lunes, 11 de junio de 2018

Cataluña carlista (I) Juan Manuel de Prada

Madrid, 3 junio 2018, Domingo en la infraoctava del Corpus Christi.. La revista XL Semanal publica hoy la primera entrega de un importante artículo del escritor y periodista Juan Manuel de Prada:

Cataluña carlista (I)



No hay en España plumífero o historiador a la violeta, gacetillero con ínfulas y, en fin, analfabeto con balcones a la calle que, al referirse a la crisis catalana, no repita como un  lorito que el independentismo es hijo del carlismo. Se trata de una mamarrachada colosal que, misteriosamente, ha calado entre las masas cretinizadas.

Pero el independentismo no es hijo del carlismo, sino precisamente de la doctrina adversa. En su famoso opúsculo Qué es una nación, el liberal Ernest Renan establece que es la voluntad de los individuos la que afirma la existencia de una nación. En lo que no hace sino reelaborar los conceptos que Rousseau proclamaba en su Contrato social, en donde se consagra la existencia de una "voluntad general" que es una forma de soberanía total, incondicionada e inalienable. Esta exaltación de la voluntad se completaría después con un retórica romántica que invoca el "espíritu del pueblo" (Volkgeist), un principio subjetivo que se impone colectivamente a los hombres para unificarlos, a la vez que segrega a quienes se perciben como extraños. Todos los nacionalismos se nutren de estos conceptos liberales; y tanto el centralismo españolista como el independentismo catalán son sus hijos legítimos. Pues, en efecto, por más que anden a la greña (como tantas veces ocurre con los hijos de mala madre), el movimiento independentista y el españolismo centralista son hermanos de sangre: igualmente liberales, laicistas y enemigos de la tradición catalana e hispánica.

El carlismo, por el contrario, se reconoce en esa tradición. Frente a la orgullosa exaltación de la soberanía propia de todas las formas de nacionalismo (lo mismo centralistas que independentistas), la tradición no reconoce otra soberanía que la divina; frente a la exaltación de la política prometeica propia de todas las formas de nacionalismo (la política entendida como pura poiesis o arte de construir abstracciones), la tradición se funda en una política aristotélica, en la praxis que parte de la realidad histórica para introducirle correcciones y mejoras al servicio de la comunidad. Y la realidad histórica española es el reconocimiento de una diversidad cordial, integrada solidariamente a través de una fe común. Tal unidad en la diversidad se logró a través de lo que Montesquieu denominó "gobierno gótico" (que calificó como la "forma mejor temperada de gobierno" que haya habido jamás sobre la faz de la tierra), fundado en el pactismo: el monarca reconocía las libertades concretas de los pueblos y las instituciones que las protegían; y a cambio los pueblos juraban lealtad al monarca. Y, mientras rigió este "gobierno gótico" sobre el que se funda la tradición catalana e hispánica, Cataluña demostró, como nos enseña Tirso de Molina, que "si en conservar sus privilegios era tenacísima, en servir a sus reyes era sin ejemplo extremada". Así se explica que, en 1714, nadie defendiera tan ardorosamente la tradición como los patriotas catalanes, con Rafael de Casanova a la cabeza, quien en su célebre pregón del 11 de septiembre escribiera: "Todos los verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España". Así se explica también que no haya habido pueblo tan perseverante y heroico como el catalán en su lucha contra las infiltraciones liberales, que combatió en siete guerras contrarrevolucionarias, desde 1794 a 1875: la Guerra Gran o Guerra del Rosellón; la Guerra de la Independencia; la Guerra Realista durante el trienio liberal de 1820-1823; la Guerra dels Malcontents contra la deriva afrancesada de la Década Ominosa; la Primera Guerra Carlista, entre 1833 y 1840; la Guerra dels Matiners o Segunda Guerra Carlista; y, en fin, la Tercera Guerra Carlista, entre 1872 y 1875.

