martes, 5 de agosto de 2014

La organización comarcal (Luis Carretero Nieva 1917)


La organización comarcal

 

Hay regiones, varias en España, dentro de las que la vida pública exterior al municipio es única, general, sin que aparezcan porciones de pueblo y territorio donde esa vida adquiera mayor intensidad, más solidez, más acentuada comunidad y modalidades que la den carácter y existencia propia, diferenciada del resto, dentro de la armonía regio­nal; una de estas regiones, salvo ligerísimas y muy limita­das excepciones, es tal vez la leonesa. En Castilla la Vie­ja pasa precisamente lo contrario; la vida comarcal presen­ta gran variedad de colores, dentro de un armonioso iris; la Rioja se distingue por su matiz de la tierra soriana, sin embargo de mostrar ambas sus reflejos aragoneses sobre su fondo castellano; el país que tras el Duero ocupa una parte de Segovia y Soria ofrece una fisonomía, cuyo se­mejante se encuentra, tal vez más parecido que en su co­lindante, encima de los acantilados cameranos de vida pas­toril; la Montaña, que así llamamos por antonomasia, tiene todo aquel sabor de la tierruca que con tanto deleite nos hace gustar la pluma soberana del magistral Pereda; la Moraña muestra por su parte aquel otro carácter, en el que se descubre la vecindad de las tierras leonesas. Las varie­dades comarcales son tan grandes, tan .radicales, tan nu­merosas en Castilla la Vieja, que pretender ir contra ellas, es querer oponerse a la naturaleza; intentar borrarlas o des­preciarlas, equivale a ignorar la fuerza de la geografía eco­nómica y de la etnografía, supone el imposible de que la faz de la tierra y la idiosincrasia de las gentes queden al capri­cho de una voluntad, o al acomodo de una obsesión.

 

Por añadidura a esas variedades de suelo y gentes, co­rresponden otras en la forma de los intereses materiales sobre .los que se apoyan las respectivas economías. Así es que en Castilla la Vieja, lejos de emprender una acción uniforme y constituir una sola organización común, es preciso atender a dar satisfacción a las variedades, aquilatando bien lo que pueda ser general e inaccesible a la potencia de cada comarca.

 

Hay regiones entre las españolas que pueden constituir su sociedad correspondiente, sin más que formar la agru­pación de sus sociedades municipales; pero en Castilla la Vieja no tenemos más remedio que reconocer la sociedad comarcal con su correspondiente gobierno propio más im­portante que la institución regional. Esto no es introducir complicaciones, sino solamente obedecer a los hechos rea­les; por otra parte, el Estado en su organización actual, pone un organismo entre el municipio y el poder superior y como nosotros lo único que hacemos es distribuir ciertas atribu­ciones de ese poder superior, repartiéndole entre las regio­nes y vinculándole en ellas, dejamos perfectamente deslin­dados los campos entre el gobierno regional y el de la co­marca, sin aglomeraciones y sin estorbos, dando por aña­didura, más atribuciones y mayores fines a los organismos que serian lo que debieran ser y ciertamente no son las ac­tuales Diputaciones.

 

Elías Romera, reconociendo, sin duda alguna, esa in­negable variedad entre las comarcas de Castilla la Vieja, es­tablece también las Diputaciones provinciales. Nosotros las llamaríamos mejor comunidades o merindades, formándo­las en cada comarca y haciendo que viniesen a parar a ellas los bienes de las antiguas comunidades de pueblos, encar­gándose de sus servicios de pastos y bosque, adquiriendo mediante justiprecio sus propiedades y extendiendo el uso vecinal y comunal a todos los vecinos de la nueva comu­nidad o rnerindad más útil a agricultura y ganadería, refun­diendo varias pequeñas. El conjunto de las diversas comu­nidades o merindades nuevas de la región, daría origen a la Hermandad de Castilla la Vieja, organismo encargado de la administración y gobierno de la región.

 

LUIS CARRETERO NIEVA

El regionalismo castellano

Segovia 1917

pp. 414-415

La provincia (Luis Carretero Nieva 1917)


La provincia

 

Antes de pasar adelante, hemos de hacer algunas consi­deraciones sobre la provincia, pues Romera propone un organismo intermedio entre el municipio y la región, y las leyes actuales españolas tienen establecida la provincia, que, aun cuando férreamente amarrada al poder central, simula una función de administración popular con las Di­putaciones, organismo híbrido, de mucha sangre centralis­ta y una ligera capa de intervención del pueblo administra­do, que da un indicio de personalidad a la provincia, pero sin alma que dirija su vida.

 

La provincia es, en realidad, una demarcación, una zona,un sector, un distrito, un departamento trazado por el poder central para la distribución de sus dependencias, aparte esa debilísima Diputación provincial que apenas tie­ne funciones de gobierno que cumplir, atribuciones ni recursos para atenderlas. La provincia es el mismo gobierno central, pues por muy centralista que sea su espíritu, por mucho afán que tenga de reunir en la capital del Estado todos sus servicios, no puede prescindir de tener repartidos por el territorio funcionarios de la administración de justi­cia, gobernadores, prefectos o comisarios que se ocupen del orden, guardia civil u otras fuerzas que le impon­gan, etc.,,y no puede menos de fijar a esos funcionarios una residencia y de trazarles una demarcación en que actuar, por muy dividido, que por el contrario, esté un Estado, tendrá siempre alguna atribución; la de la justicia, la del orden público, la que fuere, que exigirá también su perso­nal y sus zonas, en las que como dependientes del poder central, desempeñasen las funciones que directamente co­rresponde atender a éste.

