viernes, 15 de julio de 2011

Foro indignados

¿Qué es el mandato imperativo?

¿Qué es el mandato imperativo? | Representación Real Ya


¿Qué es el mandato imperativo?

Entre las propuestas de los indignados sobresalen aquellas encaminadas a mejorar el llamado  llamado “déficit democrático”, esto es, el respeto de las instituciones políticas a la voluntad del pueblo, sobre todo en los temas de mayor trascendencia, mediante la convocatoria de referéndums vinculantes, y no sólo consultivos. Así, leemos en la web de DRY, en su apartado de “Propuestas”: 
  • Referéndums obligatorios y vinculantes para las cuestiones de gran calado que modifican las condiciones de vida de los ciudadanos.
  • Referéndums obligatorios para toda introducción de medidas dictadas desde la Unión Europea.
En realidad, sin saberlo, con estas exigencias están reclamando el retorno parcial del mecanismo denominado mandato imperativo, pues el referéndum es una forma de democracia directa, opuesta a la democracia representativa que hoy impera en la mayor parte de naciones del globo, y su resultado vinculante supone la predeterminación obligatoria de la acción de gobierno a su resultado.

En la democracia representativa, el vínculo que une a electores y elegidos es el mandato representativo, lo que significa que el elegido tiene capacidad de tomar decisiones propias en ejercicio de su función representativa, sin necesidad de consultar ni rendir cuentas ante sus electores, porque en su persona se contiene toda la soberanía nacional, y "la Nación no recibe órdenes de nadie" (Sieyès, 1789).

En cambio, en la democracia directa los electos han de cumplir las instrucciones de sus electores, son directamente responsables ante ellos y tienen el deber de conformarse a su voluntad. En caso contrario, pueden ser removidos de su puesto.

El art. 67.2 de la Constitución Española prohíbe expresamente el mandato imperativo en estos términos: 
“Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”.

¿Por qué esta prohibición? En los manuales de Derecho Político se enseña que tal cosa se debe a la necesidad de salvaguardar la independencia de los legisladores. Pero, ¿acaso a pequeña escala alguien tomaría en serio que un ayuntamiento, o la Junta de una sociedad o una cooperativa debe ser “independiente” de los vecinos o los socios? Muy al contrario, el trámite de la rendición de cuentas a determinados niveles es impuesto incluso con carácter obligatorio (Ley de Asociaciones).

Igual sucede en el Parlamento Europeo, donde, de acuerdo con el principio de democracia representativa que ordena el método de gobierno comunitario, y aunque la inmensa mayoría de los ciudadanos cree de forma natural lo contrario, los eurodiputados no representan a sus nacionales de origen, a pesar de que son los únicos que les han votado, sino a los ciudadanos europeos en su conjunto. Se da con ello el absurdo de que un diputado polaco representa sin discusión posible tanto a un pescador calabrés como a un comerciante del Algarve.

A pesar de ello el texto constitucional se refiere en estos términos a la representación: “Art. 68.4. El Congreso es elegido por cuatro años. El mandato de los Diputados termina cuatro años después de su elección o el día de la disolución de la Cámara”. La utilización del término "mandato" para referirse a los períodos de cuatro años en que los diputados y senadores ejercen su labor institucional es un vestigio o prueba de su verdadera naturaleza, sin que por el momento me refiera al absurdo de la Constitución de considerar al mandato como algo fijo e inamovible, cuando por su propia naturaleza el mandato es necesariamente revocable en caso de incumplimiento.

Es fácil detectar que desde 1978 lo que en realidad ha sucedido es que se ha sustraído al pueblo el vínculo natural que le une a sus representantes para conferírselo a las cúpulas de los partidos políticos, pues no otra cosa que un férreo mandato imperativo es la llamada disciplina de partido, impuesta coactivamente por el aparato del partido al disidente bajo amenaza de multas y sanciones.

Se da la paradoja de que el aparato del partido impone sanciones a los miembros que precisamente han querido ser sensibles a la voluntad de los electores, en un intento de devolución del mandato a sus legítimos dueños.

La introducción de la representatividad sin mandato hizo aflorar muy pronto el problema del “déficit democrático”, que se ha convertido en una cuestión de primer orden para la ciudadanía y que los propios políticos han intentado paliar con iniciativas particulares de carácter más bien deficiente. Así, en las elecciones autonómicas de 2006, el candidato de CiU Artur Mas se comprometió ante los Notarios Joan Carles Ollé, Imma Domper y Lluís Jou a asumir 21 propuestas de un documento que denominó “Contrato con los catalanes”, y que envió por correo a los 5,3 millones de electores catalanes, afirmando que los ciudadanos podían cotejar al cabo de los 4 años el cumplimiento de sus propuestas, y que su incumplimiento podría conllevar “implicaciones políticas”.

A pesar de lo positivo del reconocimiento implícito de la insuficiencia del actual sistema representativo en este tipo de iniciativas, su articulación ha sido por lo general muy deficiente. En el caso de Mas, porque sus propuestas tenían un carácter vago e inconcreto típico de las promesas electorales que las volvía inexigibles, y sobre todo, porque no se articulaban mecanismos de penalización del incumplimiento.

