Ser difamado por el estado de partidos, y sus voceros, es un verdadero honor, prueba de la falsedad de la acusación y de que la persona difamada, es una persona virtuosa a la que se teme. Como en este caso, que don Antonio García-Trevijano cuenta con todas las virtudes, entre ellas, el valor, la inteligencia, la honradez e integridad moral, y sobre todas, como su propia naturaleza, la lealtad a la verdad. Y la primera verdad es el principio de la libertad política, que descubre y persigue en su partícular y fundamental lucha, la necesidad específica de hacerla colectiva.
La difamación es en sí una traición a la verdad, la lealtad y la libertad colectiva, una constatación del miedo a que prospere la abstención del voto como forma de derrocar a la partitocracia y, en definitiva, un honor para quienes lo perseguimos. Y habría que agradecer a los difamadores, traficantes de la injusticia y la mentira, por un doble favor: si ya se había demostrado la difamación a don Antonio en el tema de Guinea [1], el quererla ahora revivir, no hace sino enterrarla definitivamente y multiplicar la fidelidad al fundador del Movimiento Ciudadano hacía la República Constitucional, así como la consciencia y lealtad a sus ideas, de manera inquebrantable. Ahora somos miles los buscadores y defensores de esa verdad que nos hará libres, y si difaman a don Antonio, un hombre recto, artífice de la libertad colectiva, nos atacan a todos nosotros.
Lo que se pretende con esta difamación es acallar la liberad política, y su fundamento, que enuncia un principio ético de aplicación universal: a saber, la imposibilidad de ser libre si los demás no lo son, y alcanzar el verdadero valor de la justicia en ambos sentidos de esta palabra, el moral individual y el social en la esfera de sus relaciones humanas conforme a un sistema gubernativo íntegro y legítimo en el sentido pleno y más absoluto de estos términos: la democracia formal, y como forma de estado la República Constitucional [2]. Debe tenerse presente que, el término libertad colectiva, implica la responsabilidad del hombre ante él; porque no ha sido otorgada esa libertad por un poder superior, el concepto susodicho comprende, en la fórmula más concisa que pueda imaginarse, la totalidad de las Libertad verdaderas, órdenes y prohibiciones éticas, y representa la base y la fuente de toda la moralidad y también el mensaje central e inmutable de toda Constitución.
Ser repúblico exige toda acción, en estos momentos la abstención electoral activa, de una forma leal y valiente, y como libertad colectiva, la meta y su fuerza de apoyo. Llegada esta verdad, se desvanece la demagogia política y cualquier ofensa consciente contra una verdad fundamental y su creador es un vicio. Por ende, logra una intuición más profunda del mundo, de las verdades elementales y una comunicación con todo lo que es sagrado.
El MCRC a diario restituye la salud política, resuelve dudas a quienes somos sus asociados, mientras que a los oligarcas del régimen no hace sino ponerlos en evidencia por sus defectos, como ahora con sus difamaciones. “El observador agudo debe sopesar lo que ve y ser balanza de su búsqueda y de su indagación.” [3]
Referencias:
[1] A. García-Trevijano, Toda la verdad. Mi intervención en Guinea, Ediciones Dronte (1977).
[2] A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, y Teoría Pura de la Democracia, Editorial MCRC (2016).
[3] Ibn Jaldún, Introducción a la Historia Universal, Almuzara (2008), p.-36.
Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MC RC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
Vota, español, vota y hazme esclavo a mí también.
Vote usted, pensionista, y cávese su propia tumba, ya que se quedarán también con ese dinero que debería ser sagrado.
Vota, chaval de dieciocho años, ya tienes edad para ello. Pero si tienes honor, orgullo y el cerebro te funciona, medítalo un poco.
Votad, cachorros del consenso del 78, camarilla de traidores, votad ya que ese es vuestro alimento y esperanza de un futuro aún mejor.
Vota, trabajador explotado con un sueldo de miseria. Vota para que cada año esa paga sea menor y tengas además que agradecer no estar en la calle.
Por supuesto, parado, vota también, vota si quieres continuar en esa triste situación.