 

En tal sistema, que con corta diferencia es el general de España, la provincia no constituye un país, pues aun cuan­do se asienta sobre un territorio limitado, carece de un pueblo organizado en sociedad y regido por instituciones o corporaciones de gobierno propio, no tiene atribuciones pe­culiares, ni necesita ni tiene recursos para satisfacerla. Los gastos que en ella se originan no son privados de ella, son el resultado de la aplicación de los que el Estado nece­sita para el sostenimiento de sus empleados y sus oficinas. La existencia de la demarcación provincial no entorpece, ni toca, ni ofrece confusión, ni se relaciona con las corpo­raciones de gobierno local o regional, pues la provincia es, como dijimos más arriba, el propio gobierno central pre­sente en toda la nación.

 

LUIS CARRETERO NIEVA

El regionalismo castellano

Segovia 1917

pp.412-413

Sociedad municipal (Luis Carretero Nieva 1917)


SOCIEDAD MUNICIPAL
 
No ocurre lo mismo con la sociedad municipal que ha perdido vigor, fuerza y cohesión, siendo hoy problema ca­pitalísimo para la regeneración del caduco país de Castilla la Vieja la reconstitución de las sociedades municipales con el pueblo de sus ciudades y aldeas, con creación de un po­der estimulante que origine una opinión y una voluntad pú­blicas  dentro de cada uno de los municipios de la región, con la instauración de corporaciones concejiles, capaces de satisfacer en todo los designios de las respectivas opinión y voluntad locales, ajustando a ellas todos los actos del gobierno local. Porque de nada nos vale la consideración de que nuestra Castilla la Vieja haya gozado de muy pu­jantes corporaciones locales, si el hecho innegable, el hecho triste, el hecho notorio es que, al reducirse aquéllas a sim­ples organismos subordinados al poder central y depen­dientes de él, se quebrantó también la sociedad municipal y tan sólo en determinados casos da muestras de vida, pro­bando más la necesidad de existencia que el hecho de existir.

 

Creemos que la reconstitución de las sociedades muni­cipales de Castilla la Vieja es necesidad perentoria de la misma importancia que el agrupamiento de los castellanos viejos en sociedad regional, que es empresa igualmente abandonada por ellos, los que víctimas del excesivo inter­vencionismo del poder central en todos los órdenes de la vida colectiva dentro de la nación, han perdido aquella en­tereza necesaria para que cada entidad reclame el derecho a atender por sí misma a sus fines y han perdido también aptitudes por la persistencia de la tutela. Sin necesidad de volver a repetir, pues en el ánimo de todos están, las infini­tas razones que hacen de las organizaciones municipales, elemento principalísimo entre todas las agrupaciones huma­nas, confirmemos la obligación que incumbe al país castellano viejo de fortalecer con ,una reforma radicalisima la constitución de sus sociedades municipales mediante el es­fuerzo de todos, porque a todos nos interesa por amor de compatricios y por interés de consocios, poner a los habi­tantes de todos los rincones de Castilla la Vieja en condicio­nes de perseguir autonómica y eficazmente su prosperidad.

 

Sentada esta necesidad de reconstituir las sociedades municipales, despertando en cada municipio el interés de los vecinos por los negocios del común, cabe sin embargo la acción colectiva regional, aparte de la puramente local, para evitar la causa de la degeneración de nuestras socie­dades municipales y para corregir sus perjuicios. La causa de la decadencia de esas colectividades municipales es la ya tradicional persecución que los poderes centrales, desde antes de la unidad nacional, venían dirigiendo contra los poderes locales castellanos y sus inseparables y complementarias instituciones comarcales hasta hacer desaparecer aquel beneficioso colectivismo, que tan bien se adecuaba al temperamento cíe nuestro pueblo, y que era el más señalado rasgo del espíritu de nuestras genuinas organizaciones po­líticas y hasta destruir una hacienda popular que era el fun­damento de una envidiable riqueza pública; y las consecuen­cias fueron, la desilusión y el apartamiento de las personas útiles al país y sanas de alma, desoladas por la magnitud de un desastre para cuya reparación se consideraron impo­tentes. La labor regional que hay que hacer, consiste en procurar la reorganización de las corporaciones municipales sobre una base tornada en la tradición castellana, pero con aplicación de los más recientes progresos de la ciencia política con una sabia adaptación del espíritu de nuestras instituciones a los tiempos modernos, consiguiendo lo que se hubiese logrado si estas instituciones hubieran seguido un camino en el progreso tan largo como el recorrido por cualesquiera otras, evitando la simple copia de lo ajeno y cuidando, además, de crear tantos tipos de organismos municipales como requieran las variedades comarcales indis­cutibles en la región. Porque todos los peligros que pueda tener un centralismo uniformista dentro de España, los tiene igualmente otro idéntico centralismo dentro de Castilla la Vieja, sin más variaciones que la de venir dentro de la región notablemente aminorados los inconvenientes por ser también menores las diferencias comarcales. De cualquier modo, en Castilla la Vieja hemos de tener unos municipios adaptados a la distribución de la población y al género de vida de la misma en las comarcas de sierras y montañas donde abundan las pequeñas, numerosas e inmediatas al­deas, formando municipios con muchos anejos, con concejos de aldea en cada una de estas y con un ayuntamiento único para varias, corno ha de haber en muchos lugares, lo mismo de Santander, que de Soria; de Logroño, que de Segovia; de Ávila, que de Burgos; y hemos de tener otros ayuntamientos aplicables a las ciudades, en las que los la­bradores o son una minoría o no existen, y hemos de tener otro tipo de municipios en tierras corno las de llanuras y riberas, en las que la población está concentrada en núcleos variables, pero grandes todos, si se comparan con los de las sierras, en los que generalmente la vida económica re­posa sobre el cultivo agrícola, el vitícola, el hortícola, y algunas veces sobre el forestal resinero. El municipio cas­tellano debe de inspirarse en las organizaciones que fueron resultado de una gran experiencia de condiciones del terri­torio y del carácter del pueblo que imprimieron una perso­nalidad señaladísima a los municipios de Castilla la Vieja, pero tiene que aceptar todas aquellas que sean conquistas en firme del progreso, porque tan perjudicial y funesto es confundir lo que es progresivo con lo que solamente es nuevo o exótico, como Sería torpeza considerar, como cosa genuina y propia del pueblo, a lo que solamente es viejo y no tiene mérito ninguno, pudiendo muy bien ser tan sólo un vicio perpetuado.

