domingo, 28 de julio de 2019

Asociaciones LGTBI: inviables sin dinero público

Asociaciones LGTBI: inviables

 sin dinero público

Para ganarse los adeptos a la causa izquierdista es necesario regar con dinero
 público a estos colectivos LGTBI. Una auditoría a COGAM señala la “alta 
dependencia, en los ingresos de la Asociación y su financiación corriente, de las 
subvenciones”.
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Un grupo de manifestantes en el Orgullo LGTBI de MAdrid en 2019. /EFE
Un grupo de manifestantes en el Orgullo LGTBI de MAdrid en 2019. /EFE
La última edición del Orgullo Gay en Madrid ha destapado el sectarismo y fanatismo de muchas de las 
organizaciones que organizan o participan en el evento. El último ataque a miembros del partido 
Ciudadanos durante la marcha del pasado sábado es tan solo la punta del iceberg ya que, tras ello
, se esconde un utilitarismo partidista regado de dinero público. 
El Orgullo Gay se celebra por toda España y tiene especial repercusión en ciudades como Barcelona,
 Valencia y Madrid. Es en la capital donde más se concentra el interés mediático y político por ser lugar
 de las sedes de algunos de los colectivos más importantes LGTBI como COGAM (Colectivo de 
Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid) y FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, 
Gais, Transexuales y Bisexuales), además de dónde radican las sedes de los partidos políticos nacionales.
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En la marcha del Orgullo Gay se concentra la flor y nata de los partidos progresistas, dispuestos todos
 a competir a ver quién es más inclusivo, gay friendly, etc., durante unas horas. Los partidos ponen tod
a la carne en el asador juntos a algunas empresas como Newtral de Ana Pastor (así demuestra su 
neutralidad a la hora de tratar las noticias), y plantan en mitad de la Castellana trolebuses tronando
 música por los cuatro costados con decenas de personas mostrando su orgullo homosexual a todo el que quiera verlo.
Según parece, cada año estos colectivos necesitan una cabeza de turco más allá de los típicos fascistas 
clásicos (léase Partido Popular o Vox, ahora que ha saltado a la palestra). Hace unos años fue UPyD -
el partido de la exsocialista Rosa Díez- el que fue vetado por no ser suficientemente progresista. Este
 año le ha tocado el ‘premio’ a Ciudadanos, donde algunos miembros, incluida Inés Arrimadas de
 la Junta Directiva, fueron increpados por los inclusivos y respetuosos de todas las ideas mientras 
eran rociados con, presumiblemente, agua (que de bendita no tenía nada).
Este ataque ha dado titulares y declaraciones vergonzosas como las del ministro de Interior, el
 homosexual reconocido Grande-Marlaska que vino a decir que si les habían agredido “sería por 
algo” y que tenían que reflexionar. ‘Sabias’ palabras viniendo de un socialista al que su compañera de
 equipo, la ministra de Justicia Dolores Delgado, le llamó “maricón” y no dijo nada al respecto.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la manifestación del Orgullo LGTBI 2019 en Madrid / EFE
La imparcialidad brilla por su ausencia, pero es que todo vale para fortalecer el relato de una izquierda
 que siempre ha sido asesina de homosexuales, pero que ahora intenta arrogarse el derecho de defensa 
exclusivo de todos estos colectivos homosexuales, bisexuales… Y es que ahí está el problema. 
Regar para controlar
Para ganarse los adeptos a la causa izquierdista es necesario regar con dinero público a estos colectivos, 
así podrán ser utilizados como arma política arrojadiza contra la derecha o contra cualquier otro adversario
 que ose molestar o interrumpir la agenda programada por estos partidos. 
COGAM es uno de los organizadores del Orgullo Gay en Madrid y en su portal de transparencia son 
accesibles ciertos datos aunque no indican quiénes son los financiadores claramente. El mismo informe 
de auditoría del año 2017 señala que existe un riesgo por la “alta dependencia, en los ingresos de la 
Asociación y su financiación corriente, de las subvenciones vinculadas con las actividades de la referida 
Asociación, que otorgan a la misma, Organismos Públicos”. El documento indica de igual manera que
 el 66% de los ingresos son por subvenciones públicas y que estas ascienden a 286.000 euros. 
Gracias a datos recopilados por Israel Cabrera (Absolutexe en Twitter) hemos podido conocer el origen 
de esos fondos. En el año 2016, COGAM recibió un total de 66.309 euros repartido en cinco
 subvenciones del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Sanidad. En 2017,
 los 286.000 euros mencionados en el informe anterior provienen nuevamente del Ayuntamiento y de la 
Comunidad. Algunos de los proyectos tienen como enfoque “los derechos LGTB+ por todo el mundo
 o para la organización del World Pride 2017. En 2018 la suma asciende a 220.645 euros con enfoques
Otras asociaciones como Arcópoli ha recibido en los últimos tres años 340.500 euros y Triángulo 
hasta 3.061.788 euros. 
Con esta dependencia del dinero público uno entiende fácil por qué se comportan de determinada
 manera y por qué nunca atacan a los partidos que se encargan de que reciban dichas cuantías. Los
 perros no muerden a sus amos como norma general.
se han creado y subvencionado de manera expresa chiringuitos para ciertas personas y que controlen, a modo de mafia, la opinión de todas las personas que se incluyan en el llamado LGTBI
La cara oculta de la financiación
Muchas de estas subvenciones son para proyectos con un supuesto enfoque sanitario o para luchar 
contra la discriminación LGTBI. A priori se lucha por los derechos de las personas y para evitar el acoso
 a ciertas personas por el hecho de ser homosexuales o bisexuales. Es innegable que existen casos de este
 tipo, pero desde luego distan mucho de ser como estos colectivos plantean. Ni existen batidas nocturnas de
 homosexuales, ni nada por el estilo.
Ahora bien, lo que no está claro es para qué se usa gran parte del dinero que reciben porque está claro
 que para concienciar a los ciudadanos no es necesario subvencionar con millones de euros a estos
 colectivos. Esto demuestra que se han creado y subvencionado de manera expresa chiringuitos para
 ciertas personas y que controlen, a modo de mafia, la opinión de todas las personas que se incluyan 
en el llamado LGTBI. Esto es radicalmente falso ya que ni todos los homosexuales son de izquierdas,
 ni mucho menos están de acuerdo con que el ir desnudo por la calle o tener sexo drogado sea
 representativo de ser homosexual. Algo, por otro lado, completamente razonable.
¿Por qué digo esto de ir desnudo o tener sexo drogado?
Para la última edición del Orgullo Gay en Madrid se contrató por un valor de 14.900 a una empresa 
catalana llamada Guatex Médica SL para “lubricante y empaquetado de preservativos extraforte
 (para sexo anal), para la prevención de enfermedades de transmisión sexual y VIH en hombres que
 tienen sexo con hombres, en el orgullo LGTBI de Madrid”. 
Es decir, que todos los españoles hemos financiado las relaciones sexuales de miles de hombres
 homosexuales para el Orgullo LGTBI de Madrid. ¿Es esto un ejemplo de gestión del dinero público?
En la página del Orgullo LGTBI de este año, vienen una serie de pautas o recomendaciones a seguir
 para tener “sexo seguro”. Estas son algunas:
  • ¿Qué sabes de las relaciones sexuales bajo la influencia de las drogas? Si participas en fiestas  con #ChemSex, disfruta del sexo, reduce riesgos. #SafeChemSex  #SafeSexSummer.
  • ¿Sabes qué problemas puede ocasionar no hacer #ChemSex seguro? ¡No te la juegues! Conoce las precauciones que puedes tomar #SafeChemSex #SafeSexSummer
La misma organización da por hecho de que se tiene sexo bajo los efectos de las drogas. Según fuentes 
contactadas por este periódico, se ha perdido gran parte del miedo al VIH por existir medicamentos que 
controlan la enfermedad, lo que ha rebajado el uso de la protección a la hora de tener relaciones sexuales.
 Se nos ha informado de orgías bajo los efectos de las drogas y sin protección alguna; ruletas rusas donde
 algún participante tiene el sida y se juega a ver quién se contagia, etc. 
Prácticas que contradicen todas las campañas de prevención del contagio del VIH. Entonces, ¿para qué 