Votad todos, irresponsables, votad, seguid votando. ¿Cuántas elecciones a Cortes (atención, a Cortes, o sea, para elegir al poder legislativo, no al presidente) llevamos en España desde la muerte de Franco? Son ya bastantes, demasiadas. Cuánto tiempo más vais a seguir repitiendo que estamos mejor que antes. ¿En qué sentido mejor? Que hay más tecnología, quizá. ¿Qué más? Honor no hay, el orgullo malvive en cuatro personas vetadas, ignoradas y temidas por la sociedad; la decencia pasó a mejor vida; el paro se extiende sin remisión y no vamos a salir de ahí votando precisamente. Para comprar una casa hay que endeudarse de por vida, eso si hay suerte y no les legamos la deuda a hijos o nietos. Los sueldos son exactamente los mismos que a finales de los años ochenta, cuando los productos costaban muchas veces menos. La patria está dividida, con unas comunidades artificiales creadas a la medida de los traidores para repartirse toda la riqueza de España de aquel momento y del futuro hasta que todo, un día, reviente. Estos irresponsables que dirigen el país sin control de su poder y sin rendir cuentas jamás por sus fechorías, como no tienen suficiente, han tenido que avivar todos los odios a los que los españoles somos aficionados, y vivimos una especie de guerra civil sin disparos, pero guerra al fin y al cabo. Está ahí, a diario, en todos los periódicos, en todos los programas de televisión, en cada mitin del político de turno.
¿Por qué les escucháis? ¿A qué se debe que les sigáis poniendo en su poltrona de poder una y otra vez a través del voto? ¿Sois acaso masoquistas? ¿Jamás vais a tener suficiente?
Es probable que sea demasiado tarde, pero alguna vez habrá que empezar a deslegitimar a estos vividores de un régimen de poder dictatorial disfrazado de democracia.
Os han lavado el cerebro con la cantinela de la fiesta de la democracia, que es solo fiesta para unos pocos, los que rentabilizarán cada voto en euros, muchos euros. Vosotros estáis fuera de esa fiesta, no os querrán después, una vez metida la papeleta. Podréis quejaros en el bar, protestarle al vecino en el ascensor, asquearos cuando encendáis el televisor, desesperaros en cuanto sintonicéis vuestra emisora habitual… Todo va a seguir igual, ellos van a seguir robando y hundiendo al país, pero con vuestra colaboración inestimable, con vuestros legitimadores votos, millones de ellos. No podréis quejaros luego. Y no nos digáis, eso nunca, que no nos quejemos nosotros, los que no participamos en el Gran Engaño, en el Gran Juego, en la Gran Mentira. No, no se os ocurra acusarnos de algo que es culpa del que colabora, del que vota, del que legitima todo esto, del que se corrompe moralmente al votar un régimen que apesta y que odia, pero aun así lo sigue manteniendo por miedo a no sabe qué. Yo sí sé a qué tenéis miedo. A la libertad, a ser libres de una maldita vez, a decidir vuestro futuro, a ser responsables y no dejar que sean otros (siempre los peores) los que manejen vuestra vida. Si conseguimos que la libertad política llegue a España, votaremos con libertad, ahí sí elegiremos al fin. No os preocupéis si sois tan aficionados a meter papeletas en urnas, lo haréis también. Pero antes hay que limpiar esta casa, poner orden y darnos unas reglas de juego justas, para todos igual, sin una sola excepción, decidiendo qué forma de estado queremos y qué forma de gobierno.
Si preferís seguir, como me temo, enfangados en este estercolero nauseabundo del que no hay salida, acudid a las urnas el día 26 y haced felices a los oligarcas, a los jefecillos de partido, a los directores de medios de comunicación y, sobre todo, a Fernando Savater.
Verdades y mentiras sobre la transexualidad / Qué dice exactamente la ciencia
¿Tienen los niños pene y las niñas vagina? como pone en duda Cifuentes, Carmena, Arcópoli y quienes han atacan al autobús de HazteOir.org. No le demos más vueltas. Veamos lo que dice la ciencia médica al respecto.
No existe el tercer sexo. Sino dos únicos sexos: varón y mujer. Y el transexual, término que introduce en la Medicina el endocrinólogo norteamericano Harry Benjamin, se refiere a pacientes con patologías congénitas, pero no a la existencia de un tercer sexo. De hecho, Benjamin consideraba que la persona de sexo ambiguo debía ser tratada y corregida de acuerdo con la identidad de género predominante: o varón o mujer.
Pero con el tiempo, el término médico ha ido distorsionándose en manos de los colectivos LGTB hasta adquirir un significado social, cultural y política que poco o nada tiene que ver con aquellos casos patológicos –por otro lado, sumamente excepcionales, como acredita la literatura médica-.
