jueves, 8 de septiembre de 2016

CASTILLA, ESTE CANTO ES TU CANTO (Juan Pablo Mañueco)

CASTILLA, ESTE CANTO ES TU CANTO
(Parte I. La Historia, la Literatura, el Futuro)
I. El nacimiento (siglo VIII). Antiguo clan que octavo a nuevo adujo
INTROITO
De hondo e interior venero
que en cascada entre piedra y musgo brota
no es Cadagua un reguero
que porte escasa gota.
Un mundo en murmullo ya en su agua flota.
Río en Valle de Mena,
que entre las rocas corres, ríes, saltas,
mojando toda la escena
de las praderas altas,
pedrizas y peñascales que asaltas…
Naces por cataratas
y por escalones y rocas verdes,
que tapizas con natas.
Riscos a los que muerdes,
hisopas con gotas, luego te pierdes
hacia sendas, caminos,
y sierras, a los que tu cabo de agua
les forja suerte y sinos;
Al cabo, tú, Cadagua
-cabo de agua-, eres del valle la fragua.
¿Sabes que vas a oírte
no sólo por abrir cauce ruidoso?
Mejor podrás sentirte
en el son más frondoso
de lengua que emana en tu lar brumoso.
Afluyen por las grietas
hervores de manantiales sonoros.
Trovas dulces, secretas
musitan sus tesoros…
Y, a su voz antigua, tu agua une coros.
Aún no oyes juglares
por este lugar calmo y sosegado
tañendo sus cantares;
pero, al bosque abrazado,
silba un idioma naciente, que ha llegado.
Ni escuchas las canciones
de amor, de amigo, de gesta y alborada,
mas nutre tus rincones
voz recién aflorada
que pronto entone copla bien rimada.
Cantábrico al que corres,
Cadagua, es bárdulo y caristio ponto.
De octavo siglo, torres
vigías crecen pronto
en castros leves, cuya faz remonto.
Breves castros -castillos
son llamados-, y a los desfiladeros
les tapan los pasillos
hacia el Castro de fieros
Bárdulos -Castrum Vardulies¬- primeros.
Así, de Castro Urdiales
y Laredo escalan rocas de Mena,
por sellar los portales.
Que invasión sarracena
toca el Ebro. Cada fortín la frena.
Prerromanos nativos,
hispanorromanos y visigodos
-del islam fugitivos-
refugio en los recodos
de Bardulia hallan, obran, pueblan todos.
Juan Pablo Mañueco
(Extracto de un poema mayor que abarca la Historia de Castilla desde el siglo IX al XXI, preferentemente en liras y seguidillas)

miércoles, 7 de septiembre de 2016

VIRGEN DE LA ANTIGUA, PATRONA DE GUADALAJARA (Juan Pablo Mañueco)

VIRGEN DE LA ANTIGUA, PATRONA DE GUADALAJARA
 (8 de septiembre)


Virgen de la Antigua, patrona de Guadalajara,
Inflamada de amor tus mantos vistes
Recubierta de encajes, bajo los que asistes,
Generosamente, a quien a tu puerta llamara.

En la esperanza de tu Hijo y en su Amor persistes
Naciendo en nosotros el aroma dulce de la jara,
Dejándonos tu corona, cabello y la entreclara
Expresión serena de tus ojos, con que nos avistes.

La mano derecha con un cetro universal en almenara
Amorosa que a la Humanidad llama, y aún más a los tristes,
Ante el Amor de tu Hijo con quien en tu brazo nos amistes;
Nuestra felicidad eterna queréis ambos que llegara.

Ten mi testimonio de veneración, Virgen que existes
Inflamada en el fervor de tus devotos de Guadalajara,
Guarda siempre a tu ciudad, y aun a la Alcarria, para
Unir siempre con su patrona esta tierra a la que asistes
.
ANTIGUA ADVOCACIÓN MARIANA,
LA MÁS ANTIGUA DE GUADALAJARA.
¡QUIÉN EN LA DICHA DE TU REINO POR SIEMPRE ENTRARA,
YA HOY MISMO, SIN ESPERAR AL DÍA DE MAÑANA!

Juan Pablo Mañueco. Del libro "Donde el Mundo se llama Guadalajara" (2015)

martes, 6 de septiembre de 2016

Un fenómeno aterrador que cada vez se produce más a menudo



Un fenómeno aterrador que cada vez se produce más a menudo

Tened cuidado donde pisáis.

​
SUMIDEROS:

Está sucediendo en todo el mundo y cada vez más a menudo. <
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Vedlo hasta el final

lunes, 5 de septiembre de 2016

MADRUGABA EL CONDE OLINOS

Este es uno de los romances más populares. La trágica historia de amor está pensada para el final feliz, más allá de la muerte. Por eso, Pidal le da el quevedesco título de Amor más poderoso que la Muerte. En las versiones populares cantadas no figuran en general la parte final o escatológica del romance, probablemente por ser menos accesible su comprensión, la versión de Joaquín Díaz no es una excepción a esa regla.

