Movimiento de
Ciudadanos hacia la República Constitucional –MC RC
DIARIO
ESPAÑOL De la República Constitucional
Las ‘elecciones’ generales en España el 20D
Publicaba el lunes, 14 de diciembre, Jordi Évole, popular entrevistador y comunicador (y que dirige un programa que dicen que tiene mucha audiencia en la cadena de televisión La Sexta) un artículo con el título: “¿Y si además de protestar nos da por votar?” donde de forma indirecta, aunque bastante explícita, solicita la participación de sus compatriotas en las votaciones generales del 20D. Semejante pregunta, por inapropiada, merece una contestación que, además, pueda servir para contestar algunas de las preguntas que muchos de los inscritos en el censo ‘electoral’ tal vez se estarán haciendo en estos días previos a la recogida de las papeletas, por medio de las urnas. Comencemos pues.
Si no voto ¿podré después protestar y exigir cuestiones políticas al estado?
Definitivamente sí. Al contrario de lo que, de forma masiva, se difunde desde la casi totalidad de los medios de comunicación españoles y por supuesto, desde todos sus partidos estatales, el hecho de abstenerse, de no participar en la ceremonia de los votos, supone una protesta activa y evidente a las reglas de juego pactadas y que son la causa de la flagrante corrupción económica y moral actuales.
Los efectos de este régimen son numerosos y manifiestos (empobrecimiento de las clases medias, niveles alarmantes de paro, desahucios, un tejido empresarial no productivo y con ausencia casi total de emprendimiento e innovación, pérdida de hegemonía cultural y política a nivel global, etc). Del asunto se habla continuamente en casi todos los periódicos y medios televisivos, pero en ninguno de ellos se abordan las causas (que se evitan por motivos evidentes).
Abstenerse en el ‘juego’ de los votos nacionales, no solo es necesario sino que debe ser un ejercicio de coherencia frente a la corrupción. Si votas, después no te podrás quejar de los efectos producidos por este sistema, no democrático, ya que habrás contribuido con tu papeleta, a sostenerlo.
Pero ¿no es cierto que es un deber el ejercitar el derecho al voto en una democracia?
En primer lugar, y siendo objetivos, España no es una democracia. Sus reglas de juego no son las de una democracia formal donde, por definición, el poder reside en el pueblo. España es un estado de partidos o partidocracia si se prefiere. El poder reside en los partidos políticos, facciones estatales, financiadas todas ellas por el Estado y por tanto, sometidas al consenso de una oligarquía política de jefes de partido.
En segundo lugar, votar no es un deber sino un derecho. Por lo tanto, y como cualquier otro derecho, obedece a la libertad del propietario del mismo, ejercerlo o no. Un derecho jamás puede ser, a la vez, un deber.
A lo largo de siglos de historia, de enfrentamientos, de idas y venidas y como producto del debate entre cientos de filósofos y pensadores, se han establecido las bases imprescindibles para conformar una democracia. Deben darse como mínimo dos requisitos imprescindibles: representación y separación de los poderes desde el origen (mediante elecciones separadas).
A pesar de que, mediante la propaganda, se difunda y popularice el término ‘democracia’ en todos los medios, escuelas y universidades, el régimen de poder español no es, ni ha sido nunca en su historia, una democracia.
¿Porqué no hay representación en el sistema español?
En España, la sociedad civil (formada por todos aquellos que no son parte de la sociedad política) elige entre las listas de partidos (cerradas o abiertas), creadas por las cúpulas o los dirigentes de cada facción y por lo tanto, como sujeto votante, no puede elegir nada, tan sólo refrendar una serie de nombres impuestos y/o propuestos desde cada una de las facciones que son financiadas con los impuestos de todos los españoles. Esto impide que se pueda elegir a los representantes, personas individuales, que recojan la voluntad de sus representados y así la hagan valer en el debate político, con unos criterios inamovibles y quedando sometidas a un contrato vinculante que las obligue en sus decisiones. Algo que se conoce como mandato imperativo.
