miércoles, 2 de enero de 2019

Una juez de violencia de género, denunciada por falsa denuncia de acoso

Una juez de violencia de género, 

denunciada por falsa denuncia

 de acoso

A una mujer que denuncia hay que creerla sí o sí. Esta es la tesis enunciada no hace
 muchas fechas por la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Igualdad, Carmen
 Calvo. Pero ¿qué ocurre cuando la denunciante que no logra probar la acusación es 
una jueza del violencia de género?

Octavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /ActuallOctavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /Actuall
Octavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /Actuall
Se trata de una de las consignas más habituales presentes en los discursos de lo políticamente correcto: 
a la mujer que acusa a un varón de malos tratos, acoso, intimidación o cualquier otro comportamiento 
que caiga bajo el paraguas de la Ley de Violencia de Género hay que creerla “sí o sí”.
Lo dijo la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo no hace muchas fechas: “Las mujeres tiene que 
ser creídas sí o sí, siempre”. El derecho básico a la presunción de inocencia, por la ventana. Los 
observatorios oficiales refuerzan esta idea, al asegurar que no hay más que  un 0,001% de denuncias falsas.
 En realidad se refieren a las condenas por falsa denuncia.
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desestimadas. Aunque tiene sus consecuencias, en especial si se producen las denuncias en medio de una
 ruptura familiar: estigmatización del varón, imposibilidad de custodia compartida, pérdida del 
domicilio, alejamiento de los hijos… Todo ello sin haber resolución en firme sobre la denuncia.
Manuel Romeral ha sufrido ese proceso. Pasó en apenas unos meses de denunciar que su hijo estaba siendo 
maltratado por la madre a ser denunciado. Se quedó sin poder ver a su hijo y sin patria potestad. 
Nunca ha sido condenado por violencia de género. Poco a poco va recuperando la relación con su hijo.
Para sostener mejor sus denuncias y recabar pruebas, Manuel Romeral comenzó a repartir a la salida de los juzgados de Pozuelo de Alarcón unas octavillas con las que intentaba recabar testimonios de otras personas
Pero en aquél momento consideró que se había producido una serie de arbitrariedades judiciales y 
denunció a las cuatro magistradas que habían intervenido en su proceso por retardo malicioso en la 
administración de justicia, prevaricación, impedimento en el ejercicio de los derechos cívicos, amenazas 
y coacciones.
Para sostener mejor sus denuncias y recabar pruebas, Manuel Romeral comenzó a repartir a la salida 
de los juzgados de Pozuelo de Alarcón unas octavillas con las que intentaba recabar testimonios de 
otras personas que hubieran sentidos vulnerados sus derechos.
Octavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /ActuallOctavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /Actuall
Octavilla repartida por Manuel Romeral en los juzgados de Majadahonda /Actuall
Poco después, una de las juezas denunciadas se trasladó e incorporó a los juzgados de Majadahonda
 (Madrid), motivo por el cual Romeral continuó con el reparto de afiches en esta segunda localidad
 madrileña.
Fue entonces cuando la magistrada titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Violencia sobre la
 Mujer de Majadahonda, Elena Garde García, denunció a Romeral por acoso, coacciones, falta 
Aún más, prevaliéndose de su posición, llamaba a diario a la Comandancia de la Guardia Civil
 exigiendo la identificación de Manuel Romeral y que se intervinieran los folletos y se impidiera su
 reparto. Tal era la situación que Romeral decidió pasar cada día antes por el cuartel para avisar de que
 iba a repartir los folletos.
Durante ese tiempo, la Guardia Civil montó un dispositivo de seguimiento a Romeral, que será clave
 en la resolución de la denuncia.
El Ministerio Fiscal pedía entonces para Manuel Romeral por repartir octavillas 15 meses de prisión; orden de alejamiento de 500 metros de su domicilio y lugar de trabajo
 a su compañera, sin citar al abogado del acusado, y estableció en un auto de medidas cautelares la
prohibición de repartir octavillas. Romeral recurrió y la Audiencia Provincial le dió la razón. 
Decidió entonces por recomendación de su abogado dejar de repartir las octavillas a las puertas de 
los juzgados de Majadahonda, hasta que tuviera lugar el juicio.
No ha de perderse de vista que el Ministerio Fiscal pedía entonces para Manuel Romeral 15 meses de
 prisión; orden de alejamiento de 500 metros de su domicilio y lugar de trabajo; prohibición de
 comunicarse con su exmujer por cualquier medio durante tres años; y a pagar las costas del juicio.
Entre tanto, y pasado un tiempo, aparecieron unas nuevas octavillas, parecidas a las distribuidas por 
Romeral, en los parabrisas de los coches de alrededor de los juzgados de Majadahonda. La juez Elena
 Garde García volvió a denunciar a Romeral.
Hay detalles de la denuncia que merecen ser destacados.
En primer lugar, se dice que los hechos denunciados se produjeron entre las 15 y las 17 horas del pasado 
16 de mayo de 2018. Es difícil que la juez tuviera constancia de los mismos siendo que su horario laboral
 concluye a las 14 horas.
En segunda instancia, aún más sorprendente, la jueza dice que el reparto de octavillas se detectó a las
 10:00 horas del 16 de mayo. La defensa de Romeral se pregunta cómo es posible que la presentación de la 
denuncia se realizara tan solo un minuto más tarde.
En tercer lugar, la denuncia oculta que la Audiencia Provincial había respaldado el derecho a 
repartir octavillas de Romeral.
Pero en cuarto lugar, la denuncia no puede demostrar la implicación de Romeral en el caso, pero aún así lo acusa a él. 
Sobre esta segunda denuncia, se dicta auto de sobreseimiento provisional que no es recurrido por Elena Garde.
Los testigos demintieron la acusación de la jueza. Entre ellos 14 guardias civiles que llegaron a hacer seguimientos de incógnito a Manuel Romeral

