Dicen que la fortuna sonríe a los audaces. Estando Ricardo Corazón de León en plena cruzada por
Tierra Santa, se le ocurrió salir de caza con sus caballeros más fieles. Mala idea. Los sarracenos
les tendieron una emboscada y, superiores en número, a punto estuvieron de acabar con todos.
Cuando Ricardo estaba a punto de ser apresado el otro caballero que aún conservaba su montura,
Guillermo de Pourcellet exclamó “¡Yo soy el rey!” Ni que decir tiene que los sarracenos fueron
raudos por él, mientras Ricardo Corazón de León conseguía escapar. Cuando le llevaron ante
Saladino se descubrió el embuste, pero éste, admirado por la lealtad del caballero inglés,
lo liberó en un canje de prisioneros.
Pese a todo, el compromiso de la infantería española fue en todo momento ejemplar. Conscientes de lo que les esperaba, seguían avanzando hacia el enemigo sin romper en ningún momento la formación
“En Flandes se ha puesto el sol”. No volvieron a verlo salir muchos integrantes de los Tercios españoles
que perdieron la vida en la batalla de Rocroi, por la que Francia empezó a imponer su hegemonía en
detrimento de España. Pese a todo, el compromiso de la infantería española fue en todo momento
ejemplar. Conscientes de lo que les esperaba, seguían avanzando hacia el enemigo sin romper en
ningún momento la formación. Cuando uno caía, otro ocupaba su lugar. Tan es así que el propio
comandante enemigo, el Príncipe de Condé, les dispensó un trato acorde con su heroísmo: respetó
la vida de los supervivientes y les permitió regresar a España con las banderas desplegadas
en formación y conservando sus armas.
Es muy probable que un niño de la ESO identifique Titanic con una película, asocie Flandes con un
postre que hace su abuela los domingos y pregunte en qué equipo juega ese tal Ricardo Corazón de
León. El esfuerzo por una buena causa siempre merece la pena, como hicieron los fogoneros del
Titanic. Ocurre que el actual sistema educativo premia valores como los de Francesco Schettino,
el capitán del Costa Concordia, que fue el primero en abandonar el barco cuando éste encalló,
dejando a los pasajeros a su suerte. En su defensa, afirmó que se había caído en un bote salvavidas
Si no tenemos claro que significa el término dignidad cometeremos el error de creer que hay personas
que son más dignas de vivir que otras, incluso que algunas personas no son dignas de vivir… lo que
nos llevará a justificar no solo la eutanasia, sino lo que ocurrió en la Alemania de los años treinta.
No creo que matar en una cámara de gas sea lo que eufemísticamente algunos califican como
“muerte digna”.
Aparte de las razones morales o éticas, tan solo desde la perspectiva biológica, el ser humano
tiene unas características extraordinarias y específicamente humanas que le hacen merecedor de
la dignidad. Una persona no es un animal, ni una cosa, ni un objeto de usar y tirar. La vida es
el principal y primero de todos los derechos humanos y nadie tiene derecho ni sobre su vida
ni sobre la de los demás.
La dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia física o mental
Un argumento unido a la dignidad que constituye un principio sobre el que la humanidad ha estado
luchando durante siglos, es el de la “igualdad”. El reconocimiento de la dignidad de los demás
conlleva la aceptación del principio de igualdad de todos los hombres. La dignidad es fundamental
en todas las grandes declaraciones sobre los derechos humanos, como la Declaración Universal de
los Derechos Humanos de 1948, el Convenio de Oviedo para la protección de los Derechos Humanos
y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina de 1997,
la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, de la UNESCO de
1997, los códigos deontológicos sobre la ética en la práctica de la Medicina, etc., etc.
Dicho lo anterior, es obvio que la dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del
momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia
física o mental que afecte a las personas. Como decía la Dra. María Dolores Vila-Coro: «un individuo
no es persona porque se manifiesten sus capacidades, sino al contrario, éstas se manifiestan porque
es persona».
