domingo, 17 de febrero de 2019

Por hacer cumplir la ley a un inmigrante ilegal se te tacha de racista y se te suspende de empleo y sueldo.





En España hemos llegado a un punto en el que por hacer cumplir la ley a un inmigrante ilegal se te tacha de racista y se te suspende de empleo y sueldo.

La extrema izquierda ha desplegado una campaña de acoso a un guardia de seguridad que quiso impedir que un inmigrante ilegal se colara en el metro y ha conseguido que sea cautelarmente apartado de su puesto tan solo por hacer bien su trabajo.

 
 
¿Acaso tienen los inmigrantes bula para no pagar el transporte público? ¿Hemos de hacer la vista gorda y permitir que un inmigrante ilegal se salte la ley simplemente por el color de su piel?

En España se está discriminando a los españoles y a los inmigantes legales en beneficio de los inmigrantes ilegales, quienes por el simple hecho de serlo, quedan eximidos del cumplimiento de la ley o se promulgan leyes cuya finalidad es privilegiarlos frente a la población autóctona.

La corrección política está resquebrajando las estructuras del Estado de Derecho, que se muestra incapaz de actuar ante quienes, escudándose en la pertenencia a un colectivo supuestamente vulnerable, operan con total impunidad, al tiempo que se benefician de los generosos subsidios que los lobbies progres les consiguen de los presupuestos públicos.
 
 
Dejar impunes este tipo de comportamientos antisociales perjudica a los millones de inmigrantes que cumplen con sus deberes cívicos y que pagan religiosamente sus impuestos, beneficiando sólo a aquellos inmigrantes que no vienen con la intención de integrarse y salir adelante a través de su trabajo, sino parasitando al Estado del Bienestar.

Para ello te pedimos que firmes la petición y hagas saber a Renfe y Ombuds tu malestar con lo ocurrido.

Texto propuesto:


Estimados señores, todos somos iguales ante la ley, el vigilante de seguridad solo cumplía con su trabajo, con lo que les pido encarecidamente, retiren cualquier sanción contra la empresa de seguridad o el trabajador.


Estimados señores, les pido retiren cualquier tipo de sanción a su trabajador por cumplir con su deber. Y dejen de ser complices de un hecho totalmente injusto.
 

PD1: Si quieres hacer una campaña con nosotros escríbenos a estamos@haciendounmundomejor.org
PD2: Puede colaborar con El Club de los Viernes de muchas maneras. aquí te explicamos cómo http://www.elclubdelosviernes.org/voluntarios/
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sábado, 16 de febrero de 2019

El aborto, el mayor genocidio de la historia

El aborto, el mayor genocidio de la historia
¿Habrá médicos que sean capaces de trocear el cuerpo de un bebé perfectamente formado? ¿Se encontrarán enfermeras dispuestas a ayudar en esta labor? Mucho me temo que sí. No sólo eso. La nueva ley contempla que se pueda dejar morir al niño que logre sobrevivir al aborto.

