viernes, 4 de agosto de 2017

A ÁNGEL NIETO ROLDÁN, piloto (Juan Pablo Mañueco)

A ÁNGEL NIETO ROLDÁN, piloto

(Piloto zamorano, lo cual como casi siempre le ocurre a todo lo  leonés apenas se menciona al hablar de su biografía.
Otra más de las injusticias que se cometen contra el Reino de León en los medios de comunicación)

Ángel Nieto, Ángel Nieto,
escudero de las motos,
y ahora un piloto quieto.
Ahora un quieto piloto.

De tantos podios repleto
cuando el deporte era ignoto
en este país objeto.
Hoy casi tu ausencia noto.

Ayer rayos de tu peto
en vanguardia de la foto,
Angel con alas inquieto.
Si no caído, hoy, sí roto.

Trece veces yo decreto
que pare cada devoto
-como muestra de respeto-
de este inmóvil piloto.

Y el mundo todo al completo
es que ha parado su moto,
Ángel Nieto, Ángel Nieto,
Como un motor que se ha roto.

Trece veces, trece retos,
que fuiste el mejor piloto,
y ahora te quedas quieto
quien fuera inquieto piloto.

Sobre pistas aún, Nieto,
seguirá entrando tu moto,
de radios de rayos prietos,
¡la primera de la foto!

Juan Pablo Mañueco (2017)
A ÁNGEL NIETO ROLDÁN, piloto
(Piloto zamorano, lo cual como casi siempre le ocurre a todo castellano

miércoles, 2 de agosto de 2017

NUMEROSO OBRAR LA PENA OBRA SOBRE GENTE A LA QUE HAMBRUNA (Juan Pablo Mañueco)

 
NUMEROSO OBRAR LA PENA OBRA SOBRE GENTE A LA QUE HAMBRUNA

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo, no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Miguel Hernández

Sombrío por la pena, y a veces tenebroso
Oscuro como noche sin siquiera luz de luna
Más apenado que otro alguno, pues me acuna
Borrascosa sombra de pesar tan doloroso.

Raro es el día en que la más negra pena ayuna
Íncendiando en negro mi cuerpo y talle umbroso
Oigo su paso subir mis venas presuroso
POR LA PENA que no deja sana vena alguna.

Ya los cardos de la pena en negro luminoso
Arden de bruno tizne en que el pesar niño encuna
VECES y tiempo habrá para que amarga e importuna
TEmible crezca adulta en mi cuerpo tembloroso.

NEgaré a la pena opción de labrar mi fortuna
BROtará en mí la dicha que me haga poderoso
Sobre la pena negra y bruna, mas numeroso
Obrar la pena obra sobre gente a la que hambruna.

Juan Pablo Mañueco
http://blogs.periodistadigital.com/juan-pablo-manueco/2016/03/13/bibliografia-y-biografia-de-juan-pablo-manueco/
NUMEROSO OBRAR LA PENA OBRA SOBRE GENTE A LA QUE HAMBRUNA

Umbrío por la pena, casi bruno,

martes, 1 de agosto de 2017

NADIE ES MÁS QUE NADIE, CASTILLA, NI TÚ ERES MENOS QUE NINGUNA (Juan Pablo mañueco)

NADIE ES MÁS QUE NADIE, CASTILLA,
NI TÚ ERES MENOS QUE NINGUNA

(Valores castellanos)

Castilla, es por defenderte
y, en tus valores, amate,
el castellano estandarte
a Castilla me convierte.

No por encima ensalzarte
de nadie, más sí quererte
por tu cultura tan fuerte
que nadie pueda negarte.

Que nadie pueda negarte,
ni nadie quiera tu muerte,
sí que mejore tu suerte
es lo que yo quiero darte.

Pero yo por tanto amarte
no desamo ni diserte
por desamar al de enfrente,
sino que aprenda a quererte.

O al menos que sí lo intente
para que aprenda a gozarte.
Eso yo es que quiero darte.
iQue así sintamos tu gente!


Juan Pablo Mañueco (2016)


lunes, 31 de julio de 2017

Castilla, este canto es tu canto, INTROITO (Juan Pablo Mañueco)

Castillaeste canto es tu canto

Introito

De hondo e interior venero
que en cascada entre piedra y musgo brota
no es Cadagua un reguero
que porte escasa gota.
Un mundo en murmullo ya en su agua flota.

Río en Valle de Mena,
que entre las rocas corres, ríes, saltas,
mojando toda la escena
de las praderas altas,
pedrizas y peñascales que asaltas...

Naces por cataratas
y por escalones y rocas verdes,
que tapizas con natas.
Riscos a los que muerdes,
hisopas con gotas, luego te pierdes

hacia sendas, caminos,
y sierras, a los que tu cabo de agua
les forja suerte y sinos;
Al cabo, tú, Cadagua
-cabo de agua-, eres del valle la fragua.

¿Sabes que vas a oírte
no sólo por abrir cauce ruidoso?
Mejor podrás sentirte
en el son más frondoso
de lengua que emana en tu lar brumoso.

