martes, 9 de octubre de 2018

ECONOMíA / CRITERIO La pensión va a dejar de ser un derecho

La pensión va a dejar de ser un 

derecho

Seremos más personas cobrando durante más tiempo pensiones mayores. Ese
 peso crece como una bola de nieve sobre una ladera infinita. Y recae sobre
 una población que está dejando de tener hijos , que languidece con inexorable
 cadencia.


Un grupo de jubilados. /Photo pedrosimoes7 on Foter.com / CC BY
Un grupo de jubilados. /Photo pedrosimoes7 on Foter.com / CC BY
Octavio José Granado, secretario de Estado de la Seguridad Social, ha declarado que el actual 
modelo de pensiones “sólo tiene arreglo para los próximos diez años”. Y si sus palabras no resultan
 del todo claras, las precisa diciendo que transcurrida una década habrá que “buscar un nuevo arreglo”.
Lo ha dicho durante la presentación de una autopsia titulada Las pensiones en España, realizada por 
el Consejo General de Economistas.
¿Qué pasa dentro de diez años? Que empezará a jubilarse la generación del baby boom, que así se 
llama porque es un ensanchamiento en la pirámide de la población, una generación nutrida, poblada, 
que deja de contribuir al sistema y pasa a esperar de él lo que nos han prometido los políticos. Además, 
cada década damos unos pasos en la carrera por la longevidad, de modo que estaremos más tiempo 
esperando cada mes el pago de nuestras pensiones. Por otro lado, aunque la grave crisis económica 
que comenzó hace once años deprimió nuestros sueldos y con ello la base sobre la que exigir mayores 
pensiones, en general los trabajadores han mejorado su sueldo en las décadas previas a la jubilación, y 
eso hace que cada año la pensión media sea mayor. En resumen: seremos más personas cobrando 
durante más tiempo pensiones mayores.
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Ese peso crece como una bola de nieve sobre una ladera infinita. Y recae sobre una población que está 
dejando de tener hijos, que languidece con inexorable cadencia. Sube el numerador, baja el denominador 
y el quebrado arroja una aportación al sistema creciente por cada trabajador. El sistema de pensiones
 nos obliga a hacer aportaciones crecientes, sólo para mantenerse.
“Siempre hay políticos simpáticos como Pedro Sánchez, dispuestos a subir las pensiones, ahora sí por decreto o como haga falta. Ellos ganan votos a costa de la salud de las futuras pensiones”
Por eso se habla de hacer “reformas” de las pensiones. Cada “reforma” pasa por hacer una de estas dos 
cosas: 1) reducir las pensiones futuras, 2) aumentar las contribuciones al mismo. Sobre el primer punto, 
qué duda cabe que los que están cobrando del sistema o esperan hacerlo en un futuro próximo, se quejan. 
Y que son personas, muchas, con el pleno derecho al ejercicio del voto. De modo que los políticos
no quieren que se les rompa el juguete, pero tampoco quieren quitárselo a los niños, porque se quejan. 
Así que, en lugar de rebajar las pensiones por decreto, idean nuevas e ingeniosas normas que poco
 a poco reducen su cantidad. Como vincular la revalorización al crecimiento económico, o ampliar 
el cálculo a toda la vida laboral.
De este modo, se esconden tras la norma diciendo que ellos sólo cumplen la ley. Pero siempre hay 
políticos simpáticos como Pedro Sánchez, dispuestos a subir las pensiones, ahora sí por decreto o 
como haga falta. Ellos ganan votos a costa de la salud de las futuras pensiones. Por eso, porque de los
 políticos no puede uno fiarse, Guillem López-Casanova, durante la presentación del análisis del 
cadáver de nuestras pensiones, dijo que “la magnitud del problema es tan grande, que dejarlo al
 debate del Pacto de Toledo es muy atrevido”, ya que “por la inoperancia mostrada hasta el presente, 
que hace desconfiar de que sus señorías vayan a resolver el problema”.