Y en todas estas guerras, Cataluña no combatía por la independencia, sino por el restablecimiento de sus libertades e instituciones. Cataluña se mantuvo fiel a los reyes de España y los sirvió extremadamente, mientras esos reyes cumplieron lo pactado; y, cuando los reyes dejaron de cumplir lo pactado y trataron de suplantar la tradición política hispánica con importaciones liberales (tales como el centralismo), Cataluña se revolvió contra ellos. Pero la Cataluña carlista, siendo muy amante de sus tradiciones e instituciones, amaba también (hasta el derramamiento de la sangre) a España, en la que veía una unión de pueblos querida por la Providencia. ¿Cómo se convirtió ese amor en odio separatista? Precisamente porque Cataluña dejó de ser carlista; porque renegó de su tradición, haciéndose liberal. Lo explicaremos en una próxima entrega.

martes, 5 de junio de 2018

¿Qué podemos hacer por España, nuestra Nación? Ahora o nunca

¿Qué podemos hacer por España, 

nuestra Nación? Ahora o nunca

No sé por qué me da que asistimos al hundimiento de la Nación y no veo 
alcalde o regidor que valga para arrastrar con su bando a los españoles.


España está en peligro, en especial por sus enemigos internos.
España está en peligro, en especial por sus enemigos internos.
Todos estamos preocupados. España está enrarecida, en una situación impredecible;
 vivimos entre la confusión y el escándalo. Cada uno mira por lo suyo y el conjunto se diluye.
A diario nos llegan numerosos comentarios y preguntas, con desasosiego, algo de indignación,
 y clara desorientación; siempre la misma pregunta: ¿Qué podemos hacer? Pregunta obligada;
 respuesta desconocida. Al menos yo solo sé que en la vida, pase lo que pase, lo único decente
 es actuar con rectitud y sin hacer daño a nadie. Es difícil, tanto que a eso se le llama ser
 santo, pero se puede intentar el camino, sobre todo en momentos de crisis.
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Los partidos políticos no llenan nuestro vacío, no hay nadie que destaque por su sensatez
 y grandeza de miras, que haga propuestas más allá de la desilusión, que no mienta, que 
no oculte, que no se esconda, que no robe, que no engañe, que legisle con la cabeza, 
sin usar las vísceras, que tienda la mano sin garfio, que mande fiel a sus principios, 
y a su programa, que tenga programa y principios, que renuncie si no sabe, admitiendo 
sus errores, que se baje del pedestal, de la soberbia y del coche oficial que siempre
 conduce al mismo lugar. Es difícil gobernar para todos, pero es muy tentador gobernar
 sobre la cabeza de todos y contra todos.
¿Qué podemos hacer ante los gravísimos acontecimientos que están sucediendo
 en España que se enfrenta a una de las crisis de identidad moral e histórica 
más graves de su historia?
Lo importante es el diagnóstico, acertado y riguroso, sin más interés que salvar la vida 
del enfermo que requiere, como primera medida, que el propio enfermo admita su
 enfermedad y se deje atender, algo muy difícil de lograr cuando está cubierto por 
una nebulosa de complacencia y de continuo recibe los resultados falseados.
Da vértigo comprobar que estamos ante un  problema grave, muy grave y concreto en 
España. No es la economía, Europa, la justicia o la injusticia; no es la corrupción, 
moral y la otra, el paro o las pensiones, el trabajo, las empresas, las leyes y decretos, 
ni la historia, o la memoria histórica, la juventud o la vejez, las redes sociales y
 antisociales, la violencia. De todo esto se habla, está en la calle, es el día a día, 
pero después de tantas cosas solo hay una cosa que todo lo emponzoña y culmina, 
el problema: los partidos políticos, la política concreta, la que hacen y rellenan  
a diario las páginas de los periódicos, los  de papel y los digitales, las televisiones
 dirigidas e ideologizadas, no satisfacen a la gran mayoría que permanece ajena  o
 sin manifestarse al hundimiento de la Nación. A partir de ahí cualquier cosa. Si no 
admitimos esto erramos en el diagnóstico.
Este pueblo ha sufrido mucho; hasta arrancarle de cuajo su sentido de nación y su presencia en la historia de Europa y del mundo
Percibo que las élites siguen creyéndose tales cuando hace tiempo que dejaron de serlo. 
Este pueblo ha sufrido mucho. Hizo una transición limpia, en paz y con ilusión en el futuro. 
Fue muy duro soportar tantos asesinatos de ETA y ver la solución política, ver como el
 veneno seguía enquistado en la sociedad mientras nadie, nadie, movía un dedo por extirpar 
el mal en el quirófano. Se sucedieron las frivolidades del juego de naciones. Empezó 
enseguida el engaño, el juego de la bolita que esconde el trilero, nada por aquí, nada por allí,
 ¿dónde está la bolita? Fueron muchos años, pero acabamos adivinando el truco. Este 
pueblo ha sufrido mucho; hasta arrancarle de cuajo su sentido de nación y su presencia 
en la historia de Europa y del mundo. No somos nadie y vamos camino de desaparecer. 
No son alarmismos ni exageraciones. Cataluña está dividida y enfrentada y dentro de 
poco se contagiará al resto. El País Vasco espera que llegue su momento mientras mueve su bolita.
Hubiésemos aguantado a esas élites que decían conducir, gobernar, escribir, informar 
y hasta gestionar nuestros dineros, pero fueron demasiado lejos, tontos hay pocos, 
pacientes muchos, hasta que te toman el pelo en demasía y se hace urgente poner remedio. 
En todo este tiempo se han encargado muy mucho de hacer desaparecer todo aquello 
que una sólidamente, que ilusione al conjunto, que suene a España, sean los símbolos
 o el orgullo de ser español.
Han querido acabar con la Nación y convertirnos en rivales. Empezando por el 
idioma, eje vertebral, y que bien saben la importancia que tiene para desunir, que 
es para lo que vergonzosamente se ha utilizado.

