CONSEJO DE ESTADO CONSULTADO
CHUPONES RESIDUALES ENCHUFADOS
EN CARO PESEBRE ACUMULADOS
COMO CERDITOS ENMADRADOS
A GRUÑIR SON ANIMADOS
El Gobierno pide informe al Consejo de Estado sobre su decisión de acudir al Tribunal Constitucional para impedir que el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, inculpado de la comisión de delitos de rebelión, desobediencia y malversación se oresente como candidato a la Presidencia de la Generalitat.
El Consejo de Estado le remite informe en el que expone que no ve fundamento para que se impugne la candidatura del delincuente en cuestión “porque “no se sabe todavía si se va a meter en el Parlamento, para su investidura”.
Es como si unos policías, viendo que unos atracadores están rompiendo un cierre para entrar a robar en una tienda, comunicaran su intención de intervenir a un asesor y les dijera que no se precipitaran y esperaran a que los descerrajadores demostraran ser ladrones de verdad, desvalijando el comercio.
¿Cuánto dinero del erario español, de los ciudadanos, se gasta en estos altos y otros similares opinantes innecesarios?
Cordialmente a 2018.01.26.
I.A.D.E.E.A
INSTITUTO AUXILIAR DE ESTUDIOS ECOANTROPOLÓGICOS
Castillo Mogábar Gafiq – Torrecampo (Córdoba)
Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 Abril de 1952 para
Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad Física y Moral.
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martes, 30 de enero de 2018
CONSEJO DE ESTADO CONSULTADO (Juan Prada bëcares)
lunes, 29 de enero de 2018
En Francia no diga ‘banlieues’, diga territorio comanche-musulmán
En Francia no diga ‘banlieues’,
diga territorio
comanche-musulmán
Aunque vayan a jugarse la vida en ayuda de personas en peligro, la Policía francesa
es vista como el enemigo en estas zonas donde impera una ley que no es la de la
República francesa.

Lo explica Pablo González de Castejón en estas mismas páginas: “El telón de acero ya no está en el Este
sino en el Oeste. Europa occidental se ha llenado de musulmanes y sufre las consecuencias del yihadismo.
Pero la del Este, contraria a la política de Welcome Refugees y con escasa inmigración musulmana, está
a salvo de la amenaza”.
Y lo demuestra con fríos datos, señalando la correlación entre porcentaje de población musulmana y
atentados yihadistas.
La cuestión clave es que los defensores de la inmigración indiscriminada consideran a los emigrantes
como meramente homo economicus, personas que pueden ocupar puestos de trabajo y a los que se puede
contabilizar en las estadísticas oficiales. Pero son mucho más: con ellos traen una cultura, unas creencias,
un modo de comportarse, unas costumbres…
Como ya se ha señalado, nuestros países tenderán a asemejarse a los países de origen de los
inmigrantes que recibamos en proporción a su cuantía e influencia. Y es aquí donde entran en
juego factores que no habíamos calculado en las ecuaciones economicistas a las que somos tan aficionados.
Es lo que están descubriendo, trágicamente, en Francia, donde la población musulmana alcanza casi
el 9% del total. Allí, o más bien dicho, en las banlieues, los barrios en los que se concentra la población musulmana, se ha convertido en una especie de ritual el que cada Nochevieja los jóvenes se diviertan
quemando coches aparcados en las calles.
“Han proliferado en nuestro vecino del norte áreas donde la ley no se aplica, territorios que están en manos de grupos que imponen sus propias reglas”
Una costumbre cuya única novedad es el auge del fenómeno: de 935 automóviles quemados el 31 de
diciembre del año pasado, la noche que marca el paso de 2017 a 2018 asistió a la quema de 1.031. Y esto
a pesar del despliegue de 140.000 agentes de policía y gendarmes en todo el territorio francés. Los arrestos
también han aumentado, pasando de 456 a 510.
Los intentos de explicación de este estallido anual de vandalismo son diversos y van desde quienes
señalan el tedio nihilista en que viven estos jóvenes, hasta la búsqueda de una vía para canalizar protestas o alcanzar notoriedad dentro del grupo.
