domingo, 23 de diciembre de 2018

Feminazis: No dejes que la presunción de inocencia te estropee una buena denuncia

Feminazis: No dejes que la 

presunción de inocencia te estropee

 una buena denuncia

Una de las razones que explican el éxito de Vox (y también la rabieta que ha cogido
el establishment) es su enmienda a la totalidad a la Ley de Violencia de Género. 
El partido de Abascal quiere acabar con una ley injusta e ineficaz y desmantelar 
el chiringuito de las denuncias falsas.
 


En sus Cien propuestas, Vox incluye la derogación de la ley urdida por Zapatero y Fernández de la Vega; 
y la promulgación, en su lugar, de una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos,
 hombres, mujeres y niños.
También quiere suprimir organismos feministas radicales subvencionados, “los pesebres” que se ha atrevido 
a señalar Rocío Monasterio; y poner coto a la picaresca de denuncias falsas que han brotado como setas 
al calor de esa ley.
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Se trata del primer partido político que dice que el emperador está desnudo; y el primero que planta cara 
a la red de asociaciones feministas que se lucran con la desgracia ajena. Como afirma Monasterio, éstas 
asociaciones “cobran además un plus por cada caso tramitado. Su incentivo es que haya más casos”.
Algunos medios, como Disitentia.com o Actuall lo ha documentado, explicando como funciona el perverso
 mecanismo de las denuncias falsas.
Vox no lo tiene fácil. Porque rema contra una corriente cultural que ha declarado la guerra al varón. 
El feminismo radical -ese que considera que “toda cópula es una violación”, en palabras de Andrea
 Dworkin- ha logrado imponer sus postulados, y los gobiernos de Occidente se los han comprado.
La responsable de asuntos sociales de VOX, Rocío Monasterio / Twitter
El hombre ya no es el compañero, sino el enemigo, como explica Jordan Peterson. Un ser primario y 
torpe, que lleva la violencia en los genes y al que es preciso reducir y reeducar. Un estorbo que, por no
 servir, casi no sirve ni para semental -con la reproducción asistida se puede prescindir del varón-.
Desde la corriente #metoo (que mezcla churras con merinas) hasta la prohibición del piropo, hay todo un 
movimiento que ha puesto al varón bajo sospecha, con un lema implícito: “no dejes que la presunción
 de inocencia te estropee una buena denuncia”.
Y si luego se demuestra que el varón era inocente… peor para el varón. Véase los casos de famas
 machacadas como las de Brett Cavanaugh, juez del Supremo de EEUU, al que acusaron falsamente
de violación; o del actor Morgan Freeman, víctima de un montaje para mancillar su imagen.
En España hay numerosos varones que lo han perdido todo por culpa la Ley de Violencia de Género, diseñada expresamente para discriminar a un sexo
No son los únicos: en España hay numerosos varones, gente anónima, que lo han perdido todo por culpa 
de la Ley de Violencia de Género, diseñada expresamente para discriminar a un sexo… y eso sí que es 
inconstitucional señoras Díaz (Susana), Celáa (Isabel) y Calvo (Carmen).
Aunque antes que inconstitucional, esa Ley se basa en una falacia conceptual: que la violencia tiene género. 
Cualquiera ve que no es así. Pero casi nadie se atreve a decirlo. Un socialista, Joaquín Leguina, lo advirtió
 en El País, allá por 2004, cuando el Gobierno Zapatero estaba gestando la ley: “la violencia de género es 
unidireccional, de hombres contra mujeres y nunca al revés”.
La ministra de Igualdad, Carmen Calvo, durante la comparecencia de este miércoles 20 de junio en el Congreso.
La ministra de Igualdad, Carmen Calvo, durante la comparecencia de este miércoles 20 de junio en el Congreso.
Y un juez del Supremo, Antonio Salas, fue una de las contadas excepciones en elevar la voz, al decir que
 esa Ley “rompe los principios del Derecho penal”.
La prueba es que no sólo hay mujeres muertas a manos de hombres -y, desde luego, nada hay más
lamentable y execrable-, sino también varones muertos a manos de ellas.
Pero esta última cifra se escamotea año tras año, e incluso se oculta en las estadísticas oficiales, porque 
dejaría en evidencia la falsedad del tinglado.
Vox es a David, lo que el establishment partidista a Goliat
Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Entre otras razones, porque hay mucho dinero de por
 medio. Lo había desde el principio, cuando España iba a recibir 24.000 millones de euros, hasta el año 
2012, de los fondos europeos para políticas de Género; y para ello era preciso demostrar que la fémina era la 
víctima y el hombre el verdugo.
Y lo sigue habiendo ahora, con el Pacto de Estado para la Violencia de Género, que puso de acuerdo a
 todos los partidos políticos -excepto Podemos- en torno a una bolsa de 1.000 millones de euros.
Negro panorama, porque Vox es a David, lo que el establishment partidista a Goliat. Pero en esta lucha
 desigual, se ventila nada menos que el Estado de derecho, que se basa en la presunción de inocencia, 
y en la igualdad de todos -hombres y mujeres- ante la Ley. 