 

Es, pues, una aspiración general de la región, reorga­nizar nuestras sociedades municipales y es condición de esta necesidad que la organización se haga comenzando por un estudio de las diversas comarcas y de los diferentes modos de vivir de los habitantes de las mismas, para tener en cuenta todas sus modalidades y establecer organismos adecuados a estas.

 

 

EL REGIONALISMO CASTELLANO

LUIS CARRETERO

Segovia 1917 pp.342-345

miércoles, 30 de julio de 2014

Otro descarrilamiento de un banco público (la desamortización siglo XXI)


 

INMODIARIO

 

Otro descarrilamiento de un banco público

 

Que si Dios o el Caos no lo remedian la Banca Pública no resucitará en España, es algo que está cantado. Terminaba yo de escribir  mi anterior artículo en el que comentaba la iniciativa de un diputado comunista andaluz sobre la Banca Pública en Andalucía, cuando aparecieron noticias abundantes de la inminente “desamortización”  de otro de los restos de las numerosas Cajas Públicas que hace unos años funcionaban en toda España.

 

Finalmente, ese banco ha pasado de manos públicas (el FROP) a manos privadas, (al Banco BBVA), “… por 1.187 millones de euros, aunque el coste final de la operación será de 600 millones, según fuentes cercanas a la operación. Esta diferencia es fruto de descontar los créditos fiscales de los que se beneficiará BBVA y las nuevas garantías con las que contará para adjudicarse Catalunya Banc. En concreto, BBVA tendrá cubiertos los riesgos por posibles litigios de preferentes, swaps y cláusulas suelo y por una eventual ruptura del acuerdo de Bancaseguros con Mapfre.”

 

Ha habido pues -recuperando un cierto tipo de lenguaje rapaz inmobiliario antiguo, dos pases. El primero, de las diferentes cajas públicas al Gobierno (FROP), cuando este las rescató. Y el segundo pase, cuando saneada con fondos públicos ha pasado a manos privadas.

 

Si el primer pase resulta acongojante: ¿Por qué no se le dejó quebrar, dado que sí lo estaba? ¿No sobraban Cajas en España?... (con ello usted, yo y casi todos los españoles hubiésemos perdido poco), pero el segundo, lo es aún más. Se renuncia, una vez saneada esa entidad y por tanto en condiciones de generar  beneficios, a su constitución como banca pública, y se entrega, por el puñado de euros que se indica más arriba, a quienes lo harán florecer de nuevo. Y todo eso con la pérdida irrecuperable de unos 12.000 millones de euros, que usted, yo y casi todos los españoles, tendremos que pagar de una u otra forma.

 

Que se produjese su rescate y no su quiebra, que no se haya sabido reflotarla adecuadamente salvo por la vía de más y más capitales entregados para su salvación; que sea el rescate más ruinoso ocurrido hasta la fecha en España; que se haya entregado a particulares un negocio que generará beneficios importantes a corto plazo; que todo eso parezca no quitarle el sueño a los responsables de este desastre consecutivo de decisiones; que la ya anunciada reducción de costes de Catalunya Banc, vaya a mandar más gente al paro y oficinas al Banco malo;  todo eso, no es lo más importante.

 

Lo más agrio es la RENUNCIA  a constituir un contrapoder competitivo frente a la Banca Privada. Como se siga desmantelando -y parece que esa es la idea- los restos de Banca Pública que quedan, una vez saneada a costillas de los contribuyentes, solo van a quedar unos pocos bancos  en nuestro país.