Un rosario de desmentidos

El pasado mes de noviembre, llegó el día del juicio por la denuncia contra Romeral por acoso, coacciones, 
falta de respeto, injurias y calumnias. La titular del Juzgado de lo Penal nº 19 de Madrid, excompañera de 
la denunciante en los juzgados de Majadahonda, instó en la vistilla previa al abogado de Romeral a aceptar 
una sentencia por conformidad, según explica a Actuall el propio afectado.
Según refiere Romeral, las palabras de la juez María Dolores Moure a su abogado en la vistilla previa 
fueron las siguientes: “Aquí hay delito y está sentenciado”. Aún sin haber oído a los testigos.
La oferta es inaceptable para quien ha salido absuelto de todas y cada una de las denuncias de 
delitos peores recibidas durante su proceso de divorcio. “Si a estas alturas no he tenido antecedentes, 
no los pienso tener por unas octavillas”, explica Romeral a Actuall.
Al juicio acuden como testigos 14 miembros de la Guardia Civil, el titular del juzgado nº 4 de Pozuelo de 
Alarcón, el vigilante jurado de los juzgados de Majadahonda y la persona que se encarga de su limpieza.
Algunos de los agentes habían realizado incluso seguimientos de incógnito durante las 24 horas del día a 
Romeral a causa de la denuncia de la juez Elena Garde.
Todos los testigos desmintieron la versión de Garde contra Romeral. De manera categórica los agentes 
reiteraron que “el acusado no tenía actitud violenta”, “estaba tranquilo”, “era educado”, “nunca se acercó 
a la juez” e, incluso, que “cuando la jueza llegaba caminando por la gasolinera, el acusado se apartaba
 caminando hacia el cuartel que se encuentra calle abajo de los juzgados”.
En la sentencia, se afirma que “no se puede concluir que la conducta del acusado consistente en
 repartir las octavillas referidas en las inmediaciones del juzgado donde prestaba sus funciones la
magistrada, constituya el tipo delictivo objeto de acusación”.
Aún más, se asegura que la denunciante no consiguió acreditar que Romeral “con su conducta, 
alterase gravemente la vida cotidiana” de la denunciante.
Así que, pese a las ‘predicciones’ de la magistrada que ha juzgado el caso, Romeral ha resultado absuelto
 “del delito de acoso por el que venía siendo acusado, con todos los pronunciamientos favorables”.
Romeral ya ha anunciado una querella contra Elena Garde en la que la acusará por denuncia falsa, 
simulación de delito y falso testimonio. 

lunes, 31 de diciembre de 2018

¡Qué viva la vida, pero no la de los políticos!

