jueves, 23 de mayo de 2013

Cultura popular castellana


         

           Cultura popular castellana



          Si alguna palabra causa perplejidad por la variedad de sentidos que se  le atribuyen modernamente esa es la palabra pueblo, no menos que su adjetivo correspondiente: popular.  El buen pueblo en ciertas épocas fue algo así como una doncella en penoso  cautiverio por los manejos y asechanzas de un malvado tirano que incitaba a algunos a la quijotesca empresa de su liberación; eran épocas de reductoras y emocionales consideraciones del pueblo como gimiente esclavo de intolerables iniquidades, y lo popular una consigna de combate justiciero;  así por ejemplo los bolcheviques aseguraban en su época que eran los mejores amigos del pueblo al que, no faltaba más, se proponía liberar de sus duelos sin fin, lo que vista con la perspectiva que dan los años hace pensar que con amigos así no hacen falta enemigos. No se puede considerar que esté definitivamente ida la época del ensalzamiento popular, tanto tiempo usada por algunos partidos políticos, que frecuentemente sucumbían a la crasa reducción del  “pars pro toto”, así por ejemplo no ha sido infrecuente considerar como pueblo en esencia al proletariado industrial, los parias de la tierra como bien dice el canto de la Internacional, y si no se llegaba tanto, si al menos se consideraba algo así como su parte más excelsa. Claro que el pensamiento político revolucionario del siglo XX tampoco se ha sentido demasiado cómodo con la idea de pueblo y de popular, a pesar de las reducciones explícitas a que ha sometido dichos vocablos, en el fondo con demasiadas connotaciones cualitativas para un manejo político eficaz, y así se pasó a una versión políticas más recientes en el tiempo, a la noción más cuantitativa y pedestre de masa, mucho más acorde con la degradación cuantitativa de nuestra época. Los nostálgicos del pasado pueden aún consultar aquel breviario de masas titulado “El libro rojo” del borrascoso timonel  chino si quieren fascinarse con sus jaculatorias.   


          Simultáneamente  a las concepciones anteriores han existido otras modernas concepciones que han visto al pueblo más como una bella durmiente que como una cautiva; una bella doncella de rubios cabellos, ojos azules como el océano, blanca piel como el nácar y tal vez rh negativo, cuya dotación genética material portaba el arcano de una superioridad indiscutible, que algún iluminado de turno sellando con beso los labios de la doncella despertaría para gloria de la humanidad. Estas concepciones han ido ligadas más que a la palabra pueblo a otros equivalentes en lenguas foráneas, volk, o incluso no tan foráneas, herri. En realidad esta concepción se podría considerar como el polo antitético de la anterior concepción del pueblo como masa cuantitativa, uniforme y sin cualidades, pero en el fondo a ambas concepciones subyace una idéntica concepción material, mecanicista, rígida y susceptible de violencias sin cuento, bautizadas a veces con el pomposo nombre de revolución liberadora, dos versiones diferentes en definitiva en un mismo plano de inferioridad espiritual.

 

La noción de pueblo en su sentido radical es hoy día algo ampliamente desconocido en occidente, aunque con voz engolada y pomposa  se hable del pueblo y  de la democracia o gobierno del pueblo; es bien sabido que todo hombre de hoy no solo debe ser demócrata sino también parecerlo; pues así y todo no se suele llegar en el mejor de los casos más que a dar a lo sumo caracterizaciones demasiado secundarias, parciales y fragmentarias, y ni siquiera acudiendo a términos griegos y latinos se resuelve satisfactoriamente la cuestión.  Es muy curioso como los judíos han sido un pueblo, o mejor aún el pueblo por antonomasia, cuyo núcleo generador es su religión, careciendo de muchas de las características externas que modernamente se creen indispensables la existencia de un pueblo, tales como territorio, lengua profana, o similitudes raciales externas. No deja tampoco sorprender como la variedad de etnias de religión  islámica conservan la noción general de pueblo creyente, la umma,  más allá de divisiones raciales o estamentales, y que aún produce reacciones unánimes en algunas ocasiones. Algo similar ocurrió en los países occidentales en la Edad Media, donde ausente el concepto de nación, y con relaciones de fidelidad entre los soberanos, los diferentes pueblos formaban la Cristiandad, de hecho la moderna noción de Europa no existía en la Edad Media, el ámbito de cultura occidental se designaba como la Cristiandad, una unidad que dio al traste a la larga una tendencia hacia la exteriorización en todos los órdenes que desembocó en el humanismo, a la que no fue ajena la concepción imperial de origen romano de la organización eclesiástica occidental; ruptura que fue el origen de las naciones modernas de fundamentos muy distintos a las raíces religiosas y sagradas de los pueblos. No fue lo mismo el caso de la cristiandad Ortodoxa de Oriente, que fue el germen del florecimiento de pueblos y culturas distintas, que con una organización popular y autocéfala alejada en extremo de la organización imperial católica, mantuvo una unidad espiritual que no fue posible en occidente. Otros ejemplo es el pueblo japonés, cuya raíz no es el arroz, ni el bambú, ni las gheisas, ni las cámaras fotográficas, ni los automóviles, ni siquiera las características físicas de ojos oblicuos, el pueblo japonés surgió de y en el shintoismo.


          Desde un punto de vista tradicional la noción de pueblo, jana en sánscrito, palabra que es la que mejor hace justicia a dicha noción,  se caracteriza ante todo por una cultura unánime basada en un concepción metafísica y cósmica u ordenada de carácter sagrado, expresada con un simbolismo adecuado del espacio y del tiempo, que permite la manifestación diferencias cualitativas o funcionales  inherentes al ser humano, siendo la transmisión de tal sabiduría el sentido etimológico de tradición. Atendiendo a ese sentido y de una manera rigurosa la tradición crea los pueblos y las culturas.  En tal orden el ser humano es una imagen divina, velada pero imagen divina y no simple criatura. Por lo que en  tal supuesto el trabajo humano es una continuación o réplica de la creación divina, donde caben distintos de grados de perfección pero no diferencias intrínsecas; todo quehacer humano tiene en definitiva como meta llegar a ser uno con la realidad divina de la cual salió, de forma que el fin viene a ser una restauración del principio, el omega es el alfa. Es justamente el cultivo de las diferentes aptitudes humanas en orden a conseguir esa meta es lo que constituye la cultura en el verdadero sentido de la palabra, que es además cultura popular. Cultivo que viene a ser un  camino,  vía o tao, que es el tesoro que la cultura popular ofrece a todos los hombres del pueblo. Ahí es donde se forma la verdadera unidad del pueblo, eso constituye su verdadera unanimidad, los demás aspectos cualitativos y mucho más los aspectos formales materiales, etnos en griego, son secundarios.

La unidad no supone naturalmente la identidad indiferenciada, sino que se manifiesta en diversidad, que posee dos dimensiones diferentes: una dimensión vertical, cualitativa o interior, y una dimensión horizontal, cuantitativa  o exterior. Las diferencias o categorías pertinentes  desde el punto de vista vertical son los diferentes aptitudes, capacidades y funciones, que determina las vocaciones, caminos que forman la encrucijada del destino: sabiduría, guerra contra el mal, destreza  artesana, tienen todos un fondo común único, que no es extraño al hecho de que todo persona en una cultura tradicional tiene componentes variables de la triple función sapiencial, guerrera y artesana. Es decir todas las categorías están en cada categoría y lo que es más están en todo hombre, que más allá de tópicos estereotipados viene a decir que en una cultura popular todo hombre según su naturaleza puede desarrollar la triple función humana de monje, guerrero y artesano de acuerdo con los grados y composición variable de su estructura particular. La dimensión horizontal de  la diversidad se refiere a aspectos externos y secundarios: territorio, clima, lengua, caracteres psicológicos y étnicos, y es prácticamente la única considerada en el mundo actual; de acuerdo con esa visión de distinguiría bien hoy día al pueblo húngaro del pueblo portugués, pero desde el punto de vista más ecuménico de la Edad Media, hoy apenas conservado por la Iglesia, se consideraría a ambos ante todo como pueblo cristiano, aún sabiendo perfectamente que un húngaro y un portugués son distintos por características no esenciales.

         

          La cultura popular comporta acción, pensamiento y trabajo, aunque la degradación del concepto a llegado hoy día a tal extremo que la mayoría de la gente piensa que se trata de un ocioso entretenimiento que se refiere a temas tan extraños y pedantes como la filosofía etrusca, la cerámica de la dinastía Ming o el cine expresionista, siendo las cosas importantes de la vida algo que ni remotamente tiene nada que ver con la cultura. Muy por el contrario y atendiendo al sentido etimológico de  cultura como cultivo, tiene que ver con azada, con pala, con guadaña, con yunque, con torno, con laúd, con pincel, con pluma, con martillo, con sudor, con todo tipo de labor encaminada a un fin superior. La tarea humana en un sentido tradicional consta de dos aspectos: libre y servil, teórico y operativo, inventivo e imitativo; es decir de  una acción espiritual o intelectual cuyo sentido es la perfección o adecuación cósmica y sagrada de la obra y un trabajo material subordinado a la acción conducente a esa perfección; puesto que no conviene olvidar que el hombre en sentido tradicional no es una democracia sino una jerarquía de espíritu, alma  y cuerpo; este equilibrio entre acción y trabajo es propiamente el arte, es decir el arte  es la manera correcta de hacer las cosas, submarinos o sonatas, alfombras o botijos; la obra de arte es  la obra hecha con arte pero no el arte mismo, el arte está en el artista y consiste precisamente en el conocimiento que permite hacer las cosas. La pintura, la agricultura, la música, la carpintería o la alfarería son todas clases de poesía o de creación Es conveniente evitar con cuidado la moderna confusión entre arte y moral, o entre saber y voluntad, que con incorregible deriva moralista pretende que una catedral en cuanto tal es mejor que un granero en cuanto tal, o que una sinfonía es más noble que una dulzaina; obviando que a pesar de los pesares la belleza no se puede ordenar en jerarquías. Cada hombre al realizar su propia función  consciente de su significado espiritual y de su perfección, en otras palabras al trabajar en artista,  recorre un camino o vía, marga en sánscrito, tao en chino. Claro está que el artista no es solo un virtuoso, un buen manipulador, un buen obrero, es ante todo un contemplativo, refiriéndonos a la contemplación no como un vago ensimismamiento o un somnoliento apartamiento, sino a la elevación de lo empírico a ideal, de la observación a la visión, de la sensación auditiva a la audición, de la apariencia a la esencia, en suma a la intuición es decir a una intelección que sobrepasa la esfera de la dialéctica y alcanza las razones arquetípicas eternas. Desde el punto de vista del arte, que no de la moral, un helicóptero puede ser una obra de arte, construido acaso por hábiles operarios que poseen notables destrezas mentales y manuales, pero que en su trabajo no han actuado con arte, es decir como verdaderos artesanos, sino tan solo como mercenarios; este ejemplo es una muestra de cómo es posible diferenciar arte de trabajo en un artefacto, etimológicamente objeto hecho con arte; esta disociación es algo demasiado frecuente en el mundo moderno, el trabajo de abeja laboriosa no es arte, no es camino, ni es digno del hombre. El arte o actividad tradicional , al revés que el arte moderno, se ocupa de la naturaleza de las cosas y solo rara y accidentalmente de las apariencias, de las causas de los efectos y no de estos últimos. En este sentido el arte tiene un carácter propiamente sapiencial, como decía el maestro medieval parisino Jean Mignot “arte sine scienta nihil”, entendiendo por ciencia no un resultado leyes de inferencia estadística sino  la referencia de todos los particulares a unos principios unificadores. Indudablemente la perfección del arte es susceptible de provocar también la emoción estética, la belleza es inherente a la perfección hasta en las cosas más humildes como un bordado o un arreo campesino, aunque no es la belleza lo que se buscó al hacerlas.