Resumimos en diez puntos lo que la ciencia dice al respecto.
Las personas nacen varones y mujeres, no hay término medio.- Lo primero que constatan la Medicina (a través de la genética, urología, ginecología, pediatría) es que las personas nacen o varones o mujeres, no existe término medio. ¿Por qué?
Y es binaria por definición porque su finalidad más elemental no es otra que la reproducción y crecimiento de la especie. Un principio evidente por sí mismo.
No nacen niños con vulva y niñas con pene. Los primeros nacen con los atributos sexuales masculinos y las segundas con los femeninos. Así lo certifican urología, la ginecología y la pediatría.
Otra cosa es que posteriormente se operen los genitales, pero es científicamente inexacto decir que nacen niños con vulva y niñas con pene.
La identidad sexual es un hecho objetivo enraizado en la naturaleza específica de la persona, que abarca mucho más que los genitales
Operarse no equivale a cambiarse de sexo.- Es preciso distinguir entre sexo (que es un concepto amplísimo que abarca lo psicológico y no sólo lo hormonal) y la genitalidad. Una persona puede cambiarse los genitales pero no el sexo. Porque la identidad sexual es un hecho objetivo enraizado en la naturaleza específica de la persona, que afecta a numerosos aspectos y no sólo a los niveles hormonales o genitales.
Eso significa que hay varones que se operan pero siguen siendo varones, pero sin el aparato reproductor masculino y mujeres que se operan pero sigue siendo mujeres, pero con atributos sexuales masculinos.
Algunos padecen trastornos de ambigüedad genital, pero siguen siendo varones (ellos) y mujeres (ellas).- Existen trastornos de ambigüedad genital o anomalías de los cromosomas sexuales.
Se trata, por ejemplo, de la feminización testicular, llamada también Síndrome de Morris o síndrome de insensibilidad de los andrógenos.
Y se da la hiperplasia suprarrenal congénita, trastorno que afecta las glándulas suprarrenales, las cuales producen hormonas, como el cortisol, la aldosterona o las hormonas sexuales.
Las niñas que tienen ese trastorno podrían nacer con genitales ambiguos. Es decir, que sus genitales pueden parecer más de hombre que de mujer. Pero no son de varón.
Eso no significa que en esos casos, los varones carezcan de testículos y pene y las hembras de sus órganos reproductores. Cada uno tiene los órganos reproductores propios de su sexo, pero pueden ser más pequeños de la normal, estar atrofiados o estar ocultos.
Y además son estadísticamente poco relevantes.- Se trata de desviaciones de la norma sexual binaria, raros e infrecuentes: Pueden llegar a un caso de cada 99.000
Este tipo de trastornos son muy raros y aislados, como se puede comprobar en el catálogo de trastornos genéticos de Omin (Online Mendelian Inheritance in Man). Se trata de desviaciones (término médico sin connotaciones despectivas) de la norma sexual binaria, como quien nace con malformaciones congénitas. Pero numéricamente son muy excepcionales. Tanto que son estadísticamente poco relevantes (desde 1 caso por cada 1000 hasta 1 de cada 99.000).
Así, entre las anomalías de los cromosomas sexuales, como por ejemplo el síndrome de kinefelter 48, XXXY (infertilidad y testículos atróficos) la incidencia es de 1 por cada 25.000 varones; o el hermafrodistimo verdadero (es decir que son cromosómicamente mujeres pero fenotípìcamente varones) la incidencia es de 1 por cada 20.000.
En el caso de las mujeres, tenemos el síndrome de Swyer, una disgénesis gonadal por la que no llegan a desarrollar características femeninas secundarias, y la incidencia es de una cada 20.000.
Y respecto a la mencionada feminización testicular, anomalía en los genes que intervienen en el desarrollo sexual, la incidencia llega, según algunos autores, a 1 por cada 99.000 varones.
Otras anomalías son tan excepcionales que los rarísimos casos que se han dado no son suficientes para elaborar estadísticas: como el pseudohermafroditismo masculino (técnicamente hipospadia seudovaginal perineoscrotal) o la hipoplasia de las células de Leydig.
Cuadro de Adán y Eva
Las intervenciones quirúrgicas en los casos de ambigüedad sexual no son para cambiar de sexo, sino confirmar el sexo dominante.- No es lo mismo operarse porque alguien dice que se siente varón en cuerpo de mujer o viceversa (es decir no por problema físico sino psicológico) que operarse para reconducir una sexualidad ambigua. Es el caso de quienes nacen con hiperplasia adrenal congénita (una variante de la cual es el síndrome de insensibilidad andrógena), los que sufren mosaicismo, quimerismo u otra causa congénita de identidad sexual mixta.