¡Qué viva la vida, pero no la de los políticos!

《Los hombres a quienes la gente debería elegir para representarlos están demasiado ocupados como para tomar los empleos. Pero el político lo está esperando. Es la pestilencia de los tiempos modernos. Lo que deberíamos intentar hacer es que la política sea lo más local posible. Los políticos lo suficientemente cerca como para patearlos. Los lugareños que se encuentran bajo los árboles de los pueblos también podrían colgar a sus políticos de ellos. Es terrible contemplar cuán pocos políticos son ahorcados.》


~G.K., Chesterton, entrevista en el Cleveland Press, 1 de marzo de 1921

domingo, 30 de diciembre de 2018

Una obscena demagogia


S. Rodriguez
ACTUALL
La opinión pública en España está conmocionada por la aparición en Huelva del cuerpo sin vida de Laura Luelmo, una profesora de 26 años de edad desaparecida y asesinada hace unos días. Un hombre, Bernardo Montoya, ha sido detenido y, según los medios españoles, ha confesado el crimen a la Guardia Civil. 
En este contexto de duelo por la víctima y de repulsa de su asesinato, el PSOE ha propuesto “condenar y perseguir” a quien discrepe de la ley de violencia de género, que en España limita la presunción de inocencia en el caso de los hombres denunciados por violencia contra mujeres. La portavoz socialista en el Congreso, Adriana Lastra, asumió que la mitad de la población española –los hombres– piensa que “puede disponer de la vida de la otra mitad”. 
La diputada llamó a “condenar y perseguir a aquellos que, en vez de apoyar las políticas de igualdad, lo que hacen es perseguirlas, criticarlas y negar que en este país existe una cultura machista y patriarcal desde hace siglos”.
Los datos desmienten la imagen de que la mitad de la población ejerce violencia sobre la otra mitad. Según el Banco Mundial, España es uno de los países más seguros del mundo, con una tasa de homicidios de 0,5 por cada 100.000 habitantes. En cuanto al asesinato de mujeres, los cometen en España el 0,003 % de los hombres, según los datos oficiales. España es el quinto país de la UE con mayor bienestar para las mujeres en términos de seguridad e igualdad de derechos.

No, en España la mitad de la población –los hombres– no piensa “que puede disponer de la vida de la otra mitad” – las mujeres. En España, lo que hay es una élite política que no tiene el menor escrúpulo de manipular el duelo por un execrable asesinato y hacer una obscena demagogia a su costa. "¿Qué es la postverdad?", dice Adriana Lastra, mientras clava su pupila en la pupila de la mitad patriarcal de la población. "¿Y tú me lo preguntas?". 

sábado, 29 de diciembre de 2018

Cruda realidad / Las mujeres acabaremos con la Ley de Violencia de Género

Cruda realidad / Las mujeres 

acabaremos con la Ley de 

Violencia de Género

Esa ley que parece privilegiarnos se puede usar contra un hombre al que amamos,
 un marido, un novio, un padre, un hermano, un hijo, un amigo. Y está sucediendo, 
cada vez más. Y eso, estoy convencida, es lo que ayudará a crear masa crítica para
 acabar con este disparate


