viernes, 2 de septiembre de 2011

Comunidad (Gabriele Adinolfi)

Comunidad

Término que sirve hoy día para definir un conjunto orgánico (como un clan o una tribu) que la uniformidad social querría ver definitivamente muerto. La Comunidad representa el lugar donde la persona, formándose y desarrollándose, adquiere y refuerza su consistencia política  (de Polis) y conserva raíces sólidas en su humus específico. Pero atención a los falsos modelos. Un gueto no es una comunidad, sino una prisión común. Un pequeño partido o un pequeño movimiento no son una comunidad sino unas empresas ruinosas. Una banda urbana  es una comunidad, pero antipolítico. A menudo se califica de comunidad lo que no es más que un grupo. Para que una comunidad pueda definirse como tal, debe estar fuertemente caracterizada, y al mismo tiempo, consciente de un destino común, que atenúa las rivalidades con los grupos vecinos, ya que no es el plano horizontal,  sino el plano vertical, lo que la caracteriza. Y, en la verticalidad, está la idea de Lares, que hace de la comunidad una ventana constantemente abierta sobre el pasado, como también sobre el futuro.

Gabriele Adinolfi

Pensées corsaires
Les Editios du Lore.    2008


 p.76

jueves, 1 de septiembre de 2011

Parlamento (Gabriele Adinolfi)

Parlamento.

En su origen, era el lugar en donde se amortiguan  a fuego lento las tensiones espirituales y sociales para permitir a la oligarquía quedar al abrigo de las arremetidas revolucionarias. Con el tiempo ha ido perdiendo progresivamente su poder real, Hoy día es más o menos un consejo de copropiedad que decide la manera en que conviene ejecutar las órdenes de las oligarquías. La pérdida de soberanía nacional, incluso si estaba limitada antes, así como el alargamiento de la dimensión del programa oligárquico, ha hecho del parlamento una institución que no es casi más que formal.

Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore.    2008



p.211

Cotrapoder (Gabriele Adinolfi)

Contrapoder

El espacio en el cual una autoridad espiritual, un modelo cultural, un organismo social, tienen la libertad de autodeterminarse y de asegurarse al mismo tiempo medios de ataque y de defensa. El paso de teoría de la ascensión al poder al programa de construcción del contrapoder caracteriza la diferencia entre las vanguardias de los años setenta y las vanguardias precedentes. En el estado actual de cosas, el contrapoder es un objetivo real, mientras que la ascensión al poder es una ilusión.

No es moco de pavo que el contrapoder puede influir mucho sobre el poder. El problema es que no es fácil de creer; en efecto debe crearse día a día, no se puede simular: existe o no existe, como lo muestran los balances. Inversamente, la fata morgana de una posible ascensión al poder de la Torre de Babel  en el porvenir permite a los ociosos y los incapaces continuar a llevar su existencia ilusoria en la incoherencia cotidiana, esperando ganar la lotería, pues “hoy estamos fuera de juego, pero mañana…”

Gabriele Adinolfi

Pensées corsaires
Les Editios du Lore.    2008


 P 81

martes, 30 de agosto de 2011

Legislación antifamiliar pone en peligro tu pensión

Legislación antifamiliar pone en peligro tu pensión
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Pues es bien sencillo: no aumenta el número de cotizantes y aumenta el número de beneficiarios. Los mismos a aportar, más a repartir. Con lo cual, dado lo chungo de las perspectivas del sistema público de pensiones a causa del invierno demográfico y el aumento de expectativa de vida, es como echar gasolina al fuego. De hecho ya antes de la promulgación de la ley del homomonio y de la equiparación de las parejas de hecho a los matrimonios a efectos de pensiones, se había producido alguna sentencia reconociendo prestaciones a causa de la “presión social”. En concreto a alguna viuda gitana: ya sabéis que a menudo los gitanos se casan por su rito, que no tiene validez  civil, y entonces claro, luego las pasaban canutas para reclamar la viudedad. Ahora ya todo vale: te comentaba el otro día en plan coña que yo estoy por proponerle matrimonio a Manolo, un minero jubilado con una pensión de cojones que aparece con frecuencia por las barras de los bares que visito, yo creo que entre la silicosis y la mala vida le quedan dos telediarios. Y ya se lo he dicho: Manolo, tenemos que casarnos. Pues eso, que va a haber mucho fraude.


