lunes, 17 de octubre de 2011

El hombre por sobre todo deberia ser el lema de los "indignados"


El hombre por sobre todo deberia ser el lema de los "indignados"


Por que en el mundo se ha comenzado a levantar la voz de los llamados “indignados” con independencia de las fronteras, por que esa efervescencia a nivel de naciones y mundial?.

Cuando a diario vemos las noticias sobre la crisis económica mundial, no podemos evitar encontrar un mensaje constante, ya asumido como normal, y es aquel donde los medios hacen referencia a las crisis económicas como entes deshumanizados solo con indicadores de su evolución de todo tipo y color.
Estos procesos económicos transnacionales y multilaterales impactan negativamente, por efecto de la globalización, en cualquier punto del globo y se expanden como epidemias.  Se habla de las caídas de las bolsas, de los problemas que sacuden a los bancos, de la baja en los bonos, etc, etc, etc. , se tiene centrada la preocupación en las pérdidas de los grandes consorcios empresariales y financieros  internacionales.
La vision se centra en los organismos (estatales o privados) y no en el hombre de la calle. Tienen prioridad absoluta sobre todos nosotros.

Es asi que pasa desdibujado el aspecto de la crisis más aguda, y es la que sufren las personas de carne y hueso  con la merma de su consumo, calidad de vida y la desocupación.  Golpea a todos y , normalmente la sufren todavía con mayor intensidad aquellos  empleados y obreros de baja calificación que ya están conformando un peligroso bolsón de  masivas  protestas y conflictos sociales .
Como suponemos, las crisis de los países centrales y mejor ubicados en la economía mundial, se irradia también hacia los emergentes y los impacta con muchísima dureza sumándose a los males endemicos de estas áreas que tratan de progresar..
En este proceso de decesión económica, es posible ver una ecuación , tal como si habláramos de un simbolismo matemático, donde claramente se presenta una variable de ajuste, representada por el común de la gente (contrayendo sus salarios y bajando su calidad de vida),y por otra parte ,una constante que perdura contra viento y marea, conformada por un staff permanente de banqueros y políticos.  Estos personajes que se mantienen siempre a flote y en los cuales el vaivén económico no incide en su vida cotidiana, son tanto responsables de estas crisis como también de la solución que finalmente se adopta para salir de las mismas. No habremos de negar que el tiempo todo tienen los hilos de la "marioneta universal" en sus manos y la razón de los ciclos económicos están íntimamente ligados a sus acciones calculadas y siempre beneficiosas primero  para si y si queda algo para el resto..... 
Es llamativo que mientras duran estos procesos recesivos y las correspondientes medidas de ajuste, las vidas de esos dirigentes ( y su entorno) no sufren caídas en la misma proporción que la sufrida por la sociedad en su conjunto , y ni hablar de quien ostenta dinero en épocas de vacas flacas hace sus pingues negocios.....sino hay que preguntarle a los norteamericanos para saber quien se quedo con sus propiedades por falta de pago luego de la crisis hipotecaria y bancaria en los EEUU. 
Apelo a la memoria y al conocimiento personal de cada lector para que trate de recordar si en alguna oportunidad pudo asistir a renuncias masivas de sueldos, dietas , puestos o beneficios de algun tipo que hayan sido política de ejemplo de algún político en el mundo actual, conoce Ud. a algún político que este en la indigencia o pasando hambre, su familia, sus hijos?.... o si algún sistema bancario ha disminuido su apetito de intereses y ganancias o renunciamiento de calidad de vida de sus directores?   Son las mismas personas y entidades lobbistas que se encargan de decir donde, a quien, cuanto y cuando se aplicaran los recortes de algún tipo para balancear el déficit financiero pero jamás en desmedro de su propio peculio. Realmente nunca sufren las consecuencias de sus propias acciones previas a las crisis y menos aun rinden cuenta de lo actuado con sus patrimonios y/o cargos políticos/administrativos. Lo máximo que pudiera ocurrir se reduce a una renuncia oportuna con retiro garantizado de por vida. Sus hogares , sus fortunas terminan siempre intactas….no deseo dar ejemplos por que realmente sobran en nuestro país y en el mundo, y como recién almuerzo puede cortarme la digestión recordar a algunos personajes locales que pregonan  una postura  popular y viven en forma elitista rodeados de vanidades y riquezas.
Estoy seguro que debe existir alguna forma civilizada e inteligente para que estas crisis puedan ser equitativamente soportadas por todos integrantes de nuestras sociedades, con la visión del BIEN COMUN y que aquella cuota parte de la responsabilidad en la toma de decisiones sea exigida con la correspondiente rendición efectiva de los actos de quienes nos gobiernan, en todos los niveles y regiones,  incluso con afectación directa a sus patrimonios (normalmente intocables y poco conocidos) y que el hombre comun sea mas importante que una entidad bancaria. Estoy convencido que no hay otro camino.
No soy dueño de la verdad ni se positivamente  a ciencia cierta cómo debe llevarse a cabo esta transformación, pero mi sentido común me indica que ello es necesario e impostergable, por que aquello que no se haga con medidas pensadas, consensuadas y oportunas  se cumple inexorablemente con grandes cambios sociales traumáticos según nos muestra la Historia, y creo que nos encontramos dentro de uno de esos momentos de la Humanidad que dejan huella para el futuro. Y por ahora pese a ser una persona por naturaleza optimista no veo la luz ni la capacidad dirigencial para liderar ese cambio y la realidad es mandatoria por mas que no queramos verla.

