograr el poder por la vía democrática, consiste en:
 
-Capitalizar el descontento de los ciudadanos, procurando identificar al propio partido como la única respuesta al cambio, sin desvelar las propias intenciones, ocultando tanto objetivos como programa bajo una nube de ambigüedad y desacreditando a quienes propongan otras alternativas de cambio, denunciándolos como continuistas.
 
Una vez conquistado el poder, hay que mantenerse en él por todos los medios, incluso cuando el soporte popular empiece a decaer con el desencanto de las masas por lo escaso conseguido y las nuevas penalidades. Para ello, son cinco las recomendaciones a seguir:
 
-Controlar los medios de comunicación, eliminando a los disidentes.
 
-Asegurar el soporte del ejército y las fuerzas de seguridad
 
-Neutralizar a la oposición
 
-Depurar los cuadros de mando del propio partido
 
-Fortalecer las alianzas con aquellos partidos que hubiesen facilitado el asalto al poder y con gobiernos ideológicamente afines que puedan ayudar desde el exterior a mantanerlo.
 
Para ello, hay que comenzar cuanto antes a:
 
-Identificar a periodistas y profesionales de los medios ideológicamente afines y trazar un plan para amordazar la libertad de información.
 
-Reclutar altos mandos del ejército y la policía, simpatizantes con la propia ideología, que se vinculen y comprometan con el partido, capaces de captar a otros militares, con capacidad para configurar el alto mando de la defensa y para dirigir al ejército y las fuerzas de seguridad, tras la toma del poder. Es importante prestar atención al grado y empleo de los elegidos, dado que quien recluta a un soldado, dispone de un soldado, pero quien recluta a un general dispone de una división.
 
-Elaborar una lista de personas a neutralizar, a fin de decapitar a la oposición tras el control del poder sin eliminarla por completo, con el objetivo de poder culpar a la oposición de las consecuencias de las medidas desacertadas y de los errores que se puedan cometer cuando se esté ejerciendo el poder.
 
-Identificar a los críticos con la dirección del partido que ocupan cargos de responsabilidad, a fin de eliminarlos tras la toma del poder.
 
-Asumir todo tipo de alianzas, internas y externas, que potencien las posibilidades de acceder al gobierno.
 
Si analizamos los diferentes contenidos de los sucesivos programas de Podemos, vemos como están compuestos de una serie de promesas claramente irrealizables, enmarcadas en una crítica feroz al sistema vigente, alentando el descontento, junto con la esperanza de un mundo idílico. En política económica, proponen versiones de teorías Keynesianas, sin enterarse de que la reciente crisis fue una crisis por sobre-endeudamiento debido a la aplicación incontinente de Keynes por el Gobierno Zapatero. Pero, en opinión de Pablo Iglesias, las deudas son para no pagarlas. Todo vale. El objetivo es alcanzar el poder. Al ser posible, logrando la hegemonía tras convencer al pueblo de que se comparten con él los objetivos, pero si no se logra la legitimidad que proporciona la mayoría, alcanzar el poder con los medios que sean necesarios, incluso la violencia. “El cielo se conquista”, afirmaba Pablo Iglesias. “No solo cabe la posibilidad de ganar o perder la partida, sino que también es posible modificar la configuración actual del tablero o incluso patear el tablero mismo”. Decía Iñigo Errejón.
 
Otro teórico del post-marxismo, Perry Anderson, decía que “La única forma de acabar con el capital es con la fuerza de las armas”. Pablo Iglesias considera que “Hay que conjugar poder y hegemonía”. Las detenciones de opositores en Venezuela y su amenaza de sacar los tanques a la calle si perdiesen las próximas elecciones, ejemplarizan la reacción de las autoridades post-marxistas cuando temen perder la hegemonía conquistada con los métodos de Gramsci y las experiencias en Corea del Norte o Cuba son un buen ejemplo de lo dicho

Cine, cine, cine, más cine ... por favo

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miércoles, 10 de febrero de 2016

Nuevo libro de temática castellana (Juan Pablo Mañueco)

Nuevo libro de temática castellana.