          El anonimato es una de las características de todo arte verdaderamente popular, cuyo sentido poco tiene que ver con la moderna valoración del anonimato como falta de  ese afán de distinción, individualidad, y  personalidad egóica características del artista moderno. En una cultura tradicional y popular el logro supremo de la consciencia individual es perderse o encontrase en lo que es su primer principio y su último fin, lo que implica el anonimato como anhelo de liberase uno mismo. En las artes tradicionales desde el momento que admiten que toda verdad tiene su origen en el espíritu, frente al que la personalidad individual es nula, no interese quien dijo, o quien hizo o quien firmó, sino que se dijo, o que se hizo. En ese ambiente el artesano no es el que hace sino que es un instrumento, la individualidad no es un fin en si mismo sino un medio, un instrumento que requiere ciertamente eficacia y obediencia. Inútil pues buscar la firma del artista en el arte y la cultura popular, a lo sumo una referencia para garantizar que la obra se hizo de acuerdo con el orden y normas del arte. Así aparece en la iglesia románica de Santa María la Real de Sangüesa una escultura románica la inscripción “Maria Mater Xpi Leodegarius me fecit”, donde el artista se oculta ante el símbolo de una realidad que le sobrepasa. Claro que de acuerdo con la sentencia evangélica de Cristo: “ No hago nada por mi mismo” (Juan VIII, 28) bien conocida en los pueblos cristianos medievales ¿qué cristiano se atrevería a considerar suya una obra cualquiera?. No deja de contrastar todo esto con la  creciente inflación narcisista del individuo a partir del humanismo renacentista: el pintor firma su obra, el literato sus libros, el científico quiere unir su nombre a una teoría, el paseante del parque quiere eternizar sus vivencias en una placa fotográfica, y hasta el más humilde meritorio busca naderías y futilidades a las que certificar su autoría en un curriculum. La propiedad es la cúspide sublime del arte moderno , y ya no solo los individuos, también a los pueblos modernos se le atribuyen al parecer  propiedades, caracterizadas, por supuesto, por sus aspectos más superficiales, externos, materiales y biológicos cuando no por fantasías desbordadas, a las que se les supone características inmutables de identidad y poderes soberanos entre las que no falta la supervaloración de las contingencias históricas y políticas que lo configuraron como nación y estado, un ejemplo paradigmático de todo ello fue el Volkgeist místico de los nazis, una extraña amalgama de títulos de propiedades  de sangre, tierra, rubio, genotipo, superior, señor de esclavos y algún otro delirio añadido y con unas metas sumarias, miserables y netamente terrenas : un solo pueblo, un solo estado, un solo fhürer.    


          En las sociedades populares tradicionales no cabe establecer una división rígida entre artes dedicadas al señor y artes dedicadas al campesino, o entre bellas artes y artes aplicadas, o entre arte puro y arte decorativo, puesto que proceden del mismo modo a escala distinta, hay diferencias de refinamiento y lujo, pero no de contenido o estilo, o de valor material pero no de orden espiritual y psicológico; así por ejemplo la diferencia entre la iglesia románica parroquial de Sotosalbos en Segovia  y la iglesia románica juradera de los reyes de Castilla San Vicente en Ávila. Los motivos aristocráticos y populares en la literatura son ambos arte popular, por ejemplo el Mester de Clerecía usaba un refinamiento literario como era la cuaderna vía, pero eran los juglares los que recitaban sus composiciones junto con los cantares épicos de gesta y con los romances. Por otra parte también el Mester de Clerecia componía temas amorosos de origen juglaresco como el Libro de Apolonio. Algo similar ocurría en la música, nada raro teniendo en cuenta que no existía la actual separación entre narración y canto, así en las Cántigas de Santa María del rey Alfonso el Sabio (1221-1284) se encuentra el gregoriano en textos de lengua vulgar. La inspiración popular se extiende en el tiempo, incluso cuando va menguando su irradiación y comienza la literatura individualista de autor, un caso típico es el de don Juan Manual literato aristócrata cuya obra mayor “El Conde de Lucanor” es de clara inspiración popular, algo similar a lo que pasaría siglos después en la época áurea de la  literatura de autor en que la influencia del Romancero viejo y del juglaresco inspiró a Lope de Vega, y a Quevedo. El  arte popular presenta variaciones de estilo inherentes a la libertad humana de sus cultivadores a lo largo del tiempo, pero con unos temas centrales de inspiración fijos, algo bastante distinto de las modas de efímera duración del arte contemporáneo. No hace falta decir que la sabiduría vehiculada por la tradición es intemporal, y el pueblo generado y alimentado por ella no es solo cosa del presente, como una consideración moderna, chata, miope y pragmática cree, el pueblo y su voz es algo de todas las generaciones que se suceden; solo que al igual que el hombre que se olvida de su pasado y de lo que es, así los pueblos padecen amnesias  a las que no es fácil  disipar con el recuerdo. 


          Hay una triada de palabras que expresan bien la meta de cualquier cultura tradicional , que en sánscrito son: “chat, sit, ananda”, que se pueden interpretar como  ser, conciencia y felicidad o beatitud. El artesano o artista popular, palabras a las que no se puede encontrar ninguna diferencia en una cultura tradicional popular, es bien consciente de lo inseparable de esa triada y así en la perfección o verdad de su obra encuentra sin proponérselo la emoción de la belleza y la felicidad de lo bueno, no hace una cosa útil que no sea a su vez bella y con un aura de bondad. Todo artefacto de una cultura popular al haber sido hecho con arte posee belleza y significación, es decir es herramienta y símbolo. Cualquier objeto hecho con arte sirve no solo para las necesidades inmediatas sino para su vida espiritual, para el hombre total y no solo para el hombre exterior que vive solo de pan. Lejos de la moderna consideración del arte como lujo y ornamento, en la cultura popular el arte era una manera de vivir, lo que es tanto como decir una manera de pensar, una manera de actuar y una manera de valorar jerárquicamente el cosmos y el principio de todas las cosas. No es nada extraño encontrar en la Edad Media frases como aquella de Santo Tomás de Aquino “el artista trabaja con arte y buena gana” o aquella del maestro Eckhart : “al artesano le gusta hablar de su oficio”; hoy día al obrero de la fábrica o el empleado de la oficina le gusta más bien hablar de fútbol o de la tele. Tras las costosas inversiones en escuelas, universidades y academias, se ha llegado tan solo a la producción inevitable de hornadas anuales de técnicos, especialistas y facultativos con poca o ninguna noción del significado de vocación, de vía, de arte, de destino , de camino o de tao; de esta forma el mundo moderno ha creado un  tipo de hombre que solo puede ser feliz, o sucedáneo de tal, cuando se evade y se divierte; en general se da por supuesto que en el trabajo se hace lo que menos gusta, prueba de que estamos trabajando para una tarea para la cual nunca podríamos haber sido llamados  por nadie más que por un comerciante, con sus señuelos de trueque monetario.  En una cultura popular el artesano  rechazaba como indigno del hombre lo que no fuera a la vez útil y bello,  ni era concebible en tal clima un exceso de cosas útiles pero sin belleza, ni por consiguiente la acumulación de objetos útiles que no se usaran realmente, no eran aquellas las modernas sociedades capitalistas, únicas que, gestionadas privada o públicamente, concibe el hombre moderno. El sentido contemplativo del arte tradicional rechaza lo que no se puede admirar y utilizar al mismo tiempo, que  es  justamente la noción austeridad o pobreza voluntaria, aplicable tanto al monje, como al artesano, como al rico. Muy distinto por supuesto de la constante sugestión actual de consumo de bienes fabricados en serie que ni proporcionan la emoción estética de la belleza ni la beatitud de la bondad a aquellos que los pueden comprar,  a menos que se considere tal  la manía compulsiva de compras en super e hiper a que se ven compelidos muchos y muchas para compensar sus neuras y depres. Sugestión complementada a la vez y contradictoriamente con la incitación casi anal al atesoramiento y al ahorro, para finalmente desembocar de nuevo en el consumo, artificio monstruoso y diabólico en que se basa la economía moderna, que además del saqueo y deterioro del globo, sus recursos y su naturaleza, nada unifica, a ninguna meta final conduce y es fuente inacabable de conflictos. 


          La perspectiva moderna sobre la cultura popular estuvo desde sus comienzos fuertemente teñida de prejuicios, así cuando Williams Thoms en 1846 pone en circulación el neologismo folklore de etimología sajona, saber del pueblo, análogo al término alemán volkslhere, la referencia a pueblo distaba del sentido sánscrito de jana; la palabra pueblo hacía referencia explícita a bajas clases, a pueblo analfabeto o semianalfabeto, más concretamente a campesino y más tarde por extensión a elementos urbanos donde aún era posible apreciar la continuidad campo-ciudad. Algo por otra parte que aún está vivo en la mentalidad del habitante actual de ciudad, convenientemente saturado los tópicos y lugares comunes de la civilización burguesa, para el que la expresión “ser de pueblo” es sinónimo de paleto, zafio, ignorante y basto. La delimitación del ámbito del flolklore comenzada cuando la creación de la Folklore Society de Londres en 1878 , se refería a tradiciones de transmisión oral , que comprendía el más ancestral de los géneros literarios: la narrativa, en ella estaban incluidas leyendas, cuentos populares, cuentos de hadas, romances, creencias supersticiosas, atribuidas a la ignorancia de las masas. Naturalmente que desde los comienzos de los estudios del folclore no solo se tenía un concepto ligeramente encanallado del pueblo, no en vano eran ciudadanos y burgueses sus cultivadores, sino que también el sentido de la palabra tradición estaba ya convenientemente degradado, no haciendo ninguna referencia a la transmisión de principios metafísicos y cósmicos, base de toda cultura verdadera, sino que en base a sentidos etimológicos parciales se hacía referencia a meras transmisiones sensibles y físicas, a movimientos,  cambios de lugar, tales como el agua de un río, tal como sugería Edmund Burke. No menos importante era el canto y la danza, que hoy día se considera como folclore por antonomasia tal vez debido a la cantidad de recitales y festivales folclóricos populares que proliferan al socaire de importantes medios y fuentes de financiación no tan populares, pero que en sus comienzos no eran más que unos apartados de las formas sociales y objetos materiales del ámbito al que se pretendía ceñir la cultura popular. Posteriores profundizaciones en el ámbito del folklore trataron de ennoblecer tan desprestigiada rama del saber intentando elevarla a la categoría de etnografía, se pretendió por tanto que el folclore fuera una rama de dicha ciencia en el sentido de que el folclore era la etnografía de los sectores populares.