“El rejón más grave vendrá de eliminar el carácter de ‘derecho’ de las pensiones públicas. Hay ya varios elementos que apuntan a ello, y creo que es un camino que, una vez emprendido, no tendrá vuelta atrás”
Luego está el otro expediente: el de aumentar la contribución de los trabajadores. Ya no se pueden pagar más cotizaciones. Son un impuesto sobre el trabajo, desincentivan su creación, y roban al empleado ya casi un tercio de lo que genera. De modo que esa vía está muerta.
Queda otra, entre la primera y la segunda: retrasar la edad de jubilación. Alarga el tiempo que estamos contribuyendo al sistema, y reduce el tiempo que cobramos del mismo. Pues no se hable más. Los 
del baby boom se acabarán jubilando a los 70 años.
Es la lógica del sistema de reparto. Un trabajador paga toda la vida las pensiones que se cobran en 
ese momento y a cambio sólo tiene una deuda, que se pagará con las contribuciones de los futuros 
empleados. Pero como los que pasan a cobrar son cada vez más y los que pagan menos, el sistema 
colapsa. En lugar de hacerlo de golpe, lo hace año a año, pero el resultado es igual. Es una deuda
 moral, que está a cargo de una clase tan inmoral como los políticos, y para la que no hay un
 respaldo económico.
Pero retrasar la edad de jubilación no es el principal rejón a nuestras futuras pensiones. El más grave vendrá de eliminar el carácter de “derecho” de las pensiones públicas. Hay ya varios elementos que apuntan a ello, y creo que es un camino que, una vez emprendido, no tendrá vuelta atrás.
“Las pensiones dejarán de ser un derecho que pertenece a la persona en función de lo que ha contribuído, a ser una ayuda sólo en la medida en que lo necesita”
La última muestra, sutil pero inequívoca, la ha dado el gobierno de Pedro Sánchez. Se está planteando
 eliminar el límite máximo de cotización. La lógica de ese máximo es que al jubilado no se le paga
 simplemente una proporción de lo que ha contribuído, sino que hay unas pensiones máximas. Y si lo
 que te paga tiene un máximo, lo que te quita también lo tendrá. Pero es una lógica que está vinculada 
al concepto de derecho: tanto pagas, tanto recibes. Sánchez rompe esa lógica.
El principal ataque al concepto de derecho vinculado a la pensión pública es anterior. Es cuando se le 
quitó la pensión a los escritores por seguir cobrando los derechos de sus obras. El voraz e insaciable 
Estado dice que están cobrando por trabajar, y que por tanto no tienen derecho a pensión. Lo que ocurre, 
en realidad, es que han creado un bien de capital, su obra, capaz de generar ingresos duraderos. Y el hecho 
de que lo que hayan aportado sea trabajo no implica que no sea capital y que, en consecuencia, no haya 
de tener la misma consideración que unas acciones o, por ejemplo, una casa de la que se extrae una renta.
Pero por esa grieta se cuela la desaparición del concepto de derecho. La idea era que el trabajador 
adquiere un derecho, una deuda vinculada a su contribución. Y su cobro no está condicionado a
 otra circunstancia que no sea su aportación al sistema, y en proporción a la misma (años cotizados, 
base de cotización…). Ahora, si tiene otros ingresos se retira ese derecho. Y como, en realidad, no hay 
diferencia económica entre un libro y otro bien de capital, ese nuevo concepto de las pensiones se 
extenderá a todo
 aquél que tenga otros ingresos. Y las pensiones dejarán de ser un derecho que pertenece a la persona 
en función de lo que ha contribuído, a ser una ayuda sólo en la medida en que lo necesita.
Podemos puede hacer un papel muy importante en este cambio. Yo creo que lo hará, en cuanto 
comience a “denunciar” que “los ricos cobran pensiones muy altas” mientras que “los pobres 
se tienen que confirmar con pensiones miserables”. Al tiempo.
Menos mal que nos queda el ahorro privado, para no tener que depender de los políticos.