La prohibición del mandato imperativo arranca de la Revolución francesa, que en su Constitución de 1791 lo prohibió de esta forma:
“Los representantes electos por los departamentos no serán representantes de ningún departamento en particular, sino de la Nación entera, y no se les podrá conferir ningún mandato” (art. 7, Secc. III, Cap. I, Título III). 

La Revolución francesa no reconocía ninguna entidad intermedia entre el individuo y el Estado, con lo que desarticuló el mandato que estas entidades conferían a sus procuradores en Cortes, pero es obvio que tal pretensión a día de hoy no tiene sentido (y entonces tampoco), pues se cuentan por cientos las organizaciones sociales que a diario exigen ser escuchadas en sus exigencias, pretensiones y propuestas.

Por eso Antonio García Trevijano en un artículo en su blog en 2007 afirmaba que hoy día la prohibición del mandato imperativo tiene un sentido reaccionario.

Es necesario, por tanto, el retorno del mandato imperativo a sus legítimos dueños: el pueblo, aunque con ello sea precisan reformas constitucionales e institucionales de profundo calado. La libertad lo exige, la justicia lo reclama.

martes, 12 de julio de 2011

LEY DE TRANSPARENCIA INFORMATIVA,

RV: LEY DE TRANSPARENCIA INFORMATIVA,
Date: Mon, 4 Jul 2011 13:53:50 +0200
 Hola a todos!
  Os escribo para contaros algo muy interesante en lo que estoy trabajando. Todos habéis oído hablar de lo que se ha montado en Sol estas dos semanas pasadas, verdad? Bien, pues necesito que os olvidéis de todo lo que habéis oído al respecto, tanto a favor como en contra, y que me prestéis un segundo de vuestro tiempo.

Aprovechando el ambiente de asambleas y debates que surgió a raíz de la acampada, de manera paralela pero independiente, un grupo al que hemos llamado Periodismo Ético Ya empezó a reunirse en la plaza de Ópera cada día a las 9. El objetivo era debatir y hacer examen de cuánta culpa de la situación política y social actual tiene (tenemos, me considero una parte de ello) el periodismo que se hace hoy día. El principio os lo podéis imaginar: nos auto-culpamos y fustigamos durante un par de asambleas. Pero una vez aceptado que los periodistas tenemos mucho que cambiar, pasamos a la parte más interesante: cómo lo podemos cambiar.

Surgieron varias ideas, ideas para todos los gustos y colores. Una frase que hemos repetido mucho es "el que propone, se la come", que viene a decir que el que tiene una idea tiene que organizar un grupo para trabajar en ella. Bueno, pues yo estoy en uno de esos grupos, y nuestra idea es la siguiente:

España es el único país europeo con más de un millón de habitantes que no tiene una Ley de Transparencia Informativa. ¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo es posible que los ciudadanos no puedan acceder a la información sobre el gasto de sus ayuntamientos, cuando son ellos los que ponen el dinero? ¿Sabéis que no hay manera de saber cuánto dinero gastan los miembros del Congreso de los Diputados en teléfonos móviles a cargo del Estado? La falta de información no se limita a temas económicos: no hay manera de comprobar si un cargo público está efectivamente doctorado en Derecho como puede poner en su CV, por ejemplo, o si quieres ingresar a un familiar en una residencia pública, no tienes forma de consultar su expediente para saber si ha recibido alguna denuncia con anterioridad.


La ley en España reconoce el derecho de los ciudadanos a consultar información pública, pero lo convierte en algo tan restringido y con tantas trabas que en la práctica, la administración pública en España es de las menos transparentes de los países occidentales. Esto dispara los niveles de corrupción, porque, claro, si los ciudadanos no van a enterarse, podemos usar su dinero para lo que nos dé la gana!

Como veis, impulsar una Ley de Transparencia Informativa acorde con las leyes de transparencia que tienen los grandes países de Europa (la de Dinamarca es un ejemplo a seguir) es algo importante no solo para los periodistas, sino para cualquiera. Si la clase política sabe que cualquier ciudadano puede consultar sus cuentas en cualquier momento, se cuidará mucho de cometer desmanes.
Después de captar vuestra atención y contaros el tema, aquí va la llamada a la acción: hemos habilitado una plataforma digital para recoger firmas. Estas firmas son una medida de presión, una forma de pedir que se atienda este tema porque los ciudadanos lo estamos demandando. Los que me vayáis a decir que soy una ingenua y que esto no sirve de nada, os agradezco el consejo, pero os lo podéis ahorrar. Ya lo he oído, y no estoy de acuerdo. No puedo estarlo. Si somos muchos, tendrán que escucharnos.
Os paso el enlace por si queréis uniros a la petición. Y si ya queréis reenviarlo a más gente, os lo agradeceré infinito! Los ciudadanos no reclaman este derecho porque no saben que lo tienen, pero a ver quién no está de acuerdo conmigo??


http://actuable.es/peticiones/pide-al-ministro-la-presidencia-se-apruebe-con-urgencia
 
Un saludo 


Metanoia (Juan Manuel de Prada XLSEMANAL 3 DE JULIO DE 2011)