          Desde el primer momento se intuyó que no era lo mismo el saber popular que la ciencia que estudia dicho saber, y hasta se llegaron a proponer nombres distintos para esos dos distintos aspectos, llamándose demosofía a lo primero y demótica a lo segundo.  Convencionalmente se  ha llegado a creer que muchos saberes populares transmitidos por leyendas y cuentos infantiles y de hadas, a no confundir con los escritos por autores literarios para niños, eran nada más que simples fábulas para entretenimiento de niños, cuando no supersticiones debida a la ignorancia de las masas campesinas iletradas, cuando en realidad se trata más bien de doctrinas esotéricas y símbolos nada populares, inaccesibles a la comprensión de una enseñanza moderna definitivamente desligada de la enseñanza simbólica e iniciática. El material del folclore, a pesar de las muchas reservas expresadas por los etnógrafos, de las que vienen a la memoria las muy explícitas de un Julio Caro Baroja, es inteligible en unos niveles de referencia que no solo no son inferiores sino que están muy por encima de nuestro saber contemporáneo ordinario, entre otras razones porque la cultura burguesa de las universidades ha declinado en información puramente empírica y limitada, de forma que la educación moderna, de la que estas instituciones son la avanzada, ha destruido el viejo saber iniciático. Tales saberes aunque expresados de forma limitada, fragmentaria e ingenua, forman parte de una vida campesina aunque  los campesinos no sean capaces de dar una explicación racional de ellos, entre otras cosas por que no son susceptibles de una reducción puramente racional.  Es en virtud del aspecto acogedor y maternal de la naturaleza porque los estamentos campesinos,  guardianes de la naturaleza, han sido el receptáculo de antiguas sabidurías perdidas en los niveles superiores, algo no concebible en las clases burguesas de las ciudades ni maternales ni tradicionales, cuyo entorno es una materia muerta e inerte encadenada con fatalidad a mecanismos autónomos. Algunos de los cultivadores de la etnografía folclórica, entre los que no se puede dejar de destacar al etnógrafo y escritor gallego  Vicente Risco, han llegado a atisbar algo más que la disección académica y han llegado a ver en la cultura popular una tradición viva, y no solo viva sino también operante. Decía el mitógrafo portugués Theófilo Braga que el estudio de las tradiciones “no representa solo simplemente una fase científica, sino también una misión moral en que el espíritu de emoción local se presenta como la forma de reconstrucción de un pueblo en la larga decadencia católico-feudal”. No deje de ser sintomático que el folclore ha sido especialmente cultivado en tiempos modernos, siglos XIX y XX, en aquellos lugares donde se ha considerado postergada su nacionalidad.


          Ese recuerdo nostálgico y emocional del pasado, ante la avalancha de uniformización de la sociedad y de la técnica, síntoma inequívoco del romanticismo y claro prodromo del agotamiento del humanismo moderno, estuvo presente en todos los renacimientos regionales y luego nacionalistas de toda Europa; donde se producían extrañas mixturas de afinidades: el burgués buscando inspiración en el pueblo, concebido en el fondo  como residuo retardatario incapaz de civilización moderna y de progreso, como curiosidad insólita que  en el fondo temía y despreciaba; el erudito de gabinete ocupado del gañán y del cabrero, de sus cuentos y de sus canciones, cada vez más lejos, sin embargo de los fundamentos últimos que inspiraban esa cultura, puesto que en una civilización progresivamente profana y laica, los fundamentos metafísicos y las creencias religiosas no pasan de ser un puro posicionamiento emotivo personal, que en nada trascienden al ordenamiento social, salvo referencias retóricas cada vez más vacías; nada más lejos del presente que aquellas palabras de Emerson .”el intelecto busca el orden absoluto de las cosas tal como se hallan en el espíritu de Dios y sin los colores de los afectos”. Así por ejemplo fue una institución típica del resurgimiento catalán los orfeones, posteriormente afianzados también en Galicia, País Vasco y Castilla.  La polifonía, la perfección formal de la escritura musical, la armonía y otros elementos de la cultura burguesa ahogaban la espontaneidad y libertad del cantar popular; más que una resurrección se trataba de una creación moderna con la rigidez de un producto enlatado aunque fuera de inspiración popular su tema. Vinieron luego los coros, algo más respetuosos y en sintonía con los motivos populares, y con la acumulación característica de nuestro tiempo siguieron bandas, conjuntos y orquestas cada vez mejor dotadas, con selectos virtuosos y con presupuestos nada despreciables, que por supuesto incluyen temas populares en sus repertorios y conciertos por capitales y ciudades. Pero ¿todas esas cosas hacen a una nación más musical?. Contaba el escritor inglés Samuel Pepys (1633-1703) que la Inglaterra de su época era “un nido de pájaros cantores”, así por ejemplo para elegir una chica de servicio se probaba antes la calidad de su voz en el coro familiar. Las colecciones de cantos recopiladas en libros son más bien síntomas de una pérdida que no de una ganancia, son un ordenado panteón de difuntos, que recuerda que desaparecieron las serranillas, los madrigales, los villancicos, las canciones de mayo, de romería, , de bodas, de siega, de vendimia, las canciones de los canteros, de los marineros y de los mineros, junto con los oficios artesanales del campo, del mar y de la tierra y los hombres que los ejercían. El moderno revival folclórico es tan solo un sucedáneo que a manera de hobby se practica en tiempo libre, cultura irreal y de invernadero,  que nada tiene que ver con la necesidad de antaño, requisito imprescindible para ser una vía o camino.  Ya tan solo queda preservar un recuerdo que no siempre es bien entendido, y que al margen de caprichos y gustos a la moda del día, es una manera de oposición al desprecio y olvido de una manifestación de vida, y un homenaje al misterio de la creación  intuitiva, popular y espontánea que las modernas globalizaciones profanas pretenden arrinconar para siempre. 


          La cultura burguesa actual se basa en la mayor o menor capacidad de información, basado en la alfabetización o  capacidad de leer, de tal manera que no es fácil establecer la barrera que separa las masas incultas de la burguesía culta puesto que en realidad todos saben leer y escribir, y tan solo con dudosos criterios cuantitativos se podría establecer una convención más o menos aceptable. No existe un criterio cualitativo o de profundidad, de diferenciación según el grado de conciencia. La naturaleza de la sabiduría artesanal  conservada por la por la transmisión tradicional, no puede reducirse  por la mera acumulación de información que ha venido a ser el moderno sucedáneo de la sabiduría tradicional e intemporal, sus principios se deducen por analogía de arquetipos del mundo ideal; de hecho hay  culturas tradicionales que durante milenios han transmitido el oficio de maestros a aprendices sin necesidad de libros ni de escuelas profesionales. En realidad el alfabetismo o analfabetismo son irrelevantes para la transmisión de valores espirituales, existen otros medios además de los libros, incluso estos en determinados aspectos son perfectamente inútiles. La pintura se ha llamado la Biblia pauperum, Biblia de los pobres y la escultura el libro del pobre en la cultura popular, como aun es fácil comprobarlo el la escultura medieval del románico y del gótico, hay iglesias románicas cuyos capiteles, frisos y canecillos constituyen todo un universo: escenas narrativas bíblicas, evangélicas, escatológicas, cósmicas, iniciáticas o morales. Qué bibliotecas sin igual para quien sepa ver son Frómista, San Millán y San Esteban de Segovia, Santo Domingo de Soria, San Pantaleón de la Losa, Cervatos o San Martín de Elines . Estas son muestras que inducen a pensar que lo que produce unas sociedades es la mejor clave para comprender el fin de la vida que rige esa sociedad, en todo de acuerdo con la sentencia evangélica “por sus obras los conocereis”.


          La cultura o los residuos que quedan de ella en nuestro tiempo ha sustentado la creencia ilusoria que el arte ante todo la tarea de un tipo humano especial: el hombre de genio, especialista en estética que no en sabiduría, con un raro talento y una aguda sensibilidad fuera del alcance de la mayoría. En cuanto la estética es un tipo de efecto emocional más que una comprensión que nada tiene que ver con la razón de ser; muy por el contrario estético, sentimental y materialista, al revés de lo que primera vista se podía suponer, son virtualmente sinónimos; el arte considerado como esteticismo lejos de ser el arte para la vida se convierte en arte de adorno y adulación, arte por el arte, se dedica a los sentidos y a la estimulación emocional, pero, suprema clave de la moderna creación artística, carece de significación y sentido, el momento de la sabiduría está ausente en el arte moderno y contemporáneo. La transparencia de la verdad, de la belleza y del bien queda empañada por la personalidad del artista, que lejos de cualquier anonimato trata de explotarla al máximo convirtiéndose en un exhibicionista. Este arte de puro espectáculo es de un valor meramente transitorio y temporal y como tal valorado en monedas corrientes, que al fin y al cabo tiempo, interés y capital están unidos por las fórmulas que se enseñan desde la escuela primario. Mercancía lujosa posee avales y prendas de garantía, como los derechos de autor, desconocidos en la cultura popular que no concebía que pudiera haber propiedad en el terreno de las ideas, sino que con muy buen criterio consideraba que las ideas son de quien las adopta. Adorno y lujo de la burguesía pudiente y con valor monetario cotizable en los mercados, con la ayuda de marchantes y medios de comunicación, es un arte perfectamente ausente para el pueblo, que con atinado juicio lo considera una extravagancia y no una cosa necesaria, razón por la que ni le interesa ni lo conserva en su memoria.


          Inmerso en la cultura de la cantidad el arte moderno incide cada vez más en la superficie que no en la esencia de las cosas, en las apariencias y no en el ser. Así el arte moderno pierde cada vez más el potencial simbólico, al  sumergirse en el naturalismo profano, cree avanzar en la pintura y escultura con el conocimiento descriptivo de la anatomía, con el orden visual de la perspectiva, en suma con el humanismo, pero la observación analítica al fascinarse con el árbol no puede ver el bosque, el detalle impide el símbolo omnitotal, y oculta más que revela. Con tales supuestos no se puede valorar en modo alguno la pintura popular románica, considerada como una pintura de niños, una especie de  balbuceo atrasado y sin evolucionar de artistas que no conocían ni la anatomía ni la perspectiva. Imposible apreciar de esta forma el sentido simbólico de tanta obra de arte del medievo castellano: frescos de Maderuelo (Segovia), de San Pelayo de Perazancas (Palencia) , de San Baudelio de Berlanga de Duero o los Apocalipsis del Beato de Liébana, o de las iluminaciones de tantas Biblias, como la de Burgos o Ávila, breviarios, como el Breviarium Gothicum, libros de bautizados, libros de horas canónicas o cantorales de música gregoriana que saltando sobre las apariencias de yuxtaposición y continuidad son muestras magníficas de libertad y sabia abstracción como todo arte verdaderamente intelectual, tradicional y popular, muy diferentes de la moderna moda estética abstracta basadas en el capricho y asociaciones  personales del artista,  cuyo fin es eliminar la reconocibilidad y que por tanto  nada pretende ni puede comunicar sino provocar reacciones. Incapaz de apreciar sentido simbólico libre y abstracto de la pintura primitiva no puede por tanto percibir el enorme empobrecimiento simbólico que va del icono bizantino tradicional o de la pintura  primitiva italiana influida por él, al arte renacentista y humanista del cuatrochento,  Algo similar cabe decir de la escultura en piedra apta para expresión simbólica de la majestad  estática, pero de problemática adecuación para la ilusión del movimiento y de  la emoción, ¡Qué distintos el Pantocrator palentino de Moarve o el Salvador del friso de Carrión de los Condes a la Transverberación de Bernini!


