lunes, 18 de julio de 2011

Teoría de los poderes (Jaime RodrígueArana. El Correo Gallego 17-7-2011)


Teoría de los poderes


Jaime Rodríguez-Arana

Catedrático de Derecho Administrativo

El Correo Gallego 17 julio 2011
LA FAMOSA teoría de los poderes y contrapoderes, de la fragmenta­ción del poder, tan relevante como inédita desde un punto sustancial en este tiempo, podemos proyec­tarla sobre una realidad hoy inquietante. Me refiero al poder financiero, un poder que tiende a actuar, desde una perspectiva material, al margen de los contro‑
les. Unos controles que formal­mente existen pero que, como en el caso de la política, se superan sin especiales dificultades. Ahí están, por ejemplo, las tan famosas como polémicas agencias de rating, unas instituciones privadas que realizan obvias funciones de interés gene­ral, que cobran para quien requie­re sus servicios y que, por sorprendente que pueda parecer, están controladas por las mayores fortunas y fondos de este tiempo. Los inversores, que son los dueños de estas agencias, deben consultar­las para conocer el prestigio de las corporaciones que desean finan­ciarse en los mercados.

El poder, no sólo el político, tam­bién el financiero, y de qué forma, se ha concentrado hasta límites obscenos. El problema es que vol­ver, como hace siglos, á cuestionar el poder absoluto no es sencillo y choca con los intereses creados. La política, como necesita de gran­des sumas de dinero para actuar, acaba cautiva de las entidades financieras, que dominan todos los resortes, económicos y mediá­ticos, dificultando o impidiendo de hecho que se puedan aprobar nor­mas que fragmenten el poder, que hagan muy dificil que el poder se nos presente como esa máquina de todopoderosa dominación en que se ha convertido.

La crisis económica y financie­ra, hasta cierto punto provocada por la infinita sed de codicia que alimenta la fenomenal estructu­ra de acumulación de dinero e influencia en que los políticos han dejado que se convierta el sistema financiero global, es una buena ocasión para reflexionar sobre los cambios que deberían introducirse para racionalizar y humanizar un modelo que está dejando demasia­dos muertos en el camino. No pue­de ser que el lucro, toda ganancia obtenida sin contraprestación, que la maximización del beneficio, sea el fundamento del sistema econó­mico y financiero. El sistema debe racionalizarse, abrirse también a las exigencias de una inteligente democratización, servir para ele­var la dignidad de todos los seres humanos que en él intervienen. La figura de la persona que primero se usa y después se tira cuando ya no sirve es, lamentablemente, un reflejo bastante real de lo que está pasando.

Las medidas que se están adop­tando no son más que parches. No van al fondo de la cuestión. Ni mucho menos. Democratizar los mercados, humanizarlos, sería un gran bien para la humanidad. Los empresarios no dejarían de obtener lógicos beneficios. Los empleados podrían mejorar sus­tancialmente sus condiciones de vida. La deslocalización se deten­dría. Los políticos deberían apro­bar normas en los parlamentos que impidan que una sutil concer­tación de inversores que controlan las agencias de calificación pongan en jaque la deuda soberana de un país o echar por tierra un sistema monetario de integración.

A pesar de todo, a pesar de que comience a cuajar un genui­no derecho a la indignación en muchos ciudadanos de todo el mundo, la magnitud de los cam­bios reclama una voluntad política para afrontarlos que es todavía una incógnita. La obvia falta de liderazgo a escala mundial es un no pequeño problema. La voraci­dad de una minoría que presiona para no perder la posición es una realidad inquietante. Una posición que se ha mantenido sabiendo inteligentemente controlar, por diversos medios, a una clase polí­tica que necesita de los medios económicos y financieros precisos para acrisolar y conservar el poder político.

Vivimos tiempos apasionantes. Fragmentar el poder, humanizarlo,

abrirlo al amplio espacio público, plural y dinámico, es un reto que

 está en la agenda política global.



viernes, 15 de julio de 2011

AVILA 15M

Foro indignados

¿Qué es el mandato imperativo?

¿Qué es el mandato imperativo? | Representación Real Ya


¿Qué es el mandato imperativo?

Entre las propuestas de los indignados sobresalen aquellas encaminadas a mejorar el llamado  llamado “déficit democrático”, esto es, el respeto de las instituciones políticas a la voluntad del pueblo, sobre todo en los temas de mayor trascendencia, mediante la convocatoria de referéndums vinculantes, y no sólo consultivos. Así, leemos en la web de DRY, en su apartado de “Propuestas”: 
  • Referéndums obligatorios y vinculantes para las cuestiones de gran calado que modifican las condiciones de vida de los ciudadanos.
  • Referéndums obligatorios para toda introducción de medidas dictadas desde la Unión Europea.
En realidad, sin saberlo, con estas exigencias están reclamando el retorno parcial del mecanismo denominado mandato imperativo, pues el referéndum es una forma de democracia directa, opuesta a la democracia representativa que hoy impera en la mayor parte de naciones del globo, y su resultado vinculante supone la predeterminación obligatoria de la acción de gobierno a su resultado.