 

Y lo más atroz de todo esto es  que el banco ya saneado, generará en pocos años -¿meses?, fuertes plusvalías -los beneficios bancarios no dejan de crecer- que irán, como Dios manda, a sus propietarios, que mira por dónde no seremos ni usted, ni yo, ni la mayoría de los españoles. Por si le cabe duda acerca de esto piense en el Banco de Galicia o en el Banco de Valencia -otros pases sorprendentes de lo público (habían sido intervenidos)  a lo privado- que fueron vendidos a 1 euro, y que sus compradores, los Bancos vencedores, los han hecho ya fructificar enormemente, apenas pasados algunos meses desde su peculiar compra.

 

Ya hace tiempo que sé en manos de quienes estamos (véase el Libro del Éxodo, 32)  pero cosas como la que acabo de contarle me dice, además, que con los plutócratas, los de a pie NO PODEMOS.

 

Caiga su sangre sobre nosotros (Juan Manuel de Prada)



JUAN MANUEL DE PRADA


Los «prescriptores» han defendido las tropelías de Israel, que no han servido sino para enviscar al mundo musulmán

EN estos días escucho muchos lloriqueos en ámbitos católicos por la persecución que sufren los cristianos en Oriente Próximo; en cambio, escucho menos deseos de reconocer, mediante un acto de contrición sincera, cuáles son las verdaderas causas de esa persecución. También me llama la atención que en determinados medios sedicentemente católicos, cada vez que hay que explicar lo que está sucediendo en Oriente Próximo, se recurra a la autoridad de «analistas de política internacional», «expertos en geoestrategia» y demás ganapanes neocones, liberales o progres (bueno, en medios sedicentemente católicos a estos últimos se recurre menos, porque con los neocones y los liberales tienen ya cubierta la ración de alfalfa intoxicadora) y no se dé voz a cristianos iraquíes, sirios o palestinos, que son los que están sufriendo en sus propias carnes la persecución, y conocen perfectamente sus causas. Y no se les da voz porque se sabe que lo que van a decir no cuadra con toda la alfalfa que se nos ha obligado a deglutir durante estos años; que se nos sigue obligando a deglutir hoy.

Lo acaba de decir Michel Sabbah, patriarca emérito de Jerusalén: «Lo que está ocurriendo en Gaza no es una guerra, sino una masacre»; y es que, en efecto, no hay guerra justa donde no hay proporcionalidad en la respuesta. Los cristianos palestinos saben perfectamente que las iglesias que han sido destruidas en Gaza no lo han sido por Hamás, sino por Israel. También los cristianos sirios saben quiénes han financiado y asesorado a la chusma que martiriza a sus hermanos. Y los cristianos iraquíes saben quiénes han sido los causantes de la feroz persecución y éxodo que padecen en estos días. Pero aquí nos basta con lloriquear por nuestros pobrecitos hermanos perseguidos, sin querer conocer las causas; o, todavía peor, impidiendo que nuestros hermanos perseguidos nos las expliquen, porque para eso ya tenemos nosotros a nuestros «especialista» tertulianeses, a sueldo de la embajada americana o israelí (o, todavía peor, gozquecillos que necesitan alinearse gratis con el Nuevo Orden Mundial, para aliviar el gravamen de su insignificancia), que nos lo explican a las mil maravillas, que nos lo llevan explicando a las mil maravillas años o décadas, apoyando la intervención de Estados Unidos en Irak, jaleando la primavera árabe, justificando la guerra en Siria y, por supuesto, aplaudiendo frenéticos con las orejas cada «intervención militar» israelí.

Durante muchos años –demasiados ya– los «prescriptores» de los católicos españoles en cuestiones sobre Oriente Próximo han sido una patulea que se pone cachonda con el sonsonete de la «extensión de la democracia» (así llaman a la expansión del Nuevo Orden Mundial, los muy bellacos), como el coronal Kilgore de Apocalypse Now se ponía cachondo con el olor del napalm por la mañana. Estos «prescriptores» han jaleado el derrocamiento de todos los dictadores que toleraban o incluso protegían a los cristianos en Oriente Próximo (Sadam Husein, Mubarak, Gadafi, Al Asad…) e impedían su persecución cruenta; estos «prescriptores» han presentado como «luchadores por la libertad» a la chusma islamista que, patrocinada y armada por el Nuevo Orden Mundial, tortura, martiriza o condena al éxodo a los cristianos de Oriente Próximo; estos «prescriptores», en fin, han defendido hasta lo indefendible las tropelías más infames de Israel, que no han servido sino para enviscar al mundo musulmán.

Esta patulea, queridos católicos españoles, han sido (¡y siguen siendo!) nuestros prescriptores, nuestros líderes y lideresas ideológicos. Ahora lloramos por la persecución de los cristianos en Oriente Próximo. Caiga su sangre sobre nosotros.

 

viernes, 25 de julio de 2014

Las Regiones (Elías Romea, Administración local 1886)


XIII

Las Regiones.

