domingo, 29 de octubre de 2017
sábado, 28 de octubre de 2017
NI UNA BIBLIOTECA INMENSA SABE TODO (Juan Pablo Mañueco)
NI UNA BIBLIOTECA INMENSA SABE TODO
Cierto que el olvido tumbará nuestro recuerdo
y que el polvo será el futuro, pues es el sino
en donde concluye el recodo del camino
último de todo ser: en tal hay siempre acuerdo.
Dos fechas entre un guion es seguro destino
que veo entre las fichas escritas que concuerdo
si mi nombre busco en una bibioteca, y pierdo
deleite si tal hecho inesperado examino.
Una fecha aparece escrita junto a mi nombre,
luego viene el guion y alguien se ha dejado puesto
un espacio en blanco, que está esperando a un hombre
que hoy ve ese espacio ahí. Al aire lanzo extraño un gesto
de contrariedad: tanto saber y nada alfombre
tal dato, que hoy me agradara verlo manifiesto.
JPMañueco (2017) "Cantil de Cantos"
Cierto que el olvido tumbará nuestro recuerdo
y que el polvo será el futuro, pues es el sino
en donde concluye el recodo del camino
último de todo ser: en tal hay siempre acuerdo.
Dos fechas entre un guion es seguro destino
que veo entre las fichas escritas que concuerdo
si mi nombre busco en una bibioteca, y pierdo
deleite si tal hecho inesperado examino.
Una fecha aparece escrita junto a mi nombre,
luego viene el guion y alguien se ha dejado puesto
un espacio en blanco, que está esperando a un hombre
que hoy ve ese espacio ahí. Al aire lanzo extraño un gesto
de contrariedad: tanto saber y nada alfombre
tal dato, que hoy me agradara verlo manifiesto.
JPMañueco (2017) "Cantil de Cantos"
viernes, 27 de octubre de 2017
¿Una España de cuerpo presente? (José Miguel Gambra)
- ¿Una España de cuerpo presente?
Enviado por: Agencia FARO <agenciafaro@carlismo.es>
Madrid, 21 octubre 2017, San Hilarión, abad; Santa Úrsula y compañeras, vírgenes y mártires. De otra parte, el pueblo español sigue siendo profundamente religioso. Como dice Vázquez de Mella, en España incluso los librepensadores y ateos colocan "la cuestión religiosa sobre todas las cuestiones (..) Un anticlerical español no tiene parecido con ninguno otro en el mundo. Es capaz de aplaudir a Almanzor porque trasladó a la Aljama de córdoba las campanas de Compostela; tienen un odio sin semejante; pero no les preocupa nada en el mundo como la cuestión religiosa; son, sin pretenderlo, teólogos al revés".
No son signos muy alentadores, pero quizás no son peores que la fría indiferencia europea. Porque significan que lo que deja indiferentes a los españoles es la doctrina sobre la cual se asienta oficialmente el actual régimen político. Pero no lo que es verdaderamente importante, no su tradición católica que no sólo aflora, por oposición, en la incontinencia de los ataques a la religión por parte de los incrédulos, sino en la pasividad de los creyentes, sólo explicable por el respeto a los eclesiásticos actuales, cuya autoridad confunden con la de la Iglesia.
Cuando las cosas se pongan más feas, cosa bien posible, quizás muchos españoles se den cuenta de que esos eclesiásticos, educados en las ambigüedades conciliares, ignoran la doctrina natural y católica sobre sus deberes sociales. Sólo esa ignorancia puede excusar a los cientos de sacerdotes catalanes que se muestran favorables a "su identidad", desconociendo lo que dice Santo Tomás sobre las sediciones. La sedición, caracterizada porque una parte de la sociedad siembra la discordia y se prepara para la lucha contra la utilidad, o bien común, de la sociedad, es, según Santo Tomás, un pecado especial contra la caridad y más concretamente contra la unidad y la paz, que constituyen una parte principalísima del bien común de la sociedad temporal. La sedición, es siempre un pecado mortal que cometen, ante todo, los que siembran la discordia, pero también los que les secundan. En cambio no lo cometen quienes defienden la unidad y la paz de la sociedad (S. T., II, II, 34, int.; 42, 1, c. y 2, c.).
