domingo, 19 de octubre de 2014

Ébola en España: la epidemia del miedo


Ébola en España: la epidemia del miedo
Cuando la noche del pasado lunes saltó la noticia del contagio por ébola de una de las enfermeras que atendió al segundo misionero fallecido en España por esta causa, estalló la alarma social.

Se trataba del primer caso en España, en Europa y en el mundo entero de contagio ocurrido de persona a persona fuera de África. Los casos que se habían producido hasta entonces en países occidentales (como los dos misioneros fallecidos en España o el del ciudadano estadounidense que contrajo la enfermedad al viajar a Liberia, su país de origen), eran lo que epidemiológicamente se llama “casos importados”.

El pánico –mucho más contagioso que el virus del Ébola- empezó a extenderse entre la población española.

Los medios de comunicación, encantados de responder a las ansias de información de la población (y de paso, aumentar sus audiencias y sus ingresos) avivan desde el lunes el fuego del miedo.

¡El ébola en prime time! Desde entonces, el minuto de oro de la televisión lo está ocupando cada día la fiebre hemorrágica. Ya no se trata de una tragedia que está ocurriendo en África y que podemos ver tranquilamente en la pantalla desde el sofá de casa, haciendo zapping saltando de Gran Hermano a Máster Chef. ¡Ha llegado a España! ¡Los audímetros echan chispas!

¿Quiere esto decir que no me parezca importante y noticiable que una de las auxiliares de enfermería que atendió al misionero se haya contagiado? ¿Pienso acaso que no debe investigarse a fondo qué ocurrió, qué falló en el protocolo previsto precisamente para evitar contagios? Por supuesto que no. A lo que me niego es a ser cómplice pasivo de la propaganda sensacionalista en torno al ébola. Los mayores estragos que causa una enfermedad cómo ésta tienen su origen en el miedo.

El miedo es lo que subyace en las medidas absolutamente draconianas que los gobiernos de los países africanos golpeados por el ébola están imponiendo a sus poblaciones (cierre de fronteras, cuarentena de ciudades enteras, bloqueo de carreteras y fuego a discreción) y que están a punto de tener, si no las han provocado ya, consecuencias dramáticas reales y un sufrimiento atroz en la población del que tardarán en recuperarse.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de Harvard recién publicado en la gran revista médica Plos One confirma lo que yo mismo anunciaba el otro día desde
Tener S@lud (y le aseguro que hubiera preferido no tener razón): que las medidas de cuarentena de las poblaciones de África para, en principio, evitar la propagación del virus del Ébola, están creando una catástrofe, con un “alza exponencial de los casos detectados”. Así pues, es peor todavía de lo que temía. (1) (2)

Confinadas en sus casas por la represión gubernamental, peor alimentadas que de costumbre y víctimas de una higiene que se degrada, miles de personas han contraído el ébola por culpa de medidas absurdas tomadas bajo la presión de la “comunidad internacional”. Bajo la presión del miedo.

El miedo es una emoción primaria provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. El miedo es real cuando se corresponde con la dimensión del peligro que lo causa. Y es neurótico o patológico cuando es desproporcionado respecto a la amenaza.

El miedo, sobre todo cuando alcanza una dimensión social generalizada, hace aflorar lo peor de cada uno: cuestionarse si se hizo bien repatriando a los misioneros infectados en África (en lugar de dejarles morir allí), el linchamiento público de cualquier responsable que haya tenido algo que ver con la gestión del caso, sin esperar siquiera a depurar responsabilidades, si es que las hubiera.... ¡Que rueden cabezas! Las de quien sea, pero que rueden.

Me gustaría pensar que las centenares de miles de personas que se han movilizado para intentar salvar al perro de la enfermera española de ser sacrificado sienten la misma compasión por la suerte que están corriendo miles de desdichados en África. Incluidos los trabajadores sanitarios que están pagando con su vida la atención a los enfermos.
Diga no al miedo
No se deje manipular y diga NO a la psicosis en torno al ébola. Diga SÍ a la información objetiva y sosegada, a las medidas de precaución tranquilas y de sentido común.

