martes, 20 de septiembre de 2016

Candidatura Tradicionalista

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•Candidatura Tradicionalista

Candidatura Tradicionalista

La Comunión Tradicionalista tiene por miembros suyos a cuantos mantienen los principios de la Monarquía tradicional ( http://carlismo.es/acerca-de/ideario-carlista/)

No es un partido político encaminado a ejercer influencia dentro de un sistema democrático, precisamente porque rechaza de raíz semejante sistema.

El Carlismo, a lo largo de su dilatada historia, no ha tenido inconveniente en oponerse al sistema liberal desde su propio interior, concurriendo a las elecciones bajo denominaciones diversas. Pero siempre lo ha hecho dejando bien claro que su finalidad era oponerse al orden constitucional y democrático y a las cortes liberales dominadas por los partidos. S.M.C. Don Carlos VII, que había dado la orden de que la Comunión concurriera a las elecciones de 1871, cuando vio que los diputados electos intentaban actuar como tales dentro de las cortes liberales, tuvo que aclarar con enérgicas palabras el papel que se esperaba de los diputados y senadores carlistas en el parlamento liberal:

La cuestión parlamentaria es ésta en resumen: ¿Es una partida carlista nuestra minoría [parlamentaria], es decir una guerrilla avanzada que tiene la honra de estar destinada a abrir fuego? ¿Sí? Entonces hago bien en mandarla y ¡Ay del gobierno de don Amadeo! ... ¿Son nuestros diputados procuradores del Reino? Entonces son libres, independientes; tienen derecho a hacer lo que les dé la gana y crean lo que su conciencia les dicta; pero con esto sólo reconocen la legalidad de las Cortes; reconocen a don Amadeo; reconocen su sistema y ¡Ay de España! ¡Ay de España!

Animados por ese mismo espíritu, hemos legalizado un partido político y le hemos dado el nombre de Candidatura Tradicionalista (CTRAD). No hemos podido registrarlo con ninguna de las denominaciones clásicas porque ya estaban legalmente inscritas y cayeron en manos de personas que no las emplean para nada o las emplean desnortadamente. El nombre de Candidatura Tradicionalista, con tener el inconveniente de su novedad, aventaja a otros porque pone de manifiesto su carácter de instrumento coyuntural.

Conviene mantener vivo este instrumento jurídico, a pesar de que las autoridades ponen cada vez más dificultades con su afán de control minucioso y amenazador. Por el momento, lo emplearemos para encuadrar como simpatizantes a quienes se van dando cuenta que, dentro del desorden reinante, el Carlismo es la única tabla de salvación para España. Al mismo tiempo lo usaremos para allegar los medios económicos que permitan mantenerlo vivo y, en su día, cuando las circunstancias lo exijan, desarrollar una acción de mayor envergadura. ¿Cuándo tendremos que hacer uso de este partido? Dios lo dirá. En sus manos está el futuro de nuestra Patria que vive en una confusión próxima al caos. Pero eso no quita, sino que más bien supone, nuestro trabajo y entrega; y una buena manera de empezar a hacerlo es hacerse simpatizante de la CTRAD.

Quienes quieran apoyarnos como simpatizantes deberán comunicarlo al correo electrónico siguiente: administracion@ctrad.es , y recibirán la información especialmente dedicada a ellos. Se les pedirá que ingresen una cuota anual mínima de 20 €, sin que nada les impida apoyarnos de manera más sustanciosa. También serán incluidos en la categoría de simpatizantes, si así lo desean, quienes pertenezcan y coticen en los círculos de la Comunión y quienes, no estando en condiciones de hacer el ingreso mínimo, nos lo comuniquen. Cuando sea conveniente, los simpatizantes podrán adquirir, de conformidad con los estatutos, la categoría de afiliados a la Candidatura Tradicionalista, con todos los derechos de participación que ello lleva anejo.