Metanoia
Cada vez se me antojan más pueriles y tediosos los intentos de pronosticar el `final' de la crisis económica. Empezaron los políticos, en un intento grotesco de retener los votos que me recordaba el pataleo de un escarabajo panza arriba que pugna en vano por darse la vuelta; después se incorporaron al gremio de los pronotiticadores los medios de comunicación, los llamados `agentes sociales', los organismos internacionales, la banca, en un afán desesperado por exorcizarlos fantasmas de la quiebra generalizada. Y, con el caramelo de alcanzar el 'final' de la crisis económica (que es lo más parecido a la tortuga que nunca alcanza Aquiles, en la paradoja de Zenón de Elea), unos y otros han perpetrado, amparados en una jerga aparentemente indolora (fledbilidad laboral', 'ajuste fiscal', etcétera), las más cruentas tropelías, que a la postre sólo servirán para arruinar por completo la maltrecha economía real. Pero todos estos pronósticos y esfuerzos por anticipar el 'final' de la crisis económica adolecen de un mismo error de raíz: tal crisis nunca ha existido.No nos hallamos en:el corazón (mucho menos en las postrirnerías) de una crisis económica, sino en los albores de un cambio de era.
Nunca hubo una crisis económica. Hubo el colapso de una forma de vida, que en su manifestación más aparatosa se revistió de ruina financiera; pero tal manifestación no deja de ser un 'fenómeno' más de ese colapso, ni siquiera el más evidente o estragador, aunque así lo percibamos, dada nuestra dependencia del ídolo de iniquidad Mammón, el demonio de la avaricia y de la riqueza. Pero los fenómenos:a través de los cuales se ha manifestado ese colapso se pueden hallar por doquier, bajo las especies del rifirrafe ideológico, la descomposición del tejido social o la entronización de una moral relativista; y todos esos fenómenos no son sino `representaciones' de una realidad más honda, que en su naturaleza última es religiosa (a fin de cuentas, ¿qué son las idolatrías, sino sucedáneos o sustitutivos de la religión?). El cambio en en que nos hallamos inmersos no es, a la postre, sino el estrepitoso derrumbamiento de una idolatría (que es el fin`natural de todas ellas); realidad ante la cual sólo caben dos respuestas: negarla (y entonces el ídolo que cae aplasta (y reduce a fosfatina a sus tozudos prosélitos) o aceptarla; pero aceptar esa realidad exige lo que los griegos denominaban,una`metanoia', un `cambio de mente, una conversión radical, una transformación interior profunda.

Inevitablemente, los jerarcas de la idolatría, que han logrado que nuestra experiencia cierta de la vida y nuestro sentido común sean anulados por la bruma ideológica, negarán su colapso sin importarles que el ídolo nos aplaste debajo; y, en su afán por restaurarlo, se disponen a chuparnoshasta la última gota de sangre. Las probabilidades de que la consigan son, desde luego, elevadas, pues la idolatría, durante el tiempo que se mantuvo vigente, logró sobornarnoshasta extremos de deshumanización; y en ese soborno ciframos ahora nuestra supervivencia. Tememos que si la idolatría no se restableceya nunca más podamos 'disfrutar' de los caramelos con los que entretenía nuestra dependencia (libertades y derechos para confiscarnos el alma; subsidios y limosnas varias para arruinar nuestra capacidad de esfuerzo vital); y aunque intuimos que tales caramelos se han agotado para siempre, nos aferramos a su fantasmagoría, algunos con docilidad pusilánime, otros con 'indignación' más o menos gallarda. Pero la `indignación' nada tiene que ver con la `metanoia' (más bien es su contraria), pues reclama a la idolatría (¡como si las idolatrías pudieran corregirse!), a cambio de que pueda seguir confiscándonos el alma y arruinando nuestra capacidad de esfuerzo vital.
La `metanoia' nos exige arrumbar sinceramente la idolatría y restaurar la forma de vida que la idolatría arruinó. Pero arrumbar la idolatríaexige vivir fuera del 'presente' instaurado por sus jerarcas. Y los jerarcas de la idolatría, ayudados por sus mamporreros, rechazan instintivamente hacia la soledad a todo profeta que vive.en el tiempo futuro, lo silencian y lo matan, siquiera civilmente. Todo con tal de' que la gente no asuma que se halla inmersa en un cambio de era.

www.xlsemanalcom/prada
www.juanmanueldeprada.com

lunes, 11 de julio de 2011

Entender y encuadrar el 15M (Ernest Milá)