Mario Crapanzano desde Sao Paulo - Brasil

La civilización empática (Jeremy Rifkin)

 El Pais, 19.3.2010.



TRIBUNA: JEREMY RIFKIN

La civilización empática

Necesitamos una conciencia planetaria para resucitar la economía y revitalizar la biosfera. ¿Imposible? No, en absoluto. La ciencia demuestra que el ser humano progresa reduciendo su egoísmo y ampliando su empatía

JEREMY RIFKIN 19/03/2010

Dos espectaculares colapsos, separados por sólo 18 meses, han marcado el fin de la era contemporánea. En julio de 2008, el precio del petróleo en los mercados mundiales alcanzó la cifra récord de 147 dólares por barril, la inflación se disparó, y con ella todos los precios, desde los alimentos a la gasolina, y el motor de la economía mundial se atascó. Lo que precipitó la crisis fue la creciente demanda de combustibles fósiles de China, India y otras economías emergentes. La capacidad de compra se desplomó y la economía mundial se derrumbó. Ese fue el terremoto que hizo trizas esa época industrial. El colapso de los mercados financieros dos meses después no fue más que una réplica.

La comunicación actual desborda las fronteras de las identificaciones nacional e ideológica

¿Se generalizará la nueva mentalidad antes de que el cambio climático lleve al desastre planetario?

En diciembre de 2009, mandatarios de 192 países se reunieron en Copenhague para abordar el problema que supone la factura de entropía acumulada de una revolución industrial basada en los combustibles fósiles: el gasto en CO2 que está recalentando y desequilibrando el planeta hasta llevarlo a un catastrófico cambio climático. Después de años de preparación, las negociaciones fracasaron y los líderes del mundo fueron incapaces de un acuerdo.

La crisis radica en la concepción de la naturaleza humana que rige el comportamiento de los líderes mundiales y cuyos presupuestos surgieron hace más de 200 años, durante la Ilustración, en los albores de la economía de mercado y de la era del nacionalismo. A los pensadores ilustrados -John Locke, Adam Smith, Condorcet, etcétera- les ofendía la concepción cristiano-medieval del mundo que, viendo en el hombre a un ser indigno y depravado, aspiraba a la salvación ultraterrena a través de la gracia de Dios. Preferían sumarse a la idea de que la esencia humana es racional, distante, autónoma, ambiciosa y utilitarista, propugnando que la salvación individual está aquí en la Tierra, en un ilimitado progreso material.

La concepción ilustrada de la naturaleza humana se reflejó en el recién acuñado Estado-nación, cuyo objetivo era proteger la propiedad privada, estimular el mercado y servir de intermediario a los intereses de la ciudadanía en el ámbito internacional. Se consideraba que los Estados-nación eran agentes autónomos envueltos en una incesante batalla con otras naciones por la obtención de ganancias materiales.

Si la naturaleza humana es como indicaban los filósofos ilustrados, probablemente estemos condenados. Imposible concebir cómo podríamos crear una economía mundial sostenible y devolverle la salud a la biosfera si todos nosotros, en nuestra esencia biológica, somos agentes autónomos, egoístas y materialistas.

Sin embargo, los últimos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro y el desarrollo infantil nos obligan a repensar esos arraigados dogmas. Los biólogos y los neurocientíficos cognitivos están descubriendo neuronas espejo, llamadas de la empatía, que permiten a los seres humanos sentir y experimentar situaciones ajenas como si fueran propias. Parece que somos los animales más sociales y que buscamos interactuar íntima y amigablemente con nuestros congéneres.