viernes, 21 de diciembre de 2018

El peligro de la ultra corrección política

El peligro de la ultra corrección

 política

La gente está hasta el moño de la corrección política y de ideologías absurdas
 que solo triunfan gracias al poder del estado. Hasta el moño de que haya temas
 tabú y de no poder opinar sobre lo que quiera, hasta el moño de que le digan
 que es radical por pensar.


La corrección política censura y uniformiza a los ciudadanos /Pixabay
La corrección política censura y uniformiza a los ciudadanos /Pixabay
A raíz de las elecciones andaluzas, los medios y la casta política se han llevado las manos a la cabeza.
 Y algunos dicen: ¡La ultraderecha ha entrado en las instituciones!
Incluso algunos han alentado a los suyos a tomar las calles para frenar el avance del fascismo en España. 
Y los autodenominados antisistema, obedientes a sus poderes, han salido a la calle con palos y banderas.
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España está dividida. La mitad pasa de estas tonterías, y la otra mitad se ha convertido en experta en movimientos sociales y se dedica a etiquetar al rival de extrema derecha, ultraderecha y otros tecnicismos.
No se salva nadie. Se han escrito ríos de tinta sobre la ultraderecha, sobre sus rasgos principales, sobre 
el porqué de su crecimiento y cien milongas más.
En lugar de decir: hemos fracasado, cada vez hay más gente harta de nosotros, y como caballeros aceptar la derrota, se erigen en dioses, patalean, lloran
Definirlo es mucho más sencillo de lo que parece, no hace falta vestirlo de palabras pomposas y teorías
 elaboradas.
La gente está hasta el moño de la corrección política y de ideologías absurdas que solo triunfan gracias
 al poder del estado, hasta el moño de que haya temas tabú y de no poder opinar sobre lo que quiera,
 hasta el moño de que le digan que es radical por pensar, hasta el moño de que con ligeras variantes, 
todos tengan el mismo fondo. A la postre, harta de que sea tan peligroso defender en la esfera 
pública, lo que es de sentido común.
Y el sistema es tan cobarde que, ante los resultados de unas elecciones, y en lugar de decir: hemos
 fracasado, cada vez hay más gente harta de nosotros, y como caballeros aceptar la derrota, se erigen 
en dioses, patalean, lloran, dan los últimos coletazos, visten a su oponente político de señor de las tinieblas, 
humillan a sus votantes, envían a sus lacayos a las calles a protestar e intentan, con juego
 sucio,  tapar la boca de cientos de miles que poco a poco empiezan a decir BASTA.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Ultraizquierda y fascismo

CARTA DEL DÍA (ACTUALL)


 Ultraizquierda y fascismo

Buenos días.
Dice usted que la violencia y la intimidación son la quintaesencia del fascismo, y que por ello la ultraizquierda usa de los métodos del fascismo para tratar de imponer sus ideas.
En mi opinión, la ultraizquierda no usa los métodos del fascismo, sino los suyos propios, que han sido, son y serán siempre la violencia y la intimidación.
Hoy se trata de denigrar a la ultraizquierda llamándola fascista, como si solo el fascismo fuera un movimiento malvado y perverso. Pero solo es necesario echar un vistazo a la historia para comprobar la cantidad de crímenes que lleva a sus espaldas la ultraizquierda en España y en el mundo.
Y siendo la ideología de la ultraizquierda muy anterior a la del fascismo, sería más propio decir que el fascismo utiliza los métodos de la ultraizquierda para imponer sus ideas y deseos (violencia e intimidación, quintaesencia de la ultraizquierda).
Por eso creo que deberíamos llamar a las cosas por su nombre, y dejar de confundir a la gente.
Saludos.
Jorge R. B.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Monstruos enjaulados

TRIBUNA
Mateo Requeséns: 

Monstruos enjaulados

Opinión
Mateo Requeséns

lunes, 17 de diciembre de 2018

Por qué Europa se suicida (y más deprisa de lo que parece)

Por qué Europa se suicida

 (y más deprisa de lo que parece)

"La mayor amenaza para la civilización occidental no viene de otras civilizaciones,
 sino de nuestra propia pusilanimidad, y de la ignorancia histórica que la alimenta".
 La frase de Churchill parece pensada para la Europa actual, corroída por el 
multiculturalismo.  


Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Churchill, Mozart y Berners-Lee.
Se acaban de cumplir cien años del fin de la Primera Guerra Mundial. Y un siglo después, el eje de
la Tierra ha cambiado: de Europa a China y Estados Unidos.
Europa se ha convertido en un enano prematuramente envejecido, sin fuelle demográfico, sin relevancia
 política, con un futuro problemático, corroído por el ácido del multiculturalismo.
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Nadie lo hubiera podido imaginar a principios del siglo XX, cuando el mundo era eurocéntrico. 
En 1897, aniversario de la coronación de la reina Victoria, se celebró en Londres un fastuoso desfile de 
las tropas coloniales. Y un niño contemplaba embelesado los cañones, que habían hecho la guerra del
Nilo contra El Mahdi, narrada por Winston Churchill. El chaval pensaba -como Francis Fukuyama 
tras la Caída del Muro- que aquel era el fin de la Historia, y que la luz de la civilización, implantada
 por el Imperio Británico, nunca se apagaría.
Aquel niño, llamado Arnold J. Toynbee, creció, vivió las dos guerras mundiales, el proceso de 
descolonización y el auge de EEUU, y tuvo que reconocer que aquel entusiasmo era sólo un espejismo. 
Lo dejó por escrito, convertido ya en un influyente ensayista, en su famosa obra Estudio de la Historia.
Durante más de 500 años, Occidente -o lo que es lo mismo Europa-  ha configurado al mundo. 
“Ninguna civilización anterior había alcanzado nunca un predominio como el que alcanzó Occidente 
sobre el resto del mundo” afirma Niall Ferguson en Civilización. Occidente y el resto.
El Viejo Continente ha difundido el cristianismo -la religión más grande del mundo-; ha descubierto y
 evangelizado América; ha aportado la Ilustración y la Revolución Industrial; el submarino y la imprenta;
 el Derecho romano y las leyes de Indias; la mística de San Juan de la Cruz y la novela de Cervantes; 
el teatro de Shakespeare y La montaña mágica de Thomas Mann; la Aeropagítica de John Milton y la
 división de poderes de Montesquieu; la revolución científica de Copérnico y Newton, y las alegres 
sinfonías de Mozart.
El “siglo estadounidense” ha seguido siendo europeo: Von Braun, Einstein, Berners Lee, etc.
Incluso en el siglo XX, el “siglo estadounidense”, el legado cultural y científico ha seguido siendo 
predominantemente europeo. Detrás de la llegada del hombre a la Luna hay un alemán: Von Braun; 
el más influyente líder religioso es polaco: Juan Pablo II; el mayor científico del siglo ha sido otro europeo:
 Einstein; y hasta el creador de la red informática mundial, la World Wide Web, gracias a la cual
 está usted leyendo este artículo, es un inglés: Tim Berners-Lee, auxiliado por un belga, Robert Cailliau.  
Hasta el cine es europeo (los hermanos Lumiére) y algunos de los genios de la pantalla nacieron en
 Europa (Hitchcock, Chaplin, Renoir, Ridley Scott). Y ni siquiera la televisión es norteamericana
-sus inventores son un escocés, John Logie Baird y un alemán, Manfred von Ardenne-, y las primeras
 emisiones públicas las hizo la BBC, en 1936.
Y sin embargo, el Viejo Continente parece replegarse sobre sí mismo, como si semejante legado 
no sirviera para nada. Y los líderes de una Unión Europea errática “se sienten cada vez más irrelevantes (…)
 aparentemente sin confianza en su presente o en su pasado ilustre, y tan a menudo ignorados
 por las grandes potencias”, como apunta Victor Davis Hanson.
Niall Ferguson hace una comparación significativa: mientras que en la UE hay once Estados con
 una población inferior a seis millones de habitantes; en China hay 11 ciudades con más de ocho 
millones de habitantes. Y algunos de los países más poblados del Viejo Continente (como Francia)
 pueden dejar de ser culturalmente europeos en tres o cuatro decenios, conforme vaya creciendo la 
población musulmana. De los casi 310 millones de habitantes de Europa, unos 100 millones serán 
musulmanes en cuestión de décadas.
El viento de la Historia parece haber barrido al Viejo Continente. Y si ocasionalmente vuelve a formar
 parte de la agenda internacional lo hace por “los problemas económicos, como un adolescente 
conflictivo que amenaza con suicidarse”, según apunta Ferguson.
Las razones del repliegue europeo no son otras que el olvido de sus raíces antropológicas y la
 pérdida de fe en sí misma. Esa esterilidad de valores se traduce en infertilidad física, como 
demuestra la dramática involución demográfica.
Y -como advierte Michel Houellebecq– el demográfico no es “un suicidio lento. Una vez que has
 llegado a una tasa de natalidad del 1,3 o el 1,4, después las cosas van muy rápido”.
¿Pacto para la migración o amenaza para Europa?
Pero se juntan el hambre con las ganas de comer si a eso añadimos la invasión cultural que supone 
la islamización de varios países europeos. Un proceso que lejos de remitir tras el repunte migratorio 
de los último años, puede aumentar con el Pacto Global de Naciones Unidas para la migración.
Basado en la Declaración de Nueva York (2016), el Pacto pretende establecer las bases para regular
 “una inmigración segura, regular y ordenada”, ante uno de los mayores movimientos migratorios de
 la Historia. El problema es que ese Pacto puede convertirse en un arma de dos filos, un coladero, 
como ha denunciado Hungría. Por un lado, Europa necesita de savia joven y no debe cerrarse a la
 inmigración; pero por otro lado, corre el peligro de abrir aún más la espita del multiculturalismo y
 aceptar a quienes no quieren integrarse.
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro ha dicho que el Pacto puede entrañar un “grave peligro” 
para Europa, porque está “destinado a tipificar la inmigración ilegal como un derecho humano fundamental” .
Hungría no es el único país que se opone al Pacto. Polonia, Austria, Croacia y República Checa 
tampoco lo firmarán.
Y es que algunos de los países del antiguo bloque del Este son los que paradójicamente parece tener
 una conciencia más clara una mayor de sus raíces europeas. O no tan paradójicamente, porque
 quienes han sufrido en sus carnes la tiranía aprecian más que nadie la libertad. 

