martes, 8 de mayo de 2018
lunes, 7 de mayo de 2018
La eutanasia, la baza del PSOE frente a la parálisis de Podemos
La eutanasia, la baza del PSOE frente a la parálisis de Podemos
España
No es la primera vez que el PSOE propone tal cosa. De hecho, empieza a ser un clásico que enarbola cada vez que se aproxima un proceso electoral.
El pasado 3 de mayo, el Partido Socialista Obrero Español anunció su intención de presentar una ley de “nuevos derechos” con el objeto de convertir la eutanasia en un derecho constitucional.
No es la primera vez que el PSOE propone tal cosa. De hecho, empieza a ser un clásico que enarbola cada vez que se aproxima un proceso electoral, como ya hizo en la convocatoria de 2004, cuando aseguró que si ganaba las elecciones iba a legalizarla. Terminada la doble legislatura de Rodríguez Zapatero, ni se había molestado en ponerla en marcha.
Cuando terminaba esa primera legisltura, la que concluyó en 2008, anunció que “Promoveremos la creación de una Comisión en el Congreso de los Diputados que permita debatir sobre el derecho a la eutanasia y a una muerte digna, los aspectos relativos a su despenalización, el derecho a recibir cuidados paliativos y el desarrollo de tratamientos de dolor”. Se abstuvieron, empero, de aprobarlo, alegando que ‘no es una demanda mayoritaria de la sociedad’.
Un nuevo enfoque
Este semana pasada, el PSOE ha vuelto a retomar la vieja cantinela eutanásica, refiriéndose a ella mediante la ya conocida terminología de “muerte digna”, en palabras del secretario de Justicia y Nuevos Derechos, Andrés Perelló, y de la secretaria de Sanidad, Luisa Carcedo.
El proyecto socialista incorpora algunos conceptos que antes aparecían más difusos, y ya no se limita a contemplar la eutanasia desde la perspectiva del dolor terminal del anciano que sufre; lo que ahora se propone es que pueda aplicarse a aquellas personas “que deciden no vivir más” en casos de grave discapacidad y cuyo sufrimiento sea “insoportable”.
Los socialistas no ignoran que el estadio actual de los cuidados paliativos hace innecesaria una ley de este tipo. No es ese el fin que persigue. La experiencia de otras leyes en España, así como de las leyes de eutanasia de otros países, nos induce a considerar que la consideración acerca del sufrimiento no es más que la salvaguarda de una iniciativa que busca su aprobación: lo esencial es que se consagra ese derecho a “decidir no vivir más”, de momento expresado de manera restrictiva, restricción que no tardará en saltar por los aires.
Objeción de conciencia
Cuando esta cuestión se planteó en 2004, hubo socialistas de peso – como José Bono y Pepe Blanco, a quienes se adscribía a una corriente católica – que manifestaron fuertes reticencias. , pues se trata de una cuestión esencialmente moral.
Planteada en esos términos, el incluir dicha “prestación de ayuda para morir” entre los servicios del Sistema Nacional de Salud, con la correspondiente financiación pública (incluso si se ejecuta en el domicilio del solicitante), implica a los profesionales sanitarios.
La propuesta del PSOE reconoce la objeción de conciencia: el rechazo individual será reconocido, si bien deberá manifestarse con anticipación y por escrito, de manera formal y oficial. Se creará, así, un registro de profesionales objetores de conciencia.
La Iglesia se opone
A través de un vídeo-comunicado José María Gil Tamayo, portavoz de la Conferencia Episcopal, ha manifestado su preocupación por la propuesta socialista, a la que ha calificado de “monumento a la insolidaridad y al descarte humano” (utilizando un lenguaje característico de este pontificado).
El portavoz eclesial ha calificado de “falso derecho” el que se pretende aprobar y llevar a la sociedad española “de una manera artificiosa”. Y es un falso derecho porque, según Gil Tamayo, lo que en realidad se pretende es “legalizar el suicidio”.