En estos casos la cirugía sirve para confirmar a una persona en el sexo “dominante” y, por lo tanto, para corregir una condición patológica. En puridad, eso no sería cambiar de sexo sino más bien confirmar lo que era originariamente ambiguo.
La disforia de género es otra cosa: es un problema psicológico, no físico.- Es cierto que determinadas personas dicen identificarse con el otro sexo, pero ese no es un problema genético o físico, sino psicológico.
De hecho, siguen siendo varones y mujeres, porque nadie nace con un género, sino con un sexo biológico. El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo.
En esos casos se puede hablar de disforia de género. Un trastorno psicológico recogido en el Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría. Pero ellos tienen pene y ellas vagina. Y su problema no se soluciona sometiéndose a tratamiento hormonal o pasando por el quirófano.
Paul R. McHugh
En unas declaraciones a Actuall, el catedrático de Genética, Nicolás Jouvé señalaba que tal cosa “supone un abuso total” pues lo que hacen “las campañas de la Ideología de Género es tomar casos patológicos y además sumamente raros, para justificar la idea de que se puede elegir el sexo a voluntad, y para manipular a los menores y a los padres”
Es un grave error hormonar a adolescentes que dicen ser transgénero.- Ese tipo de trastornos de disforia o de confusión de la sexualidad son transitorios y pueden remitir en la edad adulta, por lo que resulta contraproducente hormonar a púberes o adolescentes insatisfechos con su género.
La inmensa mayoría de niños y niñas que durante la infancia confunden su género, terminan aceptando su sexo biológico una vez pasada la pubertad. Hablamos del 98% de los varones y del 86% de las mujeres. Así lo subraya el Colegio Americano de Pediatras.
Resulta, por lo tanto, contraproducente someter a adolescentes a operación de cambio de sexo o la administración de hormonas sexuales como la testosterona y los estrógenos del sexo opuesto, porque la confusión de género de la infancia se suele corregir después de la adolescencia.
No se les impone una dieta de reducción de peso a quienes tienen una percepción irreal de sí mismos, como los anoréxicos
Como subrayaba el profesor Richard B. Corradi, (profesor de Psiquiatría de Cleveland) en un trabajo publicado en The Federalist, es contraproducente hormonar a esos adolescentes o someterles a cambio de sexo, del mismo modo que no se les impone una dieta de reducción de peso a quienes tienen una percepción irreal de sí mismos, como las que se creen obesas. Y de hecho, se diagnostica la anorexia como un trastorno psiquiátrico y se la trata apropiadamente con psicoterapia.
Y aún es más grave someter a estos tratamientos a niños preadolescentes cuyo pensamiento prelógico difumina los límites entre la fantasía y la realidad.
El apoyo de los poderes públicos a la transexualidad equivale al “abuso infantil”. Así de tajante se expresa la doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegio Americano de Pediatras. Estas son sus palabras: “cuando las instituciones académicas, médicas y otras de carácter público promocionan la toma de hormonas tóxicas y la extirpación quirúrgica de partes del cuerpo sanas como parte de la asistencia sanitaria para los niños acaban involucrados en el abuso infantil institucionalizado”.
El Colegio Americano de Pediatras publicó en marzo de 2016 una declaración que desacredita la ideología de género y recoge los datos científicos y médicos que muestran que transgenerar a los menores “daña a los niños”.
Alentar el cambio de sexo puede abocar a los menores a un destino con graves riesgos de salud.– Es importante que los padres sepan que las tasas de suicidio son veinte veces mayores en los adultos que usan hormonas del sexo opuesto y/o se someten a una cirugía de cambio de sexo.
De forma que alentar el cambio de sexo en menores equivale a abocarles a un futuro con graves riesgos para su salud. Así lo advierte el Colegio Americano de Pediatras: muchos niños elegirán una vida “llena de hormonas cancerígenas y de productos químicos tóxicos nada recomendables para la salud”; y muchos de ellos “elegirán la mutilación quirúrgica, innecesaria, de partes de su cuerpo perfectamente sanas en su juventud”
Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MC RC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
Las personas que tenemos conciencia política le damos a nuestro derecho político al voto una importancia capital. Cuando los que nos rodean se dan cuenta de que no votamos, de que somos abstencionistas, nos afean nuestra conducta con frases como: -¨Votar es tu deber cívico como ciudadano. Si no votas, luego no te quejes¨-, repiten, orgullosos y satisfechos con los ojos de lo político tristemente vendados.
