La imagen está en el centro, a través de las redes sociales o de comunicación trasforma y homogeneíza nuestra visión del mundo de una manera virtual.
El escritor revolucionario Guy Ernest Debord, creador de la obra “La sociedad del espectáculo”, publicada en 1967, decía que “toda la vida de las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, ahora se aleja en una representación”
El “espectáculo” nos rodea, hoy más que nunca, y determina nuestras vidas cotidianas de manera evidente. La imagen está en el centro, a través de las redes sociales o de comunicación trasforma y homogeneíza nuestra visión del mundo de una manera virtual. Lo que hay detrás, lo real, lo palpable, puede o no ser verdadero.
El conflicto en oriente lo estamos viviendo en directo como una película en fases, los videos del Estado Islámico, la foto de niño sirios falseadas en ocasiones, las riadas de personas que vienen a Europa, los atentados de falsa bandera, las fotos en redes sociales de barbaridades de unos y otros.
En occidente es evidente que, como decía Debord, “el espectáculo es la principal producción de la sociedad actual”. Dicha noción incide en tal medida en las relaciones sociales, que tiene como consecuencia la hipertrofia de las mismas, pero una hipertrofia marcada por la irrealidad. Las sociedades post-industriales venden sueños, representaciones de la vida, imágenes del mundo, deseos que han alcanzado tal grado de autonomía que se han constituido como verdaderos “entes”, conformando así un mundo irreal devenido en real.
La vida en comunidad ha dado paso a un individualismo conectado a la sociedad del espectáculo, donde las instituciones naturales del hombre, donde desarrollaba su libertad, son sustituidas por lo virtual.
El drama humano que estamos viendo por imágenes está orientando y trasformando socialmente a occidente, parece un guion. De la verdad, de las autenticas razones del conflicto en Siria se habla poco, de acabar con la guerra en Siria se habla poco, del verdadero trasfondo de las primaveras árabes se habla poco. Todo son imágenes que parece siguen un protocolo marcado, ¿buscamos la verdad o estamos siendo dirigidos como sociedad por el espectáculo interesado?
¿Un mundo invertido?
Para Debord el verdadero mundo invertido, la sociedad del espectáculo es aquello que no se encamina hacia la verdad sino hacia la falsedad. La sociedad hipócrita.
Algunos somos cada vez más conscientes de que el espectáculo nos intenta arrebatar la verdad y la libertad, lo hechos son tozudos y muchas veces el teatro antecede a un final ya prefijado si analizas bien los pasos.
En nuestro propio país tengo la intuición que todo lo relacionado con Cataluña es un espectáculo con papeles repartidos que finalmente concluirá en una reforma constitucional que ceda ante las demandas soberanistas, pero todo dentro de un orden prefijado donde, en detrimento del pueblo español y la nación española, los de siempre sigan con su negocio o poltrona. El espectáculo muchas veces precede a un consenso anterior.
No obstante no todas las variables pueden ser controladas por los promotores del espectáculo, sobre todo cuando hablamos de personas con identidad, porque ante los intentos totalitarios de manipulación del hombre existe una verdad y esa verdad es la que nos hará libres nuevamente. Para Debord "en el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso" y ese momento verdadero puede ser clave en la propia evolución de la humanidad.
La totalidad de la clase política de este corrupto y despilfarrador Estado de partidos es la culpable de los reaccionarios recortes que el gran capital impone. Estos drásticos ajustes abonan el terreno para revueltas populares, éstas están condenadas a ser aplastadas sin contemplaciones por la represión policial y baldeadas por la manipulación mediática, hasta que encaminen y concreten su acción hacia lo político, contra la partidocracia y audaces líderes la dirijan. Frente al cinismo y la violencia de quienes no quieren ceder sus privilegios legales, se encuentra el sentido común y la inteligencia que los deslegitima, evitando sus dramáticos planes soltando lastre estatal; supresión del Senado, del caciquismo autonómico, de las subvenciones a partidos, sindicatos, ongs y, a los despropósitos culturales y arquitectónicos.
Todo el mundo los sabe, pero no puede haber solución mientras la sociedad, maleducada en el consumo, en el espectáculo de poderes sin control, en la demagogia social y en el oportunismo nacionalista, se limite a especular con prejuicios ideológicos para acabar votando a cualquier lista de partido, sosteniendo al tiránico régimen oligárquico que padecemos y dando cuerda al fraude electoral del sistema proporcional que lo perpetúa. Para solucionar aquello que más nos afecta y concierne debemos tomar conciencia de la realidad, y ésta apunta a razones institucionales, identificando a todos los partidos y sindicatos instalados en el Estado como los auténticos enemigos de la sociedad civil. Todos ellos en complicidad tienen secuestrada la Libertad política colectiva, dejando a la sociedad sin representación ante el Estado.
