martes, 3 de diciembre de 2019

Úrsula Von Der Leyen, el cambio climático y el sexo de los ángeles

Úrsula Von Der Leyen, el cambio climático y el sexo de los ángeles

Eslovaquia va a tener una ley que obliga a las que van a abortar a hacerse una ecografía para ver al niño que llevan dentro. Una realidad -el aborto- que la Unión Europea intenta tapar. En lugar de apostar por el futuro, la UE se enreda en discusiones sobre el sexo de los ángeles: el cambio climático.

Con todos mis respetos y sin ánimo de faltar, la recién estrenada presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen, recuerda un poco a un extraterrestre. Ha dicho en una entrevista que Europa tiene futuro, que “las nuevas generaciones saben exactamente que Europa es su futuro (…) y es maravilloso”. ¿De verdad sabe lo que dice Frau Von Der Leyen?, ¿de verdad quiere que nos lo creamos?…
Ella más que nadie debería saber que si de algo carece el Continente dos veces Viejo es de futuro. Porque el reloj del envejecimiento no tiene marcha atrás, ni tampoco lo tiene el tictac-tictac de la oleada migratoria y la pérdida de las raíces culturales, que fomentan con entusiasmo suicida los propios gobiernos de la UE. 
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En un siglo, no habrá Europa porque casi no habrá europeos propiamente dichos. Así de simple. 
Cosas tan hermosas como “libertad”, “democracia”, “Estado de derecho” -que menciona la bienintencionada para despistada presidenta- suenan huecas, si no van acompañadas de contenido. Y el discurso de Von der Leyen, como el de Juncker, Macron, o incluso el de la sobrevalorada Angela Merkel es retórica vacía. 
Que entre los objetivos prioritarios que se fija Von der Leyen para la UE esté la lucha contra el Cambio Climático (un “Pacto Verde Europeo”), cuando la Unión se desliza por el precipicio de la insignificancia y del asilo demográfico, demuestra que está a por uvas. 
El cambio climático es el sexo de los ángeles del siglo XXI. Una forma de imitar al avestruz ante los verdaderos peligros
Resulta inevitable la comparación con los teólogos de Bizancio, enredados en sutiles discusiones sobre cuestiones perfectamente ociosas como el sexo de los ángeles, mientras los turcos se disponían a tomar Constantinopla. En su narcisismo, los bizantinos eran incapaces de ver la realidad. El cambio climático es el sexo de los ángeles del siglo XXI. Una forma como otra cualquiera de perder el tiempo, (sacar las perras al contribuyente) e imitar al avestruz ante los verdaderos peligros.
La UE actual, caricatura valleinclanesca del antiguo proyecto alumbrado por los Schumann, Monet, Adenauer y De Gasperi, se niega a ver su propio suicidio. Un suicidio cultural, pero también físico, literal, a través del aborto, legitimado como un derecho reproductivo. 
De ahí que haya sentado tan mal que en Eslovaquia se haya aprobado una ley que obliga a las mujeres que van a abortar a hacerse una ecografía para ver y escuchar los latidos del hijo que llevan dentro. Esa es la realidad. Pero en la UE no quieren ni oír hablar de ello. Ya se sabe: ojos que no ven corazón que no siente. 
La ceguera es extensible a los medios de comunicación y al clima de opinión de lo políticamente correcto. Una de las crónicas periodísticas sobre la iniciativa del país centroeuropeo comenzaba así: Viernes negro para los derechos de la mujer en Eslovaquia. Y recogía el carácter “perverso” y “regresivo” de la norma según organizaciones como Amnistía Internacional o el Comisariado para los Derechos Humanos del Consejo de Europa. 
Viernes negro. La semántica, que evoca a la Noche de los Cristales Rotos, de los nazis contra los judíos, no es casual. Los enemigos de la democracia son, para el código de señales del euro-establishment, quienes defienden la vida, la familia y los valores de Europa. El mundo al revés. Los “malos” de la película son Polonia, Hungría o Eslovaquia. 
Luego llega la señora Von Der Leyen y dice que Europa es la garantía de la dignidad del ser humano, y del respeto al Estado de derecho. Pero Bruselas pone un cordón sanitario a los únicos países que, con su apuesta por la vida y la familia, defienden la dignidad del hombre y los fundamentos de la democracia. 
Así, se calcula que con la ley de la ecografía obligatoria, la cifra de abortos de Eslovaquia se podría reducir en un 80%. Y Polonia ya ha logrado reducir la muerte de bebés en el seno materno gracias a una legislación muy restrictiva. 
Viktor Orban, por su parte, está fomentando la nupcialidad y la natalidad en Hungría, con incentivos fiscales, y no tiene el menor complejo en reivindicar las raíces cristianas del país y en subrayar que “la protección de la cristiandad es una obligación para el Estado húngaro”. Nada que ver con Macron, prototipo del dirigente eurócrata, que constata que no existe la cultura francesa. 
Frente al nihilismo errático de la Europa occidental, la oriental no sólo no renuncia a su ADN antropológico sino que defiende el legado cultural que ha servido de base para la democracia y los derechos humanos. Quizá porque los países del antiguo Telón de Acero han sufrido en sus propias carnes la bota totalitaria y aprecian la verdadera libertad. Carecen de complejos para defender la familia y la vida, porque han visto como el socialismo real las destruía. Y se han batido el cobre por la “europeidad” de Polonia, Hungría o Chequia, frente a la dictadura soviética. O sea, que no venga ahora Bruselas a darle lecciones de libertad. 
Sería bueno que Von Der Leyen dejara de calentarnos la cabeza con el calentamiento global, y leyera a La extraña muerte de Europa de Douglas Murray
Sería bueno que la nueva presidenta de la Comisión Europea dejara de calentarnos la cabeza con el calentamiento global, y leyera al británico Douglas Murray que en un libro revelador -y demoledor- describe la caída de la nueva Bizancio: La extraña muerte de Europa. Que no se confunda de enemigo: la verdadera Europa está ahora al otro lado del antiguo Telón de Acero; y si quiere comenzar a remozar un edificio en ruinas que no comience por el tejado sino por los cimientos: familia, vida, natalidad, valores. Ese sería el verdadero futuro de Europa.
Si es que a ella y a los eurócratas de Bruselas les queda algo de tiempo, ocupados como están, en discutir sobre el sexo de los ángeles. 