El Movimiento Femenino por la Igualdad Real se opone a la Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género.
El Movimiento Femenino por la Igualdad Real se opone a la Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género.
Siempre me ha puesto muy nerviosa esa persona, más común ahora que en otra épocas, que responde a 
cada verdad estadística con un “pues yo tengo un primo…”. A nadie nos interesa tu primo (o tu cuñado, o 
el amigo de tu vecino); en nada invalida una regla la existencia de una excepción, más bien, si atendemos 
al dicho, lo contrario.
Pero, ay, las estadísticas también las carga el diablo, que las venden de todos los colores y para cualquier
 ocasión, y está el establishment progre tan desesperadamente activo comercializando su mercancía averiada 
que también estas hay que tomarlas cum grano salis, y darles vueltas y revueltas para ver cómo se hicieron y 
qué historia cuentan de verdad. Porque si el INE me jura que se han producido más zapatos por habitante
 que nunca en la historia y yo no hago más que ver gente descalza por la calle, lo natural es cuestionar
 el dato.
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Me pasa con lo de las denuncias falsas. Los partidarios de la nefasta Ley de Violencia de Género, que pone 
fin a miles de años de garantías jurídicas en Occidente, tiran mucho de una estadística de la Fiscalía según la
 cual tales denuncias falsas se reducen al ridículo porcentaje de un 0,001%. No es que no me lo crea: es que
 es absolutamente increíble, de entrada.
Está la evidencia anecdótica de que hablaba antes en el caso de los descalzos: si una sabe de un conocido que
 ha sido falsamente acusado de violencia doméstica, puede achacarlo a la casualidad y hasta sentirse 
sorprendida de haber entrado en conocimiento de semejante ‘rara avis’ -¡un 0,001% solo, y voy y le 
conozco!-; pero si los casos alrededor se multiplican, la casualidad empieza a entrar en el terreno del
 milagro.
Concluir que las mujeres, por el contrario, no mentimos jamás, como cacarean las feministas y repite la propia vicepresidente del Gobierno, no solo se opone a lo que todos sabemos desde siempre, nos convierte a las mujeres en seres angelicales y rompe por completo el discurso de la igualdad con los hombres
Pero en esto prefiero incluso el análisis a priori, es decir, razonar sobre si tal resultado es siquiera posible 
en su planteamiento. Y, como nos pasaba cuando analizábamos la ‘brecha salarial’, la cosa no tiene sentido
 desde el origen. Si el ordenamiento jurídico exige a quien acusa que pruebe sus acusaciones es precisamente 
porque la gente que tiene un incentivo para mentir lo hace con irritante frecuencia. Y hay miles, miles de 
motivos.
Concluir que las mujeres, por el contrario, no mentimos jamás, como cacarean las feministas y repite la 
propia vicepresidente del Gobierno, no solo se opone a lo que todos sabemos desde siempre, nos convierte
 a las mujeres en seres angelicales y rompe por completo el discurso de la igualdad con los hombres, sino 
que ni siquiera es algo que crean las propias instituciones en cualquier otra instancia.
Esa cifra fantástica corresponde a las mujeres condenadas en firme por denuncia falsa, pero que de todas las denuncias, solo dos de cada diez terminan en condena
Si el Estado que Carmen Calvo representa creyera eso de que “a las mujeres hay que creerles siempre sí o 
sí”, no nos exigiría papel alguno en nuestra declaración de la renta. Bastaría que declarásemos cuánto hemos 
ingresado y, sin más comprobaciones, pagáramos lo que corresponde. Y es que no, ¿verdad?
E incentivos existen tantos como motivaciones humanas. Puede ser rencor contra el ex, pero no hace 
falta llegar a la crueldad, porque también es método expeditivo para lograr la custodia exclusiva de los