Autor: Juan Pablo Mañueco (Febrero, 2016)

Contenido:
Largo poema narrativo de casi mil versos de extensión que relata, con influencias lorquianas, la guerra entre Fernando II de León y el rey niño Alfonso VIII de Castilla, cuyo lance más conocido es el sitio y cerco de la villa Atienza (España), donde se encontraba refugiado el niño Alfonso VIII.
Los arrieros de Atienza burlaron el cerco de las tropas enemigas, mediante una sucesión de ardides, y cabalgaron durante siete días y siete noches para llegar primero a Segovia y luego a Ávila, donde pusieron al rey niño tras la protección de sus más fuertes murallas.
El poema recuerda los principales acontecimientos de aquella guerra, las causas que la provocaron y su resolución final.
Después refiere las bodas del reyecito Alfonso VIII, cuando tenía 14 años de edad, con la princesita inglesa Leonor de Plantagenet, de tan solo 10 años. Una especie de cuento de hadas, extraído de la Historia más real.
Por último, se refieren las conmemoraciones ininterrumpidas que la "Cofradía de la Caballada" lleva celebrando de aquel hecho a lo largo de los últimos nueve siglos, en la fecha del domingo de Pentecostés.
Asímismo, el Poema cuenta con un largo prólogo, donde se analizan los recursos literarios, poéticos y metafóricos que le han dado origen, y que aporta también algunas ideas para potenciar este festejo, que podría convertirse -sólo con algunos retoques, que se señalan en el prólogo- en uno de los más atractivos del planeta, por su antigüedad, vistosidad y alegría que entraña.
Precio: 2,99 euros

No es necesario creer en Dios


No es necesario creer en Dios



Imaginemos que el presidente de una gran compañía aérea –pensemos, por ejemplo, en la alemana Lufthansa, o en la norteamericana Delta- hiciera unas declaraciones como estas: “No es necesario volar en avión para viajar con seguridad y rapidez. En cierta forma, la idea tradicional de la aviación comercial, no está actualizada. Uno puede perfectamente viajar por todo el mundo sin utilizar jamás el avión. Para muchos, el automóvil o el ferrocarril son una manera perfecta de desplazarse de un lugar a otro. Algunos de los más grandes y famosos viajes de la historia se han hecho sin utilizar para nada el avión, mientras que los más grandes e impactantes desastres provocados por el hombre han sido los accidentes aéreos”.

Imaginemos además que este conjunto de frases, que aparecen como un discurso hilvanado a conciencia, son objeto de difusión masiva en las redes sociales, y generalmente son distribuidas por personas o colectivos con intereses económicos contrarios a los de las compañías aéreas, o por aquellos que representan a potenciales rivales comerciales.

Creo que lo primero que se le ocurriría pensar al inocente lector sería que se trata de algún tipo de manipulación, que es imposible que el presidente de una compañía aérea se refiera a su propio negocio en esos términos.  Pero si no se pusiera en duda su veracidad, supongo que muchos pensarían que ese señor había enloquecido repentinamente. Además, de ser cierto que se había expresado de esa manera, sería inmediatamente cesado por el consejo de Administración, y muy probablemente ingresara en algún establecimiento psiquiátrico por presentar en apariencia todos los síntomas de un grave trastorno mental.

No podría evitarse el desplome del valor de las acciones de la empresa en Bolsa, y por su gran importancia relativa, tampoco la caída de los índices de las principales bolsas occidentales, viéndose implicadas en ello las empresas del sector turístico, bancarias y energéticas, y por supuesto, las del sector aeronáutico. La tormenta financiera se extendería con rapidez, y los medios de comunicación se encargarían de convertirlas en el detonante de un acelerado descrédito del transporte aéreo, con la previsible bancarrota de un sinfín de empresas de algún modo relacionadas con la actividad aérea. La situación acabaría enderezándose, pero ello tras mucho tiempo y mucha energía desplegada en desmentir aquellas declaraciones.

Algo parecido a ello está pasando en estos días respecto a una supuestas declaraciones de su santidad el Papa Francisco. Son estas:

No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso. No es necesario ir la Iglesia y dar dinero. Para muchos, la naturaleza puede ser una Iglesia. Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre.

