vulnerando. No digamos ya las leyes de género, o las de violencia doméstica.
Y en tercer lugar, destruyendo garantías jurídicas esenciales en nuestro ordenamiento desde
hace milenios. La igualdad ante la ley o el principio de presunción de inocencia, por ejemplo,
han quedado hechos unos zorros con las últimas leyes citadas.
El Estado del Bienestar se basa en un timo por el que la Administración te quita con sigilo lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente
2. Aumenta el intervencionismo (y el poder) del Estado sobre
la sociedad
El Estado del Bienestar se basa en un moderno timo por el que la Administración te quita sigilosamente
lo que te da a bombo y platillo, porque no puede ofrecer nada que no haya arrebatado a otros previamente.
Con la muerte -en la práctica histórica- de Dios, el Estado ha pasado a ocupar en la mente de
muchos el papel de Padre todopoderoso y providente, que nos cuida y nos protege de la cuna a la tumba.
Obviemos por un momento la evidencia de que la Administración va a ser siempre menos precisa,
delicada, justa y capaz para prestar determinados servicios que el mercado o la sociedad. Porque,
aunque no fuera así, cada nuevo aspecto de nuestras vidas que cedemos al Estado es un poder
nuevo que adquiere, y no creo que haga falta recordar lo que trae el exceso de poder.
Cada ley necesita recursos, burocracia y un recorte de libertades para el ciudadano. Puede, naturalmente, compensar, pero encontrar el equilibrio es difícil, y hace décadas que estamos muy lejos de él.
Las leyes de ingeniería social no sólo dan mayor poder a un Estado ya agobiantemente intervencionista,
sino que lo hacen en aspectos de nuestra vida cada vez más íntimos y esenciales: cómo nos relacionamos
en pareja, cómo distribuimos las cargas domésticas, cómo educamos a nuestros hijos…
El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia
3. Nos hace débiles
El Estado, con las leyes derivadas del pensamiento políticamente correcto, se convierte en una
madre sobreprotectora que intenta salvaguardarnos de toda molestia, de todo roce con las realidades
amargas de la vida, de todo peligro, hasta el punto de hacer de sus hijos niños perpetuos incapaces
de valerse por sí solos o superar la más leve frustración.
Cada día leemos en redes sociales a feministas haciendo un mundo del detalle más trivial -del
manspreading al mansplaining, pasando por una legión de minuciosos micromachismos- y
pidiendo el concurso de la ley para las cuestiones cotidianas más banales.
Así nos encontramos en las universidades americanas de la Ivy League colectivos de estudiantes
que exigen zonas seguras en las que no pueda comentarse nada que hiera sus hipersensibles
epidermis mentales, que alegan la condición de estrés postraumático tras la victoria electoral de
Donald Trump o llaman “apropiación cultural” a que un anglo cante rancheras o se ponga rastas.
Esta burbujita acolchada tiene el enorme inconveniente, además de todo, de ser muy pequeña y
muy artificial, porque, en el resto del universo, la vida sigue y puede llegar a ser muy perra.
Fuera hay todo un mundo que se ríe de nuestras idioteces PC y nos va a comer con patatas, quizá
Denunciamos el uso político de la violencia de género.
Estimado amigo:
La ideología de género está contaminando de una forma silenciosa a toda la sociedad. De forma inadvertida está difundiendo falsos dogmas, algunos con mayor y otros con menor éxito, pero todos ellos financiados con nuestros impuestos.
Uno de esos dogmas es la falsamente llamada "violencia de género". Decimos falsamente pues cualquier persona, aplicando los principios de la sana crítica, sabe que la violencia no tiene género, sabe que la violencia es necesaria erradicarla en todos los ámbitos de la vida, y para ello es necesario combatirla de una forma integral.
La violencia reside en los individuos independientemente de su sexo y se manifiesta en la sociedad, en la política, en las familias, en las relaciones internacionales... creando víctimas inocentes que no pueden ser cualificadas por su sexo, y que han de ser defendidas en todo caso independientemente de su edad, sexo, raza, religión o condición económica.