lunes, 2 de diciembre de 2019

La gran estafa del calentamiento global: el documental censurado que desmonta el cambio climático

La gran estafa del calentamiento global: el documental censurado que desmonta el cambio climático

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El documental 'La gran estafa del calentamiento global', apoyado por decenas de científicos, economistas, políticos, escritores e incluso por el cofundador de Greenpeace, Patrick Moore, intenta demostrar como la teoría del cambio climático no tiene ninguna base científica y se ha convertido en un inmenso negocio.

¿Nos han estado engañando con la gran mentira del clima?

Generalmente, la sociedad tiende a pensar que el aumento del CO2 es el gran motivo del cambio climático y del calentamiento global, pero los datos demuestran que no es así. De hecho, es la temperatura terrestre la que regula los niveles del CO2. Por ejemplo, los océanos liberan 80 toneladas de este gas, mientras que los humanos generan solo 7. Además, y según señalan los expertos del documental, el CO2 no es un gas contaminante.
A lo largo del reportaje, que dura 75 minutos, se desmitifican las teorías empleadas en los últimos años. Por ejemplo, se dice que la temperatura de la atmósfera está subiendo, como muestra de este efecto invernadero. El efecto invernadero existe porque sin él, los rayos solares serían rechazados y no calentarían la Tierra. Si hubiese un calentamiento global, las capas de la atmósfera deberían de tener mayores temperaturas que la superficie, pero en realidad, esto no es así.

El Sol regula la temperatura de la Tierra

Lo que demuestran los científicos, es que la temperatura del planeta está causada por la actividad solar.
De hecho, uno de los meteorólogos más premiados de Inglaterra, asegura en el documental que, para predecir la temperatura de la Tierra, hay que analizar el Sol. De esta manera, dependiendo de la actividad solar, en la Tierra hará más frío o más calor.
temperatura
Además, si analizamos la temperatura de nuestro planeta de una manera histórica, se puede observar que, por ejemplo, entre el año 1.000 y el año 1.500 hacía más calor que ahora. ¿El motivo? Había mayor cantidad de manchas solares.

¿Por qué empezó la teoría del calentamiento global?