El riesgo de contagiarse con el virus en España, al igual que en el resto de países de nuestro entorno, es muy bajo. Eso no quiere decir que sea inexistente, como se ha comprobado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no descarta que pueda haber más casos, pero lo que sí descarta es que se lleguen a producir brotes como en África. (3).

Creo que es imprescindible evitar que se extienda el pánico irracional. Por eso le animo a reenviar el e-mail de hoy a todo su entorno y a compartirlo en sus redes sociales. Es nuestro granito de arena para luchar contra los verdaderos estragos que está causando esta enfermedad: la ignorancia y la manipulación. Muchas gracias.

¡A su salud!

Juan-M Dupuis



Fuentes:



  1. Ébola: la divulgación de una mentira. Tener S@lud
  2. “Temporal Variations in the Effective Reproduction Number of the 2014 West Africa Ebola Outbreak”. Sherry Towers, Oscar Patterson-Lomba, Carlos Castillo-Chavez. PLOS Currents Outbreaks.
  3. Declaraciones de Daniel Epstein, portavoz de la OMS en Washington. El País. 8 de octubre de 2014.



viernes, 17 de octubre de 2014

LA IMPACTANTE RELACIÓN ENTRE EL ÉBOLA Y EL VUELO MH-17 DERRIBADO SOBRE UCRANIA


LA IMPACTANTE RELACIÓN ENTRE EL ÉBOLA Y EL VUELO MH-17 DERRIBADO SOBRE UCRANIA


 




glenn thomas mh17

Cada vez parecen encajar más piezas en este diabólico puzzle.

Glenn Thomas, consultor de la OMS en Ginebra, experto en sida y, sobre todo, experto en el virus del Ébola, volaba a bordo del Boeing 777 de Malaysia Airlines (el vuelo MH-17), abatido sobre Ucrania este julio de 2014.

Glenn Thomas era uno de los portavoces de la OMS y estuvo involucrado en una serie de investigaciones acerca de las operaciones de prueba con el virus del Ébola en el laboratorio de armas biológicas en el hospital de Kenema, Sierra Leona.

Universidad de Tulane

Universidad de Tulane

Este laboratorio estaba asociado con la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans y colaboraba también con el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EEUU (US Army Medical Research Institute of Infectious Disease)

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Recordemos también que en dicho laboratorio trabajaba el doctor Shiekh Humar Khan, el máximo experto en Ébola de Sierra Leona y considerado un héroe nacional por su lucha contra la enfermedad y que murió el pasado 29 de julio tras ser infectado por el virus.

Shiekh Humar Khan

Shiekh Humar Khan

Ahora que este laboratorio ha sido clausurado por orden del Gobierno de Sierra Leona, emergen detalles sobre los posibles intereses que se ocultan tras su gestión.

Bill y Melinda Gates tienen conexiones con el laboratorio de armas biológicas ubicado en Kenema, y ahora, después de la apertura de una investigación informal, aparece también el nombre de George Soros, que a través de su Fundación, estaría financiando estos laboratorios de armas biológicas.

Glenn Thomas

Glenn Thomas

Glenn Thomas era consciente de las evidencias que demostraban que el laboratorio había manipulado diagnosticos para que dieran positivo para el Ébola (en nombre de la Universidad de Tulane), con el fin de justificar la aplicación de un tratamiento médico obligatorio sobre la población. El objetivo final de esta maniobra sería aplicar una vacuna experimental contra el Ébola que, de hecho, infectaría con el virus a los pacientes.

Glenn Thomas se había negado a participar en este encubrimiento y esa podría ser la razón por la que Glenn Thomas habría sido asesinado (Nota: suponemos que el derribo de dicho avión uniría diversos intereses en diferentes asuntos, algo así como una oportunidad para “matar varios pájaros de un tiro”)

Los medios de comunicación oficiales nunca han informado sobre la presencia del laboratorio de armas biológicas en Kenema, y mucho menos de la disposición de cerrarlo con el fin de detener las pruebas con el Ébola por parte de la Universidad de Tulane.