 hijos en caso de divorcio o, sencillamente, acelerar el proceso, algo que aconsejan algunos abogados
 de pocos escrúpulos. También hay empleos reservados para mujeres maltratadas, acceso a 
vivienda, concesión de ciudadanía y otros incentivos absolutamnte obvios.
Luego una rasca y descubre que no, que esa cifra fantástica corresponde a las mujeres condenadas en 
firme por denuncia falsa, pero que de todas las denuncias, solo dos de cada diez terminan en condena, 
con lo que, o bien la Justicia española es la peor del mundo, o buena parte de esas ocho denuncias 
que no prosperan -y por las que ninguna mujer responde- sean falsas.
Un tuitero con muchos seguidores ha pedido en Twitter que los varones que han sido objeto de injusticias
 notorias a partir de la Ley de Violencia de Género refieran su caso en la red social. Aclaro: mi actitud hacia 
cualquier historia personal que leo en redes sociales es de absoluto agnosticismo. Nada absolutamente
 me impide empezar un mensaje en ellas con las palabras “como catedrático en Física Nuclear creo que…
” o de colar como vivencia personal una novela por entregas.
Ni creo ni descreo, pero me ha interesado especialmente una historia por la sencilla razón de que, aunque 
fuera falsa, puede ocurrir en cualquier momento y, de forma muy similar, ha sucedido a gente que me es 
cercana.
No voy a copiar entero el testimonio, porque es largo, bastantes tuits, y porque ustedes mismos pueden
 encontrar el hilo en su cuenta, @mamadrastras, pero si me ha interesado especialmente es porque quien 
escribe es -o se supone que es, ya digo que es irrelevante- una mujer, la segunda pareja de un separado que
 de sopetón recibe la denuncia, la llegada de la policía y el calvario habitual. “Le sacan de casa esposado.
 En el parque de la urbanización están tus vecinos, que ven la escena. Se hacen corrillos, miran… llaman 
a los niños para que vayan con ellos. Esos niños que juegan con tu hijastra cada tarde. Al salir ves 3 coches 
patrulla. Pocos para recoger pedazos”.
Y me interesa porque estoy convencida de que seremos las mujeres, por nuestro propio interés, las 
que echaremos abajo esta funesta ley que hemos recibido con indiferencia o aplauso por un mecanismo
 psicológico muy evidente. 
Imaginen una España futura en la que los cristianos, reducidos a una minoría absoluta, son maltratados
 y discriminados y un gobierno considera que, tratándose de una minoría marginada y objeto de ataques 
desproporcionados en número, decide que cuando un cristiano acuse a un no creyente de daño físico o 
psicológico, se le crea de entrada y se meta en el calabozo al presunto agresor.
Bien, usted es un cristiano y probablemente considere la medida un disparate. Pero, en fin, está también 
harto de que se le insulte y veje y, qué diablos, nunca se sabe cuándo va a venir bien echar mano de una
 ley que nos beneficia. ¿Entiende? Puede pensar que no va a necesitar la ley, pero que no le viene mal 
algo que le favorece personalmente.
Creo que muchas mujeres, y no pocos hombres, han visto así la Ley de Violencia de Género. Pero como 
hemos dicho en otras ocasiones, hombres y mujeres no somos como razas distintas o clases o 
nacionalidades diferentes que, mal que bien, pueden permitirse vivir apartadas. Y lo 
que parece favorecernos hoy puede ser nuestra ruina mañana.
Eso es lo que veo más a menudo. Ya no son solo hombres los que se quejan de la ley, ni solo mujeres 
que parten del disparate teórico y jurídico que supone, sino de amargas experiencias personales, 
como la de @mamadrastras. Porque esa ley que parece privilegiarnos se puede usar contra un hombre al 
que amamos, un marido, un novio, un padre, un hermano, un hijo, un amigo. Y está sucediendo, cada 
vez más. Y eso, estoy convencida, es lo que ayudará a crear masa crítica para acabar con este disparate.