MADRUGABA EL CONDE OLINOS


Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;

caminante que camina
detiene su caminar;
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

Desde la torre más alta
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.

-No es la sirenita, madre,
que esa no tiene cantar;
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.

-Si por tus amores pena
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.


-¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata la conde Olinos
juntos nos han de enterrar!

-¡Que lo maten a lanzadas
y su cuerpo echen al mar!
Él murió a la media noche;
ella, a los gallos cantar.

A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.

De ella nace un rosal blanco;
de él, un espinar albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.

La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.

De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan para a par.



domingo, 4 de septiembre de 2016

Romance del conde Arnaldos



Uno de los más bellos romances del romancero tradicional, que escapa a los temas habituales de tal género y no fácilmente accesible sino se sitúa en una perspectiva profunda o esotérica muy lejana de la sensibilidad actual. Admirable interpretación de Amancio Prada 

Romance del conde Arnaldos

Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de san Juan

yendo a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar

las velas trae de seda
jarcias de oro torzal
áncoras tiene de plata
tablas de fino coral

marinero que la guía
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma
los vientos hace amainar

las aves que van volando
al mástil vienen posar
los peces que andan al fondo
arriba los hace andar.

Allí habló el infante Arnaldos
bien oiréis lo que dirá
"Por tu vida el marinero
dígasme ahora ese cantar"

Respondiole el marinero
tal respuesta le fue a dar
"Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va"

                    Anónimo


RIBEREÑA DE LA PEDRIZA (Juan Pablo Mañueco)


RIBEREÑA DE LA PEDRIZA


I

Torres de la Pedriza
bajaba yo aprisa,
cornisa a cornisa
entre nieve aprendiza
de rambla imprecisa.

¡Recuerdo Pedriza!

II

Haciendo el sendero
por el Manzanares,
rocosos lugares
encuentra el viajero
del cielo frontero.

Picos de Pedriza.

Acaso creía
que me perdería
por esos altares
donde el Manzanares
manando venía.

Cantiles desliza.

Desde el Ventisquero
donde la Condesa
transforma el nevero
en río montero,
que en laguna apresa.

En riscos se eriza.

Torres de la Pedriza
bajaba yo aprisa,
cornisa a cornisa
entre nieve aprendiza
de rambla imprecisa.

Canchales tapiza.

Hueco de las Hoces
estaba bajando,
pensando y pensando
en cantos y voces
de aves trinando.

¡Pastoril Pedriza!

Moza montañera
en una ladera
de aquellos canchales
mira el Manzanares.
¡Detuve carrera!

La moza me hechiza.

Larga cabellera
y talle ceñido,
me encendió en manera,
que ser su marido
allí mismo fuera.

Gustosa Pedriza.

Le dije: “Preciosa
serrana de Sierra,
que en montuosa tierra
estás silenciosa.
¿Es tu tierra ésta?”

Su voz lo matiza.

-Soy de la Pedriza
pero sola quiero
seguir el sendero,
como el río desliza
desde el manadero.

¡Áspera Pedriza!

-Sigue tu camino
como lo hace el río
buscando el sombrío,
rugoso destino
del ser peregrino.

Bajé la Pedriza.


III

Torres de la Pedriza
bajaba yo aprisa,
cornisa a cornisa
entre nieve aprendiza
de rambla imprecisa.

¡Recuerdo Pedriza!

Juan Pablo Mañueco 



sábado, 3 de septiembre de 2016

OTOÑO EN CASTILLA (Juan Pablo Mañueco)



OTOÑO EN CASTILLA



Y ya estará el otoño
dorándose en los bosques de Castilla,
llenándose entre todo
-con su luz amarilla-
cuanto de estío cruzado ha la orilla.



Templada maravilla
que va sembrando de color del oro
del tronco cada astilla,
dotándole del tono
alimonado al aire rumoroso.



De las nubes, las gotas
resbalan entre los grises roquedos,
de cisternas remotas,
mojando los viñedos
álamos, robledales y salcedos.



El oro en los hayedos,
luego que el otoño alcanzó sus cotas,
igual que en los olmedos,
doradas siembra motas
que abandonen las ramas luego, rotas.



Será buena cosecha
de hojas de lumbre la que otoño dora,
cayendo cada flecha
-entre su luz sonora-
al suelo que aguarda dicha áurea hora.



Como otoñal señora
que al fuego vegetal enciende mecha,
da Castilla la aurora
para que ya sea hecha
lumbre que siembre tierra satisfecha.



Juan Pablo Mañueco (2016)