Para entenderlo, hay que remontase a la Europa de finales de los 80, con la caída del Muro de Berlín y la época de Margaret Thatcher. La 'dama de hierro' estaba muy preocupada por la energía, en plena crisis del petróleo y del carbón, y quiso buscar otra alternativa: la encontró en la energía nuclear. Para justificarla, Thatcher explicó al mundo de que ya no se producía CO2. El descubrimiento del agujero de la capa de ozono hizo el resto.
Contemporáneo en el tiempo, con el fracaso del comunismo y la caída de la URSS, muchos de los anticapitalistas vieron en el ecologismo otra forma de luchar contra el globalismo y los grandes poderes del capitalismo mundial. 
El propio cofundador de Greenpeace, asegura en el documental que la oleada de anticapitalistas llevó a la organización a pronunciar mensajes cada vez más radicales, para mantenerse siempre como una ONG antisistema. Y poder seguir viviendo del cuento.
Para los científicos, el deshielo de los polos en determinadas épocas es tan normal como la caída de las hojas. De hecho, se muestran datos en los que en siglos y milenios anteriores, los cascotes polares ocupan mucha menos superficie que ahora y aun así, las especies como los osos polares supieron adaptarse.
calentamiento-global

El millonario negocio de las subvenciones

Otro de los puntos que se tratan en este documental es el que afecta a los medios de comunicación y al aumento de las subvenciones. En primer lugar, los medios buscan noticias espectaculares, que muchas veces no son ciertas en lo referente al cambio climático. De hecho, si la temperatura de la Tierra fuese superior se producirían menos fenómenos atmosféricos y catástrofes naturales.
En segundo lugar, la lucha contra el cambio climático supone un gran desembolso por parte de los gobiernos de todo el mundo. Mientras que en el gobierno de Bush financiaba con 170 millones de dólares el avance de la ciencia meteorológica, actualmente se están destinando más de 2.000 millones de euros.
Pero no solo eso: este documental se muestra muy crítico contra el IPCC de la ONU. El IPCC es el organismo destinado al cambio climático: sin embargo, y para sorpresa general, la mayoría de los que ocupan esos puestos ni si quiera son científicos. Se ha convertido en otro cementerio de elefantes políticos y resort de puertas giratorias.

El documental censurado en todo el mundo

'La Gran estafa del calentamiento global' (en su título original,  'The Great Global Warming Swindle') el polémico documental censurado por los gobiernos de todo el mundo. El filme, realizado por el productor de televisión británico Martin Durkin, presenta a científicos, economistas, políticos, escritores y otros intelectuales de todo el mundo que desmontan, con argumentos y datos objetivos, la teoría del calentamiento global, al que califican como "el más grande fraude de todos los tiempos".

domingo, 1 de diciembre de 2019

Ussía: «España está en manos de un psicópata zumbado» que puede acabar desatando la violencia para mantenerse en el poder

Ussía: «España está en manos de un psicópata zumbado» que puede acabar desatando la violencia para mantenerse en el poder


Alfonso Ussía advierte, en su polémico artículo de este 28 de noviembre de 2019 en La Razón, que España está en manos de un «psicópata zumbado» que puede acabar desatando la violencia para mantenerse en el poder, en referencia a Pedro Sánchez.

«Se cree dueño del mundo, de su vida y los futuros ajenos. El caso que nos ocupa y preocupa a millones de españoles es el de una psicopatía creciente que puede terminar con la convivencia, la libertad y la unidad de una nación admirable, el primer Estado que como tal, se estableció en Europa.
Para este locatis, para este zumbado por el poder, su Patria es su ego, que sumado al de su señora esposa, mezclados en el vaso del resentimiento, dan como resultado un jarabe explosivo que sólo afecta a los demás.
Lo curioso es que millones de ciudadanos que no leen y sólo se dejan influir por las tertulias de las cadenas de televisión, hayan encontrado en esta pareja de frenéticos faltosos, ilusión y esperanza».
Y continúa:
«El psicópata puede alcanzar altos niveles de violencia para mantenerse en el poder. Se salta las leyes, se salta las normas y se salta lo que se le ponga por delante con tal de no renunciar a los placeres del dominio.
Y la violencia se contagia. En un país de sangre caliente la violencia siempre está llamando a la puerta.
Por unos años creímos que se había distanciado de nuestras vidas y nuestros futuros, pero un imbécil amoral nos puso a la violencia, de la mano y con empeño, de nuevo a las puertas de nuestra casa.
El psicópata es la consecuencia del anterior imbécil, porque entre uno y otro, con pleno poder y apoyo parlamentario, nos gobernó un cobarde vago y resignado que trasladó el poder que le habíamos concedido los españoles a una gran trabajadora sin principios, valores ni escrúpulos».