Geroge Soros

Geroge Soros

El multimillonario George Soros, a través de la Fundación Soros Open Society, ha invertido significativamente y durante muchos años en el ahora conocido como el “triángulo de la muerte del Ébola” formado por Sierra Leona, Liberia y Guinea.

Por lo tanto, Soros sería uno de los principales interesados en acabar con la vida del portavoz de la OMS Glenn Thomas, con el fin de impedir que se propagara a través de los canales oficiales la noticia de que el brote de Ébola fue creado realmente en un laboratorio de armamento biológico.

Esto coincidiría con las denuncias de la población local, que acusaron al centro médico de Kenema de expandir artificialmente el virus, hasta el punto de atacarlo durante el verano, hecho que condujo al Ministerio de Salud de Sierra Leona a cerrarlo el pasado 23 de julio.

Quizás nunca lleguemos a conocer la verdad sobre el asunto, pero cada vez está más claro que todo lo referente al Ébola es uno de los asuntos más sucios y tenebrosos de los últimos tiempos…

Publicado por Alessandra Zavatta en Appunti Italiani

fuentes:




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En defensa de los bienes comunales


eldiario.es

La Meseta

En defensa de los bienes comunales

Cuando las administraciones públicas y regionales siguen enredadas en la pasividad burocrática y en el manejo mezquino y caciquil del poder, es hora ya de que los habitantes del medio rural retomen su propio protagonismo en defensa de sus bienes públicos y concejiles.

En Castilla y León, al menos 2.127.000 de hectáreas están consideradas como superficie catastral colectiva, concentrándose en los Ayuntamientos o en las Juntas Vecinales y compartiéndose su gestión con el Estado, o más bien con las Comunidades Autónomas

En las circunstancias actuales necesitamos repensar su integración en la vida del medio rural y en un desarrollo sensato. No pueden quedar al albur de los intereses más lejanos y privatizadores.

Valentín Cabero. Catedrático jubilado Universidad de Salamanca



Volvemos a detener nuestra mirada en el mundo rural. Y lo hacemos con apasionada y honda preocupación. Cuando la crisis no ha remontado ni un ápice y nos sigue mostrando la caras cínicas de los corruptos y la podredumbre de la ciénaga política. Cuando la espada de Damocles de la Ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local sigue amenazando sin piedad al mundo rural y a sus derechos civiles y patrimoniales. Cuando lo común y lo público han quedado pulverizados por el pensamiento tecnocrático y neoliberal que nos controla desde el poder financiero y político. Cuando las administraciones públicas y regionales siguen enredadas en la pasividad burocrática y en el manejo mezquino y caciquil del poder, es hora ya de que los habitantes del medio rural retomen su propio protagonismo en defensa de sus bienes públicos y concejiles. Es una responsabilidad que no deben y pueden orillar por más tiempo.

También los habitantes de la ciudad y la numerosa población vinculada a nuestro medio rural deberían sentirse implicadas honrada y solidariamente en la defensa de estos bienes comunes, a no ser que formen parte de esas cuadrillas de depredadores que han pretendido convertir a todas nuestras dehesas boyales en suelo urbanizado. Muchos de ellos se disfrazan ahora en amantes de la naturaleza y nos hablan con palabras hueras y oportunistas de “tierra de sabor”.

El 26 de septiembre, se presentó en el Real Jardín Botánico (C.S.I.C.) la Declaración de Valdeavellano de Tera (Soria) por la Defensa de los Usos Comunales en España, firmada por un amplio grupo de asociaciones, plataformas y fundaciones, estableciendo un decálogo de principios fundamentales a favor del reconocimiento de este patrimonio económico, social ambiental y cultural existente en nuestro país. En la base de esta declaración se encuentra el entusiasmo y empeño de muchos habitantes y asociaciones rurales comprometidas con los recursos y vida de los montes, con el buen manejo de los pastos o con la conservación de las tierras comunales que apenas hace medio siglo salvaron del hambre más cruel a muchas familias en las montañas galaico-leonesas, en la raya con Portugal, en las sierras ibérico-sorianas o en tantos lugares que el viento del éxodo rural ha dejado vacíos y sin fuerzas vitales. Los depredadores, los nuevos “agricultores de sofá” y las oligarquías financieras siguen al acecho de estos bienes comunes.