Para deslegitimar y poner contra las cuerdas el Estado de Partidos es imprescindible la sistemática contundencia de la abstención electoral activa, convirtiendo el pesimismo de la conciencia crítica en optimista voluntad de acción hacia la verdad política. Acción constituyente de la libertad política colectiva. Libertad realizable y vital, fuente de energía social, para alcanzar la apertura de un proceso de libertad constituyente, que permita informar, conocer y elegir el sistema electoral mayoritario a doble vuelta, y las distintas opciones sobre la forma de Estado y de Gobierno, entre ellas la República Constitucional. Sólo con criterios emanados de la libertad colectiva, se puede transformar el egoísmo miserable de la oligocracia de partidos, en la altruista y noble democracia representativa.
La Teoría Pura de la República de Antonio García Trevijano supone una antorcha encendida que desvela la verdad política en las tinieblas de la gran mentira, para que la parte más consciente de la sociedad se guíe, en el momento crucial de la acción colectiva, por el camino que conduce a la República Constitucional, ésta se define en la distinción entre Nación, representada por una Cámara de Representantes elegidos en cada mónada electoral (unos 100.000 habitantes), con potestad de legislar a través del Consejo de Legislación, elegido por la propia Cámara; y Estado, personificación de la Nación, titular del poder ejecutivo, dirigido por el Consejo de Gobierno, designado por el Presidente de la República, elegido en elecciones presidenciales directas. La justicia mantiene la autonomía de la potestad judicial, concretada en el Consejo de Justicia, designado por su presidente, elegido en elecciones directas por los participantes en el mundo judicial. Las inéditas normas de la República Constitucional definen y garantizan el equilibrio entre los tres poderes; el nacional, el estatal y el judicial. También transmite el valor supremo de la lealtad en la política, convirtiendo la lealtad familiar en vecinal, esta en nacional, y a su vez en internacional, por lealtad a la especie y a la naturaleza.
“En el saber, el ser o el estar, el éxito siempre ha venido de la perseverancia”
Antonio García Trevijano
“Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”
Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MCRC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
El estado de absoluta corrupción moral y económica producido por el nefasto Régimen del 78 no puede tener más fin que la propia caída del régimen. Es tan inevitable como la sucesión del día y la noche. Y acaso un amanecer esté más cerca de lo que quisieran los beneficiarios y clientes del estado de cosas actual. Pero a muchos preocupa qué ha de venir ese día y conjuran la idea de la República como la de un fantasma del pasado.
Uno de los grandes enemigos de la III República es la II República. Por un lado están los que identifican la idea republicana con el caos político que desembocó en la Guerra Civil. Por otro, están los que pasean la bandera tricolor cada 14 de abril al tiempo que defienden el Régimen del 78 con uñas y dientes. Y, finalmente, están los infantilizados nostálgicos que sueñan con una repetición de los años 30 del siglo XX. A todos ellos les digo: No a la II República.
La Tercera será una República Constitucional. Esto quiere decir que se dotará de instituciones y medios de elección absolutamente distintos a los conocidos por los españoles hasta ahora. Su presidente lo será también del Gobierno y será elegido de forma directa en circunscripción única de toda España. Los efectos políticos de este medio de elección son extraordinarios. El presidencialismo es la forma de Gobierno más fuerte que existe. Sus enemigos son los que se benefician de la debilidad de la forma de Gobierno actual.
Cada diputado será elegido de forma directa y por su nombre en un distrito de 100.000 habitantes. El vínculo que crea la elección directa del diputado es de tal naturaleza que el electo se verá obligado a hacer lo que quieran sus electores. Y no será así porque de repente los diputados se conviertan en personas decentes en las que se pueda confiar, sino porque su reelección en el cargo dependerá de forma directa de lo que haga como diputado. Elección directa también implica rechazo directo y eso es algo que el aspirante a diputado aprende de inmediato.
Las instituciones de la República Constitucional están diseñadas para la convivencia pacífica entre iguales. Para que todos puedan hacer valer sus derechos frente a quien pueda oponerse a ellos. Y para que uno solo pueda hacer valer sus derechos frente a todos los demás.
Los errores de la II República no tendrán cabida en la futura República Constitucional. La forma de Estado republicana no debe confundirse con uno u otro programa político. El pasado no se repetirá.