En Biología diríamos, que un individuo no es un ser humano porque se manifiesten sus rasgos
humanos, sino que estos se manifiestan por tener ADN humano. Por ello, se ha de reconocer con
los mismos derechos y la misma dignidad a todo individuo desde que se constituye la información
de la que dependen las características biológicas propias de los seres humanos. Esto incluye desde
la etapa embrionaria a la adulta, independientemente de si se han desarrollado todas o parte
de sus capacidades, o de si está dormido, temporalmente inconsciente, en estado de coma, etc.
En las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo
A pesar de esto, hay quien cuestiona el calificativo de persona a los embriones, los fetos, las personas
con deficiencias mentales o a los discapacitados. En determinados sectores políticos imbuidos por estas
ideas, se trata de medir a las personas en función de unos parámetros meramente físicos o mentales,
y se confunde la “calidad de vida” con la dignidad. Si se piensa así, es fácil llegar al disparate de
pensar que alguien ya no merece seguir viviendo y como consecuencia legislar para acabar con
él. ¿Es eso la muerte digna?
Si no se reconoce el mismo valor, la misma dignidad, a todas las personas surge la ley del más fuerte
y se podrá terminar como en la Alemania de los años treinta. Piénsese esto antes de dar el primer
paso, porque, una vez dado, se seguirá una pendiente deslizante de difícil retorno, como ha ocurrido
en Holanda, donde en 2002 se aprobó una ley de despenalización de la eutanasia y tras sucesivas
reformas, siempre para hacerla más extensiva, ya están en la aplicación de una ecuación para
medir la calidad de vida de los recién nacidos y en función de ello aplicar una eutanasia neonatal.
Lo que está ocurriendo es que en las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones
fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo. Siempre será más fácil implementar
un pretendido derecho a morir que considerar la obligación de curar. Siempre será más fácil,
y por supuesto más barato, eliminar a un enfermo terminal que tratar de aliviar su sufrimiento o
procurar su bienestar hasta que la muerte suceda de forma natural. Siempre será más fácil la
eutanasia que los cuidados paliativos.
El grado de cinismo alcanza cotas insuperables al llamar a la eutanasia o al suicidio asistido
“muerte digna”. La muerte no admite calificativos, es algo natural que nos alcanzará a todos.
No se puede calificar de muerte digna a una muerte provocada. Si una persona está sufriendo,
física y/o emocionalmente, lo que habrá que hacer es paliar esos sufrimientos, en lugar de
despacharla con un brebaje mortífero o de retirarle los cuidados mínimos para que se extinga lo
que le quede de vida.
No se comprende que se traten de implantar leyes como la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios paliativos
En España, según datos de la Asociación Española de lucha Contra el Cáncer (AECC), existe un déficit
enorme en la calidad, cantidad y disponibilidad de los recursos a los que tienen acceso los pacientes
y sus familiares en la fase de enfermedad avanzada. Aproximadamente el 50% de los pacientes
no tiene acceso a este tipo de atención cuando les es precisa. Parece mentira que esto esté pasando
en la sanidad pública española, considerada una de las mejores del mundo. Téngase en cuenta que
una asistencia paliativa temprana reduce las hospitalizaciones innecesarias y el uso de los servicios
de salud.
Téngase también en cuenta que no es lo mismo cuidados paliativos que obstinación terapéutica.
Cuando hablamos de cuidados paliativos no estamos hablando de mantener de forma artificial y a
toda costa la vida de un paciente, sino de no renunciar a los medios mínimos necesarios para
mantenerle hasta que la muerte suceda de forma natural, acorde con su dignidad y al mismo tiempo
aliviar los dolores. Se trata de valorar los medios terapéuticos proporcionados a las dolencias del
paciente para hacer posible lo que señala el Código de y Deontología Médica de la Organización
Médica Colegial Española: “El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del
paciente siempre que sea posible. Y cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar
las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aun cuando de ello pudiera
derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida”.