La información sobre los ingresos se hallará en este enlace: http://carlismo.es/aportacion-economica/

Más noticias de FARO en las redes sociales:



    Una íntima unidad (Juan Manuel de Prada)

    Conviene tener presente algunas nociones básicas convenientemente ocultadas hoy día: se llama gran usura a la creación de dinero mediante crédito a partir de la nada –es decir al dinero bancario; se llama usurocracia al sistema económico, financiero y finalmente político, basado en  la gran usura, expresión suprema de la conquista capitalista del beneficio o mejor dicho del botín. Ni derechas ni izquierdas pretenden cambiar el sistema usurocrático; hace ya mucho tiempo algunas  izquierdas proponían todo lo más la nacionalización de la banca, es decir la nacionalización de la usurocracia, hoy ya ni eso.
    Una realidad que no menciona el articulista – a lo mejor se nos está volviendo progre- es el aspecto radicalmente exclusivista del Islam, que cada vez con más frecuencia es directamente un exclusivismo terrorista y criminal, que al personal no le gusta demasiado.
    Una íntima unidad
    Juan Manuel De Prada
    ANIMALES DE COMPAÑÍA
    En algún artículo anterior hemos afirmado que los negociados de izquierda y de derecha escenifican una disputa para alimentar la demogresca; pero que en las cuestiones de veras importantes están plenamente de acuerdo. Algún lector me ha pedido que trate de explicar esta afirmación, que a él le parece gratuita. Pero para explicarla habría que empezar por determinar qué es lo verdaderamente importante; pues hay gente tan aturdida por la demogresca que piensa que lo verdaderamente importante son las chorradas que se discuten en las tertulietas televisivas.
    Lo verdaderamente importante son los designios que el mundialismo ha diseñado para los pueblos, que básicamente consisten en convertirlos en una papilla amorfa y bardaje, desvinculada e individualista, infatuada de sus derechos e incapacitada para el esfuerzo colectivo. Pues, de este modo, el mundialismo puede hacer con los pueblos lo que le viene en gana, que básicamente consiste en ordeñarlos hasta la consunción, poniéndolos al servicio de la usura. En este sentido, salta a la vista que los negociados de izquierda y de derecha comparten una misma visión antropológica, que consiste en fabricar individuos enfermos de solipsismo, cuyos caprichos sexuales (del adulterio al cambio de sexo, pasando por la infecundidad en todas sus formas) se atienden solícitamente; pues el mundialismo, para crear una humanidad lacaya, necesita gentes flojas y ensimismadas en su bragueta, yermas para el sacrificio. En otros asuntos, sin embargo, los negociados de izquierdas y derechas no muestran una conformidad tan descarada, sino que representan una disputa que en ocasiones incluso puede parecer feroz, como si defendieran posiciones antípodas; cuando lo cierto es que defienden lo mismo, aunque por caminos distintos.
    Ocurre esto, por ejemplo, en la cuestión islámica. El negociado de izquierdas ha defendido siempre el multiculturalismo, que contribuye a la creación de esa sociedad amorfa y desvinculada anhelada por el mundialismo, en la que las tradiciones locales hayan sido arrasadas (y muy especialmente si tales tradiciones son cristianas). Desde el negociado de derechas, por el contrario, se alimenta la desconfianza hacia el Islam, que en ciertos sectores neocones puede resultar, incluso, burda islamofobia que elude cuestiones medulares. Así, por ejemplo, se instila el miedo al musulmán sin hacer distingos entre sunitas y chiítas; así, se mete en el mismo saco al llamado Estado Islámico y a los movimientos de resistencia contra el anglosionismo (que, por cierto, suelen proteger a las comunidades cristianas); y, por supuesto, se elude que las organizaciones islamistas más criminales son armadas y financiadas (y a veces creadas) por aquellas potencias extranjeras que acaudillan el proyecto mundialista. Del mismo modo, desde el negociado de derechas se aprovechan las sucesivas avalanchas migratorias de musulmanes para instilar el miedo entre la población europea; pero se calla que tales avalanchas son consecuencia directa de las guerras provocadas en Oriente Próximo (aplaudidas a rabiar desde el negociado de derechas), o bien de una globalización (también aplaudida desde este negociado) que necesita mano de obra pagada con sueldos ínfimos, para asentar más firmemente el reinado de la usura.
    Pero, entonces, ¿cuál es la razón última por la que desde el negociado de derechas se instila el miedo contra los musulmanes? No puede ser, desde luego, la defensa de unas tradiciones cristianas que han sido reducidas a escombros gracias a la imposición de una antropología compartida con el negociado de izquierda. Por el contrario, detrás de la islamofobia latente o rampante que se fomenta desde el negociado de derechas descubrimos el odio del hombre moderno hacia una civilización que, a diferencia de la occidental, no ha renegado todavía de sus raíces religiosas; una civilización que aún no está entregada por completo al materialismo, que defiende la institución familiar y repudia los caprichos de bragueta que aquí se atienden solícitamente. En definitiva, desde el negociado de derechas se promueve la islamofobia por la misma razón que desde el negociado de izquierdas se promueve el multiculturalismo: porque, aunque con estrategias distintas (el uno con un rodeo, el otro con un atajo), ambos combaten al mismo enemigo, que no es otro sino la religión. Por supuesto, su enemigo principal siempre será el cristianismo; pero saben que en las demás religiones también hay diseminadas verdades parciales (aquello que san Justino llamaba «semillas del Logos») que son graves escollos para los designios mundialistas.