          Alternativamente al arte estético ornamental y exhibitorio de la cultura moderna se presenta  la industria como quehacer utilitario, como el arte es quehacer de lujo; excluyendo ambas, industria y arte modernos,  la expresión y comunicación de ideas, que es tanto como decir la sabiduría. La industria moderna sacrifica la calidad a la cantidad, pero al estar ausente en su fabricación el arte, los muchos  aparatos para existencia que suministra,  casas, vestidos, cacerolas, autobuses, carecen de las características de las obras de arte: belleza y significación, y marcan ese tono de fealdad característico del mundo moderno. Lejos de tal división esquizofrénica entre utilidad y belleza cualquier producto de la cultura popular, un bordado campesino, los arreos de bueyes y caballos, un cuento infantil, un cuerno para pólvora, una reja de balcón, tenía un significado por encima de su consideración como fuente de placer o necesidad vital, en ella valores funcionales y simbólicos coinciden, al revés que en la civilización burguesa ni siquiera se puede concebir un uso eficaz sin arte .El artesano o artista, que ninguna diferencia había entre ellos en la cultura popular tradicional, es un imitador de las formas celestes, en el sentido platónico de la palabra. En ese sentido la casa, por ejemplo, no es una máquina de vivir, sino que es una manifestación de una cosmología, una casa arquetípica constaba de: un suelo abajo, un espacio medio, una bóveda arriba y una salida o chimenea para  escapar de la limitación del espacio y del tiempo y acabar en un empíreo ilimitado y eterno. La columna de humo del hogar que asciende es el eje del universo que separa o une como una columna cielo y tierra. Ciertamente las casas modernas con su amontonamiento de conejeras o colmenas, sus yacusis y sus calefacciones de hilo radiante no transparentan ya ningún tipo de simbolismo cósmico. Igualmente las iglesias como edificios sagrados, tenían en la cúpula y el ábside claros referencias a los ejes horizontal y vertical del universo, de cuya pérdida de significado actual da buena cuenta la arquitectura de las modernas iglesias, que en realidad están edificadas con arreglo al modelo de una vulgar caja de zapatos.


          Muy distinta de la aglomeración urbana moderna, la antigua ciudad era también una réplica del orden del universo, así en el mundo de la antigüedad clásica toda ciudad constaba de un forum centro a  partir del cual se orientaba jerárquicamente  por dos ejes: el cardo maximus y el decumanus maximus y unos ejes secundarios: los cardines y decumani que formaban los cuadrados o centuriae . Aún quedan ciudades castellanas que conservan esta ordenación, así por ejemplo en Ávila el centro  o forum es la plaza del Mercado Chico, y los ejes son: cardo maximus la vía entre el Arco de Mariscal y la Puerta del Rastro a lo largo de la calle de Caballeros, decumanus maximus la via entre la Puerta de San Vicente y la Puerta del Adaja a lo largo de la calle de Vallespín ; claro que ningún orden ni jerarquía simbólica cabe encontrar en las modernas urbanizaciones  del barrio de  las Hervencias, o de la Toledana de esa misma ciudad..        


          El arte del tejido tradicional hecho a mano poseía una claro orden simbólico del que era consciente, la urdimbre es una imagen de la luz del alba de la creación, y la trama son los  planos del ser que dependen de su centro común y soporte fundamental. El vestido en su condición sagrada confería una capacidad apta para marcar las diferencias y dignidades sociales, tan solo un modesto hábito podía sugerir la dignidad del estado monástico, o un gorro a una cofradía profesional. Hoy el día el “pret à porter” no sugiere nada, a lo sumo una moda inconsistente o un capricho momentáneo. 


          Lejos de los periodos sincrónicos de la civilización moderna, la cultura popular escanciaba los ciclo con fiestas y conmemoraciones, que eran también manifestaciones especiales de arte: el rito, el canto, la danza, la oratoria; muy distintas de los reglamentadas pausas modernas  era un periodo de ruptura que era a la vez que ciclo, esperanza de progresión y crecimiento, término de recolección del fruto de la Tierra, conmemoración de la nueva estación, momento de  concertar bodas, de bautismos e iniciaciones. Apenas existente hoy, se ha degradado a la categoría de pasatiempos turístico del que apenas subsiste más que los aspectos más periféricos y triviales, tanto menos atractivos cuanto que la civilización burguesa dispone de toda una industria festiva que ha desvirtuado definitivamente la posibilidad de comprensión.   


          La industria sin arte no es más que brutalidad, lo que los antiguos romanos diferenciaban bien, la primera era trabajo en sentido estricto, reservado para los esclavos, la segunda era acción y era la actividad propia del hombre libre. La degradación de la producción burguesa que significó una primacía de la cantidad sobre la cantidad, del beneficio monetario sobre la satisfacción de la obra bien hecha, reduciendo esta última a mera comodidad sensorial a bajo precio, es decir invirtiendo los valores de tal manera que el  burgués  llega a identificar lo mejor con lo más barato, creó un tipo de civilización que de acuerdo con los criterios de la antigua Roma se podría denominar esclavista en el más estricto sentido de la palabra, independientemente de los atenuantes económicos de nivel de salarios, estándar de vida, confort y consumo que se esgriman para rebatirlo; en general, aunque oculto con sofisticadas especializaciones, es un futuro de esclavo lo que se propone al hombre de la civilización burguesa. Convertirse en bruto, hormiguita, abeja o mula, o en esclavo, es morir como hombre, como decía A. Coomaraswamy poca diferencia existe entre morir en una trinchera o morir en una fábrica día a día, en ambos casos no se es más que carne de cañón. Degradado cada vez más el arte en trabajo para la mayoría, se advierte desde la época renacentista, con el hito importante de Calvino, una extraña y siniestra compensación que trata de dar tintes religiosos a la vida profesional, reivindicando celosamente el tiempo y el alma, como si la razón necesaria y suficiente de la condición humana fuese determinada empresa económica, comercia o industrial y no la verdad, la sabiduría y la beatitud intemporal. Esta moderna religión del trabajo ciega ante las diferencias irreductibles de arte y trabajo ha extendido como buena nueva, parece que con general aceptación, la honorabilidad y respetabilidad del trabajo, todos: profesores, investigadores, artistas, ejecutivos, músicos o payasos presumen y alardean de lo mucho que trabajan; ignorantes de la cualidad horizontal del trabajo moderno evocan muchos aquello de “el trabajo realiza” , entre los que no faltan movimientos autodenominados progresistas, eco amortiguado quizá de un sentido completamente diferente que tenía arte, combinación jerárquica de acción y trabajo. Si de verdad supieran lo que dicen se sorprenderían al comprobar que su significado es aquel “vivan las caenas” de la época ominosa de Fernando VII. La hagiografía hacendosa propone al yupi estresado como modelo ejemplar de virtudes heroicas  a imitar, incluso pondera las excelencias del vértigo producido por infarto de miocardio laboral; se elude el diagnóstico evidente; estamos saturados de trabajo, la industria se ha convertido en un vicio, para curar esa insidiosa patología es necesario administra una receta que de prioridad a la contemplación sobre el trabajo, y esto con una urgencia cada vez más acuciante..


          Es lamentable que el sindicalista, el reformador social o el teórico revolucionario limiten sus reivindicaciones a la retribución salarial y a las condiciones de trabajo justas en cuanto consideran al obrero como mercenario y víctima de un engranaje productivo,  pero no reivindican como hombre la oportunidad de ser un artista y de alcanzar la perfección de un maestro. Lo primero acaso proporciones más medios y tiempo libre para vivir como un burgués y adquirir sus mismos adornos reproduciendo así un sistema productivo social meramente cuantitativo y sin trascendencia, pero en absoluto eleva al obrero a la categoría de artesano y artista, vocación a la que está destinado como hombre, muy bien expresada en palabras de Platón: ”se hará mejor y con mayor facilidad cuando cada cual haga solo una cosa, de acuerdo con su genio; y esto es justicia para el hombre en si mismo”.  Muy al contrario de todo esto parece abrirse paso de forma cada vez más notoria la opinión de que en futuro lejos del arte, lejos de la maestría, predominará cada vez más lo que se llama el reciclaje laboral, perpetuación sin límites del aprendizaje meramente funcional, de la recepción pasiva de formación, del adiestramiento simiesco y del infantilismo, y todo esto con la ayuda y aplauso de los sindicatos que en teoría son los que dicen defender al trabajador. Más allá de rentas, salarios y precios solo la transmutación del trabajo en arte puede transformar el trabajo de mal necesario en bien necesario.


          El arte en sentido tradicional no es en absoluto la actividad de un ser especial, el genio, sino que es la manera correcta de hacer las cosas tanto en su aspecto material como espiritual; el artista no es una clase especial de hombre sino que el hombre es una clase especial de artista, es decir todo hombre que no sea un holgazán y un parásito puede y debe ser un artista de alguna clase: carpintero, pintor, herrero hombre de leyes, cocinero, agricultor, sacerdote, tejedor ; hábil y satisfecho con la tarea de elaborar o disponer de una cosa u otra de acuerdo con su naturaleza, formación y capacidad. En la cultura popular es la obra maestra, la obra bien hecha y no el genio lo importante; así como el genio es el exponente máximo de la individualidad, la obra maestra en la cultura popular es por el contrario el exponente de la socialidad, es la prueba de un aprendiz para ser maestro, para ser miembro de un gremio, para integrase activamente en la sociedad. Habitualmente los miembros del gremio estaban unidos de por vida, más que por intereses económicos y objetivos de producción por un sentido ritual:  tenían un santo protector, un altar, un culto funerario, enseñas simbólicas, conmemoraciones, rituales, reglas éticas, secretos profesionales, un sentido del honor e impersonalidad en el trabajo, unos jefes cuya función solo podían ejercer aquellos que tuvieran un nombre sin tacha y un nacimiento honorable, cuya misión era hacer respetar las normas y deberes.


          Las consideraciones previas sobre la cultura popular pueden ayudar a particularizar acerca de la cultura popular castellana, no sin antes indagar que puede entenderse por pueblo castellano. Las consideraciones históricas al uso suelen enumerar una serie de componentes étnicas humanas en el nacimiento de Castilla: cántabros, visigodos, várdulos, hispano-romanos o mozárabes, con el correr de los tiempos bereberes y con una imprecisión mucho más notable vascos, que de ninguna manera existían como pueblo diferenciado en la época del nacimiento de Castilla, ni tenían siquiera ese nombre. Pero ni las componentes étnicas, ni el régimen económico agrario-pastoril, ni la geografía, ni los avatares históricos son suficientes para explicar el nacimiento del pueblo castellano allá por el siglo VIII, falta enumerar claramente el catalizador vital de todos esos elementos que fue el cristianismo, él fue el atanor en que se forjó el pueblo castellano y otros pueblos de la península. En este asunto no cabe especular con evoluciones parciales más o menos progresivas, hay una visión de la existencia y de la vida cristiana o no la hay, dicotomía un poco brutal pero inexorable. El  pueblo castellano y cualquier otro pueblo  no existió porque evolucionaran poco a poco sus componentes, sino que existió a partir del momento en que un catalizador espiritual lo puso en movimiento, algo tan simple que acaso no de lugar a demasiadas elucubraciones y disquisiciones pero que es así, otra cosa bien distinta sería el concepto de nación cuyo advenimiento fue muy posterior.