Pero estoy cabreado, como dice Jordi Évole, ¿no debería hacer algo?
Por supuesto. Si eres un ciudadano que defiende unos valores morales, y la corrupción y la situación económica actual te producen un profundo rechazo, debes hacer algo coherente con ese hecho: abstenerte. Ejercita tu derecho a NO votar y de este modo, activamente, de forma plenamente consciente y premeditada, expresa tu desagrado e intención de cambiar las cosas. El régimen actual, apoyado por el consenso de todos los partidos, busca la reforma, cambiar las cosas parcialmente, para que finalmente queden de la misma forma que estaban antes. Es decir, defiende mantener un sistema basado en la corrupción y donde la voluntad colectiva no pueda ser expresada en ninguna forma. El estado de partidos acalla la voz de la sociedad civil. Todos los partidos actuales, de forma inevitable, defienden un sistema que legitima su poder y les permite continuar en su estatus actual; una situación jurídica diferente a la de todos los demás individuos que componen la sociedad civil.
Yo soy de izquierdas/derechas, algunos de los partidos dicen representar intereses que coinciden con los míos ¿no debería apoyarlos?
En España no existe lo que comúnmente se denomina izquierda o derecha porque no hay libertad política. Al no existir representación, los partidos, sometidos como están a una disciplina jerárquica interna (y que es inevitable en cualquiera de ellos) tienen intereses que se basan en la lucha de poder y la defensa del estado actual, que alcanzan mediante el consenso, el pacto con otras facciones y de esta forma, pretenden dominar el escenario político practicando, mediante la corrupción, un caciquismo que les asegura una posición de cierto dominio. Ninguno de los partidos es libre en sus decisiones, todos se deben al consenso y a la tutela de la corona que es el origen único de lo que hacen llamar ‘constitución española’. Todos heredan unas reglas impuestas desde unos poderes preexistentes y que amplían la dictadura anterior, otorgando una serie de libertades individuales e invitando a nuevos actores a participar del control del estado.
Todas las personas tenemos ideales y/o intereses particulares que pueden coincidir mas o menos con lo que se ha dado en llamar izquierda o derecha política, y por esto la forma civilizada de expresarlo es mediante la elección de representantes, personas físicas, elegidas mediante una votación (a doble vuelta posiblemente). Los diputados actuales, que son elegidos por los partidos a los que pertenecen, tienen una disciplina de voto y en consecuencia, no están obligados por ningún colectivo civil o ciudadano y si por las directrices marcadas por sus dirigentes, sus superiores en una escala jerárquica.
Entonces ¿que hago? ¿como va a conseguir mi abstención cambiar nada?
El fin primero de la abstención no es cambiar nada, simplemente es la consecuencia lógica y coherente cuando se conoce el funcionamiento de este sistema y se es honesto y fiel a unos principios universales y no ideológicos de convivencia. Pero más allá de esto, la abstención, realizada de forma masiva, en cantidad suficiente (y esto, según diferentes criterios, podría darse a partir de un 60%) privaría al régimen actual de legitimidad, de autoridad moral y, aunque seguiría manteniendo el poder y seguramente gobernando, su situación sería tremendamente frágil y voluble a cualquier evento que se pudiera producir, causando así la quiebra del actual régimen de poder. Una situación deseable y que daría paso a la libertad política colectiva, un periodo de libertad constituyente, en el cual se podría elaborar una constitución que definiera las bases, las reglas del juego y por ello, estableciera la separación de los poderes y permitiera la defensa del individuo frente al poder de las mayorías. Las consecuencias sociales de esto, la democracia material, la situación de bienestar que unos u otros obtuvieran, serían el producto por tanto, de la suma de acciones sus representantes y de sus decisiones; en definitiva, de las ‘jugadas’ que estos realicen dentro de un marco constitucional verdadero que ahora no tenemos.