    lunes, 19 de septiembre de 2016

    OCTAVA OLA DE ARRIACA (Juan Pablo Mañueco)

    (Arriaca ciudad prerromana ´supuesta antecesora de la actual Guadalajara y del apelativo Alcarria) 

    OCTAVA OLA DE ARRIACA

    Cual la piedra a Arriaca quiere
    porque en su nombre la lleva,
    mi corazón me lo mueva
    la ciudad que a mí me quiere.

    Tira de mí y me subleva
    de tal forma que me asiere,
    y yo con ella me uniere
    si a su ara Arriaca me eleva.

    Pétrea Arriaca que me hiere
    el corazón y  yo beba  
    de entre toda cualquier gleba
    como la que más me sugiere

    Cantil de cantos, mi gleba,
    que en mi alma me escribiere
    que ella a mí también me quiere.
    ¡Ya es nuestra pasión longeva!

    Juan Pablo Mañueco (2016)

    domingo, 18 de septiembre de 2016

    ROMANCE DEL PRISIONERO

    ROMANCE DEL PRISIONERO



    Que por mayo era, por mayo,

    cuando hace la calor,

    cuando los trigos encañan

    y están los campos en flor,

    cuando canta la calandria

    y responde el ruiseñor,

    cuando los enamorados

    van a servir al amor;

    sino yo, triste, cuitado,

    que vivo en esta prisión;

    que ni sé cuándo es de día

    ni cuándo las noches son,

    sino por una avecilla

    que me cantaba el albor.

    Matómela un ballestero;

    déle Dios mal galardón.



    Alalumbre Folk


    viernes, 16 de septiembre de 2016

    VICTORIOLA DE VALLADOLID (Juan Pabo Mañueco)

    jueves, 15 de septiembre de 2016

    EL CONDE PEDRO ANSUREZ Y LA FUNDACION DE VALLADOLID. (Ansemo Carretero Jiménez)

    Se escucha hoy día hasta la saciedad aquello de la castellanísima Valladolid, o que Valladolid pertenece a Castilla la Vieja, el castellano puro de Valladolid o variadas majaderías pucelanas. Conviene recordar de vez en cuando, aunque sea políticamente incorrecto, que Valladolid fue una ciudad, originaria y fundacionalmente (1072), totalmente leonesa y el Conde Ansúrez un señor feudal absolutamente leonés en su fidelidad al Rey de León y enemigo acérrimo de Castilla en los luchas entre el Rey de León y el Rey de Castilla. Leyes leonesas –Fuero de León-, lengua leonesa (lo siento por mi querido Delibes), adscripción eclesiástica al obispado leonés de Palencia y otras cosas más. Después de las múltiples guerras entre León y Castilla, Valladolid fue conquistada, que no fundada, e incorporada a Castilla siendo nombrada ciudad con voto en Cortes (1207) y finalmente fue incluso feudo de un señor catalán; que poco listos andan los actuales nacionalistas catalanes, con un poco de habilidad podían reclamar Valladolid para su nación fiera y ruralmente independiente.


    Naturalmente estos orígenes se ocultan cuidadosamente a los ciudadanos y más aún a los tiernos infantes en edad escolar; basta con consultar la popular Wilkipedia y  comprobar el más absoluto vacío de información sobre la fundación de Valladolid; naturalmente hay que apuntalar el engendro autonómico de Castila y León y más aún su capital, sede del poder y mangoneo ad hoc , proclamando sin tapujos su prístina castellanidad al estilo de los viejos falangistas vallisoletanos, Onésimo Redondo y  Girón de Velasco –vehemente orador e impenitente putero- , tanto que las derechas locales llegaron y denominar a su ciudad "Fachadolid"; estilo curiosamente adoptado por algunos minúsculos grupúsculos castellanistas de tendencias izquierdistas e incluso separatistas. 