viernes, 28 de diciembre de 2018

La política como ilusionismo

La política como ilusionismo

El gobierno ha puesto en práctica algo sorprendente: la política como ilusionismo. 
 El Ejecutivo inventa, creando de la nada, problemas que no existen, y una vez 
creados virtualmente –porque ciertamente siguen sin ser problemas reales- los
 resuelve mágicamente en su propio beneficio.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa en Bruselas.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa en Bruselas.
Los políticos hasta hace bien poco trataban de gestionar los asuntos de la res publica. Sobre todo aquellos
 temas que más preocupaban a la gente y que por lo mismo tenían más potencial incidencia electoral.
Trataban –con más o menos inteligencia, con más o menos torpeza- de solucionar, al menos en parte, 
problemas reales de la sociedad: el desempleo, la sanidad, la educación, las infraestructuras,… así como 
crear un clima de confianza para inversores, mejorar las condiciones del mercado y un larguísimo 
etcétera. Si lo hacían medianamente bien se les volvía a votar, y si no lo hacían tan bien o metían 
la pata en un asunto sensible, se les castigaba y se votaba a otros. Parece todo muy obvio.
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Pero resulta que la política que lleva a cabo el actual gobierno ya no se rige en gran parte por estos 
principios elementales de atención a la realidad, a los problemas reales de la gente.
El gobierno ha puesto en práctica algo sorprendente: la política como ilusionismo. El Ejecutivo inventa, 
creando de la nada, problemas que no existen, y una vez creados virtualmente –porque ciertamente 
siguen sin ser problemas reales– los resuelve mágicamente en su propio beneficio. A diferencia de 
otros gobiernos, este dedica mucho tiempo, energía y dinero a afrontar falsos problemas, sacados
 de la chistera por arte de magia.
Por ejemplo, ¿cuántos españoles estaban realmente contrariados y preocupados por la ubicación de los
 restos del general Franco? ¿Cuántos se sentían humillados y agraviados por la sepultura en la sierra de
 Guadarrama de este Jefe de Estado que murió hace más de cuarenta años? Sinceramente, a nadie le
 importaba un bledo, por decirlo con toda claridad.
Esta estrategia consiste en crearse enemigos fáciles de vencer, para dar una rentable imagen de poder y determinación. Pero casi siempre este recurso a la tinta del calamar se suele emplear para disimular una debilidad real
El gobierno decidió un día en un despacho crear un importante problema ficticio, lo ha proclamado
 prioridad absoluta de su agenda, ha llenado las portadas de los periódicos, ha generado declaraciones y
 debates y ha complicado la existencia hasta del mismísimo Tribunal Supremo, que tiene infinidad de
 asuntos pendientes reales.
Lo mismo ha hecho, por poner otro ejemplo, con la Iglesia católica, que es blanco fácil porque no 
se queja. Comprueban que en España no ha habido casos de pederastia por parte del clero comparables 
cuantitativamente con Boston, Irlanda u otros lugares. Y deciden crear ese problema, hasta el punto de 
que un diario afín al gobierno abre una “ventanilla de denuncias”. Se crea un gran revuelo, y sobre 
todo se airea una imagen falsa de la Iglesia, afectada por el famoso refrán de “calumnia que algo queda”.
Y lo mismo con el IBI, con los acuerdos Iglesia-Estado, etc… cosas que están ahí, funcionando 
con normalidad desde hace tiempo, desproblematizadas, y que de la noche a la mañana, otra vez por 
arte de magia, se convierten en graves problemas mediáticos sobre los que el gobierno hace pública 
su firme voluntad de solucionar.
Y mientras tanto, los problemas reales que afectan a los españoles, como por ejemplo el independentismo, 
están prácticamente intactos desde que el gobierno se hizo con el poder.
Esta estrategia consiste en crearse enemigos fáciles de vencer, para dar una rentable imagen de poder y 
determinación. Pero casi siempre este recurso a la tinta del calamar se suele emplear para disimular una
 debilidad real, como la que tiene el gobierno en número de escaños. Incluso la dictadura argentina fue
 capaz de llevar a su pueblo a una guerra terrible, haciendo  de las Malvinas un problema –que no lo era 
para nadie- para distraer la atención de los problemas reales de la nación.
Lo realmente preocupante de esta forma irresponsable y maquiavélica de entender la política es que 
tiene consecuencias. Volver a poner a Franco encima de la mesa puede reabrir heridas que están ya
 prácticamente cerradas; poner en el punto de mira al clero, como potencial depredador de menores es 
una irresponsabilidad moral que puede tener irreversibles consecuencias para muchas personas inocentes, etc…
Pero todas estas consecuencias tienen un factor común: alimentar la división entre los españoles y el 
guerracivilismo. Dicho de otra forma, tirar por tierra el espíritu de la Transición. Exactamente lo que 
desea Pablo Iglesias. No ha necesitado llegar a Moncloa para poner en práctica su filosofía política
 dialéctica de fondo. Y si sale mal, la factura la paga Sánchez, el mago.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Una política para los que pagan (Alejo Vidal-Quadras: )