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Salvar vidas no tiene precio

Rosana Ribera de Gracia | Derecho a Vivir <info@derechoavivir.org>

27 nov. a las 17:56
Hola,l:

Hoy mismo, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, ha publicado, ha publicado las últimas cifras del aborto correspondientes al año 2018.
Como era de esperar, los datos siguen siendo alarmantes: 95.917 niños han sido sacrificados mientras los empresarios del aborto se siguen lucrando con este drama social, lo que supone un incremento del 1,91 por ciento respecto a 2017.
La inmensa mayoría de los abortos (90,44%) es a petición de la mujer, sin dar ninguna causa o motivo para abortar y la inmensa mayoría se produce en centros extrahospitalarios privados (90,7%).
Lo vuelvo a repetir: ¡el aborto es un negocio escudado en un falso derecho!
La plataforma Derecho a Vivir apuesta por poner en marcha, de una vez por todas, alternativas al aborto, empezando por otorgar a la mujer una información imprescindible para tomar esta dura decisión de abortar a su hijo, que es la ecografía que se les ha de practicar antes de someterse a este drama, una ecografía con el volumen del latido fetal que no esconda que lo que la mujer lleva dentro es una vida.
Precisamente hoy que salen a la luz estas cifras escandalosas, quiero recordarte la campaña ‘Un latido, una vida’ y de la ambulancia con el ecógrafo. ¿Te acuerdas? La Ambulancia Vida.
Es un proyecto que llevamos años liderando desde Derecho a Vivir contra viento y marea en el más absoluto ostracismo… pero con el que hemos logrado salvar la vida de muchos niños que habrían acabado abortados y arrojados a la basura como si fueran excrementos.
Hoy que sabemos que el año pasado, cerca de 96 mil niños murieron exterminados en los abortorios, mientras que estos niños de los que te hablo viven gracias a tu esfuerzo y compromiso, y al de muchos otros ciudadanos generosos como tú. Hoy, si cabe, más que nunca, este proyecto cobra un significado enorme para mí.
La izquierda no nos perdona esta labor. Odia que denunciemos la muerte salvaje de inocentes. Y odia también que, durante todos estos años, hayamos dado información, fuerzas, ánimos y ayuda a un sinfín de mujeres que se veían solas y presionadas para que abortaran.
Una de estas mujeres rescatadas, cuyo bebé nació gracias a este proyecto, ha querido dar la cara y denunciar el crimen del aborto. Aparece en este vídeo que te llegará al corazón. ¿Podrías compartirlo?
El proyecto 'Un latido, una vida' ha saltado estos días a los medios de comunicación gracias al odio de la izquierda. Y digo gracias, porque ha sido una suerte que lo hayan “revitalizado” ante la sociedad, aunque no fuera este su propósito.
Mira los titulares:

En su deseo de desprestigiar a Gádor Joya, la que fuera la coordinadora y portavoz de Derecho a Vivir durante años (gracias, querida Gádor), han sacado a la luz la Ambulancia Vida… Pero lejos de desprestigiarla, lejos de arruinar nuestro proyecto, nos ha dado alas y un nuevo empuje.
Nuestro compromiso sigue intacto en favor de una sociedad que ayude a las madres a seguir adelante con su embarazo, donde se las anime a luchar por el milagro que llevan dentro, en vez de torpedear su ilusión y abocarlas a desembarazarse de un bebé al que consideran una molestia.
Te recuerdo cómo es el maravilloso proyecto Ambulancia Vida.
Consiste en situarse enfrente de unos centros de muerte (mal llamados “clínicas” abortistas para dar a entender que se cura en ellas) con una ambulancia equipada con todo lo necesario para realizar ecografías y atender las necesidades primarias de una mujer embarazada.
El objetivo Ambulancia Vida es sencillo: mostrar a las mujeres, que voluntariamente quieran, y de manera gratuita, el niño que llevan dentro, permitirles escuchar el latido de su corazón, y que así puedan darse cuenta de que su bebé no es un “amasijo de células” como les quieren hacer creer aquellos que se lucran con la muerte de bebés y la venta de sus órganos. ¡No te quepa la menor duda de que el aborto se promociona porque es un negocio, un negocio multimillonario!
Tengo que admitir que no es fácil lo que hacemos. Acercarnos a una mujer en ese trance desesperado, cuando va dispuesta a abortar, y hacerlo con la delicadeza que lo hacemos, respetando sinceramente su decisión, sea cual sea, es tremendamente complicado.
Y además, al ser un trabajo voluntario, no siempre disponemos de conductores, rescatadores o incluso más difícil médicos que puedan dedicar su tiempo libre a esta actividad.
Sea como sea, esto no nos quita la ilusión de estar todas las semanas haciendo lo que hacemos: salvar vidas. Esto no tiene precio, ¿no crees?
Aunque te parezca mentira, la izquierda está indignada con lo que hacemos. ¿Por qué? Porque odian la vida, así de sencillo, porque el aborto es parte de la agenda de la ideología de género.
Su obsesión es tal que han pedido explicaciones en la Asamblea de Madrid porque dicen que “acosamos” a las mujeres que van a abortar. ¡Un ejemplo de hasta qué punto manipulan la realidad para sus intereses! Ayudar es acosar, pero abortar es libertad… Parece 1984 de Orwell. De locos, ¿verdad?
Y como te decía, ha emprendido una campaña de acoso y derribo contra Gádor Joya, una de las pediatras más relevantes, durante mucho tiempo coordinadora y portavoz de Derecho a Vivir, y ahora diputada regional por el partido Vox. No le perdonan que esté llevando la defensa de los no nacidos, como nunca antes, al primer plano de la política nacional.
Ladran, luego cabalgamos.
Y no dejaremos de ofrecer esta ayuda a las mujeres a las que abocan a abortar sin contarles la verdad de la vida que llevan dentro… Queremos que más mujeres como Angélica, que decidió in extremis no matar a su hijo, puedan disfrutar del regalo de la maternidad, evitando el doloroso trance de pasar por un aborto y las secuelas terribles de este drama.
Gracias por tu inestimable apoyo.
Rosana Ribera de Gracia y todo el equipo de Derecho a Vivir
P.D.: Hemos lanzado una campaña para pedir que la Comunidad de Madrid ofrezca a todas las mujeres, antes de someterse a un aborto, la posibilidad de ver la ecografía del bebé que llevan dentro y escuchar el latido de su corazón. ¿Nos ayudas firmando esta petición? ¡Gracias!
P.D.2: Aquí tienes el informe completo del Ministerio de Sanidad. 

¿Partidaria del “derecho a abortar”? Espera, que te vamos a enseñar ese derecho

(IMÁGENES REALES DE LAS QUE NO HABLAN LAS FEMINISTAS) ¿Partidaria del “derecho a abortar”? Espera, que te vamos a enseñar ese derecho


Rodrigo de Castilla.- Hay cosas que no soy capaz de tragar. Muchas. Demasiadas. Una de ellas es el aborto. No ya el hecho en sí mismo, que tengo clarísimo que representa un asesinato con alevosía y premeditación. Sino todo lo que se ha fabricado alrededor de este asesinato
para tratar de justificarlo.