Si realmente queremos un cambio, no debemos temer que este se produzca y que ello, de forma inevitable, se lleve a cabo mediante una ruptura pacífica con el sistema que actualmente produce los males de los que tanto nos quejamos. Es evidente que debemos cambiar el sistema que tanto daño nos ha causado. ¿Y si, además de protestar, nos atrevemos a NO votar para así poder elegir mas adelante?
Y ahora, corran… ¡¡corran todos a votar!! (si son capaces)
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Se aproxima el 24 de mayo, el día que se celebrarán unas nuevas elecciones en las que los ciudadanos no elegirán nada. El 24 de mayo se abrirán los colegios electorales, las sedes del fraude electoral de la falsa representación ciudadana. Porque ellos no nos representan, ellos sólo se representan a sí mismos. Los ingenuos y los interesados (todos cómplices de la corrupción del Estado de partidos) acudirán a los colegios electorales para emitir su voto. ¿Qué se encontrarán? Un montón de listas con nombres. ¿Quién habrá incluido esos nombres? Los jefes y los aparatos de los partidos estatales. ¿Qué elige el votante? Nada. El voto mediante el sistema proporcional de listas de partido no es representativo del elector, sino del jefe del partido que ha redactado las listas. El votante se limita a hacer entrega de un cheque en blanco al partido al que vota. El voto, que significaría fuerza en unas elecciones verdaderamente democráticas, no es más que una demostración de servidumbre ante el régimen de partidos. Quien vota a las listas de los partidos estatales está legitimando el régimen corrompido de 1978. Porque no hemos de olvidar que la corrupción en España no es personal, sino sistemática, la corrupción es factor de gobierno de la partidocracia.
La primera de las corrupciones fue la corrupción moral, la traición de un hijo a su padre para tomar de manos del dictador Franco una corona sin honor. Don Juan no pudo reinar porque el dictador no quiso. Pero Juan Carlos reinó porque aceptó que su padre fuera excluido. Don Juan era un hombre con una educación liberal, que había entablado una gran amistad con Don Antonio García-Trevijano. Ambos habían acordado que, tras la muerte del dictador, los españoles podrían elegir la forma de Estado (monarquía o república) y la forma de gobierno (parlamentarismo o presidencialismo). Pero no pudo ser (os invito a que veáis el vídeo de Youtube: Maverick, historia oculta de la Transición Española). Juan Carlos inició su reinado nombrando Presidente del gobierno al que había sido jefe de la Falange: Adolfo Suárez. El resto de la historia ya la conocéis. Pacto entre franquistas y opositores (previa traición de éstos a la causa de la ruptura democrática y de la libertad política), amnistía, legalización exclusiva del partido comunista, consenso, reparto del poder… ¿Y qué papel jugaron los gobernados? El de aceptar o rechazar algo que ya había sido preparado por los jefes de los partidos. Así se votó en 1978 una Constitución falsa, porque ni separaba los poderes ni garantizaba los derechos, que además todavía hoy no se cumple; los españoles participaron entonces en un referéndum plebiscitario con el que apenas podían decir sí o no a algo preparado por el estado franquista y los traidores oportunistas de la vieja oposición clandestina. ¿Por qué votaron que sí a la traición y al fraude? Porque tenían miedo al Estado, porque desconocían la esencia verdadera del juego político, que no es otra que la libertad.
Treinta y siete años después, el Estado de partidos nos sigue invitando a participar en sus falsas elecciones, como el enfermo que necesita su mascarilla de oxígeno. Su oxígeno es nuestra sumisión, nuestra cobardía, nuestra servidumbre voluntaria. Nuestro voto legitima su corrupción e impide que la libertad política y la democracia formal puedan llegar a ser una realidad en España. Si queremos lograr una verdadera democracia, lo primero que hemos de hacer es no participar en unas elecciones fraudulentas. Si votas, eres cómplice de un fraude y sólo te puedes quejar de sus consecuencias (indignación). Pero si no votas, gozas de la fuerza moral suficiente como para mirar a los ojos a los jefes de los partidos estatales (de los nuevos y de los viejos) y decirles: ¡no nos representáis! ¡No somos vuestros siervos! ¡Libertad Constituyente Ya!