Afluyen por las grietas
hervores de manantiales sonoros.
Trovas dulces, secretas
musitan sus tesoros...
Y, a su voz antigua, tu agua une coros.

Aún no oyes juglares
por este lugar calmo y sosegado
tañendo sus cantares;
pero, al bosque abrazado,
silba un idioma naciente, que ha llegado.

Ni escuchas las canciones
de amor, de amigo, de gesta y alborada,
mas nutre tus rincones
voz recién aflorada
que pronto entone copla bien rimada.

Inicio de "Castiilla, este canto es tu canto" de  Juan Pablo Mañueco (2044) 

domingo, 30 de julio de 2017

Una religión antropoteísta (Juan Manuel de Prada)

Una religión antropoteísta

Juan Manuel de Prada
XL Semanal

Ya no existe instancia alguna que se atreva a poner objeciones a la libertad sexual polimorfa, ni siquiera la Iglesia jerárquica
en un artículo muy perspicaz publicado recientemente en El Diario Montañés, ante el espectáculo de feroz absolutismo que se despliega en nuestra época, Enrique Álvarez añoraba aquellos tiempos recientes en los que nos quejábamos del relativismo. En realidad, aquella cantinela de la «dictadura del relativismo» fue una acuñación poco fina de Benedicto XVI que muchos repetían como loritos (más o menos como ahora repiten la matraca de las «periferias»), por alineamiento camastrón. Pero aquel diagnóstico de Benedicto XVI estuvo siempre equivocado; pues a muchos los hizo creer que vivíamos en una suerte de sociedad líquida, en la que todas las formas de pensamiento valían lo mismo y que, por lo tanto, cualquiera podía aspirar a hacerse escuchar, aunque fuese rodeada de un coro de voces discrepantes, e incluso (risum teneatis) a triunfar políticamente, mediante un procedimiento electoral.
Pero el veredicto de Benedicto XVI era candorosamente erróneo. Entonces, como ahora, no vivíamos en la dictadura del relativismo, sino en la dictadura de la democracia entendida como religión antropoteísta. En uno de sus escolios, Gómez Dávila explica este concepto a la perfección: «La democracia no es procedimiento electoral, como lo imaginan los católicos cándidos; ni régimen político, como lo pensó la burguesía hegemónica del siglo XIX; ni estructura social, como lo enseña la doctrina norteamericana; ni organización económica, como lo exige la tesis comunista. La democracia es una religión antropoteísta. Su principio es una opción de carácter religioso, un acto por el cual el hombre asume al hombre como Dios». Esta religión antropoteísta tolera creencias de toda índole, siempre que no se atrevan a rozar (¡ni siquiera a toser!) su meollo dogmático; y, en su igualitarismo de hormiguero, permite que todas valgan exactamente lo mismo: o sea, nada. Esta religión antropoteísta puede, por ejemplo, tolerar que un señor crea en la resurrección de Cristo, como también tolera que otro señor crea que Peter Parker, al sufrir el picotazo de una araña, se convirtió en Peter Parker. Ahora bien, lo que esta religión no permitirá nunca, ni al señor que cree en la resurrección de Cristo ni al que cree en el contagio arácnido de Peter Parker, es que se atrevan a discutir los dogmas sobre los que se asienta su culto antropoteísta.
Entre tales dogmas se cuenta, por supuesto, la exaltación de la libertad sexual polimorfa. En el artículo arriba citado, Enrique Álvarez llamaba la atención sobre la unanimidad sin discrepancias con que nuestros más diversos (y aparentemente enfrentados) partidos políticos «han participado, se han sumado sin rechistar, han perdido el culo por aparecer junto a la gran bandera iridiscente». Y también señalaba que este año la celebración del Orgullo Gay no ha necesitado combatir ni escarnecer a nadie, porque ya no existe instancia alguna que se atreva a poner objeciones a la libertad sexual polimorfa, ni siquiera la Iglesia jerárquica; que, lejos de salir a las ‘periferias’, es cada vez más sumisa de la ortodoxia, más buscona del halago del mundo y el abrigo del poder, más apoltronada e incapaz de rechistar a los dogmas de la religión antropoteísta.
A mí, desde luego, me parece comprensible que la gente se muestre (o se finja) orgullosa de acatar los dogmas de esta religión antropoteísta vigente; pues a la intemperie (aunque sea con mitra) hace mucho frío. Aunque deberíamos pararnos a reflexionar si la proclamación exultante y un tanto aspaventera de tales dogmas no esconde alguna intención aviesa. Resulta sumamente iluminador comprobar, por ejemplo, que el éxito apoteósico (casi fulminante) cosechado durante las últimas décadas por los movimientos que reclaman mayores y más superferolíticos derechos de bragueta discurre simultáneo al estrepitoso fracaso cosechado por los movimientos que reclaman derechos laborales. Resulta curioso que una causa universal que afecta a la dignidad humana (pues sólo un trabajo protegido permite una vida digna) se haya erosionado tanto, admitiendo formas de contratación auténticamente esclavistas, mientras causas particulares que exaltan las alegrías de bragueta triunfan de forma tan aturdidora. Y me pregunto si la religión antropoteísta que diviniza las causas particulares de entrepierna no habrá encontrado, al fin, la fórmula infalible para lograr que los hombres dejen de luchar por las causas universales. Me pregunto si esta religión antropoteísta, bajo la apariencia de divinizar al hombre, no estará más bien tratando de animalizarlo; o, como diría Marcuse, de culminar su «desublimación represiva», exaltando su genitalidad.