Por su parte, los científicos sociales están comenzando a reexaminar la historia con una lente empática, descubriendo así corrientes históricas ocultas que sugieren que la evolución humana no sólo se calibra en función del control de la naturaleza, sino del incremento y la ampliación de la empatía hacia seres muy diversos y en ámbitos temporales y espaciales cada vez mayores. Las pruebas científicas de que somos una especie básicamente empática tienen consecuencias sociales profundas y de gran alcance, y podrían determinar nuestra suerte como especie.
Para resucitar la economía mundial y revitalizar la biosfera, lo que ahora necesitamos es, nada más y nada menos, que dar, en menos de una generación, el salto hacia una conciencia empática mundial. La cuestión es la siguiente: ¿cuál es el mecanismo que permite la maduración de la sensibilidad empática y la expansión histórica de esa conciencia?

Los momentos cruciales que dan un vuelco a la conciencia humana tienen lugar cuando nuevos sistemas energéticos se conjugan con revoluciones en las comunicaciones, creando nuevas eras económicas. Los nuevos medios de comunicación se tornan mecanismos que rigen y controlan la estructuración, organización y gestión de las civilizaciones más complejas que los nuevos sistemas energéticos posibilitan. La primera revolución industrial del siglo XIX, gestionada gracias a la comunicación impresa, dio paso a la conciencia ideológica. La comunicación electrónica se convirtió en el mecanismo rector y de control de la segunda revolución industrial del siglo XX, que marcó el inicio de la conciencia psicológica.

Las revoluciones en las comunicaciones, al hacerse más complejas, van poniendo en contacto a cada vez más gente dentro de redes sociales más amplias y variadas. La comunicación oral tiene un limitado alcance temporal y espacial, mientras que las comunicaciones manuscrita, impresa y electrónica amplían el margen y la profundidad de las interacciones sociales.

Al desarrollar el sistema nervioso central de cada individuo y del conjunto de la sociedad, las revoluciones en las comunicaciones no dejan de proporcionar escenarios cada vez más incluyentes para la maduración de la empatía y la expansión de la conciencia. Durante la primera revolución industrial, caracterizada por la imprenta y la conciencia ideológica, la sensibilidad empática se extendió hasta alcanzar las fronteras nacionales, de manera que los estadounidenses se identificaban con los estadounidenses, los españoles con los españoles, los japoneses con los japoneses, etcétera. Durante la segunda revolución industrial, caracterizada por las comunicaciones electrónicas y la conciencia psicológica, los individuos empezaron a identificarse con otros de ideas afines.

Hoy en día nos encontramos en la cima de otra convergencia histórica, en una tercera revolución industrial de la energía y la comunicación, que podría extender la sensibilidad empática a la propia biosfera y a toda la vida terrena. La repartida revolución de Internet se está conjugando con la diseminación de las energías renovables, haciendo posible una economía sostenible que se gestiona localmente con vínculos en todo el mundo. Durante el siglo XXI, cientos de millones de personas transformarán sus edificios en centrales productoras de energía que producirán in situ fuentes renovables, almacenándolas en forma de hidrógeno y electricidad compartida, e intercambiándolas a través de retículas locales, regionales, nacionales y continentales de funcionamiento similar al de Internet. En el ámbito energético, al igual que en el de la información, la difusión de fuentes de código abierto dará lugar a espacios de colaboración energética, no diferentes a los de índole social que en la actualidad existen en Internet.

Si conseguimos aprovechar nuestra sensibilidad empática para instaurar una nueva ética mundial habremos superado los distantes, egoístas y utilitaristas presupuestos filosóficos que acompañaban a los mercados nacionales y el orden político de los Estados-nación, situándonos en una nueva era de conciencia biosférica. Así, dejaremos el antiguo mundo de la geopolítica para entrar en la nueva era de la política de la biosfera. Esta nueva perspectiva va más allá de la tradicional divisoria entre conservadores y progresistas que caracteriza la geopolítica actual de la economía de mercado y el Estado-nación. La nueva divisoria es generacional y enfrenta el jerárquico modelo de organización familiar, educativa, comercial y política con otro más cooperativo y cosmopolita que, en su funcionamiento y sus espacios sociales, favorece los ámbitos comunes del código abierto. Para la generación de Internet, la calidad de vida se torna tan importante como la oportunidad individual.