Alex Navajas

Engañaron a muchos al decir que había 300.000 abortos clandestinos anuales en España. Cuando se despenalizó en 1985, apenas se practicaron 1.000. ¿Dónde estaba esa supuesta demanda social?
Engañaron a muchos cuando planteaban que cómo se iba a obligar a una mujer sin recursos económicos a hacerse cargo de un nuevo bebé y que en ese caso era lógico que abortara. Pero entonces empezaron a abrir ‘clínicas’ privadas que se llenaron los bolsillos a costa de esas mujeres supuestamente pobres.
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Engañaron a muchos hablando de casos extremos de niñas de 13 años embarazadas, cuando la realidad es que la inmensa mayoría de mujeres que abortan ronda la treintena.
Engañaron a muchos asegurando que el aborto sería el último recurso y se pusieron condescendientes diciendo que “es un mal trago para la propia madre”, cuando la realidad es que 4 de cada 10 mujeres que abortan en España ya lo han hecho antes alguna vez.
Engañaron a muchos afirmando que con la educación sexual que iban a impartir se evitarían los embarazos no deseados, cuando la realidad es que se dispararon, terminando la mayoría de ellos en aborto.
Engañaron a muchos esgrimiendo los abortos en caso de violación, cuando la realidad es que éstos no suelen pasar del 0,07% de los mismos.
Engañaron a muchos defendiendo que el aborto no tiene ninguna consecuencia en la mujer, y ocultaron el síndrome del post aborto, que sume a muchas mujeres en una profunda depresión y desesperación para el resto de sus vidas.
Bastará que una mujer alegue que psicológicamente le supone un trauma tener el hijo para que automáticamente pueda prescindir de él
Pero ahora han dado una vuelta de tuerca más en la aberración. Tanto es así que incluso muchos que toleran el aborto se han visto consternados. El estado de Nueva York acaba de aprobar que se pueda terminar con la vida del bebé incluso hasta el noveno mes. Hace unos días, en medio de aplausos, risotadas, gritos de júbilo y apretones de manos, el asesino, el genocida, el maléfico, el siniestro gobernador del estado, impecablemente vestido, perfumado y peinado, firmaba –con tinta, pero podría haberlo hecho con sangre- una ley que permite el aborto hasta el último momento del embarazo.
Como de costumbre, los asesinos ocultaron esta orgía de sangre y muerte con motivos humanitarios, lo que convierte el hecho en algo todavía más vomitivo: dijeron que se limitará “a casos de inviabilidad fetal o cuando sea necesario para proteger la vida o la salud de un paciente”. Es decir, siempre. Bastará que una mujer alegue que psicológicamente le supone un trauma tener el hijo para que automáticamente pueda prescindir de él.
¿Habrá médicos que sean capaces de trocear el cuerpo de un bebé perfectamente formado? ¿Se encontrarán enfermeras dispuestas a ayudar en esta labor? Mucho me temo que sí. No sólo eso. La nueva ley contempla que se pueda dejar morir al niño que logre sobrevivir al aborto. ¿Hay alguna imagen más macabra que la de unos sanitarios lavándose las manos y quitándose indiferentes la ropa del quirófano mientras un bebé con el cuerpo abrasado por la solución salina agoniza a pocos pasos?

Hoy me toca escribir sobre esto. No es agradable. Pero nos toca levantar la voz contra esta barbarie, contra el mayor genocidio de la historia. No queramos tener las manos manchadas de sangre por nuestro silencio.

viernes, 15 de febrero de 2019

Nunca hubo genocidio español en América (José Javier Esparza)

Nunca hubo genocidio español en América

Hoy ningún investigador serio discute que la causa principal de la mortandad entre nativos y entre españoles fueron los virus.


