domingo, 17 de junio de 2018

Lenguaje, inmigración y manipulación

TRIBUNA
Mateo Requeséns: 

Lenguaje, inmigración y manipulación

Opinión

viernes, 15 de junio de 2018

“Cualquier paso hacia la eutanasia es un paso contra la muerte digna”

Carlos Álvarez (VidaDigna): “Cualquier paso hacia la eutanasia es un paso contra la muerte digna”

El Congreso abre la puerta a la despenalización de la eutanasia. El portavoz de Vida Digna, Carlos Álvarez analiza el estado de la cuestión en España. Este debate está "sacando a la luz cómo se muere en España y abrir este debate es bueno", explica Álvarez.

Carlos Álvarez, jurista, lleva años estudiando en profundidad el contenido de las leyes proeutanásicas que se han presentado en los diferentes parlamentos. Como miembro de la plataforma Vida Digna, habla con Actuall para advertir y desenmascarar la eutanasia en las leyes autonómicas y en los proyectos de leyes nacionales que están actualmente en proceso parlamentario en España, así como de los peligros y repercusiones en la jurisprudencia internacional en casos como el de la eutanasia aplicada a niños.
Nueve autonomías ya tienen una ley en vigor sobre los “derechos del paciente al final de la vida”, y otras dos cuentan con un proyecto de ley. Además, actualmente en el Parlamento de España están en trámite la proposición de ley de Ciudadanos y la del PSOE.
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Este mismo martes, en el Congreso de los Diputados, los grupos parlamentarios han adelantado sus posiciones sobre la propuesta del Parlamento de Cataluña por la que se pretende despenalizar el suicidio asistido y la eutanasia.
Pese a los votos en contra del UPN y PP, la abstención de Ciudadanos abre la puerta a que se avance en la idea de eliminar el reproche penal a quien ayude a otro a quitarse la vida o practique la eutanasia.
Empezando a hablar por las leyes autonómicas, ¿cuál es el mayor peligro para el derecho a la vida que encierran?
El problema de estas leyes autonómicas es que en su articulado no admiten menciones a favor de la eutanasia, lo que hacen es permitir prácticas que mal utilizadas pueden llevar a una eutanasia. La más clara de ellas es el derecho a la sedación.
¿De qué clase de sedación estamos hablando?
La sedación es un tratamiento paliativo. La sedación es cuando hay que aplicarla cuando un paciente tiene síntomas que son refractarios. Es decir, imaginemos un paciente que tiene, por ejemplo, ¿un dolor? tan terrible que no desaparece ni tan siquiera con la administración de los fármacos los opioides, o los derivados de la morfina. ¿Qué se hace con este paciente? Bueno, a través de una unidad de paliativos, le van sedando, es decir, le van durmiendo. Esto es un proceso largo hasta que el paciente dice: ‘Ya no tengo más dolor’. La idea es conservarle la consciencia el máximo posible y el máximo tiempo posible. Es importantísimo el que un paciente pueda estar consciente al final de su vida porque puede tomar decisiones, reconciliarse con sus seres queridos. Todo esto, las unidades de paliativistas lo manejan muy bien.
Bien, ¿qué ocurre? lo que plantean muchas leyes de estas es un derecho a la sedación. El paciente le diría al médico, o los allegados del paciente le dirían al médico: ‘Sédelo, pero sédelo hasta morir’. Y eso es un sedación terminal, no una sedación paliativa. Esto sería una eutanasia encubierta. Este peligro está en todas las leyes, incluida en la ley de Madrid.
¿La ley de Madrid sería quizá algo mejor que las del resto de autonomías, en cuanto a la defensa de la vida en su fase final?
La ley de Madrid desarrolla aspectos de derechos del paciente ya recogidos en una ley nacional, y en ese sentido ha desarrollado un trabajo de profundización a través de las comisiones de cuidados paliativos, que han sido escuchadas.
La ley de Madrid es una de las últimas leyes que se han aprobado y es importante decir que en ésta, y en otras sucesivas, ha habido algunas mejoras respecto de las más antiguas. Por ejemplo, se hace una referencia al tema de los cuidados paliativos mucho más real. Es verdad que está aumentando significativamente el interés de los partidos por esta materia, por la mal llamada ‘muerte digna’: eutanasia. Pero esto, también, está sacando a la luz cómo se muere en España, y abrir este debate es bueno. La ley de Madrid sí contempla un derecho a los cuidados paliativos.