Está surgiendo la civilización empática. Las generaciones más jóvenes están llevando su capacidad de empatía más allá de los credos religiosos y la identificación nacional, incorporando así a toda la humanidad y al ingente proyecto vital que envuelve la Tierra. Pero nuestra prisa por alcanzar la conectividad universal empática tropieza con un gigante entrópico en constante aceleración: el cambio climático. ¿Podremos alcanzar la conciencia biosférica y la empatía mundial a tiempo de evitar el derrumbe planetario?

Jeremy Rifkin, economista y escritor, es asesor de la UE y de diversos presidentes -incluido el español- en cambio climático, seguridad energética y desarrollo sostenible. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

viernes, 14 de octubre de 2011

Crimenes económicos contra la humanidad

TRIBUNA: LOURDES BENERÍA / CARMEN SARASÚA

Crímenes económicos contra la humanidad

LOURDES BENERÍA / CARMEN SARASÚA 29/03/2011
El  País 30-3-2011

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil". Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.
Solo Islandia persiguió penalmente a los responsables de la crisis y dejó que sus bancos se hundieran
Los Gobiernos protegen a quienes han provocado la crisis
Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo. Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo. A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este. Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.
En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella. La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable. Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.
En un artículo publicado en Businessweek el 20 de marzo de 2009 con el título "Wall Street's economic crimes against humanity", Shoshana Zuboff, antigua profesora de la Harvard Business School, sostenía que el que los responsables de la crisis nieguen las consecuencias de sus acciones demuestra "la banalidad del mal" y el "narcisismo institucionalizado" en nuestras sociedades. Es una muestra de la falta de responsabilidad y de la "distancia emocional" con que han acumulado sumas millonarias quienes ahora niegan cualquier relación con el daño provocado. Culpar solo al sistema no es aceptable, argumentaba Zuboff, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis solo a las ideas, y no a quienes los cometieron.
Culpar a los mercados es efectivamente quedarse en la superficie del problema. Hay responsables, y son personas e instituciones concretas: son quienes defendieron la liberalización sin control de los mercados financieros; los ejecutivos y empresas que se beneficiaron de los excesos del mercado durante el boom financiero; quienes permitieron sus prácticas y quienes les permiten ahora salir indemnes y robustecidos, con más dinero público, a cambio de nada. Empresas como Lehman Brothers o Goldman Sachs, bancos que permitieron la proliferación de créditos basura, auditoras que supuestamente garantizaban las cuentas de las empresas, y gente como Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal norteamericana durante los Gobiernos de Bush y Clinton, opositor a ultranza a la regulación de los mercados financieros.
La Comisión del Congreso norteamericano sobre los orígenes de la crisis ha sido esclarecedora en este sentido. Creada por el presidente Obama en 2009 para investigar las acciones ilegales o criminales de la industria financiera, ha entrevistado a más de 700 expertos. Su informe, hecho público el pasado enero, concluye que la crisis se hubiera podido evitar. Señala fallos en los sistemas de regulación y supervisión financiera del Gobierno y de las empresas, en las prácticas contables y auditoras y en la transparencia en los negocios. La Comisión investigó el papel directo de algunos gigantes de Wall Street en el desastre financiero, por ejemplo en el mercado de subprimes, y el de las agencias encargadas del ranking de bonos. Es importante entender los distintos grados de responsabilidad de cada actor de este drama, pero no es admisible la sensación de impunidad sin "responsables".
En cuanto a las víctimas de los crímenes económicos, en España un 20% de desempleo desde hace más de dos años significa un enorme coste económico y humano. Miles de familias sufren las consecuencias de haber creído que pagarían hipotecas con sueldos mileuristas: 90.000 ejecuciones hipotecarias en 2009 y 180.000 en 2010. En EE UU, la tasa de paro es la mitad de la española, pero supone unos 26 millones de parados, lo cual implica un tremendo aumento de la pobreza en uno de los países más ricos del mundo. Según la Comisión sobre la Crisis Financiera, más de cuatro millones de familias han perdido sus casas, y cuatro millones y medio están en procesos de desahucio. Once billones de dólares de "riqueza familiar" han "desaparecido" al desvalorizarse sus patrimonios, incluyendo casas, pensiones y ahorros. Otra consecuencia de la crisis es su efecto sobre los precios de alimentos y otras materias primas básicas, sectores hacia los que los especuladores están desviando sus capitales. El resultado es la inflación de sus precios y el aumento aún mayor de la pobreza.
En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.
Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas. No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado. Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.
De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos. Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política. Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.
Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.


jueves, 13 de octubre de 2011

DINERO (correo de Movimiento 15M Ávila)

Interesante video, largo, pero merece la pena INVERTIR tiempo en verlo. Esto si es una inversión y no en ladrillo.