El 12 de octubre de 2005, la agencia oficial argentina Télam emitía un texto donde aseguraba que “con la llegada de los conquistadores se inició un exterminio que arrasó con 90 millones de pobladores de la región y quebró el desarrollo cultural de este lado del Atlántico. […] El mayor genocidio de la historia”.
¿En qué se basa esta acusación? Se basa en datos que proceden de la propia época. Uno, muy concreto, son los censos de población india realizados por los españoles en el siglo XVI, que reflejan una reducción brutal del número de nativos. Por ejemplo, los taínos de Santo Domingo pasaron de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de Santo Domingo y las Antillas. ¡Un millón noventa mil muertos en sólo veinticinco años! Esas cifras se extrapolaron después al resto del continente. Sorprende que un número exiguo de españoles fuera capaz de matar a tanta gente en tan poco tiempo, pero, al fin y al cabo, hay un testimonio de la época que lo afirma con toda claridad: el del dominico Fray Bartolomé de las Casas, que contrapone la mansedumbre de los indios a la crueldad de los españoles. Los españoles, en una generación, han matado a más de quince millones de indios, dice fray Bartolomé. Unas líneas más adelante, en ese mismo texto, el buen dominico multiplica esa cifra por dos. Irrefutable, ¿no? Pues no.
El genocidio imposible
Primero, las cifras del genocidio son imposibles: ¿Noventa millones de muertos en un siglo y pico a manos de sólo 200.000 españoles, que más no fueron los que pasaron a América? Eso cuadra mal. ¿Un millón de muertos en poco más de veinte años, en un solo sitio, las Antillas, y en el siglo XVI, a base de ballesta y arcabuz? Es impracticable, sobre todo si tenemos en cuenta que, al mismo tiempo, los Reyes Católicos habían dado órdenes muy estrictas de tratar bien a los indígenas. Por otro lado, ¿quién hizo el censo? ¿Son fiables esas cifras? Respecto a Las Casas, ¿por qué denuncia tantos crímenes y, sin embargo, nunca dice dónde ni cuándo se produjeron, como tampoco da el nombre del criminal? ¿Y por qué da unas cifras y después, a medida que se va calentando, va subiendo el número de muertos sin temor a la contradicción?
Y además, si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno (no, al menos, hasta el que perpetraron los norteamericanos a principios del siglo XX)? Aún peor: Las Casas logró su objetivo y en 1547 la Corona prohibió el sistema de encomiendas, que según fray Bartolomé era la causa de las muertes, pero los indios siguieron muriendo. No sólo eso, sino que por dos veces se le autorizó a construir una especie de “república de indios”, que era lo que él reclamaba, y las dos veces sus asentamientos fueron atacados por los propios indios. ¿Por qué? ¿Qué pasa aquí? Nada encaja. Vamos a explicar lo que pasó de verdad. 
Si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno?
Primero, el asunto de la población. Directamente: los censos de la época no valen. Eso lo ha demostrado una norteamericana, Lynne Guitar, de la Universidad de Vanderbilt, que fue a Santo Domingo a estudiar la historia de los taínos y se quedó allí: hoy es profesora del Colegio Americano en Santo Domingo. Y la profesora Guitar descubrió que los censos no es que no sean fiables, sino, más aún, que son inútiles: cuando un indio se convertía al cristianismo y vivía como un español, o más aún si se mestizaba, dejaba de ser censado como indio y era inscrito como español. Y si luego venía otro funcionario con distinto criterio, entonces volvía a ser inscrito como indio, y así hay casos de ingenios de azúcar donde los indios pasan de ser unos pocos cientos a ser 5.000 en sólo dos años, y después la cifra decrece radicalmente para, de repente, volver a aumentar. Para colmo, los encomenderos –los españoles que regentaban tierras y explotaciones– mentían en sus censos, porque preferían trabajar con negros, a los que podían esclavizar, que con indios, cuya esclavitud estaba prohibida por la Corona, de manera que sistemáticamente ocultaban las cifras reales. Es decir que las cifras censales de los indios en América, en el siglo XVI, son papel mojado.
¿Cuántos indios había realmente en América? Según los cálculos de Rosemblat, que siguen siendo los más serios, la población total de la América indígena no pasaba de los 13 millones desde el Canadá hasta la Tierra del Fuego. Le recuerdo a usted la nota de la agencia oficial argentina Télam citada al comienzo: “un genocidio de 90 millones de indios”. Jamás hubo tantos. ¿Mentía entonces fray Bartolomé al hablar de aquel exterminio? Quizá no a conciencia. Las Casas vio graves casos de crueldad. Y vio también muertos, muchos muertos. Era fácil conectar una cosa con otra. Pero hoy sabemos que la gran mayoría de aquellos muertos, que sin duda se contaron por cientos de miles, fueron causados por los virus, algo que ningún español del siglo XVI podía conocer.
La guerra de los virus
También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se cree que la introdujo en América un esclavo negro de Pánfilo de Narvaéz, hacia 1520, y se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán. Cuando Pizarro llegó al Perú, encontró que la población estaba diezmada por la viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí la nariz: el virus había viajado por selvas y cordilleras a través de los animales. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada “influenza suina”, como causante de la mortandad indígena a principios del XVI. El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros. Un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisa que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo XVI, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, paperas, sarampión; fue letal. Del mismo modo que los primeros establecimientos españoles en América fueron diezmados por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada “gripe española” causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual.