viernes, 28 de julio de 2017

Escuela o barbarie (Juan Manuel de Prada)

Escuela o barbarie

ANIMALES DE COMPAÑÍA

Me ha resultado muy gratificante e instructiva la lectura del ensayo Escuela o barbarie (Ediciones Akal), escrito al alimón por los profesores Carlos Fernández Liria, Olga García Fernández y Enrique Galindo Fernández. En Escuela o barbarie se denuncia la imposición de un «Nuevo Orden Educativo», diseñado desde organismos supranacionales y jaleado por una camarilla de pedagogos charlatanes, que pretende condenar a los alumnos a una nueva forma de servidumbre. Aunque los autores no ocultan sus afinidades ideológicas (que a veces los empujan a alguna intemperancia), la lectura de este ensayo brindará iluminaciones a cualquier persona preocupada por el deterioro de la enseñanza, muy especialmente a los maestros y profesores que asisten inermes a la depauperación de su noble oficio.
El Nuevo Orden Educativo desea modelar individuos entrenados en diversas «competencias», «destrezas» y «habilidades» técnicas y emocionales que faciliten su encaje en el mercado laboral. De este modo, la escuela (y, con ella, la universidad) se convierte en un centro de selección de personal y deja de alimentar el anhelo de saber (la más noble aspiración humana, según nos enseñase Aristóteles), orientando la formación de los alumnos hacia aquellas áreas de la economía que favorezcan su «empleabilidad». Así, la transmisión cultural queda aparcada, o incluso vedada, para formar «emprendedores» flexibles y adaptables, siempre prestos a la movilidad geográfica, que no sepan nada de filosofía o latín pero en cambio sepan inglés, informática y «educación financiera» (si el oxímoron es tolerable), que es lo que interesa a las multinacionales.
Para lograr alumnos sin anhelo de saber, el Nuevo Orden Educativo emplea técnicas pedagógicas que conciben al ser humano en un mero procesador de información. El alumno no debe atesorar conocimientos que afilen su juicio crítico sobre la realidad, sino centrarse en «aprender a aprender», hasta convertirse en un dócil y «empático» receptor de cualquier tipo de adiestramiento que garantice su eficiencia económica. Para ello, el Nuevo Orden Educativo favorecerá una educación lúdica que supla la odiosa transmisión de conocimientos. Los autores de Escuela o barbarie son especialmente inclementes en la denuncia de las pedagogías herederas de Rousseau, que tratan de «rescatar» al hombre de la cultura y de la historia, exaltando su imaginación y sus motivaciones particulares (de ahí que los charlatanes al servicio de este Nuevo Orden Educativo den tanta importancia al «pensamiento positivo» y a la «inteligencia emocional»), para que la adquisición de las destrezas se desarrolle siempre en un ambiente buenrrollista. Por supuesto, se evitará que los alumnos aprendan nada por puro interés intrínseco; y se utilizarán siempre cebos psíquicos que les hagan morder el anzuelo, como si el saber fuese una amarga medicina que hubiese que enmascarar para que resulte digerible. Todo ello con metodologías que favorezcan una infantilización de las mentes, hasta convertir la escuela en una mezcla de guardería y gimnasio laboral, vaciada de todo contenido que permita crecer intelectualmente.
¿Y qué papel se reserva a maestros y profesores en este Nuevo Orden Educativo? Los autores de Escuela o barbarie reproducen varios documentos de órganos mundialistas que hielan la sangre en las venas. Así leemos en un documento de la UNESCO: «Al cambiar la imagen del profesor, de considerarlo como fuente e impartidor de conocimientos a verlo como organizador y mediador del encuentro de aprendizaje, aparecen nuevas competencias que deberán ser los componentes de la nueva función docente». De este modo, el profesor se convierte en una suerte de «orientador» encargado de la formación «transversal y psicoafectiva» del alumno. Para ello, primero deberá «descualificarse» (es decir, olvidarse de las disciplinas en las que está versado), para después recualificarse conforme a los parámetros exigidos por la nueva pedagogía. El profesor estará sometido a un reciclaje permanente, en condiciones laborales cada vez más precarias, huérfano de toda autoridad en el aula, hasta degenerar en un «mediador del encuentro de aprendizaje», en un coach, en un animador sociocultural, en un gestor administrativo; en definitiva, en un zascandil siempre presionado por sus alumnos-clientes y hostigado por las directrices gubernativas.
De este panorama espeluznante se nos habla en este espléndido y combativo ensayo contra la barbarie.