          Así considerada la noción de pueblo surgida unánimemente de un catalizador espiritual, responde más bien a la noción sánscrita de jana, pueblo unánime, que no al griego etnos, que se refiere más bien a aspectos externos y secundarios y menos aún a demos pura connotación cuantitativa que goza hoy de prestigio sin igual. Desde esta perspectiva conviene esclarecer algunos tópicos modernos proyectados sobre el pasado, uno de los cuales es el llamado mestizaje cultural, que en el asunto que nos traemos entre manos viene a decir más o menos, que el pueblo castellano fue una mezcla de cristianos, judíos y moros. Es cierto que algunas elementos culturales y artísticos circularon entre los tres pueblos de forma más fluida que en otras partes de Europa, que produjeron corrientes artísticas tan importantes como el arte mudéjar con importantes manifestaciones en Castilla, solo como muestra valgan la ermita de La Lugareja de Arévalo o Santa Clara de Tordesillas. Esto no puede hacer olvidar que la esencia de la cultura y del pueblo judío no son las canciones sefarditas, ni el estilo arquitectónico de las sinagogas de Toledo, su esencia es la religión revelada mosaica, que no deja precisamente muy bien parados a los gentiles, entre los cuales incluye a cristianos y moros. Por su parte la razón última de ser de la umma o pueblo creyente musulmán no son ni los arabescos de cerámica, ni la mezquita de Córdoba, ni los pinchos morunos, ni el te verde sino la revelación coránica, que excluye como enemigo al infiel y considera como pueblos de segunda a los otros pueblos del Libro que son cristianos y judíos. Por tanto puede hablarse de que en Castilla además del pueblo cristiano castellano, vivió en ciertas épocas un pueblo judío y un pueblo morisco, unidos si pero no mezclados como hoy día se pretende.


          La investigación histórica del siglo que acaba sobre los orígenes de Castilla ha puesto de manifiesto que el pueblo castellano tuvo una organización extraordinariamente libre y popular aunque el adjetivo sea una redundancia, excepcional en la Europa cristiana de aquel tiempo. Era ciertamente una sociedad estamental pero tanto su estamento guerrero como su estamento eclesiástico eran de clara predominancia popular, apenas existían aristócratas de alta alcurnia ni prelados eclesiásticos de elevado rango ni grandes monasterios. Una de las causas que condicionó dicha situación fue una larga guerra defensiva contra el Islam sin defensas naturales. Caso distinto del vecino reino de León, cuyo estamento guerrero de ascendencia visigótica era mucho más cerrado y exclusivo, y probablemente también más eficiente militarmente que el guerrero popular castellano, de hecho la reconquista avanzó mucho más rápidamente por las fronteras de León que por Castilla. Pero la guerra popular castellana dejó una honda huella en la cultura: los cantos de gesta y los romances, de los cuales nos ha quedado como paradigma “El cantar del Mío Cid”, un arte de tipos o mejor aún de arquetipos, en este caso el modelo del guerrero valeroso, justo, fiel y generoso; conservada la memoria de las durante siglos por el pueblo surgió en Castilla uno de los más sugestivos conjuntos poéticos de la literatura europea: el Romancero, espléndida muestra de cultura popular que conmemora los orígenes de la vieja Castilla en los romances viejos o tradicionales, como Fernán González, los Infantes de Lara, el Cerco de Zamora, el Cid. Más allá de su autenticidad histórica el romance es esencialmente una epopeya, así como la epopeya es un mito, donde no es posible separar lo personal de lo impersonal, espacio vedado a la pretensión estética o egoísta; mensaje destinado a todo hombre y aprovechables según sus posibilidades,  y sin características individuales, puesto que el héroe es en el fondo una manifestación particular o arquetipo de la providencia divina y por tanto del ser. Nada más lejos de aquella atmósfera de peligro constante y de guerra que el ideal burgués de bienestar y confort, así no es extraño que uno de los adalides regeneracionistas del progreso material y burgués del siglo XIX, Joaquín Costa, propusiera cerrar con siete candados el sepulcro del Cid. No menos importantes fueron los romances juglarescos, con piezas maestras como el romance del conde Arnaldos o el de Fontefrida, donde asoma una sutil sabiduría esotérica que sorprende hasta a los fríos eruditos actuales. Unido al romancero, o mejor inseparable de él surgió el cancionero popular anónimo, la música instrumental pura no es una característica destacada de la cultura popular, sino que más bien es una parte de algo superior en que canto y narración son indisociables. 


          Quizá no fuera ajeno a ese talante popular de la sociedad castellana, de los caballeros villanos, de las milicias concejiles y de los concejos de Villa y Tierra, que fuera en Castilla donde más densidad hay de toda Europa de ese estilo arquitectónico medieval eminentemente popular que es el románico, buen indicio del sentido de la vida que imperaba en la sociedad castellana. Aunque en realidad no es muy acertado pensar que “ in illo tempore” todo era jauja, los embates al pueblo comenzaron desde tempranas fechas, así en el 1.081 Alfonso VI promulga la Lex Romana que acaba con el viejo rito cristiano mozárabe o hispano, cuyo origen remonta al cristianismo primitivo y originario de la Hispania romana, que en muchos aspectos se podría considerar ortodoxo en el sentido oriental del adjetivo, del que se perdieron importantes manifestaciones de rito, liturgia y canto,  del no se conserva más que unos libros de música de cuya notación no se conserva la clave y que son por tanto indescifrables. Aún se puede hacer una idea de lo que fue ese rito y de lo que supuso su pérdida en las celebraciones mozárabes de la catedral de Toledo. Tal ley  promulgada significativamente por un rey originario de León, Alfonso VI rey de León y solo por casualidades históricas rey de Castilla, sustituyó de forma autocrática el rito mozárabe  por el rito romano, importado por los monjes del Cluny,  a lo que no fue ajeno, como en todos los países del occidente europeo, un sentido  de disciplina castrense propio de sociedades guerreras, que encadenaron definitivamente a Castilla a los avatares históricos de la Iglesia de Roma, poseedora de fuertes connotaciones exclusivistas, burocráticas y militares que tantas consecuencias habría de traer: Cisma, Cruzadas, crisis del sigo XIII, Inquisición con hogueras, calabozos y potros incluidos, Reforma, Contrarreforma, guerras de religión, misión expansionista obligada y coercitiva etc.


          En aquellos tiempos medievales se manifestó curiosamente más que nunca la afinidad y hermandad de los distintos pueblos hispánicos a pesar de tener regímenes políticos independientes; eran entonces patentes los motivos de unidad cristiana, y por otra parte pone de manifiesto que sin duda es más fácil el entendimiento de los pueblos conscientes de su origen que no de las actuales naciones y estados. La progresiva pérdida de irradiación y energía del cristianismo occidental no dejó de tener repercusiones en el pueblo castellano como en todos los pueblos del occidente europeo, la más importante de las cuales fue el ascenso imparable del humanismo individualista. Como nota característica del arte popular castellano cabe decir que un los tiempos posteriores al Renacimiento al ser Castilla un país  atrasado, de acuerdo con los criterios burgueses modernos, conservó durante algún tiempo algunas características del arte popular medieval tales como el anonimato del arte gremial, incluso produjo entre otras alguna pepita de oro como la literatura y poesía de esa mujer de pueblo que fue  Teresa de Ávila, que se le daba una higa la pretensión de poetisa  sublime, o la capilla gótica de Mosén Rubí de Bracamonte en Ávila, la misma ciudad de la santa, una de las últimas construidas por los gremios de la masonería operativa.


          Declinante el cristianismo y ascendiente el humanismo y convaleciente por tanto el fundamento del pueblo, la convivencia social comenzó a buscarse progresivamente en el derecho y la ley exclusivamente humana, a veces demasiado humana, considerada como pacto social, como atrevido intento de frágiles reciprocidades, es decir:  de garantizar la libertad, más concebida como una ausencia de coerción y cortapisas, cuando no como capricho más o menos  placentero e ilusorio, que no como una liberación absoluta de las condiciones limitantes de vida y muerte a que aspiraba el cristianismo originario; de garantizar la igualdad, entendida como comparación y no como unidad de procedencia y origen divino y finalmente de intentar garantizar la fraternidad, intento mucho más ilusorio y evanescente cuanto que la fraternidad residual de los pueblos provenía más de su pasado de pueblo cristiano que no de pacto social alguno, espejismo que al faltar principios de orden sagrado y metafísico ha dado lugar a una inflación de moralismo asfixiante en las naciones occidentales. Así pues a una conciencia progresiva de nación, humana, territorial, externa y temporal, corresponde una pérdida progresiva de conciencia de pueblo, de origen, unidad y libertad divina, ilimitada, interna y eterna. Pueblo y nación, como correspondientes a tradicional y moderno  respectivamente, no son en absoluto términos sinónimos, a menos de reducir deliberada y malintencionamente la noción de pueblo, de jana, a la mera acumulación de características  individuales o a la masa numérica, es decir a demos, cómodo instrumento así de maniobras políticas de dudosa ejemplaridad y elevación de fines. La estabilidad popular devenida exánime se convierte en el frágil equilibrio nacional, temeroso y por tanto peligroso frente al extraño no incluido en la nación e inquieto ante el ciudadano nacional que acaso quiera en el fondo menos libre, igual y fraterno de lo que proclama. Y así devenida España poco o nada quedó de la verdadera Castilla de su pueblo y de su cultura, salvo ditirambos elogiosos y distorsionados que de cuando en cuando se proclamaban para glorias un tanto sospechosas.


          Un mal entendimiento del sentido de la tradición donde ha desaparecido de escena la dimensión de la trascendencia y solo queda la dimensión inferior de la historia, adornada a veces con aditamentos fantásticos, ha dado pie para acusar con cierta razón  que el reclamo del pasado, con la divinización de sus glorias y sus héroes, adorados con incienso de veneración idolátrica que tiene más de funeral de apolillados difuntos que de conmemoración de lo eterno, viene finalmente a dar en lo que Chesterton llamaba democracia de los muertos, que demasiadas veces ha exigido cual implacable Moloch la muerte de los vivos, frecuentemente demócratas vivos. El recuerdo, que no la identificación con el pasado, tan solo trata de preservar una sabiduría intemporal irreducible a circunstancias de lugar y tiempo, bien expresado en un adagio tradicional:


          “No sigo a los antiguos,

busco lo que ellos buscaban”   

R.E.S.


martes, 21 de mayo de 2013

Vamos a intentarlo

El miércoles 6 del pasado mes de abril, en el Parlamento Europeo se votó una enmienda para restringir los vuelos en primera...*

*NOTA PREVIA.- Un vuelo de Barcelona a Bruselas, en "Bussines Class" de Iberia, ida y vuelta, cuesta unos 1.297 ?. Con Vueling, clase turista, unos 150 euros.
 