Entender y encuadrar el 15-M

Publicado: Jueves, 23 de Junio de 2011 10:22 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
Infokrisis.- Como movimiento incipiente, el movimiento nacido el 15-M resulta cambiante y contradictorio. A medida que pasan los días, el observador encuentra matices nuevos interesantes y afina algo más a la hora de realizar un análisis y encuadramiento del fenómeno. En estas líneas se exponen algunas reflexiones realizadas en los últimos días a raíz de los elementos nuevos que se han ido produciendo. Lo que hemos tratado de realizar, a fin de cuentas, es un intento de situar al 15-M en el contexto que le es propio: el arranque de la crisis política, consecuencia final de la crisis económica y de la crisis social. La “convergencia de crisis” y su difícil salida, es lo que permite pensar que estamos ante la apertura de la etapa final del “régimen”.
1. Un movimiento de “nueva izquierda”
El movimiento del 15-M es apartidista, pero casi en su totalidad respira el inequívoco aroma de la izquierda. No estamos hablando de partidos, es evidente para todos –salvo para Intereconomía- que el movimiento del 15-M es antisocialista y que no es en absoluto comunista. En ciertos sentidos remite al socialismo utópico, también al anarquismo asambleario y hay suficientes elementos que denotan un “humanismo universalista” que no es exactamente igual a la doctrina que Zapatero ha aplicado en este país, pero que se le parece bastante.
La izquierda europea está en crisis. Esa crisis deriva de que la socialdemocracia con la configuración que adoptó el SPD alemán después del congreso de Bad Godesberg, en el que “aceptaban” el capitalismo y renunciaban al marxismo, haciéndose, por tanto, co-gestores de ese mismo capitalismo, está agotada. Todo fue bien durante los “treinta años gloriosos” (de 1945 a 1975, en realidad hasta 1973) el crecimiento económico en Europa permitía el optimismo: se podía ser socialdemócratas y diferenciarse de la derecha en la promesa y en la aplicación de medidas sociales. Pero a partir de 1973, la crisis del petróleo empezó a poner palos en los engranajes y, posteriormente, al final de la década, el ascenso del neo conservadurismo (con Tatcher y Reagan y la revalorización de las doctrinas de la escuela austríaca de economía) empezaron a acortar el margen de maniobra del centro-derecha. Finalmente, al estallar la Gran Crisis, se demostró que la socialdemocracia carecía de soluciones propias y que no podía hacer otra cosa que “salvar al capital financiero”. Por eso mismo dejaba de tener personalidad propia y tendía a aplicar exactamente la misma política que el centro-derecha, esto es, la que peor convenía a las clases trabajadoras.
Hoy, por todo eso, por falta de referencias doctrinales, por selección a la inversa de la calidad de sus gentes (el socialismo francés solamente pudo oponer a Sarkozy y a Marina Le Pen a un “millonario, socialista y judío” para colme presidente del FMI, mientras que el socialismo español, tras Rubalcaba solo tiene una cohorte de perfectas deficientes mentales a lo Chacón, a lo Pajín, y poco más), por mansedumbre ante el capital, por comer de la mano de la alta finanza, y por haber abandona a su electorado natural, la socialdemocracia está semi desaparecida, ya no es preeminente respecta a su momento histórico y es incapaz de reconstruir un discurso político al estar excesivamente vinculada a la defensa del capital. Dicho de otra manera y, en síntesis, la socialdemocracia ha fallecido, que la lloren los que hasta ahora han sido sus beneficiarios. La componente de centro izquierda del “partido único realmente constituido” (la otra componente es el centro-derecha y ambos comparten la idea de la “única política posible”, siendo, a la postre la cara y la cruz de la misma moneda) está a punto de colapsar.
Hoy es evidente que el PSOE está excesivamente vinculado al régimen de la corrupción y la crisis económica, de la democracia formal pero no real, de la defensa del capital frente a la defensa del trabajo y de la economía especulativa frente a la economía productiva. Por eso las masas le están volviendo cada vez más la espalda. Y, en cuanto al PCE y a su prolongación, IU, la caída del marxismo entrañó su desaparición como fuerza política real, su asunción frívola del ecologismo demostró su desinterés por las cuestiones doctrinales y la imposibilidad de reconstruir un discurso desde la izquierda radical ortodoxa y marxista. La vieja izquierda, la izquierda de papá, del culto a la “resistencia” en Europa y del recuerdo obsesivo de la “memoria histórica” en España, han muerto.
Y es entonces cuando aparece una “nueva izquierda” polarizada en torno al movimiento aún inconcreto y nebuloso del 15-M. Nuestra tesis es que, si ese movimiento logra desembarazarse de las adherencias más desagradables que han acampado en Sol o en Pza. Cataluña, si con los fragmentos de los distintos grupos que lo componen logra articular un discurso coherente capaz de interesar a los “verdaderamente indignados”, de ahí nacerá una “nueva izquierda” mucho mejor adaptada al siglo XXI que la “vieja”.
Este movimiento del 15-M puede terminar siendo parecido al Nuevo Partido Anticapitalista, o a Die Linke en Alemania, espacios que aquí la blandenguería y la mediocridad de Rosa Díez no pueden cubrir.
2. Cayo Lara e Izquierda Unida en el 15-M
La “nueva izquierda” no parece querer nada con la “vieja izquierda”. Los primeros ven a los segundos como una especie de vector de izquierdas, antediluviano y oportunista, con el que se no se sienten identificados. A diferencia de la “nueva izquierda” del 68 que, en el fondo estaba formada por maoístas, trotskistas, anarquistas y situacionistas y todos ellos bebían más o menos de la izquierda tradicional y habían aparecido en un tiempo en el que los sindicatos todavía tenían prestigio, combatividad y capacidad de movilización. Hoy esa “nueva-vieja izquierda” no existe ni siquiera a título residual.
Izquierda Unida es precisamente un residuo al que se le agota el tiempo: permanecer con la dimensión actual es para IU un suicidio, si no crece ahora no lo hará jamás y su única posibilidad de crecimiento sería el ser un partido bisagra, pero para desgracia de IU las bisagras deben situarse entre dos fuerzas y no a la izquierda de una de ellas.
