martes, 14 de mayo de 2019

El sistema educativo y el valor de los fogoneros del Titanic

El sistema educativo y el valor de 

los fogoneros del Titanic

Aquí, ni luces ni fogoneros: la izquierda los quiere suspensos e indisciplinados.
 Hoy en la enseñanza prima más fomentar la homosexualidad que el esfuerzo
 y el mérito. El sistema educativo premia valores como los de Schettino, 
el capitán del Costa Concordia, que fue el primero en abandonar el barco.

Los fogoneros del Titanic permanecieron en sus puestos hasta el fin del hundimiento.
Los fogoneros del Titanic permanecieron en sus puestos hasta el fin del hundimiento.
Siendo Rajoy presidente, el ministro Wert fue muy criticado por su intención de implantar tres 
evaluaciones al concluir cada ciclo escolar; le llamaron “la reválida del franquismo”. Ahora, en 
campaña, Rivera pide una misma selectividad para toda España, aunque probablemente quede en
 nada. Todo este asunto recuerda en parte al Titanic, un proyecto con las mejores expectativas y el
 peor final posible. Ha pasado a la historia la épica muerte de su orquesta, que seguía tocando
Nearer, mu God, to Thee -“más cerca, oh Dios, de ti”– mientras el barco se hundía. Es menos 
conocida, en cambio, la de sus 87 fogoneros, que siguieron alimentando la caldera hasta el fin.
El testimonio de los supervivientes es coincidente: el Titanic se fue a pique con las luces encendidas. 
Gracias a ello, muchos pudieron salvar su vida. De no haber seguido en su lugar los fogoneros, 
se habría agotado muy pronto la energía que permitió enviar los SOS e iluminar las vías de
 escape de los pasajeros. Hay que decir que estos hombres sabían la suerte que corrían si 
permanecían en su puesto y sin embargo ninguno de ellos vaciló. Aquí, ni luces ni fogoneros:
 la izquierda los quiere suspensos e indisciplinados. Hoy en la enseñanza prima más fomentar
 la homosexualidad que el esfuerzo y el mérito.
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Dicen que la fortuna sonríe a los audaces. Estando Ricardo Corazón de León en plena cruzada por
 Tierra Santa, se le ocurrió salir de caza con sus caballeros más fieles. Mala idea. Los sarracenos
 les tendieron una emboscada y, superiores en número, a punto estuvieron de acabar con todos.
 Cuando Ricardo estaba a punto de ser apresado el otro caballero que aún conservaba su montura,
 Guillermo de Pourcellet exclamó “¡Yo soy el rey!” Ni que decir tiene que los sarracenos fueron
 raudos por él, mientras Ricardo Corazón de León conseguía escapar. Cuando le llevaron ante 
Saladino se descubrió el embuste, pero éste, admirado por la lealtad del caballero inglés, 
lo liberó en un canje de prisioneros.
Pese a todo, el compromiso de la infantería española fue en todo momento ejemplar. Conscientes de lo que les esperaba, seguían avanzando hacia el enemigo sin romper en ningún momento la formación
“En Flandes se ha puesto el sol”. No volvieron a verlo salir muchos integrantes de los Tercios españoles
 que perdieron la vida en la batalla de Rocroi, por la que Francia empezó a imponer su hegemonía en
 detrimento de España. Pese a todo, el compromiso de la infantería española fue en todo momento 
ejemplar. Conscientes de lo que les esperaba, seguían avanzando hacia el enemigo sin romper en
ningún momento la formación. Cuando uno caía, otro ocupaba su lugar. Tan es así que el propio 
comandante enemigo, el Príncipe de Condé, les dispensó un trato acorde con su heroísmo: respetó
 la vida de los supervivientes y les permitió regresar a España con las banderas desplegadas
 en formación y conservando sus armas.
Es muy probable que un niño de la ESO identifique Titanic con una película, asocie Flandes con un
 postre que hace su abuela los domingos y pregunte en qué equipo juega ese tal Ricardo Corazón de
 León. El esfuerzo por una buena causa siempre merece la pena, como hicieron los fogoneros del
 Titanic. Ocurre que el actual sistema educativo premia valores como los de Francesco Schettino,
el capitán del Costa Concordia, que fue el primero en abandonar el barco cuando éste encalló, 
dejando a los pasajeros a su suerte. En su defensa, afirmó que se había caído en un bote salvavidas
 “por error”. Y así nos va