Espero que os guste y os ayude a entender que es lo que pasa en la economia mundial.

Un saludo



--
  Movimiento 15M Ávila 
  Tl. 657 289 027           

acampadaavila@gmail.com
acampadaavila.blogspot.com
www.avila15m.org

jueves, 29 de septiembre de 2011

15-M: Hartos de estafas y de impunidad (ATTAC)


15-M: Hartos de estafas y de impunidad

Jueves, 19 de Mayo de 2011
Por Juan Torres López, Catedrático de Economía de la Universidad de
Sevilla es miembro del Comité científico de ATTAC-España
(www.juantorreslopez.com) y

 Carlos Martínez, Politólogo y ex-
Presidente de ATTAC España (carlosmartinezblay.blogspot.com)

La inmensa mayoría de lo políticos, periodistas y tertulianos no han
querido oír en los últimos tiempos a los jóvenes con tasas de paro del
45%; ni a las miles de personas que reclamaban al Banco de España y
los tribunales que los defiendan de las estafas de los bancos en forma de
contratos de swaps, clips y demás engaños; ni a los cientos de miles de
familias que han perdido la vivienda; ni a las docenas de miles de
pequeños y medianos empresarios que cierran sus empresas porque no
reciben ni un euro de bancos que usan las ayudas públicas para seguir
especulando; ni a los padres y madres de familia que tienen cada vez
más dificultades para llegar a fin de mes mientras los beneficios de las
grandes empresas y bancos se disparan; ni a quienes decíamos que las
medidas que se estaban tomando no eran para resolver la crisis sino
para que quienes la habían provocado salieran de ella con más poder y
más beneficios; ni a quienes empezaban a sentirse indignados porque el
gobierno llamara a La Moncloa para crear empleo a los grandes
directivos de las empresas y bancos que más puestos de trabajo han
destruido en los últimos años.

Han estado haciendo oídos sordos a todo esto. Nunca hablan de que los
bancos matan de hambre a la gente ni explican cómo les engañan y
quitan sus viviendas. Y ahora que la gente reacciona y sale a la calle
harta de todo eso, quieren ser ellos los grandes intérpretes de lo que está
pasando.

Pero se van a equivocar de nuevo.

Lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir en nuestras calles es
bastante más sencillo de lo que parece. La gente ve, la gente lee y la
gente entiende mucho más de lo que le ofrecen los medios propiedad de
los bancos y de las grandes empresas que solo programan bazofia para
que la mayoría de la gente ni vea, ni piense, ni sepa nada inconveniente
para ellos. Cada vez más gente entra internet y habla con otras gentes
para informarse por otras vías y ha empezado a descubrir que Botín,
Miguel Angel Fernández Ordoñez, Francisco González, Rajoy,
Esperanza Aguirre, Zapatero y compañía han montado una estafa
colosal y que ya se ha empezado a cansar de soportarla.
Se han dado cuenta de que sí sabían que se iba a producir una crisis de
gran envergadura pero que la ocultaron para que no se viera la
responsabilidad criminal de quienes la habían provocado, los bancos y
las autoridades de los gobiernos y los bancos centrales que miraban a
otro lado.

Se han dado cuenta de que las multimillonarias ayudas que le dieron a
los bancos con la excusa de que así se iba a reactivar el crédito para que
no se siguiera perdiendo empleo ha sido también mentira porque lo que
han hecho los bancos con ese dinero ha sido emplearlo en especular con
la deuda de los gobiernos y así extorsionarlos mediante el auténtico
terrorismo financiero que practican las agencias de calificación para
exigirles reformas que les den aún más ventajas.

Se han dado cuenta de que la reforma laboral, la de las pensiones, de las
becas y ayudas a la educación, el recorte de salarios y las que vendrán
para modificar la negociación colectiva o para privatizar los servicios
públicos no tienen nada que ver con las causas de la crisis, sino que son
la forma de abrir nuevos negocios para que sigan forrándose los mismos
de siempre.