    EL CONDE PEDRO ANSUREZ Y LA FUNDACION DE VALLADOLID.

    Anselmo Carretero Jiménez. Castilla, 

    Orígenes, Auge y Ocaso de una Nacionalidad

    Los musulmanes del Ándalus llamaban Beni Gómez (hijos de Gómez) a los descendientes de un famoso Gómez Díaz, conde de Saldaña contemporáneo de Fernán Gonz` lez. Estos Beni Gómez fueron después poderosos señores de la Tierra de Campo; Cuando Fernán González a mediados del siglo x se convirtió en conde único de Castilla y Álava, la mayoría de los miembros de las antiguas familias condales del país vasco-castellano reconocieron su autoridad, pero otros se expatriaron. Los Velas alavese fueron a servir al califa cordobés y después pasaron a León. Los Ansúrez, originario de Castilla la Vieja, ofrecieron lealtad al rey de León que les concedió heredamiento en la llanura de Campos. Las historias de los Beni Gómez, los Velas y los Ansúrez son muy azarosas y ya hemos dicho algo de ellas.

    Pedro Ansúrez debió de nacer hacia 1037, año en que el conde Fernando Sánchez e coronado públicamente rey de León y ungido por el obispo legionense. Cuando apenas tenía veinte años el rey Fernando I le nombra maestro de armas, ayo y consejero de su segundo hijo, Alfonso, preferido de sus padres. Por esta preferencia paterna, Alfonso recibió el reino de León que llevaba consigo el título imperial, en el reparto que Fernando I hizo de sus dominios. Como leales de su mayor confianza ya hemos visto que Pedro Ansúrez y sus hermanos Fernando y Gonzalo acompañaron al destronado Alfonso en su destierro en Toledo y le ayudaron muy de cerca a recuperar el trono.

    Alfonso VI entregó años después a Pedro Ansúrez y su mujer Eilo la crianza de su hija Urraca Alfónsez, que llegó a suceder a su padre en el trono y fue esposa de Alfonso I el Batallador de Aragón. El conde fue, pues, ayo del padre y de la hija.

    Aunque en la corona de León los condados no eran hereditarios, los Beni Gómez habían permanecido durante varias generaciones como condes de gran prestigio en tierras leonesas. El historiador árabe Ibn Jaldún dice que va en el año 995 los Beni Gómez mandaban en "el país que se extiende entre Zamora y Castilla" (21) (22); es decir, el vasto territorio que en la planicie del Duero ocupa buena porción de las actuales pro­vincias de León y Zamora y la mayor parte de las de Valladolid y Palencia. Los Beni Gómez eran, en efecto, durante el reinado de Alfonso VI condes en los territorios de la Liébana, Saldaña, Carrión y Zamora -según reiteradamente lo dice Menéndez Pidal (23), gobernaban, pues, no sólo la llanura de los viejos Campos Góticos sino también en tie­rras de la cordillera cantábrica tradicionalmente tan leonesa como los altos valles del río Deva.
    Obra imperecedera del conde leonés Pedro Ansúrez, cuya trascendencia el autor no pudo imaginar, es la fundación de Valladolid, hecho que hace ya más de veinte años señaló con agudeza el historiador Justiniano Rodríguez en una monografía editada por la Diputación Provincial de León (24). "Pedro Ansúrez dice este autor leonés-deci­dió por miras fundamentalmente políticas la fundación de Valladolid, aldea entonces ignorada y sin posibilidades aparentes". Los leoneses no habían olvidado los antece­dentes históricos de invasiones de la llanura de¡ Duero por fuerzas navarras y castella­nas; y el conde de Carrión consideraba el momento propicio para delimitar definitivamente los ámbitos históricos de Castilla y de León.

    Pedro Ansúrez poseía todos los señoríos limítrofes con Castilla desde las montañas de la Liébana hasta más al sur del Duero (hasta las tierras castellanas de las comunida­des de Íscar y Cuéllar).