Y desde el momento en que los españoles empiecen a cumplir sus deberes patrióticos, sin necesidad de recibir las bendiciones de sacerdotes políticamente descarriados o de los obispos que, hechas honrosísimas excepciones, se conforman con emitir vaguedades, entonces empezará a vislumbrarse hasta dónde puede llegar la vitalidad interior de nuestra sociedad en su propia defensa. Vislumbre orlado de esperanza que bien puede agostarse en muy breve plazo, si se piensa que con asistir a las concentraciones ya se cumplido con el deber. Hay que asistir a esas concentraciones. Pero se ha de tener en cuenta que respecto del poder establecido tales manifestaciones quieren reclamar una acción que repugna a ese poder oficial, a ese poder que se asienta en la voluntad popular y la Constitución, a ese poder que desprecia radicalmente la tradición española. En dicho sentido son inútiles. Respecto de los que asisten a ellas, son perniciosas, si se piensa que con la reclamación ya se ha hecho lo que se podía; pero, si no es así, las manifestaciones pueden ser un comienzo, una incitación, una toma de conciencia, que debe verse seguida de una acción costosa, de una entrega permanente, hasta que, a espaldas del poder, se logre lo que pide San Pío X en su novena de la Inmaculada: "que, en medio de tantos peligros, la Iglesia y la sociedad cristiana canten una vez más el himno de la liberación, de la victoria y de la paz".
No son signos muy alentadores, pero quizás no son peores que la fría indiferencia europea. Porque significan que lo que deja indiferentes a los españoles es la doctrina sobre la cual se asienta oficialmente el actual régimen político. Pero no lo que es verdaderamente importante, no su tradición católica que no sólo aflora, por oposición, en la incontinencia de los ataques a la religión por parte de los incrédulos, sino en la pasividad de los creyentes, sólo explicable por el respeto a los eclesiásticos actuales, cuya autoridad confunden con la de la Iglesia.
Cuando las cosas se pongan más feas, cosa bien posible, quizás muchos españoles se den cuenta de que esos eclesiásticos, educados en las ambigüedades conciliares, ignoran la doctrina natural y católica sobre sus deberes sociales. Sólo esa ignorancia puede excusar a los cientos de sacerdotes catalanes que se muestran favorables a "su identidad", desconociendo lo que dice Santo Tomás sobre las sediciones. La sedición, caracterizada porque una parte de la sociedad siembra la discordia y se prepara para la lucha contra la utilidad, o bien común, de la sociedad, es, según Santo Tomás, un pecado especial contra la caridad y más concretamente contra la unidad y la paz, que constituyen una parte principalísima del bien común de la sociedad temporal. La sedición, es siempre un pecado mortal que cometen, ante todo, los que siembran la discordia, pero también los que les secundan. En cambio no lo cometen quienes defienden la unidad y la paz de la sociedad (S. T., II, II, 34, int.; 42, 1, c. y 2, c.).
Y desde el momento en que los españoles empiecen a cumplir sus deberes patrióticos, sin necesidad de recibir las bendiciones de sacerdotes políticamente descarriados o de los obispos que, hechas honrosísimas excepciones, se conforman con emitir vaguedades, entonces empezará a vislumbrarse hasta dónde puede llegar la vitalidad interior de nuestra sociedad en su propia defensa. Vislumbre orlado de esperanza que bien puede agostarse en muy breve plazo, si se piensa que con asistir a las concentraciones ya se cumplido con el deber. Hay que asistir a esas concentraciones. Pero se ha de tener en cuenta que respecto del poder establecido tales manifestaciones quieren reclamar una acción que repugna a ese poder oficial, a ese poder que se asienta en la voluntad popular y la Constitución, a ese poder que desprecia radicalmente la tradición española. En dicho sentido son inútiles. Respecto de los que asisten a ellas, son perniciosas, si se piensa que con la reclamación ya se ha hecho lo que se podía; pero, si no es así, las manifestaciones pueden ser un comienzo, una incitación, una toma de conciencia, que debe verse seguida de una acción costosa, de una entrega permanente, hasta que, a espaldas del poder, se logre lo que pide San Pío X en su novena de la Inmaculada: "que, en medio de tantos peligros, la Iglesia y la sociedad cristiana canten una vez más el himno de la liberación, de la victoria y de la paz".
Así termina la tercera y última parte de "¿Una España de cuerpo presente?" artículo del profesor José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, que ha aparecido en la web Carlismo.es. Lectura obligada para quienes se preocupen por la situación actual, por el grave riesgo de pérdida de la unidad de España (o de lo que queda de España) y por el quehacer que tenemos ante nosotros. Puede leerse completo haciendo clic sobre estos títulos:
jueves, 26 de octubre de 2017
DECIR CON EL LENGUAJE. (Leopoldo Panero)
DECIR CON EL LENGUAJE...