Y la gente empieza a darse cuenta de que ya no se puede soportar tanto
engaño en nuestra vida política, con cientos de cargos imputados por
corrupción sin que los dirigentes de los partidos les digan nada, con un
bipartidismo favorecido por una ley electoral sencillamente no
democrática, por créditos bancarios que nunca devuelven y por medios
de desinformación propiedad de las grandes fortunas o de empresas y
bancos que solo informan de lo que les conviene. Es decir, miles de
personas se han dado cuenta ya de que no vivimos en una democracia y
que, por tanto, hay que reclamar la Democracia Real cuanto antes.
Eso no es todo, porque también hay algo más.

La gente que está en las calles, la que apoya a la que ya está en la calle
y la que se va a ir sumando a la calle SÍ TIENE ALTERNATIVAS aunque
los políticos convencionales se empeñen en descalificarnos diciendo que
somos antisistema (cuando en realidad es el sistema el que es antinosotros) que solo sabemos protestar y decir que no.

Somos muchos y de sensibilidades variadas pero basta ver los
documentos que han ido circulando llamando a las manifestaciones para
percibir que hay cuestiones comunes y básicas que nos unen a todos
porque, por encima de nuestras diferencias, somos, sobre todo y
simplemente, ciudadanos y ciudadanas que lo que queremos es algo tan
elemental como democracia real y justicia de verdad.

Entre otras demandas que pueden verse en los documentos de
Democracia Real Ya u otras organizaciones que apoyan las
movilizaciones, como ATTAC, queremos que haya una ley electoral que
no sea discriminatoria, que garantice la igualdad de todos las personas
ante los procesos electorales, queremos una jurisdicción que expulse de
la vida política a los corruptos, queremos leyes de medios que garanticen
pluralidad y no la concentración perversa de ahora...
.
Queremos normas que garanticen que los banqueros y las grandes
patronales no puedan extorsionar a los gobiernos ni imponer su voluntad
a los poderes representativos. Queremos que las decisiones económicas
las tomen aquellos que hemos elegido para que las tomen, y no otros
disfrazados de mercados. Y que los mercados estén sometidos a la ética
de la satisfacción social y no a la del lucro sin cese.

Queremos recobrar las empresas que los gobiernos concedieron a bajo
precio a capitales privados y que ahora se llevan nuestro capital y
beneficios a otros lugares despidiendo a nuestros conciudadanos y
prestando servicios mucho peores y más caros.

Queremos una banca pública controlada estrictamente para que
garantice financiación a los pequeños y medianos empresarios y a las
familias.

Queremos medidas de urgencia para que se investigue a los
responsables de la crisis y paguen con dinero y cárcel por sus estafas,
engaños y crímenes económicos en aquí y en los paraísos fiscales.

Queremos una reforma fiscal que acabe con la injusta situación actual
que permite que los más ricos prácticamente no paguen y que hace
recaer la mayor carga impositiva en los asalariados y pequeños y
medianos empresarios de rentas más bajas, arruinando así a las clases
medias y trabajadoras que son el sostén de las democracias.

Queremos que los poderes públicos impidan desde ya que siga habiendo
miles de familias que pierden sus viviendas a manos de las entidades
financieras, que se penalicen las actividades especulativas y que
nuestro patrimonio natural y ambiental se siga destruyendo como hasta
ahora solo para que ganen dinero unos pocos desalmados.
Esto es más o menos lo que quieren estas personas, jóvenes y más
maduras, que han irrumpido en nuestras calles como un tsunami que
durará mucho más de lo que algunos se creen.

No hace falta mucho debate para entender lo que piden, lo que pedimos.
Es bastante elemental:

Que los culpables paguen el daño que han causado, que si antes han
salvado tan generosamente a los ricos, salven ahora a las personas, y
que se garantice que las decisiones que se toman en las instituciones
políticas sean las que hayamos decidido los ciudadanos y ciudadanas
cuando elegimos a nuestros representantes y no, como está sucediendo,
las que imponen los banqueros y grandes propietarios para salvar
solamente sus intereses egoístas.

Eso es todo lo que exigimos. De momento.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Dinero imaginario (Juan Manual de Prada, XLSEMANAL 14 nov 2010)