¡Quitémosle el oxígeno al régimen de partidos! ¡Abstención activa! ¡NO VOTES EL 24M!
Pedófilos, drogadictos, locos y con tendencia al suicidio: así eran los ideólogos de género
Atormentados por traumas infantiles, prácticas sexuales degeneradas y odios obsesivos a la figura del padre, lo más increíble es que las doctrinas de los ideólogos de género han logrado colarse hoy en las aulas de universidades y colegios.
Cuatro de los principales ideólogos de género: Wilhelm Reich, Margaret Sanger, Michel Focault y Margaret Mead / Actuall
Es como si alguien hubiera abierto las puertas del manicomio y las teorías de sus locos más célebres se convirtieran en doctrina mundial.
Ya no hay nada objetivo -ni siquiera la diferenciación biológica XX ó XY, ¡oh cromosomas fascistas!- que determine si somos hombre o mujer. Cada uno, y sólo cada uno, decide lo que es.
Así lo dictaron los ideólogos de género y los profetas del pansexualismo, unos tipos cuyos postulados fueron difundidos antes de probar la camisa de fuerza, la pedofilia, la zoofilia, la drogadicción más salvaje y, en muchos casos, el suicidio final.
La excepción, y no parece casualidad, es la de quienes lograron llevar una vida plácida.
Atormentados por traumas infantiles, prácticas sexuales degeneradas y odios obsesivos a la figura del padre -al varón en general- las doctrinas de los ideólogos de género han logrado colarse hoy en las aulas de universidades y colegios de un occidente que desde hace décadas navega a la deriva.
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche
No sólo es la rebelión contra la familia, ni la imposición del relativismo y la corrección política, es sobre todo la guerra sin cuartel contra la naturaleza, contra la realidad más evidente. El triunfo de la voluntad, del yo.
Todo se puede negar porque no hay nada fuera de nosotros que sea objetivo, decía FiedrichNietzsche, el filósofo del que parten todos los entusiastas de género.
Terapias sexuales
Dios ha muerto, sostiene el pensador alemán, y si Dios ha muerto también ha muerto la naturaleza creada por él. Así que nada define lo que soy, sólo yo puedo hacerlo. Nietzsche, por cierto, acabó en un manicomio los últimos años de su vida.
Y hasta en eso le siguieron muchos de los ideólogos de género que, además de partir de la filosofía nietzscheana, desarrollaron verdaderas patologías y acabaron sus días en un psiquiátrico. Es el caso del médico alemán Wilhelm Reich.
El médico Wilhelm Reich, marxista y gran precursor de la revolución sexual, fue un gran masturbador compulsivo desde los 6 ó 7 años, practicó la zoofilia y desarrolló un fuerte odio a la figura del padre
Marxista y gran precursor de la revolución sexual, fue un gran masturbador compulsivo desde los 6 ó 7 años. Más tarde practicaría la zoofilia. Algo le marcaría para siempre: el suicidio de su madre tras descubrirse que mantenía relaciones sexuales con un niño de 13 años. Reich culparía de lo ocurrido a su padre, de ahí su posterior odio al patriarcado.
Años más tarde este psiquiatra utilizaría sus clínicas para abusar de las mujeres que participaban en sus “terapias sexuales”. Reich moriría en la cárcel en 1957 tras haber sido diagnosticado de paranoia y esquizofrenia progresiva.
Ortodoxia comunista
Una vida parecida llevó el filósofo francés Michel Focault, considerado uno de los mayores referentes de la ideología de género.