Con el coste de cada viaje de un eurodiputado en clase bussines, se paga un maestro durante 20 días.
 
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BUENO, PUES ASÍ VOTARON LOS EURODIPUTADOS ESPAÑOLES:
-A favor de volar en turista:

Ramón Tremosa i Balcells (CiU)
Rosa Estarás Ferragut (PP)
Oriol Junqueras Vies (ERC)
Raúl Romeva i Rueda (Iniciativa)


-En contra de volar en turista:

Francisco Sosa Wagner (UPD)Jaime Mayor Oreja (PP)
Alejo Vidal-Quadras (PP)
Luis de Grandes Pascual (PP)
Pilar del Castillo Vera (PP)
Carlos Iturgaiz Angulo (PP)
Teresa Jimenez-Becerril Barrio (PP)
Pablo Arias Echeverria (PP)
Pilar Ayuso (PP)
Agustín Diaz de Mera García (PP)
Santiago Fisas Ayxela (PP)
Carmen Fraga Estévez (PP)
Salvador Garriga Polledo (PP)
Cristina Gutiérrez-Cortines (PP)
Ester Herranz García (PP)
Gabriel Mato Adrover (PP)
Francisco Millán Mon (PP)
Ignacio Salafranca Sánchez-Neyra (PP)
Josefa Andrés Barea (PSOE)
Inés Ayala Sénder (PSOE)
Alejandro Cercas (PSOE)
Ricardo Cortes Lastra (PSOE)
Iratxe García Perez (PSOE)
Eider Gardiazabal Rubial (PSOE) - Esta es la que falsifica el horario para cobrar la dieta entera (300 euros) del día de vuelta (Los jueves)
Enrique Guerrero Salom (PSOE)
Sergio Gutiérrez Prieto (PSOE)
Ivan Irigoyen Pérez (PSOE)
Juan Fernando López Aguilar (PSOE)
Miguel Ángel Martinez (PSOE)
Antonio Masip Hidalgo (PSOE)
Emilio Menéndez del Valle (PSOE)
María Muñíz De Urquiza (PSOE)
Andrés Perelló Rodriguez (PSOE)
Teresa Riera Madurell (PSOE)
Antolín Sánchez Presedo (PSOE)
Luis Yáñez-Barnuevo Garcia (PSOE)
Raimon Obiols (PSOE)

-Abstenciones: 
Izaskun Bilbao Barandica (PNV)
María Badia i Cutchet (PSOE)

Los parlamentarios españoles en Europa se niegan a volar en clase turista. La "crisis" solo existe para los de siempre: Hospitales con plantas cerradas, Centros de Asistencia que cerrarán por las noches, sueldos recortados y un largo etc. pero ellos no pueden prescindir ni tan siquiera de una cosa tan prescindible...


VAMOS A INTENTARLO :


Se trata de que cada destinatario reenvíe este e-mail a su lista de contactos (con CCO), y a la vez, pedir a cada uno de ellos que hagan lo mismo.

En tres días, la mayoría de las personas de este país tendrán este mensaje.

Si estás de acuerdo con lo expuesto, reenvía. Si no, bórralo.
Tú eres uno de mis contactos. Por favor, mantén este mensaje CIRCULANDO
 
 

jueves, 16 de mayo de 2013

¿ Quien es Victor Madera?

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Asunto:RV: ¿QUIÉN ES VÍCTOR MADERA? mas bonito que el anterior
¿QUIÉN ES VÍCTOR MADERA?
  1. Víctor Madera es el PRESIDENTE DEL CONSEJO DE ADMINISTRACION DE CAPIO SANIDAD SL, consejero delegado y accionista del entramado Capio en el Estado español. Responsable, cabeza visible y ejecutor de la política privatizadora de la sanidad pública.
De origen asturiano, tiene 51 años. Vive entre Madrid yLondres, donde actualmente tiene fijado su domicilio fiscal, lo cual resulta curioso, pues el pago de impuestos allí es mucho menor con respecto a lo que tendría que pagar si su domicilio fiscal radicara en Madrid.
Su patrimonio ha disfrutado de un vertiginosoaumento al amparo del entramado Capio y de fuertes operaciones especulativas por las que ha ganado millones de euros. Lasremuneraciones que percibe como consejero del entramado Capio superarían escandalosamente el salario del presidente del gobierno.
2. A través de un entramado de sociedades es propietario de numerosos inmuebles destinados a la especulación. La mayoría de ellos son antiguos palacios declarados bienes de interés cultural de gran valor histórico en Asturias. El hecho de que su socio Celso González haya comprado recientemente la cadena hotelera Grupo Playa Sol (intervenida tras la detención hace meses de su propietario Fernando Ferré) sumado al hecho de que los palacios permanezcan cerrados y sin actividad alguna podría sugerir la posibilidad de que Víctor Madera, a través de la empresa Paisajes de Asturias SL, pretenda destinar los mismos al negocio hotelero. A continuación se muestranalgunas de sus propiedades inmobiliarias:
* Palacio Villa Excelsior (Luarca)
* Palacio Torres de Donlebún (Barres)
* Palacio de Trenor (Figueras)
* Palacio Torres de los Morenos (Ribadeo)
* Marques de Santa Cruz (Oviedo)
* Palacio de los Duques de Estrada (Llanes)
* Finca de más de 200.000m² (Formentera)
* Casa de campo en Fresnedillas de la Oliva (Madrid)
* C/ Valenzuela, (Madrid): en el mismo edificio posee 3 apartamentos de grandes dimensiones
* Urbanización Calo Del Real. Sant Josep de Sa Talaia (Islas Baleares): mansión de lujo en primera linea de playa.
3. Víctor Madera no solo forma parte del entramado de Capio sino que espropietario o participa en el consejo de administración en calidad de presidente de numerosas empresas. A continuación se muestran una lista de sociedades en las que participa a título particular:
  • PAISAJES DE ASTURIAS empresa dedicada a la compra de palacios de gran valor histórico y cultural en Asturias.
  • INABOL AHORRO SL. Compra, venta, suscripción, tenencia, gestión y administración de acciones, participaciones o valores, por cuenta propia.
  • GLOBAL HATTINA SL.<http://www.islanet.es/index.php?module=borme&func=empresa&pid=32&eid=7416> Asesoramiento en materia económica, contable y financiera. Así como a participación en proyectos industriales y comerciales mediante la suscripción de acciones y participaciones de sociedades mercantiles.
  • COMPAÑIA ALGARVE 2005 SA. Dedicada a la compra, construcción, promoción, venta, cesión, arrendamiento, administración y cualquier otra forma de explotación de toda clase de bienes inmuebles.
  • INICIATIVAS DE ASESORAMIENTO MEG SL.<http://www.islanet.es/index.php?module=borme&func=empresa&pid=32&eid=7424> Adquisición, transmisión y enajenación de toda clase de acciones, bienes, obligaciones, participaciones y derechos con exclusión de las actividades reguladas en la ley del mercado de valores
  • CONDOMINIO ONCE DE NOVIEMBRE S XXI SL.<http://www.islanet.es/index.php?module=borme&func=empresa&pid=32&eid=40501> Realización de todo tipo de actividades de instalación eléctrica, fontanería, agua caliente, calefacción y aire acondicionado, incluidas en las mismas la redacción de proyectos, ejecución material de obra y expedición de certificaciones. Ha llevado a cabo obras en hospitales y centros sanitarios.
  • AULAMUNDI SL. Conformar o ser parte de instituciones de educación en las que se impartan todas o algunas de las enseñanzas y niveles permitidos en la legislación del país en que radiquen.
  • GAMBIOA 2000,SL cuyo objeto social es la adquisición, construcción, ejecución, promoción, traspaso, cesión, restauración, reparación y explotación de toda clase de bienes muebles e inmuebles o servicios urbanísticos.
  • COMPAÑIA INMOBILIARIA Y PROMOTORA DE LA REPUBLICA ARGENTINA Y AMERICA DEL SUR, SA<http://www.empresia.es/empresa/compania-inmobiliaria-y-promotora-de-la-republica-argentina-y-america-del-sur/> Adquisición, cesión, arrendamiento, tenencia, disposición, transformación, administración y disfrute de toda clase de inmueble.
4. Como presidente de Capio en el Estado español su nombre aparece en las empresas que Capio ha creado o comprado para poder explotar el ámbito sanitario:
* IBÉRICA DE DIAGNÓSTICO Y CIRUGÍA
* CAPIO SERVICIOS SL.
5. Además, Víctor Maderaha formado parte de las siguientes empresas, en las que ya no participa en su órgano de dirección o bien lo hace en la sombra:
La empresa en la que participa Víctor Madera, Iniciativas de Asesoramiento MEG, tiene acciones en la empresa Investment Circle Germany-Spain S.A. El accionista mayoritario de esta empresa es Partner SL propiedad de Amancio Ortega. ¿Algunas de la anteriores empresas tiene vinculación con las Islas Caimán?De ser así exigimos explicaciones de los motivos que puede llevar al futuro responsable de la gestión de la sanidad pública a relacionarse con dicho paraíso fiscal.
Conociendo quién es Víctor Madera y sus intereses en la sanidad pública conviene saber cómo funciona Capio y los riesgos que conlleva su futura gestión de hospitales y centros de salud. A continuación se muestra un breve resumen de sus papel en la actualidad.
¿QUIÉN ES CAPIO?
  1. Capio es una empresa de capital riesgo dedicada a la especulación, radicada en lasIslas Caimán.
2. Capio ya espropietaria de parte de la sanidad pública española mediante la gestión y explotación de hospitales, centros de especialidades y centros de saludobteniendo enormes beneficios a costa de disminuir la calidad del servicio público, convirtiendo la salud en un negocio.
3. Recientemente Capio España ha cambiado su nombre por IDC (Ibérica de Diagnóstico y Cirugía).
4. En elaño 2011 Capio facturó algo más de 673 millones de euros. En torno al75% de esa cifra salió de las arcas públicas. Más de 500 millones procedentes de conciertos, concesiones y convenios con las administraciones.
La opacidad de este grupo empresarial impide conocer quiénes son sus accionistas reales. A través de un entramado de 5 empresas llamadas CVC european equity Partners, con sede en el paraíso fiscal las Islas Caimán es propietarias de HCL Holdings Sàrl. A su vez ostenta el 100% del capital social de HCI SA y esta es propietaria de HC Investment Sàrl y HC Investment BV todas ellas con sede en otro paraíso fiscal, Luxemburgo. Esta última es la única accionista de Capio sanidad Holding SL que a través de Desarrollos empresariales Piera SL posee las 10 empresas que explotan los servicios sanitarios públicos construidos con el dinero de la ciudadanía.
El objetivo de las empresas de capital riesgo es obtener el máximo beneficio de sus inversiones en el menor tiempo posible.
Es inaceptable que la gestión de la salud pública caiga en manos de especuladores ajenos a las necesidades sanitarias de la población. Este entramado de empresas no sólo especula con la sanidad, sino que participa en negocios inmobiliarios, inversiones especulativas, infraestructuras, telecomunicaciones, industria farmacéutica y todo aquello que pueda ofrecer sumas millonarias en poco tiempo.
5. En la actualidad Capio gestiona además de numerosos centros de especialidades, los siguientes hospitales:
* Fundación Jimenez Díaz.<http://www.fjd.es/>
* Hospital Rey Juan Carlos<http://www.nuevohospitalpublicomostoles.es/>
* Nuevo Hospital Público de Collado Villalba <http://www.hospitalpublicocolladovillalba.es/>
* Capio Hospital General de Catalunya. Barcelona <http://www.hgc.es/cat/>
* Hospital Universitario Infanta Elena<http://www.capiosanidad.es/centros/hospital-infanta-elena/>
* Hospital de Valdemoro
* Hospital Puerta de Hierro
* Capio Hospital Sur de Alcorcón<http://www.capiosanidad.es/centros/h-sur-alcorcon>
* Capio Hospital Tres Culturas. Toledo <http://www.capiosanidad.es/centros/h-tres-culturas>
6. Uno de los mayores escándalos en cuanto a relación público-privado se refiere, es elHospital de Villalba. Este centro construido por la administración públicapermanece cerrado, y sin embargoCapio recibe mensualmente de la Comunidad de Madrid900.000 euros para unos gastosno justificados. Para su explotación se formó una sociedad snónima constituida por Ibérica de Diagnóstico y Cirugía, Hospital Sur S.L., F.Fortwart y Ghesa Ingenieria y Tecnología S.A. Estas dos últimas no están en absoluto relacionadas con la actividad sanitaria, de hecho F.Fortwart es un pequeño estudio de arquitectos que trabaja habitualmente con Víctor Madera y Ghesa Ingenieria y Tecnología S.A. se dedican entre otras actividades a la energía nuclear.
7. Capio no ha estado exenta de polémica en los centro públicos que ya gestiona.Personal sanitario ha denunciado presiones para derivar pacientes gravesque requieren una atención por la que obtendrían menores beneficios económicosa hospitales de exclusiva gestión pública así como derivar la realización de pruebas diagnósticas a centros privados. Numerosas pacientes han constatado chantajes para someterse a operaciones leves en centros concertados con la excusa de disminuir la lista de espera.
Además, Capio ha mostrado reiteradamente interés en la compra de su máximo competidor Ribera Salud. Si esta compra llega a consumarse ostentaría el monopolio de la privatización de la sanidad en todo el Estado.
No queremos amenazar ni coaccionar pero consideramoslegítimo informar a la ciudadanía, en un ejercicio de nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión (recogido en el artículo 20 de la Constitución Española), del deterioro evidente que las políticas de privatización suponen sobre el acceso a una sanidad pública, gratuita y universal, derecho humano recogido en el artículo 25 de la Carta de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, en el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
Por ello queremos señalar y poner cara tanto a aquellos que aprueban lalegislación que permite la entrada de empresas en la sanidad (que comienza con la aprobación de laLey 15/97 gracias a los votos a favor de PP, PSOE, CiU, PNV y CC) como a aquellos que pretenden lucrarse a costa de la salud y los impuestos de todos. Informaremos, por tanto, a nuestros conciudadanos de quiénes son los responsables de esta política privatizadora, por la cual unos pocos se lucran ilegítimamente a costa de menoscabar los derechos humanos, en cualquier espacio público en el que hagan acto de presencia, véase cuando los gerentes lleguen a los centros de salud u hospitales que traten de privatizar.
El permitir que Capio continúe recibiendo concesiones por parte de nuestra Administración es inadmisible. La manifiesta opacidad de la empresa y de sus responsables, la experiencia acumulada en los hospitales que llevan años siendo de gestión privada aun financiándose con dinero público, así como toda la información que ha sido posible obtener en este informe nos muestra que el único objetivo de la privatización y la entrada de Capio en la sanidad es la especulación con nuestra salud.
Y aun entrando en el discurso del gasto y del ahorro,no existe informe alguno que acredite que la gestión privada sea más barata.De hecho los estudios que sí se han hechocomparando sistemas de gestiónpública y sistemas de gestiónprivada handemostrado que la privatización encarece los servicios prestados y reduce la calidad de las prestaciones; ya que el fin último es el beneficio económico y no el beneficio social.
Llevamos meses oyendo hablar del gasto que supone sostener nuestro sistema sanitario, cuando la salud es una de las mayores inversiones sociales que tenemos. Ninguna empresa como Capio va a tener interés en gestionar un servicio que no le reporte beneficios económicos, y este simple hecho nos muestra las verdaderas intenciones que hay tras su interés por la sanidad madrileña.
Es intolerable que los rendimientos económicos primen por encima de la salud y la vida de las personas. La salud es un derecho fundamental, y es por esto que no permitiremos la privatización de uno de los sistemas sanitarios que sirve de referente para muchos países del mundo.
Profesionales de la sanidad y pacientes nos unimos para hacer pública esta información.
¡La sanidad no se vende, se defiende!