domingo, 16 de diciembre de 2018

El sambenito de las soluciones fáciles a problemas complejos

Vox y el sambenito de las soluciones

 fáciles a problemas complejos

Una de los sambenitos que el establishment cuelga a los llamados “deplorables” 
(es decir a los votantes de Trump y por extensión al propio presidente americano, 
y a Orban, la premier polaca Beata Szydło, Santiago Abascal etcétera) es el de
 “aportar soluciones fáciles a problemas complejos”.

Santiago Abascal, presidente de Vox, en un acto electoral el Córdoba en noviembre de 2018 /EFE
Santiago Abascal, presidente de Vox, en un acto electoral el Córdoba en noviembre de 2018 /EFE
Bueno, digamos que el zafio Trump no es, desde luego, el summum de la sutileza y algunas de sus 
medidas son de trazo grueso; y una de las 100 propuestas de Vox no es que sea simplista sino
 directamente quimérica: suprimir las autonomías, dado el contubernio de intereses creados de
 toda la clase política española sin excepción.
Pero se podría volver la oración por pasiva y aplicar el mismo mantra al establishment. Comenzando
 por las autonomías.
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¿No fue una solución simplista el Estado de las Autonomías al viejo problema del regionalismo que 
arrastraba España desde el siglo XIX? Tan simplista que nos ha costado un riñón (la fortuna económica 
dilapidada con el despilfarro autonómico), una grave amenaza contra la unidad de España, el enfrentamiento 
social en Cataluña, y 800 muertos en el País Vasco, y encima ponemos alfombra roja para que los 
proetarras se hagan con varas de alcalde y pillen presupuesto?
¿No fue una solución simplista que Zapatero abriera el toril del Estatut, desencandenando un 
procés que, tras el golpe de Estado del referéndum, va camino de eternizarse, envenenando la convivencia?
¿No fue una solución simplista al complejísimo problema de la emigración, abrir la puerta a los
 musulmanes, dándoles todo tipo de facilidades, como ayudas al alquiler, becas para libros o pensiones 
sin haber cotizado?… con el agravio que supone para los españoles. ¿No es demagógico y contraproducente
 que el 90% de los beneficiarios de ayudas al alquiler en Madrid sean musulmanes: y que en Cataluña, 
el 80% de los musulmanes procedentes de Marruecos vivan de las ayudas sociales?
El establishment tilda de xenófobo a Vox por proponer control en la inmigración (porque eso es todo lo 
que propone Abascal, control, no expulsión: sólo habla de expulsar a los ilegales). El mismo establishment, 
con PSOE y PP en primer término, que permite que los españoles no tengan asegurada su pensión 
después de haber trabajado durante décadas, y que las concede a decenas de extranjeros sin haber cotizado
 un sólo día de sus vidas.
¿No es una solución fácil el aborto ante el complejo problema de las mujeres embarazadas?
¿No fué una solución simplona y demagógica el Plan E de empleo precario de Zapatero, ridículo parche 
con el que el socialista pretendía torear el miura de la crisis?
Y siguiendo con la economía, no hay medida más simplista y contraproducente que subir el salario 
mínimo como ha pactado Sánchez con los podemitas en ese poema de Presupuestos Generales que ha 
encendido las alertas rojas de la UE.
Ante un problema de gran complejidad, como el riesgo de una nueva crisis, cuando la economía española
 no ha corregido los desequilibrios estructurales que arrastra, el Gobierno de Sánchez tira de demagogia 