Aunque también hay quien señala que se aprovecha para deshacerse de automóviles usados en la
comisión de un delito o en un fraude a compañías de seguros. Estas dos últimas explicaciones señalan
a lo que es una evidencia para cualquier observador que ose pasearse por las banlieues francesas: han
proliferado en nuestro vecino del norte áreas donde la ley no se aplica, territorios que están en manos
de grupos que imponen sus propias reglas.
Es lo que se constata en un par de sucesos acaecidos también este fin de año. En el suburbio parisino
de Champigny-sur-Marne, docenas de jóvenes musulmanes golpearon salvajemente a una pareja
de policías.
Un agente, mujer de 25 años, fue empujada y derribada para ser pateada en el suelo mientras
algunos miembros de la banda grababan los hechos y los subían, orgullosamente, a las redes sociales.
Su compañero, un oficial de 37 años, también fue derribado, pero consiguió sacar su arma y hacer huir
a los agresores.
“En la última década, ha habido más de 700 policías suicidas. Con el siguiente retrato robot: varones, de cuarenta años, casados y con dos hijos”
La noche siguiente, en las cercanías de Stains, Sena-Saint-Denis, se produjo un incendio en un bloque
de casas de protección oficial. Acuden los policías y, tras llegar al tercer piso derriban una puerta y
consiguen salvar a tres niños que habían quedado atrapados allí.
Al salir a la calle son recibidos con pedradas por parte de los jóvenes que se habían concentrado allí.
“Esa pandilla de jóvenes no entendieron que no habíamos ido a arrestar a nadie”, se quejaba un agente
de Policía. Y es que, aunque vayan a jugarse la vida en ayuda de personas en peligro, la policía francesa
es vista como el enemigo en estas zonas donde impera una ley que no es la de la República francesa.
En este contexto no sorprenderá la epidemia de suicidios que se extiende entre los agentes de
seguridad galos. En los primeros diez meses de 2017, 47 policías franceses y 16 gendarmes se
quitaron la vida; solo en la segunda semana de noviembre, 8 agentes y 2 gendarmes pusieron fin a sus días.
En la última década, ha habido más de 700 policías suicidas. Con el siguiente retrato robot: varones,
de cuarenta años, casados y con dos hijos. La sensación constante de tener que actuar en territorio
hostil, rodeados por el desprecio y el odio, en jornadas agotadoras sometidos a una tensión inhumana
explican esta trágica plaga.

A menudo esto lleva a crisis matrimoniales, separaciones y divorcios, que en ocasiones son el detonador
que lleva al suicidio. Una tragedia que se está convirtiendo en crónica entre una profesión obligada a
trabajar día y noche en territorios donde hierve una revuelta nihilista de los hijos de la tercera
generación de la emigración magrebí.
Una emergencia, pensarán ustedes… aunque lo cierto es que estos datos, incómodos y que cuestionan
el discurso oficial, reciben poca atención.
Mientras ocurría esto, el presidente Macron, en su discurso de Año Nuevo, explicaba cuál es su principal
preocupación: “He decidido desarrollar nuestro sistema legal para proteger la vida democrática de
las noticias falsas (fake news)”, anunció, para a continuación detallar su proyecto para censurar
“plataformas, tweets, webs… que inventan rumores y noticias falsas”.
Y no es que sea fan de las fake news, pero me huelo que al final todo esto servirá para
silenciar a quienes señalan lo que se sale del discurso oficial, como por ejemplo esta plaga
de suicidios policiales o la proliferación de zonas donde ya no rige la ley común y que, oh casualidad,
están pobladas mayoritariamente por musulmanes.
viernes, 26 de enero de 2018
CALUMNIAS E INJURIAS MEDIÁTICAMENTE DIFUNDIDAS (Juan Prada Bécares)
jueves, 25 de enero de 2018
Telón de acero yihadista (Alfonso Basallo)
Alfonso Basallo | Actuall <info@actuall.com>
Echamos cuentas. Vimos los datos de los muertos por violencia yihadista en Europa Occidental (618) y de la Europa del Este (cero; sí, cero muertos) y repararamos en el pulso que libran Bruselas y los globócratas para imponer el Wellcome Refugees al trío de Visegrado (Polonia, Hungría, Chequia).