lunes, 13 de mayo de 2019

Sobre la dignidad y la muerte digna

Sobre la dignidad y la muerte 

digna

El grado de cinismo alcanza cotas insuperables al llamar a la eutanasia o al
 suicidio asistido “muerte digna”. Si una persona está sufriendo, física y/o
 emocionalmente, lo que habrá que hacer es paliar esos sufrimientos, en
 lugar de despacharla con un brebaje mortífero.

El acompañamiento es una parte fundamental de los cuidados paliativos
El acompañamiento es una parte fundamental de los cuidados paliativos
El suicidio asistido de María José Carrasco ha conmovido a la opinión pública en los últimos días. 
A pesar del consentimiento mutuo del matrimonio y de todos los elementos emotivos del caso, que
 ya un juez determinará si constituyen elementos eximentes, sorprende la forma, la grabación 
en directo, la difusión inmediata en medios de comunicación y sobre todo, el escenario y
 la soledad de la pareja lejos de un ambiente médico. Por ello, conviene aclarar si hechos
 como este se pueden calificar de muerte digna.
Se entiende por dignidad el valor inherente de todo ser humano por el mero hecho de serlo, por su
 condición de persona, con sus características y condiciones particulares, simplemente por tratarse
 de un ser humano. No se trata de una cualidad que se otorga, sino que se reconoce. La dignidad
 es consustancial al ser humano. No depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias
 étnicas, de sexo, de condición social, ni de salud física o psíquica. La dignidad no debe 
confundirse con la calidad de vida.
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Si no tenemos claro que significa el término dignidad cometeremos el error de creer que hay personas
 que son más dignas de vivir que otras, incluso que algunas personas no son dignas de vivir… lo que
 nos llevará a justificar no solo la eutanasia, sino lo que ocurrió en la Alemania de los años treinta. 
 No creo que matar en una cámara de gas sea lo que eufemísticamente algunos califican como
 “muerte digna”.
Aparte de las razones morales o éticas, tan solo desde la perspectiva biológica, el ser humano
 tiene unas características extraordinarias y específicamente humanas que le hacen merecedor de
 la dignidad. Una persona no es un animal, ni una cosa, ni un objeto de usar y tirar. La vida es 
el principal y primero de todos los derechos humanos y nadie tiene derecho ni sobre su vida 
ni sobre la de los demás.
La dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia física o mental
Un argumento unido a la dignidad que constituye un principio sobre el que la humanidad ha estado
 luchando durante siglos, es el de la “igualdad”. El reconocimiento de la dignidad de los demás
 conlleva la aceptación del principio de igualdad de todos los hombres. La dignidad es fundamental
 en todas las grandes declaraciones sobre los derechos humanos, como la Declaración Universal de
 los Derechos Humanos de 1948, el Convenio de Oviedo para la protección de los Derechos Humanos
 y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina de 1997,
 la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, de la UNESCO de
 1997, los códigos deontológicos sobre la ética en la práctica de la Medicina, etc., etc.
Dicho lo anterior, es obvio que la dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del
 momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia 
física o mental que afecte a las personas. Como decía la Dra. María Dolores Vila-Coro: «un individuo
 no es persona porque se manifiesten sus capacidades, sino al contrario, éstas se manifiestan porque
 es persona».
En Biología diríamos, que un individuo no es un ser humano porque se manifiesten sus rasgos
 humanos, sino que estos se manifiestan por tener ADN humano. Por ello, se ha de reconocer con
 los mismos derechos y la misma dignidad a todo individuo desde que se constituye la información
 de la que dependen las características biológicas propias de los seres humanos. Esto incluye desde