El drama que pesa sobre IU es que sus dos opciones tienen mala salida: o bien se alía con el PSOE en nombre de la “unión de la izquierda” (lo que hace que sus llamamientos a la honestidad caigan en el vacío), o bien llama al “desalojo de los corruptos” (haciendo causa común con el PP y traicionando a sus orígenes de izquierdas). La crisis de IU en Extremadura demuestra que mientras el crecimiento de este partido sea mínimo (y no hay esperanzas de un crecimiento asindótico) se verá sometido a tensiones internas lacerantes que diluirán sus triunfos. Por lo demás, el tiempo de IU ya ha pasado y un partido hecho a base de oportunismo de la peor especie, dogmatismo propio de otros tiempos, y democratismo, no podía sino tener un recorrido bien corto. Ese oportunismo está latente en el mismo tránsito del PCE a IU.
En 1970 aparecieron los primeros movimientos ecologistas. El hundimiento del Torrey Canyon, un petrolero que expandió la primera gran mancha de crudo en los océanos, fue su detonante. Para el Comité Central del PCE “el ecologismo era una ilusión pequeño-burguesa que distraía del hecho esencial: la lucha de clases”. En 1977, la posición del partido era la misma. Sin embargo, el desmantelamiento que ese partido vivió a partir de 1978 y el desprestigio del marxismo a partir de 1981 generaron la búsqueda de una “izquierda alternativa” que se encontró cada vez más en el ecologismo. IU, fundada por Gerardo Iglesias como una estructura “frentista” clásica, se fue convirtiendo poco a poco en un “modelo sandía”, rojo por dentro y verde por fuera, para pasar a ser, finalmente, una auténtica sandía verde… Nadie compra una sandía completamente verde.
El mismo día en que en Francia el viejo PCF, con los 90 años cumplidos, renunciaba a presentar candidatura propia a las próximas elecciones presidenciales en beneficio de otras opciones de izquierda, Cayo Lara, coordinador de IU era abucheado por los “indignados” de Sol. No era raro que así fuera: para estos jóvenes lobos de la izquierda en recomposición, Cayo Lara es el viejo modelo a eludir, un residuo del stalinismo, un político al uso que vive del cuento y no tiene interés en acometer ni proponer grandes reformas. No tienen nada que ver con él, a pesar de que Cayo Lara quiera ver en la protesta de los indignados un aliado objetivo para su maltrecha coalición.
El movimiento del 15-M es, sobre todo y por el momento, antipolítica. Se trata, por supuesto de un reflejo infantil, el habitual en la izquierda radical de todos los tiempos que ya denunciara Lenin en uno de los folletos. El movimiento de 15-M ve en todo diputado o en todo político profesional a un enemigo a batir. Cayo Lara es uno de ellos a pesar de que IU haga suyos los ideales de los “indignados”. Si el movimiento logra sobrevivir unos meses más, este sentimiento antipolítico se transformará, en una segunda fase, en realismo y sus dirigentes harán lo mismo que están haciendo ahora, Lara e IU: buscar un lugar bajo el sol. Ya se sabe que la primera arma del “régimen” es comprar al peso a los opositores y el movimiento del 15-M no tiene raíces excesivamente profundas. Integrarlo todavía es posible. La falta de una doctrina de conjunto y la ausencia de una reflexión doctrinal coherente y en profundidad, fuera de unos cuantos tópicos que la “izquierda alternativa” repite desde hace años (tasa Tobin, “otra globalización”, democracia asamblearia, etc.), hace que, los comportamientos de quienes se erigirán en líderes, en principio, carezcan de grandes soportes doctrinales y compartan más bien posiciones vivenciales que, en cualquier momento, cuando la tentación sea grande, pueden abandonarse justificándolas por el “realismo táctico”, concepto que las izquierdas de todos los tiempos han repetido.
Porque hay algo inviable en el movimiento del 15-M…
3. De la democracia formal a la democracia imposible: el mito asambleario consecuencia extrema del mito igualitario
Lo más preocupante del 15-M es que asume un concepto peligroso e irrealista: el modelo asambleario abierto. Haría falta que sus impulsores leyeran la obra de Gustav Le Bon sobre los comportamientos de la psicología de las masas o la crítica a la democracia realizada desde finales del siglo XIX por autores de la talla de Ibsen o, posteriormente, por los fascismos e incluso por el propio marxismo, para reconocer que, la gran contradicción de las democracias formales es que están instauradas y han llegado a ser indiscutibles aun cuando nunca nadie haya contestado coherentemente a la crítica teórica contra ellas.
La democracia se basa en el concepto de “igualdad”. Un concepto que deriva del mundo clásico, sólo que allí, no todos eran iguales: eran iguales solamente los miembros de un mismo estamento, mientras que los estamentos estaban jerarquizados. La igualdad es imposible y el valor del voto es una falsedad piadosa asumida para lograr un sistema de mayorías que funcione fácilmente. Está claro que si se trata de votos sobre la apertura de más centrales nucleares o el cierre de todas ellas, son los técnicos, los que conocen verdaderamente el problema y sus riesgos, quienes tienen derecho a opinar y el resto, los profanos, no podemos hacerlo sino siendo víctimas de manipulaciones y sugestiones maliciosas de unos y de otros. Hay cuestiones cuya complejidad e importancia no permite ser discutida por unas masas que, desde Le Bon sabemos que son vagas, tienen un bajo nivel de asimilación de ideas, una nula capacidad de razonamiento y una casi inexistente posibilidad de racionalizar conceptos y concatenar ideas y desconocen, en tanto que masas, los mecanismos del razonamiento lógico y de la concatenación de silogismos.
Si en la antigua Grecia se practicaba la “democracia”, es evidente que había que añadirle un adjetivo: “democracia estamental”. Pero, hoy el movimiento dl 15-M nos dice que la alternativa a la democracia “formal”, esto es la democracia “real”, es un permanente ejercicio de asamblearismo. Una democracia real sería una asamblea permanente con capacidad de revocar decisiones de los dirigentes políticos.