Pregunten a sus amigos veganos y animalistas. Hagan la prueba. Vean cuántos de ellos están a favor del aborto. ¿Muchos? No se sorprendan. La educación del Nuevo Orden ha determinado que la vida de un cachorro de pequinés vale más que la de un bebé. Escuchar a un ser humano defender el derecho a la vida de los animales mientras defiende el derecho a matar bebés debería estar castigado con la pena más severa.
Lamentables fotos de niños negros de vientre hinchado en los anuncios de las ONG en televisión. Todas y cada una de esas ONG que le piden dinero tienen muy claro que prefieren gastarlo en abortos que en dar de comer a los niños. Esto es así.
Muchachitas españolas de padres “progresistas”, si se les olvidó la pastilla, queda la abortiva “del día siguiente”. Y si no, un aborto. Las hay que superan la docena de abortos. Supongo que tienen el útero por dentro como el sobaco de un buitre: curtido a base de raspar restos humanos.
No, mujeres: no tenéis derecho a abortar. NO es vuestro cuerpo. No tenemos la culpa de vuestra ignorancia. Lo que matáis es el cuerpo de vuestro hijo. Si fuera el vuestro, moriríais vosotras.
No, mujeres: NO tenéis derechos ni sexuales, ni reproductivos. Eso no son derechos. Eso son facultades inherentes al ser humano. En el caso del género femenino (Por cierto, uno de los DOS géneros que existen, y ni uno más) poseéis la envidiable capacidad de desarrollar en vuestro interior un nuevo ser humano, mediante la colaboración con un hombre.
Y finalmente; NO, mujeres. NO tenéis derechos. Ninguno. Los hombres TAMPOCO tienen derechos. Es el ser humano en su conjunto quien disfruta de derechos y de deberes. ¿Tan difícil es de entender?
Ya. Seguís manteniendo que es vuestro cuerpo y hacéis lo que queréis. Muy bien. Sois lo que sois y me repugnáis. Pero debéis ser responsables de vuestros actos: ese supuesto derecho vuestro consiste en lo siguiente. Mirad. Mirad atentamente. Y luego hablad de derechos.


Cruda realidad / Si es usted heterosexual, hágaselo ver

Cruda realidad / Si es usted heterosexual, hágaselo ver

Empieza a no hacer gracia. Empieza a asustar esto de 'El País' que, naturalmente, es lo de 'Le Monde', es lo de 'The New York Times', es lo de nuestras élites. Si la heterosexualidad es un problema, si la heterosexualidad es algo que contemplar con el ceño fruncido y mirada censora, apaga y vámonos.

Imagen referencial
Imagen referncial
Imagino que no les habrá pasado nunca y la verdad es que no se lo deseo a mi peor enemigo, porque es una experiencia terrorífica. Me refiero a ese momente en que una está tranquilamente charlando con un personaje al que cree meramente excéntrico y, en un momento concreto, por un único comentario que hace con absoluta seriedad, una se da cuenta súbitamente que está hablando con un orate, un loco de remate.
Que los ‘maestros de pensar’ -como dicen los franceses- que nos ha tocado en desgracia a nuestra civilización actual exponen a cada paso un disparate mayor que el anterior y que proponen medidas socialmente suicidas es casi la razón de ser de mis columnas; pero, como en todo, faltaba el momento definitivo, la frase que te indica sin posible interpretación benigna que estás ante un candidato a camisa de fuerza y celda acolchada.
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Me refiero a abrir al que se llama a sí mismo ‘diario de referencia’, El País, que por lo que sé sigue siendo el más vendido de España, y toparme con este titular: ‘La heterosexualidad es peligrosa‘. Y ya, cerremos esto, que no da más de sí.
No, no es de broma, lo dice completamente en serio. La heterosexualidad es peligrosa. Y punto