se financia esto con dinero público si la gente no usa la protección como debería?
Es el colectivo gay, por lo tanto, el principal foco de infección y de contagio VIH
COGAM pedía el año pasado “acelerar la implantación de los PrEP”, es decir, profilaxis post-exposición
Son pastillas para prevenir el contagio por VIH llamadas en el mundo LGTBI como las “pastillas del día
 después” a imagen y semejanza de las consumidas por las mujeres para impedir o eliminar un posible
 embarazo tras mantener relaciones sexuales. Esto puede resultar gracioso para muchos jóvenes, pero 
dista mucho de serlo. 
La PrEP puede tomarse a diario para prevenir la transmisión aunque no es efectiva al 100% por lo 
que muchos practican sexo sin protección o a posteriori para evitar el contagio una vez se ha sido e
xpuesto al virus del sida. 
La misma FELTGB reconoce que cada año hay alrededor de 3.500 infecciones más y la población 
con VIH en España se estima entre los 180.000 y los 200.000 individuos. Eldiario.es señala que
 “la mayoría de los nuevos casos se dan en hombres (84,6 % ) y la media de edad se sitúa en los 35
 años”. Es el colectivo gay, por lo tanto, el principal foco de infección y de contagio VIH. 
Durante el World Pride 2017, estas pastillas se agotaron y los hospitales de Madrid como el 12 de 
Octubre, Clínico San Carlos o Fundación Jiménez Díaz tuvieron que pedir de urgencia más
 existencias a comunidades cercanas. El tratamiento debe iniciarse antes de las 12 horas de 
exposición con un infectado y debe mantenerse durante 28 días. El coste de la pastilla oscila entre 
20 y 50 euros, es decir, que el tratamiento total costaría a las arcas públicas entre 560 y 1.400 euros 
por persona. 
¿A qué están jugando estos colectivos de riesgo de VIH además de con su salud? ¿Es justo que se
 pague con dinero público tales tratamientos cuando en muchas ocasiones se han tenido prácticas
 sexuales sin protección deliberadamente? ¿Acaso señalar esto es homofobia? ¿Por qué hablar de
 esto es un tabú cuando se trata de la salud de cientos de miles de personas? Juzguen ustedes mismos.