Contra lo que dice la propaganda del gobierno la llegada de inmigrantes no va a ser el balón de oxígeno que salve de la quiebra al sistema de pensiones: sus trabajos son muy precarios, a tiempo parcial, a salto de mata, con muchas lagunas de cotización y casi siempre con bases mínimas. Por otra parte el tan cacareado fondo de reserva a día de hoy no cubre más que unos cuantos meses. La previsión es que si las cosas siguen así cuando los babyboomers lleguemos a la edad de jubilación el sistema ya habrá quebrado a causa de la inversión de la pirámide demográfica.


Es cierto que en estos últimos años la creación de empleo ha sido grande, en términos de cotizantes varios millones. Pero casi todo mileuristas e inmigrantes, o contratos a tiempo parcial. Con lo cual se ha puesto un parche para sanear el sistema a corto plazo y constituir un modesto fondo de reserva, pero a largo plazo el peligro estructural sigue ahí: en unos años no habrá cotizantes suficientes para mantener a los pasivos. Hoy la relación es, grosso modo, de dos trbajadores activos por cada pensionista. Cuando la demografía conduzca a una relación 1:1 la situación de la SS será financieramente insostenible.


¿Soluciones? En Alemania ya han empezado: retraso de la edad de jubilación, paulatinamente de los 65 a los 67. Otra solución parcial: incrementar el periodo mínimo de cotización para generar el derecho a la prestación, eso ya se ha hecho aquí este año: ha subido a quince años –hasta el año pasado eran también quince años pero cada año contaba por catorce meses por el efecto de las pagas extras, eso se ha eliminado-. La perspectiva es que se siga incrementando el periodo mínimo de cotización. Otro parche: incrementar el periodo que se toma en cuenta para el cómputo de la pensión, de tal manera que se haga una media de lo cotizado en toda la vida laboral y no lo de los últimos años que es cuando más se cotiza. Pero ya digo, estas medidas, unas ya tomadas y otras que se adoptarán en los próximos años, son parches que sólo retrasarán mínimamente el colapso del sistema. Otro parche adicional: incentivar el retraso en la jubilación con un plus porcentual en la pensión, típica engañifa en la que caerán no más de cuatro compulsivos workholics pero que sirve al ministro de turno para vender “soluciones imaginativas y flexibles”.


La verdadera solución a largo plazo, si se quiere continuar con un sistema público de pensiones de los de “reparto”, esto es, de los que garantizan la solidaridad generacional por ser los cotizantes en activo los que sufragan las pensiones de los pasivos, es implementar políticas eficaces de protección de la familia y fomento de la natalidad. O sea, todo lo contrario del gaytrimonio, las inestables y poco comprometidas con la paternidad parejas de hecho y toda esa mierda experimental de nuevas formas “flexibles” de convivencia. Sólo la familia estable y como Dios manda garantiza un fecundo recambio generacional que sustente un sistema de seguridad social de reparto.


¿Pero, poniéndonos un poco conspiranoicos, qué es lo que quiere el sistema? Quiere que sobre el sistema público penda la espada de Damocles de la insolvencia para que el gran capital nos venda sus sistemas privados complementarios: “suscriba usted un plan de pensiones buen hombre, que la de la Seguridad social igual se queda sin ella”. Y ya sabemos quién está detrás de los grandes bancos y aseguradoras: la plutocracia judaica o masónica o yanqui o lo que cada uno quiera creer. Primero el sistema fomenta un desarme moral que destruye la familia y muestra a la paternidad como un engorro a evitar. Se promueve el individualismo, el hedonismo, el relativismo. “Oiga usted, los hijos son un marrón, cómprese un coche último modelo y permítase un crucero por los fiordos, no sea gilipollas”. Una vez que el capitalismo ha destruido a la familia como red de solidaridad que ha funcionado durante milenios, el individuo queda completamente rebajado a la categoría de consumidor y ya puede ser bombardeado por los omnipresentes medios publicitarios para que el sistema le chupe la sangre a base de bien: con hipotecas, con seguros, con planes de pensiones, haciéndolo sentir un apestado si no dobla su cerviz y se somete a lo que toda la aborregada masa hace: llenar el carrito en el híper y pagar televisión por satélite, como un imbécil.