jueves, 9 de mayo de 2013

Castilla y León, a la cabeza del rechazo frontal al estado de las Autonomías


 

Castilla y León, a la cabeza del rechazo frontal al estado de las Autonomías.

A nadie se le escapa en estos tiempos de crisis, que el principal motivo del descalabro de nuestra economía y del tremendo agujero negro en el que se encuentran las arcas del estado, una vez llamado España, ha sido, es y si nadie lo remedia, seguirá siendo, el modelo territorial, que a una cuadrilla de iluminados y otros pocos románticos, se le ocurrió establecer hace más de 3 décadas y que hoy en día, nadie puede poner sobre la mesa ni un sólo motivo que lo justifique.

Ni un sólo argumento que pueda convencer a los cada vez más españoles contrarios a este sistema de separación de territorios, que con la división en regiones o comunidades autónomas o paises, o como coño lo quieran llamar, depende donde se encuentre quien lo haga, haya mejorado en algo la calidad de vida, los servicios, la atención a los ciudadanos o el bien estar social, de los habitantes de todas y cada uno de estos trozos de lo que fué España.

Es curioso, que a pesar de haber duplicado, incluso triplicado administraciones, la gran mayoría de los ciudadanos hemos perdido cercanía y atención en los asuntos más transcendentales.

Por supuesto, que quienes organizaron y manipularon la geografía la historia y en muchos caso, como el nuestro, nos cambiaron nuestras señas de identidad y sus allegados y amigos que duda cabe, está más que satisfechos con el actual sistema.

NOS HA JODIDO; COMO PARA NO ESTARLO!!!!!

Por cercanía, me remito a la comunidad a la cual dicen que pertenezco al contrario de lo que digo yo, que no es otra que el enjendro que parieron a orillas del pisuerga, después de engañar, manipular y modificar los mapas.

Ese engendro mal llamado Castilla y León, como se ha ido demostrando a lo largo de estos más de 30 años, hoy en día es habitado por unos dos millones de Castellanos y de Leoneses y otro medio millón de "CASTELLANOLEONESES".

No deja de ser una paradoja, que siendo la comunidad con más voces pidiendo la vuelta a un estado centralizado, la única de todo el territorio nacional en la que, a excepción de los Vallisoletanos (y no todos) no hay sentimiento alguno de región, casualidad digo a pesar de todo es que nos siguen gobernado desde casi tiempos ancestrales, los que sistemáticamente han desmantelado 8 de las nueve provincias que la componen para centrar el futuro y el desarrollo en su "gran capital".

Lo que no es producto de la casualidad es que, si lleva esta camarilla haciendo y desaciendo a su antojo y comprando voluntades para distorsionar muy mucho la cruda realidad de esta comunidad tantos años es porque, tanto en Valladolid como en Burgos, por ejemplo, las urnas así lo han querido.

Por lo tanto y aunque algunos no nos lo merecemos, no queda otra que repetir de nuevo esta frase que suena a resignación y a confesión de culpabilidad

: "TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS"

Pues bien, como decía antes, voy a plantear una pregunta, esta vez a los que en Castilla y en León vivimos, nacimos o pacemos:

Ahí va mi pregunta:

Alguien, a excepción de los antes mencionados, beneficiarios directos de parte de este pastel, puede señalar UN SOLO BENEFICIO que nos haya reportado la descentralización del estado??

Solamente necesito UNA, ni tres ni siete, UNA. Yo llevo unos cuantos años buscándolo y no hay manera de hacerlo aparecer. No existe, por mucho que se empeñen en hacernoslo creer desde Valladolid o desde los pamfletos del gobierno regional, llamados diarios de noticias, periódicos o emisoras de radio y televisión.

Todo se ha duplicado. Todos los trámites se han alargado y se siguen haciendo fuera de las provincia, igual que antes.

Los colegios, centros de formación, institutos etc, no los inventó la Junta, ya existían.
Hospitales, centros de atención primaria, carreteras, patrimonios culturales, transportes, máquinas quitanieves y médicos rurales eran gestionados por el gobierno central o en su caso por el Gobernador Civil de cada provincia y se acabó, sin más parafernalias.
Hoy el recorrido para cualquier tipo de trámite en vez de a Madrid nos lleva a Valladolid, Es decir, igual que antes, pero peor.

Hoy hay un gobierno en Madrid y otro en Valladolid, de los que dependen un delegado del gobierno de Madrid, que está en Valladolid, un subdelegado del delegado del gobierno de Madrid, que está en la capital de cada provincia. A su vez, del gobierno de la comunidad aparecen consejerías, viceconsejerías, secretarías, direcciones territoriales, direcciones generales, todas ellas, también en Valladolid, y directamente de Arroyo de la Encomienda nos han colocado en cada provincia un delegado territorial, que depende del gobierno autonómico, que nadie sabe realmente cual es su misión, ya que todos los trámites cuya competencia es de la junta, se acaban resolviendo allí, en Valladolid.

Cabe señalar, que el área de empleo tiene funcionarios depencientes de la junta de CyL y otros del gobierno de España, al igual que alguna oficina de sanidad, que aún teniendo asumidas las competencias el gobierno pucelano, dependen, ni ellos saben el porqué, del ministerio de sanidad.

Acabo con un ejemplo, claro y conciso, que resume la absoluta sinrazón del estado autonómico.

Algo tan simple como legislar para unificar, por ejemplo, el horario de cierre del bar que tengo bajo mi casa, antes se gestionaba y se decidía aquí y el Ayto y el Gobierno Civil esran quienes, según criterios del momento o las cirscuntancias, señalaban dichos horarios. Hoy, Sre y Sras, esto se escribe en Valladolid, como no podía ser de otra manera.

Puedo seguir horas y horas, porque es ilimitado el número de atropellos, sinrazones y manipulaciones que en nuestro caso se llevan a cabo desde la capital administrativa de la comunidad, pero lo voy a dejear, de momento aquí.

Para rematar la faena y a raiz de la encuesta que estos días se ha realizado en España y cuya pregunta era decantarse por el modelo territorial actual o volver al modelo centralizado de gobierno, solo quiero hacer un par de matizaciones. La primera no es sino la confirmación de lo razonable y es que Castilla y León está a la cabeza de las comunidades que rechazan el actual modelo y piden una recentralización del estado y la segunda es que, a pesar de estar los primeros, un 38% me parece un porcentaje un tanto pobre, ya que según mis cálculos los realmente apegados a CyL y quienes pueden sacar algo de provecho de este sistema, no son más de un 35%.