“Tenemos dos víctimas totalmente contrastadas que podemos afirmar que han muerto por eutanasia, por la acción directa del sistema sanitario para provocar esa muerte, no para curarlas”
¿Y cual es la situación de la eutanasia a nivel nacional?
A nivel nacional sabemos que en el Gobierno de Zapatero se presentó una ley que pretendía despenalizar la eutanasia que no llegó a votarse parlamentariamente porque se terminó su mandato. Podemos ha presentado una ley orgánica, que requiere de una mayoría absoluta en el Parlamento porque trabaja sobre derechos fundamentales en la Constitución. Lo que pretendía esta ley de Podemos es despenalizar la eutanasia. Sacar la eutanasia del Código Penal.
¿Por qué?
Ahora mismo el que ayuda a morir a otro a petición de otro está cometiendo un delito. Cualquier ley en España que conlleve delitos o penas tiene que ser tramitada a través del procedimiento de la ley orgánica, que es más garantista. Pues Podemos quería cambiar el Código Penal, despenalizar la eutanasia absolutamente. La propuesta de ley de Podemos fue rechazada por las Cortes, pero existen otros dos proyectos. El proyecto que llamaremos ley de Ciudadanos, al que se han presentado diversas enmiendas y en este momento está pendiente de un dictamen de la Comisión de Sanidad del Congreso. Una vez que haya este dictamen que se da en cualquier ley que pueda tener influencia sobre aspectos fundamentales, como puede ser el derecho a la Sanidad, entonces, es necesario que se haga un estudio previo por parte de una Comisión Parlamentaria del impacto que puede tener. Y en este caso, está en ese momento. Y también está el del Partido Socialista, que ha presentado su propia propuesta de ley, pendiente de tramitación. Se presentó el 14 de febrero del año 2017 y pretende elevar las leyes autonómicas a rango nacional. Es muy parecida a las que hay en las autonomías, una ley de derechos y garantías del final del paciente que hace mucha incidencia en la autonomía de la voluntad del paciente y que tampoco plantea la eutanasia como un derecho.
Pero, entonces, ¿dónde está el peligro?
La confusión que generan las leyes autonómicas y que nosotros sospechamos que el PSOE pretende llevarlo a categoría nacional es cuando mezclamos medidas ordinarias y medidas extraordinarias. Voy a poner un ejemplo sencillo: Imaginemos que hay una persona mayor que está ya muy enferma y probablemente esté al final de su vida y sufre una infección. Esa infección hay que tratarla con antibióticos; es un tratamiento. Eso es una medida ordinaria. En principio, no se podría pedir la retirada del tratamiento. Pero si el paciente no quiere tener tratamiento y prefiere morirse en paz, podría hacerlo. Ahora, las medidas fundamentales, las medidas ordinarias, son la alimentación, la nutrición y el aire. Evidentemente, si pedimos que a una persona se le retire el aire se muere. ¿Qué hacen las leyes autonómicas y qué no hace bien el proyecto de ley socialista? Distinguir bien entre medidas ordinarias y medias extraordinarias de soporte vital.
“Luis Montes fue un mal director del servicio de Urgencias porque en el momento en el que él sale de allí, y se saca también a su equipo, las muertes descienden radicalmente”
¿Qué consecuencias están teniendo las leyes autonómicas hasta el momento?
Un efecto que han tenido las leyes autonómicas hasta el momento es oficialmente la producción de dos muertes. La aplicación de la Ley de Derechos y Garantías de  Andalucía provocó la muerte a Ramona Estévez. El modo que tuvo de morir: sus parientes solicitaron que se le quitara la sonda nasogástrica a través de la cual se alimentaba. Bueno, después de un procedimiento, porque en principio el hospital se negó. Luego fue obligado por la consejera de Sanidad y le quitaron la sonda y después de veinte días murió. Murió de hambre y de sed. Y también en Galicia, que también hay una ley de Derechos y Garantías, teníamos el caso de la niña Andrea, a quien también se solicitó la aplicación, y que también murió. Es decir, ya tenemos dos víctimas totalmente contrastadas que podemos afirmar que han muerto por eutanasia, por la acción directa del sistema sanitario para provocar esa muerte, no para curarlas de acuerdo con las leyes autonómicas. Estas dos son oficiales aunque puede haber más.
El presidente de Derecho a Morir Dignamente, Luis Montes /Twitter
El presidente de Derecho a Morir Dignamente, Luis Montes /Twitter
¿Y se están aplicando sedaciones terminales de manera irregular?