No obstante, nuestros representantes políticos están haciendo un uso partidista de la violencia, pues pretenden reducir toda violencia a la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres, y ello con el claro fin de destruir a la familia.
Desde el Centro Jurídico Tomás Moro hemos estudiado las estadísticas de las principales causas de muerte no natural, y ahora te presentamos algunas de nuestras conclusiones.
Puedes ver un análisis breve de nuestro estudio en el siguiente vídeo (puedes pulsar sobre la siguiente imagen o seguir el enlace https://youtu.be/za2JNlwAhhY
Evidentemente consideramos que hay violencia cuando un hombre amenaza, abusa o agrede a una mujer, pero también constata que hay violencia cuando una mujer acaba con la vida de su hijo, o cuando una mujer amenaza, abusa, o agrede a un hombre. Pero también hay violencia cuando se usa la fuerza para defender determinadas tesis políticas, hay violencia cuando se hace uso de la historia para ocultar las víctimas de persecuciones políticas o religiosas, hay violencia cuando se pretende justificar determinadas actuaciones delictivas, o se trata de justificar el terrorismo.
Todas las violencias han de ser rechazadas, han de ser combatidas, y han de ser erradicadas, no obstante para los partidos políticos con representación parlamentaria parece que sólo existe la violencia de género, y ello no es casual: su interés real no es la defensa de la víctima (de la mujer) sino la destrucción de la familia, su intención real es que las mujeres vean en los hombres a un potencial enemigo, en lugar de ver al hombre como un socio necesario en la consecución de una sociedad más justa, su intención real es tratar de transmitir que la familia natural es un riesgo para la salud de las mujeres, ocultando todas aquellas causas de mortalidad más importantes numérica y socialmente, en la que no interesa centrar el foco de la atención social por no coincidir con los cánones de corrección política.
La mal llamada violencia de género, es una manifestación más de la ideología de género, una nueva ideología que se basa en el odio entre sexos y como toda ideología de odio no trata de liberar sino de destruir, no busca la verdad, sino que fomenta el engaño.
El Centro Jurídico Tomás Moro ha realizado un estudio comparativo entre ocho significativos motivos de mortalidad, y ha desglosado los datos según el sexo de las víctimas (datos del Instituto Nacional de Estadística año 2014).
MORTALIDAD HOMBRES MUJERES TOTALES
1 ABORTOS SIN DATOS SIN DATOS 94796
2 SUICIDIOS 2938 972 3910
3 AHOGADOS 1226 1144 2370
4 ACCIDENTES TRAFICO 1429 444 1873
5 SIDA 531 169 700
6 ACCIDENTES TRABAJO 443 24 467
7 HOMICIDIOS 201 116 317
8 VIOLENCIA DOMESTICA 9 57 66
Desde el Centro Jurídico Tomás Moro consideramos que es necesario comprometerse con la verdad, aunque ello suponga enfrentarse a la políticamente correcto. Por ello hemos elaborado una web (www.tomasmoro.info/datecuenta) en la que podrás comprobar estos datos, y en la que podrás leer nuestras conclusiones y propuestas.
Nosotros ya hemos hecho parte del trabajo y ahora te pedimos que veas y difundas el vídeo que puedes ver en el siguiente enlace: https://youtu.be/za2JNlwAhhY
Igualmente puedes ayudarnos de alguna de las siguientes formas:
· Colaborando económicamente con este proyecto (con 5 €, 10 €, o la cantidad que consideres adecuada), realizando una donación por transferencia bancaria- BBVA, 0182-4016-05-0208517204 (IBAN ES72)-, o realizando una aportación con tarjeta bancaria o PayPal cumplimentando el formulario de nuestra web pulsando aquí.
La segunda, sin embargo, sobrevivió, resistió, se adaptó, se mimetizó y logró llegar hasta nuestros días.