Sin embargo, esos que nos reprenden por nuestro abstencionismo no conocen la profunda tristeza que sentimos al tener que decididir, debido a nuestra coherencia, el privarnos voluntariamente del acto sustancial de la libertad política democrática que es nuestro derecho de sufragio.
Debido a nuestro conocimiento técnico de las reglas del juego democrático y de la verdad, nos parece un insulto a la inteligencia que nos digan que el votar es nuestro deber cívico, como nos ha intentado tatuar en la mente de manera falaz y al mas añejo estilo goebbeliano el aparato propagandístico de la partidocracia dominante, chantajeándonos para que pensemos que si no ejercemos ese derecho es por que somos malos ciudadanos no merecedores de su ¨democracia¨ y que si no votamos a alguno de los partidos estatales es porque somos unos párias antisistema. Pues no, señores. Los españoles con derecho a voto que hoy somos abstencionistas lo somos a disgusto y por la fuerza, porque nuestra coherencia política nos impide consumar un acto que ataca directamente al corazón de nuestros principios democráticos puros y formales: la representación y la separación de poderes.
¨¡Votad en blanco, pero votad!, ¡Votad malditos!¨, nos ladran espásticos desde sus medios, sabedores que nuestro voto legitima su estatus. ¡Qué más quisieramos que ejercer nuestro derecho al voto! Pero, ¿ cómo votar si no existe libertad política? Con Franco también se votaba, con Stalin se votaba, con la partidocracia monárquica se vota, pero ese voto está viciado de impureza, falto de veracidad democrática, ese voto se prostituye al apoyar una lista de un partido.
Señores, ¡que lo que nosotros queremos es votar a quien nos represente! ¡que únicamente nos puede representar un diputado de circunscripción elegido por mayoría absoluta y a doble vuelta si hiciera falta! ¡que no estaremos representados a no ser que nuestro diputado lleve mandato imperativo nuestro y podamos revocarlo si nos parece necesario!
Los abstencionistas españoles de hoy, tenemos un respeto enorme por nuestro voto y por la DEMOCRACIA F-O-R-M-A-L , con reglas de juego justas, lejos de bastardos sistemas proporcionales que no nos representan, y le damos un valor primordial a nuestro voto puesto que si en unas elecciones lo entregásemos a algún representante es como si nos entregásemos nosotros mismos, nuestros intereses y los de nuestras familias para que nos defiendan a NOSOTROS en nuestra CIRCUNSCRIPCIÓN desde su escaño en una Asamblea Nacional, y no defiendan los intereses de un partido político estatal y su pléyade de amiguetes apesebrados.
Por eso cuando nos dicen que votar es un deber cívico nos escandalizamos porque sabemos que ni la Constitución Española de 1978 es democrática, puesto que no establece una separación de poderes en origen (el legislativo elige al ejecutivo, y respecto al judicial sólo hace referencia a que los jueces actúen en conciencia-como si hubiera otra manera-) , ni la ley electoral D´Hondt es representativa, puesto que al establecer la representación en proporcionalidad, deja irrepresentados a los ciudadanos.
Votar no es un deber cívico, es un derecho político, y ese derecho político está siendo constantemente mancillado, manipulado en beneficio própio partidista elecciones tras elecciones por una casta política que se alimenta de esa ignorancia y de ese ansia de los ciudadanos que creen que poder votar es vivir en democracia cuando lo que viven es en un régimen de libertades civiles, que no políticas.
Por eso es importante para España, para sus familias, para sus parados, para sus profesionales, para sus trabajadores, para los jubilados, para TODOS, que comenzando éstas elecciones por los andaluces, los más castigados por el paro, hagamos entre todos un ejercicio de RESPONSABILIDAD y demostremos MADUREZ POLÍTICA, ejerciendo la ABSTENCIÓN activa.
Por que nuestra abstención, de una manera revolucionariamente pacífica, les niega el pan y el agua al DESLEGITIMARLOS. Porque NO NOS REPRESENTAN. Por eso las personas de bien, responsables , demócratas y maduras, hoy, NOS ABSTENEMOS.