Bueno, es un tema complicado porque cuando nosotros, por ejemplo, en la asociación de Vida Digna hemos tenido noticias de esto y hemos acudido a denunciar porque son prácticas que se sospecha, se dice, se rumorea,… normalmente nuestras denuncias no son admitidas porque no somos parientes de la persona.
El doctor Montes de lo que fue acusado, precisamente, es de hacer de sedaciones irregulares, es decir, convertir una sedación paliativa en una sedación terminal. No era experto en cuidados paliativos, era un médico de Urgencias. Entonces su trabajo de médico era estabilizar al paciente y, una vez estabilizado, que se ocuparan de él los que tuvieran que ocuparse: los cardiólogos o quien fuera preciso. A él se le acusó, aunque luego quedó archivada la acusación, de 15 casos de una sedación negligente que no fueron demostradas. Nosotros podemos afirmar que él fue un mal director del servicio de Urgencias porque en el momento en el que él sale de allí, y se saca también a su equipo, las muertes descienden radicalmente. Se sospecha que él pudo tener que ver con esto, pero nunca ha sido probado.
Recientemente, ha tenido mucha repercusión mediática el caso de Alfie Evans. ¿Qué se puede decir desde el derecho?
La situación de Alfie Evans es un tema muy complicado y muy duro. La realidad es compleja, pero, tenemos a un niño que tiene una enfermedad, una enfermedad que no ha sido diagnosticada o al menos nosotros no conocemos cuál es el diagnóstico porque no se ha publicado. El niño no estaba en el proceso de la muerte. Entonces, un juez, a instancias del hospital, pide que a ese niño se le quite el respirador artificial, osea una medida de soporte vital esencial para que muera. La familia se niega y recurre la sentencia, y los tribunales ingleses no le dan la razón a la familia, que acude al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, cuya función esencial es velar precisamente por los derechos -en su artículo 2 se reconoce su derecho a la vida, como no puede ser de otra manera-. El tribunal Europeo de Derechos Humanos no entra al fondo de la cuestión, lo que viene a decir es: respetamos los mecanismos legales que existen en Inglaterra y se inhiben, Con lo cual, les dejan indefensos. Es un tema complicado el caso de Alfie Evans porque también en un momento dado se dice: bueno, pues si mi hijo tiene que morir, me lo voy a llevar a morir a casa. A ver, evidentemente, no se puede privar de movilidad a un padre ni a una madre ni a un hijo cuando no hay un motivo justificado, por ejemplo, una condena penal. Esto es un caso notable; había Policía para que no pudiesen llevarse al niño.
“¿Quién puede decir que una vida es digna y no merece ser vivida? ¿Vamos a otorgar ese poder a los médicos?”
En Reino Unido ya teníamos también el precedente de Charlie Gard.
Sí, y el de Alfie provoca otro precedente peligrosísimo. La próxima vez que un servicio médico inglés considere que hay un niño que está sufriendo mucho y que lo que le conviene es la muerte y lo lleve a los tribunales, los jueces ingleses se apoyan mucho más en precedentes que en la ley. Su derecho no viene del Derecho Romano como el nuestro. Entonces, es muy difícil que haya un juez ahora que diga si se plantea el caso: “No. Vamos a dejarlo a la voluntad de los padres”. Y la realidad es que el niño no estaba siquiera en el proceso de la muerte, en lo que diríamos la agonía.
Y el juez les quitó la patria potestad…
Sí, les ha quitado la patria potestad de modo directo, puesto que decide por ellos cuestiones que atañen a su hijo. Esto es un atentado contra la libertad gravísimo. En este caso lo que están imponiendo es el criterio de un comité de médicos, más un comité ético del hospital, de que la vida del niño no es digna y no merece ser vivida. Y eso es un juicio de intenciones muy peligroso que trasciende lo médico. Porque, ¿quién puede decir que una vida es digna y no merece ser vivida? ¿Vamos a otorgar ese poder a los médicos?
Todo esto puede provocar a corto plazo una desconfianza en los hospitales…
Sí, claro, y también una de las principales consecuencias que provocan las leyes de eutanasia o de suicidio asistido es la desconfianza en el sistema sanitario. Cualquier paso que se da en dirección a la eutanasia es un paso que se está dando en contra de la muerte digna. La auténtica muerte digna es que uno muere sin dolor, rodeado por los seres queridos, asistido médicamente, socialmente y espiritualmente del modo en que uno desee, sea del credo que sea.