En la democracia representativa, el vínculo que une a electores y elegidos es el mandato representativo, lo que significa que el elegido tiene capacidad de tomar decisiones propias en ejercicio de su función representativa, sin necesidad de consultar ni rendir cuentas ante sus electores, porque en su persona se contiene toda la soberanía nacional, y "la Nación no recibe órdenes de nadie" (Sieyès, 1789).

En cambio, en la democracia directa los electos han de cumplir las instrucciones de sus electores, son directamente responsables ante ellos y tienen el deber de conformarse a su voluntad. En caso contrario, pueden ser removidos de su puesto.

El art. 67.2 de la Constitución Española prohíbe expresamente el mandato imperativo en estos términos: 
“Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”.

¿Por qué esta prohibición? En los manuales de Derecho Político se enseña que tal cosa se debe a la necesidad de salvaguardar la independencia de los legisladores. Pero, ¿acaso a pequeña escala alguien tomaría en serio que un ayuntamiento, o la Junta de una sociedad o una cooperativa debe ser “independiente” de los vecinos o los socios? Muy al contrario, el trámite de la rendición de cuentas a determinados niveles es impuesto incluso con carácter obligatorio (Ley de Asociaciones).

Igual sucede en el Parlamento Europeo, donde, de acuerdo con el principio de democracia representativa que ordena el método de gobierno comunitario, y aunque la inmensa mayoría de los ciudadanos cree de forma natural lo contrario, los eurodiputados no representan a sus nacionales de origen, a pesar de que son los únicos que les han votado, sino a los ciudadanos europeos en su conjunto. Se da con ello el absurdo de que un diputado polaco representa sin discusión posible tanto a un pescador calabrés como a un comerciante del Algarve.

A pesar de ello el texto constitucional se refiere en estos términos a la representación: “Art. 68.4. El Congreso es elegido por cuatro años. El mandato de los Diputados termina cuatro años después de su elección o el día de la disolución de la Cámara”. La utilización del término "mandato" para referirse a los períodos de cuatro años en que los diputados y senadores ejercen su labor institucional es un vestigio o prueba de su verdadera naturaleza, sin que por el momento me refiera al absurdo de la Constitución de considerar al mandato como algo fijo e inamovible, cuando por su propia naturaleza el mandato es necesariamente revocable en caso de incumplimiento.

Es fácil detectar que desde 1978 lo que en realidad ha sucedido es que se ha sustraído al pueblo el vínculo natural que le une a sus representantes para conferírselo a las cúpulas de los partidos políticos, pues no otra cosa que un férreo mandato imperativo es la llamada disciplina de partido, impuesta coactivamente por el aparato del partido al disidente bajo amenaza de multas y sanciones.

Se da la paradoja de que el aparato del partido impone sanciones a los miembros que precisamente han querido ser sensibles a la voluntad de los electores, en un intento de devolución del mandato a sus legítimos dueños.

La introducción de la representatividad sin mandato hizo aflorar muy pronto el problema del “déficit democrático”, que se ha convertido en una cuestión de primer orden para la ciudadanía y que los propios políticos han intentado paliar con iniciativas particulares de carácter más bien deficiente. Así, en las elecciones autonómicas de 2006, el candidato de CiU Artur Mas se comprometió ante los Notarios Joan Carles Ollé, Imma Domper y Lluís Jou a asumir 21 propuestas de un documento que denominó “Contrato con los catalanes”, y que envió por correo a los 5,3 millones de electores catalanes, afirmando que los ciudadanos podían cotejar al cabo de los 4 años el cumplimiento de sus propuestas, y que su incumplimiento podría conllevar “implicaciones políticas”.

A pesar de lo positivo del reconocimiento implícito de la insuficiencia del actual sistema representativo en este tipo de iniciativas, su articulación ha sido por lo general muy deficiente. En el caso de Mas, porque sus propuestas tenían un carácter vago e inconcreto típico de las promesas electorales que las volvía inexigibles, y sobre todo, porque no se articulaban mecanismos de penalización del incumplimiento.