lunes, 8 de octubre de 2018

DEMOCRACIA / CRITERIO Un país de locos

Un país de locos

Querer romper un país es dignidad y justicia, luchar para que no se rompa y se
 mantenga unido es represión. Vivir como el maharajá de Persia y decir que 
Espanya ens roba es guay. Decir que Pujol es un ladrón forma parte de una
 campaña de desprestigio. 


Los impulsores de un golpe de Estado para la secesión de Cataluña de España hablan de
Los impulsores de un golpe de Estado para la secesión de Cataluña de España hablan de "represión" cuando actúan las fuerzas del orden y la justicia. /EFE
“Maricón” y “nenaza” son insultos en función de quién los pronuncie.
La gente tan pronto te llena las calles de protestas por la intromisión del Gobierno en una guerra, 
como se queda tranquilamente en casa si los del otro equipo se entrometen en una guerra, eso sí, 
con muchísima precisión.
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Hay algunos que se pueden cagar en lo que les apetezca porque su derecho a yo que sé les ampara. 
Otros sufrimos una persecución encarnizada por criticar sin extravagancias al Islam.
Hay gente que puede cortar carreteras impunemente cuando le venga en gana, otros tenemos que
  pedir perdón y permiso para poder manifestarnos en la Plaza de Sant Jaume.
Algunos somos fascistas por criticar la ida de olla del nacionalismo. Otros son demócratas por
 saltarse las leyes a la torera y tomar el pelo a todo quisque.
Unos pueden ensuciar el espacio público impunemente a plena luz del día. Otros tenemos que 
limpiar de noche y escondidos para evitar represalias.
A unos la memoria histórica selectiva les permite despotricar de Franco hasta el hartazgo. A otros,
 ni se les ocurra hablar del Terror Rojo que torturó y asesinó a miles y miles de hombres y mujeres
 honrados.
Unos gritan a los 4 vientos Refugees Welcome, casa meva, casa vostra. Esos mismos quieren expulsar
 a todos los ‘fascistas’ que no dicen Refugees Welcome y mandarlos al cuerno.
Para algunos es superdivertido leer El Jueves y ver como se ríe de Dios y de su Santa Madre. 
Esos mismos se pasan el día descubriendo y catalogando todo tipo de fobias cuando algo no 
les hace gracia.
Muchos se tragan dobladas las letras de Valtònyc, pero miran con lupa los gags de Jorge Cremades.
“Si asesinas a tu mujer eres un hijo de puta desalmado. Si asesinas a tu marido seguro que era un cabrón”
Querer romper un país es dignidad y justicia, luchar para que no se rompa y se mantenga unido es
 represión.
Vivir como el maharajá de Persia y decir que Espanya ens roba es guay. Decir que Pujol es un ladrón
 forma parte de una campaña de desprestigio.
Ir a Misa es de pardillo, friki y ñoño. Ir el 11S a la Diagonal, el 8M donde sea, el 14 de abril a
 recordar tiempos peores, etc… es de hombre, mujer, trans y non gender libre.
Decir una verdad biológica es una ofensa y alimenta el odio. Decir que hay niñas con pene y 
niños con vulva está de puta madre.
Si asesinas a tu mujer eres un hijo de puta desalmado. Si asesinas a tu marido seguro que era un cabrón.
¡Ahí os quedáis y ojalá reventéis todos! Estáis como un cencerro y encima pretendéis hacernos 
creer que somos nosotros los enajenados.

domingo, 7 de octubre de 2018

Mezquita y ex-catedral


Mezquita y  ex-catedral

La batalla de los símbolos hay que lucharla. La descristianización de la catedral de Córdoba, la profanación de los restos de Franco y el resto de medidas que la izquierda impone no son «cortinas de humo» ni «asuntos que no tienen importancia real», como afirman los imbéciles.