Y la conclusión era obvia. Entiéndase, no estamos diciendo que el islam no sea una religión de paz, y que una gran mayoría de musulmanes no sean gente normal y corriente, que desea lo que todos: sacar a su familia adelante y vivir y trabajar tranquilamente.
Lo que estamos haciendo es describir unos hechos cuya interpretación es bastante obvia. El viejo telón de acero que dividía Europa al acabar la II Guerra Mundial y que había caído sobre los países del Este con su amenaza para la vida y la libertad, parece haber cambiado de punto cardinal: del Este ha pasado al Oeste.
El yihadismo y el integrismo musulmanes son mucho más amenazantes en los paradójicamente más avanzados países de Occidente, que en los retrógrados ex satélites de la vieja URSS.
Lo cuenta Pablo González de Castejón en un informe que te ofrezco como suscriptor de Actuall .
Y el futuro no pinta demasiado bien, si nos atenemos a los escenarios de crecimiento de la población musulmana que describe el Pew Research Center, incluídos en ese informe.
Aunque el guión de esta decadencia es antiguo.
Dos italianos supieron sintetizar perfectamente cómo se destruyen los imperios, por grandes y avanzados que sean: Indro Montanelli y Giovanni Sartori.
El primero apuntó al problema demográfico del mayor imperio de la Antigüedad, Roma: las matronas romanas, pilar de la vieja República, cambiaron la maternidad por la promiscuidad, la familia se vino abajo y dejaron de tener hijos.
Al cabo, el Imperio se llenó de bárbaros, incluídas las legiones. Y como apunta Montanelli en su famoso bestseller, Historia de Roma: “la llamada invasión no fue más que un cambio de guardia entre bárbaros”.
Y el prestigioso politólogo Giovanni Sartori diagnosticó la carcoma que va a derruir el actual Imperio occidental: el multiculturalismo. El problema no es que vengan los musulmanes –la envejecida Europa necesita sí o sí transfusión de sangre demográfica-, el problema es que no se integren.
Lo que Sartori explicaba en su ensayo profético La sociedad multiétnica (2002) es que una cosa es la acogida y el mestizaje de culturas diversas, muy positivos (véase España o Iberoamérica), y otra muy diferente el puzzle de culturas en compartimentos estancos y excluyentes, en la que los recién llegados no se integran ni aceptan las leyes y costumbres de los anfitriones.
El mayor error ante el multiculturalismo es creer que vas a homogeneizarlos otorgándoles la ciudadanía, dándoles derechos y -lo que es peor- regándoles a subvenciones.
Es lo que han hecho los gobiernos de Francia, Reino Unido, Alemania, Suecia… Y determinados autores, en un ataque de optimismo antropológico (y de frivolidad), llegaron a decir que el magrebí medio o el turco medio terminaría occidentalizándose a base de comer hamburguesas y ver chicas ligeras de ropa en televisión.
Pero el tiempo ha demostrado que los musulmanes no tenían ningún interés en integrarse. Y curiosamente no los primeros que llegaron. Sino sobre todo los musulmanes de segunda y tercera generación, nacidos en suelo europeo.
A lo que se han dedicado más bien es a hacer la guerra a este mismo Occidente que les acoge y les subvenciona, destruyendo a Europa desde dentro, como una carcoma lenta pero inexorable.
Por esa razón, es un mayúsculo error permitir la nueva oleada de inmigrantes del Wellcome Refugees. Se han juntado George Soros y el buenismo; el hambre con las ganas de comer; y el resultado lo estamos viendo, tal como refleja, con cifras, Pablo González de Castejón en su informe.
Lo peor de todo es el derrotismo que parece haberse apoderado de la cultura europea, que la Policía haya renunciado a entrar en las no-gone zones de Suecia, Reino Unido o Francia; o que se oculten los ataques o violaciones para no herir a los musulmanes.