Por otro lado, abunda mucho en España una especie que se jacta de habernos salvado de la dictadura. Se dicen nuestros redentores. Y aún peor, se creen a sí mismos. Son sacerdotes de su propia propaganda. Todos ellos presumen de republicanos; todos pactaron con la dictadura; y todos ellos viven de la monarquía. Afirman que son republicanos porque así lo dicen los estatutos de sus partidos, que aspiran a la República o que no renuncian a ella. Mientras tanto, viven de la monarquía sin mover un dedo contra ella.
Socialistas y comunistas monárquicos. Para ver cosas, estar vivo. Yo desafío a todos esos partidos que se dicen republicanos a que digan una sola acción que hayan realizado en los últimos 40 años para acercar un solo milímetro la República.
Estos republicanillos de 14 de abril y de insignia tricolor en la solapa de sus chaquetas monárquicas son los que impiden que conquistemos la República. Son los sostenedores de la monarquía. Han articulado su discurso en el victimismo de la pérdida de la Guerra Civil. Se definen a sí mismos como los perdedores que tienen derecho a ser compensados por ello. No quieren ganar una República nueva y moderna, sólo quieren vivir a costa de que se perdiera la vieja. Con ello satisfacen su cartera y, con ella, su contento.
La República Constitucional no será una respuesta política que de satisfacción a uno u otro colectivo. Se cubre de infamia quien pretende que el republicanismo sea el patrimonio particular de una u otra ideología. La III República será de todos los españoles por igual.
Los nostálgicos que suspiran por el pasado deberán despertar al presente y apartarse para que conquistemos el futuro. El siglo XXI no será el siglo XX. La III República no será de los trabajadores ni de los banqueros ni de los partidos. La III República será de todos los españoles.
Giovanni Sartori: «El islam es incompatible con Occidente»
Giovanni Sartori es uno de los pensadores más críticos con la integración de los musulmanes en Europa: «A quienes no aceptan nuestras normas se les debe colocar en la frontera»
Giovanni Sartori, Premío Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2005 - A. García11(Recietemente fallecido a los 93 años de edad)
«Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible».
En esta larga entrevista, Giovanni Sartori, de noventa y dos años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como «Partidos políticos» o «Teoría de la democracia»-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, superpoblación, etcétera.
Ideas proféticas
Profesor en Florencia, su ciudad natal, y en Stanford, Harvard, Yale y Columbia, con nueve «laureas honoris causa» y numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), ha escrito con estilo vivaz y muy directo ensayos que han abierto grandes debates: «Qué es la democracia» (1997); «La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros» (2001); »Homo videns: la sociedad teledirigida» (1998). Publicó su último libro en junio pasado: «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro».
Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso «renegar de nuestra cultura», media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. «Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones».
Falta de respeto
Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.
En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras dos ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90 por ciento de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.
«La Unión Europea es un monstruo, una entidad muerta. No es capaz ni de parar la inmigración»
Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: «La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad».
¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: «El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular».
Sentido común
¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: «Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia»; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: «El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta».
A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: «A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa».
Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: «La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común». Refugiados africanos son conducidos a tierra tras ser rescatados por la Armada italiana el 8 de junio de 2014- Massimo SestiniLa integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, «el islam no tiene capacidad de evolución». Cita, por ejemplo, a la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».
En peligro
La inmigración actual se está produciendo sin un flujo ordenado, porque, aparte de la que tiene motivaciones económicas, es fruto de guerras. Ante la suspensión de los acuerdos de Schengen en algunos países hasta ahora muy favorables a la inmigración, como Dinamarca o Suecia, Sartori indica: «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura».
En definitiva, sostiene Sartori que «Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico». Hace ya quince años que, en el «Corriere della Sera», Sartori afirmó que estábamos asistiendo a «una guerra inédita con cuatro características: terrorista, global, tecnológica y religiosa». Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: «En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo».
«No se puede practicar una política de puertas abiertas, como cree alguna izquierda»
«Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política». ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: «Veremos. Este es un mundo que se está suicidando».
Sartori está escribiendo la segunda parte de «La carrera hacia ninguna parte», ensayo para el que pensó otro título, «La carrera hacia la ruina». «Caminamos sin ideas sobre cómo progresar con tantos como somos, demasiados…», dice. Precisamente, «la superpoblación es el cáncer de fondo de nuestra sociedad». Es una de sus grandes preocupaciones, a la que dedicó «La tierra explota, superpoblación y desarrollo» (2003).