PROHIBIDO PISAR LAS FLORES
Alejo Vidal-Quadras: 


Una política para los que pagan

Opinión
Alejo Vidal-Quadras

miércoles, 26 de diciembre de 2018

.Degenerados y majaderos» por Juan Manuel de Prada


Degenerados y majaderos» por Juan Manuel de Prada

«Degenerados y majaderos» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 22/XII/2018.
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El nefando asesinato de Laura Luelmo ha servido para que una patulea de majaderos ensarte las necedades más sonrojantes. Hemos escuchado y leído machaconamente que, para evitar que los degenerados sigan desgraciando muchachas, hay que «educar» a los hombres «en materia de género, feminismo y libertad sexual». Sólo una sociedad cretinizada puede soportar sin inmutarse que se culpabilice a la mitad de su población del crimen de un degenerado; y sólo una patulea de majaderos puede pretender que tal «educación» acabe como por arte de birlibirloque con los crímenes de los degenerados. Diríase que el mito roussoniano del buen salvaje, causante de tantas desgracias, hubiese sido suplantado por otro mito igualmente dañino, el del buen planchabragas.

Pero lo cierto es que el degenerado que asesinó a Laura Luelmo, después de someterla a las más bestiales sevicias, estuvo recibiendo durante dos años cursos y terapias «en materia de género y libertad sexual» que no hicieron otra cosa (como es natural) sino exacerbar sus pulsiones criminales. Combatir los crímenes aberrantes de los monstruos extendiendo la mancha de la culpabilidad sobre toda la población masculina no servirá para evitar ni un solo crimen; y, en cambio, servirá para que muchos hombres se revuelvan contra el hostigamiento y se desentiendan de la suerte de las mujeres. Así, azuzando la lucha entre los sexos, se enturbiará todavía más la convivencia social; y se acelerará ese proceso morboso, detectado por Thomas Mann, que «termina haciendo del hombre un ser enfermo, solitario, melancólico, aislado, incomprendido». Que es el caldo de cultivo perfecto para que surjan más monstruos.

Lo cierto es que monstruos con taras innatas siempre habrá (aunque sean mucho más escasos de lo que creemos); y contra ellos sólo se puede combatir mediante el reforzamiento de los frenos comunitarios que detecten su peligrosidad, para que puedan ser recluidos en centros especializados, si aún no han perpetrado ningún crimen; o para que puedan ser castigados ejemplarmente si ya lo han perpetrado. Pero nuestra época enferma hace exactamente lo contrario: dinamita los frenos comunitarios y favorece la fragmentación social, para que estos monstruos no puedan ser detectados; se niega a reconocer los trastornos sexuales, incluso los más aberrantes; y, cuando los monstruos han cometido sus crímenes aberrantes, divulga con fruición morbosa sus circunstancias, para excitar las fantasías imitativas de otros monstruos, a la vez que mitiga su castigo, para que no sirva de escarmiento a nadie.

Y, a la vez que se hace esto con los degenerados congénitos, el medio ambiental fomenta la proliferación de degenerados «sobrevenidos», escarneciendo las virtudes domésticas, alentando la destrucción de los vínculos familiares, amparando la infestación pornográfica, ensalzando las más diversas depravaciones como expresiones de «libertad sexual», promoviendo los «juegos eróticos infantiles»; en definitiva, ensalzando y jaleando las pasiones más pútridas y sometiendo el instinto a constantes estímulos. Y después de que el medio ambiental haya convertido a sus víctimas en manojos de pulsiones sexuales, los majaderos con púlpito aspiran a reconvertirlos en ositos de peluche, mediante cursos y terapias de género. En unos pocos años, comprobaremos que nadie tiene las garras más afiladas que estos falsos ositos de peluche. Sólo espero que, para entonces, los majaderos que hoy impulsan estas necedades reciban el castigo que merecen; y, honestamente, la cadena perpetua se me antoja un castigo muy liviano.

https://www.abc.es/opinion/abci-dege...7_noticia.html.