La nación

¡Ah, la Nación! ¿Quién habla de la Nación? ¿Quién hace pedagogía de Nación? 
Ese debe ser el comienzo. Reunir y unir alrededor de un concepto que tiene más fuerza
 que el poder, más que el dinero, y eso es casi imposible que exista, pero existe y nos
 lo cuenta la historia, la de verdad, la que conocemos de rigurosas fuentes al margen de
 las impositivas leyes.
De ahí tenemos que partir. De una idea que una, que ilusione, que tenga la fuerza
 imparable de la verdad, la virtud, la rectitud y el buen obrar, por ella y para ella.
 Tiene nombre y apellidos: España es su nombre y sus apellidos se pierden en
 su historia, en todos y cada uno de los españoles que dieron algo, lo mejor, o lo 
que pudieron y supieron por ella y su grandeza, unos más otros menos, es igual,
 nada te pide, nada te exige, como madre, sentimiento de ser y estar, solo que 
la reconozcas como tal.
Asistimos al hundimiento de la Nación y no veo alcalde o regidor que valga para arrastrar con su bando a los españoles
Ese es el problema y no hay más. Empecemos por la pedagogía, la educación y la enseñanza. 
Enseñemos lo que es nuestra Nación, a amar a España. ¿Qué cómo se hace eso? 
Sin teorías ni complicadas lecciones; sabemos hacerlo, cómo se hace y también 
sabemos por qué no se hace.
¡España está en peligro!, recordando al alcalde de Móstoles, que por cierto eran 
dos, Andrés Torrejón y Simón Hernández. Aquel bando del 2 de mayo de 1808 terminaba
diciendo: “…no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, 
como los españoles lo son”.
En aquella ocasión España estaba defendida por españoles y una fuerza los unía 
por encima de todo: su Nación, España. Hoy surgen dudas. No sabemos, 
al menos yo no lo tengo claro, si la invasión ya se ha producido sin que haya 
habido reacción alguna por nuestra parte.
No sé por qué me da que asistimos al hundimiento de la Nación y no 
veo alcalde o regidor que valga para arrastrar con su bando a los españoles.
Fue hace 210 años cuando pudimos dejar de ser y ahora de nuevo estamos 
a las puertas de ello.
<<No hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como
 los españoles lo son>>. Es hora de empezar de nuevo. Ahora o nunca.

