P.D: Aquí te
reenvío el correo que te enviaba hace unos días, por si quieres
reenviarlo a tus contactos. En él se explican muy claramente los
argumentos que la Asociación San Miguel y San Frutos ha presentado para
parar esta barbaridad:
Inocente, el
ayuntamiento de la ciudad española de Segovia quiere poner una
estatua del diablo al lado del Acueducto.
La Asociación
San Miguel y San Frutos ha presentado un recurso en contra de esta
barbaridad, el cual ha sido desestimado. Mientras continúan la lucha en
los tribunales, vamos a ayudarles.
Vamos a
demostrar al ayuntamiento que hay mucha gente en contra de la
colocación de esta estatua en el monumento más emblemático de la
ciudad.Firma
Estos son los
argumentos que esgrimen desde la Asociación:
1. La obra que
el Ayuntamiento de Segovia pretende instalar en la calle San Juan de
Segovia, representando la figura del diablo, con el nombre de SEGODEVS,
AQVAEDVCTI ARTIFEX, resulta contraria a los valores cristianos y al
derecho de libertad religiosa, en cuanto que no respeta las
creencias cristianas, e incluso impone como oficial, desde el
Ayuntamiento, a un nuevo "dios de Segovia" (Segodeus), en la
medida en que el nombre otorgado a la estatua, en latín, tiene ese
sentido sugerido o evocado.
2. No respeta
el patrimonio cultural inmaterial, ya que traiciona el sentido de la
leyenda del Acueducto de Segovia. En la leyenda, el diablo aparece
vencido y no triunfante, ni gracioso o bonachón ni con un teléfono
móvil en la mano, como nos dicen que se le va a representar en la
estatua, lo que nada tiene que ver con la leyenda.
3. No respeta
los valores democráticos, ya que se impone por el Ayuntamiento la
instalación, sin haber consultado a los ciudadanos, sin haberse
sometido al pleno, sin un concurso público, y sin tener en cuenta la
oposición manifestada por los ciudadanos con numerosas firmas en
contra.
4. No
respeta las normas de contratación. Se infringen los principios
informadores de la contratación del sector público: publicidad,
transparencia, concurrencia, igualdad y no discriminación (art. 1
LCSP), y concurre incluso falta de competencia por parte de la Junta de
Gobierno Local, pues, al tratarse de la instalación de una figura que
conlleva obligaciones para el Ayuntamiento durante más de 70 años, la
decisión debe ser sometida al acuerdo del pleno.
5. El
Ayuntamiento no recibe todos los derechos patrimoniales de la estatua,
ya que la donación reflejada en la Junta de Gobierno local solo se
refiere a una fundición, con la obligación del Ayuntamiento de no
donarla, ni venderla, por lo que se está favoreciendo a ese autor,
sobre otros, al corresponderle por la Ley de Propiedad Intelectual los
derechos de explotación de la estatua.
Lo habitual es
que en los pliegos de condiciones para la adquisición de una estatua
por un Ayuntamiento se incluya los derechos patrimoniales en favor del
organismo público; de lo contrario, se estaría utilizando un espacio
público para enriquecimiento o beneficio de un particular.
6. IMPONE
CARGAS a gobierno futuros, y a los segovianos durante más de 70 años.
Si se permite
la instalación de la estatua, al tratarse de una obra original, y
diseñada expresamente para ese espacio público, se estaría imponiendo
la carga al Ayuntamiento de Segovia de tener que mantener esa obra en
ese sitio, a futuros equipos de gobierno, mientras viva el autor, y
durante 70 años más, quedando al arbitrio del autor permitir o no su
modificación (sin el consentimiento del autor, solo podría cambiarse de
sitio, previa acreditación de interés público e indemnización en favor
del autor).
7. No
respeta la autenticidad e integridad de los bienes de interés cultural.
La zona en la que pretende instalarse la estatua, el pretil de la calle
San Juan, en la zona más alta, en la curva, está dentro del entorno
protegido por BIC Casa Marqués de Lozoya y por el entorno BIC Murallas
de Segovia. Tal estatua desfiguraría su entorno y afectaría de forma
negativa a la imagen y autenticidad de la Casa Marqués de Lozoya y del
entorno de la antigua Puerta de San Juan en la que quedaría enclavado,
alterando incluso el paisaje que puede observarse de las torres de las
Iglesias de San Justo y El Salvador, que se contemplan sin ningún
obstáculo desde ese mirador en la actualidad, alterando igualmente su
uso y función.