En Castilla y León, al menos 2.127.000 de hectáreas están consideradas como superficie catastral colectiva, concentrándose en los Ayuntamientos o en las Juntas Vecinales y compartiéndose su gestión con el Estado, o más bien con las Comunidades Autónomas (Montes de Utilidad Pública, sobre todo). Aunque tenemos testimonios bien representativos en todas las provincias, sobresalen los bienes públicos y comunales en las provincias de León, Burgos, Soria y Zamora. Aunque infrautilizados, ahí siguen como verdaderas “joyas de montaña” (M. Rodríguez Pascual) los puertos de merinas o “puertos pirenaícos”, configurando desde hace siglos extensas superficies de espacios comunales bien representativos de un quehacer ganadero secular y sostenible.

En las circunstancias actuales necesitamos repensar su integración en la vida del medio rural y en un desarrollo sensato. No pueden quedar al albur de los intereses más lejanos y privatizadores. Precisamente la FAO, por un lado, y la propia ONU, por otro, ante el fracaso de las garantías alimentarias a escala global y de las sucesivas frustraciones de las cumbres ante el cambio climático, ven en los recursos públicos y comunales una verdadera alternativa para frenar y detener los desmanes medioambientales y afrontar con inteligencia agroecológica y sentido común el futuro. Así, pues, la gestión de los comunales a escala local y regional se presenta como un reto apasionante que compromete a toda la sociedad. Ni los actuales instrumentos políticos están preparados para afrontarlo, ni las directrices productivistas y tecnocráticas de la PAC son el camino. En la defensa de este legado histórico y patrimonial todos estamos implicados, comenzando por la sensibilidad y sensatez de los poderes públicos y dando protagonismo a la cultura campesina, pues buena parte de nuestro futuro (medioambiental, agroganadero y forestal, cultural, social…) descansa en estos bienes, si sabemos conservar y optimizar sus recursos con armonía y solidaridad.

 

martes, 7 de octubre de 2014

«El capitalismo es una estructura de pecado» (Juan Manuel de Prada)


lavozdigital.es



«El capitalismo es una estructura de pecado»



El novelista publica 'Morir bajo tu cielo', libro en el que recrea el sitio que sufrieron las tropas españolas hasta junio de 1899 por los filipinos

Juan Manuel de Prada Escritor

Juan Manuel de Prada ha encontrado inspiración en Filipinas, en cuya guerra de independencia los españoles demostraron un coraje que echa en falta en estos tiempos de incrédulos en el que sus compatriotas viven «anestesiados». 'Morir bajo tu cielo' (Espasa), la novela que acaba de publicar, recrea el asedio que sufrió un destacamento español en la iglesia de Baler por los insurrectos filipinos. El libro es un homenaje a los pobres que suplieron la ineptitud de sus gobernantes con sacrificio y valor. «El campo de batalla se libra hoy en el terreno económico», dice De Prada.

-Los españoles sienten una gran indiferencia por Filipinas.

-Es que el europeísmo ha sido una enfermedad lamentable que ha desvirtuado totalmente a los españoles. En el caso de Filipinas concurren otras cuestiones. Estados Unidos devastó el legado español y no sabemos nada de ese país, salvo cuando sufre un tsunami. Es dramático, sobre todo si se tiene en cuenta que es una tierra que ha sido española durante 300 años.

-Su novela es épica. ¿Hay espacio para el heroísmo en los tiempos actuales?

-Los españoles tienen la materia prima de la épica. En el heroísmo hay un componente de afirmación fuerte de aquellas cosas que se sienten como propias y por las que merece la pena luchar, pero también tiene algo de locura. Ahora, sin embargo, estamos europeizados, capados como eunucos, y ese componente de grandeza, de desmesura quijotesca ha sido adormecido y anestesiado. Pero eso tiene que resurgir, el español es lo que es.