SERTORIO


Una civilización se suicida negándose a sí misma, pisoteando los valores que la sustentaron y los mitos que la movilizaron. Y lo primero que se profana son los símbolos. Así sucedió con la vieja Roma cuando Teodosio sacó la estatua de Fortuna del Senado, pese a las admoniciones del discurso de Símaco. Alarico saqueará la Ciudad Eterna menos de veinticinco años después. No habían pasado cinco décadas cuando los vándalos llegaban cabe las puertas de Hipona y un anciano Agustín veía desmoronarse el mundo que le alumbró. El Imperio de Occidente no sobrevivió un siglo a la transvalorización de todos los valores que ordenó Teodosio con el Edicto de Tesalónica. Pero no saquemos conclusiones aceleradas: todo ello era un fruto natural de lo que la propia Roma había gestado desde, por lo menos, la era de Caracalla, ese príncipe ignaro y fratricida que hizo ciudadanos a todos los habitantes del Imperio.
Decía Cioran que una civilización se destruye cuando se destruyen sus dioses. Tarea a la que se dedicó el espíritu ilustrado desde el siglo XVIII, ayudado por el propio Vaticano con su obtuso clericalismo antiguo y su perverso progresismo actual; por eso parece que la Iglesia tiene los siglos contados y que su destino inevitable es convertirse en una supervivencia, en una superstición, que es etimológicamente lo mismo. Uno de los momentos decisivos que ha conocido el cristianismo, sólo comparable al de Nicea, fue el Concilio Vaticano II, en el que la entonces poderosísima Iglesia Católica, Apostólica y Romana se rindió con armas y bagajes ante la Ilustración y el socialismo. Lo que se edificó con Constantino se deshizo con Pablo VI. Europa dejaba de ser cristiana y la Iglesia se resignaba a crecer fuera de su marco milenario, para extenderse por América y África. Hoy somos tierra de misión y Roma se ha convertido en un poder extraeuropeo. Francisco, el capellán de Soros, es el instrumento idóneo para la islamización de Europa, para la ruina de la fe popular y para asumir con alegre resignación la apoteosis del globalismo. Otro papado semejante y la Iglesia se disolverá con la misma disciplina que aquellas Cortes franquistas del hara-kiri.
Con la Iglesia desaparecen nuestros santos y vírgenes, nuestros ritos, nuestra cultura, nuestro genus loci. Lo que se ha hecho en estos cincuenta años ya no tiene remedio. Las cosas santas o permanecen inmaculadas o mueren, como el armiño de las leyendas medievales. Queramos o no, se está alumbrando un mundo nuevo en el que los mitos de nuestra infancia son arqueología, cuando no reliquias de una era de ignorancia. Ahora mismo, un muchacho con «formación» religiosa es incapaz de identificar una imagen de san Pedro o de Santiago y, si se le habla de la Transubstanciación o del Pentecostés, no tiene ni idea de qué se trata. Cualquiera que haya llevado a sus hijos a esos másteres que son las catequesis para la Comunión sabe de lo que hablo: dinámicas de grupo, actividades sociales, cancioncitas... Y apenas se saben los sacramentos, el avemaría y el padrenuestro. Milagro es que acierten a persignarse como Dios manda. Olvídese el lector de un mínimo de doctrina cristiana seria, fuera del buenismo de rigor. Por no hablar de las misas postconciliares, los cristianos de base y demás aggiornamenti, el peor de los cuales, sin duda, es el hacer creer a los jóvenes que Jesús es un hombre, incluso un revolucionario, pero raras veces un Dios. Cuando lo sagrado se humaniza y se despoja de misterio, ¿quién puede seguir creyendo?
Sorprende, por todo lo que acabamos de narrar, la firmeza de los curas de Córdoba para defender su iglesia frente a la expropiación con la que amenazan las izquierdas. Por los dos bandos se agitan pergaminos, se forman comisiones y arguyen los rábulas con regalías, bulas, cánones, concordatos y fueros que creíamos olvidados. Legalismos aparte, no hay mejor declaración de propiedad de la catedral cordobesa que los ochocientos años de devoción y fe de un pueblo cristiano, que lo decoró y enriqueció con legados y donaciones que nadie hizo al «Estado», sino a Dios. Al Dios de nuestros antepasados, el único verdadero, el que llevamos en la sangre. Claro que entonces la cruz y la espada eran una sola voluntad y las Españas se fundían con el catolicismo militante. Eso fue cuando éramos alguien, cuando medio mundo hablaba español y nadie pisoteaba la lengua del imperio. Ni se atrevía siquiera a pensarlo. Hoy no hay fe, casi no hay España y ya se verá si quedan españoles.