Circulan profusamente en Facebook y han obtenido un amplio eco periodístico, con titulares como estos: “Francisco asegura a los ateos: No tienen que creer en Dios para ir al cielo”, o “No hace falta creer en Dios para ir al cielo, dice el Papa”. Generalmente son citadas por personas que se jactan de no creer en Dios, de ser ateas, y en muchos casos indiferentes e incluso hostiles a la Iglesia Católica.

Pero en realidad, su autenticidad es muy dudosa, algunas de ellas sí han sido dichas o escritas por el Papa Francisco, pero en un contexto muy concreto, sin que por otra parte ofrezcan novedad alguna. Y respecto de otras muchas, reconozco que no he sido capaz de averiguar cuando y dónde las pronunció o escribió su Santidad.

Con respecto a la primera y más impactante - No es necesario creer en Dios para ser una buena persona -, aparte de ser una evidencia y responder al mito del “ateo virtuoso” (que en el pensamiento moderno, aparece de modo explícito con P. Bayle (1647-1706)), procede de la respuesta que –por escrito- el Papa dio al periodista Eugenio Scalfari, fundador y director del diario italiano La Repubblica, intelectual de izquierdas y ateo, que había dirigido al Papa Francisco varias preguntas sobre la religión y el hombre en la sociedad actual, a través de una serie de editoriales que publicó en su periódico en julio y agosto de 2013. Lo que el Papa escribió fue:

En primer lugar, me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a quien no cree o no busca la fe. Considerando que  -y es la cuestión fundamental-  la misericordia de Dios no tiene límites si nos dirigimos a Él con corazón sincero y contrito, la cuestión para quien no cree en Dios radica en obedecer a la propia conciencia. Escucharla y obedecerla significa tomar una decisión frente a aquello que se percibe como bien o como mal. Y en esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestro actuar.

El Papa recuerda la infinita Misericordia de nuestro Señor y el hecho de que nuestra conciencia no es más que la voz de Dios en nuestro interior.

Por otra parte, su impecable respuesta no supone más que reiterar la doctrina contenida en el Catecismo de la Iglesia Católica –principalmente inspirado en el Concilio Vaticano II en estos temas- que, comenzando por la libertad de la fe –“nadie debe estar obligado contra su voluntad a abrazar la fe” (160)- afirma sin ambages que “creer en Cristo Jesús es necesario para obtener la salvación” (161) “puesto que «sin la fe… es imposible agradar a Dios» (Hb 11, 6)”, por lo que “Fuera de la Iglesia no hay salvación” (846).

Pero a continuación, y citando la Constitución Apostólica Lumen Gentium (1964), añade que “los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios”.

De modo muy hermoso, y refiriéndose al Misterio Pascual –la Resurrección- en la Constitución Apostólica Gaudium et Spes (1965) se afirma: “Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.”

El resto de las frases supuestamente atribuidas al Papa Francisco en esta cita –y que son claramente inconexas, por lo que creo que, de haber sido dichas o escritas por él lo fueron en diferentes momentos, lugares y circunstancias- son, consideradas por separado, una serie de axiomas que no requieren más comentario:

“Uno puede ser espiritual pero no religioso”.
“No es necesario ir la Iglesia y dar dinero”.
“Para muchos, la naturaleza puede ser una Iglesia”.
“Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”.

Pero puestas todas juntas y seguidas, precedidas por la asombrosa afirmación de que “en cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada”, me sugieren una clara manipulación del mensaje papal, y como tal manipulación, me temo que no está hecha con la mejor de las intenciones.


Un texto que no pertenece al papa Francisco circula por la web

lunes, 9 de febrero de 2015


Un texto que no pertenece al papa Francisco circula por la web

"No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso. No es necesario ir la Iglesia y dar dinero. Para muchos, la naturaleza puede ser una Iglesia. Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre".

A este párrafo, atribuido al Papa Francisco, se lo presenta como una "frase entera", una "unidad de sentido", pronunciada o escrita de corrido. No la es. No forma parte, así como se la presenta, de ningún escrito ni catequesis oral del papa. Ninguna de las frases inconexas que conforman el párrafo apócrifo es incorrecta, entendida en un determinado contexto, pero así hilvanadas adquieren un nsentido que va en dirección opuesta a la enseñanza de este pontífice, le guste a quien le guste. Analicémoslas una a una:

"No es necesario creer en Dios para ser una buena persona".