    Las ideas de seguridad y expansión territorial, basadas en consideraciones militares, dominaban entonces las mentes de reyes y gobernantes. Pedro Ansúrez, apartándose de tales pensamientos y adelantándose a su época, concibió para la región de sus dominios un plan que no estaba fundado en criterios guerreros. Cerca de la confluencia del Esgueva con el Pisuerga existía una aldehuela de menos de media docena de moradores dedicados a la agricultura, la riqueza buscada en aquellos tiempos. Sobre este lugar precisamente ideó el poderoso conde levantar una gran ciudad que fuera nueva capital de sus vastos estados, los mayores señoríos en buenas tierras del reino de León. Al mismo tiempo empujaba hacia oriente la línea fronteriza con Castilla, a la sazón imprecisa, en aquellas tierras.

    En el verano de 1084 los condes compraban heredades, como primera previsión económica, con vistas a las instituciones que proyectaban. De los aspectos eclesiásticos del plan se ocupaba el abad Salto del monasterio clunicense de San Zoilo de Carrión ,que en representación de la nueva entidad de Santa María de Valladolid también com­praba terrenos. Después de intensa y rápida actividad, en mayo de 1095 con asistencia del rey emperador de León y los obispos de Oviedo, Lugo, León, Astorga y Palencia y eI abad de Sahagún, así como del obispo de Burgos y el arzobispo de Toledo y desta­cados cortesanos de los reinos de León y de Castilla, se consagraba solemnemente la iglesia de Santa María de Valladolid. Los fundadores proveían al sostenimiento de la nueva entidad dándole solares de la nueva población, iglesias, diezmos, viñas, pesque­ras, villas y monasterios en diversos lugares de la llanura leonesa. El obispo Raimundo de Palencia, dentro de cuya diócesis quedaba la nueva población también donó a Santa Mlaría bienes e ingresos en varios lugares de la región y del propio Valladolid. A estos bienes se añadirían otros muy cuantiosos que en diversas ocasiones y fechas fueron otorgando los fundadores, y otras personas, incluso los propios reyes, y privilegios es­peciales como el que el rey concedió a la iglesia de Santa María de que sus ganados no pudieran ser prendados. La nueva población quedó dotada con un buen puente sobre el río Pisuerga y un gran canal en el último tramo del Esgueva.

    En 1095 la ciudad tenía ya organizado su municipio, un municipio de país señorial a la manera leonesa, reglamentado de acuerdo con el Fuero de León, cuya impronta aparece en los documentos antiguos de las expresiones perforo de Leone, ad foro de Leone e in foro legionis. Valladolid muestra así, en el momento de nacer, la condición profundamente leonesa de sus orígenes.
    Anota don Justiniano con dolor la contradicción existente entre el signo del pasado histórico leonés vallisoletano y los modernos arrebatos de supuesto "castellanismo his­tórico" que envuelven una confusa perspectiva de lo que en realidad fue el pasado de Valladolid. El desconocimiento y la confusión en torno a la radical condición leonesa de la ciudad de Valladolid (con notables excepciones como esta de Justiniano Rodrí­Ouez) son generales desde el siglo pasado y aumentan de día en día. Puede decirse que la historia de esta ciudad suele falsearse desde el relato de sus orígenes.

    En una monografía histórica sobre la fundación del hospital de Santa María de Esgueva, de Valladolid, se copia un documento en que la administración del mismo dice al Ayuntamiento de la ciudad: "En cuanto a la fundación de este Hospital [...] -es bien sabido, y hasta en la historia de esta ciudad consta, que fueron sus fundadores los se­ñores condes de Castilla y señores de Valladolid, D. Pedro Ansúrez y Da. Eylo su mu­jer" (25): Un tratadista de Historia genealógica se refiere al conde Pedro Ansúrez como "uno de los más grandes señores, si no fue el mayor, que tuvo Castilla en su tiempo", frase que copia José Zurita Nieto en otro trabajo monográfico sobre el fundador de Va­lladolid (26). Con errores y distorsiones de esta clase podrían llenarse muchas páginas.

    Llamar gran señor castellano al conde Pedro Ansúrez, el personaje más destacado de la corte leonesa en el reinado de Alfonso VI, el guerrero que figuró al frente de las huestes del rey de León en las luchas de éste contra su hermano el de Castilla, el jefe del partido leonés en la época en que los enfrentamientos de los leoneses con los caste­lanos fueron más enconados, no es menor dislate --en imaginación de semejanzas­- que el que en el año tres mil cometería quien presentara al general de Gaulle como uno le los militares más célebres, si no el más famoso, que tuvo Alemania en el siglo XX. Y de igual manera que en estos casos se tergiversa por completo la condición de los protagonistas de la historia leonesa, en otros muchos se confunden y mistifican el paisaje, la geografía, la historia social y política, las instituciones y las particularidades culturales de los viejos reinos de León y Castilla.