De ahí que el movimiento de 15-M no sea, como no lo fue antes la revolución de octubre, ni antes aún las revoluciones burguesas, y, por supuesto como fue la revolución de mayo del 68, no sea, decimos, otra cosa que el enésimo intento de llevar a la práctica los ideales de “libertad, igualdad”, cuando precisamente esos ideales, lejos de ser el centro del problema, acaso sean su desencadenante. Si la noción de “libertad” es ambigua, la noción de “democracia” no lo es menos. Y si bien está claro que la autoridad debe derivar de algún principio unánimemente aceptado, la “voluntad popular” no es más que un mito que, a fin de cuentas supone una medición cuantitativa de unos votos que se dan por “iguales”, cuando todo el mundo está obligado a reconocer que el voto de un experto y el de un ignorante nunca, en buna lógica, tendrán el mismo valor. La “democracia” (real o formal, “ya” o “mañana”) no es más que un mito que fue útil durante el período de las revoluciones burgueses para justificar el ascenso de nuevas clases sociales y en nombre de las cuales se procedió al desmantelamiento del antiguo régimen, pero no la idea tenía muy poco que ver con la democracia ateniense. La prueba ha sido que TODOS los intentos de llevarla a la práctica y hacer de la democracia un régimen de libertades, han fracasado (revolución francesa, revolución bolchevique, revolución de mayo del 68) y, por lo mismo, no hay ningún motivo para pensar que la “revolución de los indignados” tendrá otro final.
De hecho, los dos principales lastres de esta “revuelta” son: su asamblearismo y su humanismo universalista extremo. Por lo primero, la democracia numérica se convierte en una obsesión: todos en todo momento deben decidirlo todo… Quien haya asistido a una asamblea sabe lo fácil que es manipularla y quien haya seguido debates en foros de internet conoce perfectamente que las distintas opiniones no contribuyen jamás a encontrar la línea correcta.
El error del movimiento de los indignados es no percibir que el problema no es únicamente derribar los espacios de poder de los “partidos mayoritarios”, sino derribar el orden de ideas que ha permitido a los partidos mayoritarios llegar a la actual situación. Si en lugar de “libertad, igualdad, fraternidad”, el punto de partida fuera “orden, autoridad, jerarquía”, la protesta tendría otra perspectiva y, seguramente, supondría una ruptura con el “viejo orden”. Pero, mientras se persista, en llegar a las últimas consecuencias de un principio histórico que ha generado casi 225 años de errores, este será la cuarta rectificación que, como las otras tres, llevará a aberraciones históricas. Una cosa es que estemos en la era de las masas y otra muy diferente pensar que las masas, a través de las asambleas, pueden hacerse dueñas de sus destinos.
Es más, la “revuelta de los indignados” supone el límite extremo del “democratismo”: las asambleas permanentes, los cargos electores revocables en cualquier momento, el rendir cuentas al dedillo sobre la gestión realizada, elementos todos que ignoran el hecho esencial, a saber que tenemos una población que ha perdido desde hace décadas su capacidad crítica, que la competencia y el conocimiento de los problemas no es su característica esencial, que masas educadas en la telebasura y en el consumismo, que han callado durante décadas ante una pérdida progresiva de derechos y que, ni siquiera han sido capaces de algo tan sencillo como rectificar su voto, no son el sustrato más adecuado –pero si son el mayoritario- para una “asamblea permanente”.
Como todo movimiento nacido durante unas crisis, el movimiento del 15-M porta en su propio ADN el germen de la crisis. Su reflexión ha sido “simpática” en el sentido en que han aislado un solo problema (los límites de la democracia formal), han exteriorizado una sensación de hastío (generada porque la inseguridad que se ha convertido en la característica dominante del sistema político-económico español) y han abucheado a los responsables últimos de la crisis. Pero, el movimiento, en su conjunto, tiene unos ideales que, extrañamente, coinciden con los del Zapaterismo, esto es, un humanismo universalista que en la “otra globalización” el objetivo a alcanzar, en las fronteras nacionales y en los aparatos estatales el enemigo (cuando pueden ser considerados como los últimos bastiones contra la globalización), en una forma de ingeniería social la vía justa (ya se sabe: aborto libre, eutanasia, divorcio exprés, adopciones gays, etc, elementos características del programa zapateriano extraídos todos, sin excepción, de las directrices de la UNESCO), y si han dicho algo sobre la inmigración está más próxima al “papeles para todos” y al “ningún ser humano es ilegal” que a la percepción de la inmigración como uno de los canales a través de los que actúa la globalización.
El nivel teórico del movimiento del 15-M es, pues, una prolongación extrema de lo iniciado en 1789 y con ello se cierra el ciclo: cuando se parte de principios falsos que se absolutizan (libertad, igualdad y fraternidad), el error se manifiesta antes o después.
4. Ha llegado el tiempo del primer despunte de la crisis política
En nuestro análisis expresado anteriormente en multitud de ocasiones desde 2007 preveíamos una especie de “efecto dominó”: la crisis económica, en caso de prolongarse, generaría una crisis social y ésta, si se prolongaba, terminaría generando una crisis política. Estos pasos se han seguido de manera inexorable y ahora estamos ante los primeros despuntes de la última fase. Repasemos el proceso para encuadrar el movimiento del 15-M dentro del contexto de la crisis.
En 2007 se decía: “dos millones de parados es un problema laboral, tres millones de prados es un problema social y cuatro millones es una revolución”. No era así. El “entartainment” ha hecho que dos millones de parados fueran considerados de manera tan optimista que incluso cuando existían era preciso importar a seis millones de inmigrantes; cuando existían tres millones bastaba con ampliar las ayudas y cuando teníamos cinco, para calmar a la población ha bastado dar más sobredosis de telebasura y fútbol televisado a diario.
Pero el problema que se ha planteado al zapaterismo es que el superávit que tuvo en la primera fase de su gobierno, se ha ido agotando. ZP nunca supo por qué crecía la economía española y, por tanto, nunca se enteró de porqué decrecía. Se limitó a creer que se trataba de un percance temporal y que pronto la economía mundial tiraría de la española, por eso se podía aumentar subsidios y subvenciones y eso se hizo. Pero la crisis se prolongó, otros países salieron de ella, pero no España cuya estructura económica era de “monocultivo” (construcción-hostelería) y al ir prolongando los subsidios sin disminuir el gasto en otras actividades dio como resultado un agujero económico gigantesco.