No encuentro en ningún lado una cita papal con estas palabras, aunque hay un párrafo de la carta que Francisco escribe a Eugenio Scalfari, fundador y director del diario italiano La Repubblica, intelectual de izquierda y ateo convencido, un no creyente con quien el papa estableció un diálogo honesto y rico, del cual se podría entresacar esta conclusión, aunque el papa va mucho más lejos. El papa le dice a Scalfari:
"En primer lugar, me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a quien no cree o no busca la fe. Considerando que  -y es la cuestión fundamental-  la misericordia de Dios no tiene límites si nos dirigimos a Él con corazón sincero y contrito, la cuestión para quien no cree en Dios radica en obedecer a la propia conciencia. Escucharla y obedecerla significa tomar una decisión frente a aquello que se percibe como bien o como mal. Y en esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestro actuar".
De cualquier forma, la frase "No es necesario creer en Dios para ser una buena persona" es una frase que refleja una realidad, ya reconocida implícitamente por el Concilio Vaticano II, en el N° 16 de la Constitución Apostólica Lumen Gentium, que dice, respecto de los no creyentes: "Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta".
Creer en Dios no es necesario, ciertamente, para ser una buena persona, porque la experiencia nos muestra a diario que hay no creyentes buenos y malos como también hay creyentes buenos y malos. La fe sola no hace a una buena persona, si no es perfeccionada por la caridad. La sola fe puede ser (y de hecho en muchas oportunidades lo es) un camino individualista de salvación, sin conexión con los demás.
Sin embargo, en el contexto de este párrafo apócrifo, pareciera ser una invitación papal a no creer en Dios, o al menos se presenta como una minimización de la importancia de creer en Dios, cosa que choca de manera absoluta contra la catequesis continuada del papa, accesible en su totalidad en el sitio web www.vatican.va.
Luego aparece una segunda frase que no he podido encontrar en ningún discurso, catequesis o escrito papal:

"En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada".

Dejando salva la cuestión de que el conocimiento posible de Dios por parte del hombre, construido a través de la revelación a lo largo de la Historia de la Salvación y especialmente a través del Evangelio vivo de Jesucristo ("Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quiera revelar" (Mt. 11,27) no puede adaptarse a la necesidad de un tipo determinado de Dios que necesite la humanidad de cada época, ya que Dios es en sí mismo, independientemente de la idea que tengamos de Él, dejando salvo esto, repito, es cierto que a lo largo de los tiempos se ha generado en muchas personas una imagen falsa de Dios que no responde al Padre que nos revela Jesucristo. El Papa Juan XXIII sostenía, al convocar al Concilio, que la vieja y eterna doctrina del Catolicismo debía ser presentada en nuevas y atrayentes formas,  de manera que mostraran todo su sentido al hombre de hoy. La palabra "tradicional" tiene para muchos una connotación peyorativa, aunque técnicamente significa "lo que ha sido transmitido de generación en generación". Desde esta perspectiva, esta frase (que insisto, no me consta que haya sido dicha por el papa Francisco ya que no figura en los catálogos de su enseñanza) puede ser expresada así: "La idea de Dios que nos ha sido transmitida de generación en generación con fidelidad, debe ser expresada hoy con un lenguaje actual, comprensible a la cultura de este siglo XXI". Desde esta perspectiva, la frase es cierta. Si quisiera decir que hay que cambiar lo que la Iglesia ha creído y cree respecto de Dios, entonces es falsa de toda falsedad.
La frase siguiente, pegoteada en este apócrifo, pero que tampoco pude encontrar en el magisterio del papa Francisco, es sin embargo cierta:

"Uno puede ser espiritual pero no religioso".