 la etapa embrionaria a la adulta, independientemente de si se han desarrollado todas o parte 
de sus capacidades, o de si está dormido, temporalmente inconsciente, en estado de coma, etc.
En las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo
A pesar de esto, hay quien cuestiona el calificativo de persona a los embriones, los fetos, las personas 
con deficiencias mentales o a los discapacitados. En determinados sectores políticos imbuidos por estas
 ideas, se trata de medir a las personas en función de unos parámetros meramente físicos o mentales,
 y se confunde la “calidad de vida” con la dignidad. Si se piensa así, es fácil llegar al disparate de
 pensar que alguien ya no merece seguir viviendo y como consecuencia legislar para acabar con
 él. ¿Es eso la muerte digna?
Si no se reconoce el mismo valor, la misma dignidad, a todas las personas surge la ley del más fuerte
 y se podrá terminar como en la Alemania de los años treinta. Piénsese esto antes de dar el primer 
paso, porque, una vez dado, se seguirá una pendiente deslizante de difícil retorno, como ha ocurrido
 en Holanda, donde en 2002 se aprobó una ley de despenalización de la eutanasia y tras sucesivas 
reformas, siempre para hacerla más extensiva, ya están en la aplicación de una ecuación para
 medir la calidad de vida de los recién nacidos y en función de ello aplicar una eutanasia neonatal.
Lo que está ocurriendo es que en las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones 
fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo. Siempre será más fácil implementar
 un pretendido derecho a morir que considerar la obligación de curar. Siempre será más fácil, 
y por supuesto más barato, eliminar a un enfermo terminal que tratar de aliviar su sufrimiento o
 procurar su bienestar hasta que la muerte suceda de forma natural. Siempre será más fácil la 
eutanasia que los cuidados paliativos.
El grado de cinismo alcanza cotas insuperables al llamar a la eutanasia o al suicidio asistido
 “muerte digna”. La muerte no admite calificativos, es algo natural que nos alcanzará a todos.
 No se puede calificar de muerte digna a una muerte provocada. Si una persona está sufriendo,
 física y/o emocionalmente, lo que habrá que hacer es paliar esos sufrimientos, en lugar de 
despacharla con un brebaje mortífero o de retirarle los cuidados mínimos para que se extinga lo 
que le quede de vida.
No se comprende que se traten de implantar leyes como la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios paliativos
En España, según datos de la Asociación Española de lucha Contra el Cáncer (AECC), existe un déficit
 enorme en la calidad, cantidad y disponibilidad de los recursos a los que tienen acceso los pacientes 
y sus familiares en la fase de enfermedad avanzada. Aproximadamente el 50% de los pacientes 
no tiene acceso a este tipo de atención cuando les es precisa. Parece mentira que esto esté pasando
 en la sanidad pública española, considerada una de las mejores del mundo. Téngase en cuenta que
 una asistencia paliativa temprana reduce las hospitalizaciones innecesarias y el uso de los servicios 
de salud.
Téngase también en cuenta que no es lo mismo cuidados paliativos que obstinación terapéutica.
Cuando hablamos de cuidados paliativos no estamos hablando  de mantener de forma artificial y a
 toda costa la vida de un paciente, sino de no renunciar a los medios mínimos necesarios para
 mantenerle hasta que la muerte suceda de forma natural, acorde con su dignidad y al mismo tiempo
 aliviar los dolores. Se trata de valorar los medios terapéuticos proporcionados a las dolencias del
 paciente para hacer posible lo que señala el Código de y Deontología Médica de la Organización 
Médica Colegial Española: “El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del 
paciente siempre que sea posible. Y cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar 
las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aun cuando de ello pudiera 
derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida”.