De manera que si alcanzamos una masa crítica de abstención de alrededor del 60%, esa montaña inamovible de la partidocracia monolítica será removida en sus cimientos hasta su derrumbamiento por ilegítima y sustituida por una democracia moderna, que a través de unas Cortes Constituyentes pueda dar a los ciudadanos la oportunidad de decidir la forma de Estado en al que quieren vivir, un régimen de libertad colectiva con poderes separados en origen y con verdaderos representantes de los ciudadanos que defiendan circunscripciones (mónadas) de unos cien mil habitantes.
Y, sobre todo, que los que llevamos queriendo poder votar desde que tenemos uso de razón y edad legal para ello, podamos hacerlo finalmente en democracia FORMAL.
Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MC RC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
Las ‘elecciones’ generales en España el 20D
Publicaba el lunes, 14 de diciembre, Jordi Évole, popular entrevistador y comunicador (y que dirige un programa que dicen que tiene mucha audiencia en la cadena de televisión La Sexta) un artículo con el título: “¿Y si además de protestar nos da por votar?” donde de forma indirecta, aunque bastante explícita, solicita la participación de sus compatriotas en las votaciones generales del 20D. Semejante pregunta, por inapropiada, merece una contestación que, además, pueda servir para contestar algunas de las preguntas que muchos de los inscritos en el censo ‘electoral’ tal vez se estarán haciendo en estos días previos a la recogida de las papeletas, por medio de las urnas. Comencemos pues.
Si no voto ¿podré después protestar y exigir cuestiones políticas al estado?
Definitivamente sí. Al contrario de lo que, de forma masiva, se difunde desde la casi totalidad de los medios de comunicación españoles y por supuesto, desde todos sus partidos estatales, el hecho de abstenerse, de no participar en la ceremonia de los votos, supone una protesta activa y evidente a las reglas de juego pactadas y que son la causa de la flagrante corrupción económica y moral actuales.
Los efectos de este régimen son numerosos y manifiestos (empobrecimiento de las clases medias, niveles alarmantes de paro, desahucios, un tejido empresarial no productivo y con ausencia casi total de emprendimiento e innovación, pérdida de hegemonía cultural y política a nivel global, etc). Del asunto se habla continuamente en casi todos los periódicos y medios televisivos, pero en ninguno de ellos se abordan las causas (que se evitan por motivos evidentes).
Abstenerse en el ‘juego’ de los votos nacionales, no solo es necesario sino que debe ser un ejercicio de coherencia frente a la corrupción. Si votas, después no te podrás quejar de los efectos producidos por este sistema, no democrático, ya que habrás contribuido con tu papeleta, a sostenerlo.
Pero ¿no es cierto que es un deber el ejercitar el derecho al voto en una democracia?
En primer lugar, y siendo objetivos, España no es una democracia. Sus reglas de juego no son las de una democracia formal donde, por definición, el poder reside en el pueblo. España es un estado de partidos o partidocracia si se prefiere. El poder reside en los partidos políticos, facciones estatales, financiadas todas ellas por el Estado y por tanto, sometidas al consenso de una oligarquía política de jefes de partido.
En segundo lugar, votar no es un deber sino un derecho. Por lo tanto, y como cualquier otro derecho, obedece a la libertad del propietario del mismo, ejercerlo o no. Un derecho jamás puede ser, a la vez, un deber.
A lo largo de siglos de historia, de enfrentamientos, de idas y venidas y como producto del debate entre cientos de filósofos y pensadores, se han establecido las bases imprescindibles para conformar una democracia. Deben darse como mínimo dos requisitos imprescindibles: representación y separación de los poderes desde el origen (mediante elecciones separadas).
A pesar de que, mediante la propaganda, se difunda y popularice el término ‘democracia’ en todos los medios, escuelas y universidades, el régimen de poder español no es, ni ha sido nunca en su historia, una democracia.
¿Porqué no hay representación en el sistema español?
En España, la sociedad civil (formada por todos aquellos que no son parte de la sociedad política) elige entre las listas de partidos (cerradas o abiertas), creadas por las cúpulas o los dirigentes de cada facción y por lo tanto, como sujeto votante, no puede elegir nada, tan sólo refrendar una serie de nombres impuestos y/o propuestos desde cada una de las facciones que son financiadas con los impuestos de todos los españoles. Esto impide que se pueda elegir a los representantes, personas individuales, que recojan la voluntad de sus representados y así la hagan valer en el debate político, con unos criterios inamovibles y quedando sometidas a un contrato vinculante que las obligue en sus decisiones. Algo que se conoce como mandato imperativo.