por Juan Manuel de Prada

D i n e r o      I m a g i n a r i o
A nadie se le escapa que el dinero es, desde sus mismos orígenes, una convención humana. Hubo alguien, allá en la noche remota de los tiempos, que decidió atri­buir a determinados metales (preciosos los llamamos, aunque su precio se lo otorga nuestra imaginación) un valor para el comercio: eligió el oro y la plata, como podría haber elegido los cantos rodados de las playas; o dicho con mayor precisión, eligió el oro y la plata en lugar de los cantos rodados de las playas porque estos últimos eran demasiado fáciles de conseguir y habrían provocado una 'hinchazón' de riqueza imposible de soportar. La disponibilidad escasa de los metales preciosos garantizaba que la riqueza no se desmandara; y, sobre todo, que circulara bajo el control de quienes tenían capacidad para extraerlos de las entrañas de la tierra, que acabaron sien­do los reyes, o aquellos a quienes los reyes concedían licencia para hacerlo.
Hubo un momento de la historia en que el 'dinero real' (que, sin embargo, era una convención humana) se convirtió en `dinero fiduciario'. Las monedas de oro o plata fueron sustituidas por certificados (billetes o pagarés) que aseguraban la existencia de un depósito suficiente de oro o plata que el tenedor podría hacer efectivo, presentando tal certificado en la entidad emisora de la moneda. Era, pues, un dinero más 'irreal' todavía que el `dinero real', pues además de aceptar una convención humana aceptaba que los compromisos asumidos por los huma­nos merecen `fiducia', confianza. Pero seguía siendo todavía un dinero fundado, ya que no en la realidad natural (pues la naturaleza no ha determinado que el oro y la plata tengan más valor que los cantos rodados de las playas), en una realidad convenida: el certificado todavía representaba un derecho exigible por su dueño, a cargo de quien lo emitía.

Este 'dinero fiduciario' fue poco a poco siendo sustituido por lo que, no sin ironía, denominamos 'dinero fíat' (`hágase', en latín), que ya no promete a su portador entrega de oro o plata algu­na, que ya no se apoya en realidad con­venida alguna, sino que es producto de un acto discrecional del gobernante, que `crea' por decreto un dinero que carece de respaldo. Durante algún tiempo, este  'dinero fíat' —los billetes y monedas que todavía hoy manejamos en nues­tras transacciones— llegó a representar, siquiera en parte, un valor convencional que se podía hacer efectivo, puesto que el emisor disponía de reservas de oro y plata suficientes. Pero, a medida que el uso del 'dinero fíat' se fue generalizan­do, dejó de tener equivalencia real algu­na. Hoy, las reservas de oro y plata que obran en manos de los bancos emisores son meramente simbólicas; y el valor que poseen los billetes y monedas que intercambiamos es tan sólo nominal, ni siquiera fundado en la confianza, sino más bien en un engaño que todos admi­timos (por miedo o avaricia), en nuestra dependencia —¿esclavitud?— del gober­nante que lo ha 'creado' por decreto. Aceptamos que esos billetes poseen el valor que en ellos se especifica como los súbditos crédulos de la fábula aceptaban que su rey iba vestido, cuando se pasea­ba en porreta por las calles de la ciudad.
Pero aún la imaginación humana ideó otra forma de dinero aún más separada de la realidad; un dinero que propiamen­te no puede ser designado 'convención', puesto que no existe sino como ficción incorpórea, representada mediante cifras que se pasean como fantasmas por las terminales informáticas. Este 'dinero imaginario' empezó siendo una traduc­ción en dígitos del 'dinero fíat' que cir­culaba en las transacciones comerciales: pero pronto fue engordando, mediante operaciones bursátiles y especulativas, hasta duplicar, triplicar, cuadriplicar (y así hasta el infinito) el 'dinero fíat' exis­tente; a su condición voluble y quimérica suma otro rasgo fatal: cada vez que ese dinero imaginario se hace efectivo (o sea, cuando el especulador quiere 'cobrar' el fruto de su especulación), detrae esa cantidad del 'dinero fíat' circulante, con lo cual lo reduce cada vez más; o bien obliga a los gobiernos a 'crear' más `dinero fíat' por decreto (o sea, a darle a la manivela de estampillar billetes), con lo cual su valor —su poder adquisitivo— cada vez es menor. Se puede mantener la ficción por más o menos tiempo, pero la ficción acaba dándose de morros con la realidad; y cuanto más se trata de mantener la ficción, más morrocotudo es el morrazo: pues la realidad es que ese dinero imaginario que se ha con­vertido en la piedra angular del sistema es —por parafrasear a Góngora— humo, polvo, sombra, nada.