En 2017, de acuerdo con un análisis de la situación, la Organización Médica Mundial señaló
 que los Cuidados Paliativos constituyen un elemento fundamental de los servicios sanitarios 
integrados y centrados en la persona, en todos sus niveles de atención, el físico, el psicológico,
 el social y el espiritual.  Es en esto en lo que hay que incidir, y es esto lo que sabe hacer un 
buen médico especialista en paliativos. No se comprende que se traten de implantar leyes como
 la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios
 paliativos. Hay que evitar el sufrimiento a las personas y sus familiares. Hay que evitar que 
sucedan casos como el de Ángel Hernández y María José Carrasco, que tuvieron que convertir su
 casa en un improvisado hospitalillo para, solos y tras años de sufrimiento, adoptar la menos
digna de las soluciones, el suicidio asistido.

domingo, 12 de mayo de 2019

El editorial de la semana: Los trabajadores españoles no necesitan más inmigración

El editorial de la semana: Los trabajadores españoles no necesitan más inmigración



Aquellos españoles que dependemos de un sueldo para subsistir no necesitamos a la inmigración para nada. Sobre todo aquellos cuyas percepciones salariales quedan un poco por encima o bastante por debajo de los mil euros. Y los compatriotas sometidos a los infrasalarios van siendo, dentro de la población, un porcentaje alarmantemente al alza.
La inmigración es requerida por los grandes poderes e intereses económicos globalistas. Con ella, gracias a la reducción en costes sociales que la inmigración reporta a la patronal, se genera, lo que los economistas denominan, crecimiento económico. Un crecimiento que no tiene reflejo en mejoras en los salarios de los trabajadores, ni en las prestaciones o sistemas de protección social.
La inmigración, la globalización y el sistema económico neoliberal están destrozando el Estado del bienestar en Europa. Es un hecho incontestable que, sin embargo, se pretende ocultar. Lo que le importa al modelo económico y social, además de optimizar beneficios, es el avance del multiculturalismo. Frases manoseadas y manidas como «los inmigrantes vienen a pagarnos las pensiones» o «España no va a perder población gracias a la inmigración» no son nuevas. Recordemos que la gran explosión de la inmigración en España se produjo bajo el Gobierno de ese indecente llamado José María Aznar. Del poco más de medio millón de inmigrantes censados en 1996, se pasaron a los más de 3.000.000 millones en el año 2004.

Con Zapatero se llegaron a los 5.700.000 inmigrantes, más del 12% de a población. Todo ello, sin contar a los centenares de miles de individuos a los que se les ha regalado la nacionalidad española.
¿Qué beneficios obtuvieron los trabajadores españoles en estos boyantes periodos de puertas abiertas y papeles para todos? Resumimos: la reforma laboral de 2010 y la de 2012, el incremento del 145% en el precio de la vivienda (694 euros/m2, en 1996, a 1.701 euros/m2, en el año 2011), quiebra del sistema financiero y rescate bancario con dinero público. No podemos olvidar, en ningún caso, a los 193 muertos de los atentados del 11-M y, mucho más recientemente, a las 16 víctimas de los yihadistas marroquíes en Cataluña.
Como no hay mal que por bien no venga, la crisis económica nos libró de algunos centenares de miles de inmigrantes. Sí, algunos de ellos deben estar disfrutando en República Dominicana o Ecuador de los créditos que se les concedieron en España y que se están pagando con dinero de todos los españoles. No sería suficiente con un editorial para detallar el daño que las hipotecas concedidas indiscriminadamente a inmigrantes generaron al sistema financiero español.
Pero ahora, cuando la crisis se ha instalado entre nosotros para no irse nunca, el Instituto Nacional de Estadística informa que el número de extranjeros llegados a nuestro país volvió a dispararse en 2017. De izquierdas o derechas, católicos o ateos son inmensa mayoría los medios de comunicación que lanzan las campanas al vuelo. Se oye otra vez aquella vieja canción del verano, previa al estallido de la burbuja, titulada «Los inmigrantes vienen a pagarnos las pensiones».

sábado, 11 de mayo de 2019

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

Seamos más comunidad que nunca. Busquemos al prójimo. Amemos con descaro.
 Plantemos cara a este siglo. Seamos audaces. El enemigo no es tal o cual partido,
 ni siquiera un político concreto. El enemigo es, principalmente, la mentira,
 la falsedad.