Especialmente crítico con la Unión Europea, asegura: «Es un monstruo. La Europa de los 28 es una entidad muerta, no existe. No es capaz ni de parar la inmigración. En mi nuevo libro aporto soluciones: Europa necesita un presidente experto en economía».
El «tranquilismo»
«Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el “tranquilismo” que conducen a no hacer nada».
No se siente solo el profesor Sartori desde el punto de vista intelectual. Coincide con su duro diagnóstico europeo el sociólogo francés Alain Touraine, que acaba de recibir en Italia el Premio Nonino como «maestro de nuestro tiempo»: «Los países europeos son hoy incapaces de integrarse completamente en la economía mundial y globalizada. Acabo de volver de California y me ha impactado, hablando con los americanos, que para ellos el mundo de mañana se refiere solo a EE.UU. y China. Han abandonado Europa. No nos toman en serio. Para ellos somos solamente un destino para sus vacaciones».
Desde el punto de vista sentimental, Sartori siempre tiene cerca, también durante esta conversación, a su mujer, Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa, de la que le separan «solo» treinta y nueve primaveras. ¿La receta de la convivencia? «Buen humor y no preocuparse por el paso del tiempo». Así concluye la entrevista el viejo y sabio profesor, que ha sembrado cultura política en la derecha y la izquierda, y que todavía tiene mucho que enseñar: «Al menos espero acabar este libro. Después, basta. No soy infinito».
Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MCRC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
El lenguaje socialdemócrata invade todas las capas de la conversación. Ha calado con su demagogia en los diferentes grupos sociales, profesionales, familiares… El bálsamo de toda expresión para dulcificar o para hacer más amable cualquier manifestación humana es que sea “democrática”. Este adjetivo inunda las argumentaciones sobre lo que se debe hacer en todo momento. Hay que tener unos presupuestos del Estado “democráticos”, hay ser “democrático” en una conversación, todo español tiene derecho a una vivienda de forma “democrática”. Y ese candor a la hora de usar este término esconde una burda tergiversación de la realidad. La realidad no es democrática.
Somos nosotros, en nuestra forma de organizarnos políticamente, los que creamos este sistema de gobierno. Pero sólo en ese aspecto, el político. No tiene ningún sentido aplicar este concepto a otras organizaciones que no funcionan de forma democrática: el ejército, la iglesia, la sociedad o el estado. Estas asociaciones voluntarias, encaminadas a un fin, están sujetas a unas reglas que no se ajustan a mecanismos democráticos. ¿Y cuáles son los requisitos necesarios para que entendamos que una organización es democrática?:
Que todos los participantes lo hagan en condición de igualdad
Que los asuntos sean dentro de la esfera política
Que las decisiones se tomen votando por mayoría
Apliquen este esquema y se darán cuenta de que prácticamente todos los días escuchan este término mal empleado. Pero el constante error no lo veo causado por desconocer estos presupuestos básicos. El error está en confundir sociedad política con sociedad civil. Una confusión que está muy ligada al error de confundir público con privado y que ha llevado a tanta corrupción en España.
La sociedad no es democrática. Sus miembros pertenecen de forma voluntaria, pero no se organiza de forma democrática. Que haya modas, que se hable con cierto acento, que sea más conservadora o muy trabajadora… la sociedad se desarrolla sin una votación que decida qué aspecto social es el que la define. Pienso en el terror de que alguien quiera imponer a los demás cómo vestir, qué pensar, qué hacer con nuestro dinero ¿no sería horroroso? Es lo más parecido a una dictadura que se me ocurre. Pues estas aberraciones surgen de creer que se puede moldear la sociedad previamente, un pensamiento usualmente revolucionario que ya viene de 1789. Aún hoy se sigue confundiendo la idea de democracia política con la democracia social y de esas utopías provienen los totalitarismos más aberrantes del siglo XX.
La democracia es fruto de la libertad política. Ni el estado, la iglesia o la sociedad funcionan mediante la libertad. Pueden tener normas o costumbres que faciliten o restrinjan derechos materiales, individuales, como el de expresión, reunión, manifestación, etc. Pero el terreno de la libertad, asegurada por los tres presupuestos antes citados, es el de la política. Hablamos del poder gobernado de forma democrática, es decir, con separación de poderes y verdaderos representantes de la sociedad civil.
Si asumimos con propiedad la palabra “democracia”, hablaremos con más responsabilidad y entenderemos mejor porqué en España no hay democracia. Una pista nos la puede dar el hecho de que se repita tanto y en todos sitios, como si hubiera la necesidad de autoconvencerse de que vivimos en otra realidad. Un engaño que está siendo explotado por los ladrones de la libertad política.