-¿Es tan ominosa la Restauración como la pinta en su libro?

-Es una época penosa de la historia de España. La Restauración fue un apaño de las oligarquías políticas y económicas para, bajo una apariencia democrática, dejar fuera al pueblo. Liberales y conservadores se inventaron un sistema de alternancia que dejó fuera a todas las fuerzas obreras y a los carlistas, es decir, a casi toda España. Generó una corrupción brutal y un alejamiento del bien común. Es un periodo que tiene muchas similitudes con la Transición.

-¿Y cuáles son esas semejanzas?

-Hay un paralelismo evidente: en las dos épocas hubo un pacto de oligarquías, de orden político-económico, que se tradujo en el reparto del poder y el dinero, con la consiguiente exclusión del pueblo.

-Comenzó usted con un libro de título audaz, 'Coños'. ¿Se ha ido conservadurizando progresivamente?

-'Coños' era un juego ramoniano, un homenaje a Gómez de la Serna, quien escribió 'Senos'. No soy conservador, soy tradicional, y mi literatura siempre lo ha sido. Pero en mi obra siempre ha habido una radicalidad muy profunda.

Rajoy y Zapatero

-¿Y se considera un escritor antimoderno?

-Soy un antimoderno, en lo personal y lo intelectual. Descreo absolutamente de la modernidad y no digamos ya de las vanguardias, que son las escurrajas, el último vómito de la modernidad. Pero el ser antimoderno no significa en modo alguno ser conservador, que siempre mantiene lo que le dan. Ahí tenemos a Rajoy conservando las leyes de Zapatero. En el arte hay presupuestos estéticos que son eternos. Yo apuesto por recuperarlos y darles nueva vida.

-¿No se engolosina demasiado con las palabras?

-Si renuncio a ser barroco, me convierto en un pelele, en un falso escritor. Si Quevedo se hubiese empeñado en escribir como Cervantes, nos hubiésemos evitado ciertas procacidades y groserías, pero también habríamos quedado privados de todo lo bueno del primero.

-En sus últimos artículos se muestra usted muy anticapitalista.

-Siempre lo he sido. Para mí el capitalismo es una estructura de pecado, por utilizar un lenguaje religioso. El capitalismo, al igual que el comunismo, no es solo un sistema económico, es una antropología que te obliga a vivir de una determinada manera.

-Como católico, ¿con quién se queda si le dan a elegir entre Benedicto XVI y Francisco?

-Me identifico con el rigor doctrinal de Benedicto XVI frente a cierto confusionismo doctrinal de Francisco. Pero me identifico mucho más con Francisco en su inquietud social y en su preocupación ante las grandes cuestiones económicas.

-¿Y qué errores doctrinales atribuye a Francisco?

-En alguna entrevista ha dicho que el bien es aquello que a cada uno le dicta su conciencia, cuando la Iglesia católica lleva veinte siglos predicando que existe un orden moral objetivo. Eso es caer en el subjetivismo. También se ha introducido cierta confusión en la cuestión de la comunión de los divorciados.

-¿Qué piensa de Podemos?

-Podemos no hace sino recoger los frutos que han sembrado nuestras oligarquías. Lo malo es que no lo anima un propósito regeneracionista, sino revanchista. Es el problema que sacude a las sociedades que han perdido la fibra espiritual.

 

Un mundo felicísimo (Juan Manuel de Prada)


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Juan Manuel de Prada


Un mundo felicísimo

En octubre de 1949, pocos meses después de que George Orwell publicara su célebre distopía 1984, Aldous Huxley le escribía una carta, ponderando sus virtudes literarias y... juzgando, sin embargo, que Orwell estaba por completo equivocado en su visión del futuro y de la nueva forma de poder omnímodo que emergería, para tener controlados a los hombres. «Mi opinión escribe Huxley es que la oligarquía dominante encontrará maneras menos arduas y derrochadoras de gobernar y satisfacer su sed de poder y que esas maneras se asemejarán a aquellas que describí en Un mundo feliz». Y añade, más adelante: «Pienso que, en la próxima generación, los amos del mundo descubrirán que el condicionamiento infantil y la narco-hipnosis son más eficaces como instrumentos de gobierno que las cachiporras y las cárceles; y que el anhelo de poder podrá colmarse tan satisfactoriamente sugiriendo a la gente que ame su servidumbre como flagelándola y golpeándola hasta conseguir su obediencia».