Imagen referencial /Pixabay
Imagen referencial /Pixabay
Hay muchos votantes conservadores y de derechas que se han quedado en shock tras las elecciones
 del pasado domingo. “¿Y ahora qué?”, se preguntan y te preguntan. Bueno, vamos a tratar de dar
 algunas ideas que puedan ayudar.
El primer error quizás estribe en pensar que la política salva. La política condiciona,
 influye –mucho, en ocasiones-, define, establece, legisla y sanciona. Que no es poca cosa. Pero
 no “salva” en el sentido espiritual y religioso de la palabra, y tampoco puede suprimir totalmente
 la libertad del individuo. El error que se repite con más frecuencia a lo largo de la historia es el 
de poner todas las esperanzas en una persona, en un bando, en unas siglas.
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Los que somos cristianos sabemos que “la victoria es de nuestro Dios” (Ap. 7, 10), y que las 
aparentes conquistas de los que eligen vivir en la mentira son exiguas y pasajeras. “Hombre, si te
 pones así…”, me decía un amigo católico y cumplidor hace unos días. Pero es que hay que ponerse
 así, si realmente eres cristiano y tienes fe viva y real.
En segundo lugar, por supuesto, hay que actuar y no resignarse y cruzarse de brazos, que es una
 actitud, por otro lado, muy tentadora para algunos. Pero aquí surge otro error muy común: de
 nuevo, el enemigo no es tal o cual partido, ni siquiera un político concreto. El enemigo es,
 principalmente, la mentira, la falsedad. Y esa mentira, venga de donde venga. Hay que
 alabar el bien sin mirar de donde viene, y debemos rechazar del mismo modo el mal sin 
fijarnos en su procedencia.
Por eso, en ocasiones son más peligrosos los políticos que supuestamente están más cerca de 
los principios evangélicos, porque muchos cristianos sin discernimiento les disculpan más 
fácilmente en sus incoherencias cuando no en sus planteamientos frontalmente contrarios a la fe.
 Pero como es de tal partido, no pasa nada y no se lo tienen en cuenta.
Todos conocemos ex ministros de misa diaria, de dirección espiritual frecuente, que siempre 
figuran en las primeras filas de cualquier acto religioso y que parecen estar continuamente 
colgados de la sotana de tal obispo o religioso. Allá donde hay un incensario, allá están ellos. 
Lo que llamamos un meapilas, vaya (a muchos hombres de Iglesia, por otro lado, les encanta 
eso de estar rodeados de gente con poder humano). Pero luego no han tenido reparo en formar 
parte de un gobierno que no ha hecho nada, por ejemplo, a favor de la vida y que tiene las manos
 manchadas de la sangre de las víctimas inocentes del aborto.
Sin embargo, esos mismos creyentes son inflexibles con los dirigentes que consideran enemigos
 y anticlericales, y son incapaces de ver cualquier mínimo atisbo de bien en ellos. Creen, 
además, hacerle un servicio a la Iglesia y al Evangelio empleando cualquier arma contra ellos, 
desde el insulto hasta la ridiculización o la calumnia.
¿Y ahora qué? Pues ahora a crecer cada uno personalmente; a formarse; a sacudirse los miedos, complejos y temores
A esos zelotes de la ley quizás sería bueno recordarles la observación de San Pablo a los corintios:
 “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino el poder de Dios” (2 Cor. 10, 4).
Pero volvamos al punto de partida: ¿Y ahora qué? Pues ahora a crecer cada uno personalmente;
 a formarse; a sacudirse los miedos, complejos y temores; a bucear en la propia interioridad; a 
extirpar los malos hábitos de conducta y abrazar los buenos; a renunciar al hedonismo, al 
materialismo y a la frivolidad; a insistir “a tiempo y a destiempo, a reprender, amenazar, 
exhortar con toda paciencia y doctrina” (2 Tim. 4, 2). Y todo esto, sin perder la paz y la serenidad 
y creciendo en la confianza.
Esto no es solo válido para los que tratamos de tener el Evangelio como norma de vida, sino 
para todos aquellos que quieren vivir en la verdad y rechazan permanecer en la oscuridad y
 la mentira.
Después, “una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc. 22, 32). Es decir, fortalece a los
 vacilantes, a los tímidos, a los miedosos, a los que titubean, a los que desfallecen. Porque vivimos 
tiempos recios, y muchos dudan y sienten flaqueza; son multitud los confundidos por el 
ambiente de falsedad que se acaban extraviando. En especial, cuida a tus hijos y a los que 
están a tu cargo, pero sin caer en una neurosis ni en una especie de manía persecutoria.
Y ayudémonos. Seamos más comunidad que nunca. Busquemos al prójimo. Amemos con descaro.
 Plantemos cara a este siglo. Seamos audaces. Estemos en el mundo sin ser del mundo. No tengamos
 miedo a innovar sin perder nuestras esencias. Y entonces habrá comenzado la victoria.