Los estudios de los últimos treinta años son prácticamente unánimes: hubo ciertamente altas cifras de mortandad entre las poblaciones amerindias, pero las cifras se reparten por igual entre los indios aliados de los españoles y entre sus enemigos, y aún más, las cifras de mortandad entre los propios españoles son, proporcionalmente, más elevadas aún que las de los nativos. Es decir que la mortandad es cierta, pero no el genocidio.
Hoy ningún investigador serio discute que la causa principal de la mortandad entre nativos y entre españoles fueron los virus: los indígenas cayeron a mansalva bajo el efecto de enfermedades que los españoles llevaron consigo y que en aquel mundo eran desconocidas, mientras que los españoles quedaban aniquilados por enfermedades tropicales –malaria, dengue, leishmaniasis, tripanosomiasis, etc.– que no sabían cómo tratar. Ya hemos citado el caso del Perú: cuando llega Pizarro, la población del Imperio inca lleva varios años soportando los efectos de una dura epidemia de viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí el morrión. Otro dato: cuando Hernando de Soto se encuentra con la misteriosa Dama de Cofitachequi, en la actual Carolina del Sur, lo que halla a su alrededor es un poblado convertido en necrópolis por el efecto de las enfermedades. La llegada a las Indias de los primeros niños europeos, con su carga de varicelas, sarampiones, paperas y demás, fue más letal que cualquier ejército. Mientras tanto, las expediciones de Bobadilla, Ovando y Pedrarias, por ejemplo, contabilizaban hasta un 50 por ciento de bajas mortales apenas dos meses después de haber desembarcado, los de Pizarro caían fulminados por infecciones, etc. Los avances de la medicina en el último medio siglo han permitido explicar numerosos episodios de este género. Es asombroso que aún hoy tantos historiadores sigan renuentes a introducir el factor médico en sus narraciones de la Conquista.
De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Pasará después en la América anglosajona, que sí ejecutó proyectos de exterminio deliberado de la población indígena. Esa misma América anglosajona que ahora maldice a Colón y los españoles.
La verdad de la Conquista
La conquista española de América –la cruzada del océano– fue propiamente una conquista, es decir, una operación de dominio, de poder, y en su crónica surgen inevitablemente los mismos episodios de violencia, depredación y guerra que en cualquier otra conquista de cuantas la Historia conoce. Pero, al mismo tiempo, fue una empresa guiada por un innegable espíritu de misión en el sentido religioso del término: se trataba de convertir a la Cruz a pueblos que vivían al margen de ella, y por eso
Cosas insólitas como la prohibición de la esclavitud, la protección de los indígenas, el mestizaje o la multiplicación de catedrales, universidades, hospitales...
en la aventura aparecen elementos tan insólitos como la prohibición de la esclavitud, la protección legal de los indígenas, el mestizaje o la multiplicación de catedrales, universidades y hospitales a lo largo de todo el territorio conquistado. El resultado de todo eso fue un mundo nuevo: un mundo que ya no era el de las culturas amerindias, pero que tampoco era propiamente una España
ultramarina, porque la América hispana muy pronto tuvo su singular personalidad. El antecedente más parecido que se le puede encontrar a este magno proceso es la construcción del Imperio romano: del mismo modo que Roma creó en Europa un mundo sobre la base de su lengua, sus legiones y su derecho, así España creó en América un mundo sobre la base de su religión, su idioma y su ley.
Enfrente estaban los indios, por supuesto. Pero también sobre este particular hay que hacer infinitas matizaciones y revisar numerosos tópicos. Los excesos románticos de la literatura indigenista nos han vendido la imagen del pérfido depredador español que llega a las Indias para explotar al buen indio, que dormitaba tranquilamente en la puerta de su bohío. Es una imagen ridícula. Primero y ante todo: los indios son tan protagonistas de la Conquista como los propios españoles. Colón jamás habría podido instalarse en La Española sin la aquiescencia de una buena parte de los taínos. Cortés jamás habría conquistado México sin los tlaxcaltecas y otros pueblos aliados, como Pizarro jamás habría conquistado el Perú sin los tallanes, los huancas y los chachapoyas, entre otros muchos. Segundo y no menos fundamental: taínos, tlaxcaltecas, tallanes y demás pueblos aliados de los conquistadores se unieron a los españoles porque estaban siendo salvajemente explotados por los caribes, los aztecas y los incas, respectivamente. Ésa era la realidad.
La estampa del indio que dormitaba feliz a la puerta de su bohío es estrictamente falsa. Las comunidades amerindias, prácticamente sin excepción, eran sociedades muy conflictivas, muy violentas, donde unos pueblos aniquilaban a otros sin la menor contemplación, donde la esclavitud era una institución absolutamente convencional, donde las mujeres –en términos generales­– eran usadas como objeto de cambio y donde los sacrificios humanos formaban parte de la vida cotidiana. Todo esto no fue un invento de los cronistas para legitimar la hegemonía española; todos los hallazgos arqueológicos lo confirman. Por eso los pueblos más débiles, los que sufrían la violencia de los más fuertes, se unieron a los españoles de muy buen grado: aquellos sujetos barbudos envueltos en hierro eran su única salvación. La Conquista no se sustancia, pues, en un simple esquema “europeos contra indios”. La realidad fue muchísimo más compleja. Y así como hubo algunas poblaciones indígenas enteramente aniquiladas, hubo otras –de hecho, la mayoría– que abrieron las puertas a la Conquista y contribuyeron a la radical transformación del continente. Las cosas fueron así. Nunca hubo un genocidio español en América.