La prohibición del mandato imperativo arranca de la Revolución francesa, que en su Constitución de 1791 lo prohibió de esta forma:
“Los representantes electos por los departamentos no serán representantes de ningún departamento en particular, sino de la Nación entera, y no se les podrá conferir ningún mandato” (art. 7, Secc. III, Cap. I, Título III). 

La Revolución francesa no reconocía ninguna entidad intermedia entre el individuo y el Estado, con lo que desarticuló el mandato que estas entidades conferían a sus procuradores en Cortes, pero es obvio que tal pretensión a día de hoy no tiene sentido (y entonces tampoco), pues se cuentan por cientos las organizaciones sociales que a diario exigen ser escuchadas en sus exigencias, pretensiones y propuestas.

Por eso Antonio García Trevijano en un artículo en su blog en 2007 afirmaba que hoy día la prohibición del mandato imperativo tiene un sentido reaccionario.

Es necesario, por tanto, el retorno del mandato imperativo a sus legítimos dueños: el pueblo, aunque con ello sea precisan reformas constitucionales e institucionales de profundo calado. La libertad lo exige, la justicia lo reclama.

martes, 12 de julio de 2011

LEY DE TRANSPARENCIA INFORMATIVA,

RV: LEY DE TRANSPARENCIA INFORMATIVA,
Date: Mon, 4 Jul 2011 13:53:50 +0200
 Hola a todos!
  Os escribo para contaros algo muy interesante en lo que estoy trabajando. Todos habéis oído hablar de lo que se ha montado en Sol estas dos semanas pasadas, verdad? Bien, pues necesito que os olvidéis de todo lo que habéis oído al respecto, tanto a favor como en contra, y que me prestéis un segundo de vuestro tiempo.

Aprovechando el ambiente de asambleas y debates que surgió a raíz de la acampada, de manera paralela pero independiente, un grupo al que hemos llamado Periodismo Ético Ya empezó a reunirse en la plaza de Ópera cada día a las 9. El objetivo era debatir y hacer examen de cuánta culpa de la situación política y social actual tiene (tenemos, me considero una parte de ello) el periodismo que se hace hoy día. El principio os lo podéis imaginar: nos auto-culpamos y fustigamos durante un par de asambleas. Pero una vez aceptado que los periodistas tenemos mucho que cambiar, pasamos a la parte más interesante: cómo lo podemos cambiar.

Surgieron varias ideas, ideas para todos los gustos y colores. Una frase que hemos repetido mucho es "el que propone, se la come", que viene a decir que el que tiene una idea tiene que organizar un grupo para trabajar en ella. Bueno, pues yo estoy en uno de esos grupos, y nuestra idea es la siguiente:

España es el único país europeo con más de un millón de habitantes que no tiene una Ley de Transparencia Informativa. ¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo es posible que los ciudadanos no puedan acceder a la información sobre el gasto de sus ayuntamientos, cuando son ellos los que ponen el dinero? ¿Sabéis que no hay manera de saber cuánto dinero gastan los miembros del Congreso de los Diputados en teléfonos móviles a cargo del Estado? La falta de información no se limita a temas económicos: no hay manera de comprobar si un cargo público está efectivamente doctorado en Derecho como puede poner en su CV, por ejemplo, o si quieres ingresar a un familiar en una residencia pública, no tienes forma de consultar su expediente para saber si ha recibido alguna denuncia con anterioridad.


La ley en España reconoce el derecho de los ciudadanos a consultar información pública, pero lo convierte en algo tan restringido y con tantas trabas que en la práctica, la administración pública en España es de las menos transparentes de los países occidentales. Esto dispara los niveles de corrupción, porque, claro, si los ciudadanos no van a enterarse, podemos usar su dinero para lo que nos dé la gana!

Como veis, impulsar una Ley de Transparencia Informativa acorde con las leyes de transparencia que tienen los grandes países de Europa (la de Dinamarca es un ejemplo a seguir) es algo importante no solo para los periodistas, sino para cualquiera. Si la clase política sabe que cualquier ciudadano puede consultar sus cuentas en cualquier momento, se cuidará mucho de cometer desmanes.
Después de captar vuestra atención y contaros el tema, aquí va la llamada a la acción: hemos habilitado una plataforma digital para recoger firmas. Estas firmas son una medida de presión, una forma de pedir que se atienda este tema porque los ciudadanos lo estamos demandando. Los que me vayáis a decir que soy una ingenua y que esto no sirve de nada, os agradezco el consejo, pero os lo podéis ahorrar. Ya lo he oído, y no estoy de acuerdo. No puedo estarlo. Si somos muchos, tendrán que escucharnos.
Os paso el enlace por si queréis uniros a la petición. Y si ya queréis reenviarlo a más gente, os lo agradeceré infinito! Los ciudadanos no reclaman este derecho porque no saben que lo tienen, pero a ver quién no está de acuerdo conmigo??