    La fundación de Valladolid, debida a la infatigable actividad del famoso magnate guerrero leonés, tuvo a la larga gran trascendencia no sólo para la región leonesa sino para toda la cuenca del Duero. La colonización de la llanura del Duero por los reyes asturleoneses tuvo como inmediata consecuencia el nacimiento de núcleos urbanos -o un rápido crecimiento de los ya existentes- que pronto se convirtieron en focos de actividades mercantiles, políticas y religiosas y desempeñaron un papel rector en el ulter­ior desarrollo de la monarquía leonesa y más tarde del conjunto de países de las coronas de León y de Castilla. Caso notable en la historia geopolítica de estos núcleos urbanos del valle del Duero es el de Valladolid. Fundada en un lugar bien situado, cer­ca de la frontera de Castilla, creció rápidamente dejando atrás en relativamente poco tiempo a las más viejas e ilustres poblaciones de la región leonesa: León, Astorga, Be­navente, Zamora, Toro, Simancas, Palencia, Medina...

    Con la fundación y el crecimiento de la ciudad de Valladolid, la Tierra de Campos adquiere mayor importancia dentro del reino de León.

    Y no sólo la Tierra de Campos, también en el reinado de Alfonso VI queda afirma­da como leonesa la comarca cantábrica de la Liébana, viejo y apartado centro cultural de la monarquía asturleonesa desde los tiempos de San Beato y sus famosos Comenta­rios al Apocalipsis. El condado de Liébana se consideró siempre leonés; y en la época de Alfonso VI, gobernado también por Pedro Ansúrez, quedó definitivamente vincula­do a las autoridades políticas y eclesiásticas leonesas. El resto de la Montaña cantábri­ca siguió para siempre a Castilla (27).

    En definitiva la línea de demarcación histórica entre León y Castilla quedó clara­mente establecida por el conde Pedro Ansúrez y así permaneció hasta que en tiempo de Fernando III se unen ambas coronas.
    Además de Alfonso, único hijo varón que murió prematuramente, el conde Pedro Ansúrez y doña Eilo tuvieron cuatro hijas. La mayor de ellas, María, casó con el conde Armengol V de Urgel, quien después de gobernar algún tiempo su condado catalán, se trasladó a los dominios leoneses de su suegro, dejando el gobierno de Urge¡ a cargo de Gerardo Poncio. Aunque este yerno de Pedro Ansúrez nunca tuvo el gobierno de la ciudad, suele llamársele Armengol 1 de Valladolid. A la muerte de Pedro Ansúrez -entre 1118 y 1119- heredó el gobierno de Valladolid su nieto el conde Armengol VI de Urgel y II de Valladolid, poderoso magnate que a los paternos dominios catala­nes de Urgel unió los maternos leoneses de la Tierra de Campos.

    NOTAS
    21 R. Menéndez Pidal. La España del Cid. Vol I p. 172
    22 J.Perez de Urbel . Historia del Condado de Castilla . Madrid 1945. TII. P.71
    23 Ramón Menéndez Pidal. En torno al poema del Cid. Buenos Aires 1963 pp15-16 
    24 Justiniano Rodríguez . Pedro Azures. León 1966 pp63-68
    25 José Tiedra. Fundación gloriosa y secular del conde Don Pedro Ansúrez y doña Eylo su mujer. El Hospital de Santa María del Esgueva en Valladolid 1937 pp 11-12
    26 José Zurita. Apuntes documentados sobre el año de la muerte del conde Pedro Ansúrez y acerca de su sepultura. Valladolid 1918 p.41
    27 J.A. García de Cortázar y C. Diez Herera. La formación de la sociedad hispano-cristiana del Cantábrico al Ebro en los siglos VII al XI. Santander 1982 pp. 49,203-205.