Homosexual, militante del Partido Comunista, tuvo una juventud un tanto convulsa durante la cual fue iniciado en el sadomasoquismo homosexual y el consumo de drogas de todo tipo durante su etapa en EEUU. Intentó suicidarse en varias ocasiones y murió a causa del sida en 1984.
El filósofo comunista francés Louis Althusser
Otro filósofo comunista francés, Louis Althusser, no acabó muy bien que digamos. En 1980 estranguló a su esposa Hélène, lo que motivó su internamiento en un hospital psiquiátrico.
La fundadora de Planned Parenthood abandonó a sus hijos debido a su ninfomanía, fue gran entusiasta del control de la población entre los más pobres y coqueteó con el Ku Klux Klan
Hoy todos hablan de Planned Parenthood, la gran multinacional estadounidense que promueve el aborto en todo el mundo.
Su fundadora, Margaret Sanger, abandonó a sus hijos debido a su ninfomanía. Gran entusiasta de la eugenesia y el control de la población -especialmente entre la población inmigrante y las clases sociales más bajas-, llegó a coquetear con el racista Ku Klux Klan. Murió en 1966 cuando ya era una alcohólica irrefrenable.
La feminista radical Shulamith Firestone
Para Shulamith Firestone, otra gran referente del feminismo radical y la ideología de género,la maternidad era “la opresión radical que sufre la mujer”. Pasó varios años en una clínica psiquiátrica -sufría esquizofrenia-y en 2012 fue encontrada muerta en su casa.
Cuatro amigas, tres se suicidaron
Desde luego, la aportación de las feministas a la ideología de género ha sido muy activa. Otra que destacó por su radicalismo fue Kate Millet, de ideasmaoístas, que se convirtió al lesbianismo no por impulso sexual, sino por odio a los varones.
Gran defensora del totalitarismo, llegó a decir que “lo privado también es político”. Al final de su vida fue internada en un psiquiátrico y pidió vigilancia las 24 horas porque ella misma era consciente de su impulso incontrolable al suicidio.
Muy cercana a Millet fue Elizabeth Fisher, que sí logró suicidarse y que ha pasado a la historia como la pionera en fundar un periódico feminista en los Estados Unidos, Aphra. Este grupo de amigas feministas lo completan la cubana María del Drago y Ellen Frankfurt, ambas también se quitarían la vida.
Margaret Mead afirmaba que los roles sexuales eran construcciones culturales a partir de su experiencia en Samoa: luego se demostró que la isla no era representativa respecto al conjunto de la humanidad
Otra mujer y no menos importante que las anteriores fue la filósofa feminista Simone de Beauvoir. La compañera sentimental del existencialista Sartre defendía que la mujer no nace, sino que se hace, siendo en realidad “una construcción social”. La muerte por causas naturales de la pensadora francesa fue una excepción entre la multitud de suicidios de otros autores.
La filósofa feminista, Simone de Beauvoir
Tampoco se quitó la vida la antropóloga Margaret Mead. Su gran aportación al progresismo y el marxismo cultural fue el concepto de género como construcción social que sería introducido en la psicología y la sexología de los años 50.
Un paraíso del progresismo más represivo
Para Mead los roles sexuales variaban según las culturas, es decir, eran construcciones culturales. Por eso daba a entender que no había propiamente hombres ni mujeres, algo que justificó en el polémico libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa”, publicado en 1928.
Como sucedería con otros ideólogos de género el paso del tiempo destapó su fraude. En los años 80 se demostró que lo que había escrito no tenía validez alguna, ya que el paraíso samoano era en realidad una sociedad muy represiva desde el criterio progresista.
Kinsey, pedófilo y promotor del sadomasoquismo, aseguraba que el 37% de los hombres había experimentado un orgasmo homosexual; luego se descubrió el fraude: hizo la encuesta sólo entre la población reclusa
El rigor tampoco era el fuerte del sexólogo de la Universidad de Indiana, Alfred Kinsey, que causó un enorme revuelo cuando dio a conocer el resultado de uno de sus estudios: el 37% de los hombres ha experimentado alguna vez un orgasmo homosexual a partir de la adolescencia. A esta conclusión llegó tras realizar 5.300 entrevistas personales.