viernes, 10 de mayo de 2019

Nadie niega la violencia machista. Lo que decimos es que hay una violencia feminista...y es mucho peor (Eulogio López)

Nadie niega la violencia machista. 

Lo que decimos es que hay una 

violencia feminista...y es mucho 

peor

https://youtu.be/NaNtiiWURKk
El director de Hispanidad.com, Eulogio López, recuerda una de las grandes mentiras feministas

jueves, 9 de mayo de 2019

Cruda realidad / Ante todo, mucha calma

Cruda realidad / Ante todo, mucha

 calma

Este resultado es una maravilla, se mire como se mire, en este momento y con
 los bueyes que hay que arar. Dejad de ver Juego de Tronos, que os nubla el 
entendimiento. ¿Qué es “la derecha”? Si están tan seguros de que Vox ha roto
 su unidad, imagino que lo tendrán fácil para explicarlo.

Santiago Abascal, presidente de Vox, ejerce su derecho al voto el 28 de abril de 2019. /EFE
Santiago Abascal, presidente de Vox, ejerce su derecho al voto el 28 de abril de 2019. /EFE
Todos somos en alguna medida hijos de nuestro tiempo. Sí, incluso los que tenemos la pretensión 
de oponernos al pensamiento dominante lo somos; hasta quienes, como creyentes, aspiramos a
 agarrarnos a una Verdad intemporal que nos salve de esa humillante esclavitud, como la llamaba
 Chesterton. Quizá no en lo que confesamos explícitamente, pero sí en lo que damos por supuesto.
Somos los hijos de la sociedad de consumo, de la satisfacción inmediata, con una preferencia
 temporal tan acentuada que asusta.
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En estas horas inmediatas al anuncio de los resultados electorales he venido oyendo tantas tonterías 
que, más que escribir una columna, me gustaría poner a los lloricas de cara a la pared para que 
se lo piensen bien antes de hablar.
A ver, ¿qué esperaban muchos de los ‘voxeros’ que veo lloriqueando por las esquinas? ¿Qué ganara 
Santiago Abascal por mayoría absoluta en las primeras generales a las que se enfrenta con alguna
 posibilidad de pisar el Congreso? Lo del pensamiento Disney, ¿no era un defecto de la izquierda?
Vox ha sacado 24 escaños. Ve tú con una máquina del tiempo y díselo a los ‘few, happy few, band
 of brothers‘ que se reunían en casa de alguno de ellos después de las elecciones inmediatamente
 anteriores: iban a agotar el champagne de varios Mercadonas. Y, por supuesto, no entenderían
 las caras largas.
Veinticuatro escaños. El partido universalmente demonizado, el partido imposible, el fascismo 
redivivo que nos iba a quitar el voto a las mujeres e iba a empezar a fusilar a los homosexuales, 
según la propaganda. En serio, chicos, este resultado es una maravilla, se mire como se mire, en
 este momento y con los bueyes que hay que arar. Dejad de ver Juego de Tronos, que os nubla 
el entendimiento.
Otra cosa: ¿qué no se entiende de “la larga marcha por las instituciones”? Imagino que “larga”, 
que eso de no tener lo que se quiere aquí y ya es cosa que frustra mucho a la generación de la 
autoestima y el “puedes conseguir lo que te propongas”. Si, digamos, Vox hubiera conseguido 