Lo que la CEE propone es disponer los recursos públicos para ayudar a las personas que se encuentren en esas situaciones extremas, en lugar de para acabar con sus vidas. La clave son los cuidados paliativos para aquellos que se encuentren “en situación de debilidad absoluta por enfermedad o por dependencia”: el derecho a la vida de todo ser humano aún “en situación de debilidad absoluta por la enfermedad o por dependencia” es “inalienable”.
La atención sanitaria, sigue la CEE, debe prestarse “conforme a la dignidad humana”.
El ejemplo holandés
La experiencia de otros países europeos transmite una enorme inquietud.
Es el caso de Holanda, donde en el año 2000 se aprobó una ley que establecía la aplicación de la asistencia al suicidio, y en la que se establecía la libre, consciente y voluntaria demanda del paciente como requisito indispensable para su solicitud, que solo se atendería en evitación de sufrimiento extremo; la realidad es que, desde junio de 2010, la eutanasia es aplicada a los enfermos en estado inconsciente.
La teoría dice que el médico debe solicitar una segunda opinión e informar a una comisión de control -integrada por un jurista, un médico y un experto en ética-, que dictamina si el procedimiento practicado ha cumplido las disposiciones de la ley. De hecho, la eutanasia sigue figurando como delito en el Código Penal y el médico puede ser condenado hasta a 12 años de cárcel en caso de incumplimiento de los requisitos legales.
Para Reiner Mansch, de la Universidad de Götingen, la realidad es que, hoy, el 25% de las “muertes asistidas” producidas en Holanda lo son sin el consentimiento del enfermo, sino tan solo debido a “la incapacidad de los familiares para continuar con la situación del enfermo hasta el final.” La banalización de la muerte se ha instalado en la sanidad holandesa hasta el punto de que, de acuerdo a la muy prestigiosa revista médica The Lancet, los médicos intervienen en el 40% del total de fallecimientos en los Países Bajos para acelerar el proceso. Según el doctor K.F. Gunning es frecuente que el traslado de un anciano desde un centro saturado a otro venga acompañado de la recomendación “suministre al anciano una inyección letal”.
La población de mayor edad desconfía de sus familiares, que pueden solicitar la eutanasia para ellos sin consultarles. Al menos ocho hospitales, según un estudio de la Universidad de Utrech firmado por el doctor H.W. Hilhorst, practican con regularidad la eliminación activa de ancianos que no lo han solicitado. Aún peor: la Universidad de Göttingen ha denunciado que en el 11% de las eutanasias que se practican, nadie se molesta en consultar a los pacientes, aunque estos se encuentran en situación de decidir.
Según las encuestas de la Fiscalía General, esto se ha extendido a muchos enfermos inconscientes o bebés nacidos con malformaciones.
Aterrorizados
Los 4.000 casos anuales en Holanda han dado lugar a que la Asociación Holandesa de Pacientes publicase una nota en la prensa del país denunciando que se estaba convirtiendo en costumbre el matar a los pacientes sin su voluntad ni su consentimiento y, ni siquiera, el de los familiares. El sistema ha adquirido tal autonomía que son las autoridades sanitarias quienes deciden sobre la vida y la muerte con absoluta independencia de las opiniones de pacientes y familiares.
A consecuencia de estos hechos, numerosos ancianos holandeses han emprendido una huida al otro lado de sus fronteras. El éxodo de ancianos (y de enfermos) comenzó en el segundo semestre de 2002, y se intensificó en los meses siguientes. Han llegado a formar grupos, escapando de sus familias -de las que también han terminado por desconfiar- para alcanzar la localidad fronteriza alemana de Bolcholt, en la que los alemanes han abierto asilos para acogerlos. Los ancianos holandeses arrostran con alegría los inconvenientes que supone marchar a un país extranjero con un idioma distinto. El premio es la supervivencia.
Además de los recién nacidos, la eutanasia se amplió en 2002 a los menores entre los doce y los dieciséis años, en cuyo caso basta el acuerdo de los médicos y de uno de los padres; dos años después, en 2004, se extendió a los menores de doce años, y otros dos más tarde, el parlamento holandés la extendió a los dementes: en este caso, se reconoció desde el primer momento y sin ambages la absoluta autoridad de los médicos sobre sus vidas.