jueves, 14 de junio de 2018

El disfraz de refugiado

TRIBUNA
(La GAceta)
Rafael Bardají: 

El disfraz de refugiado

Opinión
Rafael Bardají

miércoles, 13 de junio de 2018

Jordan Peterson y otras personalidades anticomunistas critican a la UE por honrar a Marx


Jordan Peterson y otras personalidades 

anticomunistas critican a la UE por

 honrar a Marx

El presidente de la Comisión Europea ha celebrado el 200 aniversario de Mark.
 El comunismo ha llevado a la muerte a más de 100 millones de personas y 
mantuvo a la mitad de Europa bajo la bota soviética durante 45 años.

 
El profesor canadiense y abanderado de la libertad de expresión Jordan Peterson se ha unido 
a otras personalidades anticomunistas para criticar la decisión de Jean-Claude Juncker
 (presidente de la Comisión Europea) de honrar la memoria de Karl Marx y su legado político.
De esta manera, celebraban así los funcionarios europeos el 200 aniversario del nacimiento
 del autor alemán de ‘El manifiesto comunista’ o ‘El capital’. Pero lejos de ser suficiente, 
proclamó que las acciones de personajes como Vladimir Lenin, Joseph Stalin, 
Mao Zedong, Pol Pot, los Castro o los Kim de Corea del Norte nada tienen que
 ver con estas ideas, según recoge eldiario.es La cita tuvo lugar en la basílica de
 Constantino de Tréveris, la ciudad alemana donde nació Marx el 5 de mayo de 1818.
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Después se descubrió una estatua de su persona de cinco metros de altura y 2,3 
toneladas de peso, donada por China, lo que ha causado gran molestar entre la
 mayor parte de la población.
Peterson se ha adherido a una carta abierta firmada por, entre otros,
  Tomasz Wróblewski, presidente del Warsaw Enterprise Institute en Polonia, 
Máté Hajba, directora de la Free Market Foundation en Hungría, 
Roxana Nicula, presidenta de la Fundación para el Avance de la Libertad 
en España, Gia Jandieri, vicepresidenta de la Nueva Escuela Económica 
en Georgia, Radu Nechita, de la organización CISED en Rumania, y 
John Suárez, de la Fundación Free Cuba, señala Breitbart.
“Sociedades enteras en la parte oriental de Europa fueron privadas de alimentos, explotadas y se les negaron los derechos humanos básicos”, apuntan en la misiva
“Como defensores de la libertad individual, consideramos que este evento
 [la celebración del aniversario] fue cruel e irrespetuoso hacia millones de ciudadanos 
de la Unión Europea que sufrieron dictaduras comunistas durante más de medio siglo”, escriben.
“Les recordamos que incluso hoy en día todavía hay muchos países en el mundo donde
 la población sufre la abominación ideológica creada por Karl Marx. Más de cien
 millones de personas murieron como consecuencia directa del comunismo en el
 siglo pasado en todo el mundo. Un presidente de la Comisión Europea no puede 
olvidar esto cuando actúa en nombre de la Unión Europea y representa a todos
 sus ciudadanos”, insisten.
“Sociedades enteras en la parte oriental de Europa fueron privadas de alimentos, 
explotadas y se les negaron los derechos humanos básicos”, recuerdan. “Hoy es 
más necesario que nunca desacreditar las teorías equivocadas de Karl Marx”, 
afirman y piden que “haga una disculpa formal a las víctimas del comunismo por este error”.

martes, 12 de junio de 2018

Cataluña carlista (y II) Juan Manuel de Prada


Cataluña carlista (y II)

Veíamos en un artículo anterior que los catalanes fueron, entre todos los pueblos hispánicos, quienes más denodadamente lucharon por el mantenimiento de la tradición, desde la Guerra de Sucesión hasta las Guerras Carlistas, frente a los nacionalismos liberales nutridos de soflamas románticas. Sólo mentes arrasadas por el napalm sistémico pueden afirmar sin rubor que el separatismo es hijo del carlismo.