sábado, 27 de julio de 2019

Entre las ruinas (Sertorio)

Entre las ruinas

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Vaticinar el colapso de la civilización europea no tiene ningún mérito: lo estamos viviendo todos los días y la corriente no va a parar. Tal y como están las cosas, y con el predominio totalitario de las ideologías suicidas y crepusculares en boga, no debemos descartar que en un plazo mucho más breve de lo que se supone, quizás en treinta o cuarenta años, Europa occidental haya dejado de ser "europea" o, al menos, predominantemente "europea". Y eso se debe a que
Existe en nuestras élites una consciente y férrea voluntad de liquidación de los pueblos, valores e instituciones que cimentaron Occidente.
existe en nuestras élites una consciente, férrea y obstinada voluntad de liquidación de los pueblos, los valores y las instituciones que cimentaron Occidente: lo que conocemos como multiculturalismo. No se podrá encontrar en la Historia una sociedad tan empeñada en destruirse como la nuestra, hasta poner en peligro adrede algo que en cualquier cultura se considera un valor supremo: la continuidad biológica de nuestras naciones. La legislación "social" de los últimos cincuenta años ha facilitado por todos los medios la disolución de la familia tradicional y la ruina de la fecundidad europea: el "derecho" al aborto y su aplicación masiva y casi obligatoria, una "liberación" de la mujer que consiste en amarrarla al mercado laboral y hacerle aborrecer la maternidad y la familia, un feminismo que ha convertido la convivencia entre los sexos en un campo de minas... Todo construido con un sólo fin: que las europeas no tengan hijos. No sólo eso, al hombre se le convierte en un irresponsable homo festivus, que rehúye por contundentes razones jurídicas los compromisos esenciales para el mantenimiento de la célula básica del cuerpo social. Además, también la presión de los dogmas de género le han demonizado y emasculado; se ha feminizado al varón europeo y se le ha convertido en un eunuco con un estigma de culpa que se asume sin titubeos por los legisladores. Una civilización que rinde semejante culto a la esterilidad no puede sino morir en breve plazo.
La continuidad biológica de los pueblos europeos es algo a extinguir por el sistema ideológico dominante, que nunca ha disimulado sus propósitos eminentemente racistas contra el hombre blanco, causa de todos los males del mundo, por lo visto, pero de cuya civilización y logros se quieren aprovechar todos, incluidos los privilegiados académicos que extienden la ideología de género y la multiculturalidad. Occidente es culpable de todos los males,
El hombre blanco es considerado la peor de las bestias dañinas, todos los monumentos de nuestra cultura son la despreciable obra de machistas y supremacistas.
el hombre blanco es la peor de las bestias dañinas, todos los monumentos de nuestra cultura son la despreciable obra de machistas y supremacistas. Y, sin embargo, eso lo pueden afirmar porque se benefician de las ventajas de la tan denigrada cultura occidental y disfrutan de sus magníficas prestaciones. Jamás los versos de La carga del hombre blanco de Kipling fueron más actuales que ahora.
Tomad la carga del hombre blanco
y recoged su vieja recompensa:
el reproche de vuestros superiores,
el odio de aquellos a los que protegéis, 
los lamentos de las masas a las que conducís
(¡ay, tan lentamente!) hacia la luz:
"¿Por qué nos sacó de la servidumbre
de nuestra amada noche egipcia?”
Cuando se escribió este poema, tan profético, Europa dominaba el mundo y vivía su período de mayor esplendor, pero también guardaba los gérmenes de una decadencia que ya anticipaba Nietzsche y que se desperdigaron como una infección galopante desde 1918 hasta el día de hoy. Kipling escribió estos versos para el jubileo de la reina Victoria. Compárese la Inglaterra de entonces con la de ahora para hacerse una idea clara de en dónde estamos y de en qué nos hemos convertido. No nos engañemos, nosotros somos los arquitectos de nuestra propia ruina: con las dos guerras suicidas entre europeos, con la sustitución de los valores culturales por los económicos, con el exceso de riqueza que ha degenerado a los hombres, con la tiranía de la técnica sobre el espíritu y con la extensión de las ideas igualitarias y su consecuencia inevitable: la selección de los peores.Contemple el lector a la casta dominante en Europa y piense si de ahí se puede sacar un sólo sujeto al que se le pueda considerar un hombre de Estado. Sólo encontrará maniquíes, leguleyos y contables, espejos perfectos del último hombre nietzscheano, el socialdemócrata sin patria, sin espíritu, sin carácter. ¿Y qué decir de las supuestas élites académicas, deconstructoras de una civilización brillante en 1900 y hoy deshecha? Los intelectuales europeos del último siglo han sido como los niños que destripan un juguete y luego no saben cómo arreglarlo. ¿A qué han conducido sus juegos, sus vanguardismos, sus críticas y sus deconstrucciones? A una transvalorización de todos los valores, pero en un sentido opuesto a lo que el Nietzsche del superhombre hubiera podido imaginar: a una glorificación de los instintos elementales, a la apoteosis de las propias taras, a una egolatría chabacana que llega hasta lo infrahumano, a un nihilismo radical que sólo se detiene ante la sagrada tasa de beneficios de la plutocracia.