Un decidido partidario de la eutanasia, el dr. Verhagen –que reclama haber practicado la eutanasia a cuatro recién nacidos- defiende que los médicos hayan de decidir por aquellos que no son competentes para hacerlo: niños y dementes. Para Verhagen, en el caso de los primeros, hay que “tener en cuenta” la opinión de los padres, pero la decisión definitiva ha de tomarla siempre el médico. En Holanda, los padres ya no tienen el control sobre las vidas de sus hijos recién nacidos.
Desafío progre
La cantinela de la “ampliación de derechos” es el sello característico de las propuestas programáticas progresistas. Ante la ausencia de oposición a ese tipo de ideario, la opinión pública está inevitablemente inclinada en un sentido, lo que da lugar a una deriva social muy peligrosa.
El PSOE se encuentra en estos momento en una evidente pugna por hegemonizar el espacio más a la izquierda de la política española, que no hace tanto copaba y que hoy ha perdido, en parte, a manos de Podemos.
Eso le está llevado a elaborar un discurso fuertemente progre, desde la memoria histórica a la eutanasia. Es el momento: frente a la parálisis podemita – empeñada en una movilización de dudosos frutos – lo que importa es mostrarse activos, con iniciativa, en vanguardia.
La eutanasia les proporciona ese discurso. Acostumbrados en España, como lo estamos, a jugar con las cosas más sagradas, el precio es lo de menos.
domingo, 6 de mayo de 2018
Matar a Pepito Grillo
Matar a Pepito Grillo
La ética no se puede reducir solo a la ley. Reconocer el valor de la objeción
de conciencia, es reconocer el valor de la dignidad de cada persona.

Hemos matado a Pepito Grillo y en su lugar tenemos el BOE.
Todos recordamos perfectamente a Pepito Grillo, simpático pero un poco inoportuno. Siempre
pendiente de su amigo Pinocho… ¡En cuántos problemas se metió Pinocho por no escuchar a
su querida conciencia! ¡Cuántos peligros sufrió Pepito Grillo por intentar corregir a Pinocho!
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La conciencia moral y la dignidad de la persona son temas de los que se habla poco y que
parecen no ser de actualidad, y sin embargo, de vez en cuando una reflexión acerca de los
mismos creo que nos vendría a todos muy bien.
Dos conversaciones en esta última semana me han hecho reflexionar sobre estos temas y
darme cuenta de lo relacionados que están.
La ética no se puede reducir solo a la ley. Reconocer el valor de la objeción de conciencia,
es reconocer el valor de la dignidad de cada persona.
Mis alumnos discutían sobre la cuestión de la dignidad de las personas; varios defendían a
caloradamente que no todas las personas tienen la misma dignidad, sino que esta depende,
entre otras cosas, de los actos cada uno. Otro afirmaba que él habría sido un buen dictador.
Intente hacer de un tímido Pepito Grillo, insistiendo en que hay ciertas verdades, que son
inalienables, una de ellas la dignidad de todos y cada uno, por el mero hecho de ser personas.
La segunda conversación se desarrolló, en una sesión de un comité de Bioética, con unos
compañeros médicos trabajadores del sistema público. Comentábamos acerca de la indicación
de distintos fármacos y la importancia de la adecuación de los tratamientos, no sólo a la
mejora del paciente, sino también al coste de éstos.