lunes, 4 de junio de 2018

Un pájaro que no encaja

(Correspondencia ACTUALL)
Un pájaro que no encaja
Me encuentro, también, entre los que no acaban de comprender la existencia de partidos independentistas en un país democrático, libre y unido.
Me recuerda a aquel que crió un pájaro exótico, alimentándolo durante años mientras presumía de su rareza. Hasta que, un buen día, se dio cuenta de que lo había engordado tanto que, el que fuera alguna vez pajarillo, se había transformado en un buitre agresivo y devorador. Como resultado, tuvo que sacarlo de su casa antes de que la destrozara.
Quizá los partidos independentistas le den al país un aire exótico y una apariencia de libertad. Pero no nos engañemos, cuestan dinero y recursos que se transformarán en severas amenazas para la nación. No son una inversión en la unidad ni en el bienestar del país. 
Los independentistas son respetables como personas, pero sus ideas son un verdadero peligro. Quizá fueran plausibles en una colonia remota, residuo exótico de un imperio colonial, pero no en un país de europa, unido por la historia y por leyes democráticas. 
Reconozcámoslo, los partidos independentistas pertenecen a otro contexto, como aquel pájaro de la anécdota. Lo coherente seria sacarlos de nuestra casa común, no sea que nos acontezca lo del proverbio: cría cuervos y te sacarán los ojos.
Bien harían en revisar la actual Constitución, no para darle más a los que amenazan la unidad de este hermoso país, sino para prohibir la existencia de este tipo de ideología, como partido, en nuestra democracia.
Señores políticos, no teman perder votos por plantear ese debate. Hay millones de españoles que ya han visto el peligro de ese pájaro y que aplaudirían sacarlo del país. Ya hemos tenido suficiente.
Es mi humilde opinión. 

Juan José Gil

domingo, 3 de junio de 2018

Hitler gana la batalla de Inglaterra (con casi 80 años de retraso)

Hitler gana la batalla de Inglaterra 

(con casi 80 años de retraso)

El caso Alfie Evans es el corolario de lo que viene haciendo Occidente desde
que supeditó el valor de la persona al utilitarismo. Cuando se cruza la delgada 
línea roja, se justifica todo: desde el infanticidio a la eugenesia. ¿Y quién decide? El Estado. Si eso no es totalitarismo...