La primera bestia era, en realidad, más burda, y su horror y su mentira se pusieron antes de manifiesto
a los ojos del mundo.
La segunda bestia resultó ser más astuta, más cínica, más engañosa, más refinada en su estrategia y
eso le permitió mantenerse con vida.
Un botón de muestra: hace unos días, el líder de Izquierda Unida presentó su libro
‘Por qué soy comunista’. El libro ha sido jaleado por los medios de izquierda, que se han
hecho eco de las opiniones del político. Ahora bien, ¿se imaginan a cualquier diputado
del Congreso que presentara un libro titulado ‘Por qué soy nazi’? La obra, seguramente,
no habría siquiera llegado a las librerías; el boicot habría sido total y contundente.
La sociedad está perfectamente preparada para rechazar cualquier insinuación que tenga que
ver con el nazismo. Esa sociedad, sin embargo, acepta sin inmutarse que un político elegido
democráticamente escriba una obra titulada ‘Por qué soy comunista’, cuando las dos bestias
son igualmente execrables.
Otro libro: Federico Jiménez Losantos acaba de presentar su monumental
“Memoria del comunismo”. El filólogo y periodista turolense define al segundo monstruo
como “una teología de sustitución” que se constituye como “una religión satánica”.
Y eso es realmente: una verdadera religión con su moral y sus preceptos
(definidos por el dictador de turno), su tierra prometida (el paraíso del proletariado),
sus dogmas (dictados por los mandos, que no se pueden contradecir ni siquiera levemente),
su castigo eterno (la aniquilación o el ostracismo) y sus mesías (los líderes pasados y
presentes, muchos de ellos auténticos criminales y genocidas).
Por eso, el enemigo de esta religión satánica no es el capitalismo que, a fin de cuentas, s
ólo es un sistema económico con un cierto poso filosófico. No; el auténtico adversario a
batir es otra religión: el cristianismo.
Hace unos días, el ayuntamiento tripartito de Callosa de Segura removía, con nocturnidad y
alevosía, la cruz de los Caídos, levantada en recuerdo de los 81 asesinados en el pueblo por
el Frente Popular durante la Guerra Civil por el mero hecho de ser cristianos.
No seamos ingenuos: no se trata de un hecho menor realizado en cumplimiento de la Ley de
Memoria Histórica. La izquierda no soporta la visión de la cruz, y miente y retuerce la historia
con tal de no reconocer los crímenes cometidos por sus antepasados durante el conflicto.
La izquierda no tolera ver dos mil años de civilización cristiana y busca llevar a cabo una transformación total y completa de la sociedad, de sus valores, de la historia
La izquierda -y más en concreto el comunismo-, es plenamente antagónica con el cristianismo.
No tolera ver dos mil años de civilización cristiana y busca llevar a cabo una transformación total
y completa de la sociedad, de sus valores, de la historia.
Absolutamente todo ha de ser removido: los que eran héroes, ahora pasan a ser villanos; los hechos
gloriosos del pasado se tornan en ignominiosos; el sistema de creencias se echa por tierra y se
sustituye por uno completamente diferente; por cambiar, hay que cambiar hasta de patria, de
bandera, de forma de gobierno, de cultura y de historia.
Su actitud es plenamente jacobina, lo que hace casi imposible cualquier diálogo. No digamos ya la
búsqueda en común de la verdad, que rechazan de raíz porque viven en la mentira y el engaño.
¿Qué hacer ante esto? En primer lugar, darse cuenta de que gran parte de esta batalla es espiritual:
es la lucha sempiterna entre el Bien y el Mal. En segundo, ponerse de parte de la Verdad, buscarla incansablemente y defenderla sin ambages. Y, en último lugar, confiar. Confiar en que la victoria es
de esa Verdad, porque la mentira es un gigante con pies de barro, un Goliat que no resiste la
determinación, el arrojo y el coraje de un pequeño David.
¿Habrá suficientes valientes que quieran ser David en estos tiempos que corren? Quizás ésa