Fijémonos en las autoridades tradicionales, las monarquías que aún sobreviven y la Iglesia romana. Las monarquías son meras repúblicas coronadas que han perdido los atributos sagrados de antaño. Y las Iglesias cristianas de Occidente (la Ortodoxia es muy otra cosa) han decidido olvidar su componente nacional, aceptar el globalismo y convertirse en la punta de lanza de la liquidación de nuestra cultura. Véase, por ejemplo, el odio con el que los clérigos atribulan a Salvini, empeñado en salvaguardar la independencia y la identidad de Italia. Quizá la Iglesia se cree su propia leyenda, esa de que ella forjó a Europa y que, igual que la hizo, la puede deshacer. Ecuménica y mundialista por naturaleza, a Roma poco le importa el destino de Europa porque no es europea, es mundial y puede desplazar su centro de gravedad a América o África sin mayores problemas. Pero quizás todo esto represente a la larga un problema para los futuros pontífices.
No es la cristiandad la que ha hecho a los pueblos de Europa, son los pueblos de Europa los que han hecho a la cristiandad
El cristianismo no es un fruto natural del espíritu europeo: es el producto de una imposición legal iniciada con el Edicto de Tesalónica de Teodosio y predicada desde el poder por sus diversos y variopintos sucesores durante más de un milenio. Para implantarse con un mínimo de éxito, el cristianismo se adaptó a cada pueblo de Europa y cada etnia lo hizo suyo a su manera. Sin esa raíz popular, arraigada en el suelo y las costumbres de las comunidades nacionales, jamás habría pasado el cristianismo de ser la religión oficial de una élite, un bolchevismo mistérico sin el menor contacto con el pueblo.
El cristianismo no es un fruto natural del espíritu europeo: es el producto de una imposición legal iniciada con el Edicto de Tesalónica de Teodosio.
Pero, desde hace medio siglo, Roma busca integrarse en el nuevo proyecto mundial. Curiosamente, cuanto menos "pagana" es, cuanto menos se identifica con una nación y más ecuménica, universalista y globalista se vuelve la Iglesia, más fieles pierde. Europa ya es tierra de misión. Los mejores apóstoles no fueron los del Evangelio, sino los emperadores y reyes que lo convirtieron en religión de Estado. Rota la alianza del Trono y del Altar, el destino del cristianismo en Occidente es desaparecer. 
El panorama es desolador y no va a mejorar, sino todo lo contrario, en los próximos años, pero existen cada vez más zonas de resistencia. Pese a sus castas dirigentes y al adoctrinamento totalitario en el nihilismo más bestializador, hay cerca de una tercera parte de la población europea que no acepta las imposiciones de sus enemigos globalistas. Las élites son conscientes de ello y de ahí la rabia que muestran frente a la resistencia popular, que los oligarcas manifiestan en exhibiciones ridículas de una pretendida "superioridad" moral, en un clasismo racista contra desdentados rednecks y en la pura y simple represión, que será mayor a medida que el rechazo aumente; siempre se podrá empapelar a los que disientan con las leyes del odio, hechas con el fin de amordazar toda contestación. Pero las resistencias son tan sordas como obstinadas e irán adquiriendo fuerza fatalmente a medida que los propios proyectos de la plutocracia avancen. Está en la propia naturaleza de una población sana el resistirse a la extinción cultural y física.
A esto hay que añadir la lucha de clases inevitable entre una población nativa desposeída y precarizada y una plutocracia que optará, como los latifundistas romanos en el Imperio, con inundar el país de bárbaros que abaraten los costes de sus explotaciones. Al igual que los senadores romanos del Bajo Imperio, las élites europeas, de formación postmarxista y liberal, carecen de patriotismo y de sentido de pertenencia a una comunidad, más aún, aborrecen el sólo nombre de nación y, aunque no lo quieran confesar, el de pueblo, de ahí que los mayores monstruos que pueda imaginar su bestiario ideológico sean el nacionalismo y el populismo. Su cosmovisión es puramente económica, desprovista casi por competo de cualquier elemento humanístico tradicional. Esta tecnocracia burda y positivista