Efectivamente, hay muchas espiritualidades que no constituyen religión. La New Age es una de ellas. Esto es una afirmación que describe una realidad, y hay personas con riquezas espirituales que sin embargo no creen en un Dios trascendente, ni en la vida eterna, ni en una religión determinada. Pero conociendo el magisterio del papa (e incluso el del cardenal Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires), afirmo taxativamente que el papa enseña continuamente la bondad de la religión, y de la vivencia de la propia religión dentro de la comunidad, que es la Iglesia. Una vez más, el autor de este compuesto intenta aprovechar el prestigio del Papa para hacer creer que para el papa es lo mismo ser creyente que no serlo, es lo mismo ser religioso que no serlo. El papa respeta y ama a todos, creyentes o no, religiosos o no. Pero su enseñanza es clara: Cristo, el hombre-Dios, es ejemplo del hombre religioso, y la Iglesia invita a todos los hombres a la imitación y seguimiento de Cristo.
La siguiente frase tampoco pudo ser encontrada en la catequesis papal:

"No es necesario ir la Iglesia y dar dinero".

Contextualizada dentro del apócrifo, y siguiendo su sentido, pareciera querer decir que no es necesario ir a la iglesia (templo) y dar dinero para ser buenas personas. En este aspecto, me permito discrepar al menos parcialmente con el autor de la frase atribuida al papa: "obras son amores, más que buenas razones", reza el refrán. Dar a los pobres, dar al que necesita, es signo (cuando es un dar desde el corazón) de caridad, de amor. Y es la caridad la que nos hace buenos. Si utilizo una frase como esta para justificar mi reticencia a compartir mis bienes, entonces me convierto en lo que creo combatir: un hipócrita. La caridad, el compartir, es la base de la enseñanza papal, y es también una enseñanza de Cristo y de la Iglesia. Ciertamente que no hablamos de ir al templo a depositar una limosna y "comprar" así la salvación. Tampoco consiste la cosa en "dar dinero al cura", sino de sostener la Iglesia, que en el caso de las parroquias no recibe dinero más que de las colectas. Con las colectas se costean tanto las obras de caridad parroquiales como el mantenimiento del templo, los impuestos, los servicios y (claro está) la alimentación, vestido y necesidades de los sacerdotes. Cabe decir que en demasiadas ocasiones los sacerdotes tienen que salir a trabajar en colegios para solventar las necesidades parroquiales y personales que las colectas no alcanzan a zanjar.

"Para muchos, la naturaleza puede ser una Iglesia".

Tampoco esta frase pudo ser encontrada entre las catequesis del papa. No obstante, es una frase que refleja una realidad, incluso para quien esto escribe. La naturaleza refleja, en muchas ocasiones, el esplendor y la majestad de Dios, así como su amor por sus criaturas. Y uno puede caer en oración con facilidad en el entorno natural. De hecho, muchas veces se celebra la Eucaristía en cumbres de montañas o lugares similares, en donde es fácil experimentar la presencia de Dios.  Pero en el contexto del apócrifo atribuido a Francisco, y en conexión con la frase anterior, pareciera que esta frase negara la importancia del templo, y de acudir al templo, que entre sus muchas cosas buenas ofrece, por un lado, la Presencia del Santísimo, en el Tabernáculo, y es además punto de encuentro de los creyentes, asamblea, ekklesía (comunidad).
La última frase del apócrifo, huelga decirlo, tampoco fue identificada como perteneciente al papa.

"Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre".

Es verdad. Pero también es verdad que en nombre del ateísmo y del desprecio de la religión se cometieron los peores genocidios, como el holocausto nazi sobre el pueblo judío, con 6 millones de muertos; las matanzas estalinistas de campesinos (10 millones), el genocidio del Khmer Rojo de la Camboya de Pol Pot y otros muchos. Y algunos de los hechos monstruosos cometidos "en nombre de Dios" en realidad fueron cometidos por otros intereses, aunque malos creyentes se escudaron en el nombre de Dios para cometerlos. Pero vuelvo a decir: es cierto. Muchas de las mejores personas de la historia no creían, aunque muchas otras de las mejores personas sí creían. ¿Cuál es el sentido de esta frase puesta aquí? Está en consonancia con el sentido de todo el apócrifo: poner en boca del papa católico que no es necesaria la religión, ni la fe, ni los templos, ni el culto.
Todo hombre o mujer tiene el derecho de creer o de no creer. Y tiene también el derecho de fundamentar su creencia o no creencia.

Lo que no existe es el derecho de atribuir a ninguna persona cosas que esta persona no dijo, ni podría haber dicho sin falsear la totalidad de su enseñanza cotidiana.
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