“Yo le pregunté: ¿Y dónde queda la conciencia y la autonomía del médico frente a la autonomía de la paciente? No obtuve respuesta”
En ese momento surgió la cuestión de la prescripción y las posibles objeciones frente a distintos
tipos de tratamientos, ya bien fuera por coste o por no estar de acuerdo con su indicación o, yo
apunté, en el caso de que los fármacos pudiesen ser abortivos podía surgir la objeción
de conciencia por parte de los profesionales. Una de mis compañeras, en relación a estos
últimos fármacos, muy indignada argumentaba: “No nos acabamos de creer la autonomía
de los pacientes…”
Dato curioso, el tema del coste de un fármaco sí se ve como un tema crucial a la hora de la
prescripción del mismo. Pero la cuestión del inicio de la vida y la objeción de conciencia
de un compañero en este punto, sin embargo, a mi compañera le parecían cuestiones prescindibles…
Yo le pregunté: ¿Y dónde queda la conciencia y la autonomía del médico frente a la
autonomía de la paciente? No obtuve respuesta.
Noto que cada vez más, en el ámbito sanitario y entre mis compañeros, se trata de
reducir las cuestiones de ética y conciencia a conocer con exactitud el marco legal en
el que debemos movernos y actuar según la ley.
Pero precisamente las cuestiones de objeción de conciencia surgen cuando un profesional
no quiere realizar ciertas acciones, porque atentan a su conciencia, aunque este reguladas
por una ley. La ética no se puede reducir solo a la ley. Reconocer el valor de la objeción
de conciencia, es reconocer el valor de la dignidad de cada persona.
Si la conciencia de cada individuo deja de ser importante, frente a la conciencia general
del estado, supone no creernos la dignidad de cada persona.
Actuar según conciencia, en muchas ocasiones, es complejo, y a mi me ha metido en unos
cuantos líos. Pero es en esos momentos en los que te juegas ser tú mismo y no convertirte
en una pieza más del engranaje del sistema.
sábado, 5 de mayo de 2018
Orban y la batalla por Europa
Orban y la batalla por Europa
El establishment europeo-occidental intuye que en la Europa danubiana
está tomando forma un modelo alternativo; de ahí la virulencia de su reacción.
Compa

La arrolladora victoria de Viktor Orban en las elecciones húngaras confirma la aparición de
un nuevo paradigma en los países excomunistas de Europa central y oriental. No es cosa de
ponerse ditirámbicos, pero cualquiera que haya examinado los discursos y praxis
gubernamental de Orban percibe enseguida que estamos ante un estadista con visión
histórico-política de profundo calado. Los Rajoy, Merkel o incluso Macron parecen oficinistas a su lado.
Orban impulsó en 2011 una nueva Constitución que, tras celebrar que el país haya sobrevivido
a los totalitarismos nazi y comunista, reconocía las raíces cristianas de Hungría (al tiempo
que garantizaba una total libertad religiosa), blindaba la concepción clásica del matrimonio
(“Hungría protege la institución del matrimonio, entendido como la unión conyugal de
un hombre y una mujer”), asumía la necesidad de promover la natalidad (“Hungría promoverá
el compromiso de tener y educar hijos”), afirmaba que “la vida del feto será protegida desde
la concepción”…
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Esos compromisos constitucionales se han traducido en políticas efectivas. Actuall.com ha
venido informando sobre cómo se promovía en Hungría la natalidad y la solidez familiar. El
aborto no ha sido prohibido, pero sí desincentivado con campañas de concienciación y medidas
de ayuda a las madres (por cierto, la primera campaña de sensibilización –carteles con la
imagen de un feto y el mensaje “sé que no estás preparada para recibirme, pero dame en
adopción y déjame vivir”- fue execrada por la Comisaria Europea Viviane Reding,
que aseguró que era “contraria a los valores europeos”). El matrimonio –sí,
el matrimonio, no la pareja de hecho- es promovido, no sólo con medidas fiscales,
de conciliación trabajo-maternidad y de facilitamiento del acceso a la primera vivienda,
sino también con contenidos educativos pro-familia y cursos dirigidos a los jóvenes.
Y los resultados han ido llegando. La fecundidad húngara subió en sólo cuatro
años de los 1,23 hijos/mujer a los 1,45 hijos/mujer: es pronto para poder hablar de
un cambio de tendencia profundo, pero los comienzos son esperanzadores. El número
de divorcios descendió en un 18% en sólo dos años (2015-16). El número de bodas anuales
se ha incrementado en un 20%. Y el número de abortos se ha reducido en un 23%.