Es decir, que casi un 30% de los habitantes de CyL o no saben o no contestan o leen en la prensa la sección CASTILLA Y LEÓN, sin darse cuenta de la manipulación y la sarta de demagogias y sinsustancias que vomitan dichas secciones, por cierto, no fruto de la casualidad sino del meticuloso análisis del impacto propagandístico que cada artículo o noticia hará sobre las personas a las que van dirigidos.


En otra ocasión y al respecto de este tema, iré enumerando uno por uno, no ya los beneficios, sino las grandes pérdidas que nuestra provincia ha sufrido, tanto económicas como patrimoniales como a nivel de infraestructuras, por ejemplo, desde que se consumó esta gran mentira llamada Castilla y León.

Por cierto. Si a alguien se le ha iluminado alguna bombilla y ha sido capaz de descubrir esa única razón por la que sentirse castellanoleonés, que no lo dude y nos lo haga saber. De rectificar y pedir perdón siempre hay tiempo y si así hay que hacerlo, seré el primero.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Un asunto nimio (Alejandro Cuevas)


HOY DOMINGO

 

Un asunto nimio


ALEJANDRO CUEVAS

 

 

(El Mundo de Castilla y León, 25 agosto 2002)

 

Cuando lle­gó la Espa­ña de las Autono­mías, algu­nos inge­nuos pensaron que eso iba a significar una mejor ges­tión del dinero público. Se equivocaban. Cuando llegó la Unión Europea, algunos ilusos recalcitrantes volvie­ron a creer en una adminis­tración más cabal de los re­cursos comunes. Se equi­vocaban de nuevo. Hoy por hoy, nuestros escuálidos monederos costean repre­sentantes políticos en Va­lladolid, en Madrid y en Bruselas, que es algo tan absurdo como ir al dentista y que te cobren tres veces por lo mismo y encima te extraigan la muela equivo­cada.

 

Antaño, los pisaverdes pasaban las horas muertas abrillantándose los botines o jugando al billar en algún salón rancio, ahora todos esos lechuguinos semianal­fabetos, como tienen tantos puestos jugosos entre los que elegir, son concejales, procuradores en las Cortes o jefes de área de cualquier estupidez con nombre rim­bombante. El  poder ya no reside en el pueblo, pero el pueblo todavía no se ha en­terado y sigue pagando las facturas.

 

Todo este pequeño pan­fleto dominical viene moti­vado por la noticia de que el PSOE de Castilla y León denuncia que el 112, que en nuestra ( comunidad es el número de teléfono de  emergencias no funciona adecuadamente. Dice que hay llamadas que se pierden al no ser respondidas y que los telefonistas no ha­blan árabe o portugués, lo cual no me parece tan gra­ve; es poco probable que los inmigrantes o visitantes sepan de la existencia de un número de teléfono y de un servicio que casi nadie conoce, puesto que no se le ha hecho la suficiente pu­blicidad (quizá por ahí de­berían llegar los repro­ches).

 

En cualquier caso, me­terse con el 112 es salirse por la tangente; a lo mejor la oposición tranquila es eso: evitar los ataques a te­mas cruciales y espinosos (por ejemplo: nuestro apol­tronamiento, nuestro aban­dono, nuestros organigra­mas institucionales inflados de espantapájaros que nos cuestan una fortuna) y centrarse en minucias ridículas para aparecer de vez en cuando en los medios de comunicación En el teatro electoral, los que están en las butacas ya no critican el argumento de la obra, simplemente se quiere subir al escenario y lucir su palmito bajo los focos, o dicho en otras palabras: quieren gobernarnos, vaya cruz, pero no para cambiar las cosas sustancialmente, sino para incrustar a los suyos en los organigramas hinchados de los que hablábamos antes. Y luego se quejarán de que la política está desprestigiada.

 

lunes, 6 de mayo de 2013

Consulta ciudadana por web

Estamos intentando evitar el desmantelamiento de la Sanidad pública. Si quieres colaborar, puedes enviar tu voto virtual. Esta votación es independiente y paralela a la votación presencial que se llevará a cabo entre el 5 y el 10 de mayo en las mesas que se pondrán en centros sanitarios, educativos, Asociaciones de Vecinos y de Pacientes. Y difunde por favor.
¡Ánimo, sí podemos!
¡A votar todo el mundo! Es muy fácil, si votas virtualmente, también puedes votar en las mesas de forma presencial.
La sanidad pública no se vende, se defiende
http://consultaweb.org
--
La única lucha que se pierde es la que se abandona...

martes, 30 de abril de 2013

La hora de la micro-política (Alain de Benoist)


La hora de la micro-política

Robert de Herte (seudónimo de ALAIN DE BENOIST)

 

En la era de la modernidad, la política ha sido pensada de manera esencialmente institucional o contestataria de la institución. El poder central era el objetivo de las prácticas y las luchas políticas. Cuando los descontentos eran demasiado numerosos, asistíamos a movimientos de cólera, e incluso insurrecciones. Hoy se asiste a su implosión. Hoy no nos movilizamos, nos desentendemos. No solamente sucede que los poderes oficiales son cada vez más impotentes, sino que la abstención no deja de progresar. Por muy "cercanos al pueblo" que pretendan estar, los políticos se esfuerzan en vano por asegurar de forma patética su apuesta por la "transparencia", sus programas ya no interesan a nadie.

Aquellos que no comprenden que el mundo ha cambiado se sienten desolados. Ven desaparecer algo que era considerado ya como familiar a sus vidas y constatan una sensación de ruptura. Confunden el fin de un mundo, el suyo, con el fin del mundo. Olvidan que la historia está abierta, y que aquello que es superado anuncia nuevas recomposiciones. Como la ola, dice Michel Maffesoli, que avanza mientras parece recular.

No hay que confundirse de cara a este movimiento de "reacción", al interpretarlo como una "deserción" de tipo clásico. Se trata en verdad de una nueva "secesio plebis". Como a imagen de un individuo, cuando su cuerpo ya no sigue a su voluntad. Pero aquí, hablamos del cuerpo social. Dentro de este movimiento de sedición instintiva, el cuerpo social se desvincula de la consciencia de la institución, del poder estatal. No se reconoce más en lo instituido, en la clase política. No es que se haya vuelto indiferente a todo. Solo es que ha comprendido que la verdadera vida esta fuera de ahí.

Esta dinámica es desconcertante puesto que, contrariamente a lo que estamos acostumbrados a ver, no tiene un fin pre-establecido. No está guiado por vastas teorías, no se fija grandes objetivos a conseguir. Las grandes nociones abstractas (patria, clase, progreso, etc) a la luz de los que habíamos querido cambiar el mundo para hacerlo mejor, tuvo por efecto convertirlo en peor, de forma que hoy se nos aparecen como vacíos de sentido. La Historia (con mayúscula) se ha retirado del escenario en beneficio de las historias particulares, al igual que las grandes epopeyas en beneficio de las narraciones locales. Después de quince siglos de doctrinas que pretendieron decir como el mundo debía de ser, volvemos a la idea de que el mundo debe ser entendido tal y como es. No hay que temer este movimiento, de este funcionamiento a la vez opaco y prometedor.

La mundialización, que constituye actualmente el marco de nuestra historia, no es menos paradójica. Por un lado, es unidimensional, por lo que parece provocar por todos los lados la extinción de la diversidad bajo todas sus formas. Por otro, supone una fragmentación inédita. De esta manera, restituye la posibilidad de un modo de vida "auto-político", fundado sobre la auto-organización a todos los niveles, y además la posibilidad de un tipo de práctica democrática que se había vuelto impracticable dentro de los grandes conjuntos nacional-unitarios.

La acción local permite ciertamente vislumbrar un retorno a la democracia directa, de tipo orgánico y comunitario. Una democracia de este tipo, tiene en cuenta tanto el momento de la deliberación como el de la decisión, e implica sobre todo una importante participación. Se basa también en las nociones de subsidiariedad y reciprocidad. Subsidiariedad: que las comunidades puedan en lo posible decidir por sí mismas aquello que les concierne, y que no deleguen a un nivel superior más que la parte de poder que ellas mismas no puedan ejercer. Reciprocidad: que el poder de decidir otorgado a algunos esté acompañado del poder dado a todos de controlar a aquellos que deciden. Esta forma de gestión responde a la definición de poder dado por Hannah Arendt, no como un contrato, sino como un poder de hacer y de actuar juntos. Vuelve a pensar la política a partir de la noción de autosuficiencia, buscando crear las condiciones para esta autosuficiencia a todos los niveles: familias ampliadas o recompuestas, comunidades vecinales, de ciudades y de regiones, comités locales, sistemas inter-comunales, ecoregiones y mercados locales.

La Revolución de 1789, al consagrar los derechos del individuo independiente de toda pertenencia comunitaria, ha pretendido poner fin a un sistema de asociacionismo, al que reprochaba hacer de "cortina de humo" entre el individuo y el Estado soberano. Rousseau no era ni mucho menos hostil al régimen asociativo, del que Tocqueville hizo tras él uno de los útiles de la libertad. En el siglo XIX, el modelo de representación no ha dejado competir en lugar del de asociación. "La idea proudhoniana de federalismo, recuerda Joël Roman, fue explícitamente propuesto en oposición a la representación política, y el naciente movimiento obrerista se encontrará ligado en primer término a la noción de asociación". Este modelo ha inspirado mas tarde experiencias muy diversas (concejistas, comunitarias y cooperativas). Estamos viendo como renace en nuestros días, con un nuevo rostro.

La noción de comunidad está directamente ligada al de la democracia local. Al mismo tiempo que una realidad humana inmediata, la comunidad es un instrumento de creación del imaginario social. Es a partir de ésta que es posible hoy recrear lo colectivo. La dimensión colectiva asocia a aquellos tienen una causa por alzar en común: pertenecen a mi comunidad aquellos que, en la vida diaria, se enfrenta a los mismos problemas que yo. Poner el acento sobre las comunidades significa rehabilitar las "matrias" carnales, concretas, frente a la patria abstracta, inmensa, anónima y lejana. Este re-enraizamiento dinámico, abierto, no significa una regresión, un cerramiento o una sustitución. Privilegia las nociones de reciprocidad, de ayuda mutua, de solidaridad con lo próximo, de intercambios de servicios y de economías paralelas, de valores compartidos. La resistencia a la homogeneización planetaria no podrá operarse más que a nivel local.

Pensar globalmente, actuar localmente: ésta es la clave de la micro-política. Se trata de terminar con la autoridad y la expertocracia que nos vienen dados desde arriba, dictando desde lo alto de la pirámide las reglas generales, así como con una sociedad donde la riqueza aumenta al mismo ritmo que se desagrega el vínculo social. Contra la mentalidad de asistencia y el Estado-Providencia, se trata de trabajar por la reconstrucción de los vínculos de reciprocidad, la resocialización del trabajo autónomo, la aparición de nuevos "nichos" sociales y la multiplicación de "nudos" en el seno de las "redes" asociativas. Se trata de hacer reaparecer al "hombre habitante" por oposición al hombre que no es más que productor y consumidor. Se trata de colocar lo local en el centro, y lo global en la periferia. Retorno al lugar, al paisaje, al ecosistema, al equilibrio. ¡ La verdadera vida está por fuera del sistema !

[Revista Elements, primavera 2001]