El nacionalismo prendió en Cataluña en ámbitos urbanos, antes que en los rurales. Nada más natural, puesto que el liberalismo es ideología que beneficia a los ricos, que mientras fomentan entre los pobres la anarquía moral pueden dedicarse a la única libertad que de verdad les interesa, que es la libertad para concentrar y amontonar dinero. Fue la burguesía catalana la que, 'al abrirse' a la 'modernidad' europea, introdujo en Cataluña los postulados nacionalistas liberales que habían leído en gentes como el mencionado Renan. Vicens i Vives lo expresa sin ambages en Industriales y políticos del siglo XIX: "El catalanismo incorporaba Cataluña a Europa de una manera total e irrenunciable... El reencuentro con Europa después de cuatro siglos de ausencia, he aquí el significado profundo del movimiento catalanista".. ¿Se puede decir de forma más rotunda y sintética? Mientras Cataluña se mantuvo apegada a la tradición, permaneció impermeable a las tesis nacionalistas que triunfaban en Europa.. Y para lograr que la Cataluña popular comprase la mercancía averiada, la burguesía liberal hubo de hacer una operación de ocultamiento de la tradición catalana.

Antonio Rovira i Virgili así lo reconoce en su Historia dels moviments nacionalistes. En este libro, Rovira i Virgili se esfuerza por desvincular la causa nacionalista de los acontecimientos de 1714 (de los que abomina, porque sabe que fueron protagonizados por catalanes dispuestos a "derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España"), que inscribe en la línea histórica que verdaderamente les corresponde: "Esta es una línea --afirma-- que pasa por el movimiento catalán de la guerra contra Francia, después por la guerra de la Independencia y va a parar a las guerras carlistas. En realidad, los herederos de 1640 y de 1714 son los carlistas de la montaña catalana". Precisamente por ello (porque veía una continuidad histórica entre los patriotas dispuestos a derramar su sangre por España de 1714 y los carlistas de la montaña catalana), Rovira i Virgili sostenía --nos lo cuenta Josep Pla en Prosperitat i rauxa de Catalunya-- que "las guerras carlistas tenían que ser borradas de la memoria de la gente catalana, cual si nunca hubieran existido". Y es que los ideales carlistas y los ideales nacionalistas son por completo incompatibles. Por eso el nacionalismo, ansioso de subirse al carro de la modernidad europea, enterró la tradición catalana, de la que renegaba y se avergonzaba. Y se nutrió de una munición de conceptos --voluntad, soberanía, autodeterminación, etcétera-- típicamente liberales, que a cualquier carlista repugnan.

Para enterrar la tradición catalana, el nacionalismo liberal adoptó al principio un lenguaje regionalista que a simple vista se podía confundir con el lenguaje tradicional de los carlistas; y así se consiguió que muchas familias carlistas se fuesen contaminando de ideas liberales, envueltas en el celofán del conservadurismo clericaloide. Y cuando esa contaminación fue completa, el catalán se volvió furibundamente independentista, como no podía ser de otro modo; porque los pueblos tradicionales, cuando son infectados por ideologías modernas sustitutorias de su fe, se revuelven furiosos. Dostoievski nos enseña --refiriéndose al pueblo ruso, pero vale lo mismo para el pueblo catalán-- que cuando los pueblos tradicionales son contaminados de ideas ajenas a su tradición no reaccionan como vacas pastueñas, al estilo de los pueblos sumisos e inanes que se uncieron al yugo luterano, sino que se metamorfosean en algo muy distinto que, sin embargo, conserva pervertido su ardor originario: la religiosa Rusia, infectada de liberalismo, reaccionó volviéndose bolchevique; la Cataluña hija de los almogávares y los carlistas de la montaña reaccionó volviéndose independentista. Y el catalizador de esta metamorfosis fue, en ambos casos, el mismo. El independentismo no es hijo (ni siquiera bastardo) del carlismo, sino hijo legítimo y predilectísimo del liberalismo.

A ver si dejamos de una puñetera vez de repetir como loritos las mamarrachadas que interesan a los causantes de nuestros males. Que, para mayor escarnio, ahora españolean y sacan pecho, erigiéndose en remedio de los males que causaron.

lunes, 11 de junio de 2018

Cataluña carlista (I) Juan Manuel de Prada

Madrid, 3 junio 2018, Domingo en la infraoctava del Corpus Christi.. La revista XL Semanal publica hoy la primera entrega de un importante artículo del escritor y periodista Juan Manuel de Prada:

Cataluña carlista (I)



No hay en España plumífero o historiador a la violeta, gacetillero con ínfulas y, en fin, analfabeto con balcones a la calle que, al referirse a la crisis catalana, no repita como un  lorito que el independentismo es hijo del carlismo. Se trata de una mamarrachada colosal que, misteriosamente, ha calado entre las masas cretinizadas.