Basta con que unos okupas se asienten durante unas horas en una propiedad privada, con su registro legal y su contribución al día, para que le resulte casi imposible al legítimo propietario desalojarlos. Pero ocho siglos de devoción popular no son nada para los adalides del laicismo, apenas unos minutos. Si la Iglesia tuviera ojos para ver, entendería que de lo que se trata es de acabar con ella. Pero los dioses ciegan a aquellos a los que quieren perder. Por mucho que se adapte y ceda, los laicistas tienen claro que ella es el Enemigo y que, ya que está en proceso de disolución, ¿por qué no acelerar lo inevitable? ¿por qué no humillar y profanar con el auxilio de las leyes al enemigo agonizante?, ¿por qué no gozar del delicioso episodio de ver completamente écrasée a la Infame? Salta a la vista que no se van a privar del gusto. Además, cualquier ataque a la Iglesia produce un rédito electoral inmediato entre las turbas de televidentes cristofóbicos, adoctrinados por cuarenta años de insidias oficiales y de claudicaciones eclesiásticas. Añadamos a esto que las visitas a la catedral de Córdoba suman un jugoso monto anual, algo irresistible para la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Córdoba y demás entes administrativos de rapiña.
Los enemigos de la Iglesia en este asunto –entre los que destaca ese perejil de todas las salsas rojas que es el antiguo rector de hierro franquista Mayor Zaragoza, hoy prohombre del globalismo– tienen muy claro su plan: primero expropiar y, luego, convertir progresivamente la catedral en mezquita. Sin duda, el primer paso es la creación de un espacio ecuménico multiconfesional, al que seguro que no le faltarán las bendiciones del papa Francisco. Luego, ese "espacio" se volverá haram y será apropiado por los musulmanes, que harán todo lo posible para arrinconar a los escasos cristianos que se atrevan a rezar allí. Y todo ello contará con el apoyo del Estado, el «propietario» del inmueble. Finalmente, tras las debidas renuncias de Roma, el espacio multiconfesional pasará de la jurisdicción del Derecho Canónico a la de la Sharia.
¿Por qué esta alianza contra natura entre el mandil y el turbante? Porque ambos tienen intereses coincidentes. El globalismo quiere islamizar y africanizar Europa. La importación masiva de musulmanes permite a los laicistas descristianizar la nueva pseudoidentidad «europea» que se quiere forjar por el consorcio financiero de Bruselas, lo deseen los europeos o no. Por su parte, los musulmanes encuentran, gracias a los laicistas, un nuevo campo de expansión para su fe que, una de dos: o es una religión de estado, o no es Islam. Con las políticas malthusianas coercitivas que se imponen sobre la población europea originaria, políticas que no afectan en el mismo grado a las comunidades musulmanas, Eurabia será una realidad en muy breve plazo. Ya lo es, por ejemplo, en Londres.
No hay que ser muy avispado para comprender que esto es el suicidio de Occidente. Y como es de rigor en todo suicidio, lo llevan a cabo los propios occidentales, inspirados por sus clases directoras, como en la Roma del Bajo Imperio. ¿Y por qué este empeño en suplantar el cristianismo por el islam? Porque el credo del globalismo, la corrección política, necesita borrar la Historia, negar el pasado, abominar de las verdaderas identidades nacionales, que son algo a destruir, a escarnecer, a borrar del mapa. Por eso cualquier medida que relativice, borre, humille, ofenda e injurie la tradición europea cuenta con las bendiciones del establishment, que necesita justificar su dominación actual con la maldad intrínseca del mundo pasado, el nuestro. No es de extrañar que la ideología de género, el pensamiento postcolonial, el multiculturalismo y demás productos de la ortodoxia imperante tengan un obvio componente antieuropeo y, por lo tanto, anticristiano y antinacional. La nación, el pueblo organizado en una comunidad política, debe ser destruida porque es el principal obstáculo al Gobierno Mundial que ya padecemos. Y con el Estado-nación han de perecer su cultura, su credo, sus familias.
Ahora bien, esto no se puede ejecutar de forma brutal porque causaría una reacción devastadora. Por eso se hace relativizando el valor de la cultura nativa, asumiendo como propias «tradiciones» que tienen menos de treinta años en nuestro suelo y abominando del pasado, sobre todo del más heroico, del que más afirma a la comunidad frente al "Otro". ¿Y quién ha sido el «Otro» por excelencia en Europa durante un milenio? El islam.
La batalla de los símbolos hay que lucharla. La descristianización de la catedral de Córdoba, la profanación de los restos de Franco y el resto de medidas que la izquierda impone no son «cortinas de humo» ni «asuntos que no tienen importancia real», como afirman los imbéciles que se creen muy listos. El secuestro del pasado, eso que se llama memoria, no es sino un gigantesco lavado de cerebro colectivo, que entrega el alma del pueblo a quienes están empeñados en borrar nuestra identidad, en deshacer a la nación. Si se pierden los símbolos, nos perderemos nosotros.