necesita tintarse de un humanitarismo caritativo y emotivista que disfraza con buenos sentimientos y complejos de culpa un fin evidente: el reemplazo de la población nativa por una masa de recién llegados baratos y dóciles, que incrementen el ejército de reserva de mano de obra que se acumula en las megalópolis, donde se concentra casi toda la riqueza. Fuera de esas grandes ciudades y sus masas crecientes de habitantes, las provincias y el campo quedan desheredados, al margen del circuito global, implacablemente condenados a la despoblación y a la ruina. Y con ellos, millones de nativos europeos por los que el sistema no siente la menor compasión, de los que lo único que se espera es que se extingan sin alborotos o que emigren a las grandes capitales para competir por un mendrugo de pan con los ciudadanos recién importados. Dentro de una generación, en la Europa al oeste del Oder habrá multimillonarios y tecnócratas en la cúspide de la sociedad y una masa de población precaria en la base, sin estamentos medios, almacenada en ghettos étnicos y en perpetua pugna por el empleo y las prestaciones sociales.
El fin del mundialismo es disolver las viejas naciones europeas en un archipiélago de identidades, que desdibuje el sentido de la comunidad nacional e imponga una mentalidad universalista, desarraigada y hasta enemiga del legado occidental. Los Estados serán simples espacios de derechos, desprovistos de toda connotación histórica y cultural. Por supuesto, lo que se prepara para las naciones también se prepara para Europa, que será una gigantesca no-nación, un Singapur enorme, un coloso mercantil que explotará a una masa de ilotas tercermundizados, de donde desaparecerán las identidades culturales originarias, a las cuales se tratará de extinguir con el multiculturalismo, la represión legal y la inmigración de reemplazo. Este proyecto sólo acabará de una manera: en el caos, en conflictos religiosos y étnicos crónicos, en un Líbano o un Afganistán a escala continental. Es lo que ahora importamos de forma masiva y sin límite alguno. El peligro que corremos de desaparecer, de ser extranjeros en la tierra de nuestros antepasados, es tan evidente que, a la fuerza, los restos medianamente cuerdos de la población europea se negarán a morir, a ir mansamente a la extinción que nos preparan los tecnócratas de la UE.
Frente a tal panorama quedan dos opciones: la primera y más deseable sería articular un movimiento paneuropeo que se haga con el poder en Bruselas, forme una nación y cambie el rumbo suicida de nuestro continente. La otra, la que se produciría en el peor de los casos, es la eclosión de reductos de resistencia transnacionales. La dinámica del mundialismo lleva implícita la resistencia a los planes de la plutocracia planetaria por aquellos que son sus víctimas; el lavado de cerebro de la corrección política tiene sus límites y no todas las capas sociales están dispuestas al suicidio inducido. Sea como fuere, en una sociedad fragmentada, de grupos hostiles que compiten por los recursos y el poder, los europeos nativos tendrán que buscar alguna forma de sobrevivir. No podemos predecir cuál será, pero, en los países que padecen semejantes modelos de sociedad, lo normal es que se produzca la concentración de la misma gente en un territorio y que se fortalezca la cohesión interna frente al entorno hostil. A eso nos lleva la multiculturalidad, experimento que siempre ha fracasado.
Mantenernos firmes entre las ruinas de lo que fue Occidente, no ceder nunca, no integrarnos jamás y transmitir el legado de nuestra Tradición a las futuras generaciones.
La tarea inmediata que compete a la vanguardia consciente de los pueblos europeos nativos la sintetizó hace ya más de medio siglo Julius Evola: mantenernos firmes entre las ruinas de lo que fue Occidente, no ceder nunca, no integrarnos jamás y transmitir el legado de nuestra Tradición a las futuras generaciones. Habrá que organizar una resistencia paneuropea que limite los estragos de la barbarie multicultural y permita la supervivencia y el renacimiento de nuestros pueblos, posiblemente bajo nuevas formas y en espacios diferentes. Sin embargo, esa Tradición no será la que los conservadores de hoy consideran como tal. Estará cimentada por la identidad y en su espíritu se manifestarán algunas influencias de la época de extinción cultural que estamos padeciendo, como los necesarios anticuerpos de una vacuna. No será de una pureza inmaculada, sino que habrá en ella aportaciones fruto de las hostiles pero decisivas experiencias de nuestra época. Se aproxima un mundo nuevo y horrible, con más de infierno que de paraíso. Todo será muy diferente y, sin duda, peor. Pero los grandes retos no se superan rehusándolos.
Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