Pero el independentismo no es hijo del carlismo, sino precisamente de la doctrina adversa. En su famoso opúsculo Qué es una nación, el liberal Ernest Renan establece que es la voluntad de los individuos la que afirma la existencia de una nación. En lo que no hace sino reelaborar los conceptos que Rousseau proclamaba en su Contrato social, en donde se consagra la existencia de una "voluntad general" que es una forma de soberanía total, incondicionada e inalienable. Esta exaltación de la voluntad se completaría después con un retórica romántica que invoca el "espíritu del pueblo" (Volkgeist), un principio subjetivo que se impone colectivamente a los hombres para unificarlos, a la vez que segrega a quienes se perciben como extraños. Todos los nacionalismos se nutren de estos conceptos liberales; y tanto el centralismo españolista como el independentismo catalán son sus hijos legítimos. Pues, en efecto, por más que anden a la greña (como tantas veces ocurre con los hijos de mala madre), el movimiento independentista y el españolismo centralista son hermanos de sangre: igualmente liberales, laicistas y enemigos de la tradición catalana e hispánica.

El carlismo, por el contrario, se reconoce en esa tradición. Frente a la orgullosa exaltación de la soberanía propia de todas las formas de nacionalismo (lo mismo centralistas que independentistas), la tradición no reconoce otra soberanía que la divina; frente a la exaltación de la política prometeica propia de todas las formas de nacionalismo (la política entendida como pura poiesis o arte de construir abstracciones), la tradición se funda en una política aristotélica, en la praxis que parte de la realidad histórica para introducirle correcciones y mejoras al servicio de la comunidad. Y la realidad histórica española es el reconocimiento de una diversidad cordial, integrada solidariamente a través de una fe común. Tal unidad en la diversidad se logró a través de lo que Montesquieu denominó "gobierno gótico" (que calificó como la "forma mejor temperada de gobierno" que haya habido jamás sobre la faz de la tierra), fundado en el pactismo: el monarca reconocía las libertades concretas de los pueblos y las instituciones que las protegían; y a cambio los pueblos juraban lealtad al monarca. Y, mientras rigió este "gobierno gótico" sobre el que se funda la tradición catalana e hispánica, Cataluña demostró, como nos enseña Tirso de Molina, que "si en conservar sus privilegios era tenacísima, en servir a sus reyes era sin ejemplo extremada". Así se explica que, en 1714, nadie defendiera tan ardorosamente la tradición como los patriotas catalanes, con Rafael de Casanova a la cabeza, quien en su célebre pregón del 11 de septiembre escribiera: "Todos los verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España". Así se explica también que no haya habido pueblo tan perseverante y heroico como el catalán en su lucha contra las infiltraciones liberales, que combatió en siete guerras contrarrevolucionarias, desde 1794 a 1875: la Guerra Gran o Guerra del Rosellón; la Guerra de la Independencia; la Guerra Realista durante el trienio liberal de 1820-1823; la Guerra dels Malcontents contra la deriva afrancesada de la Década Ominosa; la Primera Guerra Carlista, entre 1833 y 1840; la Guerra dels Matiners o Segunda Guerra Carlista; y, en fin, la Tercera Guerra Carlista, entre 1872 y 1875.

Y en todas estas guerras, Cataluña no combatía por la independencia, sino por el restablecimiento de sus libertades e instituciones. Cataluña se mantuvo fiel a los reyes de España y los sirvió extremadamente, mientras esos reyes cumplieron lo pactado; y, cuando los reyes dejaron de cumplir lo pactado y trataron de suplantar la tradición política hispánica con importaciones liberales (tales como el centralismo), Cataluña se revolvió contra ellos. Pero la Cataluña carlista, siendo muy amante de sus tradiciones e instituciones, amaba también (hasta el derramamiento de la sangre) a España, en la que veía una unión de pueblos querida por la Providencia. ¿Cómo se convirtió ese amor en odio separatista? Precisamente porque Cataluña dejó de ser carlista; porque renegó de su tradición, haciéndose liberal. Lo explicaremos en una próxima entrega.