Lo peor de todo es el terrible complejo de culpa de Europa, que tan bien describió el ensayista francés Pascal Bruckner en La tiranía de la penitencia (ensayo sobre el masoquismo occidental).
Un complejo del que se aprovechan los pirómanos de la Memoria Histórica para atacar las raíces cristianas: como IU con su árbol de Navidad en llamas, o Podemos queriendo quitar la espada de Fernando III el Santo del escudo de Sevilla.
Gracias por seguirnos.
miércoles, 24 de enero de 2018
"Misericordia e inmigración" (J.M. de Prada)
J. M. de Prada:
"Misericordia e inmigración"
ABC 8/1/2018
Un ponderado y exhaustivo reportaje de Laura L. Caro en ABC nos descubría que la entrada de inmigrantes ilegales en España durante el año recién concluido ha sido la más alta desde 2006. Sospechamos que, tan pronto como decaiga el reality show catalán, aflorarán las tensiones provocadas por esta inmigración ilegal, que por supuesto serán aprovechadas por los pescadores en río revuelto. Son muchos los países europeos en los que el rechazo a la inmigración se ha convertido en la principal baza electoral de facciones de nuevo cuño que, para enardecer a sus simpatizantes, apelan a los «valores» y «principios» occidentales (y a veces, en el colmo de la desfachatez, se envuelven en la bandera del cristianismo). Pero lo cierto es que, por lo común, son formaciones apóstatas que, a la vez, se aferran como gorrinas a todas las lacras que han convertido Europa en el parque temático de las aberraciones paganas. Más pronto que tarde, alguien sabrá azuzar el odio al inmigrante también en España, y sacarle tajada política.
Enfrentada a estas penosas actitudes, la Iglesia hace llamamientos a la acogida e integración del inmigrante sin demasiado éxito. Y, en honor a la verdad, son llamamientos que no resultan del todo convincentes: pues, en su tratamiento de la inmigración, la Iglesia parece haber renunciado a las obras de misericordia espirituales, para centrarse en las corporales (las únicas, por cierto, que han sido representadas en el belén de la plaza de San Pedro esta Navidad). Así es como la Europa apóstata quiere a la Iglesia, convertida en un gran capataz solidario que recauda fondos y moviliza medios para vestir al desnudo o dar posada al peregrino, pero que renuncia a corregir al que se equivoca o enseñar al que no sabe; que renuncia, en definitiva, a evangelizar.
En contra de lo que pretenden los neocones, el Papa Francisco no ha adoptado un discurso demasiado distinto al de sus predecesores. Pero las circunstancias han variado enormemente: cuando León XIII o Pío XII proclamaban el derecho a emigrar de todos los hombres se dirigían a un mundo en el que sobre todo emigraban los católicos (italianos e irlandeses, polacos y españoles) a países de mayoría protestante. Hoy, por el contrario, quienes emigran son musulmanes; y lo hacen a países apóstatas, convertidos en parques temáticos de las aberraciones paganas. Aquí cabría recordar que el derecho a emigrar que la Iglesia reconoce es subsidiario al «derecho a un espacio vital familiar en su lugar de origen», que está siendo conculcado por la rapacidad económica y los apetitos belicistas del mundialismo, interesado materialmente en desbaratar las naciones y en asegurarse remesas de mano de obra barata. Y, sobre todo, interesado espiritualmente en triturar el cristianismo mediante una doble ofensiva que ya detectó Chesterton en La taberna errante: la extensión de la apostasía (o, dicho más finamente, del laicismo) y la islamización de Europa.
Si la Iglesia no afina su discurso sobre inmigración podría estar beneficiando los intereses de quienes provocan corrientes migratorias a su arbitrio y a la vez haciendo el caldo gordo a quienes desde el paganismo gorrino azuzan el odio al inmigrante. Este peligro quedaría conjurado si la Iglesia volviese a predicar la íntima unión de las obras de misericordia corporales y espirituales, y la prioridad de las segundas respecto a las primeras. Que es lo que nos enseña San Pablo cuando convierte al esclavo Onésimo, salvando su alma, antes de pedirle a Filemón que lo auxilie corporalmente. Pues la separación de las obras de misericordia corporales y espirituales sólo consigue invadir el mundo de virtudes locas, cebo predilecto de todos los pescadores en río revuelto.