Orban, a diferencia de Rajoy, no cree que “la economía lo sea todo”. Pero, aunque sea mucho
más que un gestor, parece haber gestionado la economía con brillantez. Del 11,2% de paro
con que encontró al país en 2010, se ha pasado a un 3.3% en 2018. De un crecimiento del
0,7% del PIB en 2010, a otro del 4% en 2017. Y todo ello con moderación fiscal y sensatez
presupuestaria. Orban, pintado como un monstruo antiliberal por la “derecha” rendida al
progresismo socialdemócrata, ha aplicado una política económica liberal y exitosa:
“Pertenezco a la escuela económica de [Gyorgy] Matolcsy. Uno de sus principios es
que las cuentas públicas deben ser equilibradas. El déficit público debe ser reducido.
Hay que rebajar la deuda soberana”. Tras su victoria, Orban ha confirmado un objetivo
de déficit público del 2,4% para 2018.
“Ante el invierno demográfico, Europa dispone de dos posibles recetas: reanimar la natalidad nativa o abrir sus fronteras a la inmigración”
Al convertirse en referencia natural para los europeos conservadores traicionados por la
deriva socialdemócrata del centro-derecha clásico, Orban está alcanzando una relevancia
que trasciende con mucho el peso de un pequeño país como Hungría. Pero es que, además,
Hungría no está sola: el programa de regeneración social, relanzamiento demográfico
y defensa de la identidad nacional –sin plantear por ello ningún tipo de UE-“exit”-
es compartido con ligeras variaciones por los cuatro gobiernos del Grupo de Visegrado
(Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría), a los que ahora parece sumarse la Austria de
Sebastian Kurz. Y también la CSU bávara, hastiada de la vacuidad ideológica de una
Merkel dispuesta a aliarse con el diablo (y con Katarina Barley) con tal de seguir en
el poder, y crítica con su gran error en el tema de los “refugiados”. Un bloque
nacional-conservador podría estar cristalizando en Mitteleuropa.
La reivindicación del derecho de cada país a decidir cuánta inmigración desea
recibir –y de qué composición religioso-cultural- se ha convertido en la tesis
húngara más notoria, y en su principal foco de conflicto con las instituciones europeas.
Es una postura que encaja coherentemente en el resto del ideario orbanita. En efecto,
ante el invierno demográfico, Europa dispone de dos posibles recetas: reanimar la
natalidad nativa o abrir sus fronteras a la inmigración. Europa occidental parece haber
escogido la segunda, con los problemas de coexistencia cultural consiguientes. Europa
oriental está a tiempo de seguir una vía diferente. Pero, si no desea cubrir sus huecos
demográficos con inmigrantes, tiene que apostar a fondo por la vida, la natalidad y la familia.

El establishment europeo-occidental intuye que en la Europa danubiana está tomando
forma un modelo alternativo; de ahí la virulencia de su reacción: “Hemos dado un
ultimátum a los países de Visegrado que rechazan la solidaridad y dar la bienvenida
a los inmigrantes”, declaraba el 3 de Febrero el Primer Ministro belga Charles Michel.
“La UE debe adoptar acciones firmes para extraer rápidamente el tumor”, declaró a
Die Welt –tras conocer la nueva victoria de Orban- Jean Asselborn, miembro del
Partido Popular europeo.
Ojalá se consolide el despertar de Visegrado. Ojalá no lleguen a mayores algunos
síntomas inquietantes de interferencia en el poder judicial o de presión gubernamental
sobre las ONGs hostiles (la campaña ad hominem focalizada en Soros ha sido lamentable).