viernes, 5 de octubre de 2018

Universo Pablo Iglesias: “El sistema de pensiones es sostenible porque la vida es sostenible”. ¡Y Olé!

ENORMES MINUCIAS

Universo Pablo Iglesias: “El sistema 

de pensiones es sostenible porque

 la vida es sostenible”. ¡Y Olé!

Sánchez: “El acuerdo salvará el Pacto de Toledo” y hundirá el sistema de

 pensiones.

Es posible subir las pensiones según el IPC. Todo es posible, solo que supondrá que el sistema quebrará antes
Es posible subir las pensiones según el IPC. Todo es posible, solo que supondrá que el sistema quebrará antes
A lo mejor había que hacerlo, porque muchos pensionistas pasan apuros
para llegar a fin de mes, pero a la gente no se le puede mentir con demagogias.
 Y sí, es posible subir las pensiones según el IPC. Todo es posible, solo
que supondrá que el sistema quebrará antes.
El acuerdo parlamentario para subir las pensiones de jubilación según el
IPC han hecho expresar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que
 “el acuerdo salvará el Pacto de Toledo”. Muy cierto, y hundirá el sistema
 de pensiones antes de lo previsto.
Solo hay dos maneras de que el sistema de pensiones se mantenga: retrasar la edad de jubilación e instaurar el salario maternal
Lo de Pablo Iglesias es mejor: “El sistema de pensiones es sostenible porque
la vida es sostenible”: ¡Ole, ole y ole!  Mire usted, señor Iglesias, la vida es
 sostenible mientras alguien no se empeñe en acabar con ella. Y si una
población está tan envejecida como la española, o cambia la pirámide demográfica o no se podrán pagar las pensiones salvo exprimiendo
a las clases activas, algo no muy conveniente.
Si se quiere que el sistema de pensiones sea sostenible, habrá que
 explicar la gente que no hay que hacer dos cosas:
  • Retrasar la da de jubilación.
  • Instaurar el salario materno, que pague una renta a todas las parejas
  •  por tener un hijo, un futuro contribuyente.

jueves, 4 de octubre de 2018

Los privilegios que consagrara nuestra Constitución


TRIBUNA
Ricardo Chamorro:

 

Los privilegios que consagrara nuestra Constitución

Opinión
Ricardo Chamorro

martes, 2 de octubre de 2018

proyecto minero de la Sierra de Yemas



UPYD Ávila insta al Equipo de Gobierno a cumplir sus compromisos medioambientales sobre el proyecto minero de la Sierra de Yemas


·       Javier Cerrajero pregunta en Junta de Gobierno por los estudios municipales comprometidos tras la aprobación de una moción conjunta en el Pleno del pasado mes de mayo

Ávila, 27 de septiembre de 2018. El portavoz del grupo municipal de Unión, Progreso y Democracia en el Ayuntamiento de Ávila, Javier Cerrajero, se ha interesado este jueves en Junta de Gobierno por el estado de ejecución de los estudios sobre el proyecto minero de la Sierra de Yemas, que el Consistorio se comprometió a realizar tras la aprobación de una moción conjunta en este sentido en el Pleno del mes de mayo.

Cerrajero recuerda que, a iniciativa de la plataforma No a la Mina en la Sierra de Yemas, todos los grupos políticos estamparon su firma en un documento que solicitaba la elaboración de un estudio detallado y riguroso, a la mayor brevedad posible, sobre los efectos derivados de las operaciones de apertura de huecos, creación de escombreras, tratamiento de los minerales extraídos con productos químicos, tráfico de maquinaria y cualquier otra operación achacable al proyecto Riofrío 1146, que afecta al barrio anexionado de La Aldea del Rey Niño.

Cuatro meses después, nada se sabe sobre el desarrollo de este acuerdo y, a juicio del portavoz de UPYD, este retraso pone en tela de juicio no solo la implicación del Consistorio abulense con su medio ambiente, sino también la defensa de los intereses de los vecinos de este barrio anexionado y el compromiso con una parte de la sociedad abulense, representada en la plataforma No a la Mina en la Sierra de Yemas, a cuyas reivindicaciones se dio apoyo formalmente declarándolas como justas.

Durante la celebración, este jueves 27 de septiembre, del Día Mundial del Turismo, Javier Cerrajero recuerda que la posición privilegiada de Ávila en el sector turístico no se debe exclusivamente a su patrimonio histórico-artístico, sino también en buena parte a sus excepcionales características medioambientales, cuya conservación es uno de los objetivos del acuerdo plenario alcanzado en el mes de mayo.



Más información: 
Prensa GM UPYD: Javier Ruiz-Ayúcar: 690 327 180