En España, cualquier periodista que titulara ‘La homosexualidad es peligrosa’ no volvería a trabajar en ninguno de los grandes medios en su vida, y en muy pocos de los pequeños. Un líder político, un empresario, un artista, un académico que pronunciara la frase “la homosexualidad es peligrosa” podría decir adiós para siempre jamás a su carrera, y tendría todas las papeletas para sufrir acosos y escraches. Un particular que colgara en una red social la frase “la homosexualidad es peligrosa”, salvo que tuviera menos seguidores que un mitin de Ciudadanos, vería muy probablemente cerrada su cuenta in aeternum.
Y, sin embargo, la proporción de homosexuales en casi cualquier sociedad no supera, de media, el 3% o 4%. Y, sin embargo, una sociedad podría sobrevivir y crecer y prosperar sin homosexuales, pero no podría hacerlo sin heterosexuales. No digo que no haya habido homosexuales que, por cuestiones quizá de presión social haya tenido hijos del modo natural, pero es raro, mucho más cuando ya no existen esas presiones, sino más bien todo el aliento del mundo para salir del armario. Lo que significa que todos somos hijos de heterosexuales, presumiblemente, también el autor de la tribuna.
La idea es tan suicida, tan inconcebiblemente estúpida, que decidí darle una oportunidad a la tribuna, dando por hecho que el autor había querido ser provocador en el titular para atraer lectores, pero que en el texto se contaría otra cosa, algo menos irracional. Pero no, no es de broma, lo dice completamente en serio. La heterosexualidad es peligrosa. Y punto.
La excusa en esta ocasión es esa fiebre electoralista de la violencia de género. La llamo así no porque sea insensible al destino horrible de las mujeres que la sufren, sino porque España está entre los países bendecidos con una menor tasa de violencia contra las mujeres -es decir, es lo contrario de una ‘emergencia’- y, sobre todo, porque no se hace el menor esfuerzo por conocer las causas reales y ponerle remedio, sino que se utiliza indecentemente para pescar votos y cambiar la sociedad. Dice el autor: “Los asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco de ese tipo de relación. El dato no se menciona cuando se habla de feminicidio, pero es quizás políticamente el más importante”.
Comencemos por decir que eso es falso. En estas mismas páginas ya nos hicimos eco del grave problema, denunciado en publicaciones impecablemente gays, de la violencia de pareja entre homosexuales, que sufren doblemente porque nadie quiere tocar su caso ni con un palo. Si hay muchos más casos en parejas heterosexuales es, además, porque hay muchísimas más parejas heterosexuales. Es la norma y lo otro es la excepción, nos pongamos como nos pongamos. Pero eso es lo de menos. Lo de más es ese aborrecimiento imposible a la norma, a la normalidad, a la vida.
Empieza a no hacer gracia. Empieza a asustar esto de El País que, naturalmente, es lo de Le Monde, es lo de The New York Times, es lo de nuestras élites. Porque significa, directamente, que estamos en manos de dementes que pueden hacer un daño espantoso a estas y a las generaciones futuras y que, de hecho, lo están haciendo.
Porque si la heterosexualidad es peligrosa, entonces vivir es peligroso. Si la heterosexualidad es un problema, si la heterosexualidad es algo que contemplar con el ceño fruncido y mirada censora, apaga y vámonos, literalmente. Y es entonces cuando una conecta los puntos y entiende todo, entiende hasta qué punto es antivida el pensamiento único. ¿Cuántos artículos han leído o visto de pasada sobre lo malo que es tener hijos? En algún caso alegarán a que es negativo para la salud mental de los padres; en otros, a que contribuye al cambio climático, o que es una ruina o que nos estropea la diversión como, al parecer, la última generación en Occidente.