Si Hitler hubiera ganado la batalla de Inglaterra en 1940, neutralizando a la aviación británica 
(la épica RAF), Gran Bretaña habría quedado reducido a la condición de país esclavo -
como Polonia o Checoslovaquia-, por dos razones. Porque habría perdido el primero de los 
derechos humanos fundamentales, el derecho a la vida. Y porque habría quedado dominado
 por un Estado totalitario, que autorizaba a sus verdugos (agentes de las SS) a quitar la vida.
Casi ochenta años después Hitler ha ganado la batalla de Inglaterra. El país ha quedado 
reducido a la condición de esclavo. Porque ha perdido el derecho a la vida y porque ha
 quedado dominado por un Estado totalitario, que autoriza a sus verdugos (médicos y 
enfermeras) a quitar la vida.
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Primero fue Charlie Gard, y ahora el pequeño Alfie Evans. Con la decisión del juez Anthony 
Hayden de desconectar a este último, en contra de la voluntad de los padres, y de dejarlo morir de 
hambre y sed rechazando la posibilidad de un tratamiento alternativo en Italia, un país de la 
Unión Europea pasa a engrosar la lista de regímenes asesinos, como la Camboya de Pol Pot o la URSS de Stalin.
Reino Unido decide sobre la vida de sus súbditos y lo viene practicando desde en 1967, cuando el gobierno laborista de Harold Wilson cruzó un siniestro Rubicón al despenalizar el aborto
Con un poder superior a los sátrapas más sanguinarios de la Antigüedad y más omnímodo 
que los señores feudales del Medievo, es el Estado el que decide sobre la vida de sus súbditos
 en el siglo XXI. El Estado quien decide qué vidas son dignas de ser vividas y cuáles no.
Reino Unido lo viene practicando desde hace décadas. Desde que en 1967, hace ahora 
50 años, el gobierno laborista de Harold Wilson cruzó un siniestro Rubicón al despenalizar 
el aborto, adelantándose seis años a EE.UU., que hizo lo propio con la sentencia del caso Roe vs. Wade.
Londres se convirtió en el paraíso del aborto, al que acudían mujeres de otros países para 
deshacerse de su problema. Por ese camino, el Estado eliminó 8,8 millones de bebés. 
8,8 millones de vidas inferiores, vidas de segunda categoría como las de los judíos, 
los gitanos, los discapacitados mentales o los homosexuales perseguidos por 
el nazismo o el estalinismo.
Y ahora justifica la desconexión de seres inocentes, como los niños Charlie o Alfie, 
el mismo país que hace 30 años eliminó de su Código Penal la pena de muerte para
 criminales, porque consideraba que ese castigo era desproporcionadamente cruel.
La clemencia buenista que el Estado muestra con los asesinos no la tiene con aquellos
que se ha convertido en un estorbo: fetos en el vientre, niños incurables o ancianos enfermos y sin familia. Los casos de Charlie y Alfie no son sino un ensayo general de la “solución final” que 
el Reino Unido -y otros muchos países de este Continente dos veces Viejo- va a aplicar
 masivamente ahora que le está pillando el carro del invierno demográfico.
La raíz de este desprecio por los débiles ha sido a la cosificación del ser humano. 
Una cosificación que empieza desde el principio: en el inicio de la vida.
El totalitarismo es lo que tiene. Supedita tu valía a tu capacidad de producir, curar, 
hacer vender. Tanto produces, tanto vales. Tanto sirves al Estado, tanto vales. Y si 
no… Siberia -en tiempo de los soviéticos- o el abortorio -en este tiempo-.
Como estés conectado a una máquina date por muerto: tu vida no vale un comino. Y es que se ha olvidado el valor intrínseco de la persona
Como estés conectado a una máquina date por muerto: tu vida no vale un comino. Y es 
que se ha olvidado el valor intrínseco de la persona, la dignidad de todo ser humano, que
El caso Alfie Evans no es sino el corolario de lo que viene haciendo Occidente desde 
que hace años supeditó el valor de la persona al utilitarismo. Cuando se cruza la delgada
 línea roja, se justifica todo: desde los vientres de alquiler a la eugenesia… o el infanticidio.
Al cabo, todo se reduce a un pulso entre la tiranía y la dignidad de la persona. Y 
de momento el pulso lo va ganando la tiranía: una imaginaria esvástica (o bandera roja
 con la hoz y el martillo, tanto da) ondea desde la muerte del pequeño Alfie en las almenas
 de la vieja Inglaterra.
Tú no eres un medio para nada: eres soberano como un rey. Pero eso no lo entendía ni 
el Führer hace 80 años, ni el Estado británico ahora.

sábado, 2 de junio de 2018

Una sociedad enferma, que se moviliza por un perro y deja morir a un niño

Una sociedad enferma, que se 

moviliza por un perro y deja 

morir a un niño

El caso de Alfie Evans que hemos vivido estos días nos lleva a preguntarnos 
qué hace falta que ocurra para que recuperemos la sensatez. El hombre se
 encuentra ahora en mitad de un tenebroso océano oscuro, mecido al vaivén de las olas y las corrientes.