Avanza siempre, pero en espiral.
Goethe

Ya expusimos el desarrollo de este ciclo orgánico administrativo y ahora vamos á insistir sobre punto tan interesante. La demarcación provincial y la de los partidos judiciales nacieron por las ne­cesidades administrativas del Estado, así que son creación de este. Los Reinos, los Principados, Los Condados, Marquesados y las tierras de las villas y ciudades, nacieron por el contrario, al calor de nuestras evoluciones históricas, al compás de nuestras lanzas reconquistadoras y, en consonancia y adaptación de la topografía y producciones del país con el carácter, dialecto y costumbres de nuevos pobladores;
estos Reinos, estas Regiones son entidades reales y positivas que el Estado no ha podido sustituir, ni mucho menos borrar del comercio social con esas demarcaciones crea­das á su antojo, como son las provincias y partidos judiciales. Los catalanes se llaman catalanes, sean del Ampurdán ó del Prio­rato; los andaluces, andaluces, así sean del condado de Nieblas como de la serranía de Ronda; los valencianos, valencianos, lo mismo los serranos de Castellón y Segorbe que los huertanos de Alicante, como todavía subsiste la división de castellanos viejos y nuevos. Los primeros constitucionales españoles no hicieron en esto mas que imitar servil y desdichadamente a los revoluciona­rios franceses, al instituir las provincias actuales, "desgarrando los cuerpos vivos de los antiguos estados, despedazando de su patria con nueva división administrativa", según frase del célebre irlandés Burque. De ahí que á las Regiones se les debe reconocer legal­mente y darles é infundirles la vida que tuvieron, en la historia, restableciendo ese vínculo y ese nexo que fue el alma de nues­tra reconquista y por ende de nuestra nacionalidad. Siendo Mi­nistro de la Gobernación D. P. de la Escosura en la revolución del 54 se intentó por decreto, instaurar las regiones antiguas de nuestra nación, pero tan buen pensamiento se abandonó después, derogándose a seguida de la caída del partido progresista, tan lau­dable disposición. Después en los proyectos de reforma de los se­ñores R. Robledo, Moret y sobre todo en el nonnato del señor Silvela, ha renacido esa idea que todavía se halla en el periodo de gestación, pero es tal su virtualidad, que es de esperar con­fiadamente, salga algún día vivificada legalmente de nuestro parla­mento, porque como ha dicho con sobrado fundamento el insigne tratadista de derecho constitucional B. Constant: «es preciso intro­ducir en la administración mucho federalismo” que no es opuesto a la unidad de la patria, como una experiencia secular lo viene comprobando en Inglaterra, Holanda, Alemania, Dinamarca y has­ta en la autocrática Rusia, circunstancia que no tienen presente ciertos espíritus apocados y, asustadizos. El particularismo regio­nal, el localismo histórico debido á la variedad de clima y á la constitución de nuestra nacionalidad, es tal en España, según ob­serva el gran Spencer, que no puede igualarle otra nación.

Al constituir las Regiones queremos instaurar la regionalidad histórica y tradicional
que no es el federalismo pactista, que no puede ser el separatismo y el descoyuntamiento de la unidad nacio­nal, lograda á costa de tanta sangre, de sacrificios tantos y de tantos siglos de épica lucha; el regionalismo que deseamos cons­tituir, es el genuino y auténtico regionalismo, que no es otra cosa que la descentralización en todas las manifestaciones de la vida so­cial, desenvueltas en un organismo relativamente autónomo, con subordinación prudencial y harmónica al poder central; de esa ma­nera combatiremos ese macrocefalisrno que nos corroe y nos desangra, consumiéndonos por plétora en Madrid y en las capitales y muriéndonos de anemia en los lugares y aldeas; con la constitu­ción de las Regiones se difundirá y repartirá la vida nacional, que renacerá como el Ave Fénix, concluyendo esa concentración del poder y de servicios que caracteriza á nuestro Estado, todo cabeza y en su apoteosis constituido en Estado-Divinidad: por eso desea­mos que las categorías graduales y progresivas, individuo, familia, municipio, provincia, región sean autónomas en el desarrollo de los elementos de vida, es decir, en su vida interna, con órbita bien delimitada y subordinadas en la externa al círculo superior jerár­quico inmediato. Así también el Estado dejará de ser el arbitro de España y el Gobierno el tirano de los españoles

Así como el comunalismo es el complemento del familismo y de este el provincialismo, del propio modo el regionalismo lo es del provincionalismo, a la manera que el patriotismo, el amor de la patria, es el círculo máximo que abraza é integra á todos esos par­ciales amores y á todos esos vínculos graduales inferiores.

A la acción enérgica, tiránica y absorbente de la centralización, tenía que suceder por ley social necesaria inevitable, la reacción vivificadora del regionalismo descentralizador, amoroso y paternal como las auras de la patria,
pero no el regionalismo estrecho, mez­quino y bastardo de las banderías políticas
, sino aquel regionalismo puro, genuino, auténtico, arrobador, que parte del santo suelo donde el sol pristinamente nos alumbró, donde recibimos las cari­cias maternales, donde pequeñuelos jugueteábamos, donde el casto amor enardecía nuestro corazón y donde se guardan las sacrosan­tas cenizas de nuestros padres y hermanos; en fin, del regionalis­mo, todo sentimiento idolátrico, todo recuerdos y tradiciones del sabor de la tierruca, que es la harmónica forma cristalográfica del nacional sentimiento de la integridad de la patria. El cesarismo re­volucionario, ha dicho C. Perin, que no admite en la sociedad ,más que dos derechos, el del individuo y el del Estado, es el enemigo irreconciliable de las libertades locales.