martes, 26 de noviembre de 2019

Economía Cariño, he encogido a la población: llega la última ‘frikada’ contra el cambio climático

Cariño, he encogido a la población: llega la última ‘frikada’ contra el cambio climático

El Gobierno de Sánchez va a tirar a la basura 60 millones de euros -de su bolsillo, querido lector- que es lo que va a costar la Cumbre del Clima. Para luchar contra una quimera -el calentamiento global-, y proponer ideas peregrinas como el hacernos veganos o, la última frikada, que seamos más bajitos.

No se puede ser tan alto. Eso de que los niñatos del babyboom, criados con colacao, midan 1,80 o 1,90 es un atentado contra la Tierra. Hay que dejar de crecer para dejar de contaminar y volver a las dimensiones canijas que teníamos los occidentales hace cien años. No, no es un chiste de La codorniz, ni un sketch de Miguel Gila. Sino una recomendación de un chino-norteamericano, Mathew Liao, director del Centro de Bioética de la Universidad de Nueva York. 
Alega que las personas altas “necesitan más comida, gastan más combustible para transportarse de un sitio a otro y usan más tejido en la ropa y zapatos”. Y que ser pequeño “es más respetuoso con el medio ambiente”. Y propone que se aplique la edición genética para que, en un futuro no muy lejano, nazca gente más bajita.
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Esta es la última y rocambolesca solución para luchar contra el calentamiento global. Se suma a la ristra de consejos, no menos  disparatados, de los calentólogos, como el que daba El País, antaño un diario serio, con un titular que parecía copiado de El Jueves: «Hazte vegetariano, deja el coche y ten menos hijos«.
Pero el nivel de vergüenza ajena no se había colmado. Después vinieron los que se avergonzaban de volar, porque contamina mucho, un movimiento ecologista que ha comenzado en Suecia y que no ha servido para detener el calentamiento global, pero sí para hacer que el tráfico aéreo caiga un 5% en un trimestre, como se quejaba un directivo de la aerolínea SAS; luego, los que apuestan por comer insectos en lugar de carne de vaca; y finalmente los que nos quieren quitar de la dieta el café, el alcohol o el chocolate. 
Explosivo cóctel: el calentamiento global como excusa para el  transhumanismo
Pero lo último es la gota que colma el vaso y enciende las alarmas de la sospecha. No contentos con pedir que nos pasemos al veganismo o no concibamos más niños, ahora nos aconsejan que los pocos vástagos que tengamos sean unos centímetros más bajos. Nos aconsejan… de momento; veremos cuanto tardan en imponérnoslo por real decreto.
¿En qué se basan esta vez? Mathew Liao argumenta que si ya somos capaces de secuenciar el genoma, y de curar o prevenir enfermedades mediante edición genética ¿por qué no modificar genes para evitar las consecuencias del cambio climático? De hecho, la empresa Genomic Prediction (New Jersey) ofrece un análisis de ADN que se combina con inteligencia artificial para prever qué embriones tienen más probabilidades de convertirse en personas más bajas o altas e inteligentes.
Explosivo cóctel: el cambio climático como pretexto para la ingeniería genética. El calentamiento global como excusa para el transhumanismo. Sólo que en este caso no es para ser llegar a ser altos y fornidos como supermán, sino bajitos y ligeros como los siete enanitos. Y con un aroma a eugenesia que pone los pelos de punta.
Mathew Liao repite una y otra vez que todo esto es opcional, que deja a salvo la libertad humana, pero resulta sorprendente la precisión con la que calcula la estatura idónea que debería tener los norteamericanos para arrostrar el cambio climático: quince centímetros menos que ahora, de suerte que las puertas, las camas etc. serían más pequeñas, y eso contribuiría a reducir, proporcionalmente,  la huella de carbono. 
También resulta sorprendente que, ante el escollo que representa la libertad humana para este programa de encogimiento de la población, Liao haya previsto los incentivos fiscales. Quienes tuvieran hijos más bajos -propone- pagarían menos impuestos. 
O sea intervencionismo. Vayan sumando: calentamiento global más transhumanismo más coacción con dinero público -es  decir de todos-.
Y todo por nuestro bien. Esto es lo más mosqueante. Pero ¿y si no queremos empequeñecernos?; ¿y si nos nos creemos que la mano del hombre sea tan determinante para el calentamiento global?; ¿y si las personas rellenitas quieren seguir siendo orondas y disfrutando del chocolate -otro de los pecados nefandos en el Indice del cambio climático-?, ¿y si a algunos nos apetece más el bistec que la fritada de cucarachas?… 
Resulta inevitable pensar en Aldous Huxley cuando los gobernantes se preocupan por nuestra salud y nos catequizan sobre lo que debemos comer o no comer;  vienen en socorro de nuestra ignorancia para explicarlos qué es y qué no es fake news;  nos echan la bronca padre cuando no votamos como es debido -caso de Trump, el Brexit, o Vox-; o nos imparten sermones laicos para que dejemos el tabaco o el alcohol. Y siempre por nuestro bien. 
Ser bondadosos y felices a la fuerza … ¿a qué famosa novela distópica les suena a ustedes? 
Incluso nos dan la solución antes de que abramos el pico. Así, se ha planteado el diseño de un parche que induzca la intolerancia a la carne roja “para disminuir los gases de efecto invernadero”; o proponen distribuir medicamentos, como la oxitocina,  que potencien la inteligencia y la empatía “para que la gente sea más colaborativa y bondadosa”, como llega a decir Mathew Liao. Ser bondadosos y felices a la fuerza … ¿a qué famosa novela distópica les suena a ustedes? 
Todo esto puede sonar -insisto- a una gansada surrealista de Miguel Gila, entre otras cosas porque el tal profesor de Nueva York mide… 1’70. Pero quizá no sea para tomárselo a broma. Porque hay intereses creados de por medio, dinero de por medio e investigación de por medio. Y ese horizonte quizá no sea tan utópico y surrealista. La ingeniería genética es un arma de doble filo que ya tiene en la agenda la manipulación del ADN para predecir el tamaño o el coeficiente intelectual de los niños, como se explica en la publicación del famoso MIT de Boston. No les basta con decirnos con lo debemos pensar, también quieren decirnos lo que debemos medir. Si les dejamos, van a por nosotros.