Como suponía Huxley, las oligarquías que gobiernan el mundo han desdeñado el flagelo y han descubierto la eficacia del «condicionamiento infantil», de la caricia halagadora, del entontecimiento hipnótico que nos convierte en zombis. Orwell, un comunista que había acabado tarifando con sus camaradas, se imaginó el futuro gobernado por una suerte de estalinismo hipertecnificado que impone una dictadura agobiantemente censoria y somete a escrutinio y vigilancia todas las inquietudes intelectuales y espirituales; pero lo cierto es que la tiranía que finalmente se instauró no necesitaba vigilar nuestras inquietudes intelectuales y espirituales, por la sencilla razón de que previamente se había encargado de anularlas, mediante un bazar de entretenimientos idiotizantes que nos euniquizan mentalmente y nos abrasan el alma, a la vez que nos convierten en ególatras dominados por nuestras gónadas. Orwell urdió la pesadilla de un mundo en el que se han cegado todas las fuentes de información; pero lo cierto es que nuestro mundo está anegado de información, una catarata informe y atosigante de información que no podemos digerir y que, a la postre, nos convierte en un rebaño de autómatas pasivos, incapaces de cualquier reacción, o bien en jenízaros que obedecen las consignas de la propaganda al modo pauloviano. Orwell, ingenuamente, pensó que una inexpugnable telaraña burocrática impediría que supiésemos la verdad de las cosas; pero lo cierto es que en nuestro mundo la verdad es menospreciada, ensordecida por un estruendo de dulces mentiras, y quienes la portan son execrados como profetas de calamidades. Orwell, con escasa perspicacia, pensó que toda forma de rebeldía contra el poder omnímodo y controlador sería severamente castigada mediante técnicas represivas de derechos y libertades, incluso mediante la tortura; pero lo cierto es que en nuestro mundo todo amago de rebelión es desactivado mediante técnicas de exaltación de derechos y libertades y mediante el suministro de placeres idiotizantes. Huxley avizoró el mundo felicísimo que venía; Orwell, más allá de algunos aciertos parciales, no supo penetrar la entraña del nuevo poder que confiscaría nuestras almas deificando nuestros apetitos más viles.

A mucha gente bienintencionada (pero ilusa) le sorprende que, ante el alud de injusticias en que naufraga nuestro mundo, la gente se muestre incapaz de reacción; o que su reacción sea una rabia enviscada y destructiva que, tras el desahogo, conduce a la postre a la esterilidad y la melancolía; o que, en el mejor de los casos, su reacción sea un puro aspaviento inane que no contribuye a cambiar el estado de iniquidad en el que chapoteamos: organizar una manifestación en defensa del trabajo digno que se mezcla en las calles con la celebración de la hinchada de tal o cual equipo de fútbol; crear estúpidamente un hashtag en Twitter, protestando por tal o cual calamidad, para quedarnos enseguida amuermados, tras el desahogo. Meras respuestas emocionales (¡emoticonos!) que se diluyen en la inanidad ambiental y que enseguida se extinguen entre el bombardeo de gratos estímulos que nos dispensa la nueva tiranía.

Somos víctimas de aquel «condicionamiento infantil» y de aquella «narco-hipnosis» que avizoró Huxley, mucho más eficaces que las cachiporras y las cárceles. Y como ahora los artilugios tienen la pantalla táctil podemos, además, hacernos la ilusión de que la hipnosis que nos suministran la hemos elegido nosotros libremente. Así han hecho de nosotros siervos satisfechos (¡con derecho a decidir, oiga!) en un mundo felicísimo.