En este concepto y teniendo presente la antigua demarcación de Reinos que han constituido la nacionalidad española, hemos for­mado el proyecto de división de Regiones, señalándoles las capita­les y acompañándoles algunos datos estadísticos que lo ilustran y como se verá, de él resultan diez Regiones y en nuestro humilde parecer son las que más se amoldan á nuestros antecedentes histó­ricos y á la topografía de nuestra península. Casi todas ellas tienen cinco provincias, excepto la Andalucía occidental, que por com­prender las dos provincias de Extremadura tiene seis: en cambio la vasco- navarra y la aragonesa tienen cuatro, incluyendo en esta última la de Logroño, por sus afinidades de carácter, de produccio­nes y topografía. Las capitales son las mismas que la tradición secular viene señalándolas como tales, excepto en la galaico-asturiana, que seria muy inconveniente levarla á la Coruña, por su excentricidad y por eso hemos señalado Lugo como capital, por ser punto más equidistante entre Asturias y Galicia. Lo propio acontece con Tolosa, antigua capital de Guipúzcoa, en la región vasco-navarra. Los nombres que damos á las Regiones son los mismos que llevan en nuestra Geografía histórica y política, !amentando que á la Andalucía occidental no le hayamos podido llamar Bético-Extremeña, ya que llamamos á su congénere y hermana, Andalucía occi­dental, porque el nombre de Andalucía es más usual que la palabra latina Bética. La población, extensión y riqueza de cada una, son suficientes, en nuestro concepto, para atender los fines que les hemos cometido, excepto la vasco-navarra que resulta un poco exigua, pero es una unidad histórica, etnográfica y topográfica tan interesante y tan importantísima, que nos atrevemos a decir sería un atentado alevoso, el segregar desgarrándolas esas cuatro her­mosas hermanas que forman una las más valiosas preseas que abrillantas y, avalorar la corona de España, por su laboriosidad, por su honradez, por su carácter y por sus venerandas institucio­nes, ensalzadas y envidiadas en el antiguo y nuevo continente y que merecen conservarse en mármoles con letras de oro. Afirma el gran Le Play, hablando de ellas, que no ha hallado ni en Europa, ni en Asia, ni en América, raza ninguna en la cual la paz social reine en tan alto grado como entre nuestros vascongados, lo cual consiste en que en parte alguna existe una sumisión más completa a las instituciones fundamentales de la humanidad.

GALICIA

Capital: Lugo

Provincias

Asturias
Coruña
Lugo
Orense
Pontevedra



CASTILLA LA VIEJA

Capital :Burgos

Provincias

Ávila
Burgos
Santander
Segovia
Soria



CASTILLA LA NUEVA

Capital :Madrid

Provincias

Ciudad Real
Cuenca
Guadalajara
Madrid
Toledo


ANDALUCÍA OCCIDENTAL

Capital:Sevilla

Provincias:

Badajoz
Cáceres
Cádiz
Canarias
Huelva
Sevilla


ANDALUCÍA ORIENTAL

Capital:Granada

Provincias

Almería
Córdoba
Granada
Jaén
Málaga


VALENCIA

Capital:Valencia

Provincias

Albacete
Alicante
Castellón
Murcia
Valencia



CATALUÑA

Capital:Barcelona

Baleares
Barcelona
Gerona
Lérida
Tarragona


ARAGÓN

Capital:Zaragoza

Logroño
Huesca
Teruel
Zaragoza



VASCO-NAVARRA

Capital:Tolosa

Provincias

Álava
Guipúzcoa
Vizcaya
Navarra


Las Diputaciones Regionales, lo propio que las Provinciales y como los Ayuntamientos, son corporaciones exclusivamente ad­ministrativas, de cuya gestión estarán encargados cuatro diputados por cada provincia de su demarcación, elegidos por las Asambleas municipales y con el procedimiento que hemos propuesto para las elecciones provinciales, siendo preciso para ser electo Dipu­tado regional, haber sido todo el tiempo legal Diputado pro­vincial ó Vocal de una asamblea municipal, con juicio de resi­dencia favorable, sin haber sufrido condena por comisión de de­lito. La Comisión regional se compone de tres Diputados elegidos á suerte; los turnos en forma idéntica á las Comisiones provin­ciales, á fin de que en ningún turno haya dos diputados de una mis­ma provincia, y como en las regiones que tengan más de cinco pro­vincias sobrarán diputados, se procurará repartir equitativamente los turnos, quedando de suplentes, á suerte también, los diputados á quienes no les haya tocado turno. En cambio las Regiones como la Aragonesa y Vasco-Navarra, por tener solamente cuatro pro­vincias, elegirán cinco diputados en vez de cuatro, como las otras, para tener personal para los seis turnos. Las Diputaciones y Co­misiones regionales, se constituirán y funcionarán de la misma for­ma que las provinciales y serán para estas lo que ellas para los Ayuntamientos, es decir, que las Diputaciones regionales son los superiores jerárquicos de las provinciales. El Presidente disfrutará cinco mil pesetas y cada Vocal de la Comisión regional tendrá cuatro mil pesetas de indemnización, siempre que no sean veci­nos de la Capital, y los Diputados quince pesetas por sesión.