Pero estoy cabreado, como dice Jordi Évole, ¿no debería hacer algo?
Por supuesto. Si eres un ciudadano que defiende unos valores morales, y la corrupción y la situación económica actual te producen un profundo rechazo, debes hacer algo coherente con ese hecho: abstenerte. Ejercita tu derecho a NO votar y de este modo, activamente, de forma plenamente consciente y premeditada, expresa tu desagrado e intención de cambiar las cosas. El régimen actual, apoyado por el consenso de todos los partidos, busca la reforma, cambiar las cosas parcialmente, para que finalmente queden de la misma forma que estaban antes. Es decir, defiende mantener un sistema basado en la corrupción y donde la voluntad colectiva no pueda ser expresada en ninguna forma. El estado de partidos acalla la voz de la sociedad civil. Todos los partidos actuales, de forma inevitable, defienden un sistema que legitima su poder y les permite continuar en su estatus actual; una situación jurídica diferente a la de todos los demás individuos que componen la sociedad civil.
Yo soy de izquierdas/derechas, algunos de los partidos dicen representar intereses que coinciden con los míos ¿no debería apoyarlos?
En España no existe lo que comúnmente se denomina izquierda o derecha porque no hay libertad política. Al no existir representación, los partidos, sometidos como están a una disciplina jerárquica interna (y que es inevitable en cualquiera de ellos) tienen intereses que se basan en la lucha de poder y la defensa del estado actual, que alcanzan mediante el consenso, el pacto con otras facciones y de esta forma, pretenden dominar el escenario político practicando, mediante la corrupción, un caciquismo que les asegura una posición de cierto dominio. Ninguno de los partidos es libre en sus decisiones, todos se deben al consenso y a la tutela de la corona que es el origen único de lo que hacen llamar ‘constitución española’. Todos heredan unas reglas impuestas desde unos poderes preexistentes y que amplían la dictadura anterior, otorgando una serie de libertades individuales e invitando a nuevos actores a participar del control del estado.
Todas las personas tenemos ideales y/o intereses particulares que pueden coincidir mas o menos con lo que se ha dado en llamar izquierda o derecha política, y por esto la forma civilizada de expresarlo es mediante la elección de representantes, personas físicas, elegidas mediante una votación (a doble vuelta posiblemente). Los diputados actuales, que son elegidos por los partidos a los que pertenecen, tienen una disciplina de voto y en consecuencia, no están obligados por ningún colectivo civil o ciudadano y si por las directrices marcadas por sus dirigentes, sus superiores en una escala jerárquica.
Entonces ¿que hago? ¿como va a conseguir mi abstención cambiar nada?
El fin primero de la abstención no es cambiar nada, simplemente es la consecuencia lógica y coherente cuando se conoce el funcionamiento de este sistema y se es honesto y fiel a unos principios universales y no ideológicos de convivencia. Pero más allá de esto, la abstención, realizada de forma masiva, en cantidad suficiente (y esto, según diferentes criterios, podría darse a partir de un 60%) privaría al régimen actual de legitimidad, de autoridad moral y, aunque seguiría manteniendo el poder y seguramente gobernando, su situación sería tremendamente frágil y voluble a cualquier evento que se pudiera producir, causando así la quiebra del actual régimen de poder. Una situación deseable y que daría paso a la libertad política colectiva, un periodo de libertad constituyente, en el cual se podría elaborar una constitución que definiera las bases, las reglas del juego y por ello, estableciera la separación de los poderes y permitiera la defensa del individuo frente al poder de las mayorías. Las consecuencias sociales de esto, la democracia material, la situación de bienestar que unos u otros obtuvieran, serían el producto por tanto, de la suma de acciones sus representantes y de sus decisiones; en definitiva, de las ‘jugadas’ que estos realicen dentro de un marco constitucional verdadero que ahora no tenemos.
Si realmente queremos un cambio, no debemos temer que este se produzca y que ello, de forma inevitable, se lleve a cabo mediante una ruptura pacífica con el sistema que actualmente produce los males de los que tanto nos quejamos. Es evidente que debemos cambiar el sistema que tanto daño nos ha causado. ¿Y si, además de protestar, nos atrevemos a NO votar para así poder elegir mas adelante?
Y ahora, corran… ¡¡corran todos a votar!! (si son capaces)