http://actuable.es/peticiones/pide-al-ministro-la-presidencia-se-apruebe-con-urgencia
 
Un saludo 


Metanoia (Juan Manuel de Prada XLSEMANAL 3 DE JULIO DE 2011)

Metanoia
Cada vez se me antojan más pueriles y tediosos los intentos de pronosticar el `final' de la crisis económica. Empezaron los políticos, en un intento grotesco de retener los votos que me recordaba el pataleo de un escarabajo panza arriba que pugna en vano por darse la vuelta; después se incorporaron al gremio de los pronotiticadores los medios de comunicación, los llamados `agentes sociales', los organismos internacionales, la banca, en un afán desesperado por exorcizarlos fantasmas de la quiebra generalizada. Y, con el caramelo de alcanzar el 'final' de la crisis económica (que es lo más parecido a la tortuga que nunca alcanza Aquiles, en la paradoja de Zenón de Elea), unos y otros han perpetrado, amparados en una jerga aparentemente indolora (fledbilidad laboral', 'ajuste fiscal', etcétera), las más cruentas tropelías, que a la postre sólo servirán para arruinar por completo la maltrecha economía real. Pero todos estos pronósticos y esfuerzos por anticipar el 'final' de la crisis económica adolecen de un mismo error de raíz: tal crisis nunca ha existido.No nos hallamos en:el corazón (mucho menos en las postrirnerías) de una crisis económica, sino en los albores de un cambio de era.
Nunca hubo una crisis económica. Hubo el colapso de una forma de vida, que en su manifestación más aparatosa se revistió de ruina financiera; pero tal manifestación no deja de ser un 'fenómeno' más de ese colapso, ni siquiera el más evidente o estragador, aunque así lo percibamos, dada nuestra dependencia del ídolo de iniquidad Mammón, el demonio de la avaricia y de la riqueza. Pero los fenómenos:a través de los cuales se ha manifestado ese colapso se pueden hallar por doquier, bajo las especies del rifirrafe ideológico, la descomposición del tejido social o la entronización de una moral relativista; y todos esos fenómenos no son sino `representaciones' de una realidad más honda, que en su naturaleza última es religiosa (a fin de cuentas, ¿qué son las idolatrías, sino sucedáneos o sustitutivos de la religión?). El cambio en en que nos hallamos inmersos no es, a la postre, sino el estrepitoso derrumbamiento de una idolatría (que es el fin`natural de todas ellas); realidad ante la cual sólo caben dos respuestas: negarla (y entonces el ídolo que cae aplasta (y reduce a fosfatina a sus tozudos prosélitos) o aceptarla; pero aceptar esa realidad exige lo que los griegos denominaban,una`metanoia', un `cambio de mente, una conversión radical, una transformación interior profunda.

Inevitablemente, los jerarcas de la idolatría, que han logrado que nuestra experiencia cierta de la vida y nuestro sentido común sean anulados por la bruma ideológica, negarán su colapso sin importarles que el ídolo nos aplaste debajo; y, en su afán por restaurarlo, se disponen a chuparnoshasta la última gota de sangre. Las probabilidades de que la consigan son, desde luego, elevadas, pues la idolatría, durante el tiempo que se mantuvo vigente, logró sobornarnoshasta extremos de deshumanización; y en ese soborno ciframos ahora nuestra supervivencia. Tememos que si la idolatría no se restableceya nunca más podamos 'disfrutar' de los caramelos con los que entretenía nuestra dependencia (libertades y derechos para confiscarnos el alma; subsidios y limosnas varias para arruinar nuestra capacidad de esfuerzo vital); y aunque intuimos que tales caramelos se han agotado para siempre, nos aferramos a su fantasmagoría, algunos con docilidad pusilánime, otros con 'indignación' más o menos gallarda. Pero la `indignación' nada tiene que ver con la `metanoia' (más bien es su contraria), pues reclama a la idolatría (¡como si las idolatrías pudieran corregirse!), a cambio de que pueda seguir confiscándonos el alma y arruinando nuestra capacidad de esfuerzo vital.
La `metanoia' nos exige arrumbar sinceramente la idolatría y restaurar la forma de vida que la idolatría arruinó. Pero arrumbar la idolatríaexige vivir fuera del 'presente' instaurado por sus jerarcas. Y los jerarcas de la idolatría, ayudados por sus mamporreros, rechazan instintivamente hacia la soledad a todo profeta que vive.en el tiempo futuro, lo silencian y lo matan, siquiera civilmente. Todo con tal de' que la gente no asuma que se halla inmersa en un cambio de era.

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