El gran fraude de Kinsey, como luego se descubrió, fue que las entrevistas las llevó a cabo sólo entre la población reclusa. Más tarde también se supo que practicó la pedofilia y promovió el sadomasoquismo en la Universidad de Indiana.
El antropólogo francés Georges Bataille
Igual de perturbado estaba el antropólogo francés Georges Bataille. Aunque al principio estudió para sacerdote, muy pronto abandonó ese camino para acabar afirmando que sus verdaderas iglesias eran los burdeles de París.
Fue un partidario del satanismo orgiástico y fundó una sociedad secreta para practicar decapitaciones -no se llevaron a cabo aunque no faltaron voluntarios- y sexo ritual.
Afortunadamente no todos se suicidaron. Germaine Greer, autora de “El Eunuco femenino” en 1970, acabó participando en la edición británica de ‘El Gran Hermano’ antes de renegar del feminismo. Aún vive.
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Quisiera señalar los inconvenientes del sistema proporcional. Quede dicho que no hace falta más que describir la realidad española de los últimos 30 años para ver las consecuencias devastadoras de la representación proporcional.
La representación proporcional (Rp) confiere status constitucional a partidos políticos que de otra forma no lo lograrían. Yo no puedo elegir a una persona en la que confío o conozco de mi distrito para que me represente: solo puedo elegir un partido. Y las personas que pueden representar al partido son elegidas exclusivamente por el partido. Y aunque las personas y sus opiniones siempre merecen el máximo respeto , las opiniones adoptadas por los partidos (típicos instrumentos de ascenso personal y de poder, con todas las oportunidades de intriga que ello implica) no deben identificarse con las opiniones humanas normales: en el caso de los partidos, se trata de ideologías.
En una constitución que no contemple la Rp, los partidos no necesitan que se les mencione; no precisan que se les otorgue status oficial. El electorado de cada circunscripción envía a su representante a la Cámara. Si permanece independiente o si se coaliga con otros para formar un partido es cosa suya. Se trata de un asunto que deberá explicar y defender ante su electorado. Su deber consiste en representar lo mejor que pueda los intereses de las personas a las que representa. Estos intereses serán idénticos en la mayoría de los casos a los de los ciudadanos de la región o de la nación. Estos son los intereses que debe defender con toda su capacidad pues es responsable personalmente ante otras personas.
Este no es el único deber y la única responsabilidad del representante que debería reconocerse en una Constitución, en la opinión de Popper. Si el representante considera que tiene también un deber con un partido político, se deberá exclusivamente al hecho de que creerá que a través de su conexión con ese partido puede realizar su deber principal mejor que sin el partido. Por la misma razón deberá abandonar el partido siempre que compruebe que puede realizar mejor ese deber principal sin ese partido, o quizás con un partido diferente.
Pues bien, todo esto desaparece si la Constitución del Estado incorpora la Rp. Bajo la Rp, en efecto, el candidato busca la elección solamente como representante de un partido, sea cual sea el espíritu de la constitución. Si resulta elegido, lo es principalmente, si no únicamente, porque pertenece y representa a un determinado partido. Por tanto, su principal lealtad se debe al partido y la ideología del partido, no a los electores.
Nunca se enfrentará con el compromiso de votar en contra de su partido. Por el contrario, está moralmente ligado al partido, pues en representación de dicho partido fue votado en el parlamento. Y en el caso de que no pueda hacerlo compatible con su conciencia, su deber moral será dimitir no sólo de su partido sino del parlamento. Costumbre de dimitir absolutamente ajena a la partitocracia española. Ni del partido ni del parlamento (transfuguismo).