El primer aviso de que estaba en ciernes la transformación de la crisis económica en crisis social se produjo durante la huelga convocada por los sindicatos minoritarios del sector de transportes en junio de 2008: unas pequeñas asociaciones habían conseguido detener los transportes por carretera. Sin embargo, en los dos años siguientes sorprendió el que los sindicatos se negaron a convocar protestas contra el gobierno y, cuando llegó la huelga general, se trató de un mero trámite para seguir siendo considerados como “agentes sociales”, en el que evidenciaron tener poco interés. De hecho, la movilización se hizo más en contra del PP que del Zapaterismo. Sin embargo, el hecho mismo de que se percibiera claramente que los sindicatos tenían poca capacidad de movilización, constituyó en sí mismo uno de los rasgos que hacía temer que la protesta social cuando estallase, los rebasaría.
El riesgo para la estabilidad del “régimen” nacido en 1978 era esta: que las dos columnas sobre las que se construyó, centro-derecha y centro-izquierda, entraran en crisis, introduciendo un factor de inestabilidad en la totalidad del sistema. Ello ocurriría inevitablemente si se prolongaba la crisis. En el momento actual, la columna de centro-izquierda corre el riesgo de colapsar. El hundimiento electoral de esta formación el pasado 22-M fue mucho más grave de lo que preveían incluso los más pesimistas dentro del partido. Inmediatamente, la sensación de crisis se trasladó a las federaciones regionales iniciándose un proceso de centrifugación que se acelerará cuando se cierren las urnas en las próximas elecciones generales. Ahora el PSOE paga diez años de errores en los que su sigla ha quedado sustituida por la sigla ZP. Y el recuerdo del Zapaterismo tardará en extinguirse.
En cuando a la otra columna, el centro-derecha, parece difícil que logre sacarnos de la crisis en poco tiempo. A la vista de sus propuestas económicas (ridículamente electoralistas unas: “bajar impuestos sin bajar prestaciones”), de sus silencios obligados (¿alguien ha oído el modelo económico que propone el PP?) y de sus lagunas (¿qué dice el PP sobre la globalización ahora que ya resulta evidente que beneficia a unos –el capital especulativo- y perjudica a todos los demás?), no cabe hacerse ilusiones. La estrategia del PP consiste en que las presiones de la UE obliguen a ZP a poner en marcha las reformas drásticas y neoliberales de la economía española y le ahorren a él tener que hacer el ajuste duro. Pero ambos programas para salir de la crisis son uno: el dictado por el capital especulativo y la finanza internacional y transmitido directamente a través de la UE, del FMI e indirectamente a través de los “mercados”. Así pues, el PP no será una solución, sino que en el período 2012-2014 se vivirá una sensación de “ajuste duro” con más privaciones y estrecheces para casi todos. Es cuestión de examinar lo que ocurrirá en ese momento.
Parece claro que con un centro-izquierda que saldrá desmantelado de las próximas elecciones y un centro-derecha que se ganará pronto el rechazo general (¿de qué hablará Intereconomía cuya única “bestia negra” es Zapatero?), y que no obtendrá ningún éxito inmediato por lo menos en su primera legislatura, la crisis social se habrá transformado y en crisis política. Porque si la columna de centro izquierda que sostiene al régimen también entra en colapso, es el sistema el que corre el riesgo de desplomarse.
El nacimiento del movimiento del 15-M responde precisamente a este esquema de la sucesión de crisis: aparece cuando la crisis social ya está muy avanzada, sustituyendo a unos sindicatos “huidos” y silenciosos e incluso atreviéndose a impulsar la convocatoria de una huelga general (que esta vez sí será masiva con millones de personas en las calles porque la convocatoria no estará lastrada por unos sindicatos desprestigiados y con la peor imagen posible, sino por un movimiento “joven y simpático” para la mayoría del país en el que cada cual ve justo lo que quiere ver) y cuando una de las columnas del régimen (el centro-izquierda) empieza a convulsionarse. De hecho, la tesis que hemos sostenido en el inicio de este análisis es precisamente que en el futuro el 15-M puede evolucionar como pieza de sustitución y de renovación de la “izquierda de papá” (tanto de IU como del PSOE) cuando esta se hunda definitivamente. Desde este punto de vista, el movimiento no es tan importante hoy, como lo puede ser en el futuro a poco que adquiera una coherencia interior y un estado de madurez (del que hoy dista todavía mucho de alcanzar).
Hemos rectificado la opinión que manteníamos inicialmente sobre la perennidad del movimiento que nos hicimos en sus primeras semanas (creíamos que a partir del 22-M se desmovilizaría), creímos luego que seguiría un proceso degenerativo (que en realidad se ha producido al integrarse colectivos marginales y desaparecer entre el 22-M y los quince días que siguieron a los grupos sociales que tenían verdaderos motivos para estar “indignados”), pero los errores cometidos en Barcelona con el caótico intento de desalojo de la plaza de Cataluña reavivaron el movimiento y el cerco al parlamento catalán, consolidaron el movimiento mucho más en Barcelona que en Madrid en donde, si no fuera la capital del Estado y terminaran allí convergiendo las protestas, probablemente lo que quedaría de la acampada de Sol serían marginalidad pura y simple (como ha quedado en Valencia, marginalidad, residuos de la izquierda radical y newagers).
El intento de recuperación que realizó el Zapaterismo se ha cerrado entre el fracaso y el ridículo, y la preocupación de Rubalcaba para evitar que se produjeran tensiones entre las fuerzas de seguridad del Estado y los “indignados” (como ocurrieron en Barcelona), obedece precisamente a la convicción de que el electorado del PSOE es el más sensible a la posición de los “indignados” y que los decepcionados con la política zapaterista irán a engrosar sus filas. Bastará con que un diputado del PSOE, en este momento, rompa con el partido y se manifieste a favor de los indignados para que un movimiento “sin rostro” (la máscara de Anonymus es, sin duda, otro de los hallazgos del movimiento) empiece a tenerlo.
Dicho de otra manera: el movimiento del 15-M es el primer despunte de la crisis política que se avecina, último estadio de la crisis del régimen que sigue a la crisis económica y a la crisis social. La “sucesión de crisis” y su “convergencia” en un Punto Omega, estación término del sistema de equilibrios políticos surgidos en 1978, es lo que tenemos ante la vista y el lugar natural de encuadre del 15-M.
© Ernest Milà – Infokrisis – http://infokrisis.blogia.com – http://info-krisis.blogspot.com – Infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Caracteres de estío (Luis Grau Lobo, EL MUNDO 10-7-2011)