En esta paz del corazón alada
descansa el horizonte de Castilla,
y el vuelo de la nube sin orilla
azula mansamente la llanada.
Solas quedan la luz y la mirada
desposando la mutua maravilla
de la tierra caliente y amarilla
y el verdor de la encina sosegada.
¡Decir con el lenguaje la ventura
de nuestra doble infancia, hermano mío,
y escuchar el silencio que te nombra!
La oración escuchar del agua pura,
el susurro fragante del estío
y el ala de los chopos en la sombra.
En esta paz del corazón alada
descansa el horizonte de Castilla,
y el vuelo de la nube sin orilla
azula mansamente la llanada.
Solas quedan la luz y la mirada
desposando la mutua maravilla
de la tierra caliente y amarilla
y el verdor de la encina sosegada.
¡Decir con el lenguaje la ventura
de nuestra doble infancia, hermano mío,
y escuchar el silencio que te nombra!
La oración escuchar del agua pura,
el susurro fragante del estío
y el ala de los chopos en la sombra.
Leopoldo Panero (1909-1962)
miércoles, 25 de octubre de 2017
Las contradicciones de los buenos (Francisco José Contreras)
Las contradicciones de los buenos
El Gobierno ha activado por fin el artículo 155. El lenguaje utilizado y los objetivos proclamados delatan, sin embargo, la sumisión al marco intelectual del adversario.

El Gobierno ha activado por fin el artículo 155. El lenguaje utilizado y los objetivos proclamados delatan, sin embargo, la sumisión al marco intelectual del adversario. Se nos dice, por ejemplo, que no se trata de una suspensión de la autonomía, sino de “la restauración del autogobierno catalán”. La utilización de eufemismos denota inseguridad y mala conciencia: por supuesto, la destitución de Puigdemont y todos los consejeros sí implica una (venturosa) suspensión de la autonomía. También se alude al Estatut como las Tablas de la Ley que habrían sido profanadas por los golpistas, al mismo nivel que la Constitución, o incluso por encima de ella. Rajoy pretende competir en catalanismo con Anna Gabriel.
Al usar ese lenguaje, el Gobierno juega la partida en el campo conceptual de los separatistas, donde su derrota es segura. En efecto, si de “salvar el autogobierno catalán” se trata, ¿por qué se destituye a una Generalitat libremente elegida por los catalanes? ¿Por qué se maniata a un Parlamento surgido de elecciones, en el que los separatistas resultan tener mayoría? En cuanto al Estatut, se trata de un texto descafeinado por los recortes que en su día impuso el Tribunal Constitucional, que violentó así el “autogobierno catalán”.Si de “salvar el autogobierno catalán” se trata, ¿por qué se destituye a una Generalitat libremente elegida por los catalanes?
Se ha dejado a los nacionalistas imponer el marco durante cuarenta años. Un marco que viene a decir: Cataluña es una nación; posee, por tanto, un derecho natural e inalienable de autogobierno, que modula en función de las circunstancias históricas; en 1978 aceptó ejercer ese derecho desde el cauce autonómico ofrecido por el Estado español, pero éste se ha revelado frustrante tras la poda del Tribunal Constitucional al nuevo Estatuto de Autonomía. Hace ya casi treinta años que el Parlament aprobó el siguiente texto: “El Parlamento de Cataluña declara solemnemente que Cataluña forma parte de una realidad nacional diferenciada en el conjunto del Estado (…). Manifiesta que el acatamiento del marco institucional vigente, resultado del proceso de transición desde la dictadura a la democracia, no significa la renuncia del pueblo catalán al derecho a la autodeterminación”. Fue el 12 de diciembre de 1989. El Estado español, como siempre, no reaccionó: escondió la cabeza bajo el ala, diciéndose que todo eso no son más que palabras que se lleva el viento. Pero las ideas tienen consecuencias.
El autogobierno del régimen de 1978 nos ha traído la intoxicación ideológica de media CataluñaHabría que jugar en otro tablero, con otras reglas. Un tablero en el que la nación no es Cataluña, sino España (y no, ambas no pueden serlo a la vez); en el que, por tanto, el autogobierno catalán ya no es un derecho originario, sagrado, venerable como las Doce Tablas, sino una modalidad contingente y revisable de organización territorial del Estado, más bien excepcional en la España moderna-constitucional, si tomamos 1812 como su acta de nacimiento. Una fórmula cuyos resultados han sido poco halagüeños: el autogobierno catalán en la Segunda República condujo al putsch de Companys en 1934 y a la Barcelona de chekas, iglesias quemadas y guerra civil (anarquista-comunista) dentro de la Guerra Civil de 1936-38; el autogobierno del régimen de 1978 nos ha traído la intoxicación ideológica de media Cataluña, escenas de alienación fanática dignas de los documentales de Leni Riefenstahl y un peligro de ruptura civil inconcebible en una sociedad desarrollada e ilustrada.