viernes, 26 de julio de 2019

La hipersexualización de la infancia hace que la niñez termine cada vez antes


La hipersexualización de la infancia hace que la niñez 

termine cada vez antes

Ascen Corcuera (Naves en Llamas).– Recientemente, el Centro Jurídico Tomás Moro (CJTM) publicaba un informe pionero, novedoso y revolucionario en su contenido, en el que denunciaba el riesgo real existente de que se esté produciendo, ante el silencio dramático de instituciones, especialistas, padres y docentes, una hipersexualización de la infancia alentada “por por parte de los poderes públicos, de algunos medios de información y de las agencias de publicidad y medios audiovisuales”.

El Centro Jurídico Tomás Moro, que tiene como principales objetivos la defensa de la dignidad de la persona, de la familia y de los derechos humanos como reflejo del derecho natural, considera que el objetivo último de esta estrategia es “poner las bases para que en su edad adulta (los niños) se dejen llevar por una vida hedonista que les arrastre al consumismo desmedido y favorezca, por otra parte, su dirigismo interesado al privarles de una voluntad firme y decidida”.

Podemos definir la hipersexualización infantil como la tendencia a enfatizar entre los menores el valor sexual de la persona por encima de cualquier otra cualidad definitoria, así como el fomento entre los mismos de las relaciones sexuales tempranas. Para el CJTM, los padres tienen la obligación insustituible de salvar a los menores de la nefasta influencia de los planes educativos y de los medios de comunicación. “Ropa, juguetes, series de televisión, planes de estudios en los que la ideología de género gana terreno inoculan de forma sutil el erotismo prematuro en el mundo infantil, creando entre los menores importantes peligros para su salud física y mental, presente y futura. De hecho, la difusión entre los menores de la perspectiva de género está aumentando la probabilidad de abuso sexual y maltrato psicológico”.

Pero, ¿cuáles son, según el CJTM, los auténticos peligros de la hipersexualización de la infancia?

– La hipersexualización roba a los niños su infancia. Actualmente se forma a los menores en la pérdida del pudor y el establecimiento de relaciones sexuales tempranas. Se les transmite así una imagen banal de las relaciones sexuales, que dejan de ser relaciones afectivas enriquecedoras para ser sólo una sexualidad genital narcisista.

– Se fomenta entre los menores la incertidumbre sobre la identidad sexual, dando lugar a trastornos de la personalidad. En todas las comunidades autónomas se están aprobando leyes educativas con objeto de implantar en las aulas la ideología política de género. Tal ideología, contraria a toda evidencia científica y moral, transmite a los menores la confusión sobre su propio sexo al enseñarles que el sexo genital, biológico y genético debe someterse al psicológico. Es decir, que lo importante no es el sexo que se tenga, sino el que psicológicamente cada uno sienta. Lo más grave es que se presentan estas nuevas “alternativas sexuales” como las socialmente más respetables, y ello en plena adolescencia, cuando todavía es alta la indefinición sexual, y cuando el menor busca desmedidamente la notoriedad y el éxito social.