Caracteres de estío
Luis Grau Lobo

El MUNDO
Castilla y León
10 -7-2011


CASI todo el saber de la Antigüedad fue traspapelado en uno de los recurrentes finiquitos de la historia y, durante muchos siglos, los eruditos se empeñaron en recomponerlo merced a los escasos fragmentos, apenas unas frases dispersas, que habían emergido prodigiosamente tras aquel descomunal naufragio. Esa época de exégesis febril se entregó a la interpretación de un puñado de enunciados sobre los que levantó sumas y tratados que, a la postre, serían barridos o reescritos con la furia de un nuevo tiempo, condenándolos al polvo de los estantes más recónditos, pues no eran sino la osamenta deforme de un conocimiento perdido para siempre.

Sin embargo, en nuestros días hemos renunciado a la construcción discursiva, meditada y estructurada de una imagen del mundo y la sustituimos por una maraña de frases cortas, lapidariamente triviales, que pretenden encerrar una hondura que se esfuma en su propia menudencia. Primero llegaron internet y sus wikipedias para advertirnos de que el nuevo modelo de compendio del saber venía a caracterizarse por su desorden intrínseco, por una saludable falta de solemnidad, de coherencia, de sanción.... Y ahora, en una nueva vuelta de tuerca, es el momento de los microblogs, los tweets o tuits, o gorjeos, esa suerte de sentencias de 140 caracteres en las que ha de empaquetarse cuanto queramos decir, pensar, sentir... Pero no todos somos Marcial, aquel epigramático.

E inquieta que también el discurso político, el guión de quienes nos gobiernan, antaño revestidos de discursos y programas, se haya travestido en el lanzamiento y glosa de tuits y formulismos cuya exégesis corresponde a la prensa de una u otra facción, furibundamente lanzada a la interpretación de ese laconismo inquietante. Uno teme que tras esas expresiones no se esconda sino un vacío pavoroso que se abre a nuestros pies con el vértigo de un tiempo sin referencias. En una algarabía en la que nadie escucha a nadie corremos el riesgo de que el legado de nuestro tiempo sea una indigerible colección de dichos fatuos, tiernos o iracundos, un galimatías de cacareos que saldrán volando como la hojarasca a la primera de cambio.