Porque Europa necesita la vía “nacional y cristiana” (en esos términos define Orban su
pensamiento) si quiere seguir siendo Europa: ¡qué paradoja que se califique de
“eurófobos” a los conservadores húngaros y polacos! Ryszard Legutko lo expresaba
con brillantez en un artículo de First Things, bajo el apropiado título “La batalla por
Europa”: “Las élites [euro-progresistas] han intentado construir una nueva identidad europea,
convirtiendo a los pueblos europeos en sociedades post-históricas, post-nacionales,
post-metafísicas y post-cristianas, cohesionadas sólo por la ideología universalista
del “europeísmo”. […] ¿Sería, entonces, justo decir que la Unión Europea se está haciendo
cada vez menos europea en el sentido genuino del término, y que los verdaderos
defensores de la identidad europea son en la actualidad los “catetos” de
Europa oriental, más que los ilustrados y brillantes [de Bruselas]? Sí, lo sería”.
viernes, 4 de mayo de 2018
Sinsentido común: en sentido común inverso del género
Sinsentido común: en sentido común
inverso del género
El hombre es el violento, pero se comportan como maltratadoras con las mujeres
que discrepan de sus postulados. Se quejan de que los hombres matan a las
mujeres, pero exigen matar a los hombres, por el hecho de serlo.

En el género todo es contradictorio e incongruente, posiblemente por dos razones: que es una falsedad
en esencia, y cuando una teoría tiene la falacia en su base, el resto del edificio es inconsistente; y que
en sus propósitos suele tener un objetivo tácito contrario al expreso.
El que la realidad tenga que adaptarse a nuestras percepciones, opiniones o sentimientos es un
engaño evidente: si yo me siento hombre, mujer o gallina es irrelevante para mi realidad de mujer.
Y pese a tanto rollo con la igualdad de género entre hombres y mujeres lo cierto es que las cuotas
con las que nos tratan de beneficiar a las mujeres como si fuéramos discapacitadas no se fijan
en el género sino en el sexo. En la entrepierna. Y siendo ilógico e injusto lo de las cuotas,
al menos el que se hagan por sexo biológico tiene cierto sentido.
Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.Haz un donativo ahora“La plaza que se le iba a dar a una mujer mediocre, por el hecho de ser mujer, puede pasar a manos de un hombre mediocre, pero especialmente caradura”
Y lo digo porque ahora han empezado a cubrir esa cuota hombres devenidos a mujer: los
transexuales. Y como las nuevas leyes del genero LGBTI no piden más que la decalaraciòn de
sentimientos del/la interfecto/a sobre si se autopercibe como hombre o mujer, sin que medie
informe psicológico, tratamiento hormonal ni nada que se le parezca… De esta forma el mérito
ha dado paso a la entrepierna y ésta, por otro giro del género, a la jeta, la simulación y la inventiva.
La plaza que se le iba a dar a una mujer mediocre, por el hecho de ser mujer, puede pasar a
manos de un hombre mediocre, pero especialmente caradura.
La ideología de género en su apartado feminista tiene momentos estelares: somos como los
hombres, pero nos tienen que adaptar las pruebas físicas de bomberos y cuerpos de seguridad.
Ergo, no somos como los hombres. Somos como los hombres, pero si nos tocan un pecho es
delito sexual en tanto si se lo tocamos a ellos no es nada.
Los hombres son depredadores sexuales, pero se exigen baños y vestuarios comunes. Somos
iguales, pero los hombres no entran en nuestras manifestaciones en una clara discriminación
por sexo. Somos dueñas de nuestro cuerpo, pero las chicas de Fórmula 1 no lo son. Podemos
utilizar nuestro cuerpo para reivindicar derechos que ya tenemos enseñando las tetas, pero
no podemos ganarnos la vida honradamente con nuestro cuerpo vendiendo un perfume en una foto.
El hombre es el violento, pero se comportan como maltratadoras con las mujeres que discrepan
de sus postulados. Se quejan de que los hombres matan a las mujeres, pero exigen matar a los
hombres, por el hecho de serlo.
Me ofende que me miren y me digan piropos hasta el soponcio, pero me acuesto con cinco
en una noche dando pábulo a unas intimidades bastante más profundas que la mirada.
Me dirán que es cuestión de consentimiento y yo les diré que una chica acostumbrada a
actos íntimos con cualquiera no se soponcia por un piropo o una mirada si no es de forma
teatral o impostada.
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