El sistema representativo bajo el que fue elegido lo despoja de responsabilidad personal; lo convierte en una máquina de votar. Argumento suficiente contra la Rp. Lo que necesita la política son individuos que puedan juzgar por sí mismos y estén preparados para asumir responsabilidades personales. Aunque pudiera parecer que el efecto de la Rp, esto es, el aumento del número de partidos, es deseable, significa, sin embargo la inevitabilidad de los gobiernos de coalición. Supone dificultades en la formación de cualquier nuevo gobierno y su mantenimiento estable en el poder.
Gobierno de coalición, fruto amargo de la Rp, significa que los partidos pequeños puedan ejercer una influencia desproporcionadamente grande en la formación y en la dimisión del gobierno y, por tanto, en sus decisiones. Pero lo más importante es que eso supone la descomposición de la responsabilidad (porque en un gobierno de coalición la responsabilidad de todos sus miembros se reduce de modo inevitable). Con el tiempo, el público se acostumbra a la idea de que no puede hacer responsables de sus decisiones a ninguno de los partidos políticos ni a sus dirigentes ya que pueden haberles venido impuestas por la necesidad de formar una coalición. En consecuencia, un gobierno de mayoría favorece la responsabilidad del partido en el poder y de sus dirigentes . Con la Rp, sin embargo, en el caso de que un partido fuese derribado por una mayoría de ciudadanos, el gobierno podría no abandonar el poder. Buscaría un partido menor suficientemente fuerte para gobernar con su ayuda. ¿Les suena?
Así, el dirigente censurado del partido mayor continuaría presidiendo el gobierno, en oposición directa al voto mayoritario, gracias a la ayuda de uno de los partidos menores, cuya política suele distar mucho de representar la voluntad de la mayoría. ¿Les sigue sonando?
La democracia no exige la Rp. Antes al contrario, necesita algo que se aproxime al sistema bipartidista, es decir, a un gobierno de mayoría. Solo las oligarquías temen las mayorías absolutas porque ignoran que si hay democracia formal, las reglas del juego político evitan el abuso de poder, la minoría vigila y controla a la mayoría y exige su responsabilidad mediante el desahucio político, la costumbre de dimitir anglosajona o la mutua disolución de la República Constitucional.
Pero un argumento rotundo, en mi opinión, a favor del sistema mayoritario y en contra de la Rp, es que un sistema bipartito fomenta un proceso continuo de autocrítica en los dos partidos.
El sistema bipartito ha provocado considerables cambios en los dos partidos principales de Gran Bretaña y de los EEUU. La cuestión es que en un sistema bipartidista el partido derrotado corre el riesgo de tomarse en serio la derrota electoral . En tal caso, puede emprender una reforma interna de sus objetivos lo que equivale a una reforma ideológica. Si el partido es derrotado dos o tres veces sucesivas, la búsqueda de ideas nuevas puede resultar todo un acontecimiento saludable. Esto no sucederá en un sistema multipartidista y con coaliciones. Si la pérdida de votos es pequeña, tanto los dirigentes del partido como el electorado, serán proclives a adoptar los cambios con toda calma. Lo consideran parte del juego, puesto que ninguno de los partidos tuvo responsabilidades claras.
Pero una democracia necesita partidos con un mayor grado de sensibilidad y de alerta. La inclinación a la autocrítica tras una derrota electoral resulta mucho más acusada en países con sistemas bipartidistas que en aquellos donde hay multiplicidad de partidos. En la práctica, un sistema bipartito resulta seguramente más flexible que un sistema multipartito, contrariamente a lo que la primera impresión pueda hacer creer.
Las sociedades más dinámicas y abiertas, más plurales y flexibles, no son las regidas por sistemas de Rp, sino por sistemas mayoritarios. No en vano en Gran Bretaña suele decirse: England abhorrs coalitions. No hay que temer a mayorías si hay democracia. Solo las oligarquías aman las coaliciones. Para continuar así en el poder sin exigencia de responsabilidad.