Alfie Evans.
Alfie Evans, de 22 meses de edad, en su cama del hospital Alder Hey, de Líverpool.
Nos suelen vender que estamos en la mejor de las democracias. Que la sociedad nunca 
en la historia ha alcanzado tan altas cotas de bienestar, igualdad y progreso. Que hemos 
por fin abandonado la época de las tinieblas, de la sinrazón de la fe, de los crédulos y 
débiles cristianos que tenían que recurrir a la religión para explicar el mundo e 
inventarse un Dios que la ciencia, ahora, ha demostrado falso. Fábulas de niños, en definitiva.
Nos creímos lo del súper hombre: el ser humano no tenía que responder ante ningún dios 
porque era dios de sí mismo. La ciencia lo explica todo y, si hay algo que aún no explica, 
llegará el momento en que lo consiga hacer, y obtendremos el conocimiento completo de
 la creación entera. Dejaron de tener fe en Dios para pasar a tener fe ilimitada en la ciencia.
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Así fue nuestra terrible soberbia, que nos encumbró por encima de dioses y conciencias.
Pero no nos llevemos a engaño: cuanto más se aleja esta sociedad de la “ciudad de Dios”,
 más perdida y sumida en el error está. “Dos amores construyeron dos ciudades: el amor 
de Dios hasta el desprecio de uno mismo, la ciudad de Dios; el amor de uno mismo hasta 
el desprecio de Dios, la ciudad terrena”, escribió san Agustín de Hipona con unas palabras proféticas.
El hombre, que ha echado por la borda el timón y la brújula que les guiaba, se encuentra ahora en mitad de un tenebroso océano oscuro, mecido al vaivén de las olas
El hombre, que ha echado por la borda el timón y la brújula que les guiaba, se encuentra ahora 
en mitad de un tenebroso océano oscuro, mecido al vaivén de las olas y las corrientes. Pero,
 en su soberbia, insiste en decir que está mejor que nunca.
Por eso, este hombre posmoderno es capaz de movilizar a la sociedad entera para que no se
 sacrifique a un perro, pero deja morir entre el silencio y la indiferencia a un niño como 
Alfie Evans. Se empeña en prolongar la juventud, pero se niega a creer en la eternidad.
 Deja caer a los ídolos que previamente ha encumbrado por un robo de ratero en un 
supermercado, pero hace la vista gorda ante el político de su corriente ideológica que
 se ha llevado millones a espuertas. Se declara acérrimo defensor de la libertad de 
expresión, pero se muestra después absolutamente intolerante con quien se atreve a 
pensar distinto y lo manifiesta libremente.
¿Estamos realmente mejor que nunca, cuando miles de seres humanos son aniquilados 
en el vientre de sus madres? ¿O cuando recomendamos a un anciano, por una funesta, 
retorcida y supuesta piedad, que pida la muerte porque su vida ya no tiene ninguna
 utilidad? ¿O cuando forzamos a la naturaleza hasta el extremo para decidir la identidad 
o el género que creo que me corresponden? ¿O cuando condenamos la corrupción de los
 políticos pero después nos permitimos pequeños robos y hurtos en nuestro día a día?
Me van a perdonar que hoy esté un poco más pesimista que en otros artículos, pero es 
que sucesos como el de Alfie Evans, donde su vida parece valer menos que la de 
un perro, hacen que me pregunte hasta qué punto hemos perdido el norte.
Y me pregunto qué hace falta que ocurra para que recuperemos la sensatez, el sentido 
de la vida y el deseo de hacer el bien y evitar el mal, eso tan básico que nos enseñaron 
de pequeños y que parece que hayamos olvidado.

miércoles, 30 de mayo de 2018

El expolio a los granjeros blancos evidencia la fractura racial que está hundiendo Sudáfrica

El expolio a los granjeros blancos 

evidencia la fractura racial que 

está hundiendo Sudáfrica

Recientemente el Parlamento aprobó por 241 votos a favor contra 83 en contra 
una reforma del artículo 25 de la Constitución sudafricana. Con ella se permite
 la "expropiación" sin compensaciones de las granjas de los granjeros blancos
 sudafricanos.