    (Anselmo Carretero Jiménez. Castilla, Orígenes, Auge y Ocaso de una Nacionalidad. Ed Porrúa México 1996, pp 259-263)

    miércoles, 14 de septiembre de 2016

    Repitiendo elecciones (Juan Manuel de Prada)

    Repitiendo elecciones

    ANIMALES DE COMPAÑÍA

    La falta de acuerdo entre nuestros principales partidos políticos tiene escandalizada a mucha gente bienintencionada. Los más pragmáticos consideran que el descalabro económico y el caos administrativo no tardarán en desatarse; pero tales calamidades deben estar bien atadas (¡por lo menos con un nudo gordiano!), porque los índices económicos de los últimos meses resultan favorables (dentro del estado de postración en que yace postrada España) y la administración sigue funcionando (gracias, sobre todo, al trabajo callado de los funcionarios, a quienes absurdamente se carga con el mochuelo de todos los problemas que nos afligen). Los más idealistas, por su parte, ponen el grito en cielo, lamentando los daños irreparables que esta situación infligirá al régimen político vigente, que ilusoriamente llaman democracia. Pero lo mismo los pragmáticos que los idealistas se confunden. pues tal situación se ha generado, precisamente, para apuntalar el régimen político vigente; y, por supuesto, su resolución en nada influirá sobre la marcha económica de nuestro país, que depende de poderes a los que nuestra oligarquía política rinde pleitesía.
    Fue Spinoza quien afirmó que el mejor modo de apuntalar el poder absoluto del Estado consistía en permitir la mayor diversidad de credos religiosos (pero su afirmación se puede hacer extensiva a las ideologías, que son los sucedáneos religiosos de nuestra época), siempre que no se opusieran a los fundamentos del Estado. De este modo, a juicio de Spinoza, el Estado se convertiría en el único órgano de poder firme y estable, legitimado ante las masas para ejercer el monopolio de los juicios políticos y morales; pues la pluralidad de credos religiosos a la greña haría que sus juicios resultasen contradictorios y, por lo tanto, inválidos para reglamentar la vida política. Spinoza fue, pues, el primero en entender que el poder, para perpetuarse, necesita sembrar la división entre sus rivales; y que, cuanto mayor es la división que siembra, mayor será su poder; pues los credos religiosos (hoy ideologías) en liza, al atomizarse, no hacen sino anularse los unos a los otros. Este diseño de Spinoza tenía como fin primordial desactivar a la comunidad política, que vinculada por unas mismas creencias podía plantar cara al poder absoluto del Estado. Y este diseño de Spinoza, reducido a caricatura, es el régimen político vigente, en donde un poder omnipotente (que ya no es el del Estado nacional, reducido a fosfatina, sino más bien un poder plutocrático mundialista) hace y deshace a su antojo, mientras las ideologías en liza (representadas por los partidos políticos) mantienen al pueblo en un perpetuo estado de demogresca, escenificando un duelo a garrotazos.
    Duelo que, naturalmente, es de mentirijillas. Pues lo cierto es que los negociados de izquierdas y derechas, en las cosas verdaderamente importantes para el mundialismo, están plenamente de acuerdo (puesto que todos obedecen las consignas de su amo). Como los actores que se atraviesan con el estoque en escena y luego se van juntos de putas una vez acabada la función, los negociados de izquierdas y de derechas representan su función con gran aspaviento y jeribeque con el único objetivo de mantener a la gente dividida, enzarzada en la demogresca esterilizante que impide emprender empresas comunes. Así ha ocurrido en España, de forma más o menos pacífica, durante las últimas décadas; pero en la sociedad española, desvinculada y hecha añicos, enzarzada en una demogresca perpetua, animalizada por el materialismo y el disfrute de derechos, surgió una tímida chispa de rebelión. No era, naturalmente, una rebelión nacida de un genuino anhelo de regeneración que reniega de pasados errores, sino más bien del resentimiento social y la penuria económica que unas oligarquías políticas rapaces y lacayas de la plutocracia habían azuzado irresponsablemente. Tal rebelión era, por supuesto, inane, puesto que comulgaba con la visión antropológica impuesta por el mundialismo; pero estaba entreverada de quimeras económicas que podían desencadenar turbulencias indeseadas. Para desactivar esa chispa de rebelión se ha montado toda esta pantomima de elecciones repetidas, investiduras fallidas y cabildeos entre bambalinas; y para conseguir que las aguas vuelvan a su cauce (una demogresca controlada por el mundialismo, con una pacífica alternancia en el poder de los negociados de izquierdas y derechas) se han repetido las elecciones, y se volverán a repetir cuantas veces sea preciso.