Vuelvo al tema. No lo tengo muy claro pero quizá cabría llegar a una solución “a la chilena” o al menos intermedia entre la capitalización y el reparto. Me explico: el sistema de reparto es el actual de la Seguridad social, como ya dije arriba: con las cotizaciones de los activos se pagan las prestaciones de los pasivos. Un plan privado de pensiones es un sistema de capitalización: o sea que cada uno con sus propias aportaciones va formando una especie de hucha con la que cobrará su jubilación en la forma que elija cuando llegue el momento: renta vitalicia, capital… O sea, que es parecido a un fondo de inversión normal sólo que con la diferencia de que sólo es disponible cuando llegue la jubilación o en casos excepcionales de incapacidad permanente o fallecimiento –ahora mismo dudo si en caso de paro de larga duración se puede movilizar el saldo de un plan de pensiones, tendría que mirarlo-. La indisponibilidad de las aportaciones al plan de pensiones tiene ventajas e inconvenientes: el principal inconveniente es la iliquidez, no puedes disponer de ese dinero que igual te hace falta para una emergencia vital, yo qué sé, una grave enfermedad de un familiar. Pero esa es también su ventaja: que se afecta irrevocablemente a la contingencia cubierta, la jubilación en este caso, con lo cual en cierta medida queda asegurado que la gente no se va a pulir con antelación la pasta de su pensión.


¿Qué hicieron en Chile? Bajo la supervisión de los ultraliberales Chicago boys de Milton Friedman, bajo la dictadura de Pinochet, lograron convertir el sistema de reparto en sistema de capitalización. En pequeñísima escala es lo que ha hecho también aquí sin ir más lejos la Mutualidad de la Abogacía, que ahora funciona como una aseguradora cualquiera. Al menos creo que en Chile no se ha llevado la privatización del sistema y sigue siendo público. Quizá no fuera mala idea ir a un sistema mixto: que el Estado garantizara la solidaridad con los más desfavorecidos mediante un mínimo vital con cargo a impuestos –exhaustivamente controlado para que no se produjera picaresca- y luego un sistema de capitalización para todos –mejor público que privado-, y el que quiera complementar con sistemas privados pues allá él.


Ahora eso sí, aunque sea vender el alma al capitalismo rapaz, en plan consejo de amigo: contratad un sistema alternativo de pensiones al de la SS. Y hacedlo ya. Que luego el público, milagrosamente, se arregla y no quiebra: pues tendréis dos pagas. Pero es que a día de hoy ya digo que no se le ve arreglo, sólo parches que retrasen el momento de la debacle.


Claro que igual lo mejor es dejar que todo se vaya al carajo, invertir en pólvora como mejor plan de pensiones, y echarnos al monte a combatir el sistema antes de que llegue la edad de jubilación. Echándole huevos. A vida o muerte.

lunes, 29 de agosto de 2011

Innovar (Gabriele Adinolfi)

Innovar

Ligarse a los Principios y darles un segundo soplo; actualizar, hablar una lengua moderna; utilizar símbolos que no sean añejos, sino que sean idénticos a los que hacen vibrar el mundo. Es así como se renace.

No es colgándose del pasado como se puede regenerarlo; más vale quedar-----  replegado sobre si mismo que innovar deformando. Los que, cuando innovan, abandonan los Principios, hablan la lengua de los otros, utilizan símbolos artificiales o falsos o no utilizan ninguno, no son innovadores, sino más bien miserables peones próximos al decline existencial y a la nada política.   

Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore.    2008
p.151



Las abejas y las flores (Gabriee Adinolfi)

Las abejas y las flores (1999)

Si en lugar de considerar la política desde el punto de vista ideológico, tratamos de hacerlo desde el punto de vista estructural, nos damos cuenta de que se reduce a un conjunto casi invariables elementos. En el límite, este conjunto se compone de un sujeto, de un objetivo (o una serie de objetivos) y de un camino a seguir para lograr el resultado pretendido. El primer imperativo que se surge para todos aquellos que, en lugar de contentarse con ir tirando, desea lograr algo, es de hecho, ser consciente de los elementos mencionados. Esta consciencia  debe ser lo más conforme posible con la realidad, a fin de poder obrar con habilidad. Esta toma de conciencia está ausente en el seno de las oposiciones de tradición ideal y con pretensión identitaria.