En 2017, de acuerdo con un análisis de la situación, la Organización Médica Mundial señaló
que los Cuidados Paliativos constituyen un elemento fundamental de los servicios sanitarios
integrados y centrados en la persona, en todos sus niveles de atención, el físico, el psicológico,
el social y el espiritual. Es en esto en lo que hay que incidir, y es esto lo que sabe hacer un
buen médico especialista en paliativos. No se comprende que se traten de implantar leyes como
la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios
paliativos. Hay que evitar el sufrimiento a las personas y sus familiares. Hay que evitar que
sucedan casos como el de Ángel Hernández y María José Carrasco, que tuvieron que convertir su
casa en un improvisado hospitalillo para, solos y tras años de sufrimiento, adoptar la menos
Aquellos españoles que dependemos de un sueldo para subsistir no necesitamos a la inmigración para nada. Sobre todo aquellos cuyas percepciones salariales quedan un poco por encima o bastante por debajo de los mil euros. Y los compatriotas sometidos a los infrasalarios van siendo, dentro de la población, un porcentaje alarmantemente al alza.
La inmigración es requerida por los grandes poderes e intereses económicos globalistas. Con ella, gracias a la reducción en costes sociales que la inmigración reporta a la patronal, se genera, lo que los economistas denominan, crecimiento económico. Un crecimiento que no tiene reflejo en mejoras en los salarios de los trabajadores, ni en las prestaciones o sistemas de protección social.
La inmigración, la globalización y el sistema económico neoliberal están destrozando el Estado del bienestar en Europa. Es un hecho incontestable que, sin embargo, se pretende ocultar. Lo que le importa al modelo económico y social, además de optimizar beneficios, es el avance del multiculturalismo. Frases manoseadas y manidas como «los inmigrantes vienen a pagarnos las pensiones» o «España no va a perder población gracias a la inmigración» no son nuevas. Recordemos que la gran explosión de la inmigración en España se produjo bajo el Gobierno de ese indecente llamado José María Aznar. Del poco más de medio millón de inmigrantes censados en 1996, se pasaron a los más de 3.000.000 millones en el año 2004.
Con Zapatero se llegaron a los 5.700.000 inmigrantes, más del 12% de a población. Todo ello, sin contar a los centenares de miles de individuos a los que se les ha regalado la nacionalidad española.
¿Qué beneficios obtuvieron los trabajadores españoles en estos boyantes periodos de puertas abiertas y papeles para todos? Resumimos: la reforma laboral de 2010 y la de 2012, el incremento del 145% en el precio de la vivienda (694 euros/m2, en 1996, a 1.701 euros/m2, en el año 2011), quiebra del sistema financiero y rescate bancario con dinero público. No podemos olvidar, en ningún caso, a los 193 muertos de los atentados del 11-M y, mucho más recientemente, a las 16 víctimas de los yihadistas marroquíes en Cataluña.
Como no hay mal que por bien no venga, la crisis económica nos libró de algunos centenares de miles de inmigrantes. Sí, algunos de ellos deben estar disfrutando en República Dominicana o Ecuador de los créditos que se les concedieron en España y que se están pagando con dinero de todos los españoles. No sería suficiente con un editorial para detallar el daño que las hipotecas concedidas indiscriminadamente a inmigrantes generaron al sistema financiero español.
Pero ahora, cuando la crisis se ha instalado entre nosotros para no irse nunca, el Instituto Nacional de Estadística informa que el número de extranjeros llegados a nuestro país volvió a dispararse en 2017. De izquierdas o derechas, católicos o ateos son inmensa mayoría los medios de comunicación que lanzan las campanas al vuelo. Se oye otra vez aquella vieja canción del verano, previa al estallido de la burbuja, titulada «Los inmigrantes vienen a pagarnos las pensiones».
En estas horas inmediatas al anuncio de los resultados electorales he venido oyendo tantas tonterías
que, más que escribir una columna, me gustaría poner a los lloricas de cara a la pared para que
se lo piensen bien antes de hablar.
A ver, ¿qué esperaban muchos de los ‘voxeros’ que veo lloriqueando por las esquinas? ¿Qué ganara
Santiago Abascal por mayoría absoluta en las primeras generales a las que se enfrenta con alguna
posibilidad de pisar el Congreso? Lo del pensamiento Disney, ¿no era un defecto de la izquierda?
Vox ha sacado 24 escaños. Ve tú con una máquina del tiempo y díselo a los ‘few, happy few, band
of brothers‘ que se reunían en casa de alguno de ellos después de las elecciones inmediatamente
anteriores: iban a agotar el champagne de varios Mercadonas. Y, por supuesto, no entenderían
las caras largas.