jueves, 14 de febrero de 2019

Boicot LGTBI a un policía que ayuda a niños a escapar de depredadores sexuales

Boicot LGTBI a un policía que 

ayuda a niños a escapar de 

depredadores sexuales

El Ayuntamiento de Logroño trató de apropiarse de su Proyecto Alexia, hasta que 
el lobby LGTBI atacó a Salvador Martí por expresarse en libertad. El policía 
local de Logroño impulsa una ILP riojana para defender el derecho de los padres
 a elegir la educación de sus hijos en libertad.

El policía local de Logroño Salvador Martí junto a Alexia, la marineta con la que enseña a protegerse a los niños. /FB Alexia Enséñanos
El policía local de Logroño Salvador Martí junto a Alexia, la marineta con la que enseña a protegerse a los niños. /FB Alexia Enséñanos
Salvador Martí es un policía local de Logroño, padre de tres hijos, que desde su experiencia profesional 
detectó que existe una falta de instrucción en los más pequeños para defenderse de algunos peligros 
como los depredadores sexuales o los secuestros de menores.
Así, comenzó en la primavera de 2018 el Proyecto Alexia Enséñanos, en el que mediante el uso de 
una marioneta vestida de policía, diseñó unas sesiones de formación a los niños menores de 6 años, 
complementadas con una charla a los padres.
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Salvador se preocupó de que el proyecto estuviera supervisado por psicólogos y psiquiatras especializados
 en niños y adolescentes, de tal forma que el mensaje tuviera la mayor eficacia posible. Con este fin, 
el Proyecto Alexia Enséñanos contó con el respaldo profesional del Centro Puerta Abierta 
especializado en la materia. 
Dado el éxito de la iniciativa, trató de recabar el apoyo del concejal de Seguridad Ciudadana, Miguel
 Sainz García. Después de realizar varios intentos y no obtener respuesta, siguió adelante con el proyecto, 
costeando de su bolsillo todos los materiales, incluida la marioneta Alexia y organizando las 
sesiones con los colegios públicos y concertados de la provincia.
Durante las sesiones con los padres, tenía especial éxito el vídeo ‘Depredadores’, en el que se muestra
 cómo -con permiso de los padres- un adulto logra engatusar a los menores para llevárselos de un 
parque en menos de dos minutos.
Es relevante el caso de una mujer que acepta formar parte del experimento y que se muestra convencida 
de que su hijo no caerá en la trampa, puesto que le ha insistido mucho sobre la posibilidad de embaucadores 
desconocidos, dado que ella sufrió en sus propias carnes esta lacra siendo niña en Brasil. El 
‘gancho’ de Salvador Martí logró llevarse al niño en 1 minuto y 38 segundos.
Varios meses después de que el concejal ignorara los llamamientos de Martí, el vídeo del experimento
 logró una notoriedad pública importante cuando fue emitido en El programa de Ana Rosa en Telecinco.

Sin foto política

Según ha detallado Martí a Actuall, el concejal trató de apropiarse del proyecto al conocer la repercusión 
mediática, incluso ofreciéndole que para oficializar la dependencia del proyecto se le ofreciera al policía
 que figurara -aunque fuera de forma simulada puesto que Martí mantiene el carácter altruista 
del proyecto- el pago de horas extras como funcionario público.
En dicha reunión, celebrada ya en el verano de 2018, estuvieron presentes, además del citado concejal,
 otros miembros del gobierno municipal y el jefe de la Policía Local. Salvador Martí se ratificó sin
 embargo en que el único respaldo que reclamaba del Ayuntamiento era una declaración pública.
Por deferencia, el policía creador del Proyecto Alexia Enséñanos trasladó al resto de grupos de la
 oposición el trabajo que estaba realizando por si querían apoyarlo, siempre bajo la condición de 
que “no habría foto política”.