– Se trata de normalizar las relaciones homosexuales cuando son minoritarias estadísticamente. Precisamente la preponderancia de estos perfiles en la publicidad, en las series televisivas y en los programas educativos transmiten la falsa idea de que dichas relaciones son habituales y estadísticamente equiparables a las relaciones heterosexuales. No obstante, se ocultan los estudios que indican el aumento de los riesgos para la salud de tales prácticas: la mayor incidencia de depresiones, trastornos de ansiedad, consumo de alcohol, drogas y abuso de medicamentos, y de enfermedades de transmisión sexual.

– Se incentivan las relaciones sexuales precoces. Las relaciones sexuales precoces no sólo suponen un riesgo para la salud física de los más pequeños, sino que ante todo son un riesgo para su salud mental, al distorsionar los tiempos necesarios para la maduración personal.

Consecuencia de ello son los numerosos embarazos de adolescentes, a los que como única solución se les ofrece el aborto, ocultando sus “efectos secundarios”, tanto morales como físicos. Así, pocas mujeres conocen el aumento del riesgo de cáncer en razón a la realización de un aborto provocado.

jueves, 25 de julio de 2019

Otra mentira feminista: si les matan por ser mujeres, matarían a cualquier mujer, no a su pareja

Otra mentira feminista: si les matan

 por ser mujeres, matarían a cualquier

 mujer, no a su pareja

Claro que es violencia doméstica, familiar, y no de género. Hacen esa barbaridad 

porque el amor se ha convertido en odio.

Discusiones de familia
Discusiones de familia
No les matan por ser mujeres, les matan porque es su mujer. De otra forma, matarían a la vecina del quinto o la cajera del supermercado. Pero no: matan a su pareja, porque el amor que forjó esa pareja se ha convertido en odio.
Habrá que insistir, porque se trata de una gran mentira. Si la matara por ser mujer… ¿por qué casi siempre matan a su esposa, exesposa, pareja o expareja? Y si la mata por el hecho de ser mujer, ¿por qué luego se suicidan ellos que son varones? Y si les matan por su condición femenina, ¿por qué les matan cuando se están separando, es decir, cuando se ha roto el amor y convertido en odio?
Llamarle violencia doméstica no es banalizarlo. Es más, aumenta la gravedad del hecho
 
Por eso resulta más grave hablar de violencia doméstica que de violencia de género, aunque las feministas repitan eso de “violencia contra la mujer por ser mujer” No, no es misoginia. Y el problema no es el machismo, es la familia, un problema mucho más grave.