Los gastos obligatorios para las Diputaciones regionales serán:

1º Personal y material de sus oficinas.

2º Sostener una facultad de Medicina y Cirugía y otra de Derecho o de Farmacia o escuela de Veterinaria; una escuela de maes­tros y maestras superiores y una granja escuela de agricultura y ganadería, propia de los cultivos de la región y subvencionar las escuelas mixtas de las provincias de su demarcación, ejerciendo así un verdadero patronato. La enseñanza regional hará que se fomenten las aptitudes é inclinaciones eminentes de sus habitan­tes, y esos centros de enseñanza extenderán legítima influencia en toda la Región, dándole su genuina individualidad y facilitando á las familias, sin gastos onerosos, la vigilancia inmediata de sus hijos.
3.° Un hospital de crónicos incurables y un manicomio.

4.* La construcción d: ferrocarriles económicos que unan las capitales de las. provincias de su demarcación y los transversales más importantes para unir líneas de ancha vía, los cuales redun­den en beneficio del comercio y de la producción regional y sobre tomo han de subvenir á la canalización de nuestros gran­des ríos, cuyas aguas se pierden en los mares, sin utilizarlas ni para riegos, ni como vías fluviales, ni como fuerza motriz, y los canales hay que convencerse son instrumentos de mayor pros­peridad que los ferrocarriles y sin duda por eso los españoles los tenemos tan preteridos, habiendo construido bastantes cientos de kilómetros de líneas férreas, sin preocuparnos de proporcionarles productos que transportar, es decir, que tenemos jaula y no tene­mos pájaro.

5º Servicio industrial minero.

6º Consignación para subvenir á las calamidades de la Región.

El contingente regional
no podrá exceder del 10 por 100 del total de presupuestos de las provincias de su demarcación, así como también el gasto de personal y de material no excederá del 6 por 100 del presupuesto total
. Para la derrama del con­tingente regional se tendrán presentes las advertencias y circuns­tancias expuestas al hablar del provincial.

Las Diputaciones regionales se reunirán, alternativamente en las capitales de sus provincias en sus sesiones ordinarias; en las extraordinarias siempre en la capital de la Región, y se sostendrán da repartimiento que giren sobre los presupuestos pro­vinciales en Septiembre, á fin ele que en Octubre lo conozcan las Diputaciones para el reparto del contingente. Los acuerdos de las Diputaciones regionales son apelables ante el ministro de de la Gobernación, quien dictará sus fallos con precisa audiencia de la Sección de Gobernación y Fomento del Consejo de Estado, interviniendo también en la misma forma para la aprobación de los presupuestos y cuantas de las Diputaciones regionales,
para que estas jamás puedan empecer y embarazar la acción y unidad nacionales.


Todo cuanto hemos manifestado sobre acuerdos, responsabilidad en ellos, marcha económica, libros de actas, etc., etc., en las Diputaciones provinciales y Ayuntamientos, tendrá aplicación a las Regiones. Lo mismo que sobre recurso contra sus acuerdos y responsabilidad de sus Vocales.

Las Diputaciones regionales tendrán también iniciativa legistaiva.

Como se ve en la organización local que proponemos , hay el verdadero engranaje y trabazón para su ordenado funcionamiento, a la vez que la necesaria subordinación, sostenida por una inspección escrupulosa, entendida y constante, que empieza desde el Estado a las Regiones, de estas a las Provincias, y de las Diputaciones provinciales a los Ayuntamientos, base y cimiento de nuestra administarción local , y en esta división harmónica y complementaria de servicios, hijos de la fecunda y prodigiosa asociación, habremos de hallar la regeneración local y la prosperidad nacional, como en la asociación y división del trabajo han hallado los tiempos modernos el alma del progreso industrial, asombro del mundo.

No desconocemos cuan expuesto y hasta peligroso es trans­formar los organismos actuales, para encaminar la vida nacional por otros derroteros de más amplitud para la iniciativa indivi­dual y. por ende de más solidez; pero por desgracia nuestra, la ato­nía del cuerpo social es grande, le vemos sin cariño y sin entu­siasmo por ninguna institución,
por este incesante cambio de leyes que no echan raíces, ni adquieren estabilidad para que puedan apreciarse los fines que con ellas se persigue: esto nos hace creer que con mesura y prudencia en el desenvolvimiento de la reforma que proponemos, se habrán de desarrollar las iniciativas en las corporaciones, se habrá de robustecer la vida local, se circunscribirá á sus límites propios la del Estado y sobre todo se habrán de producir grandes economías que habrán de ir á avivar empresas y no se consumirán en la estéril empleomanía, que es la autocra­cia burocrática lo peor de todas las tiranías.