Un grupo de granjeros blancos protesta por los asesinatos en los últimos meses de granjeros en Sudáfrica.
Un grupo de granjeros blancos protesta por los asesinatos en los últimos meses de granjeros en Sudáfrica.
Aún creemos en cuentos de hadas. Como el de África del Sur: una nación que supo dejar atrás 
el régimen racista del apartheid y que se convirtió en la nación arco iris, un lugar donde todas 
las razas conviven fraternalmente bajo la inspiración de Nelson Mandela y sus chicos del
 Congreso Nacional Africano. Y vivieron felices y comieron perdices.
Este relato, tan bonito y que nos repiten cada vez que lanzamos la mirada hacia Sudáfrica 
tiene un pequeño problema: es falso. Pero lo curioso del caso es que nosotros, especialistas
 en deconstruir todo lo deconstruible y denunciar mitos y supuestas culpas históricas, 
traguemos sin pestañear con el cuento de hadas sudafricano. Nuestro espíritu crítico se
 detiene en el umbral: será que como no podemos echarle las culpas al viejo hombre blanco, 
nuestro villano oficial, preferimos mirar hacia otro lado. Se confirma que nuestra empatía
 e indignación moral es descaradamente selectiva.
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Winnie Madikizela, a la que algunos califican como “madre de la nación” e icono de la lucha contra el racismo, tiene un pasado lleno de sombras que los medios han silenciado
Que preferimos silenciar la realidad para que no nos estropee nuestro bello cuento de hadas s
e hizo evidente en ocasión del reciente fallecimiento de la que fue la segunda mujer de
 Nelson Mandela, Winnie Madikizela. Bastante más joven que el que fuera primer presidente
 negro de África del Sur de 1994 a 1999, la que algunos califican como “madre de la nación
” e icono de la lucha contra el racismo, tiene un pasado lleno de sombras que los medios 
se han encargado de silenciar. Por ejemplo, sus numerosas declaraciones públicas
 justificando el necklacing, la práctica de violencia política consistente en poner 
un neumático al cuello de la victima para después rociarlo de gasolina y prenderle
 fuego (una práctica que, por desgracia, ha sido exportada a otros lugares como 
Haití, Zimbabue o Nigeria). Cientos de víctimas, la mayor parte negras, fueron
 asesinadas con este tipo de linchamiento adoptado por el Congreso Nacional Africano.
Pero el problema con Winnie va más allá de unas declaraciones inapropiadas y llega 
hasta su implicación en la violación, tortura y homicidio de un chico de catorce años, 
James Stompie Seipel (1974-1989), acusado de ser un chivato de la policía. La relación
 final de la “South African Truth and Reconciliation Commission”, la comisión establecida
 por Nelson Mandela para dar luz a los crímenes del periodo del apartheid, publicada en
 1998, declaraba a “la señora Winnie Madikizela Mandela política y moralmente responsabl
e de graves violaciones de los derechos humanos“. Un juicio sobre el que ha caído una
 especie de pacto de silencio y que fue despachado en la prensa con genéricas alusiones a que 
Winnie “se había visto envuelta en algunas polémicas”.
Hay ejemplos más actuales de este silencio que intenta ocultar que el cuento de hadas de
 la República Sudafricana no es tal. Como la votación en el Parlamento, el pasado 27 de
 febrero de 2018, que por 241 votos a favor contra 83 en contra aprobó una reforma del
 artículo 25 de la Constitución sudafricana para permitir la “expropiación” sin
 compensaciones (un verdadero expolio) de las granjas de los granjeros blancos sudafricanos, 
en la actualidad propietarios del 73% de las explotaciones de aquel país.
Medio millón de sudafricanos blancos han abandonado su país (principalmente con destino a Australia) desde la llegada al poder del Congreso Nacional Africano
La medida, que no oculta su carácter racista, esta vez anti-blanco, es de una enorme gravedad. 
Empezando por sus consecuencias más directas: todos los experimentos de este tipo se
 han saldado con tremendos fracasos y hambrunas. Desde el vecino Zimbabue, donde 
la expropiación brutal contra los granjeros blancos a principios de este siglo sumió al 
país en una crisis económica de la que aún no ha salido, hasta la propia Sudáfrica, 
donde las expropiaciones ya realizadas en los últimos 15 años se han saldado con un s
onoro fracaso que se ha caracterizado por una degradación del aparato productivo de 
las mismas y un retorno a una agricultura de subsistencia después del pillaje de sus activos. 
Así pues, los diputados que han votado este nuevo expolio no ignoran que están socavando 
el último sector productivo eficiente y dinámico del país ni que una crisis en el mismo tendrá 
efectos graves en la alimentación no solo de Sudáfrica, sino de toda el África austral 
(Angola, Namibia, Zambia, Mozambique, Botsuana, Zimbabue), sobre la que se cierne 
ahora la amenaza real de la hambruna (recuérdenlo la próxima vez que le pidan colaborar
 económicamente para paliar una hambruna en la región). Poco les parece importar: 
la revancha racial (que, hay que reconocerlo, Nelson Mandela, a pesar de sus graves 
errores iniciales, supo evitar) es más fuerte que la razón. En este clima, no es de extrañar 
el dato del medio millón de sudafricanos blancos que han abandonado su país
(principalmente con destino a Australia) desde la llegada al poder del Congreso Nacional 
Africano. Un flujo que es probable que ahora aumente, aunque por el momento Angela 
Merkel no ha propuesto aún que acojamos a estos refugiados, esta vez reales, pero 
de los que es poco probable que nos hablen los medios. ¿Cómo va a acabar mal nuestro cuento de hadas de
 la nación arco iris?
Pero la realidad, por mucho que se oculte, es la que es. Si el apartheid fue una política 
perversa y desastrosa, abrazar la revancha racial y expoliar a los granjeros blancos sus 
tierras es una profunda injusticia que hundirá aún más a un gran país africano que lo
 tenía todo para convertirse en un modelo de desarrollo pero que ha decidido sumirse
 en una espiral de odio racista y empobrecimiento.