miércoles, 24 de julio de 2019

Cruda realidad / La nueva izquierda resucita el clasismo

Cruda realidad / La nueva 

izquierda  resucita el clasismo

El ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es
un placer culpable y casi universal. La clase baja es la primera en sufrir los
 experimentos sociales de sus amos, los caprichos políticos.
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La Sande está de verano, con la cabeza llena de verano y esa maravillosa expresión, ‘tiempo libre’, en
 una sociedad en la que cada vez más la única libertad que se entiende es la menor de ellas, la libertad
 política. Y quizá lo suyo, lo responsable, es que me dedicara ahora a analizar ese Frente Popular que se
 supone que nos prepara Pedro, y la investidura, y otra ración de pactos y de ajedrez a varias bandas. 
Pero no.
Y no es solo el espíritu del verano lo que me aparta de esos áridos asuntos; es también, cada vez más, su 
absoluta futilidad. La decadencia es de todo el espectro, no de un partido, y si se produce una
reacción a tiempo, será también todo el espectro el que se mueva de vuelta a la sensatez, aunque 
esto me resulte dificilísimo de imaginar.
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Así que les voy a hablar de la rehabilitación del clasismo. Lo vi todo claro hace unos días, una de esas 
iluminaciones que, lejos de envanecerte, te da rabia no haber visto antes cuando resulta tan evidente.
Desde la caída del Antiguo Régimen, el clasismo se considera lo peor de lo peor, ese mirar por encima 
del hombro a la clase baja. La llegada del socialismo acentuó aún más esa mala fama, insinuando que la 
clase baja no solo no era peor que la media o la alta, sino mucho mejor. Se inició una verdadera 
romantización del proletariado, adornándolo de toda clase de virtudes.
Sí, sorprendentemente, no han sido los neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe
De repente nadie quería definirse como clase alta, se disimulaban los orígenes de buena familia, al menos
 en política, como si fueran un secreto vergonzoso, se exageraban la humildad de los comienzos, se
 multiplicaban las infancias precarias y la dureza de los primeros años.
Pero el ser humano es inevitable, censurablemente clasista. Sentirse superior a otros es un placer culpable 
y casi universal. Y ahora -a lo que iba- la nueva izquierda ha dado su gran dispensación para poder 
despreciar, humillar, atacar y ridiculizar a la clase obrera. Sí, sorprendentemente, no han sido los
 neoliberales ni los conservadores, sino la izquierda más radical la que anima a escupir sobre la plebe,
 la que ha hecho no solo lícito, sino incluso virtuoso, despreciar al proletariado, levantar arrogante
 la nariz ante la plebe como la peor caricatura de cortesano de Versalles y gritarles que coman hierba.
Todo el truco está en no decir que es porque son clase baja, aunque resulte evidente: es porque son 
varones patriarcales y machirulos, o porque son homófobos, o porque son nativos y quieren seguir
 siendo dueños de su tierra, o porque no aprecian el arte moderno, o porque no leen lo que deben, o 
porque sienten apegos que el pensamiento único quiere erradicar. O por todo a la vez, no importa, el 
caso es que no solo pueden los de arriba despreciar a los de abajo sino, oh delicia, hacerlo con la mejor 
de las consciencias, llamándoles ‘privilegiados’; una poderosísima ejecutiva bancaria puede, con toda
 paz, hablar del ‘privilegio patriarcal’ de un pobre pocero.
De esto me he ido dando cuenta paulatinamente, pero en cada ocasión se confirmaba la tendencia. Una 
de las ocasiones más evidentes fue el de las niñas de Rotherham. Ya recordarán, esas casi 3.000 niñas 
década, con el conocimiento de la Policía Local y los servicios sociales municipales, que no hicieron
 nada para no quedar como racistas.
Y todos los que se indignaron con el espantoso suceso hicieron hincapié en los horrores inexpresables a
 los que puede llevar la corrección política, y es muy cierto, pero suele dejarse fuera una obviedad: si las
 víctimas hubieran tenido recursos, si hubieran podido defenderse, si perteneciesen a alguna casta intocable,
 si hubiesen tenido dinero o influencias o cultura, si sus padres no hubieran sido de la vulnerable clase baja,
 más indefensa hoy que nunca, la Policía hubiera actuado en el minuto uno, paquistaníes o no paquistaníes. 
Pero eran lumpen, eran de esa clase olvidada y cutre que a nadie le importa en la modernidad, porque no
 son un colectivo organizado; ¿qué más da lo que les pase? ¿Vamos a arriesgarnos a indisponernos con
 el lobby musulmán y entristecer a sus aliados laboristas por unas arrapiezas blanquitas que, con toda 
seguridad, ni siquiera saben quién fue el último Premio Turner?
La segunda gran ocasión fue la campaña presidencial de Estados Unidos, la pasada. El desprecio por 
los votantes de Trump apenas podía disimular el clasismo subyacente, que muy a menudo salía a la 
superficie cuando la oligarquía de Washington los describía: ‘rednecks’, paletos del ‘país interior’
 con dentaduras incompletas y un absurdo y bochornoso patriotismo, clase baja blanca que se aferraba
 -como llegó a decir Obama- a su Biblia y su revolver.
Hillary Clinton, quizá la representante más identificable de esa aristocracia progresista tan hecha a la 
idea de reinar y disponer de las vidas de la plebe que ya ni siquiera ese consciente del efecto de su 
arrogancia, delató todo al juego al calificar a los votantes de Trump de “cesta de deplorables”.
Trump, que tiene los instintos populistas desarrolladísimos, en seguida se puso a ordeñar esa maravillos
a metedura de pata de su rival y bautizó a sus partidarios de ‘deplorables’, impidiendo que cayera en el
 olvido el clasismo de la candidata demócrata.
Y es que la clase baja, la clase genuinamente obrera, puede votar comunista, pero es siempre 
la más conservadora y aun tradicional. Es la primera en sufrir los experimentos sociales de sus amos, l
os caprichos políticos, y tienen la querencia por su tierra y su país de quien no puede permitirse el lujo 
de no tener patria.

martes, 23 de julio de 2019

Carta a un separatista (Pìo Moa)

Pío Moa: 

Carta a un separatista 

Opinión
Pío Moa