Entra en escena el lobby LGTBI

El pasado mes de octubre el proyecto va viento en popa. Apenas comenzado el curso, hasta 54 
colegios habían cerrado fechas para recibir al Proyecto Alexia Enséñanos en sus aulas.
Además, recibe el respaldo de Juan José Cortés, el padre de la niña Mariluz asesinada por un 
depredador sexual en 2008, y de los padres de Lucía Vivar, la pequeña hallada muerta el pasado 27 
de julio en las vías del tren siete horas después de su desaparición en la estación de Pizarra en Málaga.
Salvador Martí y Juan José Cortes, con la marioneta Alexia.
Salvador Martí y Juan José Cortes, con la marioneta Alexia.
Es entonces cuando desde el Ayuntamiento se vuelven a poner en contacto con Salvador Martí, para 
comprometerse a promocionar el proyecto en las ludotecas municipales, con la sola condición de hacer
 pública esta decisión en una rueda de prensa.
Todo se desarrolló con normalidad y, tras la rueda de prensa, Martí se marchó a realizar el turno de 
noche que le correspondía como policía local. Cuando despertó a media mañana, Salvador encontró 
que tenía varias llamadas perdidas del concejal de Seguridad.
Rueda de prensa de apoyo del Ayuntamiento de Logroño al Proyecto Alexia.
Rueda de prensa de apoyo del Ayuntamiento de Logroño al Proyecto Alexia.
Según explica Martí a Actuall, el concejal Miguel Sáinz García le conminó para que retirara
 una publicación que había realizado unos días antes en el perfil en Facebook de la iniciativa, 
en el que se mostraba contario a la imposición del ideario LGTBI a los menores sin conocimiento 
de los padres.

El mensaje del concejal: “Te lo advertí”

Martí se negó a admitir la censura que le quería imponer el concejal -quien llegó a decirle, según 
su testimonio, “atente a las consecuencias”-. Y al día siguiente, después de muchas llamadas perdidas
 del concejal que el policía ignoró porque no iba a cambiar su postura, recibe un mensaje de WhatsApp
 con el texto “Te lo advertí” enlazado a la retirada del apoyo institucional. 
El concejal explicó a los medios que la decisión se tomaba porque Martí había sido acusado de
homofobia por los grupos LGTBI de la ciudad. Todos los grupos municipales, presionados por
 estos grupos, condenaron por “homófobo” al policía y exigieron responsabilidades a la alcaldesa.
Aún más, el concejal socialista Kilian Cruz, a la sazón presidente de la federación de las asociaciones 
de padres y madres de alumnos de los colegios de La Rioja, envió una carta en la que señalaba que, 
pese a que los contenidos del Proyecto Alexia Enséñanos eran de calidad y provecho para los alumnos, 
las declaraciones políticamente incorrectas de Salvador Martí hacían necesario cancelar las sesiones 
programadas.
Así sucedió que muchos de los centros se dieron de baja del Proyecto Alexia a pesar de que durante
 estas sesiones no se menciona en ningún momento nada relacionado con las personas LGTBI.

Cambio de uniforme

Por otro lado, el concejal de Seguridad determinó que Salvador Martí no podría hacer uso del uniforme 
de la Policía Local de Logroño como había hecho hasta el momento en sus sesiones de formación.
Pero Salvador Martí no estaba dispuesto a darse por vencido. Así que se agenció un disfraz de policía en
 cuya espalda ironizó con las presiones del grupo LGTBI mayoritario en La Rioja que se identifica con
 las siglas GYLDA. En su lugar, puso las siglas GILDA, con i latina, como acrónimo de Grupo 
Investigation Logroñés de Alexia.
Uniforme de Salvador Martí , del proyecto Alexia Enséñanos, con las siglas GILDA.
Uniforme de Salvador Martí , del proyecto Alexia Enséñanos, con las siglas GILDA.
Pese a que las declaraciones de Martí en Facebook nada tienen que ver con el desarrollo del proyecto
 Alexia Enséñanos, lo cierto es que son muy pocos los colegios de la provincia que han mantenido 
su colaboración, sustrayendo a los menores de seis años de una formación que puede ser
 determinante para su seguridad.