P.D:
“Segodeus”. Es decir, quieren que el dios de Segovia sea el diablo. Y
que la ciudad no sea conocida por su maravilloso acueducto sino por un
diablo con un móvil en la mano. Increíble, pero cierto. Firma ahora, te llevará un minuto.
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tiene como finalidad trabajar por la consecución del bien común
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y mundial movilizando a los católicos, a los creyentes y a las personas
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por Juan Manuel de Prada para el
periódico ABC, artículo publicado el 5/I/2019.
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Quien verdaderamente quiera combatir las violencias
perpetradas contra las mujeres tiene que empezar por combatir las violencias que
la mentira perpetra en nuestra razón, oscurecida por pescadores en río
revuelto.
Cuando los medios de adoctrinamiento de masas y sus corifeos
repiten como discos rayados que sólo una parte infinitesimal de las denuncias
por «violencia de género» son falsas están mintiendo burdamente. Como sabe
cualquier persona que trabaje en la administración de justicia, las denuncias
falsas (por este o por cualquier otro delito) son tristemente numerosas; porque
también son numerosas las personas obcecadas o aviesas o pérfidamente
asesoradas que tratan de engañar a los jueces, para infligir un daño a otras
personas a las que odian. La Fiscalía General del Estado ha divulgado una
estadística en la que las denuncias falsas por «violencia de género» quedan
reducidas a un irrisorio porcentaje infinitesimal; pero tal porcentaje se
refiere a los casos obscenamente flagrantes en los que, después de probarse la
falsedad de la denuncia, la denunciante es acusada, juzgada y condenada en
firme. Y lo cierto es que la acusación pública sólo abre este tipo de procesos
penales en casos extremos y excepcionalísimos; habitualmente, lo que hace es
sobreseer o archivar discretamente tales denuncias, o bien concluir con
sentencias absolutorias, para evitarse problemas. Una actitud que, desde luego,
resultaría inaceptable en un país donde la acusación pública no estuviese
sometida a las directrices del poder político y donde el miedo no campase por
sus fueros.
Estas denuncias falsas por «violencia de género» se utilizan
torticeramente para agilizar los procesos de separación y divorcio, que así
abandonan los juzgados de familia y se derivan hacia juzgados especiales (que,
en puridad, son tribunales de excepción). Antes de que los denunciados hayan
sido juzgados, se les aplican medidas cautelares muy gravosas, se les obliga a
abandonar el domicilio familiar, se les imponen órdenes de alejamiento
familiar, pierden la custodia de sus hijos… Se conculca, en fin, su presunción
de inocencia y se invierte la carga de la prueba, a la vez que se arruinan
muchas vidas. Y estas ruinas vitales engendran más violencia; pues todos estos
expolios y oprobios que se arrojan sobre miles de hombres inocentes los
envilecen de odio y resentimiento. Pero de tales calamidades no se habla en los
medios de adoctrinamiento de masas.
Y todo esto ocurre porque, al cobijo de una ley abusiva,
muchos abogados alimañescos inducen a las mujeres que recurren a sus servicios
a interponer denuncias falsas, con el vil propósito de utilizarlas como espada
de Damocles contra la otra parte en la negociación de los divorcios. O con
propósitos aún más abyectos. Pues detrás de estos abogados alimañescos nos
encontramos a menudo con asociaciones protervas convertidas en maquinarias de
recolección de subvenciones. Y tales subvenciones, abastecidas por el Fondo
Social Europeo, se reparten con una serie de criterios entre los que se cuenta
el número de denuncias interpuestas. Como yo mismo he tenido ocasión de
comprobar el modus operandi de estas asociaciones protervas y abogados alimañescos,
no necesito que nadie me lo cuente.
Las mujeres sólo serán genuinamente protegidas de los
desalmados que las vejan, maltratan o asesinan cuando quienes trafican con su
dolor sean desenmascarados. Hay verdades muy incómodas, ciertamente. Pero sólo
la verdad nos hace libres.