más votos que Ciudadanos y PP, creedme, íbamos a tener un problema serio. Liderarían, en el caso
 óptimo, una coalición fragilísima que se iba a llevar todas las bofetadas -entre otras, la de la
 recesión que ya asoma- y que probablemente no podría responder a los enormes retos.
Os lo tengo dicho: es la cultura, no la política. No se puede gobernar a contrapelo de la
 cultura, en contra de lo que ‘todo el mundo’ -todo el mundo que cuenta, para empezar- 
da por descontado a estas alturas. Antonio Gramsci, más listo que un ajo, elaboró toda una 
estrategia sobre esta idea y ha triunfado en toda la línea. Lo llamó, como digo arriba, ‘la larga
 marcha por las instituciones’, y, sí, es larga e ingrata, pero funciona.
Es decir, lo que hay que cambiar es la cultura, lo que se da por bueno y lo que se considera malo, 
con un guión que cuadre y atraiga. Eso, por supuesto, se puede hacer con más facilidad desde el 
poder, pero no se hace por decreto y contra todos los demás poderes. Se necesita paciencia, y de
 eso andamos justitos.
Una tontería mayor: la unidad de la derecha. Me he hartado de oír y leer que Vox es el culpable de
 que haya salido Sánchez, que ha roto ‘la unidad de la derecha’ y que esa ‘derecha’ hubiera obtenido
 mayoría absoluta si hubieran concurrido juntos Vox, PP y Ciudadanos.
¿Quién ha dicho que la prioridad absoluta es “echar a Sánchez”, cuando sabemos que la anterior era “echar a Zapatero” y, conseguido por el PP con mayoría absoluta, se dedicó a consagrar todas las leyes de Zapatero?
Ajá. Veo tanta contundencia en esas afirmaciones -a veces, en reproches de ácido sarcasmo: 
“estaréis contentos, votantes de Vox…”- que supongo que cualquiera de ellos podrá responderme 
a la más sencilla de las preguntas: ¿qué es “la derecha”? Si están tan seguros de que Vox ha roto su 
unidad, imagino que lo tendrán fácil para explicarme qué es, en qué consiste, cuáles son sus pilares 
básicos, los principios que la definen. Venga, espero.
Vale, yo también soy ‘moderna’ y tampoco estoy dispuesta a esperar: NADA. No hay nada que
defina ese término, sino la posición relativa en un espectro cambiante. ¿Quién ha dicho que la
 prioridad absoluta es “echar a Sánchez”, cuando sabemos que la anterior era “echar a Zapatero” 
y, conseguido por el PP con mayoría absoluta, se dedicó a consagrar todas las leyes de Zapatero?
¿Alguien me puede mostrar en qué puntos importantes, de peso, indudables, está Ciudadanos más 
cerca de Vox que de el PSOE? Ellos mismos se definen de centro-izquierda, una definición que
 ha usado con frecuencia el PSOE.
La respuesta obvia es que no, Vox no ha roto ninguna supuesta unidad. Que una mayoría de
 sus votantes, incluso de los que no llegaron a votarles por un temor de última hora, no veía en 
el partido verde una formación que tuviera contento al Ibex (¿sería eso una definición aproximada
 de la derecha en la que están pensando?), sino que defendería principios que hasta ayer eran 
comunes a todos o casi todos los partidos y hoy son anatemas tanto para el PP como para Ciudadanos.
Venga, vamos todos a calmarnos y que cada uno cargue con sus propias culpas.