Una ILP por la libertad educativa

A raíz de esta persecución ideológica, Salvador Martí funda la asociación ‘Los Niños son Intocables‘,
 con la que pretende impulsar el debate sobre la libertad educativa y defender el derecho de los
 padres a lelegir, conforme a la Constitución Epsñaola, la eduación más acorde a sus convicciones.
La Asociación los Niños son Intocables celebra manifestaciones en Logroño el primer sábado de cada mes.
La Asociación los Niños son Intocables celebra manifestaciones en Logroño el primer sábado de cada mes.
Y lo ha hecho con fuerza. Para comenzar, está convocando manifestaciones los primeros
 sábados de cada mes para impulsar la recogida de firmas pertinente para que, mediante 
la presentación de una iniciativa Legislativa Popular, sea debatida una ley que obligue a los
 centros escolares a informar a los padres y solicitar su permiso para impartir cualquier charla o
 taller de carácter sexual a los hijos.
A raíz de sta movilización, a Salvador Martí se le han acercado algunas personas a contarle
 casos concretos.

Dos casos de adoctrinamiento

Martí narra a Actuall dos casos de adoctrinamiento que le sobrecogieron en especial.
El primero se trata de una niña de Guatemala que fue violada por su abuelo entre los 7 y los 10 años.
 También intentaron matarla. Ya en España, la niña vuelve un día del colegio con 11 años llorando
 desconsolada y le dice a su madre: “Me han dicho en clase que lo que me hicieron no es tan malo”. 
La niña se refería a las indicaciones que se realizan a los menores en los cursos pilotados por las
 organizaciones LGTBI en los colegios sin conocimiento de los padres, en los que se les anima a
 tocarse sexualmente, experimentar en ese campo con otros, con independencia del sexo y la edad.
El policía también recuerda para Actuall el caso de un padre que le transmitió su escándalo cuando
 descubrió que en el colegio concertado religioso de su hijo le habían enseñado la forma de que
 un varón penetre a otro por el ano sin provocar sangre. Al llegar al colegio a protestar, se le
 transmitió que por miedo a perder la subvención se impartían los talleres.
Proteger a los menores es el motivo de su lucha.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Cruda realidad / Cuando el Capital se hace de izquierdas

Cruda realidad / Cuando el Capital se hace de izquierdas

No hay firma de peso que no parezca aborrecer con todas sus fuerzas a la derecha, posicionándose en los extremos más progresistas de la guerra cultural. Y aquí viene lo extraño de las nuevas prédicas empresariales: ni siquiera pretenden caer bien a sus clientes.
 