martes, 29 de mayo de 2018

España entra en caos

CARTAS AL DIRECTOR
(HISPANIDAD)

España entra en caos

Sr. Director:
La aparentemente y denodada lucha contra la corrupción, por la que tanto dicen haber luchado desde nuestro presidente hasta el último de sus dirigentes ha resultado inane, consiguiendo el viejo dicho (adjudicado a Tomacc de Valerokivich) de que “En España, la corrupción se crea, no se destruye y además se multiplica”. Algo que  nadie cuestiona. Recientemente, apareció en los medios el caso ‘Erial’ protagonizado por Eduardo Zaplana, ex alcalde de Benidorm, presidente de la Comunidad Valenciana, portavoz parlamentario y ministro de Trabajo. Personaje que hasta el momento siempre había logrado salir indemne de las investigaciones a las que fue sometido, alardeando más de una vez de su acrisolada honradez, que ha devenido en pura fachada tras su detención y posterior encarcelamiento por delitos de blanqueo y cohecho, siendo acusado de la percepción de 10,5 millones en comisiones apalancadas en Luxemburgo.
Transcurridos tres años hueros de iniciativas políticas, en el lapso de 48 horas, se dice pronto, se han producido una serie de vertiginosos acontecimientos que han colocado a nuestro jefe del Ejecutivo en una preocupante y delicada situación, cuyo unido objetivo pasa por permanecer en La Moncloa hasta el final de la legislatura. Desde el pasado miércoles 23 en que el PNV anunció su voto afirmativo a los Presupuestos, hasta el viernes en que compareció Rajoy en el Congreso para criticar a Pedro Sánchez por haber anunciado una moción de censura. España entró en un total estado de vulnerabilidad e inestabilidad cuyas consecuencias no anuncian precisamente nada halagüeño. 
A lo largo de estos tres agitados días y a modo de resumen surgieron los siguientes acontecimientos: detención y encarcelamiento de Zaplana por delitos de corrupción, pleno del Congreso aprobándose los Presupuestos Generales del Estado, estalló la sentencia de la “Gürtel” cuestionando la credibilidad de Rajoy, Ciudadanos anunció la ruptura de su pacto con el Gobierno, Podemos sometió a consulta interna la adquisición de un chalet por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero y el presidente del Gobierno arremetió contra Sánchez por la citada moción de censura.
Aunque el jefe del Ejecutivo se resista a reconocerlo, España precisa un nuevo Gobierno obligando a disolver y celebrar una moción con el único objetivo de convocar unas nuevas elecciones generales para que los españoles puedan elegir a un nuevo presidente de Gobierno, con otro talante y energía suficiente para abordar nuestros problemas entre los que destacan: el desafío separatista, consolidar la recuperación económica y erradicar, de una vez por todas, la lacra de la corrupción que nos correo. Decisión mayoritariamente solicitada en base a la opinión de un amplio colectivo de políticos sensatos y una ingente cantidad de españoles. La Bolsa de Valores ya lo ratificó con sus caídas al igual que ha sucedido con el incremento de  la “prima de riesgo”….¡¡Tiempo al tiempo!!