Ahora, cuando no se tiene claramente consciencia de los elementos que intervienen, no podemos llegar a sus fines. Si no tenemos en cuenta los subalternos rampantes que obran exclusivamente para garantizarse un alto nivel de vida, podemos afirmar con toda tranquilidad que nadie llega a obtener  éxitos estables y constructivos. Los raros resultados en este dominio son en efecto episódicas, vinculada a la personalidad y al entusiasmo de una o dos personas, circunscritos geográficamente;  son obtenidos con un esfuerzo excesivo y no están relacionados de ninguna manera con ningún proyecto de gran envergadura.

¿Es decir que hay una ceguera total en el dominio de la acción política? ¿Y que todo el mundo la sufre?

En general, se tiene consciencia de este límite y, o bien se lo acepta con fatalismo, como si se tratara de un mal inevitable, o bien se atribuye a otros que cometen falta, que se superará cuando se sea el gran jefe. De hecho, todo joven entusiasta, antes o después, aspira a ser el protagonista de una nueva experiencia, su experiencia y se siente capaz, por una especie de gracia infusa, de cambiar de registro y de derribar los obstáculos. De hecho, después de una primera galopada entusiasta y la inicial cosecha de acuerdos, más de fachada que de sustancia, después de un periodo fluido y dinámico caracterizado por proyectos tan fantásticos como surrealistas, cada nueva aventura acaba por seguir el mismo curso que las anteriores y por agotarla; ha perdido su impulso y ha alcanzado sus límites físicos. Al final sus fracasos políticos y existenciales predominan de lejos sobre el capital humano adquirido. En cualquier caso, estará desmotivado.

Los más capaces y los más inteligente, o, en todo caso los más concretos, en efecto, terminan regularmente abandonado el circo, disgustado por el fracaso, pero sobre todo por la estupidez difusa que es incluso visualizada, como si se tratara de una virtud. Por consiguiente, aparte de unos pocos tercos de calidad, no queda sobre el terreno más que los menos brillantes, los que son psicológicamente frágiles y los parásitos; todos juntos forman una especie de sarro que se opone a cualquier espíritu innovador
y en la que inevitablemente se encierran las generaciones jóvenes, rápidamente ganadas  por la mismo atrofia.

¿Se trata de un destino inevitable, o es posible cambiar de registro?

Se tratará de un destino, siempre y cuando los protagonistas de una experiencia política no sean plenamente conscientes de lo que hacen y de lo que realmente son. Sobre el papel, esta anomalía puede parecer fácil de suprimir; por el contrario, es algo extremadamente difícil de resolver porque no hay nada más difícil de corregir que los defectos de aptitud. No es casualidad que el proceso inicial de asimilación de una disciplina marcial o un paso de danza es mucho más largo y doloroso que el dominio, una vez que aprendidos los gestos, de los movimientos más complejos. Y todo el mundo sabe que cuanto más viejo se es cuando se ensaya un arte marcial u otra clase de movimiento, se encontrarán más dificultades para asimilar las bases. Y esto es así no  tanto porque con la edad, los músculos se oxidan que a causa de la esclerosis debida a una experiencia de larga duración en otras formas de expresión corporal. Una transformación tan radical se revela aún más difícil cuando se entra en el dominio de la mentalidad pura y simple, sobre todo si la presunción y la obstinación impiden ponerse en tela de juicio. Pues de lo que se trata verdaderamente, es ir al gimnasio para aprender los movimientos, los reflejos, partiendo de cero; de corregir la posición en la que se ha esclerosado, renunciando incluso a lo que nos parece efectivo a luz de una experiencia directa, pero desafortunadamente circunscrita a un dominio que nos es conocido y, por tanto, extremadamente limitado. En otras palabras, se trata de corregir, TODO, para aprender a utilizar el arte con una eficacia constante. Como se ve, nada se da por sentado. La humildad, la funcionalidad e impersonalidad necesarias para llegar a este punto, a despecho del hecho que se oye mucho hablar, son cualidades muy raras. Es preciso limpiar, intervenir resueltamente sobre el mental para ponerse en cuestión sin la menor indulgencia y poder partir de nuevo desde cero.


Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore.    2008
Pp 321-323

Juventud aplastada (Juan Manuel de Prada, XLsemanal 28-8-2011)

Juventud Aplastada
Por Juan Manuel de Prada
Una de las formas menos denunciadas de la corrupción política y- social que nos corroe es el aplastamiento de las jóvenes generaciones. Ocurre esto, paradójicamente, en una época que idolatra la juventud, que halaga y exalta las peores pasiones juveniles... con el sórdido propósito de mantener a esa juventud confinada en el ostracismo, enchufada a diversos paraísos artificiales que la mantengan infantilizada, embrutecida, incapacitada para asumir compromisos fuertes y responsabilidades trascendentes. Las oligarquías de las 'generaciones medias' acaparan como en ninguna otra época de la historia el poder en sus más diversas expresiones; y se resisten como nunca a entregarlo. Han aprendido a utilizar en provecho propio los resortes del mando, han logrado usufructuar un régimen político, social y cultural que les beneficia (y en el que los intereses privados han sustituido impúdicamente al bien común); y contemplan con recelo a los jóvenes, todavía no maleados por el tejemaneje de los intereses creados, en cuyas cualidades —voluntad, coraje, generosidad, espíritu de sacrificio, imaginación viva, optimismo creador— ven un peligro temible. De ahí que las oligarquías de las 'generaciones medias' se empleen con especial denuedo en corromper a los jóvenes, brindándoles una educación cada vez más endeble y embotadora de sus potencias, anestesiando su curiosidad intelectual, extirpando sus inquietudes religiosas, embruteciéndolos en suma; y, mientras los embrutecen, los aplauden y llevan en palmitas, como a esclavos consentidos. Solo cuando están suficientemente embrutecidos, se les permite el acceso a la influencia y el poder... Salvo que den pruebas de someterse temprano, salvo que demuestren un compromiso prematuro con los intereses vigentes. En este caso, no vacilan en encumbrarlos a las más altas magistraturas y puestos de responsabilidad; pues de este modo se crea el espejismo de que la juventud está siendo promocionada, cuando lo que en realidad se promociona es la juventud fiambre.
Suele decirse que los años atemperan las pasiones; y es cierto. Pero no solo las pasiones más viles y desenfrenadas; también las pasiones más nobles. La sagrada pasión del entusiasmo, por ejemplo, es propia de la juventud; y también el altruismo. Pero el entusiasmo y el altruismo son pasiones de las que abominan las oligarquías de las 'generaciones medias', que fundan su hegemonía en cálculos interesados y en el triunfo lento, pero inexpugnable, del egoísmo. El espíritu de las 'generaciones medias' es materialista: busca la permanencia, el lucro, el goce pacífico y sin sobresaltos de los honores conquistados y las prebendas adquiridas; el espíritu juvenil propende al bien moral (siquiera cuando ese espíritu no ha sido todavía corrompido) y, al no sujetar sus planes a cálculos interesados, abarca un mayor panorama, iluminado por la vivacidad de la imaginación. El joven ve la meta antes que los obstáculos; y su ardor y coraje lo empujan a sobrevolar los obstáculos, o a dinamitarlos. Pero, ¡ay!, lo que el joven percibe como un obstáculo es precisamente lo que las 'generaciones medias' han convertido en castillo de sus intereses; y para evitar que ese castillo sea reducido a escombros, se preocupan de refrenar y atemperar las pasiones juveniles. En otras épocas las refrenaban condenándolas al ayuno más riguroso; ahora las alimentan con una plétora de placeres sensuales y subalternos, hasta esterilizarlas y hacerlas inoperantes.

El estribillo de las oligarquías instaladas en el poder es siempre el mismo: proclaman la corrupción de las nuevas generaciones y, cuando las alaban, es porque las hallan suficientemente corrompidas. Pero el encastillamiento de las 'generaciones medias', convertidas en oligarquía que usufructúa el poder en beneficio propio, acaba provocando siempre
un gran malestar social. Además de los males que acarrea a la sociedad la perpetuación de su mando, provoca una reacción suplementaria de encono, de despecho, de rabia sorda entre las generaciones postergadas, que pretenden sin éxito realizar su destino, o que solo lo realizan cuando ya sus energías están agotadas, o corrompidas. Y cuando las tareas que se deben realizar son urgentes, el estado de desesperación que origina el aplastamiento y embrutecimiento de la juventud es tierra abonada para los estallidos violentos: lo estamos padeciendo, o empezando a padecer, en este crepúsculo de la Historia.


XLSEMANAL 28 DE AGOSTO DE 2011