Un ponderado y exhaustivo reportaje de Laura L. Caro en ABC nos descubría que la entrada de inmigrantes ilegales en España durante el año recién concluido ha sido la más alta desde 2006. Sospechamos que, tan pronto como decaiga el reality show catalán, aflorarán las tensiones provocadas por esta inmigración ilegal, que por supuesto serán aprovechadas por los pescadores en río revuelto. Son muchos los países europeos en los que el rechazo a la inmigración se ha convertido en la principal baza electoral de facciones de nuevo cuño que, para enardecer a sus simpatizantes, apelan a los «valores» y «principios» occidentales (y a veces, en el colmo de la desfachatez, se envuelven en la bandera del cristianismo). Pero lo cierto es que, por lo común, son formaciones apóstatas que, a la vez, se aferran como gorrinas a todas las lacras que han convertido Europa en el parque temático de las aberraciones paganas. Más pronto que tarde, alguien sabrá azuzar el odio al inmigrante también en España, y sacarle tajada política.
Enfrentada a estas penosas actitudes, la Iglesia hace llamamientos a la acogida e integración del inmigrante sin demasiado éxito. Y, en honor a la verdad, son llamamientos que no resultan del todo convincentes: pues, en su tratamiento de la inmigración, la Iglesia parece haber renunciado a las obras de misericordia espirituales, para centrarse en las corporales (las únicas, por cierto, que han sido representadas en el belén de la plaza de San Pedro esta Navidad). Así es como la Europa apóstata quiere a la Iglesia, convertida en un gran capataz solidario que recauda fondos y moviliza medios para vestir al desnudo o dar posada al peregrino, pero que renuncia a corregir al que se equivoca o enseñar al que no sabe; que renuncia, en definitiva, a evangelizar.
En contra de lo que pretenden los neocones, el Papa Francisco no ha adoptado un discurso demasiado distinto al de sus predecesores. Pero las circunstancias han variado enormemente: cuando León XIII o Pío XII proclamaban el derecho a emigrar de todos los hombres se dirigían a un mundo en el que sobre todo emigraban los católicos (italianos e irlandeses, polacos y españoles) a países de mayoría protestante. Hoy, por el contrario, quienes emigran son musulmanes; y lo hacen a países apóstatas, convertidos en parques temáticos de las aberraciones paganas. Aquí cabría recordar que el derecho a emigrar que la Iglesia reconoce es subsidiario al «derecho a un espacio vital familiar en su lugar de origen», que está siendo conculcado por la rapacidad económica y los apetitos belicistas del mundialismo, interesado materialmente en desbaratar las naciones y en asegurarse remesas de mano de obra barata. Y, sobre todo, interesado espiritualmente en triturar el cristianismo mediante una doble ofensiva que ya detectó Chesterton en La taberna errante: la extensión de la apostasía (o, dicho más finamente, del laicismo) y la islamización de Europa.
Si la Iglesia no afina su discurso sobre inmigración podría estar beneficiando los intereses de quienes provocan corrientes migratorias a su arbitrio y a la vez haciendo el caldo gordo a quienes desde el paganismo gorrino azuzan el odio al inmigrante. Este peligro quedaría conjurado si la Iglesia volviese a predicar la íntima unión de las obras de misericordia corporales y espirituales, y la prioridad de las segundas respecto a las primeras. Que es lo que nos enseña San Pablo cuando convierte al esclavo Onésimo, salvando su alma, antes de pedirle a Filemón que lo auxilie corporalmente. Pues la separación de las obras de misericordia corporales y espirituales sólo consigue invadir el mundo de virtudes locas, cebo predilecto de todos los pescadores en río revuelto.
lunes, 22 de enero de 2018
Cuatro entrevistas, cuatro, a María Elvira Roca
Cuatro entrevistas a María Elvira Roca Barea
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¡VIVA LA HISPANIDAD, ABAJO LA LEYENDA NEGRA!
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