y hace unos presupuestos que ponen en riesgo la estabilidad y el empleo.
En lugar de apostar por la austeridad y el control del gasto público, el presidente cum fraude opta por la
 subida de impuestos y el disparo de la deuda pública. Lo cual augura un batacazo tan severo como el de
 Zapatero cuando imitó al avestruz y negó la crisis.
¿No es una solución fácil ante el complejísimo problema de las mujeres embarazadas, quitarse 
literalmente al muerto de encima (el bebé) mediante la ley del aborto? … en lugar de arbitrar medidas 
para ayudar a esas madres, como, por cierto, propone Vox en sus cien medidas.
El catálogo de soluciones simplistas ante problemas complejos sería interminable… en España y también 
en la Europa de Macron y Merkel.
Pero el establishment socialdemócrata y sus aparatos de propaganda se las han ingeniado para estigmatizar
 a “los deplorables” de la derecha alternativa marcándolos con las etiquetas de simplones, racistas, 
xenófobos, islamófobos y… lo más grave de todo, como un peligro para la democracia.
Cuando lo que había que preguntarse es si el peligro para la democracia no son más bien superestructuras 
que nadie ha elegido como la eurocracia de Bruselas; o Gobiernos que pretenden repetir referendums 
cuando el resultado no les gusta.
Recientemente el expremier británico Tony Blair dijo en México que utilizar consultas ciudadanas 
para decidir sobre temas complejos “no es una buena idea”. Por supuesto que el Brexit era un asunto 
complejo (y la decisión de Cameron fue un error de cálculo mayúsculo), pero las elecciones cada cuatro 
años en los que los pueblos ponen su futuro en manos de los candidatos ¿no son envites de enorme
complejidad? ¿Tampoco son “buenas ideas” dejar en manos del ciudadano la decisión de votar
 a quien más le guste o desalojar del poder a quien, según su leal saber y entender, lo haya hecho mal?
El mensaje implícito que están transmitiendo determinadas élites es que “si no me eligen a mí o a los
 de mi cuerda, los ciudadanos son unos ignorantes y no tienen derecho al voto”.
Lo cual además de un insulto a los gobernados es una enmienda a la totalidad contra la premisa número 
uno de la democracia. E ignorar un principio básico de la soberanía popular, según el cual el pueblo 
constituye el Estado, y por lo tanto puede controlarlo y cambiarlo si lo cree conveniente. Lo malo es q
ue hay autores que sostienen que sólo deberían votar los más preparados, como Jason Brennan e
n su libro Contra la democracia.
Tony Blair, el que que critica las soluciones fáciles, fue uno de los genios que ordenó la invasión del Irak de Sadam Hussein
Es obvio que Trump no es ningún santo y manipula como el que más. Pero nadie da derecho a los 
Obama, los Hillary, los Macron o los Blair a tildar de un peligro para la democracia a las nuevas 
derechas anti-establishment, y de deplorables a quienes les votan.
Porque da la casualidad de que los Obama y compañía son tramposos, embusteros y manipuladores. 
Tony Blair, sin ir más lejos, el que critica las soluciones fáciles, fue uno de los genios que ordenó la
 invasión del Irak de Sadam Hussein, en 2003, en una guerra injusta y una posguerra aún peor, que 
provocaría la llegada del Estado Islámico. Y lo hizo alegando que Irak poseía armas químicas.
Doce años después, reconoció que eso no era cierto y pidió perdón por los “errores” de la invasión.
 Pero el mal de aquella solución fácil ya estaba hecho.
Ahora díganme, ¿quienes son los verdaderos deplorables?