Hoy me he topado con el enésimo comentario -con vídeo- en Twitter sermoneándonos sobre cómo tenemos que educar a nuestros hijos. En este caso, se trataba de preguntar a las criaturas si dan su permiso para que colguemos sus fotos en redes sociales, porque por lo visto ahora son autoridades en derechos de imagen.
Pero no quiero entrar en si el consejo es bueno o malo; ni siquiera pretendo quejarme de ese irritante hábito que tienen tantos de ir dando leccioncitas que nadie les ha pedido. Así son las redes. No, lo que me ha puesto de los nervios es que el sermoncito me lo da una operadora de telefonía móvil.
Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.
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No es, naturalmente, la única. De hecho, parece haberse convertido en una auténtica plaga esta de los comerciantes decididos a arreglar nuestras vidas, enmendar nuestras malas inclinaciones y, en general, convertirse en inesperados maestros de moral en lo que no tiene absolutamente nada que ver con su negociado. Y, para asombro de tontos, siguiendo por lo común la opinión más izquierdista a mano.
Pocas historias de amor desdeñado tan tristes como la que tiene por protagonistas a la derecha al uso y a las grandes empresas. Daría para un tango especialmente desgarrador.
Yo crecí en ese entorno político en que ser de derechas era automáticamente dar la razón a las empresas, mejor cuanto más grandes, aunque solo fuera para denigrar al Estado, ese torpe, patoso y malévolo mastodonte. En los otros aspectos del ‘canon’, los morales y sociales, había más margen de discusión. ¿Familia? Bueno, todo el mundo sabe que hay diferentes tipos de familia. ¿Vida? En fin, no estamos en la Edad Media (¿qué les pasa a este gente con la Edad Media?). Pero todos podían repetir, traducido, el mantra americano: lo que es bueno para General Motors es bueno para América.
Muchas de las consignas que meten a tacón, muchos de los ‘avances’ que celebran, ni siquiera son especialmente populares entre sus clientes
Porque solo había, realmente, dos bandos, la empresa -la ‘libre iniciativa’- y el Estado, y había que elegir con todas las consecuencias. Y, oh sorpresa, ahora vemos que no hay firma de peso en el mundo que no parezca aborrecer con todas sus fuerzas a la derecha, a la opinión conservadora, posicionándose invariablemente en los extremos más progresistas de la guerra cultural.
Si este banco contrata costoso espacio en medios para presumir de que en su plantilla hay más mujeres que en la de ningún otro, aquella petrolera se ufana de celebrar con extático entusiasmo el Día del Orgullo y la cadena de hipermercados de más allá gasta sus buenos euros en anunciar ‘urbi et orbi’ que tiene un departamente en el que solo contrata a transexuales.
Lo curioso del asunto es que no parecen querer halagar a su clientela, que sería lo normal. Nadie cree en esos banqueros cariñoso que se desviven por tu negocio y te preguntan por las clases de ballet de tu hija, porque ya estamos todos de vuelta sobre lo que significa la publicidad: caer bien, congraciarte con el usuario. Eso, al menos, tiene sentido. Porque se trata de vender, ¿no?
Y aquí viene lo extraño de las nuevas prédicas empresariales: ni siquiera pretenden caer bien. Muchas de las consignas que meten a tacón, muchos de los ‘avances’ que celebran, ni siquiera son especialmente populares entre sus clientes. No parecen buscar empatizar con su cliente potencial, sino darle lecciones de moral. A veces, incluso, insultarles o, al menos, reprocharles lo bárbaros que son y lo desfasados que están.
¿Qué razón puede tener una firma generalista, que vende a un mercado masivo, para publicitar su apoyo entusiasta a políticas que solo interesan a grupos marginales, su hostilidad con modelos de familia, nacionalidad o sexualidad que corresponden a la mayoría de sus clientes?
El último caso sonado, comentadísimo en redes, es el de Gillette, un anuncio que parece encargado por la competencia, porque no concibo que un solo usuario varón de mi círculo no se sienta insultado cuando la empresa les acusa, en bloque, de ‘masculinidad tóxica’.
Pero es solo el caso más descarado de un torrente de prédicas ultraprogresistas, como si el vender relojes, libretones o coches de lujo diera una especial autoridad moral o un mayor conocimiento del alma humana que necesitan compartir con el resto del mundo. Intento, de verdad, entender el proceso por el que las grandes empresas -el terrible ‘Capital’ que denostaban los izquierdistas clásicos- se han lanzado como una sola en defensa de todas las causas, aun las más disparatadas, de la misma ideología que siempre ha dicho despreciarla, y cerrando filas contra todas las posturas de la facción que siempre las ha apoyado. Pero no puede resultar más cómico.
La gran defensa ética de la economía de mercado es que premia el servicio. El que más sirve a los otros, el que le presta un mayor servicio, reza la teoría, es el que más gana. Pero la relación estaba siempre clara, y aunque, personalmente, el empresario podía ser un Creso con más millones que pelos y el cliente medio, un donnadie, colectivamente era la empresa el sirviente y la clientela, el amo.
Por eso todo esto no tiene ni pies ni cabeza. Puede, naturalmente, haber firmas de este tipo que actúen por seguidismo de las demás, y otras muchas quieran apuntar a los nichos de mercado representados por los contingentes de víctimas autodesignadas. Pero tiene que haber, además, verdaderos creyentes que arrastren a los demás. ¿Qué razón puede tener una firma generalista, que vende a un mercado masivo, para publicitar su apoyo entusiasta a políticas que solo interesan a grupos marginales, su hostilidad con modelos de familia, nacionalidad o sexualidad que corresponden a la mayoría de sus clientes?