Veinticuatro escaños. El partido universalmente demonizado, el partido imposible, el fascismo
redivivo que nos iba a quitar el voto a las mujeres e iba a empezar a fusilar a los homosexuales,
según la propaganda. En serio, chicos, este resultado es una maravilla, se mire como se mire, en
este momento y con los bueyes que hay que arar. Dejad de ver Juego de Tronos, que os nubla
el entendimiento.
Otra cosa: ¿qué no se entiende de “la larga marcha por las instituciones”? Imagino que “larga”,
que eso de no tener lo que se quiere aquí y ya es cosa que frustra mucho a la generación de la
autoestima y el “puedes conseguir lo que te propongas”. Si, digamos, Vox hubiera conseguido
más votos que Ciudadanos y PP, creedme, íbamos a tener un problema serio. Liderarían, en el caso
óptimo, una coalición fragilísima que se iba a llevar todas las bofetadas -entre otras, la de la
recesión que ya asoma- y que probablemente no podría responder a los enormes retos.
Os lo tengo dicho: es la cultura, no la política. No se puede gobernar a contrapelo de la
cultura, en contra de lo que ‘todo el mundo’ -todo el mundo que cuenta, para empezar-
da por descontado a estas alturas. Antonio Gramsci, más listo que un ajo, elaboró toda una
estrategia sobre esta idea y ha triunfado en toda la línea. Lo llamó, como digo arriba, ‘la larga
marcha por las instituciones’, y, sí, es larga e ingrata, pero funciona.
Es decir, lo que hay que cambiar es la cultura, lo que se da por bueno y lo que se considera malo,
con un guión que cuadre y atraiga. Eso, por supuesto, se puede hacer con más facilidad desde el
poder, pero no se hace por decreto y contra todos los demás poderes. Se necesita paciencia, y de
eso andamos justitos.
Una tontería mayor: la unidad de la derecha. Me he hartado de oír y leer que Vox es el culpable de
que haya salido Sánchez, que ha roto ‘la unidad de la derecha’ y que esa ‘derecha’ hubiera obtenido
mayoría absoluta si hubieran concurrido juntos Vox, PP y Ciudadanos.
¿Quién ha dicho que la prioridad absoluta es “echar a Sánchez”, cuando sabemos que la anterior era “echar a Zapatero” y, conseguido por el PP con mayoría absoluta, se dedicó a consagrar todas las leyes de Zapatero?
Ajá. Veo tanta contundencia en esas afirmaciones -a veces, en reproches de ácido sarcasmo:
“estaréis contentos, votantes de Vox…”- que supongo que cualquiera de ellos podrá responderme
a la más sencilla de las preguntas: ¿qué es “la derecha”? Si están tan seguros de que Vox ha roto su
unidad, imagino que lo tendrán fácil para explicarme qué es, en qué consiste, cuáles son sus pilares
básicos, los principios que la definen. Venga, espero.
Vale, yo también soy ‘moderna’ y tampoco estoy dispuesta a esperar: NADA. No hay nada que
defina ese término, sino la posición relativa en un espectro cambiante. ¿Quién ha dicho que la
prioridad absoluta es “echar a Sánchez”, cuando sabemos que la anterior era “echar a Zapatero”
y, conseguido por el PP con mayoría absoluta, se dedicó a consagrar todas las leyes de Zapatero?
¿Alguien me puede mostrar en qué puntos importantes, de peso, indudables, está Ciudadanos más
cerca de Vox que de el PSOE? Ellos mismos se definen de centro-izquierda, una definición que
ha usado con frecuencia el PSOE.
La respuesta obvia es que no, Vox no ha roto ninguna supuesta unidad. Que una mayoría de
sus votantes, incluso de los que no llegaron a votarles por un temor de última hora, no veía en
el partido verde una formación que tuviera contento al Ibex (¿sería eso una definición aproximada
de la derecha en la que están pensando?), sino que defendería principios que hasta ayer eran
comunes a todos o casi todos los partidos y hoy son anatemas tanto para el PP como para Ciudadanos.
Venga, vamos todos a calmarnos y que cada uno cargue con sus propias culpas.