De esta manera lograremos
encerrar la acción del Estado dentro de su esfera peculiar y atendiendo exclusivamente a los servicios, propios de su función, como son la organización económica, administración de justicia y establecimientos penitenciarios todos, la seguridad interior y exterior, la sanidad, la deuda nacional, la acuñación de moneda, las relaciones exteriores, los servicios esta­dísticos, las comunicaciones postales, los altos Cuerpos consul­tivos y la inspección de las regiones
, que todo esto basta y sobra para que los paternales gobiernos no den paz a la mano en sus buenos deseos en favor del país, y sobre todo la acción oficial se contendrá dentro de prudentes límites, dejando á la iniciativa indi­vidual y corporativa local ancho campo y no moriremos por la asfixia que nos produce la absorción del Estado, logrando así que los gastos se reduzcan, que el impuesto disminuya, y sobre todo se debe establecer este sobre una base racional, científica y equita­tiva, que le haga revestir el carácter de verdadera contribución y no de despojo, como ahora sucede al hacer contribuir una misma riqueza bajo varios conceptos, que esto es además de irritante, in­justo y hasta inmoral, y no menos inequitativo es, que la propiedad y las personas tengan el mismo tipo contributivo en las poblacio­nes que en la más arrinconada y apartada aldea, en donde de nada se disfruta, ni aun de seguridad personal y todo se paga; pero que á ello nos lleva ese cúmulo enorme de gastos, esa centra­lización perniciosa de servicios. consecuencias funestas de nuestra pasada grandeza, no puliendo ni sabiendo contenernos dentro de nuestros recursos, en nuestra decadencias, viviendo como modestos, pero honrados plebeyos, nosotros que hemos sido los señores del mundo. Con cuanta acierto exclamaba nuestro comprofesor Floren­tino, el inmortal Dante:

¡Nessum maggior dotore che ricordarase
Della fetlcitá nella disgraccia.

 

jueves, 24 de julio de 2014

La engañifa federal (Juan Manuel de Prada)

LA ENGAÑIFA FEDERAL

JUAN MANUEL DE PRADA
 
ABC.es
 
Pedro Sánchez, además de sonreír mucho, como si fuese un selfie con patas, ha recuperado la matraca del Estado federal.
 
TAL vez por haber sido siempre diputado de recuelo o repesca, de los que las oligarquías políticas echan mano cuando alguno de sus dinosaurios es enviado a un retiro dorado o a un consejo de administración, en el socialista Pedro Sánchez descubrimos ese ímpetu un poco histriónico propio del futbolista suplente. Pero, como suele ocurrir con los futbolistas suplentes (que por algo lo son), Pedro Sánchez no sabe hacer otra cosa sino repetir lo que los futbolistas titulares llevan haciendo desde el principio, sólo que con mayores bríos, como un torete recién salido del chiquero; de tal modo que, tras el arreón del primer instante, delatan enseguida su juego limitado y archisabido. Pedro Sánchez, además de sonreír mucho, como si fuese un selfie con patas, ha recuperado la matraca del Estado federal, que es el mismo sonsonete que se gastaba Rubalcaba (aunque dicho por Sánchez parezca una insinuación lúbrica y dicho por Rubalcaba pareciese una cenicienta expresión de pésame), como panacea de las veleidades separatistas. Pero hasta los socialistas saben que se trata de una engañifa.
 
Sin duda, el centralismo consagrado por el liberalismo ha sido una de las más mayores calamidades de nuestra historia, por ser contrario a nuestra tradición política y vivero de los nacionalismos separatistas (que ahora, de forma irrisoria, los liberales pretenden presentar como ideologías cavernarias y premodernas, cuando son hijos predilectos y primogénitos de la misma ideología que ellos proclaman). El llamado Estado de las autonomías (luego reveladas autonosuyas) no era, en realidad, sino un intento de disimular el divorcio nacional mediante una organización territorial por completo artificiosa, al servicio de un poder político que, para hacerse fuerte (y emplear a sus innúmeros cachorros), necesitaba enviscar a unos españoles contra otros, en una demogresca que las oligarquías políticas alimentaron formando falsas «identidades», mediante el empleo goebbelsiano de la propaganda y el adoctrinamiento en las escuelas, que ha convertido a las nuevas generaciones en jenízaros del separatismo. Ahora que el modelo se prueba agotado (el expolio de las cajas de ahorros podría considerarse el hito terminal del Estado de las autonosuyas), las oligarquías empiezan a fantasear con la posibilidad de prolongar el chollo con el Estado federal, aprovechando las inercias de la demogresca; y emplean a Pedro Sánchez de liebre, a ver si el pueblo degenerado en ciudadanía dividida en negociados de izquierda y derecha pica el anzuelo.
 
A simple vista, este Estado federal que nos propone nuestro selfie con patas, como si fuese una apetitosa insinuación lúbrica, pudiera confundirse con aquella federación natural, formada por el sufragio universal de los siglos, que reconociendo las instituciones jurídicas de cada reino logró la unidad política de España. Pero aquella federación natural (en la que la nación no era un simple agregado de individuos en un momento pasajero y mudable de la Historia, sino un todo sucesivo, producido por un poderoso sentido de pertenencia) se fundaba en tres cimientos: la unidad católica, la monarquía cristiana y el reconocimiento de los fueros de cada región. El Estado federal que ahora se nos propone se funda exactamente en la disolución de tales cimientos; de ahí que no pueda hacer otra cosa sino ahondar la demogresca que ya nos trajo el Estado autonómico. A los españoles, con Estado autonómico o con Estado federal, no nos resta —Menéndez Pelayo dixit— sino volver al cantonalismo de los reinos de taifas, mientras las oligarquías políticas nos expolian. Y es que el saqueo de sus bienes materiales es el destino inexorable de los pueblos que antes se dejaron arrebatar sus bienes eternos.