XLSEMANAL 14 DE NOVIEMBRE DE 2010

Decíamos ayer..... (Juan Manuel de Prada,XLSEMANAL 25 -11-2011)

por Juan Manuel de Prada


Decíamos ayer...
He sido a diario el hazmerreír,todo el mundo se burlaba de mí.(Jer zo, 7)
Leed a un hombre de nuestra época el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces y sonreirá con petulancia o descreída displicencia; en cambio, ese mismo hombre estará dispuesto a creer a pies juntillas que sus ahorrillos, entregados a un banco o a un experto en inversiones, se multiplicarán por cien o por mil, hasta convertirse
en una fortuna. [...] Hoy toda esa fantasmagoría se derrumba, todas esas tretas nos revelan sus manejos; y el hombre que, por petulancia o descreída displicencia, dejó de creer que Dios obrase milagros, descubre que los milagros de los sacerdotes plutonianos eran en realidad tramoyas de farsantes. (ABC, 13 de octubre de 2008)
El dinero es, por definición,
un fantasma, un signo que representa las cosas reales, inventado por los hombres para agilizar el comercio. Si ya es discutible que ese fantasma represente el valor de las cosas reales, ¿cómo calificar nuestra creencia de que ese fantasma pueda ser, a su vez, ordeñado como si fuese una vaca, generando réditos que crezcan indefinidamente? Hasta un espiritista en plena resaca de anisete nos diría que los fantasmas no pueden procrear; pero los sacerdotes de esta idolatría plutoniana han hecho creer al hombre contemporáneo, azuzando su avaricia, que su dinero podía procrear como un conejo. (XLSemanal, 1 de diciembre de 2008)
No les basta con habernos mantenido engañados mientras duraba la idolatría; ahora que la idolatría se derrumba y el dinero ya no se puede ordeñar, pretenden ordeñar nuestra credulidad... y nuestro bolsillo. Y nos ocultan que los bancos están quebrados, nos ocultan que la fantasmagoría se ha disipado, en la creencia de que nuestra dependencia de los vicios que artificialmente provocaron en nosotros nos obligará a asumir las privaciones más ímprobas, con tal de poder disfrutarlos de nuevo en el futuro. Se disponen a saquear nuestros ahorros, a apedrearnos de impuestos y exacciones, a privarnos de los bienes naturalmente necesarios, a cambio de mantener en pie la idolatría. Todavía tienen que perpetrar el sacrificio último; todavía tienen que ordeñarnos hasta la consunción. (ABC, 28 de marzo de 2009)
Cada vez estoy más convencido de que la crisis que padecemos es  una plaga bíblica. Es una certeza que se acrecienta y arraiga cada vez que reparo en las manifestaciones de los politiquillos y los banqueros, hermanados en su desconcierto de boxeadores sonados, incapaces de detener el derrumbe, incapaces incluso de comprender los signos de ese derrumbe, incapaces de oponer remedios ante el avance de una plaga que devora a los hombres y convierte sus ídolos en humo. ¿No vemos acaso a los politiquillos y a los banqueros farfullando incoherencias, anunciando una recuperación inverosímil para tal o cual fecha, lanzando previsiones ridículas, arbitrando soluciones estériles? Su empeño nos recuerda al del escarabajo panza arriba que patalea frenético, pugnando en vano por darse la vuelta; y en ese pataleo seguirán hasta descoyuntarse y fenecer, como el escarabajo. [...] Pronto se correrá el velo del templo de la idolatría: aparecerá Obama ante las cámaras, o cualquiera de los reyes de la tierra que la idolatría ha elevado a la categoría de falsos mesías, anunciando con voz compungida el fin de la fantasmagoría; y será entonces cuando la plaga que ahora nos resistirnos a reconocer —aunque ya estemos probando sus signos— se derrame caudalosa.  (XLSemanal, 3 de marzo de 2009)
La nueva idolatría primero nos convierte en una piara de bestias que hozan en el lodazal de sus apetitos, borrando de nuestro horizonte cualquier esperanza que no se refugie en la posesión de cierto grado de bienestar material. Y, cuando ese bienestar se desvanece, cuando la pobre gente engañada y sin esperanza no tiene cobijo alguno en el que resguardarse, los taumaturgos de la idolatría aparecen como falsos mesías, dispuestos a salvarnos mediante milagrosas operaciones que no son sino enjuagues desaprensivos. Así consiguen instaurar una suerte de totalitarismo amable, sin brutalidades, en el que la pobre gente engañada, reducida a piara, acepta que le chupen hasta la última gota de sangre. Que en esto consisten, en fin, sus remedios para solucionar esta crisis: en chuparnos hasta la última gota de sangre antes de pegarnos el tiro de gracia. (ABC,
4 de abril de 2009) n

XLSEMANAL 25 DE SEPTIEMBRE DE 2011