Un Gobierno con visión histórica de largo plazo aprovecharía la circunstancia excepcional para cambiar de tablero. Dispone para ello de su mayoría absoluta en el Senado y del apoyo del Rey y el pueblo español, que ha llenado los balcones de rojigualdas. Las elecciones -un día de la marmota que nos llevará a un nuevo Parlament separatista y un nuevo órdago rupturista- no son la solución. Son necesarias medidas más ambiciosas como la recuperación de las competencias educativas y de orden público por el Estado, la supresión de los medios de comunicación autonómicos, la eliminación de la inmersión lingüística… No puede hacerse en tres meses: habría que prolongar la suspensión autonómica unos años (previa legitimación mediante elecciones generales, que ganaría de calle un PP con ese programa de máximos). Los separatistas protestarían, pero no más de lo que ya están haciendo: el precio en tensión social y desórdenes está ya descontado. Mejor comprar con él algo que merezca la pena. Y la sangre no llegará al río, porque Trapero no es Patrick Pearse.
martes, 24 de octubre de 2017
Un soneto al gótico de San Juan de los Reyes, en Toledo (Juan Pablo mañueco)
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lunes, 23 de octubre de 2017
Sobre la situación de Cataluña. Rusia y España: voces rusas contra los medios oficiales
Sobre la situación de Cataluña. Rusia y España: voces rusas contra los medios oficiales
Moscú / Madrid, octubre 2017, mes del Santo Rosario. Para gran decepción de los patriotas españoles y de los contrarrevolucionarios de todo el mundo, durante las últimas semanas los principales medios de información rusos, oficiales y oficiosos, y sus más altas instancias políticas han estado difundiendo las mentiras del separatismo catalán (en rigor, anticatalán). Nuestro distinguido amigo Eugenio de Dobrynine ha difundido este escrito contra ellos, que ahora reproducimos con su permiso.
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Queridos amigos,
Quiero que seáis partícipes de mi profundo malestar por la cobertura mediática que han hecho los medios de comunicación y agencias rusos. Se han situado del lado de los separatistas y de los que siempre han obrado por destruir la nación española tergiversando la realidad de los hechos, dando crédito y voz a los palmeros de una ideología criminal y a los buitres usureros del globalismo financiero.
Cierto es que a río revuelto ganancia de pescadores, y algunos políticos rusos también han aprovechado la ocasión para devolver el ascensor por los constantes ataques de que han sido objeto Rusia y su gobierno en los últimos tiempos, pero ante este tipo de situación no deberían haber actuado en la forma en que lo han hecho.
En nada se han diferenciado los medios de comunicación rusos de sus colegas extranjeros. Su credibilidad y su independencia han quedado en entredicho, y han perdido una excelente oportunidad de trasladar al mundo la imagen de profesionalidad, independencia y criterio de la que hacen gala.
Es vergonzoso que el Gobierno de una nación que defiende la soberanía, la integridad territorial y la legalidad permita que se traslade a la ciudadanía mensajes de esta índole, sin intervenir, y no haya manifestado rotundamente su rechazo a una farsa como la que se está viviendo en España.
Una cosa es la defensa de la soberanía de los estados y la no injerencia en sus asuntos internos, y otra muy distinta es no denunciar un atentado a la integridad territorial, el incumplimiento manifiesto de la ley, y la imposición de unas normas por una minoría en detrimento del resto de la población sin su consentimiento. Lo que ha sucedido en Cataluña es un golpe de estado en toda regla, por lo que no caben medias tintas y requiere un pronunciamiento sin ambigüedades en defensa de la legalidad ultrajada.
Los procedimientos empleados por los separatistas nos deben hacer recordar que los nazis actuaron de la misma forma y todos sabemos cómo acabaron.
Lo siento.
Un fuerte abrazo
Eugenio de Dobrynine
P.D.
Se me olvidó mencionar que ya en una ocasión, el Zar Nicolás I de Rusia rompió relaciones diplomáticas con el Reino de España por apoyar la legitimidad monárquica al reconocer como Rey legítimo a Carlos María Isidro.
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